A short Spanish-language reflection by Millan Ludena about a personal project he chose not to pursue after following others' advice and later regretted it. He describes calling the person who advised him against the project, realizing people love to give opinions without taking responsibility, and concludes the best guidance is to listen to one’s own heart/intuition.
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Seguro te pasó esto, un proyecto que nunca hiciste porque aunque realmente lo querías hacer, lo comentaste con amigos y alguien te dijo el consejo ideal para que concluyas que no se podía hacer. Al final del día no lo hiciste, pero seguramente te arrepientes. Si, no, y fíjate esto, yo hice recién un experimento y llamé a esta persona que me había aconsejado que no haga lo que quería hacer en algún rato y le hey, ¿Te acuerdas de mí? Claro, por supuesto. Los años, qué maravilla verte y lindo lo que estás haciendo. Gracias. ¿Pero te acuerdas que me dijiste o me sugeriste que no lo haga tal cosa? Sí, sí, claro. Quiero contarte que no lo hice. Qué bien miya, felicitaciones. Pero también quiero contarte que me arrepiento de no haberlo intentado gracias a tu consejo de no haberlo hecho. ¿Y sabes qué me dijo? ¿Y tú para qué me haces caso? Y ahí entendí que a las personas nos encanta opinar. Opinamos sobre todo sin saber el contexto, criticamos todo y condenamos todo, pero no sabemos ni el contexto ni nos queremos hacer caso de nuestras propias responsabilidades, de nuestro comentario. Entonces, si al final del día tienes dos voces, la de estas personas que opinan sobre todo sin querer hacerse responsables y tu voz interna que te dice inténtalo, date la oportunidad, Quizás la respuesta está muy fácil de dónde debemos escuchar y entender. Yo siempre pensé que era un consejo. Al final del día me di cuenta que el único consejo que tuve que haber seguido es el de escuchar a mi corazón.