“Imposible para mí es solo una palabra”. Millán Ludeña, deportista extremo y conferenciante

A motivational first-person talk by Millán Ludeña describing his preparation for and completion of the Marathon des Sables (a ~240–250 km multistage ultramarathon in Morocco’s Sahara). He narrates training tactics (deliberately forming calluses, running in heat, mental rehearsal), injuries (severe blisters, skin removal), epileptic blackout during the race, and the realization that “impossible” is a mindset to overcome.
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Quién escuchaba acá esta frase Somos el arquitecto de nuestras vidas. ¿La han escuchado? Sí. ¿Yo creo que está incompleta, sabes? Yo creo que somos el arquitecto de nuestras vidas y también somos el albañil. ¿A qué me refiero? Que el diseño más bello sirve para nada si no lo hacemos realidad. ¿Y a qué me refiero? Que hacer realidad algo desde un diseño es mucho más fácil. Así que podemos ser arquitectos en el pensamiento y también la fortuna de ser el albañil en la construcción. Déjame ver. ¿Cuál es la carrera más difícil en el mundo? Google. La carrera más difícil en el mundo. La maratón de Sables. Desierto del Sahara, en la parte de Marruecos. 240 kilómetros o 250 kilómetros en el lugar más caliente en la tierra. Si yo dije alguna vez que yo no vuelvo a hacer en mi vida algo con lo que no me asusté, aquí lo tengo. Y eso fue lo que hice, inscribirme en la carrera, comprar el ticket y todo. Le cuento a mi entrenador y le digo Oye, ¿Tú qué piensas de esta carrera? Y el tipo me no, uy, eso es ligas mayores. Y tú la vas a hacer algún día. Sí, sí, sí, sí. Solo que no me siento listo para ese momento. Era uno de los mejores corredores de montaña en mi país, él. Y decí yo creo que en unos 10 años lo podré hacer. ¿Y por qué me preguntas? Porque ya tengo el ticket. Teníamos ocho meses, faltaban ocho meses para esta carrera, imagínate. Y dije, lo voy a intentar. Voy a terminar la carrera más difícil en el mundo y empiezo a entrenar, a practicar como bien pude. La verdad. A ver, el Sahara es una situación inhóspita, caliente, fastidiosa, abrumadora. Voy a entrenar en esas condiciones. Corría en la mañana y corría al mediodía. De hecho, complicado también. Este sol va a calentar esta arena caliente. ¿Quién ha caminado aquí en arena caliente? Sí, todos. ¿Quién ha Caminado siete días en arena caliente? Bueno, entonces esa era la preocupación mía. Dije, ¿Cómo le hago para aguantar siete días en arena caliente? Y digo, la única forma es yéndome con dos suelas en los pies. Y estas suelas se forman con callos y estos callos se forman con ampollas y estas ampollas las voy a formar, en mi caso, sin calcetines y con los zapatos más baratos posible. Así corría, o sea, literalmente me estaba destruyendo los pies para que vayan más fuerte y puedan aguantar esto. Esa fue mi previsa. Calentaba agua, la ponía en la mochila y hacía rutas para pasar por la mayor cantidad de tiendas y ver las gaseosas, el agua helada y todo y recordar que tenía agua caliente. Literalmente estaba diciendo la única forma de sobrevivir al lugar más complejo en la tierra es entrenando complejamente. Entonces OK, voy a empezar a poner Sahara en todo lado la palabra Sahara. Mandé a bordar las toallas. ¿Qué estaba haciendo? Canalizando todo mi enfoque. Entonces estaba constantemente repitiéndome Sara, Sahara, Sahara, Sahara, Sara. ¿Qué fue lo que hice? Crear una realidad. Entonces yo en cada entrenamiento realmente iba pensando en cómo voy a llegar a la línea final. Y si me preguntas qué pasó en la vida real, pasó exactamente eso. Esta carrera dura seis etapas, más una adicional que es para UNICEF. Día un día ya estaba con ampollas. Recién llevaba 50 kilómetros, faltaban 200 kilómetros. Una locura. Segundo día, salgo a correr, llego al campamento. La diferencia es que llegué con siete ampollas. Y le dije a un médico joven, como en las películas, así córtame los pies. Y el tipo me no te voy a cortar los pies, lo que sí voy a hacer es cortarte la piel porque no puedes ni caminar. Hizo lo que tenía que hacer, levantó este pedazo de piel, la sacó, lo empapeló, mis dedos quedaron empapelados y todo. Y me dice levántate y ándate a la esquina porque viene más gente golpeada. Yo me levanto, intento caminar y me doy cuenta que no podía caminar. Y sentí literalmente cómo el mundo se me vino encima. Y todas las voces que me dijeron en mi país llegaron a mi cabeza. Eso es imposible. ¿Quién te has creído tú anda bajándote de esa nube? ¿Que no entiendes que es la carrera más difícil en el mundo? Y luego la pregunta posibilitadora que me hice y ¿Quién me lo va a decir? Y la respuesta alguien que nunca ha ido al Zar. Y ahí fue cuando espérate un ratito, o sea que me estoy avergonzando de una futura crítica de alguien que ni siquiera ha pisado el Sahara, ni pretende pisarlo. Agarré mi mochila y estoy en el desierto. El tercer día no voy a parar hasta llegar a la meta. Y ya que soy epiléptico, me desmayo en el desierto. Si me tengo que desmayar para hacerlo épico, dije yo. Y entonces empecé a correr brutalmente y logro terminar el tercer día, cuarto día, quinto día. Llego al sexto día, último día de la carrera, ya se imaginan, golpeadísimo. La organización me detiene y me millan, te vamos a hacer dos preguntas. Yo para ese momento pregúntame lo que quieras. Y me ¿Cómo te llamas y de qué país eres? Mi nombre es Millán Ludeña y soy del Ecuador. Y me bien, estás consciente. Y como estás consciente, tienes que entender que has corrido 240 kilómetros en el lugar más caliente del planeta. Te faltan 10. Y estos 10 córrelos para agradecerle a quien tengas que agradecer. Y esos 10 kilómetros fueron los 10 kilómetros más emocionantes de toda mi vida porque me estaba acercando a ser posible algo que fácilmente yo le llamé durante quizás nueve meses un imposible. Y allí entendí que imposible es solo solo una palabra.










