Millan Ludena argues that the real evolutionary challenge for people is developing empathy: recognizing others have different perceptual maps, interests, and life views. He links this failure of understanding to interpersonal conflict, unexamined adherence to others’ opinions, and the habit of giving unsolicited advice without responsibility. The excerpt includes a personal anecdote about not pursuing a youthful idea because an uncle discouraged him, illustrating how external voices shape behavior.
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El principal desafío que tenemos las personas es llegar a un nivel evolutivo que nos permita comprender que la otra persona es diferente, tiene su otro mapa perceptual, sus otros intereses y su otra forma de ver la vida. Todo el mundo dice que está de acuerdo con eso. Entonces ¿Por qué generamos conflictos entre las personas entonces? Entonces ¿Por qué nos ponemos bravos cuando el uno no piensa como el otro? Se contradice con la primera parte de la oración. El verdadero desafío evolutivo está en entender que somos personas diferentes. Y de ahí tienes dos la primera, las voces que no son tuyas y la segunda, las voces internas, que es tu propia voz. Y a ti te ha pasado, y entendería que sí por lo que me estás contando, que hay muchas cosas en la vida que no has intentado porque alguien dijo que no valía la pena, terminaste aceptando eso y No lo intentaste. ¿Te ha pasado eso? Sí, te ha pasado a ti y nos ha pasado a todos. No, yo agarré. Ya deja de escuchar eso y no hacer nada. ¿Quieres hacer algo en la vida real? Déjame la palabra reto aquí abajo y vas a ver qué pasa. Una idea que quería hacer de joven y nunca la Y me acordé del tío que me dijo que no valía la pena. Lo llamé Hola tío, ¿Cómo está? ¿Y cómo va la familia? Un abrazo y todo. Oiga tío, ¿Usted se acuerda que yo quería hacer esto cuando era pelado y usted me sugirió que no lo haga? Sí, claro, mijito, claro. Y quiero contarle que nunca lo intenté. Ah, bien, mijito. Me alegra mucho que te haya servido como guía en tu camino. Y también quiero contarle que estoy arrepentido porque nunca supe qué hubiese pasado. Qué habría pasado. ¿Y sabes qué me dijo? ¿Y usted para qué me hace caso, mijito, si lo mío solo era un comentario? Entonces, resulta ser hoy, años más tarde, que a las personas nos encanta opinar sin saber el contexto. Uno. Dos, como es normal, les interesa más su vida que la vida del otro, aunque esté opinando. Y tres, ni siquiera nos hacemos responsables de los comentarios que decimos.