Extracto de un testimonio en primera persona de Millan Ludena sobre una experiencia en el Sahara: narra cómo por error mezcló pastillas de alcohol con proteína, se intoxicó, se debilitó y lloró en el desierto hasta que una corredora (que él cree francesa) lo acompañó caminando cerca de un kilómetro y lo ayudó emocionalmente mientras intentaba llegar al campamento.
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Cuarto día me descuido y cometo un error. Y empaque mal la mochila, puse las pastillas de alcohol que me permitían hacer fuego en el bolsillo de las pastillas de proteína, en Estas bolsitas de 1, 2, 3, 4, las metí allí. El sol al siguiente día volatilizó, el alcohol se mezcló con la proteína, cuando hice el batido me supo a gasolina y cuando me supo gasolina dije no puede ser, o sea, estoy pensando que estoy intoxicado, debe ser la insolación, el sol, el cansancio, lo que sea. El punto es que sí está intoxicado. Y la verdad yo me sentía súper débil, súper débil en el Sahara, mareado y todo. Que abandoné el momento, me quito la maleta, me siento a llorar porque me sentía perdido. Pasa una corredora que hoy sé que es francesa, me da la mano, no me dice nada y me acompaña a seguir caminando, emocionalmente recuperado, un kilómetro después tal vez. Y yo siempre tuve dudas si existía o no ella. ¿Ella entonces habrá existido, no? ¿Quién se para en el desierto y me acompañó un kilómetro? Bueno, y seguía. Y mi único objetivo era llegar al campamento, quería llegar al campamento.