Breve reflexión de Millan Ludena sobre el valor de conservar las limitaciones humanas: prefiere no tener “todos los poderes” porque equivocarse posibilita el aprendizaje. Destaca la satisfacción del esfuerzo individual y colectivo, el reconocimiento de errores (sobriedad, escucha) y la elección consciente de permanecer humano mientras trabaja para convertirse en quien desea ser.
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Ahora mismo me estoy preguntando si quisiera tener todos los poderes, pensaría que no me gusta ser humano. Me gusta sentir que lo intento, me gusta sentir la satisfacción de cuando consigo algo es el resultado del esfuerzo individual y colectivo. Me gusta darme cuenta con el resultado que por ahí no era el camino, que la premisa que utilizamos quizás no era, o que no consideramos una serie de factores, o que quizás le pusimos muchísima más emoción a alguna cosa, o pecamos de soberbios, o no escuchamos, o ese tipo de cosas. Me gusta. Me gusta porque cada vez que hemos aceptado cosas, la valoramos desde el agradecimiento y cada vez que no aceptamos cosas, la valoramos desde el aprendizaje. Y en esta pregunta, si tuviera todos los poderes, pues nunca me equivocaría. Y si nunca me equivocaría, supongo yo que nunca aprendería. Y como me gusta aprender, pues elijo quedarme con la versión humana y saber que yo puedo convertirme efectivamente en quien quiera con los poderes que yo quisiera tener.