Millan Ludena ran the Sahara in six days by breaking each day into six numbered stages. He carried a can of tuna as a reward for reaching the halfway point, the moment of no return. He ate it in the desert, an experience he claims no one else has had.
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Yo había planteado el Sahara en seis días. Cada día para mí era una carrera. Y cada día lo había partido en seis bolsas. Entonces, cada vez que comía, había llevado seis bolsas en cada bolsa. Seis bolsas pequeñas con números inmensos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Porque dije, cada vez voy a estar más cansado. Entonces tengo que hacerle la vida fácil a miseria. Números muy grandes. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Y el gran logro inicial era llegar a la mitad de la carrera. Al día. Al momento de no hay vuelta atrás. Para mí era importantísimo llegar al no y vuelta atrás. Y eso lo iba a premiar comiéndome algo que ineficientemente era. Era más pesado que no lo necesitaba para la carrera. Solo que me daba una ganancia personal. Que era atún. Atún en sobre. Entonces me llevé un sobre de atún. Y quería comerme ese atún. De hecho, fui a la empresa que vendía ese atún. Antes de ir al Sahara. Y le digo, nadie se ha comido un atún en el desierto. Y no creo que pase. Yo lo voy a hacer.