MILLAN LUDEÑA - Metas que asustan, Aventuras Extremas y prepararte para lo peor #193

Millán Ludeña grew up in Guayaquil with gang violence and epilepsy, then learned from his mother to reject his fate. He's run the Marathon des Sables (250 km in the Sahara), raced 100 km in Antarctica, and made a documentary called From Core to Sun. He talks about training for impossible goals and what happens when you ask yourself what's the worst that could happen.
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Millán, bienvenido a Cracks Podcast.
Gracias, gracias José, encantado de estar acá.
Hasta que se nos hace. Y un día, un día antes del gran evento para el que estás aquí Exma en el que vamos a compartir tú y yo algo que nunca me imaginé escenario con Tony Robbins y vamos a hablar un poquito de eso, pero antes de eso me gustaría que me platicaras qué es y de dónde nace tu afición por las batallas de gallos.
¿Oh buenísima, de pequeño barrio marginal, yo soy ecuatoriano y las pandillas y todo esto y no se llamaba antes batallas de gallos, o sea no, no, simplemente ibas a rapear improvisando y la idea es tener agilidad mental y disfrutaba mucho eso, eventualmente ya no lo hice y ahora Red Bull lo hace a nivel mundial y creo que el movimiento está creciendo brutalmente, México tiene creo que uno de los, junto a España uno de los principales exponentes y básicamente son desafíos intelectuales musicales rapeando, entonces ponen algún tema y van improvisando, eso es súper bueno, súper bueno y ahora? Y ahora lo veo mucho y lo disfruto mucho y no he ido y es uno de mis pendientes ir a una final de batallas de gallos, como una final de fútbol, algo así, quiero ir, quiero ir. Me gusta pensar en nivel de infancia, no sabía que eso existía y yo quería ser alguien de batalla de gallos.
Hablando de infancia, tú has dicho que fuiste pandillero, eres de Guayaquil, barrio marginado, pandillero a los 8 o 10 años, ¿Cómo es ser un pandillero a los 8 o diez años?
No sé, estar parado en las calles, en la esquina y creo que hace que si yo hace 30 años tal vez habrá sido esto la lógica de las pandillas, quizás habrá sido algo diferente, quizás estaba limitado a rayar paredes por allí, no es tan vinculado como lamentablemente ahora a muertes, asesinatos o sicariatos, al menos en mi barrio, al menos en mi barrio, solo que creo que seguía siendo un camino no estándar, o sea yo creo que ese nivel de conciencia que seguramente tuve de pequeño me planteaba como tres únicas oportunidades en el barrio, o tú sales de pobreza a través de educación, solo que no lo crees porque ves a los adultos que también fueron a la escuela y siguen en el mismo barrio, entonces no le creía al modelo, o lo haces a través de empresas, solo que tampoco lo crees, porque no hay un adulto empresario en el mismo barrio. Entonces lo que sí veía como modelo de desarrollo, fíjate que hasta irónico es el mundo de las pandillas, porque el pandillero, él sí cambiaba de gorra, él sí tenía carro, él sí tenía la mejor chava, o lo que sea. Entonces dices, es interesante. Y el vínculo creo que mental era, voy a agarrar un modelo que me demuestre que sirve. Entonces no era educación, no era emprendimiento. Y seguramente la pandilla, y creo que por eso me ilusionó mucho esa idea de avanzar en la vida a través de esa vía. Y estoy hablando ocho, nueve años, ¿Qué es eso? Está parado básicamente con ropa dos tallas más grandes que tú en la esquina. Y creo que eventualmente se van dando ciertos episodios en ese camino, que creo que no me llegaron más que rayar paredes, porque mi mamá se interpuso en el camino. Entonces yo creo que el país perdió un delincuente más desde ese día que mi mamá entró, me agarró de las mechas y me llevó a la casa. Creo que se asustó y dijo, tengo que hacer algo realmente atrevido, con educación. Y ahí creo que hicimos el primer gran cambio, el primer gran crack en nuestras vidas que resuelve sacarnos de educación fiscal y nos mete educación privada en el mismo barrio pobre, ¿No? No, solo que quizás pagando 100 pesos o 50 o lo que sea, ya no estás en el modelo fiscal, o al menos estás intentando construir algo en la medida de lo posible.
Cuéntame un poco más de cómo fue esta etapa de tu vida. ¿Te saca tu mamá de la pandilla, te da educación privada? ¿Qué lecciones aprendiste de cómo actuaron tus papás, tus hermanos en esa época de tanta dificultad?
Creo, creo, y esto está vinculado mucho al día que me diagnostican epilepsia. Yo soy un creyente que a veces lo único que nos queda en la vida es ser valientes. Lo único, lo único. Y es lindo porque todos somos valientes, solo que creo que lo utilizamos como último recurso. Y cuando me diagnostican epilepsia, después de algunos desmayos, en el mismo día, yo no entendía, diez años, imagínate. La verdad que no entendía que mismo es epilepsia. Mi mamá seguramente sí, y en un arranque de valentía le dice, usted no le va a condenar la vida a nadie al doctor. Y me saca de la sala y en el bus camino a la casa me dice tienes que aprender a rechazar tu destino y suena arrogante de hecho, o sea aprender a rechazar tu destino y lo que estaba entre líneas es cuando tú rechazas el destino que la gente dice que deberías tener, te das la oportunidad de crear el tuyo propio, o sea realmente te pones en primer lugar porque el modelo generalizado lamentablemente es que uno hace, piensa, dice, se viste y actúa en función de los otros cuando ni siquiera nos cuestionamos qué tanto les importamos a los otros y eso hace que pierdas mucha energía, atención y tiempo en prestarte atención a ti y si tú no te prestas atención a ti es muy difícil que seas dueño de tu vida y si no eres dueño de tu vida, entonces qué vas a hacer, o sea, qué podrías hacer, simplemente vas a terminar haciendo los próximos 30 años todo lo que esté de moda y es irónico, es irónico pasar una vida entera haciendo todo lo que esté de moda y no dándote la oportunidad de prestarte atención a ti en el bus, ahí yo arrimaba en el tubito este de los desde los buses mi mamá diciéndome tienes que aprender a rechazar tu destino para crear el tuyo propio y me gustó la idea de crear el tuyo propio, la verdad que me encantó esa tan simple idea de o sea que yo puedo intentar en la vida lo que quiero, bueno, al parecer sí, que lo consigas o no, serán otras causas, ya de intentarlo ya es bastante, 10 años y quizás en el día más complicado de mi vida te están diagnosticando raya, sentenciando epilepsia y ahí creo que habían dos únicas opciones en mi casa que mi papá y mi mamá digan a partir de ahí pobrecito mi hijo quien tenga epilepsia y escuchar eso diariamente porque cognitivamente la corteza en un niño no está completamente desarrollada entonces nos tragamos todo, todo, para bien o para mal. ¿Si lamentablemente escuchaste una frase que eres un idiota en matemáticas, te lo tragas sin cuestionarlo al menos hasta los 8 años o si afortunadamente eres un mago con los con las artes escénicas o con el arte o qué inteligente que eres, guau, aplaudo esto, te lo vuelves a tragar, es el efecto pigmaliónico, al final la realidad es lo que tienes en tu cabeza, nada más que eso y creo que en ese momento que en el minutos atrás me habían dicho tienes epilepsia? Y en un bus me estaban diciendo puedes crear la vida que te dé la gana y me gustó la segunda, creo que ahí hay el verdadero cambio de filosofía de vida mía y fue.
Lo mismo para el resto de tus hermanos, o sea, esta era una filosofía que permeaba y que se vivía y bien dicen que la mejor manera en que puedes educar a un hijo es no hablándole, sino enseñándole con el ejemplo. ¿Tus padres actuaban de esta manera, ¿Lo veías?
Sí, sí, sí, lo veía, lo veía y ahora lo entiendo ya como estudiante de psicología, la importancia de la coherencia y lo difícil que es en realidad el verdadero desafío en alinear lo que piensas, y esto me lo enseña así mi mamá, alineada entre lo que estás pensando, dices, sientes y haces, que lo que me estaba enseñando era persinarme en una lógica de coherencia entre lo que piensas, dices, sientes y haces. Como 35 años después entendí que eso se llama coherencia y es realmente el desafío en los humanos y es dificilísimo, pues por eso todo el mundo habla y se queja de la corrupción y al menor instante si puede evitar hacer eso, lo evita ilegalmente, lo que sea, ese es el desafío. Cómo eres coherente entre lo que acabas del discurso que acabas de pegarte y lo que estás haciendo inmediatamente es súper difícil y creo que yo siempre vi a mis padres actuar de manera coherente y el niño, lo que tú dices, el niño hace y cree lo que ve, o sea, a mí se me hace un poco difícil entender que los papás están frustrados porque a su hijo no lee, porque la pregunta inmediata es ¿Y tú qué día de la semana lees? Y ya se envuelve un momento incómodo porque las respuestas tú sí la tienes y la tienes clarita y ahí quizás te das cuenta que estás exigiendo algo que tú no eres capaz de hacer y claro, y ahí viene toda una serie de pretextos, que estoy cansado, que no tengo tiempo, que ni sé qué cosas, cualquier cosa, solo que estás pidiendo a tu hijo algo que tú no estás dispuesto a hacer. Esta frase no no pides algo que no esté dispuesto a hacer, aplica también en el hogar, Creo que.
¿Y cómo esto a qué edad fue? ¿Ocho, nueve, diez años?
Si, ocho, diez años, me diagnostican. Diez, once, por ahí. Claro.
Y de ahí sigues, vives una vida adulta, vas a la universidad, empieza a trabajar, y por un lado parece que tienes este empoderamiento mental y que eres capaz de todo. Desde que eres chico te programaron para eso. Pero Por otro lado, 20 años después, te das cuenta que, como tú lo dices, no estás viviendo está solo cumpliendo años. Explícame esta dualidad de pensamiento.
Sí, sí, sí. Mira, a mí me gusta mucho creer sobre la experiencia real. A mí dime más o menos lo que has intentado y a partir de ahí vamos conversando. ¿No? No me gusta hablar sobre. Sobre aire, sobre humo y todo, porque es la misma historia. Es la misma paradoja. No hablar bonito sin mayor cosa. No quiero hablar bonito. Quiero. Quiero alimentarme de tu experiencia propia y quiero que quien hable conmigo se alimente de mi experiencia propia. Entonces cuando. Cuando yo cambio de educación y empiezo a entender esto, no la valoraba tampoco, porque no tenía la experiencia real. Hasta que a los 15 años consigo mi primera beca, una beca estudiantil. No por dádiva, no por pobreza, no por lástima, porque logré vincular que esa beca la conseguí porque era el mejor alumno o uno de los mejores alumnos. Y dije, me la estoy ganando. Y me gustó esta idea de que ser el mejor tiene beneficios, porque a veces pensamos que me merezco el beneficio y no necesariamente soy el mejor. Y no cuadra, porque yo les pregunto a mis amigos en Almuerzos y Todo nombre cinco personas que admires, y esas cinco seguramente son lo mejor en lo que hacen, por eso tienen el beneficio. ¿Qué estás admirando? ¿El hecho de que son los mejores o estás admirando sus beneficios? Porque si estás admirando sus beneficios, te estás brincando la parte de conectar que los tiene porque son los mejores. Y creo que esta cultura de pobreza hace que nos enfoquemos en el beneficio. Claro. Es como cuando. Es como cuando yo fui funcionario público. Es como cuando llegas a un cargo, que se yo, ministro o secretario de Estado, el café que te van a ofrecer se lo están ofreciendo no a ti, sino al puesto que está ocupando. Tú poco, nada importas es ese puesto. Eventualmente te vas a ir, vendrá otro secretario de Estado y le van a ofrecer el mismo café y le van a abrir la misma puerta al puesto. Y creo que le prestamos atención mucho al beneficio y no vinculamos que el beneficio viene porque fuiste el mejor. Si le pusiéramos atención al mejor, quizás nos gustaría ser el mejor.
¿Quiénes son cinco personas que tú admiras personalmente?
Va cambiando cada vez va cambiando. Y mi mamá creo que está entre las. Siempre está en los rankings, mi papá también. Y de allí, dependiendo el momento en mi vida, cómo me siento y que estoy buscando ahora mismo. Por ejemplo, esto de Robbins que hablabas. Yo hace cinco años resolví ser conferencista y estaba buscando quién es el mejor conferencista para tener esta especie de modelación. Tú no puedes querer convertirte en el mejor si no sabes quién es el mejor. ¿Cómo lo modelas de hecho, para tener tu propia diagnóstico? Estoy aquí, me gustaría llegar allá. Y falta todo esto para tener ese plano allí. Entonces cuando resuelvo ser conferencista, me empiezo a preguntar ¿Quién es el mejor en mi país? Luego pregunté ¿Quién es el mejor en la región? ¿Y luego pregunté quién es el mejor en el mundo? Y lo que estaba haciendo era marcando hitos. Entonces, eventualmente, en algún rato dices, OK, ya soy el mejor en mi país, voy por el mejor en la región y así. Y cuando conocí a Robbins dije clarito, me acuerdo clarito. Dije, cuando lo vea en persona o será porque tengo el dinero para pagar en primera fila o ya lo veo en escenario y estamos a horas de que pase la segunda. Entonces yo creo que Robbins últimamente ha sido una de estas cinco personas. Me gusta mucho. Estoy muy ilusionado también con Elon Musk en la línea. En la línea de llegar a explorar el espacio. Me parece como que wow, independientemente a temas personales y todo, al final uno elige lo que quiere admirar de las personas. Nos pasa lo mismo con los ancestros. Uno elige los genes que queremos expresar. Hemos escuchado historias de nuestros abuelos, buenas, malas, horribles, espantosas, muy bonitas, motivadoras y todo. Todas esas llegaron y uno elige los genes que quiere expresar.
Ahora, cuando te das cuenta que llegue este momento en el que no estás sintiendo que le estás exprimiendo a la vida todo lo que podrías exprimirle, ¿Qué decisiones tomas? ¿Cómo? ¿Cómo volteas? Porque entiendo que cuando empezaste a correr tenías 33 años.
Sí, 32. 33.
¿En qué momento, supongo que como toda la gente empieza a hacerlo como un hobby? ¿En qué momento se vuelve esta salida? No sé si una salida, pero qué momento se vuelve lo que te da lo que lo que sientes que le falta a tu vida.
Buenísima. Esto fue una de las conclusiones de mi psicóloga. El modelo que desarrollaste internamente fue un modelo de. Esto fue años después, quiero suponer, esto fue años después y decía siempre trabajaste buscando algo, era lo que le daba el norte, entonces siempre estaba atrás de algo, siempre he estado atrás de algo y no me gusta estar sabiendo que no estoy persiguiendo algo. No, no me gusta, No, no. Y es un modelo que se ha venido desarrollando, desarrollando, desarrollando y quizás por eso desde que me voy a ir años atrás entonces conseguir la beca, estaba persiguiendo una beca, luego cuando termino el colegio y quiero ir a universidad también resuelvo, quiero ir a la mejor universidad de agricultura en el mundo. Sí, lejana, muy cara, inaccesible, casi imposible. Eso solo que me da plenitud saber que estoy persiguiendo algo y puntual. Y puntual cuando consigo eso voy a hacer mi MBA, la misma historia. Entonces siempre estaba como enganchado con algo y eso le da sentido de existencia.
Te quiero interrumpir antes de que sigas con esta historia para entender. Mucha gente vive en este constante perseguir de algo e incluso ni siquiera con metas sino con hasta placer. El hedonismo, existe este concepto de adaptación hedónica, algo que era muy bueno ayer, hoy ya es más o menos y necesitas algo bueno, más intenso, más caro, más bonito, más grande para satisfacer esa misma emoción. ¿En qué momento pintas la línea o cómo le haces para que no se, que no sea un vacío constante lo que estás sintiendo, o sea, festejas estos logros o en ese momento que llegas a la meta que te habías fijado como que sientes que no era ahí y entonces que hay algo más grande que necesitas?
Sí, sí, mira, estoy en un momento de mi vida en la que estoy pasando de fase para contestarte la respuesta. Siempre sentí que festejaba poco y la historia que me contaba me gustan dos momentos específicos cuando tomo un reto. El primero y seguramente te ha pasado cuando llevas como meses pensando algo y le vas dando vueltas, no se los contaba a nadie y en algún rato hace crack y le dices a tu amigo lo voy a hacer o le dices a tu novia lo voy a intentar, o a tu esposa o a quien sea, o estás corriendo solo y dices lo voy a hacer. Ese momento me fascina. Es como que todos. Todo venía engrandándose hasta que crack. Ocurrió. Es lo que yo llamo el momento cero. Si estás solo, si está acostado, tu novia te pregunta ¿De qué me estás hablando? ¿No entiendo qué te pasa? Ese momento es el cero, porque en tu cabeza ya ocurrió. Y de allí pasan semanas, meses, años, no importa. Y quizás, afortunadamente lo consigues. Y cuando lo consigo, yo siento que he dado un ciclo entero. Llegó el punto, porque la emoción es muy parecida. Y de las cosas que recuerdo al instante de haberlo conseguido, es el momento en el que dije lo voy a hacer. Disfruto mucho el conectar. Lo voy a hacer con. Lo hice. Me encanta. Me pasó en mi primera montaña en los Andes, me pasó en el Sahara, me pasó en la Antártida. Me pasó cuando llegué al punto más cercano al sol. Me pasó cuando conseguí la beca, cuando me gradué de Zamorano, cuando me subí al escenario en CAE, graduado entre los mejores. Me pasó. Y seguramente me va a seguir pasando, solo que cuando el ciclo acaba, acabando. Y de ahí entra en otra fase, en la maquinando. ¿Que más? Maquinando hasta que. Hasta que ocurra el siguiente crack. Y hoy estoy en mi fase 2, porque cuando el ciclo acaba, me estoy permitiendo disfrutar mucho más el proceso. Todo el proceso. Todos los.
Sólo hasta que terminó o disfrutan también.
El proceso durante todo. Todo. Ahora sí, Ahora sí. Siento que lo disfruto cada momento. Y claro, como estoy en esa fase 2, acostumbrándome cognitivamente, porque estoy dejando mi primer modelo, todavía hay momentos de incomodidad. Me acaba de pasar y le contaba a Mara con esto de Robbins, cuando me confirman que voy a hablar en mi cabeza, solo en mi cabeza, lo pensé que iba a hablar en el segundo día. De hecho, lo pensé ¿Como voy a hablar justo antes de que él salga en mi cabeza? No me di cuenta que solo lo tenía en mi cabeza. Y claro, cuando confirman la agenda, no era lo que tenía en mi cabeza. Y te genera esta ira y frustración. Y mi mecanismo inmediato de reacción fue no importa en donde esté hablando, voy a dar la mejor conferencia. Incluido Robbins. Voy a dar la mejor conferencia. Y claro, y estaba actuando desde una especie del resentimiento de una cosa que nunca ocurrió porque siempre ocurrió en mi cabeza. En mi cabeza. Y hoy en este proceso es un tema de expectativa. Claro. Por última. Nadie le importa esas cosas, solo que yo por expectativa no me cuadra en mi modelo. Y lo que está ocurriendo ahora es cambiar eso por realmente disfrutar la conferencia y todo el proceso. En la conferencia que nos conocimos hemos hecho algunos cambios, algunas cosas y me encanta, ya quiero hablar, quiero mostrarla, realmente estoy fascinado con eso. Y tú dices, wow. Claro, al final uno decide siempre dónde quiere poner su energía y su atención y eso es lo que realmente vale.
Cuando empezaste a correr y te inscribiste a tu primera, tu primer Ultra, que no sabías que era un Ultra.
Dices.
Que aprendiste una frase que el ego bien utilizado es maravilloso. ¿Qué significa esa frase para Sí, mira.
Yo siempre creo que coloquialmente o creo que estandarizadamente hablamos mucho del ego como malo, entonces qué egocéntrico, que ni sé qué cosa?
Incluso ahora que estabas hablando te puedo decir, es el ego el que te estaba.
Es el ego el que te está jalando, ¿No? El que te está jalando y todo. Y yo creo que el ego es necesario, porque el ego es la expresión de tu valor propio. Y es un tema de autoestima. Cuando. Cuando te sientes bien contigo, también sientes que mereces más para ti en cualquier esquina. Por eso quizás a veces aceptamos comportamientos y cosas que pensamos que nos merecemos por una desactualización a nuestra autoestima. Entonces, cómo sentirme bien conmigo creo yo que es esta expresión de tener mi ego y mi autoestima actualizada.
Háblame un poco más de esto que acabas de decir. Aceptamos cosas por una desactualización de nuestra autoestima.
Claro. Lo Es interesante que estemos al día en el celular. Todas nuestras aplicaciones están actualizadas y tú te preguntas, o yo pregunto ¿Por qué actualizas el sistema? ¿Y la respuesta seguramente es no, porque ya está muy lento o no? Pues ya hay una actualización, por eso hay una actualización nueva, por eso lo voy a actualizar ya. ¿Y que tiene esa nueva actualización? La verdad que no he chequeado, solo que supongo que si está actualizada es mejor. Si eso ya lo compramos. Valdría la pena decir ¿Hace cuánto que no actualizas tu sistema? Y ahí viene toda la pregunta ¿Y por qué debería actualizarlo? Porque toda actualización es buena. Me lo acaba de contestar hace un minuto. ¿Valdría la pena actualizar la cosa? Y allí es cuando empezamos a preguntarnos. Si yo quisiera valorar mi nivel de autoestima del 0 al 10, más o menos por donde ando, sin importar si es respuesta o mala, si me contestas dos, hay una oportunidad para ocho. Y si me contestas ocho, seguramente hay una oportunidad para dos. Y si me contestas diez, ya creo que la siguiente pregunta que pondría en la mesa es ¿Qué tan feliz te sientes? En teoría debería ser 10. Entonces es genial saber que siempre hay una oportunidad de mejora y de actualización. Por eso creo que el ego es importante.
¿Y cómo jugó tu ego en tu primera carrera?
Yo ya corría. A ver, yo corría. Te estoy hablando hace 10 años tal vez. Yo corría un kilómetro, kilómetro y medio quizás hasta ahí me cambio a Quito, una ciudad bastante alta. 2.800 acá estamos en 2.400.
2.000, 2.000 metros, 2.000.
Bueno, 2.800 alta y todo. Yo vengo de la costa y un día por andar con la boca abierta, básicamente viendo las montañas alrededor, Llegué a correr 4 kilómetros. Me emociono y digo, si ya corro 4, estoy listo para mi primera carrera de montaña. Voy a una tienda a escribir y esta carrera tenía categorías diez, veinte, cincuenta y ochenta. Yo corría cuatro y lo normal podría ser pide diez. Y en mi cabeza estás haciendo 2.5 veces más que lo que ya estás haciendo. Esto sí es un desafío, así que dame una 10. Y el tipo me dice, 10 está lleno. Y te ha pasado seguramente quienes nos están escuchando ahora que tú vas una tienda a comprar algo, lo quieres también. Sabes cuánto tienes en la cartera, no te alcanza, no es lo correcto. Sales de la tienda dos pasos después dices a la chingada, me lo compro porque me lo merezco. Y te vuelves a meter, sacas esa tarjeta y listo. Porque te lo mereces, porque tú eres el centro del planeta y por eso has trabajado tanto. Y cualquier discurso de eso, hice lo mismo. Yo salí de esa tienda con mis 10 kilómetros negados. Entro y le digo dame una de 20. Entonces el tipo me vuelve a tumbar la historia y me dice 10 y 20 están llenos, si quieres correr acá, serán 50 u 80. Y yo la verdad no quería salir de esa tienda nuevamente con las manos vacías. Así que le digo, dame una de 50. Ni siquiera entendía que era 50 kilómetros, o sea, sabía que un maratón oficial tiene 42.2 kilómetros, no entendía que era 50 y tampoco entendía qué significa 50 en una montaña, no lo entendía. Aún así pedí el ticket, me vendieron el ticket, me llevo el ticket y dos días después estaba en esa carrera 4 de la mañana. Cuando llego ya sospeché en dónde estaba medio metido, todo el mundo estaba equipado, linternas Boff, mochilas, bastones, medias de compresión, comida, barras, energéticos, todo, todo. Y yo una remera, una polera sin manga, una camiseta sin mangas, una pantaloneta y unos zapatos, cualquier cosa, sin mochila, sin linterna, sin abrigo. Mi lógica era, si corro rápido me voy a calentar. Y al final el cerebro se autoprograma y mi programación para mantener mi posición de que yo hago lo que me da la gana en la vida es no importa que esté en 50, en el kilómetro 10 me largo. Ese era mi plan. Llego al 9, ni siquiera al 10, al 9 ya con frío, con hambre, con todo, yo sé, ya realmente incómodo en esa montaña, esperando seguramente alguien me rescate o pase algún taxi, yo no sé, en la montaña. Y un señor muy amablemente me dice, tú no te botas cuando te da la gana aquí en la montaña, tú te botas en ciertos puntos, que es en donde te pueden evacuar. Estaba en el 15 el punto, yo estaba en el 9, la acabo esa carrera, o sea, no Me refiero al 15 porque en el 15 estaba el tipo que me vendió el ticket. Yo acabo esa carrera, Ozo, porque este señor vuelve a tocar mi ego y me dice, si quieres bótate, que igual ya sabíamos que te ibas a votar. Y tú agarras tu ego y dices, yo no me voto. Y por último me voto cuando yo lo diga, no cuando tú lo digas. En tal caso dime en dónde está el siguiente punto. En el 25. 10 kilómetros más. Agarro mi ego y continúo hacia el 25. ¿Llego al 25 sin ego, llego al 25, ahí sí ya llegó realmente a decir, sabes que? Déjame salir de aquí. Y me dice, los coches no están llegando porque esta semana ha llovido. Entonces estás justo en la mitad, tú verás si te regresas al inicio o avanzas, al final te da lo mismo. Y creo que el aprendizaje allí de esa carrera fue que la clave está en que lleguemos a un punto de no retorno. En ese punto en el que te da lo mismo regresar o ya terminar lo que empezaste antes de eso es ineficiente ese punto porque va a ser más atractivo regresar después va a ser mucho más ineficiente porque te vas a demorar más en regresar que en terminarla. Es ese punto. Y eso que te contaba del momento crack en los proyectos míos en los que digo lo voy a hacer, ese para mí es un punto de no retorno. Una vez que digo lo voy a hacer, no hay retorno y al menos lo voy a intentar.
¿Y cómo te sentiste cuando terminaste esa carrera? ¿Qué hizo en ti que eras un corredor ocasional a lo mucho? ¿Por qué? ¿Por qué seguir ese camino?
Termino 50 kilómetros porque nunca tuve oportunidad de votarme, básicamente. No por Superhéroe, no por Avengers, no puedo ultra corredor, nada de eso. Simplemente no tuve oportunidad de salir y no tuve plan B. Y ahí me di cuenta que cuando uno tiene su plan A y no le coquetea al resto del abecedario, pone lo que tiene limitado, que es su atención, energía, enfoque y fuerza solo en una cosa, o sea, pones todo lo que tienes hacia la consecución de ese objetivo. Y creo que esta distorsión de ser multitasker hace que pongas lo único que tienes, este bloque repartido en todo el abecedario. Y aquí ocurren dos verdades, creo. La primera, cada letra recibe un pedacito. Sí. Y la otra verdad es que ninguna recibe lo suficiente. Entonces la conclusión es que pasas ocupado todo el día sin energía, sin atención, sin enfoque, sin fuerza al terminar el día también y por alguna razón sientes que no has avanzado y es que en realidad no has avanzado lo suficiente. Yo en mi MBA entendí que estrategia al final del día es descartar.
Tú eres alguien de un solo plan en todo lo que haces.
Si, intento poner mi enfoque en mi plan A y si no funciona el plan A, habrá el B, solo que tiene que caerse la para ir al B. No estoy con el A coqueteándole al B, al C y al D. No, no me gusta poner el por si acaso.
Me lo decía Abraham Levy, que es un atleta mexicano que tuve aquí en el podcast y hace algunos años él cruzó a remo sin uso de motores, nivelas ni nada, de España a México todo el Océano Atlántico en una travesía de más de tres meses y él le decía que lo único que sabía era que no iba a regresar, que llegaba a México o quedaba a la mitad. Pero tienes que tener mucha convicción para pensar así. Convicción de que lo que estás persiguiendo es a lo que quieres y significa lo suficiente.
Y confiar. Y confiar en que va a salir bien. En psicología llamamos las profecías autorrealizables. Confiar en que va a salir bien. No hay forma alguna de intentar algo que sepas que va a salir mal. Seguramente lo vas a hacer por el desempoderamiento de perseguir moda, tras moda, tras moda. Seguramente pasará eso. Solo que si sospechas que no va a funcionar, no va a funcionar. Todos los proyectos que yo hice, yo estaba convencido que los podía hacer.
¿Cuál es el proceso de toma de decisión? ¿De que? Tal vez empiezas a maquinar, como dices, estas ideas en tu cabeza. Tal vez tienes alguna serie de preguntas, alguna matriz de decisión, algún árbol dentro de tu cabeza en el que evalúas las opciones, costos, beneficios. ¿Como piensas antes de llegar a ese momento en el que? Si, el momento cero.
Varias formas. La primera, ¿Qué es lo peor que podría pasar? Y te las voy a contar sin orden en realidad. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Cuando yo quería ir al Sahara a correr 250 kilómetros, el lugar más caliente de la tierra, me hice esta pregunta. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Lo peor que podría pasar es que me muera. OK. Quitando eso, ¿Qué es lo peor que podría pasar? Lo peor que podría pasar es que no la termine. OK. ¿Y que no la termines qué implicaría? No, que utilicé tiempo de preparación en vano, entre comillas, gasté dinero y quizás se van a burlar de mí en unos cuantos almuerzos mis amigos. ¿Qué más podría pasar? No, la verdad que no. Y si no habrías entrenado, ¿Qué habrías hecho? Seguir durmiendo. OK. Y ya que entrenaste, ¿Sientes que le hizo daño a tu cuerpo? No. ¿Lo pones en el bloque de pérdidas o al final una ganancia? No, en realidad fue una ganancia el dinero. OK. ¿Cuánto gastarías? Tanto. En ese viaje lo estabas conectando con ir a conocer París y Barcelona. Sí. ¿Igual te fuiste? Sí. ¿Y si no le acabas la carrera, igual irías? Sí. ¿Y en qué tiempo? En el de vacaciones. ¿Y si no hubieses ido al Sahara en vacaciones, ¿A dónde te habrías ido? A Barcelona y a París. Entonces te da lo mismo. Sí. Y por último, el hecho de pagar la carrera. ¿Ese dinero lo puedes recuperar? Sí. ¿En cuánto tiempo? En tantos meses. No es el fin del mundo. No. Y a cada pregunta que te vas haciendo con ¿Qué es lo peor que podría pasar? Tu propio cerebro tiene la capacidad de resolverlo. Y cada ¿Qué es lo peor que puede pasar? Me daba cuenta que lo peor que podía pasar era cada vez más chiquito. Entonces, después de toda esta conversación conmigo, lo peor que podía pasar después de ir al Sahara era no terminar la carrera, ir a las vacaciones que quería ir, conocer el desierto, haber entrenado, haber conocido gente y un pocotón de cosas que al final no haber terminado la carrera no fue mayor cosa. Y eso, cuando me di cuenta de eso, dije wow. Claro, De pronto los monstruitos en la cabeza son muy grandes. Y eso, como no les preguntamos, hace que pasemos al siguiente proyecto de vida. Y así pasamos de proyecto en proyecto, de monstruito en monstruito, sin preguntarnos qué es lo que peor que podía pasar.
Háblame del Maratón de Sables, ¿Qué es esta carrera de 250 kilómetros? Yo. Yo aprendí de ella haciendo el research para mi episodio número 5, ya en el que entrevisté a alguien que es una persona fantástica, que ojalá lo puedas conocer algún día. Se llama Rafa Jaime, es ultra atleta ciego y se metió al Maratón de Sables ciego, o sea, yo no corro media cuadra. Él quiere correr 250 kilómetros y ha hecho una serie de cosas impresionantes a lo largo de su carrera deportiva. Y vi el programa que platicábamos ahora en Cabo, que estuvimos juntos tú y yo, de la serie Losers en Netflix, de este tipo que se pierde en el. En una tormenta de arena, en italiano, en maratón de sables. ¿En qué momento se te ocurre hacer una carrera así? Cuéntame qué es para quien no lo conozca y cómo decide llegar ahí.
Sí, a ver. El Maratón de Sables es considerada por Discovery Channel la carrera a pie más difícil en el mundo. Son 250 kilómetros que se plantean en varias etapas. Son seis etapas, más o menos 40 kilómetros en promedio. Una locura entera. No te dan el abastecimiento, es autoabastecida, tú cargas tu mochila, solo te dan ellos temas de medicina, si lo requieres, y agua. El resto va en tu mochila. Ropa, alimentación para toda esa semana y lo que vayas a necesitar. Y entonces yo había regresado un año atrás de la Patagonia Argentina porque Cuando terminé esta primera carrera de montaña que terminé 50 kilómetros, la única pregunta que tenía esa semana era ¿Por qué Millán? Si nunca habías corrido 10 y nunca habías corrido 50, ¿Por qué querías correr 10 si has podido ser 50? Y entonces sentí que no había conseguido 10 o no habría conseguido 10, sino que habría dejado de ganar 40. Yo no quiero dejar de ganar y por convencerme que he conseguido esto. Ya es impresionante esa pregunta. Y luego me di cuenta que mi vida entera la llevaba en la misma metáfora de 10 y no de 50 y me había auto condenado a ser exitoso porque todo lo que hacía Oso lo conseguía, todo proyecto en la oficina lo podía hacer, toda materia que tomaba en la universidad la podía pasar y si algo medio me parecía difícil que no sabía cómo lo podía hacer, no lo tomaba. Entonces me aseguraba inconscientemente de ser 100% exitoso porque dicen que ser exitoso es muy chingón. Entonces ¿Como compramos eso? Entonces ponemos todo lo que decidimos intentar en la vida nos aseguramos que lo podemos hacer. Si seis meses, un año más tarde responderemos y decimos wow, qué proyecto tan difícil. Solo que gracias a mi capacidad, a mi inteligencia, a mi habilidad, a mi networking y todo lo pude, lo pude conseguir seis meses atrás. Sabías que lo podías conseguir. Nunca te diste la oportunidad de desafiarte. Y allí me di cuenta y dije espérate un ratito, yo no quiero pasar de éxito en éxito. Me gusta más la idea de pasar en intento en intento porque cuando pasé del éxito al intento me di la cuenta, me di cuenta que podía soñar más en grande, que ya no estaba limitado al éxito, sino que al intento. ¿Y el mundo se me abrió y dije ah, porque no podemos intentar esto? Y también me permití no maltratarme con el no éxito. Si es un intento puede ser la posibilidad que no salga la primera. De hecho lo que ya empezaba a leer y todo me daba cuenta que estos grandes proyectos que admiraba en la vida no fueron a la primera, ni fueron de microondas, ni fueron inmediatos. Y dije yo quiero más levantarme sabiendo que estoy intentando algo grande porque ya es un intento. Tú no vuelvas a ser mi Yang ludeña en tu vida. Nada que no te asuste. Esa fue la frase que dije frente al mar y no estaba nadie ahí. Regreso a la coherencia. Apenas me encontré con un primer proyecto que me asustaba. Pude haber elegido tomarlo o no. Si no lo tomaba, seguía en la incoherencia. Y me encuentro. Y me encuentro la maratón de sables. 250 kilómetros en el lugar más caliente de la tierra. Y es considerada la carrera más difícil en el mundo. ¿Te asusta o no? Por supuesto. Listo, nos fuimos. Y por eso tomo el proyecto, ni siquiera para acabarla. Yo solamente quería disfrutar, hacer la carrera más difícil en el mundo. En algún rato me hace clic la cabeza crack. Y digo lo voy. Me voy a empezar a preparar. Y me demoré ocho meses en prepararme, que para caso práctico para el Sahara es muy poco tiempo. Es una carrera realmente difícil.
Es lo que se prepara una gente para un maratón.
Entonces imagínate. Y yo soy ingeniero, Entonces mi mente de ingeniero empezó a trabajar en detalles, en detalles absolutos. Porque puse mi energía en ser eficiente.
Háblame de la ciencia de tu entrenamiento.
Si, puse mi energía en ser eficiente. Yo la pregunta que me hice fue esta. ¿Cómo compenso mi no rendimiento deportivo? ¿Como compenso eso? Ya este. Y dije lo voy a compensar a través de ingeniería. Entonces entre menos peso cargue, será menos. Menos peso como tal en la. En la metáfora explícita aquí. Entonces empecé a revisar todo. Cuando empecé a llevar la música.
En.
La primera mochila llevé 7 shuffles con el mismo playlist porque no hay en donde cargarlos. Entonces me llevé siete, uno para cada día y un respaldo. En la GoPro llevé siete baterías. Cuando pese todo eso era un kilo. Tiene que haber alguna forma de que pueda ir escuchando música y haciendo video. Panel solar, 122 gramos pesaba la placa suficiente que me daba energía para completar esto. La compré, la cocí en la mochila, Sol no me iba a faltar. Resuelto el tema. Cepillo de dientes, la misma historia. ¿Porque llevar todo el palo si puedes cortar el pedacito chiquitito? ¿Porque llevar la pasta si podrías llevar todo? Todo. Y la mochila indisal pesó 15 kilos y terminó pesando 8.40 kilos. Y ahí aprendí quizás la gran diferencia entre lo importante y lo imprescindible. Y dije voy a ir con lo imprescindible. La de 15 era lo importante. La de 8 4 fue lo imprescindible.
El resto del entrenamiento, ya la parte deportiva, porque entrenabas en saunas, diseñaron. Y supongo que te rodeaste de un equipo que te ayudó. Esto no se hace al chile.
Sí, empecé, empecé solo y luego, y es lo que cuento mucho, ¿No? Cuando ya estás enfocado, toda tu energía casi está en eso. Siempre estás pensando en eso, siempre estás pensando en cómo resolverlo, como mejorada. Aquí me pregunto qué hago y todo. Y la conclusión fue, voy a formarme en varias aristas. La primera, psicológica. Todo el mundo habla que la mente es importante y que con la mente tú todo lo puedes hacer y todo. Y por alguna razón entrenamos todo menos la mente. ¿Debe ser por la misma premisa, como la mente lo puede hacer todo, entonces para que entrenarla si ya la puede hacer todo? Yo la planteé al revés. Si sin entrenarla la puede hacer todo, imagínate entrenar. Entonces dije, voy a buscar ayuda y formación psicológica, sin saber en qué me estaba metiendo. La otra física, la otra de alimentación y la otra de fisioterapia, porque en los blogs lo que leía era el maltrato físico y todo. Y mi conclusión fue, entre más flexible llegue a la carrera, menos impacto tienes. Porque imagínate, o sea, imagínate un robot corriendo el impacto en cada paso. Y ahora imagínate ese mismo robot de hule, entonces es mucho más flexible. Entonces dije, me voy a convertir, o sea, voy a hacer lo más flexible que pueda para tener menos impacto en cada pisada. Estoy hablando ya ingeniería. Y la otra es simulemos condiciones. Entonces iba a correr y lo simulaba en dos partes. El Sahara desde la parte húmeda, aunque en realidad es muy seco, sino que por el fastidio y la arena, entonces corría los fines de semana en arena, arena seca, arena húmeda, arena mojada, seco, seco, seco, depende. Y de la parte de calor, del fastidio. En un sauna, se me ocurre alguna vez meterme en un sauna y dije aquí funciona. Y metía una caminadora y corría en un sauna, o sea, corría un sauna ahí por la humedad y el calor y fastidiado y todo. Y también, fíjate, escuchaba música que no me gustaba, porque. Porque en esta formación psicológica decía, yo tengo que ir, y esta es una premisa muy coloquial, tengo que ir con mi cabeza fuerte. ¿Entonces cómo haces fuerte una cabeza? Incomodándola. Entonces corría escuchando música que no me gustaba, que al final me gustó. Vallenatos Al final me gustó porque le va escuchando cuatro horas, cinco horas al día. Ya iba escuchando misa. Imagínate una de la tarde yo corría en Guayaquil, una ciudad con 32 grados de temperatura, 90 por ciento de humedad, con una chamarra, con agua caliente en la mochila y escuchando misa. Ya independientemente al planteamiento religioso, escuchando misa porque estaba complicándome el escenario. Yo estaba yéndome al Sahara y tenía que entender que me estaba yendo al lugar más caliente de la tierra.
¿Que escuchaste en la carrera? ¿Cambiaste o de música?
No, no, no, no, no, no. En música llevé. Y habría sido más complicado. Llevaba como varios. Varias carpetas. Llevaba música que me gustaba del momento, con la que me sentía bien. Luego llevaba canciones que me gustaron porque mentalmente me iba alguna parte específica en mi vida, qué sé yo, escuchando Macarena. Y recuerdas tu primera fiesta que fuiste solo a los 14, a los 15. Llevé momentos específicos de libros, de audiolibros que los resaltaba y todo, los llevaba acá. También llevaba algo de comedia en audios. Estoy hablando 2014. Habría sido genial bajarse varios podcast y todo. Y también llevaba momentos que sentía orgullo. Orgullo y emoción. Qué sé yo. Por ejemplo, me llevé el partido contra Uruguay, el partido de fútbol contra Uruguay, cuando clasificamos a nuestro primer mundial. Entonces iba escuchando el partido. Ahí ya llevan dos horas corriendo. Y me emocionaba igual entonces. Y metían el gol de la clasificación y lo vibraba y todo. Me llevé todo el relato de nuestra primera medalla de oro, que la consigue Jefferson Pérez en marcha 21 kilómetros. Esas dos horas y pico me las llevé relatadas. Entonces realmente me llevé historias de mi orgullo ecuatoriano que me motivaba. Es decir, ellos lo consiguieron, yo lo estoy consiguiendo.
¿Y este trabajo psicológico en qué consistía? ¿Qué tipo de conversaciones tenías con tu terapeuta? ¿Eran ejercicios?
Sí, sí, era todo esto lo que te acabo de contar es temas míos, decir esto puede funcionar. Al final funcionó y por eso cada vez lo hago mejor. Y al principio con terapia hacíamos muchísimo ejercicio de visualizaciones que hoy ya lo entiendo en las profecías autorrealizables. Esta semana un amigo que se llama Luis, Luis acaba de terminar su primer Ironman en Italia y yo lo acompañé en su proceso en su momento con sobrepeso, fumaba, una vida agitada, estresante y todo lo que pensaríamos equivocadamente que es normal en algún rato decide empezar a mover su cuerpo, se emociona, empieza a avanzar en este camino, le detectan cáncer, pierde un riñón y en lugar de bajonearse dice es el momento para ir al siguiente nivel y decide hacer un Ironman completo que es el que acaba de hacer el domingo, entonces, y me dice solo quisiera que me ayudes acompañándome en el proceso entonces y lo hice con muchísimo gusto y una de las preguntas que le hice en su momento fue ¿Cómo vas a llegar? Entonces me decía ¿Cómo que cómo vas a llegar? ¿Cómo vas a llegar a la meta? Estoy corriendo, pues son los últimos metros y ya, ¿Qué vas a hacer entonces? ¿Y la idea era irle preguntando el detalle específico, o sea, esa última línea la vas a pasar con la izquierda o con la derecha? ¿Vas a levantar la mano o no vas a levantar la mano 50 metros antes, alguna gente pasa tocándole la gente a las que están a los lados, hay gente que baja y pasa caminando, hay gente que ve al cielo y le agradece a Dios o a su familia, lo que sea, ¿Tú cómo lo vas a hacer? No, yo voy a levantar los brazos, ¿Cómo así? Pues cómo, Muéstrame. Y lo que estábamos haciendo, porque hoy ya lo entiendo, es entre más elementos le das a tu cerebro, más real estás haciendo, o sea, lo que vas a hacer es más real. Yo sabía, yo sabía Oso en la Antártida, con qué pie iba a pasar, yo sabía, yo sabía en dónde iba a estar mi mano izquierda o derecha en ese momento, o sea, lo había visto tantas veces que cuando lo pasé no logré diferencia si era real o mentira y ahora lo entiendo, el cerebro no diferencia lo real de lo irreal, entonces si no diferencia todo eso irreal que todavía no existe, agarra esa oportunidad magnífica de crearla, de crear. Yo sabía, fíjate esto, esto acabo de recordarlo ahora mismo, yo sabía dónde iba a estar cuando iba a abrir el sobre de la carta de aceptación de Zamora, llegó la carta y estaba en ese sitio sentado en la cama con los pies levantados ahí en la madera. No había nadie. Me encerré ahí, abrí la carta y todo. Ahora que te estoy contando, recuerda el sonido de cómo se rompe el sobre. Ocurre. Y lo lindo es que ocurre antes de lo que ocurre.
El Zara te dejo varias. Varias lecciones, varios aprendizajes. Entiendo que aprendiste algo muy valioso de una competidora francesa.
Sí. Día cuatro. Yo había planteado el Sahara en seis días. Cada día para mí era una carrera. Y es. Y cada día lo había partido en seis bolsas. Entonces cada vez que comía, había llevado seis bolsas en cada bolsa. Seis bolsas pequeñas con números inmensos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Porque dije, cada vez voy a estar más cansado, entonces tengo que hacerle la vida fácil a mi cerebro. Números muy grandes. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Y el gran logro inicial era llegar a la mitad de la carrera, al día, al momento de no hay vuelta atrás. Para mí era importantísimo llegar al no hay vuelta atrÁs. Y eso lo iba a premiar comiéndome algo que ineficientemente era más pesado, que no lo necesitaba para la carrera, solo que me daba una ganancia personal. Atún. Atún en sobre. Entonces me llevé un sobre de atún y quería comerme ese atún. De hecho, fui a la empresa que vendía ese atún antes de ir al Sahara y le digo, nadie se ha comido un atún en el desierto y no creo que pase. Yo lo voy a hacer buscando hospicios. Y la respuesta fue no. Igual me lo comí. Porque la ganancia personal estaba al otro lado en premiarme. Y sí, llegué al tercer día, me premié con el atún. Dormí feliz. Ya estaba en el punto de no retorno. Y yo sabía que los puntos de no retorno que había experimentado en mi vida los había cumplido. Así que dije, ya lo tengo. CUARTO DÍA Por esa emoción me descuido y cometo un error. Y empaque mal la mochila. Puse las pastillas de alcohol que me permitían hacer fuego en el bolsillo de las pastillas de proteína. En Estas bolsitas de 1, 2, 3, 4, las metí allí. El sol al siguiente día volatilizó. El alcohol se mezcló con la proteína. Cuando hice el batido me supo a gasolina. Y cuando me supo gasolina dije, no puede ser, o sea, estoy pensando que estoy intoxicado. Debe ser la insolación, el sol o el cansancio, lo que sea. El punto es que si está intoxicado. Y la verdad yo me sentía súper débil, súper débil en el Sahara, mareado y todo. Que abandones el momento. Me quito la maleta, me siento llorar porque me sentía perdido. Pasó una corredora, que hoy sé que es francesa, me da la mano, no me dice nada y me acompaña a seguir caminando, emocionalmente recuperado, un kilómetro después, tal vez. Y yo siempre tuve dudas si existía o no ella. Ella, entonces habrá existido, ¿No? ¿Quién se para en el desierto y me acompaña un kilómetro? Bueno, y seguía. Y mi único objetivo era llegar al campamento. Quería llegar al campamento para irla a buscar. Y la encontré. Y me dijo, cuando te vi tirado en el suelo, yo he pasado muchos momentos así. Y sabía lo que te estaba pasando y no necesitaba ninguna palabra, solo necesitabas una mano. Y en la vida tienes dos momentos específicos. Cuando tienes la oportunidad de ayudar y cuando pides ayuda. Y cuando tienes la oportunidad de ayudar, hazlo desde la compasión, no de arriba hacia abajo, no de penima, no de pena ni nada, ni de lástima. Hazlo con dignidad, sé compasivo, atiende y trata a la gente a la par, ayuda de verdad. Y cuando tengas que pedir ayuda y alguien te la quiera dar, afortunadamente levanta la mano con humildad, porque desde la humildad parte la grandeza. Y ojalá tengas más oportunidades de ayudar que de ser ayudado. Y con tremenda frase, imagínate. Y ella lo que hizo fue. Eso hicimos ambos. Al final del día, ella me daba la mano con compasión y yo levantaba la mano con humildad. Tremenda mezcla, humanamente poderosa.
¿Terminaste la carrera?
Terminé la carrera. Terminé la carrera. Faltaban 10 kilómetros. La organización te para. No sé si a todos, a mí sí. Te pone la mano en los hombros y te dice Millán, te vamos a hacer dos únicas ¿Cómo te llamas y de qué país eres? Imagínate el nivel de cansancio para que te pregunten eso. Y no sé cuánto me habré demorado ni en qué condiciones habré llegado. Alcanza a contestar. Mi nombre es Millán Ludeña y soy del Ecuador. Me dice, me alegra que estés consciente, te faltan 10 kilómetros, has corrido 230 kilómetros solo, te faltan 10. Vincula los 10 kilómetros a lo que quieras. En mi caso eran dos vueltas al parque y agradece a quien tengas que agradecer. De hecho, ahora que te estoy contando, estoy recordando la música de esta llegada que iba escuchando. Y si, fueron, fueron metros eternos, pequeños, brutales. Me permitió agradecerle a toda mi familia. Iba pensándolos, gracias a Dios, y cuando pasé la línea me di cuenta que no era tan larga como me dijeron, que no era tan difícil como la imaginé, que no era tan brutalmente espantosa como lo supuse. Sólo era. Y era bastante parecida a lo que pensaba cada día que estaba entrenando 5 kilómetros o 6 kilómetros. Y entonces cuando la paso digo wow, parece que lo imposible no es tan imposible. Y allí empecé a faltarle respeto a esa palabra. Ahí sentí que me hice un irrespetuoso de la palabra imposible, porque para mí meses atrás sí lo era. Y ahí entendí también que todos aquellos que me dijeron que era imposible, luego me puse a llamarlos casi en un acto de ironía, a preguntarles ¿Tú que me dijiste que era imposible? ¿En qué año fuiste? Nadie había ido como te imaginas. Y es precisamente porque nos encanta opinar sin saber el contexto y no soportamos la idea del éxito ajeno desde nuestro egoísmo propio. Contarte un sueño o contarte algo que quiero hacer plantea también el simple escenario de que lo pueda cumplir. Y eso me haría, entre comillas, exitoso, porque estoy consiguiendo algo que quiero. Y creo que lamentablemente a veces podemos perdonar todo menos el éxito. Y la única forma de no sentir coraje futuro hacia ti es convenciéndote de que no lo intentes, porque yo decidí no intentarlo. Y como yo siempre creo que estoy en lo correcto, lo correcto también sería que no lo intentes tú.
Si, esto es algo que tú como psicólogo debes de conocer. Disonancia cognitiva. Me siento tan mal de que yo no lo puedo hacer y me Y aunque sé que lo me gustaría, estoy teniendo este choque entre mi deseo y mi no deseo, mi inhabilidad, que para no sentirme menos, entonces mejor hago menos a todos los demás.
Aquí el negocio es que nadie hagamos nada. ¿Pero por qué? Porque yo estoy haciendo nada. Porque y aquí está pedazo es importantísimo. ¿Y por qué es importante echarle cabeza con quién nos estamos reuniendo? Porque si yo estuviera haciendo algo, el negocio es que todos estemos haciendo algo. Claro. Revisa seriamente. Revisa seriamente cada vez. La próxima vez que planteamos un proyecto, un sueño, algo ambicioso, revisa la respuesta, porque es eso. Si yo estoy haciendo nada, el negocio es que todos a mi alrededor estén haciendo nada. Y cualquier aquel que se atreva a intentar algo o queda expulsado de nosotros o hacemos. Ponemos toda nuestra inteligencia para convencerte que no tiene sentido.
Se le corta la cabeza al tulipán.
Se le corta la cabeza al tulipán. Claro. En cambio, si yo estuviera persiguiendo algo y tú llegas al café a contarme que vas a perseguir algo, me encantaría, porque ya no estoy solo. Es riquísimo.
Y del calor Saltaste al frío. 100 kilómetros en el lugar más frío de la Tierra.
La misma historia. Regreso del. Del Sahara. Me sentía Rambo, la verdad. Había acabado la carrera más difícil. Imagínate, sin ser un corredor a tiempo completo. Y como el ciclo se cerró, estaba maquinando. ¿Qué más? Y en alguno de esos momentos pasa. ¿Qué pasaría si corres en el más frío ahora? Y la pregunta fue inmediata. ¿Dónde está el punto más frío de la Tierra? No lo sabía. Sospechaba que estaba en uno de los dos polos. Y luego me doy cuenta que estaba en la antártida. El desafío 100 kilómetros. A 36 grados bajo cero, sin parar.
100 kilómetros.
100 kilómetros. El desafío era clarito. Y básicamente aquí no es por etapas. Aquí es un solo día. Porque si paras, te congelas, y si te congelas, te mueres. En la Antártida no hay hospitales, no hay aeropuertos, no hay nada. Es el sitio más inhóspito del planeta. No hay nada. Es una locura. Y aplico y por alguna razón me acepta. Once personas ese año. Una mujer de Singapur, nueve vikingos y yo rusos nórdicos. Y entonces empieza a entrenar en Ecuador.
Qué diferencia de tu entrenamiento para el Sahara a tu entrenamiento.
Todo. Por ejemplo, en el Sahara sabíamos que iba a ir con la menor cantidad de grasa posible, porque la grasa genera calor. Entonces necesitaba ser muy eficiente en mi autorregulación térmica. En la Antártida estuve entrenando ocho meses seguidos físicamente. Y el último mes sólo nos enfocamos en incrementar grasa, en acumulación de grasa para irte como una foca suficientemente fuerte. Solo que la grasa en este caso me iba a dar calor. Se iba a mantener mi temperatura.
¿Cuál era tu porcentaje de grasa antes de sables ¿Y cuál era antes de la Antártida?
¿En sables haber llegado 14 puede ser? 13 por ahí. Si, puede ser. Y en. No, acá si fue 27. 28. Claro, claro, mucho más. Mucha más grasa. Y no era genial porque no lo entendíamos y. Y era nuevamente lo marcamos con ingeniería. ¿Ahora, cómo armé un equipo para entrenar? Y creo que es un aprendizaje que me encanta a nivel empresarial, yo creo que la clave está en canalizar las motivaciones individuales, no es que tú tienes una motivación y tu equipo te persigue eternamente y esa es la premisa, entonces hay que hacer esto porque yo lo quiero hacer. La clave creo que está en si yo identificar que nos mueve a cada persona y lo logro canalizar, está genial. Y en mi caso, ninguno de mi equipo había llevado a alguien a la Antártida y lo había regresado vivo. Entonces el entrenador seguramente empezó a leer mucho más de entrenamiento físico para condiciones extremas bajo cero, temas de alimentación, psicología y todo, o sea, cada persona dedicó más tiempo por apasionamiento a su desafío profesional. Yo como entrenador voy a hacer esto, yo como psicólogo voy a hacer esto. Entonces al final todo el mundo estaba desafiándose de llevar esta aventura antártica. Y bueno, eso fue lo que hicimos, nueve meses de entrenamiento. La pregunta fue básica, ¿En donde entrenamos? ¿Donde entrenamos? En Ecuador hay lugares muy altos y muy fríos, solo que a tanta altura no puedes correr como deberías. Entonces dijimos no va por ahí. Y un día estaba viendo Rocky, si ves esta escena con el tipo, entra al cuarto frío y me hizo clic y dije claro, es un cuarto frío. De hecho voy a la principal cadena en el Ecuador de supermercados, a los congeladores y el ingeniero me dice estás planteado una locura, o sea, vas a hacer contaminación cruzada con los alimentos en el congelador, podrías estar matando a mucha gente, tiene que ser un tema inerte. OK. Segundo intento, congeladores de flores, solo que estaba muy lejos para Quito, no podía cumplir mi horario laboral e ir a trabajar y un día en una fiesta vi un tipo para en una esquina con un vaso de whisky que le daba y giraba el vaso y los hielos jugaban ahí y dije claro, una fábrica de hielo que también es contaminación cruzada, por supuesto, solo que encontré una fábrica que supongo que es ilegal, una fábrica chiquita, entonces una fábrica pequeña y todo y digo ¿A qué hora la abres? A las ocho. Ya alquilame la de cuatro a ocho. Tipo, no entendía. Cuatro, ocho metros, cuatrocientos ochenta. Alquilame esas horas. No entendía. Y cuando la gente llegue, ya no estás. Ya no estoy. Y claro, y me metía con toda una noche previa, la puerta cerrada. Entonces estás más frío, menos 7, menos 8. De entrada a correr. Al principio llevábamos una caminadora eléctrica, que se dañó por la humedad. Luego conseguí una caminadora manual.
La de rodillos.
La de rodillos. Y ahí pasaba. Compré un pedazo de tela, y lo colgábamos. Como colgado en donde proyectas. Entonces era un pedazo de tela ahí. Y yo corría frente al pedazo de tela, y lo único que veía era blanco.
¿Por qué el pedazo de tela?
Porque estaba simulando las condiciones. Ya me había funcionado en el Sahara. Ya me había funcionado en Sahara simular las condiciones. Y acá dije, voy a mejorarlo. Voy a simular las condiciones. Voy a estar allí, en un sitio en donde en percepción, no me muevo. Estoy en una caminadora, las paredes no cambian. Solo veo blanco. Solo veo blanco. Me permito ir probando ropa. Y sobre todo, y esto no lo había experimentado nunca, ver cómo el agua se convierte en hielo. Yo no sé si como el agua se convierte en hielo. En un punto específico. En teoría, en un punto específico. Entonces. Y me parecía mentalmente agotador esperar el momento exacto cuando el agua se convierte en hielo. La misma historia. Estaba simulando la mayor cantidad de energía en el escenario perfecto. Y eso es lo que hacía. ¿Y por qué de 4 a 8? Básicamente por un tema de la planta y también un tema de trabajo. Yo tenía que llegar a cumplir mi horario laboral y todo. Y fíjate cómo todo cambia. Para estar a las 4, tenía que levantarme a las 3. Y para estar a las 3, tenía que dormir mucho más temprano al día día anterior. Entonces, al final, siempre nos podemos acomodar. Solo que no. Lo que no sabemos, Oso, es acomodar mi día. ¿Para que? Si yo no tengo claro para qué, ¿Cómo lo voy a acomodar? Como. Ahí lo entendí.
Además de las cosas obvias, como el frío, ¿Que otro cambio hiciste, además de la alimentación, el frío? ¿En qué otra cosa te enfocaste, para prepararte para esto?
Me enfoqué mucho en comprender el frío. Como que me metí en este mundo de intentar entender el frío, si llovía en Quito, una ciudad con 7 grados, 8 grados, con lluvias, quizás baja 4 o 5, salí a correr, salí a correr para mojarme y que me dé frío y entender el frío, o sea, realmente quería como. ¿Cómo hará la gente que vive con frío todo el año? Entonces simulaba eso, deje de bañarme con agua caliente, solo me bañaba con agua fría, dejé de dormir debajo del edredón, dormía debajo, saqué la cama a la sala, abrí todas las ventanas y dormía y me acurrucaba en la noche, me levantaba y todo, hasta que eventualmente ya podía dormir con frío, ya podía bañarme con abuela, ya podía correr en la lluvia sin sentirse. Cada vez me enfermaba menos de gripa después de correr, y básicamente estaba fortaleciendo mi sistema inmune, porque la que me esperaba era eso, la misma historia. ¿Tú estás yendo a la Antártida? No, está yendo a Chihuahua, creo que es el punto más frío acá no fue, ni idea, puede ser, si, la pregunté por ahí alguna vez. ¿No, no, o sea, estaba yendo realmente a la Antártida y tenía que prepararme en ese nivel de exigencia.
Alguna vez, no sé en qué año fue esto, 2016, probablemente todavía no era tan popular como lo es ahora, pero has intentado el método Wim Hof? ¿Te has metido a la tina con hielos?
Sí, sí, cuando preparaba esto y estaba muy enfocado, lo conocí, supe que existía, quise hacer el programa, no me alcanzaba el dinero, entonces ya no, ya no pude. Y sí, sí, sí, sí, estuve, estuve como unos. Lo descubrí creo que faltando unos 6 meses, quería hacer, creo que costaba 8 mil dólares, no me acuerdo bien en ese momento, y si, estaba dispuesto a irme a formar en eso y todo.
Dices, a ver, tú seguías trabajando y dices que ibas por patrocinadores, estás haciendo estos viajes que en sí solos son expediciones que suenan carísimas, ¿Cómo estabas financiando esto?
También fue un proceso al principio, al principio, esta primera carrera era un hobby, lo pagué yo. La segunda carrera, que ya fui a la Patagonia Argentina a correr 160 kilómetros, proyecto habrá costado unos 1800 en total, y un amigo me auspició con 100 dólares y me dice, te doy 100 dólares y te brandeas todito, dame esos 100 dólares y me brandeo todo ya cheverísimo, resuelto el tema. Sara costó 14 mil, 14 mil. Logré conseguir levantar financiamiento por 10 mil y 4 mil los puse de mi bolsillo. Antártida costó 25 mil, ahí conseguí 20 y 5 mil los puse de mi bolsillo. Al final siempre estuve aportando a lo que estaba buscando. Si, nunca logré como financiar una carrera completa.
Antes de arrancar la carrera de la Antártida te tomaste una selfie. Cuéntame de ese momento.
Ese es un momento durísimo, normalmente yo me había tomado selfie en un momento agradable, entonces estoy con mis amigos o con mi novia o en algún sitio y tomamos un selfie todo y lo vinculamos un lindo espacio. Cuando salí del iglú donde había estado más de tres días allí encerrado esperando el momento, la ventana de tiempo para que Para que podamos correr 100 kilómetros y yo salí, o sea cuando abrí el cierre en el iglú dije no hay vuelta atrás, el punto de no retorno y yo sabía que al salir del iglú realmente no había forma de regresar y me acordé de mis padres, alcancé a tomar un selfie y le di a la organización y les dije entreguen esta foto a mis padres, si yo no llego, muchas gracias por la vida que me dieron y todo lo que hicieron por mí, como un homenaje improvisado de despedida, una cosa así. Y de ahí ya entregué eso. Lo guardaron. Vi que lo guardaron. Vi que lo guardaron y eso me inquietó más, o sea me inquieté mucho más con eso cuando realmente agarraron el teléfono, se agarraron con la seriedad del caso y lo guardaron inmediatamente, o sea lo atesoraron realmente. Entonces dije ellos sí lo están considerando como una opción. Claro, o sea con la formalidad que lo guardaron, dije realmente fui a correr mucho más inquieto con eso y de allí tuve un proceso de transición mental en salir de eso y regresar a lo que había ido. Entonces ahí aparece esta frase que también es un mantra mío, dice a lo que vinimos, o sea ya lo has trabajado durante semanas, meses, años, lo que sea, ya estás a lo que vinimos, Es normal que las dudas estén, es normal que el miedo esté presente, es normal todo eso, solo que ya está, ahora sí, a lo que vinimos. Y ahí pones el enfoque en realmente lo que tienes que hacer.
Yo no sé si es la primera vez que experimentaste esto, pero en ese momento ciertamente te pusiste cara a cara con la opción de morirte, ¿No? Como un es lo peor que podría pasar esto. Estoy aquí, puede pasar y ellos lo creen. Y en ese momento en el que tal vez estás frente a la muerte o a la opción de morir, ¿Qué pasa por tu mente? Has dicho que piensas tal vez en las cosas que te faltó intentar.
Cuando me esa selfie en la primera fase de este cambio mental, ya estaba corriendo. Es duro tomarte un selfie con las siguientes preguntas. ¿Qué me hubiese gustado hacer? Y ya no me alcanzó el tiempo. ¿Que me habría gustado hacer? ¿Tenía todo para hacerlo y no lo hice? ¿Y si quisiera hacer un inventario de arrepentimientos, ¿De que me habría arrepentido ahora mismo?
¿Y te acuerdas las cosas que vinieron a tu mente en eso?
Con la tercera. Con la tercera me di cuenta también al contestarme, que no me estaba arrepintiendo por algo que haya intentado y que no haya salido. Me estaba arrepintiendo por lo que quería hacer y no lo hice. Y por eso ahora quiero llegar a mis últimos días con la menor cantidad de arremetida, arrepentimientos posibles de las cosas que quisiera hacer y no las hice, más que de los intentos y esas cosas. Ya me di cuenta que cuando haga el inventario no lo voy a contar, me va a preocupar creo que lo otro. Y por eso. Y por eso creo que me gusta mucho esta lógica de dedicar mi vida con intentarlo, conectar con un propósito que ahora siento que cada vez se va esclareciendo y saber que estoy haciendo algo, saber que me estoy levantando para algo.
¿Cuál es ese propósito?
Ahora mismo con las conferencias, cuando resuelvo ser conferencista, al principio si cuentas tu historia y los likes o los aplausos son bonitos porque es una forma de reconocimiento de lo que has venido caminando hasta que llegan a los primeros mensajes y los mensajes que llegan con los mensajes empecé a pensar, wow, esto no es una compañía, esto realmente es una herramienta de vida. Y realmente podría sumar. Y entonces si suman, que sume a más gente, a la mayor cantidad de gente posible. Por eso empecé este mundo de psicología. Por eso empecé a estudiar mi siguiente carrera como psicólogo. Por eso estoy trabajando en temas de maestría en terapeutas, en temas de PNL y todo, porque quiero desde una historia. Tener las mejores herramientas posibles para seguir sumando. Sí, sí, sí. Me encanta. Me encanta esa idea de que esta historia pueda colaborar. Lo que quieres hacer.
Quiero regresar un momento a la Antártida, porque durante el Sahara hablas de este momento de la mezcla de pastillas, ¿No? Como el momento más difícil de la carrera. ¿Cuál fue el momento más duro que viviste?
Cuando en los imprevistos dijimos, ¿Qué pasa si tienes una inflamación y con eso vas a bajar el ritmo y por lo tanto te vas a enfriar más, más rápido? Entonces llevamos un analgésico pegado líquido en una jeringa. Pegado en el pecho. En el pecho, Pecho, pecho. Como una cinta de estas plateadas. La pegué y ahí llevé mi jeringa y encima la ropa de montaña.
Esto para que no se congelara.
Y esto para que no se congelara. Claro. Sí, porque en realidad fue perfecto. Varios geles se congelaron, me di cuenta en la carrera. Entonces, cuando ya los sacas, ya están congelados. El agua de la manguerita se había congelado la manguera. Le faltaba neopreno. Ahí una banda, y tuve que improvisar y un poco donde cosas. En todo caso, esta jeringa estaba pegada al pecho. Esta sí funcionó. Se mantuvo allí este analgésico. Y en el kilómetro 63, empiezo a cojear porque el tendón, la banda. Esta banda se me inflamó. Estaba bajando entonces, y sentía que ya me estaba dando mucho más frío de lo que sentía. Regreso a ver, no había nadie. Veo al frente, no había nadie. Acuérdate, 100 kilómetros, 11 personas, después de 60 kilómetros, ya todo el mundo está en su propio. En su propio solo. Y dije, no me queda mucho tiempo aquí. Entonces yo estaba evitando la jeringa porque sería la primera vez que me auto inyectaría. Y una cosa es una película y otra cosa es. Entonces. Y lo estaba evitando, seguía caminando, evitándolo, hasta que el pecho empezó a dolerme. Cuando respiramos, la caja se mueve. Cuando estás congelado, se siente más, porque se van rompiendo ciertas cosas. Y ahí fue cuando dije, o sea, es. Tengo que hacerlo, tengo que hacerlo. Empiezo a sacarme los cierres, arranco como bien puedo esto. Me acuesto ahí en. En. ¿Cómo se llama? En el hielo. Regreso a ver a otro lado y solo la inyecté como bien pude. Seguramente mal, la inyecté una cosa y también sabía que lo tenía que hacer rápido porque me tenía que quitar los guantes, entonces realmente sin pensarlo le inyecté, y también sabiendo, fíjate Oso, que no podía gritar, porque si gritaba abría la boca y se metía el aire congelado, entonces realmente le inyecté, funcionó, sentí que se calentó la pierna, afortunadamente, y también sentí como una especie de desmayo, seguramente habrá sido muy poco tiempo, temí por una crisis epiléptica, si me da una crisis aquí, ya estoy muerto. De ahí me levanté y dije, la falla fue que solamente llevé una jeringa, el resto del cuerpo estaba congelado, o sea, ya era un pedazo de carne congelado, entonces imagínate un pedazo de carne, inténtalo doblar, se va a romper las fibras, y yo sabía que tenía que seguir avanzando y cada vez más congelado, y por lo tanto las fibras me iban a doler, y bueno, y daba un paso y me encomendé a Dios, y uno trajo otro, y trajo otro tras otro, y afortunadamente puede superar ese hueco.
¿Cómo fue terminar la carrera?
Ya estaba en la última vuelta, ya veías el campamento, la única cosa que no es blanca, ya veías el campamento, me acerco, busqué la bandera, no la tenía, y en esta carrera ponen las astas antes de que llegues a la meta, y la idea es que tú llegues, desprendes el asta, pasas la meta y la entierras al otro lado. Claro, pican el hielo y lo vuelven a tapar para que realmente la puedas enterrar. Ya, este, agarro eso, agarro, me bandea y la entierro. Y los gringos y los rusos brincando en algarabía y todo el mundo me decía bienvenido, y yo ¿Bienvenido a que? Si, yo estaba harto de correr en esa vaina y estaba muy asustado y me decían, tú no estás entendiendo, o sea, hay 14 personas en el mundo que han podido correr más de 100 kilómetros en el lugar más caliente de la tierra y también en el más frío, y tú acabas de entrar en ese grupo y yo Sabía que sólo 12 personas en el mundo habían pisado la luna, 14. Wow. Y para mí era increíble, increíble esto. Regresé al iglú. Ah, no miento, te pinchan, te meten en una tina, meten en una tina de agua caliente, y te empiezan a pinchar los dedos, cada uno de los veinte dedos, y la idea es que brinques en cada pinchada para que el tejido esté vivo. Y si en uno no lo sentí, volvieron a pincharlo. Y ahí asalté. Y es la primera vez que quería que me pinchen. Y que me duela. Y que me duela. Y de ahí ya fui al iglú, ya solo. Nuevamente tomé un selfie, tomé un selfie porque ese selfie si le llegaba a mis padres. Y fue lindísimo, o sea, tómame la foto. Recién acabando esta carrera de 100 kilómetros, me demoré 16 horas con 18 minutos. Yo creo que consumí cerca de 32 mil calorías, una cosa así brutal. Y bueno, en ese tipo de cosas ya regreso a Ecuador, ya más tranquilo, más calmado, y ahí aparece la siguiente pregunta, porque el ciclo se había cerrado, estaba en esa zona. ¿Y qué más? Y aparece esto de los mineros chilenos, ¿Te acuerdas? 2010, estaba viendo un documental viejo, y el periodista comenta y dice, los estamos sacando del punto más profundo de la Tierra. Y yo cuestioné esa oración, dije, ¿Será el punto más profundo? Me puse a buscar y bueno, la respuesta es que no es el punto más profundo de la tierra. El punto más profundo de la tierra está en Sudáfrica. Los mineros están a 700 metros debajo de la tierra, 720. Y este punto está cinco veces más abajo, 3.500 y pico metros de profundidad. Y es una mina, es una mina de oro, es la mina de oro más grande de la tierra. Tiene la producción, imagínate, el 50% del oro del mundo está, se produce ahí. Y yo lo que digo es, y también entiendo que en el punto más profundo de esa mina, en un espacio de un kilómetro, tienen un espacio de un kilómetrO. Y dije, me voy a echar 21 kilómetros ahí, voy a correr un medio maratón en el punto más profundo de la Tierra. Y luego estaba corriendo y en Ecuador acababan de hacer la actualización del punto más cercano al sol, que está en el Ecuador, en la cima del volcán Chimborazo, seis mil y pico de metros. Y entonces digo, bueno, si yo estoy en el punto más profundo, ¿Por qué no lo conecto con el punto más cercano al sol? Y empieza todo este proyecto, y le empiezo a contar. Y todo el mundo ¿Estás loco, ¿Que te pasa? Que no sé qué cosa. Ya menos ya menos, ya había un antecedente quizás y también el dolor de recibir el rechazo era menor. Ya vas entendiendo que los imposibles es solo una palabra y el rechazo quizás es temporal y al inicio y bueno, la de más emocionado armó un equipo mucho más sólido, mucho más intenso. Algún amigo me dice loco lo que vas a hacer es Netflix y para ese momento yo estaba pensando en dos gopros, iba a correr y todo porque es lo que quería hacer, nada más, solo que se me quedó el bichito y tú dices bueno, por qué no, o sea, ya que estamos ahí y la primera pregunta que hicimos con el equipo es ¿Ya sabemos quién lo hizo? ¿Y no teníamos respuesta, por eso fuimos a los récord Guinness y en la matriz en Inglaterra planteamos quién lo hizo? ¿Y el gringo me dice no hay humano que lo haya intentado y yo imprudente digo sabes que, mi equipo lo va a hacer Y el tipo? Y el tipo me queda viendo raro y me pareció interesante que me haya quedado viendo raro, se supone que ellos están acostumbrados a las cosas raras y me dice si tú lo intentas, récord Guinness, avala esto. Y al final ahí ya me asusté yo dije chuta, acabo de hacer un blog que no me salió, tal vez entonces sabes que, Hagámoslo. Y de ahí me dice el tipo y seguramente lo vas a hacer película. ¿Y no sé cómo lo dijo, lo que sé es como lo recibí yo, y yo lo recibí en un tono irónico, desafiante y ya tenía el bichito este, el de hacerlo película y creo que este señor me dio el empujoncito este bastante parecido al años atrás cuando sabes que? Votate porque ya sabíamos que te ibas a votar o quizás décadas atrás cuando tenías el médico diciéndote ¿Sabes que Millán? No vas a hacer nada en la vida, como te vas a desmayar yo te sugiero como médico que no lo hagas nada. Y ahí creo que el elemento que estoy recordando ahora mismo frente a ti Oso, es que son elementos de imposiciones de recetas, de imposiciones de destino. Y creo que me hace mucho más sentido lo que mi mamá me dijo en el bus, aprende a rechazar tu destino. Porque es muy humano que opinemos sobre el destino de otros sin querer ni un centímetro hacernos cargo de lo que estamos hablando o condenando. Entonces dije sabes que me gusta la idea de la película. Hagámosla pues.
Entonces, ¿Y cómo fue el reto de grabar esta película? Porque tú traes el reto deportivo, vas a entrenar. Supongo que correr más abajo de la superficie de la tierra tiene implicaciones en términos de oxigenación, de presión, de temperatura. Y alrededor de eso, pues tienes que manejar un crew de no sé cuánta gente produciendo un documental.
Sí, fue. A ver, yo regreso con el bichito de una película sin saber qué es una película, o sea, lo que implica ser una película. Y empiezo a tocar puertas y los rechazos empiezan a llegar. Y de las mil puertas llegó el ministro de Turismo en mi país y le digo, tengo una idea de un comercial para el Ecuador, porque la mitad va a ser en el Ecuador. Y me voy al punto más profundo de la tierra y lo voy a conectar con el punto más cercano al sol. El ministro estaba sospechando que el Chimborazo realmente era el punto más cercano al sol. Ya lo confirmó ahí. De hecho el Chimborazo está a dos kilómetros más cerca al sol que el Everest. Entonces. Y vale la pena como un elemento. Brutal, brutal. Y le encantó la idea y me dice, ¿Cómo te ayudo? Ayúdame con un documental. Y para ese momento yo seguía pensando en el documental de cinco minutos, porque yo quería que me ayude con el documental de cinco minutos. Y el ministro consíguete una productora que valga la pena, porque hacer un documental de una hora y media no es poca cosa. Y ahí caigo en cuenta que yo nunca dije una hora y media, tampoco dije cinco minutos. Y yo lo que pensé es, a ver, si lo vas a pagar tú y lo quieres pagar, entonces hagámoslo de una hora y media. Entonces me voy y me demoro más o menos dos meses más en conseguir una productora.
¿Cómo evaluaste las opciones de productora que tenías? ¿Cuáles eran los requerimientos para llevar a la gente al centro de la tierra?
La evaluación, y esto es irónico, la evaluación fue muy fácil porque las productoras a las que coticé, las mismas productoras no estaban seguras que la podían hacer. Cotizaban algo que decían, solo que esto no lo vamos a poder hacer. Es impresionante cuando compramos la idea de que no se puede, que es imposible, no hay mucho que hacer. Yo eras un cliente y aún así. Y el peligro con eso es que si una productora está convencida que no lo va a hacer, va a llevar todos los equipos para convencerse que no lo puede hacer. Es impresionante. El cerebro es altamente obediente. Y efectivamente todo lo que nuestra mente plantea, eso va a pasar. Entonces dije, por aquí no va. Por aquí no va. Por aquí no va. Quinta opción. LeVector, una empresa ecuatoriana. Uno de los socios es Jeff, es canadiense, quizás con otro mindset. Y dice muy honestamente, no nos hemos ido al punto más profundo de la tierra. Sospecho que lo podríamos hacer así y lo queremos intentar. Demando la cotización. Yo dije, el tipo tiene muy claro que lo quiere intentar. Y yo también. Agarro esa cotización y me voy donde el ministro y le digo, Ministro, aquí está. Me dice, bien por ti. El Presidente de la República me acaba de pedir el puesto. Me quedé en el aire. En el aire. Y ya emocionado en el aire a regresar a mis dos gopros, salgo de la oficina y lo llamo a Jeff y le digo, El que te iba a pagar ya no existe. Y yo no puedo pagar esto. Entonces muchas gracias por tu tiempo. No puedo hacer nada más. No cuelgues. Yo quiero hacer una película y tú tienes una historia. Hagámonos socios. Y el compromiso es que te metas de cabeza. No importa cuánto tienes, cuánto quieres aportar. Nosotros haremos lo posible para financiar el resto, pero tú hasta el cuello. Y ahí entendí. Regresamos al plan A. Deja de coquetear al resto del abecedario. Entonces agarro mis ahorros en ese momento y nos fuimos. Y ahí tuvimos un siguiente plan. Cuando consigamos el 70% del presupuesto de la producción de la película, empezamos a filmar. Cuando la mina nos da la aprobación después de cuatro meses, dicen, el único día que pueden filmar es el 21 de agosto. Es el único día que paramos en el año. Considerando el 21 de agosto hacia atrás, el tiempo de producción de las tomas y el de consecución de plata. Sólo nos faltaban 15 días para llegar al 70% y creo que teníamos el 12%. Se acabaron esos 15 días, no llegamos al objetivo. Y la pregunta fue válida, ¿Cancelamos el proyecto o nos endeudamos? Y creo que uno tiene que dejar de jugar sin riesgos. Entonces nos endeudamos para financiar esta película. Y empezamos a filmar para llegar al 21 de agosto. Para poderme meter al punto más profundo de la tierra, 21 de agosto y el equivalente al 22 de agosto, estar avanzando hasta el punto más cercano al sol. Dos años más tarde se convierte en la película, en la película documental más taquillera en mi país, en IMDb creo que está en siete, cinco, ocho, creo. Ya estamos en Amazon Prime, ya estamos en iTunes, no hemos logrado todavía llegar a Netflix, camino muy seriamente a eso, tengo un mockup en mi compa y todo puesto allí porque realmente soy un convencido que si lo puedo ver, lo puedo creer y si lo creo, o sea, tiene más sentido para mi cerebro perseguirlo.
Para quien la quiera ver. Se llama el documental, se llama From Core to Sun y yo lo vi creo que en YouTube o no sé si pirata, lo vi hace cuando apenas salía, que no estaba en ningún lado y lo pueden ver, sí, en Amazon Prime, en iTunes, les vamos a dejar los links en las notas del episodio en Cracks la para que no se lo pierda.
No, gracias. Y si, es una historia y que es una historia documental, el director Oliver Garland le encanta la idea porque no había margen de repetir escenas, un documental en tiempo real y la segunda protagonista no es actor, entonces realmente es una historia de cómo conecté el punto más profundo del planeta con el punto más cercano al sol. Por primera vez en la historia consigo el primer récord Guinness deportivo de mi país y ahí estamos. Y hoy caminando en Netflix.
Algo que no cuentas mucho es que también eres emprendedor y tienes empresa y no sé qué tanto tiempo le dediques a eso ahora, pero todos estos retos deportivos, físicos, ¿Cómo se comparan con manejar una empresa? ¿Cómo te preparan a ti para ser un emprendedor?
Sí, yo creo que mi entrenamiento para ser empresario fueron estas carreras, o sea, realmente cada vez veo elementos mucho más cercanos, muchísimo más cercanos. Este tema, el que te contaba, el de confiar, o sea, confiar en que las cosas van a salir bien, porque eso es lo que te permite intentarlo, es lo que te permite pensar con tu socio, reunirse y decir vamos a hacer esto, hagámoslo. No sabemos quién lo hace, no sabemos quién lo hace bien, o lo vamos empezando en el camino o buscamos ya expertos y todo. Las cosas no salen siempre como tu Excel, la mayoría como tu Excel y tu PowerPoint, y creo que me parece perfecto, me parece lindísimo, incluso esta entrevista que le hacen. Creo que Eisenhower ¿Cuáles fueron los elementos claves para ganar esta guerra? Y dice, y dice tener un plan, aunque nunca lo ejecutamos, siempre tuvimos un plan. Y creo que lo que el plan te da es la confianza de que se puede hacer. Por último, vale madres si el plan lo conseguiste o no, lo hiciste o no. El plan te da la tranquilidad de que en Excel se puede hacer, de que en tu PowerPoint vas a crecer al 23% todos los años. Ya está lindo, Genial, o sea, está genial, está maravilloso pensarlo de que así va a pasar porque eso es lo que te va a permitir intentarlo en el día a día. Porque después De que pasen cinco años va a valer madres Si creciste al 22 o al 26, de pronto te va a interesar crecer y vas a decir estoy contento por todo lo que hemos conseguido. No hay forma de que llegues a frustrarte porque el Excel decía 23 y cumplimos 28. No cuadra por ahí. El plan creo que nos da la maravilla de crear el presente desde el futuro. El cerebro no diferencia real de lo irreal el presente y el futuro. Entonces vale la pena aprovechar esa ventajota e inventarnos la vida que queremos.
Algo que comentaste hace un momento es que decidiste volverte conferencista hace cinco años y una cosa que no mencionaste es que tú tenías un pequeño hándicap que era ser tartamudo y convertirte en un conferencista cuando eres tartamudo no suena como la opción más viable. Cuéntame cómo enfrentaste este problema y que aprendiste al sol.
Increíble. Justo le contaba cuando resuelvo ser conferencista, estaba buscando y dije, esto es una historia que puede sumar y le cuento a mi mejor amigo, hoy mi compadre, hoy mi socio en una de las empresas y me dice, siento que de la mejor forma y linda ahí posible, me dice, no sé si te estás escuchando y no sé qué tan interesante podría ser verte en escenario medio trabandote y me vas a tener muy tenso una hora porque no sé qué me quieres explicar. ¿Entonces para ese momento, y Esto habrá sido 36 años, tal vez 37, no? 37 años. Me di cuenta que llevaba 37 años pensando que era tartamudo por mi realidad epiléptica. Y cuando caigo en cuenta y digo, si yo quiero ser conferencista y se me está interponiendo en el camino mi capacidad de hablar fluidamente, entonces tengo que resolver mi capacidad de hablar fluidamente.
En el documental se nota que eres tartamudo.
No lo sé. Yo sí lo noto. No sé si esto lo. Incluso en esta conversación, ahora quienes nos están escuchando, seguramente no me di cuenta.
Pero ya no eres.
Ya no me considero. Claro, ya. ¿Y qué pasó? Que para ese momento mi pretexto de no hablar bien era ser epiléptico. Cuando se me interpuso en el camino para lo que quería, se convirtió en un problema. Y el cerebro resuelve problemas, no pretextos. Entonces cuando uno pasa hablando de pretexto en pretexto, no va a ser nada. Tu capacidad cognitiva para resolverlo es un pretexto. No está configurado para resolver un pretexto, está configurado para resolver un problema. ¿Quieres utilizar y ponerte a pensar con tu cabecita? Ponle un problema ya. Por eso logras llegar todos los meses a pagar esa bendita tarjeta de crédito. Por eso cuando llegue un niño a la casa, un hijo nuevo, tus condiciones económicas mejoran, por eso logras cambiarte de casa, por eso logras hacer muchas cosas, porque se convierten en un momento, en un problema. No es un pretexto, el cerebro sirve para eso. Entonces el problema mío era no poder hablar. Entonces la pregunta inmediata ¿Cómo le hago para hablar bien? Y empiezo a buscar terapia. No sabía que existían especialistas en terapia lingüística. Y me doy cuenta que estaba respirando mal.
¿Qué significa respirar mal?
Respiraba muchísimo con el tórax y no me daba tiempo para que realmente haya. Hayan estas pausas para poder expresar toda la oración. Entonces cuando dije, chuta, me voy a trabar en esta palabra y empiezo a bajar el tono, la voz, cambio de palabras para hacer más lento lo que estoy hablando, para que me dé tiempo para buscar un sinónimo a la palabra que me voy a trabar. Entonces ya no empiezo y me trabo. Entonces bueno, voy hablando así. Es impresionante. Y cada vez me daba cuenta que podía controlar las veces que me iba a trabar. Hasta que un día pude seguramente hablar un párrafo completo. Y recordé la primera vez que yo, cómo llaman acá en México, cuando pasmas algo, cuando por ejemplo, vas a aprender un cohete, estos de fiestas antes de que explote y la mecha se apaga. Se ceba, se ceba. OK, Entonces. Y me acordé cuando pude hablar un párrafo entero, que alguna vez se ve una crisis, una convulsión, estaba reunido con mis amigos y me empezó a temblar la mano, me asusté, me fui al baño, me eché agua en la cara, me puse las manos en el mesón viéndome al espejo, cerré, respiré y todo, y se cebó y dije espérate un ratito, si hay forma. Y a veces me salía, a veces no. A veces llegaba al baño, a veces no, a veces me caía en la puerta y a veces no. Solo que ya sabía que si hay forma y que cada vez lo podía. Acá pasó lo mismo. ¿Cuando pude acabar un párrafo dije espérate un ratito, o sea que se puede? Y a veces me salía, a veces no. Y allí. Y decidí empezar a pensarlo en posibilitador. ¿Si es que se puede, entonces por qué no? Y al final, años después, ya me acerco a la conferencia número 350 ciudades, 14 países y ya contando gente, creo que ya pasamos las 100.000 personas impactadas.
He visto tus conferencias y nada más de verlo, de hecho te presentaste unas horas antes o un día antes de que yo lo hiciera hace poco en Los Cabos, y nada más de ver tu conferencia agarré no dos o tres muchos tips que siento que hicieron que mi conferencia fuera mucho mejor. Muchas gracias, eres una gran inspiración. Dices que tienes como todos estos rituales y ahora vi un video tuyo en el que parece que estás haciendo uno de estos rituales antes de una conferencia. Te tomas muy en serio este momento. Háblame de los minutos u horas antes de que te pares en un escenario pensando que mañana lo vas a estar haciendo ante 15.000 personas.
Sí, y gracias por estar hoy aquí. No, muchísimas gracias, Oso. Me fascina mucho pensar en que le voy a hablar a alguien que quiera hacer algo, que sabe que lo quiere hacer, que sabe que los tiene los recursos y por alguna chingada cada razón no lo está haciendo. Quizás ese miedo de ser perfecto, quizás ese miedo del rechazo, lo que sabe es que realmente lo quiere hacer. Y a veces, y me gusta pensar que cuando cuento una conferencia, esto podría sumarle, esto podría realmente sumarle porque me habría encantado escuchar esto cuando tenía yo 17 años, algo así. Y entonces salgo más en una lógica de filantropía al escenario que una lógica de egocentrismo. Es muy atractivo pensar el escenario como un espacio para recibir aplausos, likes y vanidad y todo y hablar de un yo absoluto y yo. Y al final del día poco o nada me importa quién esté al frente. Me gusta más pensarlo desde lo que he vivido y lo que he aprendido, como le estoy sumando ahora mismo a tu vida. Y creo que se nota cuando alguien se está subiendo a sumar o se está subiendo a recolectar aplausos y likes. Creo que se nota. Eso es uno. Eso es uno. Dos minutos previos hago calentamiento de voz.
¿Cómo haces eso?
Tú editas a un terapeuta y enseñándome cómo hacen los músicos vas calentando la garganta y te va subiendo.
¿Y esto lo Aprendiste de alguien? ¿Has tomado algún curso?
Sí, claro. Sí.
¿Alguno que recomiendes?
Sí, sí, sí.
¿En Ecuador?
En Ecuador. Ahí lo tengo. Ay, se me fue el nombre. Tengo una cuenta a Martín. Tengo una cuenta ahí que te la paso encantadísimo y trabajamos muchísimo en voz. En voz. Entonces calientas la voz y la garganta y todo. Entonces voy calentando por allí también y me voy preparando mentalmente. Escucho canciones que son importantes para mí para los momentos específicos. El video, el que subí ayer, está de Eminem. Me encanta la primera parte. Si realmente tienes una oportunidad para conseguir lo que has buscado siempre lo vas a tomar o no lo vas a tomar. Es eso. Entonces recuerda, Yo me permito recordar muchos momentos específicos en mi vida con esa canción o por ejemplo otra de calle 13 se llama me vieron cruzar, que la escuché en el desierto. Es justo eso, o sea, son anclas mentales que me permite recordar todo el camino. Y hoy, antes de venir a este evento con Tony Robbins tuve varias citas con mi psicóloga para enfocarnos realmente en este momento que para mí es importante. Yo creo que es un antes y un después en mi carrera como speaker. Y me dijo algo muy lindo y me tú sabes que vas a tener tu única oportunidad y también sabes que siempre has aprovechado tus únicas oportunidades. Y es lindo porque la ciencia atrás de esto es reconocer que tienes los recursos para identificar oportunidades y aprovecharlas, tomarlas y la segunda, saber que esto también es una oportunidad. Entonces vinculas eso y dices ah, es una oportunidad única. Y yo soy bueno en oportunidades únicas, entonces esta también la voy a aprovechar.
¿Lo ves?
Es maravilloso. Entonces pones toda tu energía en eso, y no pones la energía en las dudas, en los temores, en los prejuicios, en las inseguridades que siempre van a estar. Porque al final yo creo que hay cosas que controlamos y no. En la vida normalmente uno pone su energía en lo que sí puede controlar, y en lo que no hay, lo deja, solo que en lo que no puede controlar, lo que sí puede controlar es cómo te quiere sentir. Entre todo eso que no controlamos, yo sí puedo decidir 24 7 cómo quiero sentirme ante eso.
Esta psicóloga con la que trabajas ahora, que eres speaker, ¿Es la misma con la que trabajabas cuando eras atleta, vamos a llamarle?
Si, son. Son dos psicólogas con. Lisa Portalanza, es mi psicóloga deportiva, que la busco cuando me hace crack, y dijo voy a hacer esto, y empezamos el proceso, que es maravilloso. Y ella ha llevado todo el proceso y todos los miedos y todo. Y Mariana Falconí es mi psicóloga de vida, entonces con ella voy un proceso de dos años y medio, casi tres años, y la busco ahora cada vez que tengo un momento importante. Un momento importante, entonces. Entonces es lindo que tengas una psicóloga de cabecera, porque es la persona que te va acompañando en la parte clave. Y como sabe tu evolución cognitiva. Es maravilloso, es maravilloso, o sea, yo justo me reuní con ella para llegar con todo mi enfoque y mi energía a esta única oportunidad.
Si hoy te tomaras esa selfie nuevamente, la que te tomaste antes de arrancar la carrera en la Antártida, ¿Que estaría faltando? ¿De que te estarías quedando con ganas? ¿Cuáles serían tus arrepentimientos?
Siempre, siempre he querido ser padre. Me encanta la idea de tener la oportunidad de poder criar hijos con esto que cada vez es más complejo, de esta estructura de valores. Me encanta la idea de que lo que hoy sé, poderlo compartir a mi propia sangre, de tener un hogar maravilloso, de amar a la mujer que amo. Me parece que cuando me tomé ese selfie, ya estaba eso en mis arrepentimientos de vida. Y claro, espero tomarme otro selfie con el mismo arrepentimiento el mismo arrepentimiento de vida o peor aún que llegue ese último día y saber que quizás con los recursos ahí presentes y todo, pues no, pues no pasó. Entonces eso creo que es lo principal. Lo principal ahora mismo. Valoro muchísimo el peso de la familia y hay esta frase entre montañistas que dice que no es tan lindo llegar a la cima solo ya la cima en sí está vacía. ¿Yo la primera montaña que hice lo único que iba preguntándome es todo este esfuerzo para algo debe valer la pena? Uno entiende que el esfuerzo te da una recompensa y cuando llegué a la cima sentí una frustración tan grande oso porque no recibí nada, no había nada, se llevaba 8 horas caminando para nada, nada. Y bajé fastidiado, fastidiado porque nunca tuve la recompensa, o sea, no entendía cuál era la recompensa y cuando estaba fastidiado bajando, levanté la cabeza y vi el paisaje y me di cuenta que de su vida me perdí todo el paisaje esperando el premio que nunca hubo porque el premio siempre estuvo. Y es eso, es la belleza de recorrer el camino y creo que recorrerlo en familia puede ser más lindo.
Tus conferencias hablan de tus aventuras y si bien el mundo es grande, ¿Cuál es la siguiente aventura?
Varias. Estamos maquinando una ahora mismo. Estamos maquinando ahora mismo. Quiero ir al. Quiero ir al espacio, quiero hacer una aventura deportiva en el espacio y estoy en esa parte que me encanta. ¿A ver, ya pasé la primera parte que me encanta, qué chingados lo voy a hacer? Ya está, ya no tengo camino hacia atrás y estoy en esta parte en click que yo llamo el absurdo en el que no veo camino todavía de cómo he ido avanzando en esto, o sea, ¿Quién le pregunto cómo funciona? Entonces estoy en toda esta investigación preguntándole a todo el mundo y contándole a todo el mundo porque quizás lo que nos enseñan es mijito, usted no cuenta sus proyectos porque no le la gente es envidiosa y no va a cumplirlos. Ya después entendí que es lo contrario, o sea, realmente cuéntalo porque ocurren dos cosas maravillosas. La primera, al contarlo te permites a escucharte y como el cerebro aprende por repetición en algún rato te la vas a creer que sí se puede. Cuéntalo a todo el mundo. Y la segunda, todos somos amigos de alguien y en todo lado hay ideas y en todos lados dices, ¿Y por qué no te vas a Texas y te reúnes con la gente de SpaceX? ¿Y por qué no? Entonces en realidad, cuéntalo. Y no es que te van a copiar la idea. Si la quisieran hacer, ya la harían. Y por último, si no lo habían pensado, tú lo entiendes mejor que nadie que el camino no es tan fácil. Y no es lo mismo perseguir una idea que perseguir la copia de una idea, porque en el segundo modelo tú no crees completamente en eso y por lo tanto tu cerebro no está completamente convencido de que se puede hacer. Y como el camino no es fácil, en algún rato se va a votar y la culpa será de cualquier cosa.
Pues si de algo te sirve, en mi newsletter, viernes de Cracks, que para quien no esté suscrito, Cracks, ya me metí.
Ya me metí.
Me encanta Cracks, La diagonal viernes es gratis. Hablo de un proyecto que está liderado por la mujer que vivió en esta biosfera en los años 80, pero es un proyecto para hacer viajes al espacio de seis horas. Supongo que son unas como cápsulas jaladas por un globo. Entonces llegarás, no sé si a la estratosfera. Si eso para ti califica como el espacio, pues podrías subirte una caminadora allá arriba y hacer cualquier locura que estés.
Encantadísimo. Encantadísimo. Mira en esto que estaba, ¿Recuerdas al de Red Bull austriaco? Y se lanza y todo. Yo no sabía que seis meses después un señor mucho mayor, 60 y pico de años, subió 10 kilómetros más, ya es el vicepresidente de Google, que estaba por jubilarse, algo así, y se echó en paracaídas. Agarra su dinero, financia todo un equipo de NASA. Ya el problema era, fíjate que la cápsula, por el peso y todo, le hacen todo un globo aerostático. Él ya sube vestido de astronauta en este globo. ¿Ya te paso esa locura? Lo conozco, no a él le escribo a la esposa la misma historia. Tiene que haber alguna forma de llegar. Conversamos y me está contando muchas ideas de opciones, de cómo lo podría hacer. Y al mismo tiempo conozco a Sebastián que está trabajando en SpaceX. Y toda esta cosa, o sea, en realidad no te canses de contarlo. Me acaba de pasar contigo ahora mismo. No es, mijito, no lo cuente porque si no, no lo va a hacer. Es creo que al revés. Es creo que al revés. Y además por neuronas espejo. Las personas seguimos a las pasiones. Cuando yo lo cuento casi convencido de que lo puedo hacer, seguramente a ti te genera el nivel de confianza suficiente para decir si este chingado lo va a hacer y yo estoy maquinando esto, de pronto esto le puede servir.
Yo te ayudo.
Es esa lógica. Solo que si me hubieses escuchado con dudas, seguramente para qué plantearlo. Así funciona. Es la importancia de creértela. Porque si no te la crees tú, Oso, sinceramente no sé quién te la cree.
Millán, se nos acaba el tiempo y antes de partir quisiera hacerte una última pregunta. Si tuvieras la oportunidad de escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿Qué diría?
Lo que vi en mi barrio cuando era chiquito, cuando era pandillero, no lo entendí hasta años después. Y dice, si el reto no te hace temblar las piernas, quizá no es lo suficientemente grande para ti.
Pues Millán, ha sido increíble esta conversación. Ciertamente eres una gran inspiración como persona, como speaker, como amigo, que nos hemos conocido poco, pero verdaderamente siento una gran amistad ya creciendo. Eres un crack. Gracias Por estar aquí. ¿Dónde puede seguirte la gente? ¿Dónde Puede contactarte, ayudarte?
Muchísimas gracias, Oso, por la oportunidad. Yo creo que es un espacio maravilloso en mis redes, en Instagram, mi cuenta es. Y así son todas las cuentas, en YouTube, en todas, todas paso más metido en Instagram. Y entonces, bueno, me encantaría que se puedan sumar. Creamos contenido diario de reflexiones sobre todo, y creo que lo más importante, desde la experiencia propia, yo prefiero prestarle atención a los que están intentando cosas.
¿Algo más que quieras agregar?
No, el espacio, el espacio de agradecimiento, la fortuna de haberte conocido, a tu equipo, de estar ahora mismo con Mar acá, de caminar un paso avanzando y claro, y el recordatorio constante de que vale la pena que intentemos cosas. Porque yo sí creo que cuando un chef sigue recetas, no es el chef.
Pues muchas gracias. Mucho éxito mañana. Por ahí nos vemos. Sí, y gracias por estar aquí.
Ya nos vemos en escenario entonces. Gracias.
Millán es un gran inspirador y te recomiendo asistir a alguna de sus conferencias si tienes oportunidad. Si te gustó el episodio, compártelo con alguien usando el link Cracks la. También sigue crackspodcast en Spotify o suscríbete en YouTube o itunes y califícanos con cinco estrellas para que más gente nos pueda encontrar y tengamos a más y mejores invitados. Mencióname en Twitter con la lección que más te deja el episodio de hoy como osotraba y y no olvides saludar a Millán en Instagram Como puedes encontrar links a todo lo que mencionamos Millán y yo el día de hoy en las notas del episodio yendo a cracks la 193. Y antes de irte, quiero recordarte que ya está disponible mi libro Haz lo Que Importa en audio en Bic en exclusiva, pero también ya está nuevamente disponible en Pasta Blanda y este lo puedes encontrar en Amazon México simplemente buscando Haz lo Que Importa. Segundo, no olvides registrarte para recibir mi newsletter viernes de Cracks, que es un correo muy corto que mando todos los viernes, muy cortito con 5 tips, artículos, libros, gadgets, frases o cosas que encuentro en Internet y que creo que pueden ayudarte a tener una vida más productiva o mínimo a empezar una conversación interesante este fin de semana. Si quieres recibirlo, puedes hacerlo gratis yendo a Cracks la y a viernes y si te registras, muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Traba y espero que tengas una semana de Cracks.










