No corría para llegar. Corría para recordar quién era.

Millán Ludena ran 160 km through Patagonia, 50 km in Ecuador, and smaller distances before that. He chose these brutal races not to win but to test himself, and talks about the mental tricks that kept him going when his body wanted to quit.
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Hola Millán, yo soy Priscila Millán, una de las carreras más extremas en las que has participado te llevó a la Patagonia. ¿Podrías contarnos cómo fue tu experiencia?
Acabo de terminar los 50 kilómetros en Ecuador, temblando, ya se imaginan, una completa locura y yo llego a la oficina el lunes y sentía que estaba y no estaba. No sé si les ha pasado en la oficina que vas al trabajo y estás y no estás. El martes yo sentía que estaba y no estaba, el miércoles ya me pregunté y si no estoy hablando con mi jefa y le digo no sé si son mis últimos minutos y si son por último los voy a tomar frente al mar, se habrá asustado. Yo esa tarde estaba en el mar y la única pregunta que yo tenía era esta ¿Por qué elegí 10 kilómetros, o sea quería correr 10 kilómetros si he podido correr 50? La respuesta yo había comprado el modelo de ser perfectos y los perfectos por definición no se equivocan. Entonces tomamos proyectos que sabemos que los podemos hacer porque el negocio es ser exitoso, no es intentarlo, es ser exitoso. Entonces definimos el éxito como la capacidad que tenemos para conseguir lo que queremos. ¿La pregunta que no nos hacemos es de qué tamaño es lo que queremos? Porque si tanto éxito quiero, lo que voy a hacer es reducir el tamaño del proyecto y entre más chiquito, más posibilidades de éxito voy a tener. Y yo no quiero vivir condenado al éxito, quiero dedicar el resto de mi existencia a intentar cosas. ¿Por qué? Porque me di cuenta que cuando tú pones una lógica no de éxito sino de intento, me permití intentar cosas más grandes, unas salen, otras no mucho. El punto es que lo que salga siempre es más desafiante, más retador. Entonces dije claro, voy a pasar de esta condena de éxito a intentar acá. Y defino una especie de mantra en mi vida, fíjate y lo que digo, yo no vuelvo a hacer en mi vida nada con lo que No me asusta. ¿Seis meses más tarde, después de eso llego a la Patagonia argentina a correr qué? 160 kilómetros en el lugar más salvaje de América. Estoy pasando de 4 km a 50 y luego a 160 km. Yo no sabía ni qué estaba haciendo allí, así que me dediqué a copiar, algunos llamarán benchmarking, yo estaba copiando, si un tipo paraba en un riachuelo a tomar agua, yo paraba en un riachuelo a tomar agua. Si un tipo paraba a orinar, yo paraba a orinar. Si no tenía ganas de orinar, me quedaba esperando a que termine de orinar. El punto es que estaba copiando todo. Mi cálculo fue este, qué son 160 kilómetros. Yo lo que dije debe ser como dar unas tres vueltas más 10 de bonum. Entonces bueno, pues así la voy a resolver. Fíjate lo que estaba haciendo. Estaba literalmente comiéndome un elefante en pedacitos. Me di cuenta de algo importantísimo, que no hay proyecto grande, solo hay muchos pedacitos. Y la idea es efectivamente enfocarnos en cada pedacito. Esta carrera tiene una particularidad, al menos ese año, que fue increíble. Arrancó al mediodía, a las 12 del 12 de diciembre del 2012. Yo estaba allí paradito sin tener idea en que me estaba metiendo y la verdad fue. Fue todo un camino de descubrimiento. Solo visualiza esto. Yo iba corriendo en la montaña y los entrenadores habían cuando oscurezca, todo tu cuerpo va a cambiar. Se va a poner en una lógica de descansar. Tú tienes que seguir corriendo y aunque tenga sueño, no descanses hasta que veas una fogata de algún corredor que va mucho más adelante tuyo, que decidió descansar, tiene experiencia en montaña e hizo una fogata porque estás en la montaña.










