No por ser el más fuerte, sino por cargar con todo.

A first-person spoken anecdote by Millan Ludena about his first mountain race in Ecuador. He describes deciding impulsively to run a 50 km race despite limited training, struggling at checkpoints (km 9, 15, 25), and learning that losing his ego left him with humility and a realization that people pursue what they believe they deserve.
Chapters
Regresé a Ecuador. Yo corría quizás un kilómetro, kilómetro y medio hasta ahí, quizás para impresionar alguna chica. Fin de la historia. Y un día, por andar con la boca abierta en Quito y un atardecer precioso, le doy la vuelta al parque más grande en la ciudad. Ese parque tiene cuatro kilómetros. Me emociono y digo, si ya puedo cuatro, entonces puedo hacer otras cosas. Me voy a hacer mi primera carrera de montaña. Y en mi primera carrera de montaña habían varias opciones. Diez, veinte, cincuenta y ochenta kilómetros. Como yo corría cuatro, lo que dije ¿Sabes que? Dame una de diez. Y el tipo me no, diez y veinte están llenas. Si quieres correr acá, serán cincuenta u ochenta. Y yo corrí a cuatro. Y a mí lo que se me ocurrió decir ¿Sabes qué? Entonces dame una de cincuenta. ¿Y por qué? Porque yo estoy convencido que cincuenta es menos que ochenta. Es el único argumento que yo entiendo para haber elegido 50. Empieza la carrera, todo, todo el mundo equipado. Y en mi cabeza un único plan. Kilómetro 10, me largo. Ni siquiera llegué al 10. Llegué al 9. Y en el 9 me quedo parado esperando quizás que alguien me evacúe. Algo pasa alguien al lado mío y me no, es como correr en la ciudad. Ah, ¿Por qué? Porque en la montaña no te votas cuando te da la gana. Y entonces cuando me voto si, ya me quiero votar hace rato. Te votas en los puestos de control. Genial. ¿Dónde está el primero? En el kilómetro 15, me dice. Y la única pregunta que yo tenía en mi cabeza era ¿Qué hago? ¿Me regreso 9 a la salida o avanzo 6? Llego al 15 con el único deseo de ser evacuado. Y estas cosas que tú crees que le pasan a todos menos a ti. Estaba el tipo que me vendió la entrada y yo en lugar de correr a sus brazos, empiezo a caminar hacia atrás y solo levanto los pulgares y digo. Y me dice, se te ve cansado. Y yo le digo, claro, es una carrera. Si tienes agua, mejor. Y el tipo se va a ver agua. Regresa con agua y me dice en su primer intento de compasión Si quieres guárdate, no pasa nada. Y yo no, no, no, no, yo estoy descansando. Y le digo, si tienes una fruta, mejor se va a ver una fruta. Regresa y en su segundo intento me dice, Ya mucha gente se votó, votate si igual ya sabíamos que te ibas a votar a quién le han tocado el ego así. ¿Yo no sé qué hiciste tú, Yo lo que hice fue agarrar mi mochila, agarrar mi ego, me lo puse encima y le sabes qué? Nos Vemos en el 25. Y llegué al 25, solo que ya llegué sin ego. Y yo no sabía que cuando tú te quedas sin ego, lo único que te sobra es humildad. Y yo en ese momento era abundante en humildad. Y le digo al Señor no me voté en el 10 por soberbio, no me voté en el 15 por prepotente. Ya estoy en el 25, por favor, sácame de aquí. Y me esta semana llovió, los carros, los coches ya no están llegando, así que tú verás si te regresas 25 a la entrada o la terminas. Y yo terminé esa carrera porque no me dieron chance de votarme. Y hoy me di cuenta de algo impresionante. Todos perseguimos en la vida solo lo que creemos que merecemos. Y yo merecía terminar esa carrera. Muchísimas gracias.










