Perdí a mis 2 hijos y la venganza no me hizo feliz | Ale Castañeda | #2

Spanish-language YouTube interview (Podcrack) in which Millán Ludeña interviews Alejandra Castañeda about profound personal trauma and recovery. Castañeda describes childhood sexual abuse, a traumatic psychiatric hospitalization at age 14, the later loss of her two children in an accidental fire, and her evolving relationship with grief, forgiveness and spirituality. Key themes: the experience of stigma, the choice to forgive rather than pursue violent revenge, resilience and self-redefinition (autogobierno), and Castañeda’s work as a speaker/author using her experiences to help others.
Chapters
¿Cuál es tu definición de la muerte?
Las personas creen que yo todo el tiempo estoy pensando en la muerte. Yo todo el tiempo estoy pensando en la vida. Para mí fue un regalo maravilloso la muerte de mis hijos y muy poquita gente me lo puede entender.
¿Qué sentiste cuando no te creyeron?
Me sentí sola, me sentí no querida, me sentí no aceptada. No me dolió mucho. Tú aplica el poder de resiliencia, porque no se trata de ser fuerte, se trata de ser resiliente, se trata de reestructurar tu vida y de adaptación.
¿A qué te supo la venganza amarga?
No era Alejandra, no era yo. Que esta persona que es se ha comportado de una manera mala contigo que no te convierta a ti también en un malo.
Si abrías la posibilidad de retroceder el tiempo al día fatídico de la partida física de tus hijos, ¿Aceptarías repetirlo? Hola, ¿Qué tal? Mi nombre es Millán Ludeña y bueno, estamos aquí en Podcrack, un espacio en donde conversos con cracks, básicamente para hablar del inicio, en ese momento cuando todo era imposible, cuando todo era difícil, cuando no veíamos luz, cuando ni siquiera había camino. Y aún así sólo había esperanza. Y desde esa esperanza decidimos seguir intentándole caminar. Hoy, Alejandra Castañeda, una historia fascinante, sin importar el año que la tomes. Una historia de reinvención constante, de dolor, de aceptación, de negación, de frustración, de un sentimiento de pérdida y al mismo tiempo de descubrimiento. Es una historia con la que vas a vivir muchos sentimientos propios del humano, porque no somos los únicos que tenemos y sentimos dolor y ese no es el tema. El tema está en qué hacemos para superarlo. Porque en sus palabras todo se puede superar y lo único que no podemos superar es lo que decidimos no superar. Alejandra, bienvenida.
Muchísimas gracias. Pues aquí estamos. ¿Lista? Gracias.
Alejandra Castañeda.
¿Cómo es aleatoria al Castañeda? Si me conoce la mayoría.
Encantada. Muchísimas gracias por estar acá.
Vaya, me siento muy contenta. ¿Sabes que, Millán? Cada entrevista es un shot de amor y de alegría y no sé por qué tengo esta capacidad de decir este podcast va a ser un gran caso, así que vamos a darle.
¿Oye, desde ayer estoy que veo tus entrevistas y las escucho y todo, y cada vez estoy más intrigado con cuál es tu definición de la muerte?
Guau, qué buena pregunta. Creo que la muerte es únicamente el punto final para algo más grande, eso es lo que yo creo. Pero fíjate que curiosamente como tanatóloga, las personas creen que yo todo el tiempo estoy pensando en la muerte, yo todo el tiempo estoy pensando en la vida, porque realmente la importante es la vida. ¿En algún momento de mi proceso de duelo recuerdo bien que yo me senté con la muerte a una manera figurada y bueno, pues me senté con ella y fue así como es que tú eres mala, es que tú te llevaste a mis hijos y cómo es posible? Y entonces pues no, es que realmente la compleja es la vida. En la vida es donde nos casamos, donde hacemos cosas buenas, donde decidimos hacer cosas malas, donde le hacemos la vida más agradable o más pesada, o a nosotros mismos, vaya. Tú haces de tu vida tu propio infierno, tu cielo, tú lo diseñas y la muerte es solamente el punto final, la nota final de la canción. Creo que la muerte no tiene nada de relevancia. Imagínate nada más el amor es más grande que la muerte, entonces ahí ya matamos, ya la muerte es algo como loco, ¿No? Matar la muerte con la vida.
¿Y se puede diseñar la muerte?
No, no completamente. Algunos podrán tenerla, pero por ejemplo, si yo voy en mi auto y llega un tráiler y me pega por atrás y en ese momento yo quedo muerta ahí pues no la puedo diseñar. Lo que se diseña es la vida, todo se hace en la vida. Es que la muerte no sirve para nada, la muerte es un engaño, o sea, la muerte es como decir te va a llevar el robachicos, o sea, es algo que tengo que inventar para que entonces te portes bien. Y bueno, fue muy redituable para todas las religiones el decirnos lo que cada quien piense, ¿Verdad? Que si te portas bien en la vida, porque entonces ¿Cómo controlo a toda esta gente? Pórtate bien aquí en la vida, porque en la muerte después viene la vida después de la muerte y pues ahí te va a ir como en feria porque va a haber infierno y hay llamas y quema y horrible, no jala. Así es la vida únicamente. Y como tanatóloga, cuando he estado en conferencias, cuando he estado en terapia, yo le lo que importa es la vida, en la muerte yo nunca pienso, jamás, jamás pienso en la muerte. Es rarísimo ¿Y por qué crees que.
Si la muerte es tan normal como un punto final de la fase en la que estemos, es tan normal, ¿Por qué es tan lejana para nosotros en la parte occidental? ¿Por qué realmente lo sentimos como es un sentimiento de pérdida?
Porque es la manera en cómo la vivimos, como es nuestro sistema de creencias, es como nos educan, es como nos dicen cómo es el velorio, cómo es el chantaje de una madre hacia un hijo. Sí me voy a morir por cómo entonces en ese momento el niño no, no, no, no, no, que no, que no muera mamá, me voy a portar bien. Es chantaje, es manipulación, es codependencia, es la relación que yo tengo contigo. A ver, nadie puede ser tu vida, porque entonces cuando él o ella se mueran, ya valiste. Oigo muchas personas que dicen, el día que se muera mi hijo yo mejor me suicido. Ay, qué padre, ¿No? Qué conveniente, o sea, no creo que lo que está mal diseñado es la vida, volvemos a lo mismo, ¿No? La muerte. ¿Por qué hacemos un escándalo en esta parte de digamos, bueno, pues sí vemos en Oriente que incluso hacen fiestas, se ve de una manera muy tranquila al doliente? Mira, ¿Cómo le decimos al que acaba de perder a alguien el doliente? Fíjate Millán, que aquí quiero hacer un paréntesis. A las mamás que pierden a los hijos se les tiene un. ¿Como les digo? Un procedimiento, un manual de tiene que hacer esto, tiene que llorar como loca, si no hay cuatro desmayos en el funeral. No le dolió. Si la mujer, por ejemplo, en mi caso, siempre he sido una mujer muy producida, siempre me ha arreglado muchísimo, siempre, toda la vida, el dejar de ser quien soy para que la gente me crea que me dolió que se muriera mi marido, mi hijo, mi gato, mi perro, que me corrieran del trabajo cabizbajo para que la gente me pregunte y entonces obtener de ellos la conmiseración, que es la cosa más horrible.
Y sientan pena por ti.
Claro. Y que pobre de Millán, ¿Ya supiste? Mira, perdió a su mamá, pobrecito. Oye, ¿Cómo te enteraste? Pues, ¿No viste lo que puso en redes sociales? Aquí con mi corazón roto en mil pedazos. ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? No, o sea, somos muy listos, o sea, el ser humano sabe perfectamente qué hacer para la reacción que voy a tener. Entonces, ¿Qué es lo que pasa? ¿Cuando una mamá como yo hace 10 años pierdo a mis hijos y ven que a los cinco años a mí me dan un anillo de compromiso en Dubái, dicen esta vieja es una perra, esta vieja es una cabrón o una desgraciada, ella no tiene que ser feliz, no puede ser feliz, Oye disculpe, por qué no puedo ser feliz señora? Porque se te murieron tus hijos y una madre que se le mueren los hijos no puede volver a ser feliz. Ah cabrón. ¿Quién dijo? Pues nosotras y quién lo dice Millán, lo dice toda la sociedad. ¿Entonces cuando brincamos las pequeñas ovejillas negras que así nos llaman, somos los disruptivos, pero qué creen? Somos los que escribimos libros, somos los que hacemos conferencias, somos con los que realmente la gente encuentra un cambio, o sea, las personas que han ido conmigo en tema de duelo, les estoy hablando de duelos de me entregaron a mi marido en una maleta, o sea, yo he llevado duelos así, me amarraron en una silla mientras que degollaban a mi hijo, lo hacían pedazos y yo en la silla. Yo he tenido duelos así, o sea, de gente que viene CONMIGO. ¿Qué le dices a una persona? ¿No me voy a ese día, eso es lo que es cortar, pegar, o sea, yo no me voy a ese día de oye y en cuántos pedazos cortaron a tu hijo? Quiero que me digas, es que eso es importante. No, no, no, eso es morbo. ¿Yo lo que les digo Quién eres tú sin ser el hijo de el esposo, de el papá, de el director general de la empresa de Millán Ludeña? ¿Quién eres tú afuera de el cargo que tienes cuando lo pierdes, cuando pierdes ese cargo? ¿Quién eres tú en esencia pura, Quién eres tú? ¿Fue lo que pasó conmigo, o sea, quién salió, quién emergió? ¿Para mí fue un regalo maravilloso la muerte de mis hijos y muy poquita gente me lo puede entender, muy poca gente, porque cuando yo digo eso, el ataque viene brutal, esta vieja está loca, luego, luego se ve que está fuera de sus cabales y cómo puede decir eso? Sí, porque en el momento que yo dejé de ser la mamá, o sea, en el rol principal físico de la mamá de Dante y Regina, lo que sucedió es que hay que volver a quiénes sale Castañeda y quién eres sin ser la hija de quien eres la esposa, todo eso, entonces vuelves a la esencia pura y misma, donde solamente te enfocas a ti, a lo que realmente te hace feliz, lo que te da la paz, es decir, la congruencia y la mayoría de las personas lo que hacen cuando están.
¿Y supongo que fue un trabajo, no?
Bueno, supongo que fue un proceso. Sigo. Eso no termina. Eso no termina porque en realidad a cada libro que saco, cuando hago una conferencia, cuando estoy en un podcast, por ejemplo, como el tuyo, descubro, voy a salir de aquí. Yo sé que voy a salir con algo, con algo que puedo aplicar a mi duelo interminable.
Dicen que el amor al final duele, sin importar cómo sea el final, duele el dolor de una pérdida que al final es la invitación a sanar. ¿Qué es lo que me estás contando? ¿Y solo ahora mismo estoy pensando si habría la posibilidad de retroceder el tiempo al día fatídico de la partida física de tus hijos y aceptarías repetirlo.
Si tuviera la opción de que no sucediera? No, no decido que no suceda. Yo cambio todo lo que soy, todo lo que tengo, mi propia vida. Si yo pudiera dar mi vida para que mis hijos vivan, lo haría. No, no hay nada que pueda, que pueda yo decir, ah, sí, que mis hijos mueran, entonces no, no, no, no, nunca. Yo creo que ahorita estoy en una posición donde lo único que me ayuda es la aceptación, o sea, como último paso tanatológico y aceptarlo. Pero sin embargo, vaya, yo me dicen, oye, ya le cambiarías toda la fama y el libro y la radio y la tele. Cambio. A ver, doy mi vida para que mis hijos vivan. Sin embargo, fíjate que el decir y si hubiera y si, tal vez y el querer cambiar el pasado es un trabajo pues extenuante, que no tiene ninguna salida, hasta sin sentido, no un sinsentido como yo querer hacer un boquete en esa pared solo con mi mano cuando pues sé que es de concreto y que me voy a sangrar y me voy a dañar. Incluso eso es lo que sucede con las personas. No, o sea, de que dicen es que yo nunca voy a aceptar la muerte de mi hijo. Yo nunca voy a aceptar que no tengo un brazo, yo nunca voy a aceptar que no tengo la pierna. Y entonces el protagonista de tu historia se vuelve la muerte. Ese es el verdadero problema en los que enfrentamos los que hemos perdido lo que más amábamos. A ver, a mí ustedes dí lo que más amabas, ¿Que perdiste, que cuál es tu mayor reto? No estarlo nombrando constantemente, pero con añoranza de quererlo tener, recuperar. Es que yo quiero la vida que tenía. Imposible, imposible, no puedo tener la vida que tenía. Es que yo quiero seguir siendo mamá, por ejemplo, yo ya no pude ser mamá. El aceptar el no ser mamá ha sido uno de los retos más grandes de mi vida. ¿Es que no es solo la muerte, o sea, la muerte es un suceso, o sea, sucedió, murió, OK? ¿No es lo que viene después, y ahora yo qué voy a hacer con todo mi tiempo, qué voy a hacer con mi vida si mi rol era mamá, papá, o sea mamá y perdón de Dante y Regis, no?
Eso es lo horrible y lo comparto plenamente de las cosas que ocurren en nuestra vida. El evento es el que se va quedando atrás, el dolor sigue.
Exacto.
Mientras no lo encaremos y lo sanemos, incluso en la sanación puede haber todo.
Un proceso y puede haber recaídas, porque.
El evento sí 10 años atrás, 20 años atrás, lo que tú quieras, si eso no fue sanado, no importa cuántos años tengamos, seguimos cargando con el dolor, con el sentimiento no tan bonito en la mayoría de casos.
Incluso hay personas que te dicen ¿Cómo es posible Si ya pasaron 10 años, pues ya superalo, ¿No? Hay personas incluso que yo tuve en consulta que tenían 50 años, llegaban vestidas de negro en un mar de lágrimas y es que hace, yo dije no, pues se le murió hace 15 días, o sea, la señora viene deshecha. Que bueno, se procura no juzgar, pero bueno, siempre viene una parte de tu cerebro que es la que te ayuda a estudiar a las personas y pues es más fácil en vez de pensar, juzgar, ¿Verdad? Entonces dices se le murió hace 15 días, la señora viene deshecha, no se sienta y me hoy hace 51 años se murió mi hijo, te lo juro que lo estaba viviendo como si hubiera pasado hacía unos días, pero es que así lo está viviendo. Hay personas que prolongan el dolor, ¿Qué se les recomienda para no prolongar el dolor? Enfréntalo, es como cuando tienes una herida y te dicen te tenemos que quitar esa piel para que nazca una nueva piel, pero hay que tallar y hay que quitar pedazos de piel, incluso hay personas que les tallan hasta el hueso para quitar infecciones, imagínate nada más.
Bueno pues estás enfrentando el dolor.
Hubo un momento en el que yo sí estaba de verdad, yo sí me sentía así, recuerdo que vi la película de Pelotón y le decía yo a mi papá así me siento, como ese que está bañado en sangre Sí, que no tiene nada de piel y que está en el puro músculo ese es el dolor que tiene mi alma ahora por no tener el rol es que eso es bien diferente, Dante y Regina nunca los voy a sustituir con nada, ni con trabajo, ni con comida, ni con alcohol, ni con droga, ni con todo lo que me puede ofrecer el.
Mundo ¿Ese en cuánto tiempo lo entendiste?
En cinco años yo creo, en cinco años más o menos. Mira Millán, yo levanté la cabeza, levanté la cabeza para empezar a trabajar en mí, yo creo que a los dos años del accidente, el primer año fui un zombi realmente no dormía durante las noches no dormía, hacía pequeñas siestas en la mañana y bueno, creo que sería interesante comentarles algo que nadie sabe que es el porqué de dónde viene mi fortaleza. He sido muy atacada en redes sociales porque muchas personas creen que la muerte de un hijo no se supera o creen que algo no se supera yo les digo, la única cosa que no se supera es la que tú decides no superar tú puedes superarlo absolutamente todo, absolutamente todo lo puedes superar mientras que estés aquí en el mundo todo lo puede superar la condición más adversa pero hay alguien afuera que te dice que no le conviene, que no le conviene hijo yo quiero tener el templo lleno de gente porque pues sabes que pido limosnas y pido todo, sabes, o sea es un gran poder la religión es un gran poder el tema de la espiritualidad porque hay falsos profetas y hay falsos consuelos, o sea a mí si me ponías a Jesús sentado así como tú y que me dijera Ale es que me llevé a tus hijos ni eso me consolaba, no me importa que me pongas ahí al Salvador, es más a Dios, yo reclamaba de Dios, yo renegaba de Dios, yo decía conmigo te equivocaste, tú serás muy Dios y todo omnipotente y lo que tú quieres conmigo, conmigo te equivocaste porque Dante y Regina fíjate, no merecían morir porque yo tuve que hacer mucho trabajo, del pensar que la muerte es un castigo. Si nosotros le preguntamos a la gente qué es la muerte, te va a decir es un castigo. Hay gente que te va a decir que es un proceso normal. Ah, porque te tienes que morir a los 95 años en tu casa, rodeado de todos tus hijos, todos tus nietos, agarrándote la mano, así se tiene que morir la gente. Si no es así, si te moriste a los 17, la gente Ay, dejó de vivir. No, no dejó de vivir. Los seres humanos que duran 14 días en el vientre de su mamá, vinieron a hacer su misión y la cumplieron, y se acabó su trabajo.
Y hoy, años más tarde, el comentario hacia Dios conmigo te equivocaste, ha cambiado totalmente. ¿Y ahora cuál es?
Ahora es guau, qué padre que me escogiste para vivir esta experiencia en esta vida. He tenido, Millán, una vida maravillosa, una vida increíble, que mis amigos más cercanos me ya no voy a pagar televisión por cable, mejor te hablo por teléfono para que me digas que está pasando en tu vida. Porque muchos me conocen como lo del incendio. Que bueno que fue tan. Tan comentado y tan publicitado que ahorita lo voy a comentar, porque probablemente hay muchas personas que no saben mi historia. Sin embargo, mi diálogo con Dios es de gratitud. Yo no tengo nada que pedirle a Dios en este momento de mi vida, más que estoy agradecida porque me escogió para vivir muchas vidas en esta vida. Tengo 45 años y he vivido mucho más que muchas personas que tienen 80. Incluso me atrevería a decir que he vivido como cuatro o cinco vidas por todo lo que me ha pasado. Incluso fíjate, Millán, que quiero compartir contigo, porque me caíste perfecto además, pero algo que nunca había dicho, que yo tuve un tema de abuso sexual dentro de la familia, dentro de mi familia cercana. Pues ahí tuve un tema de abuso sexual cuando era pequeña, tenía 13 años cuando sucede este episodio tan doloroso y desagradable. Yo soy la mayor de todos los nietos, entonces no había una referencia. Yo era como la primera víctima de esa generación cuando sucedió. Vaya, pues fue algo tremendo y pasa. Vaya. Los que son pederastas actúan, son encantadores. Cabe señalar, el pederasta es encantador. Es muy difícil, es muy difícil desenmascarar a un pederasta. ¿Por qué? Porque suelen ser muy guapos, suelen ser populares, generosos, carismáticos. Hombres y mujeres, Hombres y mujeres. Hay muchísimo señalamiento de pederastía de hombres hacia mujeres o de hombres hacia hombres, pero sucede también en mujeres. Por supuesto, soy cero machista, o sea, claro que no, o sea, sucede de ambas partes. Y entonces cuando yo denuncio este hecho, en cuanto sucedió, esta persona era un hombre, me estaba enseñando a manejar, entonces a los 13 años, antes se usaba, tengo 45 años, o hace mucho, entonces nos estaba enseñando a Maya a dejar a un primo, a mi hermano y a mí, entonces un primo que era de mi misma edad y mi hermano dos años más chico, les dice, me levanta en la madrugada, ¿Como en la madrugada? A las 6 de la mañana y me vamos a manejar, pero nada más tú y yo. Entonces nos vamos a manejar él y yo, porque él ya tenía su plan, de verdad, los pederastas hacen un plan, seleccionan a su víctima, saben cómo van a operar, o sea, es una cosa espeluznante. Entonces yo me subo con mi persona de confianza, cabe señalar, y tenía un short. ¿Entonces bueno, cuando yo voy manejando, él empieza a tocarme y todo este rollo, yo me espanto porque primero no sé qué está pasando, sabes? Una niña muy inocente, los 13 años de antes, o sea, de verdad que súper inocente, colegio de monjas, de puras niñas, no sabes nada de nada. Yo nunca había visto el pene de un hombre, nunca, nunca lo había visto, de verdad. Entonces me asusté muchísimo, y bueno, pues ahí me tocó y yo, la camioneta era estándar, solté el clutch y la camioneta pues se fue sola en carretera, algo muy peligroso, y abro la puerta y empiezo a correr, él va detrás de mí y no saben el terror que yo sentía, no tienen idea, no tienen idea. Cuiden a sus hijos, platiquen con ellos, de verdad. Mi próximo libro, el tercero que voy a sacar, va a ser El abusador está en casa, no esperen a alguien con antifaz, mal encarado, o una tipa mal encarada, no, no, puede estar en tu mesa comiendo, puede ser tu compadre, tu amigo, tu tío, tu padre, o sea, aguas, aguas. Después de eso mi vida cambió, yo me regresa a la camioneta, no había manera de que yo me fuera caminando porque era una carretera. Regresé a la camioneta, él me llevó cargando y me subió, porque estaba chica, me subió Y entonces yo lloré, lloré y me y te callas y nadie te va a creer y que no sé qué, y le mi papá te va a matar, cuando yo le diga a mi papá, mi papá te va a matar. Así, yo estaba segurísima que mi papá lo iba a matar. Fíjate cómo los niños actúan, cómo nuestro pensamiento. Yo llegué y me nadie te va a creer. Llegué, corrí y le papá, pasó esto. Muy buena comunicación había con mi papá, muy buena. Y le cuento, entonces mi papá, o sea, imagínate la noticia. Primero hay que ver que la niña no esté mintiendo, ¿No? Porque qué tal que es mentira, Seguro mi papá no me creyó, porque si mi papá me hubiera creído, lo hubiera matado. Sí, lo hubiera matado, te lo juro.
¿Apellido tuyo?
¿Cómo, cómo?
¿Apellido tuyO?
Sí. No, no, no. Al saber que lo hizo, o sea, al saber que abusó de su hija, mi papá lo mata. Por supuesto. A una niña. Claro. No, no, no. ¿Pero no porque yo le dijera mátalo, no, él lo iba a matar por él, sabes, o sea, por esta furia, por equis, no? En fin, o por lo menos denunciarlo y que estuviera en la cárcel o qué sé yo. Pero eso es muy difícil, en aquellos tiempos era muy difícil de comprobar. Sin embargo, bueno, pues yo le digo a mi mamá, todo este rollo se arma ahí, un rollo familiar, todo mundo se entera. Yo lo único que te puedo decir es que yo a él no le volví a hablar, no me creyeron. Pero previo a esto pasó algo más grave. ¿Como no se me atendió psicológicamente, como yo quedé como una mentirosa ante todos los tíos, pero luego yo dije bueno, y por qué no dejan que sus nietos estén con él, o sea, todo mundo agarró a sus pollitos y no se acerquen con este, por sí o por no, no vaya a ser que sí sea no, sí me entiendes? Que eso, eso es una.
Es justo lo que estás contando, o sea, es un.
Está en el medio, es un disparate, o sea. Claro, claro, somos una sociedad. Lo que le pase al niño de aquí afuera también te atañe a ti, aunque no lo conozcas, porque somos una sociedad. Exactamente.
Bueno, ¿Qué sentiste cuando no te creyeron?
No, bueno, ese. Ahí empezó uno de mis primeros encontronazos con la vida, fuertes. ¿Me sentí sola, me sentí no querida, me sentí no aceptada, no me dolió mucho, me dolió mucho, me quedé, me sentí como huérfana, como desprotegida, como, sabes? Y empezó a crecer en mí un odio muy profundo hacia esa persona. Y yo yo me voy a encargar de desenmascararte y que todo el mundo sepa la rata que eres, o sea, era un odio. Siempre que lo nombraban yo decía es un asqueroso, o sea, siempre, siempre, toda la vida. ¿Pero qué crees? Como no llevé un tratamiento psicológico adecuado a los 14 años, previo a mi fiesta, 15 y todo ese numerito, me baja mi periodo a los 14, ya grande, o sea, se considera grande a los 14. Entonces con este rollo hormonal y todo esto, empiezo a tener como pequeños ataques de ansiedad, a tener miedo en la oscuridad, todo lo que tenía que ver con el abuso, sabes, que no se atendió en su momento. Mis papás con los recursos que tenían, emocionales y de todo tipo, muy católicos y todo este rollo, les llévala con el director ahorita del hospital psiquiátrico, que es un sacerdote y que es muy bueno y no sé cuánto. Yo te cuento que a mí me da como un tipo, ahorita recuerdo que pudo haber sido un tipo ataque de ansiedad donde yo abrazo a mi papá y empiezo a llorar y veo todo obscuro y todo, y me siento mal, papá y no sé qué, y me llevan como a las 10 de la noche, pues yo con mi inocencia y todo, me llevan a un manicomio y ahí me quedo. Entonces, obviamente no estaba el director de ese hospital, Pues eran las 10 de la noche, no está el director ahí todo el tiempo y no estaba. Y entonces la enfermera, la encargada que estaba ahí, dijo bueno, pues hay que hospitalizarla. Yo tenía 14 años, no estaba tonta, obviamente. Cuando llegué vi Hospital Psiquiátrico de San Juan de Dios. Entonces yo qué onda, o sea, ¿Qué está pasando, no? Y ya cuando no, no, no, no, no, nada más venimos a una consulta, todo mentira, todo engaño, todo, todo. Estaba mi mamá, mi papá y mi papá llorando como nunca lo había visto. ¿Y me te vas a quedar aquí? Y yo pero es que no estoy loca, Yo sé que todos dicen que no están locos cuando están en ese lugar, pero yo tenía 14 años, ¿Sabes? Y entonces empiezo a gritar y les dije a mis papás, no me hagan esto, por favor, o sea, no me hagan esto, o sea, porque yo no sabía que era un manicomio, yo sabía que estando allá adentro a lo mejor se pegaba la locura, ¿Sabes? Mi conocimiento era nulo de un hospital psiquiátrico. Y entonces no sabías nada de un hospital psiátrico. Me amarraron, ahora sí que me amarraron como un puerco que se hace broma y viral, ¿No? A mí la primera noche empezamos a caminar y pues me tenían sostenida, iba caminando porque yo no lo podía creer, o sea, tanta decepción. Primero no me creen que abusaron de mí y luego me meten a un manicomio y yo decí el que tiene que estar en la cárcel es el tipejo, y a mí me meten a un manicomio, ¿Cómo es posible? Bueno, el caso es que me llevan por el pasillo y yo recuerdo que le ¿Me puedo asomar en la ventana? Y me asomo y veo un árbol y se estaba meciendo por el aire un columpio. Yo acababa de ver una película de terror que tenía justo esa escena. La misma escena, La misma escena. Yo dije no, ya valí gorro, ¿No? Y ya pues me llevan a un cuarto yo sola y había un Cristo en la parte de arriba y yo lo bajé porque me sentí muy sola, muy, muy sola, con muchísimo miedo y lo bajé y yo agarré el Cristo y Dios mío, por favor, no permitas que me vuelva loca, Tú sabes que tú y yo sabemos que él abuso de mí, tú sabes que yo no estoy loca, que así un diálogo con un crucifijo de madera, sencillo, así. Y entonces me tocaron, me dijeron deja ahí el crucifijo, no la puedes bajar. Me trataron súper mal, me trataron súper mal, la verdad. Y bueno, ya cuando tú estás en un tipo de hospital como el que estoy nombrando, y bueno, ya dije hasta el nombre y todo, pero ya estás sin voluntad, sin decisión, lo que tú digas no vale. Pueden hacer cualquier abuso contigo de manera física. A mí nunca me golpearon ni nada, pero compañeras mías sí, sacarle la sangre. Y yo lo vi, yo dije no, aquí las reglas son así y hay que cumplirlas. Estaba sola y de repente en la madrugada escucho que llegan dos tías mías y yo las alcanzo a escuchar y yo ya me estaba quedando dormida. Bueno, como yo no paraba de gritar y de golpear la puerta para que me sacaran de ahí, mis tías me llevan a un cuarto, me te dijimos que te callaras, dije ya valió. Me llevan de mala gana, ahí sí no me golpearon, pero sí de muy mala gana, y me acuestan en una cama y me amarran hacia arriba con dos pedazos de cuero, era de cuero, así como lo ven en las películas, así, pero así, haz de cuenta, los dos puños hacia arriba y de las piernas así. Dormí y me inyectaron algo, no me acuerdo de nada. En la mañana me despierto y está todo blanco y yo me trato de mover, tenía una franja millán morada de todo el forcejeo, estaba realmente muy dañada de los tobillos y no vi a mi familia una semana porque no querían ver en la condición en la que me habían dejado. La primera semana no los vi y ellos fueron a decirles a mis papás que yo no quería verlos, que estaba muy enojada, y eso es mentira. Y luego pues ya me métete a bañar, pero de mala gana. Como una cárcel. Peor que una cárcel. Yo creo que de verdad muy crueles, porque tú estás ahí por un tema psicológico y después salí con mucho miedo a ver cómo estaban todas las loquitas ahí o cómo era el sistema, de qué se trataba. 14 años, la que me seguía de edad más joven, tenía 25, o sea, era algo que no era para mí. Estamos de acuerdo, o sea, interactuabas con gente. Sí, claro, claro. No hombre, ya luego ya no me quería ir. No, sí, claro, me volví. Mira, cuando estuve en el hospital psiquiátrico fue una experiencia al principio traumática, pero después me di cuenta que la gente que estaba ahí no estaba loca, o sea, había personas que tenían depresión y estaban perfectamente y me decían que eran doctoras, había personas que estaban por trastornos de ansiedad, otras por duelo porque habían perdido a alguien, y empiezo a conocer un mundo diferente, había gente que estaba por medio del seguro social y entonces entraban gratis, por así decirlo, porque estaban aseguradas, y mi papá me tenía abierta la cuenta en la cafetería, y entonces yo llegaba a la cafetería y yo soy Alejandra Castañeda y ya tú puedes pedir lo que tú quieras. Entonces cuando mi papá llegaba a pagar la cuenta me decí oye hija, pediste seis cajetillas de cigarro y no sé qué. Yo le compraba a todas mis amigas. Pues me las hice mejor amigas. Les compraba cigarros, les compraba dulces de menta, chocolates.
Y estabas comprando seguridad.
Sí, claro.
Estabas buscando amigas, estabas comprando amigas.
Las dos. Las dos. Porque no sabía de qué iba. Después me hice amiga de una persona que estaba por drogadicción y alcoholismo y ella venía por medio del seguro. Y imagínate a alguien que la tienes en algodones, que vive en una esfera de cristal y pum. La truenas y la llevas al mundo crudo de enfermedades mentales gruesísimas. Entonces a mí me daban 13 pastillas sin tener nada. Era un puño así. Y era una enfermera que era monja y se quedaba al lado de mí y me decía tómatelas todas. Cuando yo ya me las tomo todas, empiezo, pensaba casa y ya no podía hablar. No sé qué me dieron que yo no podía hablar. Y mis papás así me vieron escurriéndoseme la saliva, los dos llorando y no, pues mi hija está muy mal. ¿Sabes cómo logré estar bien? ¿Cómo dejé de tomarme el medicamento? ¿Cómo me hago a la amiga que era drogadicta? Es que no quisiera decirle eso, pero no quiero decir el nombre de la chica que tenía una adicción a las drogas para no decirle drogadicta, porque no es una drogadicta, tiene una adicción nada más. Eso no la define como persona. Y ella me a ver, Ale, enséñame las pastillas. Entonces ya le enseño las pastillas. Me esta no te tomes, esta te va a dejar idiota, esta te va a dejar sin voluntad, esta es malísima, esta tampoco. Y entonces ¿Cómo le hago? Me no te tomes ninguna. Me bueno, tómate esta, esto es para dormir, esta sí, tómatela. Me tienes que ganarte la confianza de la monja. Dice, Mira lo que le hace a la que no se lo toma. Había una muy mal que no hablaba ni nada. Le metió la cuchara y cuando se la sacó, la cuchara goteaba la sangre de los cachetes y del paladar de cómo se lo metió una monja. Entonces yo Ay no, que me haga eso a mí. Imagínate qué horror. ¿No? Yo no quería golpes, yo no quería malos tratos, yo no quería que me bañaran con agua fría, o sea, yo no quería nada de eso, yo quería llevar la fiesta en paz con las que estaban ahí de pacientes y también con los directivos, con todos bien, ¿No? Entonces me gano la confianza de la monja y ella ya no vigila que yo haga la ingesta y lo que yo hago, me dice esta chica, vas a metertelas a la boca y después vas a agarrar una servilleta, las vas a escupir, las vas a hacer bolita, te las metes dentro del brasier y cuando llegues a tu cuarto, tú duermes en cuarto sola, cuando llegues las metes al baño, le bajas y se acabó. Me empiezo a sentir bien, Millán. Pues yo estaba bien, entonces me empiezo a sentir bien, más sana y más sana, mis papás me ven mejor y todo. Un psiquiatra me trata, un psiquiatra maravilloso que ya falleció, un psiquiatra increíble. Entonces él me empieza a tratar y yo le digo, yo sé que todos te dicen que no están locas, pero en mi caso de verdad, yo no estoy loca. Y él se reía mucho y me decía, mirale, le cuente lo del abuso, todo el tema. Y me yo te prometo, yo te doy mi palabra. Le a mí nomás dime si ya nunca voy a salir de este hospital para empezar a echar raíces aquí.
¿Cuánto tiempo llevabas?
Llevaba 15 días. Llevaba 15 días, pero no tenía para cuando salir. A mí me hicieron el estudio en la película del exorcista, si ustedes han visto esa película de tras, tras, tras, trAS ese. A mí me hicieron ese estudio, todos los estudios que tenían que ver con neurología, con enfermedades mentales, me los hicieron todos, pues para sacarle dinero a mi papá y obviamente para tener una explicación de por qué esta niña tiene esa conducta. Lo único que necesitaba era terapia, necesitaba una terapia psicológica para combatir el abuso sexual que había tenido.
¿Y el proceso no fue precisamente el adecuado?
No, no fue de la fregada, o.
Sea, supongo que no. Supongo que un hospital psiquiátrico no es tan fácil como un hotel que llegas. Fue lo que pasó contigo, No hubo.
Yo vi cosas horribles ahí.
Ni diagnósticos, ni informes médicos de psiquiatría que digan, necesita un internado.
Gracias a este psiquiatra brillante que voy a decir su nombre, el doctor Rolando Leonel Paredes, que de verdad, Dios lo tenga en un lugar muy especial, porque él me salvó. Él me salvó. Ahorita, incluso en mi mismo proceso, sigo aplicando lo mismo que él me dijo. Yo salgo de ahí a los 21 días. Millán yo duro 21 días en el hospital psiquiátrico. Cuando era el día 20, él va conmigo y me mañana vas a salir de aquí. Ya había tenido tantos lazos de amistad que el día que salí lloré porque las iba a extrañar. Y recuerdo que tenía a una amiga que tenía esquizofrenia, que se golpeaba por las noches hasta sangrar nariz, boca, párpados. Te digo que vi cosas muy fuertes dentro del hospital, teniendo 14 años, y yo veo que ella también tiene sus maletas. Y yo qué padre. Salimos juntas las dos. Qué bueno, qué gusto me da, me dice no, a mí me van a internar en un hospital en Estados Unidos para tratarme la esquizofrenia. Yo voy de aquí a otro hospital psiquiátrico y le digo oh, cuánto lo siento, pero vas a ver que todo va a salir bien. Después me enteré que se suicidó. Sí, fue muy fuerte. Me pongo toda china del cuerpo todavía de recordarlo. Pero el doctor me dijo algo que nunca voy a ale, tú tienes todas las armas en este momento de salir. Ante cualquier adversidad de la vida, tú aplica el poder de resiliencia, porque no se trata de ser fuerte, se trata de ser resiliente, se trata de reestructurar tu vida y de adaptación. Es un proceso qué es la muerte. ¿A qué nos llama la tanatología? Me voy a readaptar a mi nueva vida. ¿En dónde? En la cárcel, en el orfanato, qué hacen los niños que están en una casa hogar. Ahora me tengo que adaptar a este sistema.
¿Y en cierta forma crees que esto fue una previa a los eventos posteriores en tu vida? Sin duda, como una especie de amortiguador.
De amortiguador, 100%. Fíjate que yo tenía esta narrativa, porque cuando yo salgo del hospital psiquiátrico, salgo con todo el ataque de mi propia familia, la loca, o sea, es que la loca es que tú estuviste en un manicomio y todo mundo me señalaba como la loca y la verdad es que eso era bien doloroso para mí, o sea, y yo decía que la fregada y como no, el pederasta, o sea, sigue este sin estar. Cuando yo salgo de verdad, salgo como la asesina serial, o así me imagino. Yo tenía un solo objetivo. Chingar al que me había hecho el daño. Venganza era un objetivo nada más. Dije, yo me voy a encargar de que todo el mundo sepa que eres un pederasta de mierda. Yo me voy a encargar. Salgo muy fortalecida psicológicamente, muy fuerte. Y bueno, pues yo tenía ya todas las herramientas para poder enfrentar a cualquier tipo de depredador. Por lo que viví dentro, por las historias de mis compañeras. Ahí había mujeres abusadas sexualmente, violación por el padrastro. Había de todo. Había de todo. Entonces, pues algo muy fortalecida. Y lo que sucede es que cuando yo vaya, la venganza llegó rapidísimo, pero no la hice. Decidí no hacerla. Les voy a contar. Esta persona, a esta persona le da un infarto. Entonces, ¿Qué creen? Ahora sí que como el malo de la película, así de que acaricia al gato blanco, así le da el infarto. Y le habla a mi mamá para que vayamos a auxiliarlo al hospital. Y yo ahora sí, cabrón. Y llegamos y ahí estaba en el hospital y voltea conmigo él. El pederasta. Voltea conmigo y me hija, ya perdóname. Y yo ¿Perdonarte? Pero si no me hiciste nada, hijo de la chingada. ¿Cómo te voy a perdonar? Le mamá, ¿Estás viendo? Me está pidiendo perdón este cabrón. Y mi mamá no, hija, para. Porque mi mamá es tranquila, es dulce, es amorosa. Yo soy una explosión de emociones. Y bueno, por lo que me ha pasado también no quiero justificar mi temperamento. Tengo un temperamento muy intenso. Y le ¿Estás oyendo el lecho de muerte, Millán? El lecho de muerte. Y ahora sí, perro, aquí ya no hay para atrás. Estás muriendo, cabrón. Ahí la muerte me supo dulce. Ahí la muerte y yo nos hicimos amigas. Dije, wow, hay veces que la muerte es una chulada cuando se muere un cabrón como este, que no vale nada y que hace tanto mal, ¿Sabes? Yo empiezo a hacer un trabajo de investigación y me doy cuenta que él había abusado de un chingo de gente. Sí. Pero nadie se atrevía a denunciarlo. ¿Sabes que la primera denuncia vino conmigo y que él ya tenía varias víctimas en su haber? En fin, el caso es que cuando estoy ahí yo con él, mi mamá voltea y me hija, ve por un padre aquí al templo de. No voy a decir cuál pero un templo. Y yo no, mamá, que se muera así, que se vaya al infierno en la creencia católica. Hija, por favor, se está muriendo, ve por un sacerdote. Ahí yo me pude vengar. Ahí yo me pude vengar porque mi mamá no se podía separar ahí, porque tenía que firmar papeles y todo este rollo. A él le da un. Me pide perdón, le digo que no lo perdone y que se vaya la chingada. Y le da un segundo infarto, entran los doctores a revivirlo y todo. Y yo viendo, viendo toda esa escena sin una pizca de misericordia, hay que ser honestos. Después al que te dañó decimos ay, pobrecito. Y entonces no, no, yo no sentí nada, nada de misericordia. Yo dije qué bien. Salen y dicen ya falleció, quieren traerle un padre, todo hija, por favor, trae un padre. Iba en el coche, hijo de la chingada. Pero qué me llevaba a buscar al sacerdote, ¿Saben qué me llevaba? No era el amor hacia él, era el amor hacia mí. Yo no merecía sentir odio por el que me dañó. Si me explico, o sea, a lo que voy es que cuando tú quieres vengarte, cuando tú te rehúsas a perdonar, eres un pendejo, porque es hacia ti, es el veneno que me voy a tomar y a ver si se muere Millán cancelado, o sea, sabes, No funciona así.
¿A qué te supo la venganza amarga?
No era Alejandra, no era. Yo iba en el coche, iba renegando. Te lo juro que yo decía que me choquen, que se descomponga el coche, que yo pueda llegar con un argumento de por qué no llevé al sacerdote. Y llego yo que no esté el padre, que no esté el padre. Todavía con deseos de venganza, pero había algo dentro de mí que me decí tú no eres así, Ale, tú no eres una mierda de persona. Que esta persona que se ha comportado de una manera mala contigo, que no te convierta a ti también en un malo, ¿Sabes? Entonces llego y el sacerdote sí, hija, voy contigo, te acompaño, lo llevo en mi coche. Llegamos al hospital y cuando él le arrepiéntete. Cuando escucho el padre todo, porque él todavía he muerto, pero el último sentido que se pierde es el oído y le arrepiente de todo lo que hiciste y todo. Ahí entró lo que me hizo a mí, ahí entró y ahí vino el perdón de mi parte, porque si no yo no iba a ser feliz.
¿Y qué sentiste?
Bien bonito, bien bonito. Me sentí grande, me sentí fuerte, me sentí invencible.
¿Y esa escena, si tuviese colores, cuáles serían?
Híjole, yo creo que un rosa maravilloso, un rosa lindo, un rosa de amor, o sea un rosa de Virgen María, de mujeres, no sé, como un rosa. Estaba yo como muy hecha al hombre, o sea, me volví muy masculinizada porque siento que la fuerza física la tienen los hombres y entonces me volví como muy broncuda, muy todo y conecté otra vez con mi feminidad. Fue un regalo enorme que me hice yo, enorme.
Y si pudiera hacer un sonido, la misma escena.
Ay, pues yo creo que de cascada de agua me dio paz, me había quitado la paz.
¿Sentiste paz? Muchísimo sabor que no la había sentido.
No, era cómo me vengo, cómo le hago, cómo todo. Fíjate que en el momento que él muere, yo te digo que me hice a la tarea de hacer una investigación, todo el mundo empezó. A mí también lo hizo. A mí también lo hizo, conmigo también lo hizo.
Es solo que tú ya estabas en paz.
Yo ya estaba en paz, pero también.
Fue un regalo, no era una acumulación de más.
No, no. Enganchamiento y esa cosa. No, no, no, al contrario, era un.
Renacer al final del día.
Y la parte social, que también es importante, pero la más importante es sin duda la espiritual, la tuya, tu relación contigo, la narrativa entre tú y tú. Pero el que las personas Ale, tenías la razón, Ale, nunca mentiste. Era cierto lo que dijiste. Vino el perdón por parte de muchas personas hacia mí y eso sí me hizo sentir bien.
¿Conversaste con tus padres después?
Sí, claro.
¿Y cómo está eso? No, no, no, ese tema está sanado.
Está sanado entre los tres. Pero mi papá ya falleció. Sí, se sanó al 100%. Sin embargo, mi mamá vive. Mi mamá hace muy poco tiempo me acaba de pedir perdón y no, mi mamá, yo le mamá, no tengo nada que perdonarte. Hiciste lo que tú tenías en ese momento y todo. Sin embargo, yo quiero escribir un libro de pederastía. Y me no, por favor, no lo hagas, no estoy preparada. No, no, hay mucha. A ver, un daño de pederastía es como una piedra que avientas al mar y se hacen varias ondas. ¿El daño que hizo esta persona no es tan fácil que quede así de que ya lo limpiamos y ya quedó, no? Incluso te digo, mi mamá al día de hoy trae tema de depresión y mucho, trae mucha culpa conmigo, me no fui una buena mamá, yo debí de haber, Bueno, y una serie de cosas muy personales, sin embargo, híjole, es un regalo el perdón. Luego viene el incendio de mis hijos como segundo evento horroroso, dramático, que de verdad el libro por eso se llama El día que la vida se detuvo, se me detuvo la vida, yo quería 10 hospitales psiquiátricos en vez de ese libro, en vez de esta experiencia perdón, o sea, en el momento que pasa el accidente yo pienso en el hospital psiquiátrico y digo quiero 10 hospitales psiquiátricos a la muerte de mis dos hijos en un incendio, ¿Sabes la de ya habías pasado?
Así es esta antesala.
Así es, antesala. Y luego ya fue este terrible incidente en el que pues nada, ahí ya no hubo Dios que me sostuviera en ese momento yo así lo percibía, no importaba papás, psicólogos, psiquiatras, doctores, medicamentos, amigos, no los veía, no los podía ver, no tenía esa capacidad, estaba destruida. Fue un renacer para poder superar algo como esto, porque bueno, sangre de mi sangre, carne de mi carne, salieron de mí. El vínculo, me dicen Ale, ¿Cuáles son las muertes más dolorosas, ¿Cuáles son los duelos más complicados? Lo que sea tu forma de vida y lo pierdas, eso va a ser lo más complicado, o sea, cuando el vínculo es más cerrado y más estrecho y más profundo, te va a doler más cuando yo lo separe, es lógico.
Y tengo ahora mismo una duda, alguien que acaba de perder a alguien que ama, que siente que inicialmente esto se detuvo, paró y básicamente como un a lleno, entrar en un infierno emocional, en un duelo o resignificarlo como un inicio, ¿Cuál podría ser ese primer gran pensamiento, reflexión que tú podrías dejársela a esta persona que ahora mismo siente que ya no hay nada más que hacer en su vida?
Yo creo que es el de date permiso de sentir, date permiso que la gente decida señalarte, culparte, si se tiene que quebrar el vidrio, que se quebre, si se tiene que caer el edificio, que se caiga, si tu hermano te tiene que dejar de hablar, que te deje de hablar, si ese matrimonio si decidió esa persona que tú amas tanto ya no amarte o decidió traicionarte, que duele tanto, la traición, la infidelidad, es terrible. Permítete sentir, digo, es una etapa del duelo, o sea, te dice la ira que yo te puedo decir, Millán, que yo regreso mucho a la ira de manera breve, digo, son cinco pasos, pero ustedes lo pueden buscar en todas partes y no quiero gastar más tiempo en eso porque te lo dicen en cualquier libro de tanatología. Pero el segundo paso primero es negación y luego inmediatamente es la ira. Ese coraje que sentimos cuando perdemos algo, que creemos que se pierde algo, en realidad primero explota, que explote todo, que se caiga todo, que salga toda la mugre, el cochambre, porque no solo va a salir el deseo de tener esa persona, esa cosa, esa situación, ese cargo que tenías, si no es en quién me convierto yo, por ejemplo, si pierdo a mis hijos y ya no tengo hijos, ya no soy madre, entonces ya no voy a tener esa categoría que tenía. De acá todas las mamás a todas las madrecitas, el festival del día de las madres, la flor para la mamá, pásele madre, te dicen en los puestos. ¿Por qué? Porque el ser mamá es una categoría. Ah, no hay que renunciar a esa categoría. ¿Llegan conmigo y usted es mamá? No, La respuesta es no de entrada, y ya después ya en la plática, pues sí, fui mamá de dos hijos. Cuando la gente dice que la muerte no existe, es como decir que te cortes la mano y esté la mano tirada, y te digo, las manos no existen, Millán, no te preocupes por las manos porque no existen. Qué conveniente, ¿No? Qué conveniente decir que la muerte no existe. Existe el dolor, existe la herida, me dañaste, me destruiste, me chingaste en el negocio, o sea, sí existe. Hay que reconocer el pérdida. Claro, perdí a mis hijos y de.
La peor forma, pero es como cuando entender que hay cosas, que hay cosas que controlamos y cosas que no. Así es, normalmente uno pone su energía en lo que sí controla, solo que en las que no controlamos, que son bastantes, sí controlamos cómo nos vamos a sentir con eso. ¿Así es que no es un tema de negación, esto pasó, no me habría gustado, no es el mundo perfecto, solo qué es lo que ocurrió? ¿La pregunta que estás poniendo en la mesa es desde eso que es un hecho real, qué actitud decido tener yo ante eso? Es correcto, Es correcto y creo que tiene muchísimo. Y tú los hablaba muchísimo de un autogobierno. Realmente, realmente. Y lo dijiste, esa comunicación de Migo conmigo. Así es, y con esto quiero cerrar que estoy maravillado con tu vulnerabilidad, con tu honestidad al compartirlo y estoy pensando ahora mismo en esto. Ale, ¿Qué pregunta te gustaría preguntarte?
Hijo de su madre. Qué fuerte. ¿Alguna vez te vas a atrever a brillar sin miedo? Esa sería mi gran pregunta.
Esa es la pregunta que te gustaría hacerte.
Sí, yo traigo un freno, o sea, yo lo que he hecho del libro, de la radio y la tele es un freno, estoy completamente frenada porque me da miedo, me da miedo tener tanto poder, he llegado a sentir un poco de poder y me ha costado trabajo manejarlo, me ha costado mucho trabajo manejar el ataque. Paré hasta este año, en marzo estuve en el hospital porque tuve un éxito aplastante, pero con el éxito también viene el ataque, los detractores, hasta la brujería, increíble. Entonces me dio mucho miedo, hay gente que me tiene tanto odio que tal vez me mataría, sabes, o sea, como este tema del fanatismo y empecé a recibir amenazas de muerte, me salió por ahí un hater muy cabrón y me dio mucho miedo. Millán, soy una hormiguita de este tamaño, si llego a meterle, o sea, es como traer un coche que corre a 300 kilómetros y lo traes a 40, así me siento yo, pero me da miedo las consecuencias que esto pueda traer.
¿Y cuál es la respuesta a la pregunta que te acabas de hacer?
Pues que sí, Pues que sí, que sí lo voy a hacer. Claro, claro que sí.
Alejandra Castañeda, muchísimas gracias por tu espacio, por tu energía. Estoy conmovido con lo que has contado y honro muchísimo tu valentía y tu deseo constante de auto redefinirte. Me parece increíble el poder de autogobierno que has llegado a controlar, que has llegado a tener y el impacto que estás haciendo desde la empatía.
Muchas gracias, muchas gracias y de verdad te deseo de todo corazón que pienses y que todos los que nos están escuchando que todo, absolutamente todo se supera. Lo único que no se supera es lo que decides no superar.
Muchísimas gracias.










