Cancer, incertidumbre y fe con Daniel Morera

Daniel Morera, a Venezuelan engineer, survived three cancers while confronting how pride had damaged his marriage and relationships. He describes the surgeries and treatments, the financial strain, and how illness forced him toward humility, forgiveness, and faith. He shares what actually helped: breathing, meditation, presence, and letting people love him.
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Ok, estoy súper emocionada de que nos encontremos hoy para una entrevista. Bueno, todas las entrevistas son especiales, pero esta en particular estoy muy emocionada porque es con mi papá. Entonces, Daniel Morera, él es un ingeniero originalmente de Venezuela, ahorita residiendo en Panamá. Y tiene una historia fascinante que yo no quiero compartir hoy, que quiero que él nos pueda abrir de una forma honesta y también aplicable y pragmática. Porque una de las cosas que yo valoro muchísimo de nuestro espacio, el espacio que hemos creado, es que sea aplicable, que sea útil, que sea claro y honesto, para que luego cada quien pueda llevarlo a su realidad. Desde el lugar donde está y con las intenciones que tiene de fondo. Así que, hola papi.
Hola hijita, ¿cómo estás tú?
Gracias por aceptar entonces que te haga esta entrevista y sobre todo por este tema tan, vamos a decir, no se habla lo suficiente. Y definitivamente cuando lo hablamos, no lo hablamos de una forma donde nos sintamos vamos a decir, en armonía, por decir alguna palabra, con la vida, los procesos de la vida, que incluye muchísima incertidumbre, muchísima necesidad cambiar, adaptarnos a constantes cambios en creencias incluso. Y de hecho, este tema hoy que vamos a hablar, que es acerca de Cáncer, incertidumbre y fe, trata acerca de eso, trata acerca de cómo ante adversidad necesitamos cuestionar cuáles son los valores, los fundamentos, y desde dónde queremos vivir, para qué estamos aquí. Así que mi papi, mi padre, él ha atravesado cáncer dos veces. Entonces, papi, tú estabas ahí como que no, una vez es suficiente, dos, yo quiero la experiencia profunda. Entonces estoy súper emocionada de que nos puedas incluso hacer un poco esa comparación, ¿no? La primera vez, la segunda vez, cómo es toda esa experiencia. Aquí nos dice gracias por el live. Es mi placer, nuestro placer poder traerlo. Y recuerda, Thais, y que más vaya entrando, que pueden hacer preguntas en cualquier momento en el chat. Aquí pongo un hola. Y para quienes nos están viendo en grabación, estoy súper contenta de que estés aquí con nosotros. Así que, papi, quería primero preguntarte cómo fue el momento de recibir el diagnóstico de cáncer, y debido a que recibiste el diagnóstico dos veces diferentes en tu vida, ¿en qué fueron similar o diferente cada vez?
OK, este, primero una aclaratoria. Mi enfrentamiento hacia el cáncer no fue una ni dos, sino tres veces, si cuentas que a mi padre, que padece cáncer, lo fulminó un cáncer en tres semanas. Entonces, estar del otro lado, del lado de la familia, y mi relación con mi padre era muy cercana. Bueno, este, es difícil hablar un poco del de la primera vez, porque de eso, la primera vez que me diagnosticaron cáncer fue hace más de 25 años. Entonces, en ese momento uno empieza, ustedes los psicólogos son más expertos en eso, uno empieza a recordar los recuerdos. Al final, los recuerdos son recuerdos de los recuerdos. Entonces queda un poco difuso eso, pero bueno, esa es la verdad, ¿no? En esa edad tenía, en ese momento tenía unos 36, 37 años. Pequeña, ya había nacido tu hermana Daniela, están las dos pequeñas. Y estaba pasando un momento más o menos complicado, era una combinación de un momento complicado en mi vida, estaba teniendo, y una vez, y al mismo tiempo exitoso. O sea, yo era el empresario joven con mucha solvencia económica, mucho reconocimiento en la universidad, en el trabajo, una esposa hermosa, hijos extraordinario, pero estaba teniendo problemas con mi padre, estábamos teniendo ciertos problemas que realmente me tenían muy angustiado. Muy, y este, entonces era una combinación de vida complicada pero al mismo tiempo exitosa con oscuridad. Para mí fue muy impactante, fue muy impactante en ese momento que me diagnosticaran cáncer. En esa época, para muchos de los que escuchan aquí, nos no comprende que no existía Google ni internet ni nada por el estilo. Uno lo que iba es al Manual Merck o cosas por el estilo a ver qué es lo que, qué información encontraba, y lo que te decían los médicos. Eso era todo, y lo que te contaba la gente. Era un cáncer de tiroides, carcinoma papilar. Logré averiguar dentro del impacto que me dio esa situación era que era un cáncer con un diagnóstico bastante bueno, 95%, de supervivencia. Pero bueno, seguía siendo cáncer y te compraste unos números en los cuales tu vida llegaba hasta ese momento. Entonces eso creó mucha incertidumbre. Este, navegué, hubo una operación, hubo un tratamiento de yodo radiactivo. Para mí, una de las cosas más duras fue que ustedes pequeñas, yo no podía abrazarlas por un mes, y eso era muy difícil, sobre todo en Daniela, que era muy pequeña. Que no entendía por qué su papá no podía abrazarla, porque yo había tomado yo radiactivo y estaba emitiendo radiación. Eso parece mentira, pero es una de las cosas que más me perturban de esa época, o sea, que tus hijos pequeños tratar de hacerles entender que tú no puedas. Yo soy un padre bastante cariñoso, para mí me gusta mucho abrazar, tocar, besar y cargar. Siempre ha sido así. Entonces, para mí esa parte fue bastante dura, bastante dura. Se manejó más o menos rápido. Me mudé para EE.UU. en ese momento, justamente terminando la operación, a vivir en EE.UU., a tratar de rehacer mi vida, porque esa oscuridad que tenía, este, y ese pequeño sacudón que hubo en ese momento no fue tan dramático. El pequeño, porque te repito, estaba joven, estaba saludable, el diagnóstico era muy bueno, se tomó a tiempo tiempo. Pero bueno, al final me quitaron la tiroides y tenía que tomar la tiroxina de por vida, y la he tenido que tomar toda la vida sin ninguna otra consecuencia. Este, pero sí decidí que había que arreglar mi vida, y de hecho salvé mi matrimonio. O sea, sí debo decir que mi matrimonio se salvó, una combinación de irme a otro país más el el golpe que me dio el cáncer. Esas dos cosas me hicieron recomponer una cantidad de cositas que sí funcionaron, sí funcionaron después, ¿no? Pero sí fue un impacto muy grande en ese momento. Indudablemente que te digan a los 36, 37 años que tienes cáncer suena muy feo.
Y en esta vez acabas de decir que querías rehacer tu vida, ¿no? Que hubo un sacudón. ¿Qué fue lo que sacudió? ¿Qué fue lo que fue sacudido?
Bueno, lo primero, lo primero que vi fue que yo me había distanciado un poco de tu mamá. Este, había tenido malos comportamientos de parte mía, fundamentalmente de parte mía. Este, estaba teniendo problemas con mi padre y entonces decidí que me alejé de él. Este, me separé un montón de cosas. Y yo tenía que rehacer mi vida. Para mí era fundamental recuperar mi matrimonio. Esa era la fase número 1, recuperar mi matrimonio, porque yo me casé convencido de que tu mamá era la mujer de toda mi vida, pero creo que no me equivoqué. Y quería reconstruir, estaba bien golpeado, estaba bien golpeado, y pienso que eso fue Fundamental, fundamental.
O sea, que visto desde afuera tenías como quizás el éxito que todo el mundo sueña, ¿no? O sea, reconocimiento, validación, seguridad financiera, una familia. Sin embargo, suena a que había algo en cuanto a las relaciones, ¿no? La relación con tu pareja, la relación con tu padre. Entonces, ¿qué fue más o menos lo que encontraste en cuanto a las relaciones? ¿Qué sientes que había? ¿Que no podías ser tú mismo? ¿Que no habían conexiones íntimas o vulnerables? ¿O algo, había algo de rechazo, de resentimiento? ¿Qué sientes que pudo haber sido sacudido específicamente dentro de esas relaciones?
Mira, lo primero es que yo, eso que tocaba describir de una Éxito total. O sea, tú me veías desde afuera y tú decías: wow, ¿qué más puede lograr? Eso, lo primero que hizo fue olvidarme de mi esposa. O sea, yo me acuerdo que mamá me decía: yo siento que tú estás conmigo pero no estás. O sea, yo tengo una esposa bonita, hermosa, inteligente, culta, profesional, o sea, y la exhibía, pero está bien. 'Y apártate porque ya no te necesito.' Ya no, o sea, había una soberbia. Ahora que lo mencionas, había soberbia. O sea, había logrado casi todo lo que una persona podía pensar lograr a los 30 y medio años, 35, 36. Había logrado todo, y esa soberbia empezó a deteriorar y a dañar a las personas que que yo más quería, no. E indudablemente, inclusive yo decidí irme para Estados Unidos, y cuando ya me iba, después de enfermedad, mi padre se me acercó y me dice: Daniel, por favor, no te vayas. Y a esta retrospectiva, yo no debí haberme ido, pero si no me hubiera ido, no hubiera nacido tu última hermanita, entonces la vida hubiera sido diferente. Entonces uno no puede decirlo, no, si hubiera hecho tal cosa. No, no, no, no, las cosas pasan porque tienen que pasar, no. Pero si tú yo pudiera de repente rectificar algo en ese momento, quizás no me hubiera ido. Porque era más como, porque estaba huyendo, estaba huyendo. Había una parte de huir, de huir de lo, del éxito que destruía relaciones. Me había alejado de mis amigos, me había alejado de mi esposa. Me había alejado de ella. Ustedes no notaban mucho el alejamiento, pero yo no iba ni a los actos de ustedes en los colegios y cosas por el estilo. O sea, estaba demasiado ocupado, demasiado ocupado con mi éxito y mi reconocimiento y mis cosas por el estilo. Entonces eso no estaba funcionando bien. La relación con mi hermano, único hermano, también se sintió un poco. O sea, hubo alejamiento de todo eso y fue como un poco huir, un poco trayéndome a lo más cercano que eran ustedes. Mi esposa a otro país, empezar de cero. Y ahí tuvimos 5 años.
Fíjate qué interesante cuando dices el éxito destruye relaciones, ¿no? Entonces, ¿cómo catalogas tú lo que es éxito? ¿Era para ti éxito esta búsqueda de validación? ¿Era para ti éxito, o sea, qué es lo que estás denominando que destruía las relaciones? ¿O era el sentirte ocupado, o era por lo menos cuando dijiste la frase que tu pareja te dijo, estás conmigo pero no estás. ¿Qué significa eso? ¿Estabas más como en tu cabeza o sientes que estabas más como rechazando relaciones de las cuales no veías algún tipo de beneficio instantáneo?
Mira, era, era de nuevo, vuelvo a repetir la misma palabra. Soberbia. O sea, yo me sentía que yo había logrado, te repito, era una posición económica bastante sólida, tenía un reconocimiento profesional en el campo, tenía un reconocimiento universitario, era profesor universitario muy reconocido, tenía, este, tenía mucha admiración, admiración, había mucha admiración de muchas mujeres aparte que daban vueltas, y eso creaba problemas también. Evidentemente, esa admiración. Entonces, ese sentirse admirado me alejó indudablemente de lo que era importante, de lo que era importante, y causó daño, lo cual tardó mucho en recuperarse y fue muy duro. No piensen que la recuperación de la relación con tu mamá no fue un par de meses, yo creo que una década completa reconstruyendo lo que yo arruiné en un momento determinado. Pero sí, eso sí, me lo fijé, la voy a recuperar, voy a sufrir todas las consecuencias de mi comportamiento. Y bueno, inclusive hablé con ustedes cosas delicadas siendo muy chiquitas, no sé si tú recuerdas las cosas delicadas que hablé de los errores monstruosos que cometí y los cuentos que les eché. Me criticaban de que eran muy pequeñas para entenderlo. Yo pensaba que sí podían entenderlo, pero no fue fácil. Y sí, indudablemente el detonante fue el cáncer. El cáncer fue el detonante de que ya, y ¿qué hago? Estoy enfermo de cáncer, me puedo morir, y ¿qué haces con todo el éxito y todas las cosas que tú dices que habías logrado? Siendo lo más importante las relaciones con tu gente. Yo siempre he dicho que a esta altura, por supuesto, en aquella época no estaba tan claro, a esta altura para mí es súper claro que lo más importante es la relación con tu gente. Cuando hablo de tu gente, es tu familia cercana, tus amigos cercanos, lo que tú llamas tu tribu.
Sí, sí, yo definitivamente incluso relaciones lo abro más, ¿no? Porque no todo el mundo tiene una familia que sea respetuosa o que sea un espacio saludable donde crecer. Entonces, para mí, tribu viene siendo combinación de todo. Incluso siento que también nos hemos alejado de los ciclos de la naturaleza, o hasta de libros, podcast, cosas que podamos consumir entre comillas, pero que realmente nos nutran, ¿no? Para de vuelta seguir nutriendo Todo tipo de relación, empezando por la de uno mismo. Y ahí se me viene un poco una pregunta, hablando de uno mismo. Si toda tu, o la mayor parte de tu identidad, estaba basada en esta idea que tenías de éxito, ¿no? Y de esta validación, y de todos estos logros, y de esta admiración por otras personas, cuando se derrumba todo eso, ¿qué pasó con tu identidad? ¿Qué pasó con tu con toda la energía que ponías en eso? ¿Qué fue lo que sentiste? ¿Qué ocurrió? ¿Hubo como algún derrumbe?
Sí, definitivamente. Este, por primera vez en muchísimos años lloré. Para mí era, también debo agregar, parte de ese perder el rumbo en la vida. Y yo tenía, venía de un primer matrimonio, estuve casado bastantes años, me casé muy jovencito, este, y mi primera esposa, que no tuvimos hijos, era una persona con serios problemas de depresión, de etiquetas, de etiquetas, tenía una cantidad de problemas. Y yo, para poder sobrevivir en una relación que la consideraba muy tóxica, era Ignorar. Entonces, inclusive cuando tu mamá empezó a quejarse y las personas empezaron a quejarse, seguía con el mhm, mhm, que fue un mecanismo de defensa. Pues evidentemente había un mecanismo de defensa de mhm, mhm. O sea, cuando tú hablas de mi primera esposa, entre el noviazgo y el matrimonio yo estuve 14 años con ella. Bastante práctica del mhm. De ignorarla y decir, ah, entonces eso es muy— Primero hay que salir de las relaciones tóxicas, indudablemente, o resolverlas o ayudar, pero no, no estás ni ayudando ni saliendo, estás ahí metido en una relación tóxica complicada. Entonces, pero sí, sí, ahí empecé a entender los verdaderos valores. Empecé, o sea, sí, sí me ayudó, sin haber todavía, sin haber todavía, porque eso lleva tiempo, haber madurado lo que hay que madurar. Porque hay cosas que no se pueden acelerar. Indudablemente, un cáncer, una enfermedad grave, ese tipo de cosas te dan un empujón de madurez. Si lo sabes manejar, te dan un empujón de Manuel, pero faltaban los años.
Te acelera el proceso.
Te acelera el proceso, te da un empujón. Siento que me dio un buen empujón y un buen sacudón, que era lo importante. Un buen sacudón.
Ahora, con esto que me estás diciendo, este colapso de identidad, con permitirte llorar después de muchísimos años cuestionar todas tus relaciones e incluso la forma en que te relacionabas con las personas con las que querías ser más íntimo. Suena a que es un proceso que requiere muchísima confianza, muchísima disposición, muchísima fe, quizás un toque de desespero, ¿verdad? Como dices tú, el cáncer tomó muchas decisiones por ti, ¿no? En el sentido de que a veces vivimos estas experiencias muy dolorosas, muy adversas, que nos empujan a tomar decisiones que de lo contrario quizás no tomaríamos, no dejaríamos las cosas así como están. Entonces aquí me trae a mi otra pregunta, pues vincular un poco es que si en esa incertidumbre de relacionarte con tu pareja de forma en la cual nunca habías hecho, de mudarte de país, de dejar que tu identidad se derrumbara ¿Cómo lidiaste con esa incertidumbre? Y es que hubo algún componente de confianza, de fe, de brincar hacia el vacío.
Bueno, no fue tan brincar hacia el vacío. Tenía recursos económicos, evidentemente, no es tan al vacío. En EE.UU. no me fui a inventar a ver qué ocurría allá. O sea, tenía unos amigos que me propusieron manejar un negocio. O sea, llegué manejando siendo el gerente general de una empresa de exportación. No fue tan saltar en el vacío tampoco. Sí, evidentemente, sí hay un— y lo que lo hemos vivido particularmente los venezolanos, estamos en esa situación. Hay una cosa que es muy, muy dura, que es la inmigración. La inmigración es difícil, difícil, difícil. Perder tus amigos, tus raíces, tu reconocimiento, todo eso. O sea, empezar de cero era difícil y había esa incertidumbre. La incertidumbre era, pero no me sentía tan, tan saltando en el vacío, pero sí que estaba dándole un sacudón a mi vida, ¿no? Pero sí tuve fe en mí. En mí, en tu mamá, este, y bueno, en Diosito también. De vez en cuando, no soy, no soy muy religioso, tú sabes que no soy muy religioso, pero sí, sí me acuerdo de él con bastante frecuencia.
Ok, ok. Ahora brincamos a la segunda vez, ¿no?, que te diagnostican cáncer. Y quizás se presenta un poco ese, voy a especular, tú me dirás cómo lo experimentaste, pero ese sacudón de nuevo, ¿no? O esa incertidumbre de nuevo. Y ahora una incertidumbre también acerca de vivir, ¿no? De si voy a poder sobrevivir este cáncer o crecer de este cáncer o pasar este año, ¿no? Entonces Esta fe de la cual estás hablando, ¿tuvo algún lugar también en esta segunda oportunidad donde fuiste diagnosticado con cáncer? Y nos puedes contar un poquito cómo fue ese proceso.
No, en esta sí fue la segunda vez y fue bastante más rudo. La segunda vez me diagnosticaron hace 4 años un cáncer de próstata. Los que saben de medicina, era un Gleason 9. La supervivencia de un Gleason 9 por debajo del 50%, o sea, un cáncer del más agresivo que existe. Estaba diagnosticado bastante a tiempo, como yo me cuidaba y me he cuidado bastante toda mi vida. Fue diagnosticado más o menos a tiempo, pero con el peor de los escenarios, el peor de los cáncer de ese tipo que existen en ese momento. Y por supuesto, ahora tenemos a San Google, en el cual inmediatamente uno empezó a buscar y descubrí que Oh, este, ahora como que si no tengo un 95% de probabilidad. Además, no tenía ni la edad, tenía 30 y pico años cortos, hablando de prácticamente 60 años, y un cáncer muy agresivo con muy mal pronóstico. En ese momento sí, sí me enfrenté a la real posibilidad de que hasta aquí llegué. O sea, sí lo sentí. La primera vez no fue tan claro, me asusté, pero no fue. Pero esta vez sí llegué a la conclusión de que hasta aquí llegué.
¿Y dónde sentiste eso? ¿Cómo se siente?
Bueno, para mí fue más cuando me dieron el— yo estaba teniendo problemas urinarios, etcétera, etcétera. Me dieron un antígeno que se voló, siempre estuvo alto, dio muy alto. Y entonces me dijeron: mira, tú tienes que hacerse, no se ve nada en la en la eco no se ve nada, en la radiografía no se ve nada, absolutamente ninguna parte. Hay que hacerse una biopsia. Entonces me hicieron una biopsia. El doctor me dijo: mira, no creo, porque se vería algo, o al tacto, o al eco. Y fueron dos médicos los que me revisaron. Pero bueno, vamos a cumplir con el protocolo. Me olvidé del tema, estaba dando un curso en México, en el medio de una capacitación Un día sábado me llama el médico, en este caso fue de Venezuela, y dice: Daniel, tienes un cáncer muy agresivo y te necesito que te vengas lo antes posible. Colgó el teléfono y yo temblando las piernas, se me acerca la persona que está organizando el curso, me dice: Daniel, ¿qué pasó? Pasó esto, esto. No puede ser, ¿y qué hacemos con el curso? Sigue.
¿Cómo?
Sigue. Y eso, y ese es el secreto sobre todo esta segunda vez. Y voy a contar varias anécdotas de, y sigue, porque las cosas fueron poniéndose duras, y sigue el curso. Y mira, las piernas me temblaban, y porque te digan un cáncer muy agresivo, este, ya saben lo que te estás diciendo. Entonces terminé mi cáncer, mi Mi curso, los 2 días. Al día siguiente, la persona que estaba organizando el curso le contó a los presentes, me aplaudieron. Bueno, ahí se dio cuenta, y hubo mucho sentimiento, mucha gente me abrazó. La primera muestra de de solidaridad de gente que no me conocía, me estaban conociendo en ese momento. Ahí empezó la investigación. Resumiéndolo muy rápido, tuve que operarme una cirugía radical de extracción de próstata bien agresiva, con una recuperación muy dura. Hubo que hacerme después, posteriormente, hubo que hacerme radioterapia 35 radioterapias. Hubo que hacer una supresión hormonal de todo lo que era testosterona durante 2 años, los cuales realmente me hicieron sentir muy mal. O sea, esto durante un tratamiento de 2 años total. Y yo, de las, de la radioterapia, o sea, yo estaba dictando un curso y yo me iba de la red del curso a darme una radioterapia. De la operación de de próstata, que fue bien severa, con 15 días con una sonda. A los 30 días me monté un avión a Ecuador a dictar una capacitación. Recuerdo que lo primero que me dijo el médico, me dijo: la mitad de la recuperación está aquí. No puedes sentarte a ver si me salvo y a suplicar salvar, tú tienes que seguir haciendo lo más cercano a tu vida posible y con entusiasmo y fe. Pero después descubrí, a lo largo de lo que me enseñó esta segunda oportunidad, que lo importante no era sobrevivir. Y lo dije, lo dije en una— no sé si puedo contarlo sin llorar.
Deja que fluya. Si lloras, deja que fluya.
Pero fue difícil todo el recorrido, pero yo había cambiado. Yo era una persona mucho más espiritual, mucho más confiada en el plan, en que las cosas ocurren y ocurrirá lo que tiene que ocurrir. Y sí tuve la certeza de que lo importante no era sobrevivir, sino cómo enfrentaba la enfermedad. El cómo, y ese cómo incluía perdonar, incluía acercarse a tu gente, tener confianza. Cuando uno viene, y yo siempre aprendí y reforcé, que uno no le pide a Dios para que lo complazcan a uno. Porque Dios no tiene un plan un poco más complicado que complacer a las personas. Uno le pide a Dios de que en el plan de él las cosas no sean tan duras para uno. Llegó un momento, lo que más temía era dejar a tu mamá sola. Para mí, fíjate que más que el miedo a morirme, que por supuesto que da miedo, porque el que me diga no, yo tengo la absoluta fe, yo sé, cada cual tiene su nivel de confianza en en el afterlife. Algunos tendrán más confianza, otros menos, pero todos nos da miedo. El sacerdote más de que tiene toda su vida ahí, cuando está en ese momento, aquí lo tiene enfrente, da miedo. A ese le da miedo, al Papa le da miedo. A todos nos da diferentes niveles de miedo e incertidumbre, pero yo siento que hay que tener confianza. Confianza en el plan. Y ese recorrido sea con un final, vamos a decir, un happy end entre paréntesis, porque el happy end al final, si no, vamos a morir. No hay nada que discutir. Este, que tuve, me pude recuperar de un cáncer muy difícil, con muy mal pronóstico. Este, sí pienso que Que lo enfrenté diferente, lo enfrenté diferente, y siento que además logré algo que para mí era fundamental en el proceso. Yo, hay una persona, yo nunca he tenido rencor por nadie, por nadie, excepto una persona. Hay una persona que yo sentí, mi interpretación, nos hizo mucho daño. Familia mía, una prima mía, hizo mucho daño a la familia, en mi opinión, mi opinión. Y yo tenía un fuerte resentimiento, fuerte resentimiento. Y yo, más tiempo después, en el medio del proceso, dije: Diosito, yo en este momento quiero rezar hoy por mi prima, quiero pedir que ella esté bien, porque después me había enterado por referencia que estaba sufriendo teniendo el lupus, no estaba bien de salud, y una persona mucho más joven que yo. Este, y yo quiero, yo quiero realmente que tú entiendas y tú ves mi corazón, de que no hay resentimiento ninguno. Y eso lo aprendí de este proceso, de este proceso de que, repito, fue duro, pero estaba mejor preparado, ¿no? Fue muy duro no solamente porque la enfermedad fue muy, mucho más severa y mucho más grave, sino que económicamente estaba en la ruina, literal, literalmente no tenía cómo pagar un tratamiento. Y el seguro que tenía, seguro, el seguro que tenía, tenía la excepción, siempre tenía el antígeno alto, tenía la excepción de próstata. Y recuerdo que tenía una tarjeta de crédito con el cual me metí como garantía la primera operación, porque si tengo 10.000 dólares La metí como garantía, la tarjeta pasó. Dije yo, vamos a ver después cómo pago esa tarjeta, porque una American Express que hay que pagar el mes siguiente, pero ¿de dónde sale el dinero? Y recuerdo que un amigo muy cercano aquí se me acercó en la operación y me dice, Daniel, este, pague la cuenta y después algún día veremos. Ahí empieza el impacto. La segunda vez, cuando me dicen tienes que hacer radioterapia, No sé, tendré que irme a un hospital. Me dice el médico: te voy a mandar para el hospital público de Panamá, el anticáncer oncológico de Panamá público. Cuando yo entré y vi ahí 200, 300 personas en la consulta, dije: me voy a morir. Y el tratamiento fue extraordinario. Las personas tienen una convicción increíble y todo funcionó, funcionó. Las cosas fueron fluyendo, pero ojo, fueron fluyendo Y el resultado fue bueno. Pero si no hubieran fluido así, si al final hubiera llegado a un hospital donde no hubieran podido atenderme, y al final la enfermedad hubiera progresado, y lo importante era cómo lo manejé, o sea, el acercarme, el tener confianza en el resultado final independiente del resultado. De ahí, en eso consiste la confianza. La confianza no es: Diosito, sálvame. Y después, si la persona, o salva a mi familiar, y si la persona no se salva, entonces uno se encabrona con Dios porque no lo complació. Eso no es confiar y eso es soberbia.
Habías tenido muchísima experiencia con esa soberbia.
Yo estaba dispuesto a morirme, y lo que le dije a Diosito, Diosito, no me disgustaría si me das unos años más con mis hijas y nietos, de verdad, si está dentro de tu, así lo pedí yo. Si está dentro de tu plan. Eso sí, si es hora de irme, sí me gustaría que no fuera algo largo y doloroso y destructivo. Si es largo, doloroso y destructivo, o sea, que lo asimilemos de la mejor manera. No puedes— en eso consiste la fe, en eso consiste la fe, y de que va a ocurrir lo que tiene tiene que ocurrir. Y uno tiene, y uno tiene que aprovechar esas cosas tan horribles para aprender, de aprender a acercarse a la gente que uno quiere. Y es fundamental. Y ese fue mi mensaje cuando terminé la última radioterapia. Cuando uno hace la última radioterapia, hay una campana en ese momento. En una sala, para darle una idea del volumen que maneja esta gente, ellos hacen 200 radioterapias al día. Hay 3 máquinas que trabajan 12 horas sin parar con 4, 3 turnos de especialistas, y las máquinas de última generación, o sea, el volumen. Entonces tú estás en una sala de espera donde habemos 10, 15, 20 personas que estamos, como algunos más adelantados, otros más, que estamos compartiendo radioterapia. Unos tú los ves muy malitos, o otros los ves mejorcitos, etcétera. Y uno sabe que ha de haber mucha gente. Entonces, cuando uno termina la radioterapia, le sugieren a uno que uno suene una campanita y dé un testimonio. Y la gente trae regalitos a las personas, cotillones, a los que están ahí.
¡Ay, qué hermoso!
La gente muy pobre, que el cotillón es una cartita escrita a mano y un caramelito. Hay gente que te trae una frutica, te trae un bomboncito y cosas por el estilo, ¿no? Entonces recuerdo que la gente decía, no, tenga siempre, cuando sonaba la campana, tengan fe, esto va hacia adelante, la fortaleza, Dios lo va a escuchar, tengan fe. Entonces mi mensaje fue que yo sé que muchas personas quedaron así, aquí la fe consiste, le dije yo, cuando digo, hermano, en no, no si nos salvamos o no, si nos salvamos mejor. Pero si no sabemos, lo importante es el trayecto, cómo lo manejaste, cómo si te acercaste a Dios, si confías en el resultado que él te dé, o Dios, el universo, lo que ustedes quieran creer, este, que el resultado es el que tiene que ser. O sea, aquí no, esto no, nosotros no somos un experimento abandonado, como dijo Nietzsche, no somos un experimento abandonado. Aquí está ocurriendo algo que no entendemos. Evidentemente no entendemos qué es lo que está ocurriendo, no entendemos qué es la vida, no entendemos lo que es el universo, pero hay un plan. De eso sí se los puedo asegurar como pseudocientífico, que soy ingeniero toda la vida y siempre he sido investigador. Aquí hay un plan, hay un plan muy, muy definido. Que no entendamos el plan no significa que no exista. Que no entendamos el plan no significa que desconfiemos.
¡Qué divino eso! Esa frase que dijiste, que no entendamos no significa que no exista, me parece tan un resumen divino de lo que significa confiar. Incluso cuando nos estás dando estos 3 puntos que trabajaste en el cómo navegaste ese nivel de incertidumbre y la posibilidad de muerte, el uno perdonar, ¿no? Entonces me parece que definitivamente hace ese viaje muchísimo más ligero. Y ese rencor, ese resentimiento que yo— hay una frase que he leído múltiples veces, ya ni siquiera recuerdo de dónde viene, pero que es: resentimiento, rencor, es como esperar que el otro se muera tomándose uno el veneno, ¿no? Entonces solamente nos va haciendo daño a nosotros mismos y nos va alejando de la posibilidad de experimentar esa confianza de la cual hablas, ¿no? Porque con rencor y resentimiento en nuestro corazón se hace muy difícil poder creer que existe un universo o una energía que está fundamentada en amor, ¿no? Se hace mucho más fácil la historia egocéntrica, ¿no? De sálvese quien pueda, de todo esto es un plan malévolo. Y por supuesto, yo siempre digo No vas a averiguar cuál es la verdad acá porque nuestra mente no tiene la habilidad de poder entender, y eso está bien. Pero la realidad es que sí nos contamos historias, narrativas mentales. La mente las necesita y la mente las crea con o sin tu permiso. Y la verdadera pregunta es: ¿es que la narrativa mental que tienes te funciona? ¿Sí? ¿Te sirve? Eso es todo lo que importa, ¿no? Esa tratar de dominar, de buscar quién tiene la razón, es absolutamente ridícula y solamente parte del ego tratando de buscar certeza Porque siente que con certeza se siente seguro. Pero en esta descripción que nos has dado de seguridad, no, del segundo paso que es acercarse a tu gente, no, yo incluso añadiría que esa gente está todo lo que es esa tribu, no, esas prácticas, esos rezos, esos mantras, estas oraciones que tú estás diciendo: abro mi pecho, haz a él nuevamente, el primer paso, el perdón. Y este tercer componente de confianza y fe, siempre entender que no tiene que ver con este obsesionarnos con el objetivo, obsesionarnos con la forma o la manifestación específica que pensamos, sino la intención de fondo. La intención de fondo es ese co-crear, ¿no? Tú también fuiste activo en cuál es tu rol. Ok, voy a ir a radioterapia, ok, voy a trabajar esta parte de perdón.
Recuerdo que también te viste con Gabriel Poco, y la amo, la amo, la amo, me cambió mi vida. Es más, esta es otra parte que puedo decir, me cambió mi vida.
La nutrición, que fue una parte también esencial de ese proceso, y por supuesto esa calidez, no, encontrarte rodeado de personas que también pudiesen ayudar, sostenerte. Y me lleva a una pregunta que es, ¿cómo podemos los que estamos acompañando a personas en procesos, en este caso de cáncer, pero también lo pueden extrapolar a a otras enfermedades u otros procesos muy difíciles, ¿cómo podemos acompañar de una forma que la persona realmente no sienta ahí y a la misma vez no agobiemos o empeoremos más esa situación de incertidumbre?
Mira, ahí sí, ahí voy, me voy a la parte primera, me voy también al caso de mi padre, ¿no? De tu abuelo, este, en el cual cuando le diagnosticaron un cáncer Tenía cáncer en todas partes. Llegó, se sentía muy mal, se sintió mal físicamente, lo llevaron a una emergencia y cuando llegó le dijeron: tiene cáncer en los huesos, en el hígado, en el riñón, en los pulmones. Y entonces me dijeron: dura de 3 a 6 meses, no hay manera, no hay ningún tratamiento, solamente tratamiento paliativo. Este, en ese momento salí corriendo. Y hablé con mi diosito y le dije: Diosito, yo la verdad que en este momento lo que te quiero pedir es que no sufra, que mi viejo no sufra. Y nos acercamos mucho a él, tuvimos, mi hermano estaba bastante, tu tío estaba bastante distanciado de él, yo estaba ligeramente distanciado, estaba en el medio la persona que mencionamos que no perdonaba. Y nosotros íbamos todos los días a verlo, hacerle cariño, a que sintiera que nosotros estábamos ahí. Y duró 15 días. En 15 días se fue, se apagó, o sea, listo, sin sufrimiento ni nada por el estilo. Estuvo en el plan de que no fuera algo doloroso y destructivo, tanto para él como para nosotros. Sí, para las personas que tienen una persona enferma de cáncer, lo primero que tienen que hacer es estar cerca, estar cerca. La mayoría de la gente a veces trata de no estar cerca porque a la gente no le gusta el dolor. Yo entiendo esa situación. Entonces empezamos a buscar excusas de, bueno, que no me da tiempo visitarlo, no me da tiempo hablarle. No es que, no es que tienes que estar todo el tiempo ahí, porque la persona tiene que hacerle sentir que tú estás ahí y que lo compartes con él. Y compartir recuerdos bonitos, este, reforzarle que siga luchando hasta donde se pueda. Y si el resultado es la supervivencia, chévere. Si no, también es lo que tiene que ocurrir. Pero sí necesitamos acercarnos, acercarnos. Hay que salir corriendo a perdonar y borrar todas las cosas malas. Recuerdo que mi papá, en esos 15 días que tuvo, 3 semanas, 3 semanas en total, él tenía el mejor amigo de su vida, mi padrino. Ellos se amaban, ellos se pelearon y se disgustaron. Tenían 30 años que no se hablaban y él se apareció en el hospital. Se apareció en el hospital. Mi mamá, tu abuela, que estaba separada de él desde hacía 5 años, me apareció en el hospital. Todo el mundo perdonándolo, todo el mundo diciendo, o sea, la gente lo que necesita en ese momento es afecto. No necesitan consejo, no necesitan guía espiritual. Lo que necesitan es afecto, y eso es lo que hay que buscar: afecto de amigos, afecto de familia, este, afecto y perdones. Más nada. No le ponga: no, te voy a dar un consejo, es que tú tienes que tener fe en que Dios— no, no, no, usted no va a dar consejo a nadie. No le dé consejo a nadie. Me dice: no es el momento para dar consejos, es el momento para dar afecto. Ahí está el secreto.
Gracias, gracias por decirnos esto. Creo que nos orienta muchísimo más, ¿no? Ahora, yo, para también respetar tu tiempo, solamente tengo un par de preguntitas más, ¿no? Es que quiero hacerla. Estás hablando de miedo, ¿no? Muchísimas partes hablado de miedo, miedo, miedo, incertidumbre, fe, confianza. Pero, ¿qué hiciste como tal, prácticas que la gente se pueda llevar en ese momento? Entonces has hablado de rezos, ¿hay otra cosa más que hayas hecho?
Sí, voy a hablar de dos cosas importantes. Una, tú me ayudaste. Tú viniste, me dijiste, papá, Respira. Y cuando vuelve a respirar, respira, medita. Eso te va a aflojar, como dice tú, aflojarme la mandíbula. Todo va a estar bien. O sea, eso es fundamental. Ahí es fundamental ese consejo que me diste y me ayudó muchísimo, porque evidentemente la primera noche ni dormía. Al imaginar un diagnóstico de cáncer con muy mal diagnóstico, muy mal pronóstico, este, al principio no dormía. Y tú me decías, yo decía, mira, que no me cuesta, no puedo ni dormir. Entonces empezaba, me acuerdo que empezaba a respirar y respirar y concentrarme. ¿Cómo haces tú? Así empezaba, me quedaba dormido, pues estaba tan cansado, por supuesto estaba agotado. Lo otro la parte de la alimentación. Wow, alimentación. Ahí la Gaby me dijo, me dijo, y es un diagnóstico absolutamente válido, me dice que mi reincidencia de cáncer probablemente tenía componentes alimentarios. Y cuando me hizo la evaluación correspondiente, dijo, oh my God, esa fue la palabra, de las cosas que me estaban produciendo inflamación y tal. Y me las quitó. Y no es que eso que me quitó me quitó la probabilidad de que apareciera el cáncer o que me curara, lo cual por supuesto ayudó, sino que mi vida cambió. O sea, dejé de tener dolores de cabeza que me parecían normales, dejé de tener una ubicación en el cuerpo que me parecían normales, dejé de tener gastritis que me parecía normal. A mí me parecían todos los achaques que a mí me parecían normales, propios de la edad, desaparecieron. Yo, wow, me aumentó la energía, me aumentó una cantidad de cosas. Relajación, respiración, guía espiritual, si en un momento determinado, y para eso están ustedes ahí, una guía espiritual, y alimentación, alimentación correcta. Eso va a ayudar, ojo, va a ayudar al proceso, no al resultado. Cuidado con eso. Yo no estoy diciendo en un momento, mire, si ustedes vienen, respiran, ustedes meditan, ustedes perdonan y ustedes se alimentan bien, ustedes se van a curar. no, así no es así, no es de fácil, no es sencillo. Aumentan sus probabilidades, pero lo más importante es que si no es así, aumentan las probabilidades de que el proceso sea más fluido. El de la muerte.
Yo creo que esa palabra, el proceso, es una que es importantísimo que tengamos también en la parte pues que yo enseño al componente espiritual, entrenamiento de mente, el trabajo de ego y sombras, muchísimas personas abandonan un poco lo que es el proceso. Y entonces nos metemos en: cuando llegue a tal lugar, estaré libre de ego, estaré sanada, estaré tal cosa. Y nos metemos en los mismos bucles. Y es como que ese no es, ese no es la vida. Te estás confundiendo con las fantasías de tu cabeza. Esto es lo que tienes. No hay ningún tipo de ser certeza, ¿no? De lo que vaya a ocurrir, pero lo que podemos hacer es sembrar ahorita ciertas cosas. Luego no sabemos, hay una cantidad de factores que determinarán si cuando tú siembras una semilla en aquel terreno, tratas de que el terreno esté fértil, pones una buena semilla, pero hay una cantidad de cosas que no dependen de uno, ¿no? Si llueve o no llueve, si el sol sale o no, si viene un terremoto y rompe todo ese terreno, entonces ese proceso de vida. Ahora, una última pregunta, papi, antes de que te vayas, y es: si pudieras decirle algo a tu Daniel chiquito de 5 años, ¿qué sería?
¿De 5 años?
Sí, de 5 años, chiquito, niñito, ¿qué le dirías?
No importante. Yo pienso que a un niño de esa edad no es importante lo que se le diga, sino lo que le transmitas ese sentimiento. Un niño, ¿sabes lo que necesita? Es sentirse querido. Es más, a mí siempre, y tú sabes que siempre he dicho, no, que la gente, no, tú tienes que hacerlo hombre de bien y tiene, o mujer de bien, y tú tienes que darle los principios, los valores. No, uno tiene que enseñarle ciertas cosas para que la gente lo soporte, o sea, para que no sea un niño impertinente quizás, o cosas por el estilo. No, el niño lo que necesita es sentirse querido, más nada. Los consejos están absolutamente así, le da un consejito o le dice alguna cosita, no la visualizo que sea importante. Ningún consejo a un niño de 5 años, no, no, que se sienta querido, querido. Yo creo que con gestos y con palabras y con acciones.
Yo creo que ahí has resumido todo el trabajo de niño y niña interior, es acerca de esos gestos, de esos mensajes que nosotros pensamos que no importan, pero son todo el contenido y todo el mensaje de que eres suficiente y eres querido. Qué hermoso mensaje, de verdad que sí, papi. Y quiero agradecerte muchísimo por tu tiempo, por tu vulnerabilidad, por tu disposición. También a las personas que están aquí con nosotros en vivo y las personas que nos estarán viendo en grabación. De verdad que quisiera que todo el mundo pudiese escuchar esto. Me parece tan importante y tan esencial que abramos espacios seguros para poder hablar de estos temas y, por supuesto, luego llevarlo a nuestras vidas y aplicarlo, que no se quede únicamente en yo una vez escuché una grabación, sino si hay algo que nos podemos llevar de este espacio es que definitivamente este proceso, bien sea de enfermedad de incertidumbre de vida entera requiere de volver a revisar nuestras relaciones, ver desde dónde nos estamos conectando con otras personas y con nosotros mismos. Y por supuesto que nazca desde ese yo ya soy querida, yo ya soy querido, yo ya soy suficiente. Y desde ahí podremos, podemos tomar decisiones sabias que por supuesto toman en consideración el mundo terrenal y las cosas que queremos o necesitamos hacer, Pero que también toma en consideración que incertidumbre e impermanencia son leyes, leyes que no vamos a poder refutar acerca de esta condición humana. Así que, papi, muchísimas gracias, muchísimas gracias.
Nada, nada, Luisito. Gracias, Mariana, y gracias, Liana. Taí, que estuvo también por ahí.
Quiero agradecer que hayas escuchado este espacio. Si quieres apoyar mi trabajo, que sepas que tengo un Patreon, es decir, un espacio donde hay membresías y tienes acceso a mi podcast privado. De hecho, esta era originalmente una entrevista privada para mi Patreon y decidí darle otro regalito a mi Patreon porque necesitaba poder compartir con esto, compartir esto de forma pública. Publicar. Sin embargo, si quieres apoyarme en mi Patreon, vas a poder conseguir no solamente apoyar mi trabajo, sino también un podcast divino con muchísimo contenido de calidad. Además, si te ha llamado la atención lo que es el trabajo del ego y cómo poder navegar incertidumbre de una forma donde vemos cuáles son los bucles en los cuales nos metemos por qué control, perfeccionismo y rechazar nuestras emociones parece controlar nuestras decisiones. Y si sientes que estás creando tu propio sufrimiento de una u otra manera y quieres cuestionar tu relación con el miedo, entonces mi acompañamiento Buscando los Ojos Jodidos ocurre en septiembre. Es un acompañamiento bastante intenso, grupal, donde cierras con una sesión privada conmigo Y vamos a poder hacer trabajo kármico secular, vamos a poder aprender lo que es agilidad emocional y poder desarrollar lo que son decisiones sabias para que dejes de vivir tu vida constantemente limitada y repitiendo patrones de trauma o de karma, y poder aprender a sentir miedo, sentir incertidumbre, sentir dudas pero no meterte en el bucle más infinito que existe ahí. Así que gracias y espero verte por ahí.










