In this guided meditation episode, the facilitators lead listeners through a series of breath‑focused exercises, inviting them to settle into a comfortable posture and observe the inhalation‑exhalation cycle. The practice quickly expands from personal bodily awareness to a philosophical framing: the individual is identified with the Earth and the cosmos, emphasizing non‑duality. The speakers critique contemporary consumerist and futurist mindsets, describing society as a "civilization of loans" that borrows from both personal health and planetary resources, creating intergenerational debt. They argue that true well‑being lies in recognizing the sufficiency of the present moment, cultivating joy by resisting the urge to escape into consumption, work overload, or substance use. Drawing on Buddhist teachings, they introduce the two levels of truth – conventional (labels, appearances) and ultimate (deep reality) – and suggest that awakening to both is essential for societal and ecological transformation. The meditation concludes with a heart‑centered gesture, linking care for one's own heart to care for the planet, and invites participants to set an intention for nurturing this inner‑planetary connection. The overall tone is instructional, contemplative, and gently activist, aiming to empower listeners to change their mind as the primary lever for personal and planetary liberation.
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Buenos días.
Estás instalada confortablemente en tu cojín de meditación. Los ojos a lo mejor ya están cerrados. Si escuchas la voz y la música, puedes hacérmelo saber.
Los ojos están cerrados, los hombros relajados, la espalda larga, y te concentras sobre tu respiración. Una inhalación consciente: estoy inhalando.
Una exhalación consciente: Estoy excelente. El observar la respiración, a confirmar cada inhalar, cada exhalar. Exhalar.
Traemos la mente al cuerpo, nos anclamos en el momento presente.
Desde el momento presente, desde el cuerpo. Desde el espacio seguro, que sea solo una parte del cuerpo, una parte del cuerpo que sea confortable, sean las yemas de los dedos, sea el rostro que empieza a iluminarse y sonreír. Hay alguna parte en ti que no sufre. Y observamos con la respiración que somos capaces de observar ese lugar que no sufre también, de mirarlo, de conectar con él. El mundo está en llamas y tendríamos todos los argumentos para no ocuparnos de nosotros mismos, de nosotras mismas, e ir a salvar el mundo. Sin embargo, como hemos visto en los últimos días, eso sería un error.
Porque al ocuparte de ti, al ocuparte de tu cuidado, te ocupas de la Tierra.
Como vimos anoche, eres la Tierra.
Eres la Tierra y el cosmos.
Ese polvo de estrellas es el cosmos. Y una vez que hemos entendido eso, no podemos estar en la dualidad. Consiste en pensar que hay que salvar el planeta para salvar la humanidad, porque uno es el planeta, uno es la Tierra y el cosmos.
No se trata de salvar el planeta para sobrevivir, no es una acción instrumental.
Cuando respiras Y te das cuenta de tu cuerpo y miras profundamente en tu cuerpo.
Te das cuenta de que eres la tierra, que tu conciencia también es la conciencia de la tierra y que puede convertirse en una conciencia liberada.
Y mientras observas ese dolor, ese dolor por ver el mundo en llamas, el planeta destruido, Ese dolor por tus propias cosas. Hay una parte de ti que se sostiene en la tierra.
Hay una parte de ti que hoy no va a ceder al consumo, no va a ceder a la tentación de huir. Y por eso te vas a poder alegrar. En este momento se siente la alegría por verse emancipado, emancipada, consciente, liberada, liberado. Al resistir a la tentación de consumo, De consumir objetos o de consumarse en el trabajo, en una posición que no es respetuosa de lo que uno necesita, en los excesos de las tareas domésticas, en la falta de sueño, en el alcohol para huir y escapar.
Todo lo que hacemos es esa lista larga que hemos hablado, una lista infinita para no estar sintiendo aquí y ahora en el presente. Al resistir o al observar que no está en algún momento esa gana de huir, te alegrarás.
Las ganas de huir es ese empuje al futuro.
Y es lo que la humanidad, las civilizaciones han hecho, sobre todo en el último siglo.
Pensar siempre en el futuro, en adquirir más, en el progreso a toda costa.
Las generaciones actuales, los bebés que están naciendo, están recibiendo un planeta hermoso que está dañado y herido.
Nuestra civilización es una civilización de préstamos.
Siempre que queremos algo que no podemos permitirnos, contamos con nuestro cuerpo y nuestro trabajo en el futuro para pagar la deuda. Pedimos prestado sin saber si alguna vez podremos pagar. De esta manera hemos tomado prestado de nosotros mismos, de nuestra salud y del planeta.
El planeta y las generaciones futuras también somos nosotros, no estamos separados. Muy importante despertar ahora y ver que ya no necesitamos pedir prestado.
Lo que está disponible en el aquí y ahora ya es suficiente para ser felices.
Y ese es el milagro de la atención plena, la concentración, la perspicacia.
Darnos cuenta de que podemos estar contentas, contentos con las condiciones que ya están disponibles. Que no necesitamos esforzarnos más, obtener más.
No necesitamos tomar prestado nada. Y no es algo que podamos hacer individualmente, tenemos que despertar juntos. Vamos a entrar en silencio un momento.
Hay una cosa que tenemos el poder de cambiar.
Hay una sola cosa que tenemos el poder de cambiar. Y que va a hacer toda la diferencia, y esa es nuestra mente. Nuestra mente es el instrumento con el que nos involucramos e interactuamos con el mundo.
La forma de mirar nuestra mente determina las decisiones. Las acciones que tomamos o que evitamos. Determina también cómo nos relacionamos con aquellos o aquellas a quienes amamos o nos oponemos, y también cómo respondemos en una crisis. En el budismo se dice que con nuestra mente creamos el mundo. Nuestras percepciones están condicionadas por el lenguaje y la cultura. Y por la tendencia de la sociedad a poner la realidad en cajas, en categorías, a poner a las personas debajo de etiquetas.
Esas cajas no encajan, esas etiquetas no funcionan.
Esas etiquetas discriminatorias limitan nuestra claridad, nuestras acciones. Para protegernos, para proteger la Tierra que somos nosotros y para evitar que vivamos en armonía con los demás y con el mundo. Puede ser que queramos que el mundo se despierte y actúe, pero ¿qué tipo de despertar sería realmente útil? Con que tenemos que despertarnos. El budismo habla de dos niveles de verdad: el nivel de etiquetas y apariencias, que es la verdad convencional, y el nivel más profundo de la realidad conocido como la verdad última. Si vamos a ayudar a nuestra sociedad y a nuestro planeta, tenemos que despertar a lo que está pasando a ambos, en ambos niveles. A través de la práctica de la meditación, Activamos el poder de cambiar, de cambiar nuestra mente. Con la siguiente inhalación puede llevar las palmas al centro del pecho o colocar la mano izquierda sobre el corazón, la mano derecha sobre la mano izquierda. Empecemos por cuidarnos nuestro corazón. Cambiemos nuestra forma de vernos. Cuidarse para soportar y aguantar no tiene sentido. Cuidar el planeta para poder sobrevivir, tampoco. Cuidar su corazón es cuidar el planeta, es lo mismo. Podemos tomar una inhalación profunda. Exhalar por la boca y observar en este día que inicia cómo vamos a cuidar nuestro corazón. Gracias, nos encontramos en la noche.