75. El cuerpo lo recuerda todo- parte 2. (Serie Estudios del trauma)
4 Aug 2022 · 36 min
En este episodio del podcast Just in Time, la interlocutora B (SPEAKER B) ofrece una exposición profunda del capítulo 1 del libro de Bessel van der Kolk, El redescubrimiento del trauma (originalmente The Body Keeps the Score). El análisis parte de la historia de Tom, un ex‑marine de Vietnam que intenta “fingir” su recuperación, y muestra por qué esa estrategia es imposible para el trauma. Se revisa la escasa literatura de los años 70‑80 sobre el trauma de guerra, destacando los trabajos pioneros de Abram Kardiner (1941) y la posterior creación del diagnóstico de PTSD en 1980. El episodio explora la naturaleza fisiológica del trauma, la vergüenza vinculada al chakra Manipura, la confusión entre amor y terror en casos de abuso sexual infantil y de incesto, y cómo el trauma distorsiona la percepción, la imaginación y la capacidad de establecer relaciones íntimas. Se describen los síntomas típicos (aislamiento, alcoholismo, explosiones de rabia, flashbacks) y la dificultad de los pacientes para transformar sus recuerdos en una historia del pasado. Van der Kolk relata su propia lucha institucional para investigar la biología de la memoria traumática y su descubrimiento de la magnitud del abuso sexual y del incesto, datos que contrastan con la literatura psiquiátrica de la época. Finalmente, se subraya que contar la historia no basta: el cuerpo debe aprender que el peligro ha pasado para lograr una verdadera curación, lo que implica intervenciones que van más allá del discurso verbal. El episodio cierra con una invitación a la audiencia a participar vía Facebook, correo y la app del podcast.
El podcast Just in Time, porque necesitamos salir, mantenernos abiertos al movimiento, a la reflexión, caminar, observar, reflexionar para empezar algo nuevo.
En la primera parte del libro de Bessel van der Kolk que se llama El redescubrimiento del trauma viene el capítulo 1 titulado Lecciones de los veteranos de Vietnam. Y con lo que quisiera empezar es con la frase que muchas veces escuchamos que viene de la cultura estadounidense, fake it until you make it. Es muy atractivo pensar que uno puede pretender, mentir hasta que se logre. Fake it, fake it significa pretender parecer lo que uno no es hasta que sea así. ¿Por qué tomo esta expresión? Porque inicia El capítulo 1, el autor con la historia de un paciente, un paciente llamado Tom en el libro, que es un antiguo marine que había hecho su servicio en Vietnam. Es alguien que sufre cuando Van der Kolk como psiquiatra lo conoce, sufre de alcoholismo, explosiones de rabia y muchas más cosas. Es alguien que ha sufrido en la guerra de Vietnam unos momentos de terror total donde ha visto morir su mejor amigo delante de sus ojos y más, más situaciones terroríficas de ese tipo. Y que trató de dejar atrás su historia en Vietnam, trató de encajar, trató de olvidar, intentó pretender que esto estaba quedando atrás. Y lo que sucede es que justamente eso no es posible, no puede, no se puede pretender. Que lo que uno ha vivido no existió. Es imposible. Eso es lo que muestra esta historia con Tom en el primer capítulo, porque por más que uno pretenda, uno se siente vacío y muerto adentro. Ese es el primer punto. De la dificultad, que concierne a la dificultad de dejar atrás los efectos del trauma, por más voluntad que uno tenga. La dificultad es tan importante que las personas que han sufrido esos traumas a veces se asustan de poder lastimar a su entorno cercano y se aíslan, prefieren aislarse, desaparecer, no estar, simplemente para poder proteger a quienes los rodean de cerca. Fondelcourt, que inicia su práctica en 1978, Y, por supuesto, que se enfrenta a muchísimos casos, se enfrenta o conoce muchísimos casos de veteranos de guerra de Vietnam. Y se pone a buscar qué literatura puede ayudarle a atender mejor estos casos y descubre que muy poco se ha escrito todavía sobre la guerra de Vietnam. 5 años después del final de la guerra, es decir, del último, del día en el cual el último soldado americano, estadounidense, ha dejado Vietnam. El tema del trauma de guerra de Vietnam no ha sido atendido por ningún especialista. Solo encuentra van der Kolk un texto, un libro escrito en 1941 por un psiquiatra llamado Abram Kardiner. Y se trata de un texto que observa a los veteranos de la Primera Guerra Mundial, que ha sido publicado justamente en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, porque fue publicado en 1941 y en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados completamente shockeados por la guerra estaban empezando a hablar. Y Kellner reporta el mismo fenómeno Observa que después de la guerra, después de estar en una guerra, los pacientes son avasallados, tomados por una sensación, una dimensión de futilidad. Es decir, todo es fútil, todo es secundario, todo es superficial. Se retiran en general, tienen un comportamiento de aislamiento. Y no se apegan, no parecen interesados, aunque antes del trauma funcionaban bien. Kardiner en 1941 llama este fenómeno la neurosis traumática. Freud hablaba a finales del siglo XIX de neurosis de guerra, y hoy, por supuesto, estas neurosis traumáticas se llaman PTSD, post-traumatic stress disorder. Uno de los ejes de los aportes del libro de Abraham Karriner es el siguiente: el trauma es un trauma fisiológico. El núcleo de la neurosis de trauma, neurosis traumática, es una fisioneurosis, es decir, El estrés postraumático no está solo en la cabeza, como a veces se supone, solo piensa en otra cosa, sino que modifica la base fisiológica del ser humano. Es importante entender que el contexto no ayuda el contexto social y el contexto emocional. ¿Por qué? Porque a pesar de saber que el trauma es fisiológico, no se sabe mucho acerca del trauma porque, en primer lugar, vivimos en una sociedad donde no queremos saber. Es muy difícil ser testigo del dolor. Dice Van der Kolk que no queremos saber en realidad cuántos niños están siendo abusados, no queremos saber en realidad cuántas parejas se lastiman estando y activando y manifestando la violencia. Sabemos que es un tercio de las parejas que es violenta. No queremos saber que las familias son pseudo funcionales. Queremos creer, nos dice Van der Kolk, que la familia es un lugar seguro y que es un lugar seguro que nos protege de un mundo sin corazón, de un mundo cruel. Entonces preferimos creer que los horrores suceden lejos de nosotros. Eso es un contexto emocional y psicológico y social. Y por lo mismo es muy difícil que alguien que ha sido traumatizado, traumado, pueda hablar de lo que le pasó. Si desde fuera es muy difícil tolerarlo, Desde dentro es mucho más difícil, por supuesto, porque uno lo ha vivido y es más fácil entonces acudir a respuestas y apoyo como las drogas, el alcohol o la mutilación de su cuerpo propio para bloquear el acceso al saber acerca del trauma. Una de las características del trauma es que impide a quien lo ha vivido comprometerse, entrar en relaciones íntimas. Eso es un punto muy importante porque atraviesa todas las situaciones de trauma. Después de haber experimentado algo tan inefable, es decir, que no se puede describir, es muy difícil aprender a confiar en uno mismo o confiar en cualquiera, que sea un trauma que uno, es decir, una situación que vaya, haya sido afectando a otro o haya sido afectando a uno mismo. Puede ser algo que uno ha hecho o algo que le han hecho. De las dos maneras es un trauma. Habla claramente de la situación con este soldado Tom, que Tom ve a su mejor amigo morir delante de sus ojos y después hace venganza, empieza a matar a mucha gente, jóvenes, niños, para responder, reaccionar más bien, a su dolor profundo. Otra dimensión del trauma es la vergüenza. En general, una de las cosas más difíciles para las personas traumadas es enfrentar su vergüenza. Puede ser vergüenza acerca de la manera como se comportaron durante un episodio traumático, o bien puede ser también la vergüenza de haber protegido al abusador. Son dos maneras: cómo uno ha reaccionado y cómo uno ha protegido a su abusador. Y la vergüenza sabemos que en términos de yoga se ubica Es la sombra que se manifiesta cuando el chakra de la acción, Manipura chakra, no está alineado. Sí tiene que ver mucho con algo que uno ha hecho o con lo que le han hecho. Con Manipura chakra, el chakra que corresponde a la afirmación yo hago. La vergüenza tiene muchas caras, muchos rostros. Puede ser la vergüenza de haberse sentido aterrorizado, dependiente, la vergüenza de haber actuado de manera rabiosa, violenta, enojada, de haber generado dolor en los demás también. La vergüenza de sentirse tan enojado con el mundo. Por eso es tan difícil para alguien que sufre de PTSD hablar. Es intolerable hablar, hablar de sus actos horrendos que uno ha sufrido y hablar de la impotencia que uno ha sentido de no haber hecho nada, no haber dicho nada, haber aceptado las cosas como eran. Es una vergüenza de dos dimensiones. En el caso del abuso sexual es aún más difícil porque genera una gran confusión acerca de la diferencia entre el amor y el terror. Porque la mayoría de quienes abusan a niños son personas que conocen a las víctimas, y alguien, un niño o una niña que ha sido abusado o abusada, carga después la culpa de haber mantenido una relación con la persona que ha cometido el crimen. Entonces el niño o la niña se siente culpable de haber permitido que pasara, de haber mantenido la relación después con la persona, incluso de haber protegido a la persona por no decir las cosas. Mucha confusión y mucha confusión acerca de qué es el amor, qué es el terror, qué es el amor, qué es la violencia, qué es el dolor, qué es el placer. Eso es muy importante porque va a generar una gran dificultad después para, ya lo dije y lo dice también el autor, construir una relación íntima con las personas, una relación donde uno puede confiar. Es la sensación de querer, por ejemplo, querer, querer tener sentimientos para algo o alguien. Y no poder. Es decir, son personas que sienten una anestesia general. Quieren amar a su familia, pero no pueden sentir en el fondo una sensación de amor fuerte. Se sienten emocionalmente distantes de todos y todas, como si su corazón estuviera congelado y como si estuvieran viviendo detrás de una pared de vidrio. Las personas que han vivido el trauma sienten en general una desconexión, una falta de enfoque, una falta de dirección, una falta de emociones fuertes, una falta de sensación de querer a las personas, de tener lazos fuertes. Se sienten como flotando en el espacio. Los únicos momentos tienen que ver en general con el trabajo, cuando logran inmersirse tanto en una situación profesional que ahí sí se sienten vivos, se sienten vivas, completamente presente enfocados. Por eso muchas veces las personas quienes han vivido traumas se sumergen tanto en el trabajo que olvidan todo lo demás. Lo único que cuenta es el trabajo, porque el trabajo los enfoca y les permite hacer sentirse vivos, vivas, con energía. Cuando esto termina, cuando el trabajo baja, cuando pierden el trabajo, cuando están de vacaciones. Ahí es cuando regresa el paquete de síntomas: la rabia, el enojo, el sentirse desconectado, el no tener orientación, el no tener sentimiento para las personas que los aman. Y todos los demonios regresan con más fuerza, junto con el exceso de alcohol, el exceso en drogas, el exceso en las sustancias, en la forma de lastimar al cuerpo de múltiples maneras. Uno de los disturbios que aparecen con el trauma es la distorsión de la percepción. Las personas traumadas tienen la tendencia a sobreponer su trauma, a proyectar su trauma sobre cualquier cosa alrededor suyo y tienen dificultades para leer, descifrar la realidad, descifrar lo que sucede alrededor suyo. Se encuentran en medio, como sin saber qué está sucediendo realmente. Es decir, que el trauma afecta la percepción Pero también afecta la imaginación. Eso es lo que afirma Van der Kolk a través de su experiencia. El traumado, la persona traumada, es afectada en su percepción de la realidad y su imaginación. Lo que imagina es afectado. Y Van der Kolk nos recuerda lo importante de la imaginación. Cuando la función de la imaginación es afectada, La afectación es muy grande. ¿Por qué? Porque la imaginación es muy importante para la calidad de nuestras vidas. Nuestra imaginación, nos dice Van der Kolk, nos permite dejar nuestra rutina cotidiana enriqueciéndola con fantasías de viajes, de comida, sexo, de enamoramiento. También tiene que ver con el poder desarrollar opiniones, compartir lo que hemos aprendido, todo lo que hace que la vida sea interesante. La imaginación, dice Van der Kolk, nos da la oportunidad de abrir nuevas posibilidades, de abrirnos a nuevos panoramas hasta que nuestros deseos se hagan realidad. La imaginación prende la creatividad, nos libera del aburrimiento, también aligera nuestro dolor, incrementa nuestro placer y también enriquece nuestras relaciones íntimas. Sin embargo, cuando las personas están todo el tiempo, las personas que han vivido un trauma todo el tiempo tienen que regresar al pasado, a lo que ha sucedido, vivir en el pasado, sufren de una falla en la imaginación, una pérdida de la flexibilidad mental. Sin imaginación, dice Van der Kolk, no hay esperanza, no hay manera de visualizar un mejor futuro. No hay a dónde ir, no hay objetivo que alcanzar. Existe en la persona que ha vivido un trauma una tendencia a solo querer hablar de ese trauma, a pesar de que dicen que no quieren hablar de lo que pasó. Tratan de seguir adelante, tratan de seguir adelante, pero en realidad viven en el pasado todo el tiempo. Y lo único que los hace sentir vivos o vivas es hablar de lo que pasó. Generan un desinterés por lo cotidiano, por la vida cotidiana, sus esposos, sus esposas, sus hijos, su trabajo, su familia. No les interesa hablar de eso en el fondo. Lo que les genera una sensación de estar presente es hablar del pasado. Entonces es una contradicción, una dificultad para comprometerse con la vida de todos los días. Van der Kolk recuerda la dificultad que se tenía en ese momento en la psiquiatría para atender todos los síntomas. El diagnóstico era múltiple: alcoholismo, abuso de sustancias, depresión, desorden del temperamento, del humor y esquizofrenia. Y no se lograba del todo, dice el autor, atender los múltiples síntomas a través del medicamento. En general se les prescribían medicamentos que los dejaban en un estado de confusión mental que no les permitía ni hablar de los eventos traumáticos. Pero al inicio del año 1980, un grupo de veteranos de Vietnam, ayudados por los psicoanalistas de Nueva York James Chatham y Robert Lifton, trabajaron juntos para convencer a la Asociación Psiquiátrica Americana que creara un nuevo diagnóstico llamado desorden de estrés postraumático, PTSD, que describía un grupo de síntomas que era común en mayor o menor medida a todos los veteranos. Y esta creación, la creación del diagnóstico de PTSD, según Van den Kolk, permitió agrupar, identificar los síntomas y agruparlos juntos en un desorden que finalmente daba un nombre, una descripción a lo que sufrían esas personas que regresaban de la guerra. Eso permitió entonces pasar a otra cosa y empezar un nuevo tipo de tratamiento. Marcó un cambio en la comprensión de los pacientes y generó una explosión, dice Van der Kolk, de la investigación. Eso es lo más interesante. Y de los intentos de encontrar tratamientos adecuados. La mayoría de las personas que viven un evento difícil, nos dice Van der Kolk, puede simplemente contar que es algo que pasó hace mucho tiempo, que pasó. Esta memoria de lo que sucedió se borra poco a poco, es transformada en algo más ligero que no tiene mayor alcance. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que él tenía que venían de la guerra de Vietnam era incapaz de transformar lo que había vivido en una historia del pasado. Cuando Van der Kolk decide realizar un estudio sobre la biología de las memorias traumáticas, presenta un expediente a la institución para pedir una beca. Y es muy interesante lo que quiere hacer en esa época. Se pregunta si las memorias de quienes sufren de PTSD son diferentes de las memorias de los demás pacientes. Pero la administración le contesta que jamás ha sido comprobado que PTSD es relevante en la misión de los veteranos, de la administración de los veteranos. Lo que hace Van der Kolk entonces es renunciar porque la visión es muy estrecha y sabe que no le va a permitir realizar lo que necesita hacer, lo que quiere hacer. Y entonces, en el 82, toma una nueva posición, un nuevo puesto en el Massachusetts Mental Health Center, en un hospital que es también, como llaman, teaching hospital. Es el teaching hospital de Harvard donde él hizo su entrenamiento como psiquiatra, y su misión en esa época es enseñar en una nueva área de estudio que es la psicofarmacología, que tiene que ver con la administración de las medicinas para aliviar la enfermedad mental. En su nuevo puesto, diariamente es confrontado con temas que él creía haber dejado atrás. Su experiencia con los veteranos lo había sensibilizado tanto al impacto del trauma que cuando ahora escuchaba a pacientes, los escuchaba con un oído muy distinto, muy agudizado, cuando ellos y ellas les hablaba— le hablaban de depresión o de ansiedad, y cuando contaban de historias de abuso y de violencia familiar. Lo que escribe aquí es muy interesante, dice que le llama muchísimo la atención cuántas pacientes mujeres hablaban de haber sido abusadas como niñas. Y eso es algo que en esa época a Van der Kolk lo pone en un estado de sorpresa y de shock, porque en esa época el texto clásico de psiquiatría indica que muy poco incesto es practicado en Estados Unidos. Habla de una mujer en un millón de mujeres, una mujer, una mujer de un millón, que es una estadística completamente falsa porque pues nos dice había 100,000 millones de mujeres viviendo en Estados Unidos Y se pregunta cómo 47, casi la mitad de ellas, 50,000, habían logrado llegar a su oficina para hablar. Aquí estamos hablando de los años 80, no del siglo XIX. Este mismo texto clásico de la psiquiatría estadounidense indica que había poco acuerdo entre los médicos sobre el papel del incesto entre padre e hija como fuente de dificultades psicopatológicas. Lo que dice van der Kolk es que, al contrario, él confronta con su práctica a sus pacientes con historias de incesto, tenían, no, no consecuencias psicopatológicas, sino síntomas muy importantes, muy profundos de depresión, de confusión, de comportamientos de autolesiones, en especial cortarse con tijeras o con rasuradores. Entonces, pues básicamente el texto con el cual él se formó protegía el incesto. Lo dice así porque indicaba, cita él, que una actividad incestuosa disminuye las posibilidades del sujeto de tener psicosis y permite un mejor ajuste al mundo externo. Entonces, dice Van der Kolk, la institución y el texto oficial protegían al incesto, cuando su experiencia propia muestra que el incesto tiene efectos devastadores sobre el bienestar de las mujeres. En ese momento, en su experiencia clínica, van der Kolk observa que, de la misma manera que los veteranos tenían problemas de pesadillas y de flashbacks, las mujeres que sufrieron el incesto y que le cuentan en sus consultas como paciente pacientes tienen igual muchas pesadillas, flashbacks, y también explosiones de rabia, periodos de rabia alternando con periodos de estar completamente paralizadas, como si estuvieran anestesiadas. Una gran dificultad para relacionarse correctamente con las personas, es decir, mucho conflicto con el otro y dificultades para sostener relaciones con sentido, relaciones que aportan sentido. Afirma von der Kolk en una frase inolvidable que En realidad, la guerra no es la única calamidad que deja al ser humano en ruinas, que la guerra sucede en casa. Da estadísticas escalofriantes: la mayoría de las violaciones sucede en niñas debajo de los 15 años. Reporta que estadísticas más precisas en Estados Unidos muestran que 12 millones de mujeres han sido violadas en Estados Unidos. Que la guerra empieza en casa. Cada año alrededor de 3 millones de niños en Estados Unidos son reportados como víctimas de abuso y de negligencia, que 1 millón de esos casos son serios y verdaderos suficientemente para forzar a los servicios de protección de la infancia o a las cortes para entrar en acción. Entonces nos dice: por un soldado que ha servido en zona de guerra hay 10 niños que están en una situación de peligro en sus propias casas. Y para concluir este capítulo, van der Kolk afirma que el trauma resulta en una reorganización fundamental de cómo nuestra mente y nuestro cerebro funciona, cómo nuestra mente funciona y cómo nuestro cerebro logra trabajar y recibir las percepciones. Que no solo cambia la forma de pensar, sino cambia lo que pensamos, la materia de lo que pensamos, pero también nuestra capacidad de pensar. Hemos descubierto que el ayudar a las víctimas de trauma Encontrar las palabras para describir lo que ha sucedido es profundamente importante, cambiante, es decir, generador de cambio, pero que no es suficiente permitir que hablen. El hecho de contar una historia no necesariamente cambia la respuesta del cuerpo. La respuesta física, la respuesta hormonal del cuerpo que se mantiene hipervigilante, preparado para ser atacado o ser violado en cualquier momento. Dice van der Kolk al final de este capítulo que para que el cambio verdadero suceda, el cuerpo tiene que aprender que el peligro ya pasó. Aprender a vivir en la realidad del presente. La investigación de Van der Kolk para entender el trauma lo ha llevado a pensar diferente no solo acerca de la estructura de la mente, pero también acerca de los procesos mediante los cuales esa mente sana.
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