76. "The body keeps the record" , parte 3 (Serie Estudios del Trauma)
26 Sept 2022 · 68 min
En este episodio del podcast Just in Time, la anfitriona analiza el segundo capítulo del libro de Bessel van der Kolk, El cuerpo lo recuerda todo. El programa parte definiendo dos formas de trauma: el trauma de choque (T) – una respuesta aguda a un evento que paraliza cerebro y cuerpo – y el trauma del desarrollo (t) – experiencias infantiles de abuso o negligencia que no se recuerdan conscientemente pero que dejan síntomas emocionales y somáticos. A continuación, se describe la historia de la psiquiatría en los años 60, cuando el modelo dominante pasó de una visión psicodinámica a uno químico‑biológico, impulsado por descubrimientos como la clorpromazina y la medición de neurotransmisores. La narradora relata la experiencia de Van der Kolk como asistente en el Massachusetts Mental Health Center, donde observó pacientes esquizofrénicos, catatónicos y víctimas de abuso, y constató la falta de atención a sus historias de vida y a sus necesidades básicas. Se discuten los aprendizajes de mentores como Elvin Semrad, la importancia de la observación directa y la regla ética de no tratar a los pacientes como se trataría a un ser querido. El episodio introduce la investigación de Seligman y Meyer sobre la “inescapable shock” (aprendizaje de indefensión) y su relación con la hiperreactividad del eje de estrés. Se exploran los roles de la serotonina, norepinefrina y dopamina en el PTSD, y se revisan tratamientos farmacológicos (L‑triptófano, Prozac, antipsicóticos) y sus limitaciones, así como la crítica al DSM‑III y al modelo de diagnóstico basado en desórdenes cerebrales. Finalmente, se menciona la creciente prescripción de antipsicóticos, los costos públicos y los escándalos legales, concluyendo con una reflexión sobre la necesidad de integrar terapias corporales y experiencias físicas para restaurar el sentido de control en personas traumatizadas.
Chapters
En este episodio estamos abordando el segundo capítulo del libro de Bessel van der Kolk titulado El cuerpo lo recuerda todo. Y aquí vamos a hablar de la química del cerebro, de lo que sucede en términos del trauma y del cambio de paradigma de la ciencia, y en especial de la psiquiatría, en cuanto a un modelo basado en hablar del trauma a un modelo basado en un desorden a nivel químico en el cerebro. Esto en el podcast Just in Time. El podcast Just in Time se inició para salir a la calle durante la pandemia, era un walk and talk podcast. Ahora seguimos en otra modalidad, puede ser walk and talk, puede ser simplemente analizando con calma sin tener que movernos, pero los temas permanecen los mismos: filosofía, psicología, psicoanálisis, literatura. Actualmente mucho tiene que ver con yoga y la relación con la liberación del trauma. Todos los temas que nos interesaron durante la pandemia siguen, permanecen, ahora bajo distintas modalidades. Puede ser que esté yo sola o bien acompañada. Este es el podcast Just in Time. Es importante saber que se distinguen dos tipos de trauma: el trauma de shock, que es un trauma que corresponde a un desorden de estrés agudo, es una reacción, una respuesta a cualquier evento, cualquier acontecimiento que haya modificado nuestro balance emocional. El cerebro se vuelve incapaz de procesar completamente o de responder al evento traumático, y así la mente y el cuerpo se congelan o disasocian, disocian también se puede decir, para proteger la psique. Los síntomas físicos del trauma con una T mayúscula, es una reducción del flujo sanguíneo, las pupilas dilatadas, un ritmo cardíaco irregular, a veces náusea, mareo, tensión muscular, una dificultad para moverse, para funcionar, de repente también inconsciencia. Y los síntomas emocionales son la sensación de estar desconectado, desconectada, la negación, el retirarse, el aislamiento, el pánico, la ansiedad, la confusión, la confusión mental, la desconexión, la dificultad de lidiar con emociones. Pero también existe un trauma con una t minúscula que se llama el trauma del desarrollo, que es un trauma del cual no nos acordamos realmente. En general no hay recuerdo de aquel trauma, pero es un trauma importante. Es el resultado de experiencias de la infancia que corresponden al maltrato, al abuso, o bien al trauma familiar que puede ser causa de— resultado, perdón, del abuso de la sustancia. De tener un padre, una madre con enfermedad mental, un divorcio, la muerte, de haber presenciado abuso doméstico, abuso verbal, abuso físico, abuso sexual, abandono, encarcelación. Todo es aquello que es el trauma precognitivo, preverbal, y que no, lo dije ya, no puede ser recordado. Los síntomas son dificultades para regular sus emociones, la sensación de estar aislado, desconectado, la hipervigilancia, la sensación de vulnerabilidad extrema, la desesperación, la vergüenza, la ansiedad, sentirse rebasado por los acontecimientos, problemas de memoria, también una percepción de la propia persona que sea distorsionada del cuerpo, por ejemplo, una sensación de no ser adecuado, de ser diferente, mucha inseguridad, la depresión, la ira, la dificultad de controlar sus impulsos, la agresividad, la ansiedad de separación, la preocupación y la dificultad en las relaciones. Este síntoma, esta serie de síntomas del desarrollo, del trauma del desarrollo Es muy importante recordarla porque hay una gran cantidad de trauma del desarrollo en una persona. El problema es que no se acuerda uno, entonces solo se puede reconocer con estos síntomas. Más allá del trauma con T mayúscula está el trauma con t minúscula. Eso es lo más importante para entender todo el trabajo que estamos resumiendo con la obra de Bessel van der Kolk. El segundo capítulo se dedica a tratar el tema de las revoluciones en la comprensión de la mente y del cerebro. Inicia Van der Kolk con una cita de C.C. Chang en The Practice of Zen, que dice: The greater the doubt, the greater the awakening. The smaller the doubt, the smaller the awakening. No doubt, no awakening. Es decir, mayor la duda, mayor el despertar. Menor la duda, menor el despertar. No duda, no despertar. Sin duda, no hay despertar. Al final de los sesentas, el autor hace una pausa entre su primer año y su segundo año de escuela de medicina y obtiene un puesto de asistente en la investigación en el Massachusetts Mental Health Center, donde se encarga de organizar actividades recreativas para los pacientes. Este lugar, el Massachusetts Mental Health Center, era considerado en la época como uno de los hospitales psiquiátricos más importantes, más a la vanguardia en el país, una joya en la corona de la Escuela Médica de Harvard. Y el propósito de esta investigación era determinar si la psicoterapia o la medicación era la mejor manera de tratar a jóvenes que habían sufrido un primer colapso mental que había sido diagnosticado como esquizofrenia. En esta época, a finales de los 60, era el psicoanálisis el que premiaba todavía para tratar la enfermedad mental en este espacio del Massachusetts Mental Health Center. Sin embargo, Fandrokor recuerda que al inicio de los, a inicios de los años 50, un grupo de científicos franceses había descubierto un compuesto, un químico llamado clorpromazina que era vendido bajo el nombre de Thorazine, que podía tranquilizar a los pacientes, hacerlos menos agitados, y que este descubrimiento había inspirado, había generado la esperanza que las medicinas podrían desarrollarse, ser desarrolladas para tratar problemas mentales serios como la depresión, los ataques de pánico, la ansiedad, la manía, así como tratar algunos síntomas de la esquizofrenia. En sí, en esta época el autor no tenía ni voz ni palabras sobre el aspecto de la investigación, no podía saber qué tratamiento recibían los pacientes. Todos los pacientes que él atendía eran de su edad, eran estudiantes de la Universidad de Harvard, del MIT, de Boston University. Algunos habían tratado de suicidarse, otros se cortaban con tijeras o navajas, algunos habían atacado a sus compañeros de cuarto sus roomies, o bien había aterrorizado a sus padres o sus amigos con un comportamiento impredecible, irracional. El trabajo de Van der Kolk en esta época era implicar a estos enfermos, estos chicos y chicas diagnosticados como esquizofrénicos, esquizofrénicas, esquizofrénicas e involucrarlos en actividades normales, entre comillas, como ir a comer una pizza, ir a acampar en un bosque cercano, ir a un partido de los Red Sox, o bien ir al río, al Charles River. En fin, eran actividades sencillas sencillas y él se encargaba de organizar esas actividades. En sí, en esta época el autor no tenía ni voz ni palabras sobre el aspecto de la investigación, no podía saber qué tratamiento recibían los pacientes. Todos los pacientes que él atendía eran de su edad, eran estudiantes de la Universidad de Harvard, del MIT, de Boston University. Algunos habían tratado de suicidarse, otros se cortaban con tijeras o navajas, algunos habían atacado a sus compañeros de cuarto, sus roomies, o bien habían aterrorizado a sus padres o sus amigos con un comportamiento impredecible, irracional. El trabajo de Van der Kolk en esta época era implicar a estos enfermos, estos chicos y chicas diagnosticados como esquizofrénicos, esquizofrénicas, e involucrarlos en actividades normales, entre comillas, como ir a comer una pizza, ir a acampar en un bosque cercano, ir a un partido de los Red Sox, o bien ir al río, al Charles River. En fin, eran actividades sencillas y él se encargaba de organizar esas actividades. En esta época, Van der Kolk no tenía experiencia alguna en psiquiatría, y se sentaba muy cuidadosamente a la escucha, escuchando lo que decían esos pacientes en las reuniones que llaman los word meetings, reuniones donde hablan, donde son círculos de palabras de alguna manera. Intentaba descifrar la palabra tan complicada tan compleja de los pacientes y su lógica. Y tuvo que aprender a lidiar con las explosiones irracionales de ira de estos pacientes, o bien su retiro, su retirada, aterrorizada. Y cuenta que una mañana un paciente se vio, él descubrió a una paciente en una postura de estatua en su cuarto, en su habitación, con un brazo levantado en una postura defensiva y su rostro completamente congelado de terror. Cuenta que se quedó ahí 12 horas sin mover y que los médicos le explicaron que era catatonia, una catatonia, pero incluso, dice el autor, cuando consultaba sus manuales, sus libros, no encontraba información sobre el porqué de esa catatonia. Se quedaba corta la literatura en esa época. Entonces cuenta que pasó muchísimas noches, muchísimos fines de semana en esa unidad, y esto, aquello, el quedarse ahí con los pacientes lo expuso a él a cosas, a ver cosas que los doctores nunca veían, porque los doctores llegan, hacen una visita corta y se van. Para entender a un paciente hay que escuchar muchos aspectos de su vida, compartir su vida de la manera más cercana posible. Cuando los pacientes no podían dormir, se iban a caminar por la unidad, por el hospital, vestidos en sus batas, sentados por horas, y les gustaba al parecer la quietud de la noche para que pudieran hablar y contar lo que les pasaba. Y él escuchó las historias, justamente él escuchó historias de personas que habían sido lastimadas, pegadas, atacadas, violadas, a veces por sus— dice, no a veces, muy seguido por sus propios padres. Algunas veces a veces por familiares, compañeros de clase o vecinos. Estos momentos cuando él podía compartir con ellos en la noche le permitió escuchar historias de personas que habían sido aterrorizadas de nuevo, pasar horas en la cama en la noche sintiéndose sin ayuda, completamente abandonados, aterrorizados, escuchando a sus madres siendo lastimadas, pegadas por su padre o por un novio, escuchando a sus padres gritarse horriblemente, escuchar los sonidos de los muebles que se rompían. Todo eso él recopiló, Van der Kolk recopiló y escuchó esas historias historias detalladas. También, en especial, habla él de la situación de las mujeres que se encontraban, se consideraban sin esperanza posible, completamente vulnerables, esperando sin poder hacer nada lo inevitable: un hermano, un padre entraba en su habitación para violarlas. Van der Kolk relata que los dispositivos de supervisión a los cuales él podía asistir, en las mañanas llegaban los jóvenes doctores y empezaban a presentar los casos a sus supervisores. Se dejaba completamente de lado el contenido de las confesiones de medianoche que recogía hablando informalmente con los pacientes cuando ellos salían a tranquilizar, cuando ya no había médicos. Le llama mucho la atención eso y relata que la mayoría del tiempo los síntomas de los pacientes eran discutidos de manera poco apasionada por los médicos en estas juntas de supervisión y que se pasaba mucho tiempo intentando manejar los pensamientos suicidas de los pacientes, manejar entre comillas los comportamientos autodestructivos, y muy poco tiempo o casi ningún tiempo tratando de entender las causas posibles de esta desesperación y de esa sensación de vulnerabilidad. Dice también que le llamaba mucho la atención lo poco que se atendía, la muy poca atención que se prestaba a las aspiraciones de los pacientes, a lo que les interesaba, a las cosas que lograban, los accomplishments, a quién amaban, a quién querían, a quién detestaban, qué les motivaba, qué los involucraba. En dónde se quedaban atorados, qué les hacía sentir en paz. Es decir, la ecología de sus vidas no les interesaba a los médicos de esa época. Y agrega Van der Kolk que se sabe, él supo después, vio, descubrió estudios que demuestran una y otra vez que una persona que está buscando ayuda psicológica, psiquiátrica de una persona, la mitad, es decir, de 10 personas que buscan, la mitad, 5, han sido atacadas, maltratadas, abandonadas, han sufrido negligencia, han sido violadas en su infancia, o bien han presenciado la violencia en sus familias. Pero Curiosamente, en los espacios de supervisión estos hechos quedaban completamente relegados, secundarios o ausentes. Más adelante, van der Kolk obtuvo un trabajo que llaman moonlight. Moonlighting es tener un segundo trabajo, un trabajo que no es tan oficial, es más bien en secreto, confidencial, un trabajo para incrementar algunos recursos, pero no es el trabajo oficial. Y él estuvo trabajando en el Hospital Católico haciendo examinación física sobre pacientes mujeres que habían sido admitidas para recibir tratamiento de electroshock por depresión. Y él Van der Kolk recibía a las mujeres, veía sus estudios y les preguntaba de sus vidas. Entonces muchas veces ellas, las mujeres, contaban historias de matrimonios dolorosos, hijos difíciles, culpa sobre abortos, acerca de los abortos, y observaba él que mientras ellas hablaban se sentían mejores, se iluminaban, agradecían a veces y muy seguido de manera efusiva que haya alguien que las escuchara. Y algunas después de hablar decían que se sentían mejor y preguntaban si todavía era necesario recibir la terapia de electroshock. Y él se sentía muy acongojado, muy triste porque Al final de estas entrevistas, él les tenía que confirmar que al día siguiente sí recibirían los electroshocks, que esta plática que los aliviara no iba a impedir que les administraran los electroshocks. Obviamente, dice él, no duré mucho en ese trabajo. Aquí viene una parte muy interesante. Mientras estaba trabajando en el MMHC, el Massachusetts Mental Health Center, se iba Van der Kolk a la librería de Countway Library of Medicine y buscaba libros. Un día encontró un libro que es referencia todavía, que es un libro de Eugen Bleuler de 1911, muy famoso en en la psiquiatría, en el psicoanálisis también, que se llama demencia praecox. Y se queda en ese momento fascinado Van der Kolk por las observaciones de Bleuler. Cuenta Bleuler efectivamente que dentro de las alucinaciones esquizofrénicas, las alucinaciones físicas del cuerpo, las sexuales eran las más frecuentes y las más importantes. Cuenta que todo el relato de las experiencias sexuales satisfactorias o insatisfactorias era experimentado con mucha fuerza por los pacientes, con detalles objetivos escenas extravagantes, exagerados, extremos. Y Bleuler en ese momento cuenta que en las alucinaciones las mujeres son violadas, son lastimadas de la manera más diabólica, y que por más que eran relatos de esos pacientes esquizofrénicos, que se podían entonces entender como alucinaciones, la mayoría de ellos, la mayoría de esas alucinaciones de ellas correspondía a sensaciones reales. Entonces, Van der Kolk se queda completamente interesado por este rasgo, es decir, los pacientes tenían alucinaciones, los doctores preguntaban por ellas, para que los pacientes contaran acerca de esas alucinaciones y las usaba para notar, hacer notar que los pacientes eran muy afectados, estaban muy afectados por su diagnóstico. Pero lo que había escuchado Van der Kolk eran historias reales de maltrato, historias contadas, historias que no eran inventadas. La pregunta que se hace en ese momento es: ¿podría ser que estas alucinaciones que Bleuler señalaba en su libro Demencia Precoz de 1911 en realidad eran memorias fragmentadas de una experiencia real y no un invento? Entonces hace la pregunta que dice todavía no se ha contestado del todo: ¿hay una línea clara entre la creatividad y la imaginación patológica? Entre la memoria y la imaginación. Esas preguntas se mantienen todavía sin responder del todo, pero la investigación ha mostrado que las personas que han sido abusadas como niñas o niños muy seguido tienen la sensación, tienen sensaciones como por ejemplo dolor abdominal que no tienen causa física. Que cuando escuchan voces que les advierten de un peligro o los acusan, también pasa lo mismo. Observa Van der Kolk que los pacientes en la unidad ofrecían comportamientos violentos, bizarros, autodestructivos, en especial cuando sentían frustración, o que se sentían impedidos, o no comprendidos. Esos 3 términos son importantes: frustrados, impedidos en algo que querían hacer, o no comprendidos. Ahí se observaban explosiones de ira, destrucciones de platos, destrucciones de ventanas. O bien se cortaban con pedazos de vidrio. Y él decía, en ese momento no tenía idea de las razones por las cuales alguien podría reaccionar así a una simple solicitud tipo, déjame limpiar esto que traes en el pelo, que eso pudiera ser seguido por rabia o terror. En ese momento a él le decían que había que alejarse de los pacientes cuando experimentaban crisis así, o si eso no funcionaba, lo tenían, tenían que controlar al paciente. Dice con muchísima honestidad Van der Kolk que le sorprendió en ese momento y le alarmó sentir satisfacción cuando lograba controlar a un paciente en el piso para que una enfermera le pudiera dar una inyección. Y se dio cuenta progresivamente que el entrenamiento profesional psiquiátrico buscaba la mayoría del tiempo ayudar a los profesionales a mantener el control frente a estas confusiones y frente a estas realidades de terror, pero no a entender, no a buscar entender lo que pasaba, sino controlar lo que pasaba. La riqueza de este libro se apoya en especial sobre los detalles con los cuales El autor enriquece su relato, cuenta la historia de Sylvia, una chica de 19 años de la Universidad de Boston que en general se sentaba sola en una esquina con una apariencia de miedo en su rostro y en general completamente muda. Tenía ella la reputación de ser la novia de un mafioso importante de Boston de la época, y al parecer dejó ella de comer por más de una semana y empezó a perder mucho peso. Los doctores entonces decidieron obligarla a alimentarla a la fuerza. Cuenta cómo eran 3 profesores, doctores, asistentes sosteniéndola en el piso para insertar en su boca un tubo que la iba a alimentar a la fuerza. Más tarde, cuando en una confesión de medianoche Silvia habló de manera tímida del abuso sexual que vivió de niña, de de su hermano y su tío. Y ahí van der Kolk dice que de nuevo se dio cuenta que en realidad lo que para ellos parecía cuidar, cuidar a un paciente, había sido para ella una violación, como un gang rape, totalmente violenta. Y que esta experiencia y muchas más le ayudaron a van der Kolk a formular una regla para sus estudiantes. Es la siguiente: si hacen algo a un paciente que no harían a sus hermanos, a sus amigos o a sus hijos, considera entonces si no estás replicando un trauma del pasado del paciente. Me parece una excelente regla. Y como Van der Kolk llevaba a sus pacientes a realizar actividades recreativas, él se dio cuenta de dos puntos muy importantes. Primero, se dio cuenta que los pacientes tenían dificultades de coordinación. Cuenta cómo los pacientes en general no lograban, eran poco hábiles, clumsy en inglés, physically uncoordinated. Cuenta que cuando se iban a acampar no ayudaban para montar las casas de campo, que alguna vez en un río casi se caen porque los pacientes no pasaban su peso del otro lado del barco para evitar que se volteara. Varios ejemplos así. En juegos de voleibol, muchísima falta de coordinación. Ese es el primer punto. Y el segundo punto tiene que ver con el hecho de que incluso en conversaciones relajadas los pacientes parecían de alguna manera tensos, parecían muy conscientes de lo que estaban diciendo, muy poco naturales, como uno es cuando habla con sus amigos. Y esos dos puntos son importantes. Él volverá sobre este tema porque cuando conoció a los terapeutas del cuerpo, Peter Levine y Pat Ogden, supo que eran importantes esos dos, esas dos características, porque habla de cómo el trauma es encapsulado en los cuerpos de las personas, cómo se nota que ahí hay trauma. Después de ese año de investigación, entre el primer año y segundo año, regresó a la escuela médica y se tituló como médico. Decidió regresar al Massachusetts Mental Health Center para recibir una formación de psiquiatra. Ahí conoció a psiquiatras muy sobresalientes. Y cuenta cómo pasaban 6 horas como entrenamiento, 6 horas al día con los pacientes, para después reunirse con los psiquiatras senior para compartir las observaciones, hacer preguntas y competir para hacer las notas observaciones más interesantes. Entre ellos, su profesor, su, que es el que más le pareció marcar su enseñanza y su aprendizaje, se llamaba Elvin Semrad, y él les pidió que no leyeran ningún libro de psiquiatría durante su primer año. Dice Van der Kolk que Esta dieta de ayuno intelectual seguramente generó que la mayoría de ellos después se volvieron escritores prolíficos y lectores voraces. Y Semrad era, por lo visto, un psiquiatra muy inteligente porque les pidió que no leyeran libros de psiquiatría para no influir ir sobre su percepción de la realidad. Efectivamente, cuando uno se empapa de pseudocertezas, de diagnósticos psiquiátricos, pierde de vista la realidad, que es la más rica y la más importante. Y entonces, alguna vez Van der Kolk pregunta al profesor, ¿usted cree que este paciente es esquizofrénico o es psicoafectivo? El profesor hace una pausa, se toca la barbilla y, al aparentar una reflexión profunda, le contesta: yo creo que yo lo llamaría Michael McIntyre, es decir, su nombre. Y Semrad les enseñó, dice Van der Kolk, que la mayoría del sufrimiento humano es relacionado con el amor. O con la pérdida. Que el trabajo de un terapeuta es ayudar a las personas a aceptar, experimentar y sostener la realidad de la vida con todos sus placeres y sus rupturas de corazón. Elvin Semrad les decía que una de las formas más importantes de nuestro sufrimiento son las mentiras que nos decimos a nosotros mismos. Les insistía muchísimo en ser honestos con ellos mismos, con cada faceta de su experiencia, y decía muy seguido que las personas no van a poder mejorar si no saben lo que saben y si no sienten sienten lo que sienten. Y Van der Kolk dedica ahí un párrafo muy importante, muy interesante, a las necesidades básicas. Recuerda cómo un viejo profesor de Harvard confiesa en algún momento que se siente reconfortado cuando siente las nalgas de su esposa contra él, cuando se duerme en las noches. Al develar, revelar necesidades básicas tan simples para el humano, en él, él les ayudó a reconocer cuán básicos, cuán básicas son nuestras existencias. Y la dificultad de atender las necesidades básicas genera una existencia difícil, complicada, una existencia de alguna manera trunca. No importa tanto cómo son nuestros pensamientos, cómo es nuestro desarrollo intelectual, cómo son nuestras realizaciones en el mundo. Pero en realidad, cuando las necesidades básicas no se atienden, genera daño. Esto es lo que aprendió de este viejo profesor de Harvard. El mismo profesor decía que el curarse El sanar depende de un conocimiento experimental. Podemos estar a cargo de nuestra vida plenamente solo si aceptamos la realidad de nuestro cuerpo en todas sus dimensiones viscerales. A pesar de los descubrimientos que él hace en su experiencia, dice Van der Kolk que la profesión estaba moviéndose en otra dirección, una dirección diferente. En 1968, The American Journal of Psychiatry había publicado resultados de un estudio que era el estudio de la unidad donde él había sido asistente, en el MMHC. Y estos resultados mostraban equivocación, que sin equivocación los pacientes esquizofrénicos que habían recibido medicina, nada más medicina, se les iba mejor que aquellos que habían hablado 3 veces por semana con los mejores terapeutas de Boston. Este estudio fue para Van der Kolk uno de los parteaguas en el camino que gradualmente cambió cómo la medicina y la psiquiatría se acercaron a los problemas psicológicos. De una serie de expresiones variables al infinito de sensaciones y sentimientos intolerables y relaciones intolerables, a un modelo de enfermedad del cerebro con sus desórdenes discretos. Esta frase es clave porque El enfoque cambió completamente a finales de los 60. Se abordaba, por un lado, al inicio, desde, de hecho, el siglo XIX, que se trataba de la expresión de sentimientos y relaciones intolerables en una multitud de variantes, a una situación donde el problema es tomado como un desorden del cerebro. No tiene que ver con los sentimientos, no tiene que ver con sensaciones de situaciones intolerables, tiene que ver con un modelo que no permite más allá de definir que aquí hay un desorden que se tiene que atender, pero en término físico, fisiológico. Van der Kolk pone una perspectiva muy interesante. Nos dice que la manera como la medicina se acerca al sufrimiento humano siempre ha sido determinada por la tecnología disponible en un tiempo dado. Antes de la Iluminación, antes de la Ilustración, Las aberraciones del comportamiento eran encargadas a Dios, eran explicadas por el pecado, la magia, las brujas, los espíritus diabólicos. Después, en el siglo XIX, los científicos en Francia y Alemania empezaron a investigar el comportamiento como una adaptación a las complejidades del mundo. Y ahora, a finales de los 60, un nuevo paradigma estaba emergiendo. Todos los pecados como la ira, el orgullo, la avaricia, en fin, todos los pecados capitales, así como los otros problemas que los humanos hemos tenido que atender desde el inicio de los tiempos, eran ahora abordados como desórdenes que podían ser ordenados por la administración de un químico apropiado. Así que muchísimos psiquiatras en esa época se encontraban aliviados y alegres de volverse verdaderos científicos, igual que sus otros compañeros de clase que eran médicos pero de otras ramas. Que tenían laboratorios, animales para experimentar, equipos caros, pruebas diagnósticas. Y así dejaron de lado las teorías de los filósofos y psicólogos, Van der Kolk, ahí como Freud, Jung. Incluso un libro de psiquiatra muy importante de la época afirmaba lo siguiente: la causa de la enfermedad mental es ahora considerada como una aberración del cerebro, una falta de balance químico. Y así. Van der Kolk habla también del hecho de que en los años 60, Los científicos del Instituto Nacional de Salud habían empezado a desarrollar técnicas para aislar y medir las hormonas y los neurotransmisores en la sangre y el cerebro. Recuerda que los neurotransmisores son mensajeros químicos que transforman, que transforman, transportan, perdón, información de neurona a neurona. Los científicos buscaban y encontraban evidencia de que niveles anormales de norepinefrina estaban asociados con la depresión y niveles anormales de dopamina estaban asociados con la esquizofrenia. Esto los llevó a tener y desarrollar esperanza de que se podían desarrollar drogas que buscaran enfocarse sobre las anormalidades del cerebro. En realidad, nos dice Van der Kolk, esta esperanza nunca fue lograda, nunca fue respondida realmente, pero los esfuerzos de medir cómo los medicamentos, cómo los químicos podían afectar y atender los síntomas mentales llevó a un cambio muy importante y profundo en la profesión. La necesidad de los investigadores por encontrar una manera precisa y sistemática de comunicar sus descubrimientos resultó en el desarrollo de lo que se llama el los criterios de diagnóstico, la investigación de los criterios, de tener criterios para poder recetar un medicamento. Y esto fue la base del primer sistema de diagnóstico psiquiátrico, de diagnóstico de problemas psiquiátricos, que la Asociación Americana Psiquiátrica llamó el DSM, que significa Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. El primer DSM entonces remonta a esta época. Hoy está el DSM, se ha multiplicado y cada cierto periodo de tiempo sale uno nuevo, pero esa biblia de la psiquiatría fue lanzada entonces en los años 80. El DSM-III de 1980 era modesto, dice Van der Kolk, y decía y reconocía que este sistema diagnóstico era impreciso, que tan impreciso que no debería nunca ser usado para temas forenses y temas de seguros. Y pues tristemente nos indica en una sola frase Van der Kolk que esta modestia no duró, realmente no duró nada. Ahora vamos a hablar de un tema muy interesante que se llama, lo que él, Van der Kolk, llama el choque del cual uno no puede escapar. En el 84 descubre el trabajo de Martin Seligman y de Stephen Meyer que atiende la temática de la vulnerabilidad aprendida. Estos dos investigadores habían trabajado con perros, de verdad en un experimento muy difícil incluso de describir cuando uno ama a los animales, pero se trataba de aplicar choques eléctricos a perros que estaban encerrados tras rejas. Y observan que después de administrar varios ciclos de choques eléctricos, cuando abren las rejas, les vuelven a aplicar un choque eléctrico. Había un grupo de control de perros que nunca habían recibido choques eléctricos y que de inmediato corrieron cuando se abrieron las las rejas. Pero los perros que habían recibido más tempranamente los choques estaban sujetos a este efecto de choque del cual uno no puede escapar. Ellos no hicieron ningún intento de huir, incluso cuando la puerta estaba abierta, solo se quedaban ahí generando una situación muy difícil de esperar que llegue el siguiente golpe. Hacían un sonido muy ligero y estaban defecando. Entonces dice van der Kolk, la mera oportunidad de escapar no hace necesariamente a animales traumados o a gente No hace que tomen el camino de la libertad. Y como Mayer y Seligman lo demostraron, numerosas personas que han vivido un trauma, que están traumatizadas, abandonan simplemente. En vez de experimentar el riesgo de algo nuevo, de generar nuevas opciones, prefieren quedarse atoradas, atorados en el miedo que conocen. Este descubrimiento lo lleva a recordar a los pacientes que escuchó, y recuerda que la mayoría de las veces efectivamente estos pacientes habían sido inmovilizados por algo, por alguien, y habían recibido un daño importante. No tenían manera de escapar. Recordó a los pacientes que había tratado y Casi todos habían vivido esa situación de estar atrapados, de estar inmovilizados, de no ser capaces de tomar acción para evitar la situación. Su capacidad de fight or flight había sido impedida y el resultado había sido extrema agitación o también colapso. También Mayer y Seligman descubrieron que los perros que habían sido traumados secretaban cantidades mucho más importantes de hormonas del estrés. Lo que agrega Van der Kolk es que en pacientes que sufren de PTSD, efectivamente, el nivel de hormonas de estrés nunca baja a su nivel base. La secreción de las hormonas del estrés es continua y esa se expresa como agitación, pánico, y a largo plazo, como afecciones graves a su salud. Ese día entonces, cuando está en la conferencia, a punto de tomar su avión y descubre esta conferencia, pierde el avión a propósito para hablar con el especialista, con Steve Meyer, y participa en sus talleres, que de ahí aprende que Seligman y él habían descubierto que la única manera de enseñar a estos perros traumados a salir de las rejas eléctricas era jalarlos, jalarlos repetidamente afuera de las rejas, para que experimentaran físicamente que podían escapar. Eso es muy interesante, tenían que vivir la posibilidad en su cuerpo que era posible escapar. Entonces se preguntó Van der Kolk si se podían ayudar a los pacientes con su orientación fundamental, Porque ellos sentían que no había nada que ellos podían hacer para defenderse. Se pregunta si sus pacientes tienen la necesidad de vivir una experiencia física para restaurar un sentido, una sensación visceral de control. Y se pregunta qué pasaría si estuvieran si les enseñáramos a moverse físicamente para escapar de una situación potencialmente amenazante, similar al trauma? Esto es muy interesante porque aquí estamos hablando de una solución, de claves potenciales para solucionar la cuestión del trauma, de este estado de choque, choque del cual no se puede escapar. Después hubo una serie de varios estudios sobre ratas, ratones, gatos y también otros animales, elefantes, etcétera, que permitieron que se generara más información al respecto Por ejemplo, cuando los investigadores tocaban un sonido muy fuerte e intrusivo, las ratas que habían sido educadas en un nido muy cómodo y muy cálido, con mucha comida, se fueron de inmediato a casa. Pero otro grupo, que había sido educado en un ámbito con mucho ruido, con muy poca comida, también regresaron a casa incluso después de pasar tiempo en un ámbito más agradable. Regresaron al lugar donde sufrían. Los animales que están asustados regresan a casa independientemente de que la casa sea segura o amenazante. Eso es muy interesante. Y piensa él en sus pacientes con familias abusivas que no paraban de volver para volver a ser heridas de nuevo. Se pregunta si las personas traumadas están condenadas a buscar refugio en lo que les es familiar, aunque ese familiar duela. Y si es así, ¿por qué? Y se pregunta, ¿y es posible ayudarles a volverse apegadas a lugares más seguros, a actividades que sean seguras y que sean placenteras. Una gran pregunta. Lo que se observa es que existe la adicción al trauma, el dolor del placer y el placer en el dolor. El comportamiento común de personas que han sido traumadas es buscar experiencias que la mayoría de nosotros no quisiera vivir, y ellos, los pacientes, se quejan de sentir aburrimiento, sentir vacío cuando no están enojados, cuando no están en circunstancias difíciles. Están involucrados en actividades peligrosas, por ejemplo. Da el ejemplo de una paciente, Julia, que ha vivido toda una serie de acontecimientos que muestran lo que Freud llamaba, ilustran lo que Freud llamaba la compulsión de repetición. Existe una reactivación, un volver a actuar, volver a vivir lo que que ha pasado antes, un intento inconsciente de controlar lo que fue difícil, de controlar la situación dolorosa, para que finalmente lleve a una resolución donde el paciente pueda tener un control y una maestría y una resolución, lo dije antes, de la situación. Esa es la teoría de Freud. Dice Van der Kolk que no hay evidencia para esta teoría, la repetición lleva realmente solo a más dolor y más depreciación propia, más odio de uno mismo. De hecho, dice, incluso volver a vivir el trauma de manera repetida en terapia podría reforzar la preocupación y la fijación. Recuerda, Fran, doctor, que se sabe según las investigaciones que las emociones fuertes bloquean el dolor, y eso puede explicar por qué de repente volver a exponerse, la reexposición al estrés puede provocar un alivio de la ansiedad, pero no explica del todo por qué alguien como Julia, su paciente aquí en el ejemplo, vuelve a regresar siempre con la persona que la maltrata. En el 85, novedoso traído en el mismo ciclo de conferencias. Tiene que ver con un trabajo de un profesor de King's College acerca de la amígdala. La amígdala es un agrupamiento de células del cerebro que determina si un sonido, una imagen o una sensación corporal es percibida como amenaza. Y lo que se descubre en el trabajo de Jeffrey Gray es que La sensibilidad de la amígdala depende, al menos en parte, de la cantidad de serotonina, que es un neurotransmisor en el cerebro. Los animales que tienen un alto nivel de serotonina son mucho menos dados a sentir miedo o amenaza. Los animales que tienen un nivel bajo de serotonina son mucho más hiperreactivos a los estímulos del estrés, por ejemplo el sonido alto, etcétera. Y para Van der Kolk eso fue fundamental porque sus pacientes, observa él, siempre se caracterizan por una hiperreactividad, responden a cualquier provocación, se sienten devastados por cualquier rechazo. Empezó entonces Van der Kolk a reflexionar acerca del papel posible que jugaría la serotonina en PTSD. O hubo otras investigaciones que demostraron que ciertos animales, por ejemplo, con actividad dominante, tenían un nivel alto de serotonina, cuando los animales con baja, bajo nivel de serotonina tendrían un papel Mucho menos secundario en un grupo de animales. Y la conclusión ahí es que el entorno social interactúa con la química del cerebro. Eso es muy importante. Las implicaciones para las personas traumadas son obvias. Sí, dice Van der Kolk, si pudiéramos encontrar maneras de incrementar el nivel de serotonina, entonces podríamos atender ambos problemas de una vez: la hiperreactividad y la cuestión del trauma. Entonces, en el mismo congreso aprendió Van der Kolk que las compañías que producen Medicamentos químicos desarrollaban, estaban en el proceso de desarrollar dos nuevos productos para hacer eso, pero ninguno todavía estaba disponible. Se empezó desde el lado de Van der Kolk a experimentar con un suplemento alimenticio que se llama L-triptófano, que es un químico precursor de la serotonina en el cuerpo. Dice que los resultados no fueron muy satisfactorios y una de las drogas en investigación nunca llegó al mercado y la otra era la fluoxetina, que es el nombre del Prozac, Prozac es la marca, que se volvió una de las medicinas psicoactivas más exitosas en el mercado. Van der Kolk habla de los estudios acerca del Prozac y todas las medicinas relacionadas: Zoloft, Celexa, Cymbalta, Paxil, y muestra, demuestra a través de los ejemplos que ha tenido una contribución importante para el tratamiento del trauma original originado por abuso, los desórdenes originados por el trauma. Y muestra, por ejemplo, un estudio que se hizo con el test de Rorschach para medir cómo las personas traumadas perciben su entorno. Estos datos le dio importante información, importante para poder clasificar las medicinas Antes, estas medicinas se conocían como inhibidores de la reapropiación selectiva de la serotonina. Y antes de tomar Prozac, las emociones de estos pacientes controlaban sus emociones. Controlaban sus reacciones. Y piensa en un paciente neerlandés que no estaba en el estudio de Prozac, que lo vino a ver para un tratamiento de su violación que vivió de niño, y que estaba convencido que el médico lo violaría en el momento que sentí que escuchara su acento neerlandés. Y con Prozac hubo una diferencia radical. Dio a los pacientes con PTSD una sensación, una noción de perspectiva. Les permitió ganar un control considerable sobre sus impulsos. Entonces, Van der Kolk concluye ahí diciendo que Jeffrey Gray tenía razón. Cuando su nivel de serotonina se incrementaba, muchos de sus pacientes se volvían menos reactivos. Afirma Van der Kolk que la revolución de las medicinas generó tanto bien como mal. La teoría de la enfermedad mental que es causada en primer lugar por la falta de balance químico en el cerebro, que podría ser así corregida por ciertas drogas, ha sido completamente aceptada por los medios, por el público, por la profesión médica. En muchos lados las drogas han desplazado la terapia. Han permitido a los pacientes quitar sus problemas sin atender los asuntos que los causaban. Los antidepresores pueden hacer toda la diferencia en el mundo para ayudar al funcionar a diario. Y después, bueno, uno llega a la elección de elegir entre una un somnífero, o bien tomar alcohol hasta dormir. Estas son cuestiones que cada uno elige y dice, no, ninguna es preferible, tomar un somnífero para dormir, o bien tomar tanto alcohol como para no tener que despertar en la noche. Para las personas que están exhaustas de intentar, solas, a través de clases de yoga, a través de una rutina de ejercicio, o a través de intentar volverse resilientes, la medicación puede generar una solución que salva la vida. Pueden ser estas medicinas muy útiles, muy apoyadores. Para que las personas traumadas vivan menos, con menos sufrimiento, menos sometidas a sus emociones. Pero debería, dice van der Kolk, considerarse como una ayuda en un tratamiento más amplio, pero no la única solución. Concluye van der Kolk con una contradicción. Dice, si las medicinas para la depresión estaban presentadas como lo que iba a terminar con la depresión, no resultó. Hay un incremento cada año de casos de pacientes admitidos por depresión y los antidepresivos se venden cada vez más. Da unas cifras escalofriantes. Ahí habla de, de los antidepresivos, habla de la nueva generación de antipsicóticos como Abilify, Risperdal, Ciprexa, Seroquel, explica que ahí hay una gran contradicción. En el servicio estadounidense público Medicaid, el programa de salud del gobierno para las personas vulnerables económicamente, se gasta más en antipsicóticos que en cualquier otro tipo de medicina. En el 2008, el estudio más reciente, se mostraba que el sector público fundó, financió por 3.6 billones de dólares de medicación antipsicótica contra 1.65 billones en el 99. Las personas menores de 20 que reciben las prescripciones realizadas por Medicaid para drogas antipsicóticas han triplicado en número entre el 99 y el 2008. En noviembre del 2013, Johnson& Johnson acordó pagar más de 2.2 billones de dólares en juicios criminales y civiles para llegar a resultados de acuerdos, que terminar con acusaciones que sostenían que había sido promovido incorrectamente la droga Risperdal en los adultos mayores, en los infantes, en los niños, en las personas con Handicap de desarrollo. Pero como dice Van der Kolk, nadie defiende que los médicos son responsables, los médicos que han suscrito, que han prescrito, perdón, estas medicinas sean responsables. Muchas gracias por tu escucha, por tu participación. Estaremos siguiendo con el tercer capítulo en la próxima, en el próximo episodio. Es un libro fascinante que lleva a discusiones muy importantes, conversaciones que hacen enriquecer la vida cotidiana, nos permite ser mucho más atento y atenta a lo que sucede en nosotros mismos y alrededor. Gracias por tu escucha.
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173-Tahua ti Nahua, Nahua ti Tahua... Yo soy Tú, Tú eres yo / Je suis toi, tu es moi









