Alejandro Ramos built Ciclo, a stationary bike concept with no subscription model, across six countries by making every class spectacular. He partnered with branding expert Nacho Cadena and chose the name for its meaning: a cycle without beginning or end, reflected in circular design throughout the studios.
Ahí la clave es que la experiencia sea tan buena que la gente quiera regresar. Si no haces que tu producto sea espectacular, ya valiste, porque no hay nadie que te pague una anualidad, suscripción, una membresía ni nada. Mismo si contratamos a Nacho Cadena, Nacho te dice: "Güey, yo te voy a decir cuál es tu marca, encárgate de tener una clase espectacular y yo me encargo del resto." Todo lo que representa un poco, no solo la rueda, sino un círculo, una tortilla o un molcajete o un trompo o un yoyo, todo es un ciclo que no tiene principio ni fin ni ¡Tras! Llegó con Ciclo.
Alejandro. Alejandro Ramos. Aquí en Ciclo, ¿quién donde vive?
Hace 10 años Alejandro metió toda su obsesión por el deporte en un lugar donde nadie lo esperaba, en una bici fija. Venía del venture capital, de un mundo donde el concepto ni siquiera existía. Y hoy Ciclo llena estudios en México, España, Perú, Ecuador, Colombia y hasta Estados Unidos.
Para poder conectar con nuestra audiencia teníamos que tropicalizar este concepto. Había que conseguir la mejor clase de todas. Nadie puede salir como: "Ah, estuvo buena". Prefiero que me digan: "Reventó la clase, no me gustó nada". O sea, como que tienes que mostrar mucha personalidad. Tenemos que crear rockstars. Parece que puede haber un buen candidato. Me abren la puerta, entro y sí tomo una clase verdaderamente buenísima. Trato de acercarme con él, o sea, ni me volteó a ver. Nunca se ha tratado de una bici. Más bien lo que nos gustaba era el sector de ejercicio, de fitness y de crear una comunidad.