Así SOBREVIVÍ a 20 GUERRAS | ALBERTO PELAEZ CRACKS PODCAST #298

A Spanish-language Cracks Podcast episode (host Oso Trava) interviewing veteran war correspondent Alberto Peláez. Peláez recounts covering ~20 wars across regions (Middle East, Balkans, Africa), personal near-death experiences (e.g., kidnapping in Gaza; encounters with snipers on Pakistan border), witnessing atrocities (Ruanda, Sarajevo, Yugoslavia), and losses among colleagues. He describes his journalism craft—preparation, interview strategy, handling intimidation, moral dilemmas when interviewing controversial figures (Gaddafi, Arafat, Ahmed Yasin)—and reflects on humanity, the causes of war, and the need for generosity in negotiations. He also discusses his transition to new media projects (En la cama; Expediente Peláez) and where to follow him online.
Chapters
Ha sido testigo de 20 guerras. Has tenido la oportunidad de entrevistar a máximos líderes políticos del mundo. ¿Cómo fluía una entrevista cuando las apuestas son tan altas?
La cosa es que me vendan los ojos con mucha violencia y me meten en un coche. Había habido asesinatos contra periodistas que los degollaban. Y ya sabiendo todo eso, pensé yo soy el siguiente.
Por un lado tienes nadie lo ha entrevistado, yo voy a tener el privilegio. Y por otro lado, también le estás dando un poco de lo que busca este terrorista.
Y yo creo que las entrevistas uno tiene que imponerse y tiene que saber quién es el periodista y quién es el que está preguntando y quién es el que está mandando en ese momento. Porque la entrevista no es a modo y manera como quiera entrevistado. No te queda más remedio. Y tienen que entenderlo.
Cómo es la primera vez que te pones un chaleco o que llegas a un lugar donde hay caos, hay destrucción.
Hay sufrimiento, yo siempre iba con una dosis no menor de miedo. Y el miedo es fundamental en las guerras y en la vida, porque te enseña el límite hasta dónde puedes llegar.
En qué momento se hace real cuando ves morir a tu primera persona.
No recuerdo la primera vez que me puse un chaleco antibalas. Sí recuerdo la primera vez que vi morir a una persona. Además, lo tengo completamente indeleble. Nos ponen contra el coche. Noto la mirilla del AK-47 aquí en la frontera entre Pakistán, donde la vida no vale nada. Se categoriza como que te van a matar.
¿Qué aprendiste de la gente? ¿Por qué la gente pelea? Dices que tienes la solución para las guerras.
Desde el avión veía miles de cadáveres. Parecían zombies. Solamente faltaba que se levantaran. Alberto, abre muy bien los ojos porque lo que vas a ver aquí no lo has visto en tu vida y no lo vas a volver a ver nunca más. Y tenía toda la razón. La sensación de peligro. No te puedes hacer una idea. Ahí fue la única vez que dije es que a lo mejor yo no puedo salir de aquí.
Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Traba y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. El episodio de hoy tiene muchísimos momentos increíbles, así que escríbeme en los comentarios cuál es el que más te gustó para hacerlo. Clips Hoy tengo como invitado a alguien que probablemente conozcas, que es Alberto Pelay. Lo puedes encontrar en Instagram como Alberto Es un reportero con 37 años de experiencia como corresponsal de guerra, cubriendo conflictos en lugares como Ruanda, Yugoslavia y Afganistán. Es un gran entrevistador y ha entrevistado a líderes mundiales como Hugo Chávez, Muammar Gaddafi y Yasser Arafat. Alberto es autor de seis libros, entre los que destacan Corresponsal en Yugoslavia, Crónicas desde el infierno. También ha impartido conferencias en universidades y empresas en México y España. Es miembro de la Real Academia Mexicana de historia de 2021 y considera el periodismo un medio clave para contar las historias que construyen la historia. Hoy Alberto y yo hablamos de guerra, de humanidad, me comparte sus mejores técnicas para tener una gran entrevista y me habla de lo que él cree que es la solución para todos los conflictos del mundo. Espero que disfrutes de esta muy intensa, muy educativ y muy divertida. Pláticas con Alberto Peláez Alberto, bienvenido a Cracks Podcast.
Muchas gracias. Ya tenía muchas ganas de venir, la verdad.
Y yo también detenerte. Ahora estoy del otro lado. Tengo que decirte que la experiencia que hicimos en la cama con Alberto Peláez es de las cosas más extrañas que he tenido que hacer en esta nueva etapa de mi vida.
No lo entiendo, porque a mí cuando Mónica me dijo hace dos años que íbamos a empezar a hacer un podcast entrevistando a gente famosa en la cama, imagínate cómo me quedé. Porque yo soy un periodista que siempre he sido muy serio en lo que hago y pasar de 20 guerras a una cama, pues hombre, el tránsito, te puedes imaginar. Pero bueno, yo. Tú viste el programa, Es un programa cuyo formato es un poco sui generis, es poco ortodoxo, pero dentro siempre de un toque de seriedad. Este ejercicio de periodismo yo solamente lo concibo desde la ortodoxia y desde la seriedad.
Yo quedo muy sorprendido porque sí ha Si, yo creo que la entrevista más, más rápida, en sentido de pregunta tras pregunta tras pregunta, no tenías una sola nota contigo. Quedé fascinado con tu capacidad de entrevistar y es algo de lo que quiero hablar mucho hoy. Creo que puedo aprender mucho de ti y de tus 40 años entrevistando a algunas de las personas probablemente más difíciles de entrevistar en el mundo, no solo por el contexto, sino por la persona también. Y quiero hablar mucho de eso, pero me gustaría arrancar preguntándote cómo fue doblar a Tom Hanks.
No fue Tom Hanks, fue el niño que estaba haciendo Tom Hanks. Yo tenía 17 años, creo. Hubo una época, la gente no sabe, yo fui actor de doblaje y yo ve la película, Quiero ser mayor, creo que se dice aquí en México. Y la verdad es que la experiencia del doblaje, porque fueron 10 años, a mí me ayudó mucho a entender y a interpretar la noticia. Si tú cuando escuchas a un reportero, escuchas siempre más o menos el mismo tono. En mi caso no. En mi caso no es que yo esté interpretando como en el teatro, la noticia, pero sí le doy unas inflexiones que no se suele dar. Y eso a mí me lo dio el doblaje. A mí me soltó mucho el micrófono como actor en aquel entonces, y sobre todo como periodista, que es el presido.
Y cuéntame, ¿Tú doblabas en las épocas? ¿Qué año fue esto?
Uy, año 81. 82.
Eran las épocas en las que el doblaje español. Sí, era un doblaje bastante.
No, era muy rudimentario. Era muy rudimentario. Tenías que aprenderte el papel, tenías unos takes, tenías enfrente el. No era un monitor, era una pantalla. Y te lo iban pasando una y dos y tres. Y había que repetirlo muchas veces. Es como hoy es enormemente fácil. Lo he visto en mis hijos, en Joaquín, que es actor y ha doblado alguna cosa. Y hoy es muy fácil doblar, la verdad. Desde luego, siempre dentro de que son grandes profesionales. Pero en aquel entonces los dobladores teníamos que. Primero tenemos que tener una capacidad retentiva y luego teníamos que acoplar al muñeco cuando tú estabas doblando y había que hacer la primera, porque si no había que repetir todo el take. Y éramos muchos dentro de ese atril. Pero bueno, mira, te voy a contar una anécdota que me pasó en doblaje. En aquel entonces, las películas que se doblaban de español, películas españolas que querían doblarse. En España se ha doblado toda la vida, en parte por la dictadura de Franco, parece que no, pero sí hay unos vasos comunicantes, porque en España siempre se protegió en tiempos de Franco, el proteccionismo español. Y dentro de ese proteccionismo español estaba el españ el idioma español, todo se doblaba. Bueno, total, que pagaban la convocatoria que te llamaran, pagaban el doble cuando era una película en español o cuando era una película porno. Entonces un día yo tenía 17 años, me llaman y me dicen es una película en español. ¿Bueno, total que yo voy a Magna, me acuerdo perfectamente, cuando llego a Magna me llama Alberto Peláez, voy, abro la puerta de la sala, me encuentro una escena de un joven que está penetrando a una señora de unos 40 años y me dice el director es el estudio, no? Claro, evidentemente yo era el que tenía que hacer, el que estaba penetrando y me encuentro al lado a Celica Torcal, que fue una de las grandes actrices de doblaje español, que era íntima amiga de mi padre y entonces Celica era la que yo estaba penetrando en la película. Imagínate, ha sido de las veces que peor lo he pasado de toda mi vida. Toma, toma, dale, dale. Dios mío, por los clavos de Cristo, imagínate lo que fue eso. Además yo tenía 17 años, si yo hubiera sabido que era una peli porno lo hubiera hecho, o sea, era la voz. Claro, pero yo luego lo contaba en casa, mi padre se moría de la risa y mis padres. Pero cuando me ve Celica me hola guapo, ¿Cómo estás? Digo hola Celica. Y yo pensando tenemos que doblar esta escena en la que. Porque mi guión era toma, toma, dame, dame, dale, dale. No, no, Lo pasé fatal. ¿Grabaste alguna otra?
¿Volviste a doblar porno?
No, hice películas de dibujos animados, pero bueno, la experiencia del doblaje a mí me vino muy bien, de verdad.
Otra creo que las grandes experiencias que tuviste y que creo que te formó ya más en el carácter de periodista que aún tienes, fue tu experiencia trabajando directamente para uno de los grandes comunicadores de México, Jacobo Zabludovsky. ¿Cuéntame cómo fue trabajar con él? ¿Qué aprendiste de él?
Yo diría que la pregunta más bien es que no aprendí de Jacobo. Jacobo era un hombre muy completo en todos los ámbitos de la vida, era un hombre muy divertido, muy divertido, era un hombre de una cultura extraordinaria, sabía mucho de todo. Jacobo lo hacía desde la humildad, por eso el éxito de Jacobo siendo una persona que tenía tanto poder, que tenía tal cantidad de. Además un hombre que era muy gran conversador. La humildad que ejercía Jacobo a la hora de estar con la gente era lo que más atrapaba al público. De Jacobo aprendí primero todo eso que te estoy diciendo y luego aprendí sobre todo el olisquear la información el, el contrastar la información, el saber dónde tenía que tocar, saber el tratamiento que tenía que darle a la noticia, porque Jacobo era un mago de la información y nos lo hizo saber a todos los que trabajamos con él. Y para mí fue un enorme orgullo, porque además, fíjate, llegar en el año 85 y era un chaval de 20 años, y llegaron a una redacción que era la redacción de 24 Horas, donde estaban los más importantes reporteros. Primero el más importante reportero que era Jacobo, por qué era reportero, y luego grandes figuras del reportaje como Fernando Alcalá, como Félix Cortés, Camarillo, Rita Ganem, de la que aprendí mucho de economía cuando yo no tenía ni la más remota idea, pero ella desmenuzaba la economía como si fuera un axioma. Dos y dos son cuatro, Raúl, René Trujillo, Juan Francisco Castañeda, que gracias a Juan Francisco yo me hice corresponsal de guerra. Tanta gente que para mí fue un abrevadero, que yo sin ese concurso de gente, yo ya no sería hoy el mismo periodista que fui. Y desde luego sin la figura de mi padre.
¿Tienes alguna anécdota que sea alusiva a esto que me estás contando? ¿Cómo se comportaba él?
Jacobo tenía la humildad de. Mira, un día, yo viajaba mucho en aquel entonces, porque aquella guerra que se me ocurría me iba, Jacobo me decía vete tú y tal, porque él sabía que yo era respondón, que yo sabía. Él sabía que conmigo en una guerra iba a haber rating, pero también estaba siempre muy preocupado. Una vez llegó una información nuestra, una nota que mandé en la que nos disparó un francotirador. Y Jacobo al ver la nota y el momento de los disparos, me dijo te vuelves ahora mismo a Madrid. Y le jacobo, no lo voy a hacer, perdón, te voy a contravenir, pero no lo voy a hacer. Me quedé un mes entero y Jacobo lo pasó muy mal. Y en otra ocasión yo había ido a Argelia, a Tamanraset, al sur de Argelia, que es la llave del Sara y del Sahel, hizo una nota que a Jacobo no le gustó y entonces me llama.
¿Por qué?
No recuerdo muy te habló principios de los años 90, pero no le gustó. Y de eso me llamó. Esta nota no tiene categoría para que entre. Qué raro, porque Jacobo no es así. Al día siguiente, fíjate la enorme humanidad de Jacobo, me llama Peláez, quiero disculparme por cómo estuve ayer contigo, tu jefe, tu máximo jefe, el factor número uno de lo que había sido Televisa y los medios de comunicación, que bajara a las andanadas a decirme al ruedo, a decirme me había equivocado. Ese era Jacobo. Espectacular.
Ha sido testigo de 20 guerras. En tu tiempo en las guerras y cubriendo infinidad de sucesos alrededor del mundo, has tenido la oportunidad de entrevistar a, como decíamos, algunos de los máximos líderes políticos del mundo, entre otro tipo de personalidades. Y me interesa mucho entender qué es lo que pasaba por tu mente, cómo te preparabas y cómo fluía una entrevista. Cuando, pues cuando las apuestas son tan altas, cuál era, si es que había una línea, un hilo conductor, siempre tu objetivo cuando te parabas frente a uno de estos líderes era comunicar, simplemente, era crear controversia. ¿Cómo pensabas tú en las entrevistas?
Hombre, generalmente era que pudieran tener un micrófono para que líderes como Arafat, como Muammar el Gaddafi, como el GK Mediazin, como Tajik Erdogan, como Ángela Mertiel, pudieran tener una megafonía, que la tenían siempre, pero que la tuvieran para nosotros, porque eso a nosotros nos categorizaba. Y yo pensaba mucho en mi empresa, mi antigua empresa, y luego también pensaba en mí, porque no todo el mundo tenía la enorme posibilidad de poder entrevistar a Gaddafi. Tener enfrente a Rafat o al jeque Ahmed Yasin, que fue el líder de Hamás, que a mí me secuestraron cinco horas para poder entrevistar al jeque que.
Quiero que al rato me cuentes esa historia.
A ver, ¿Cuántos hemos tenido la oportunidad de poder entrevistarles? Muy pocos. Es un puñado. Y te conviertes en un auténtico privilegiado. Todos, todos los días oso con nuestro trabajo. Favorecemos lo que llamaba Miguel de Unamuno la intrahistoria para hacer, para categorizar a la historia, lo que escriben en los libros de historia. Pero el trabajo de los periodistas somos el vehículo entre esa intrahistoria y esa historia. Y cuando además tienes la suerte de estar en una guerra, en un conflicto bélico, delante de un tipo como Erdogan, o de poder contar qué es lo que está pasando en tu país, en tu continente, hombre, con eso yo ya me doy por bien pagado. Por supuesto que uno no vive solamente de poder entrevistar a Gaddafi, pero no son muchos los que pueden decir que hemos entrevistado a ciertos personajes que luego además han terminado como han terminado. Gaddafi terminó apaleado y apedreado por la muchedumbre, Saddam terminó en la soga que el propio pueblo le ahorcó en Abu Ghraib. En fin, el mismo Arafat terminó también como terminó ya muy enfermo después ahí en la Muqata, en Ramala. Y he tenido la enorme suerte de ser testigo de todo eso. Y cuando eres testigo, pues hombre, no todos somos testigos de ciertas cosas, y para mí eso es muy importante.
¿Alguna vez te sentiste intimidado?
Sí, no, muchas veces. Muchas veces. El día que entrevisté a Mahvet Yasin fue mucho más que una intimidación. Intimidación pudo haber sido cuando entrevisté a Gaddafi, que era un personaje muy altanero, muy arrogante, y había cierta intimidación en algunos momentos en Israel, también en las guerras, por supuesto, en Afganistán. Pero lo que pasó con Yasin no fue una intimidación, fue un secuestro disfrazado de que no querían que yo supiera dónde estaba Yasin, que fue el líder de Hamas.
Cuéntame cómo sucedió eso.
Habíamos estado, nos había tocado en la guerra del Pérsico, en la segunda del 2002-2003-2004 nos toca Israel, pero en Israel no estaba pasando gran cosa, había hecho un circo informativo, cada uno estaba en un sitio y yo quería ir a Irak, pero en Irak no podías entrar. Ya estaba ahí Lalo y no podíamos ir. Entonces me mandan a Israel porque había estado muchas veces y conozco muy bien la situación de Israel y de Gaza y Cisjordania y los territorios ocupados o no ocupados, depende quién lo diga. Entonces un día yo estaba con Charlie, que era mi traductor y mi fixer, que era árabe israelí. Entonces Charlie tenía mucha posibilidad de poder entrar y salir, porque luego tío, tenía.
Dime tu, fixer, ¿Qué significa un fixer?
El guía. El fixer es un poco el guía que tienes que hacer de traductor, de conductor de todo esto. Total, que este, que tenía mucho don de gentes, me dice oye, ¿Por qué no entrevistamos al hacker Mediazin, que era el líder, él crea Jamás en el año 87, con otros más, pero la gran cabeza es él? Y le digo, ¿Tú le conoces? Yo no, pero conozco un amigo, otro amigo que sí les conoce y entiendo que no va por delante, pero bueno, pues vamos a ver. Al día siguiente llega Charlie, toca la puerta de la habitación a las seis de la mañana. Oye, que tenemos la entrevista con Yasin, que tenemos que estar hoy a las 5 de la tarde en una cabina telefónica en Jaffa Street, que es la calle principal de Jerusalén, que te van a llamar y ya me han dicho cuál es. Y aquello empieza a convertirse en una especie de novela detectivesca. Total, que llegó a las cinco menos cinco y empezaban a sudarme las manos, porque primero no van a llamar y luego además, ¿Sabes qué pasa? Que pasaba el tiempo y yo sabía quién era Yasin, Yasin era el señor que le decía, un señor anciano, venerable, con una túnica blanca, iba en una silla de ruedas, con una voz prácticamente imperceptible, como si nunca hubiera matado una mosca, y sin embargo Yasin era el hombre que le decía a los chavales de dieciséis, diecisiete, dieciocho años, mañana tú, tú y tú os vais a poner un cinturón de explosivos y os vais a detonar en tal café en Tel Aviv, o en tal café de Haifa, o en tal café de Jerusalén. Ese era Yasin, que parecía que no había hecho nunca nada y me estaba empezando a arrepentir de darle voz a una persona de esas características, pero por otra parte entendía, joder, es que no lo entrevisto prácticamente nadie, tengo que entrevistar.
¿Cómo piensas en esto? ¿Dónde está? A lo largo de la plática de hoy tengo muchas preguntas alrededor de la línea moral, donde puedes intervenir o solo quedarte como un observador, donde pintas el juicio entre ¿Debo de darle voz o no? Cómo pensabas en esto, o sea, por un lado tienes la zanahoria, nadie lo ha entrevistado, yo voy a tener el privilegio, yo voy a colgarme esa medalla, y por otro lado, pues también le estás tal vez dando un poco de lo que. De lo que busca este terrorista.
Hombre, lo que pasa es que yo también en esa duda, en esa diatriba que uno siempre tiene, ganaba el entrevistarle, pero también por un motivo, más allá que fuera un terrorista, porque luego entrevistado Arafat, fue otro terrorista, entrevistado a muchos más, era importante que la gente supiera cómo pensaba él, incluso para no cometer los mismos errores, para que no haya más guerras, Yo siempre he dicho que yo sé cómo arreglar unas guerras, luego te lo contaré, pero es muy sencillo, depende, claro, del ser humano. ¿Y yo decía, es importante que la gente sepa con qué piensa este tío? ¿Qué piensa este señor? Y a las cinco y tres minutos seguía sin sonar el teléfono. Y yo pensé, digo, seguro que ni va mal a sonar. Y a las 5 y 5 ya me iba. Y suena el teléfono. Y entonces descuelgo el teléfono y una persona con un acento muy árabe en inglés, me dice, Soy the painter, soy el pintor. Mañana Tiene que estar usted en el puesto de Eretz a las 7 de la mañana para que le recojan y le lleven a entrevistar al rais. El puesto Derech ahora está muy. Lamentablemente es muy famoso ahora porque es la parte norte de Gaza por donde uno entra y sale, que el 7 de octubre, como ya sabemos, se va a cumplir dentro de unos días ese fatídico año. Jamás salió y entró por ahí. Bueno, total, que dejamos los pasaportes en una caserna blindada y vamos caminando Juan y yo como 200 metros de tierra de nadie. Hay mucha explosión y muchos tiros. En fin, la bienvenida no es la mejor. Al llegar había unos coches de esos Mercedes de los años 50, amarillos, que son todo medio destartados. Y de repente, no sé cómo fue todo tan rápido, aparecen tres tipos. Cuando yo me di cuenta y estaba. Tenía dos tíos encima y otros dos encima de Juan, o no sé los que tenía Juan. La cosa es que me vendan los ojos con mucha. Con mucha violencia y me meten en un coche. Y entonces me han secuestrado. Y entonces rápidamente, parece mentira como el cerebro empieza a idear cosas y acordarse de muchas cosas en muy poco lapso, en un lapso muy corto de tiempo. Entonces pensé, digo, esto ha sido Charlie, que era un colaboracionista de estos y me ha traicionado. Es lo que pensé. Y. Y entonces, en ese momento mi angustia era tal que lo único que pensaba era cómo salir, cómo escaparme de ahí. Porque ya en Aquel entonces, año 2003, 2004, no recuerdo bien, ya en aquel entonces había habido asesinatos contra periodistas que los degollaban, contra colegas míos, contra turistas. Empezaba esa veda. Y claro, ya sabiendo todo eso, pensé yo soy el siguiente. Entonces mi angustia era terrible. Como yo conozco muy bien Gaza, porque he ido muchas veces, yo quería saber, tener referencias de dónde estaba. Entonces no tenía referencias acústicas, porque habían puesto un volumen a todo meter, el volumen de la radio entre ellos había risotadas y muchas voces y no sabía dónde estaba. Y visuales no tenía porque estaba con los ojos vendados, Al cabo de unas tres horas, calculo, el coche para y escucho al muecín llamando al rezo, por lo que entendí que eran como las 11 aproximadamente, y escucho los piélagos del mar, el oleaje del mar que choca contra unas rocas o contra algo. Estoy en algún sitio, en alguna playa de Gaza, al lado de una mezquita. Pero esto era todo lo que tenía y mi sensación de angustia iba cada vez en aumento. Y yo reconozco que es la vez que más miedo he pasado. Pero estaba prácticamente descontrolado. Estaba prácticamente descontrolado. Y entonces me sacan otra vez con mucha violencia y entro en un sitio donde pasó mucho frío. Yo venía de mucho calor, pero un calor que venía que era por los nervios, por la angustia, y además que estaba cerrado y hacía mucho calor, y de hecho el coche olía, olía mucho miedo. Total que me enteré una habitación donde yo notaba mucho frío y escucho al lado mío una respiración también entrecortada, que era Juan Hirami Gamaro, pero yo no lo sabía, no sabíamos que estábamos el uno con el otro. Entonces abre una puerta, se escuchan unas voces en árabe y empiezan a quitar la venda y me encuentro a Gikat Medyasin. Lo que había pasado no había sido un secuestro, lo que había sido es que no querían que supieran en qué parte Gaza estaba escondido, porque Ahmed Yasin era el líder número uno de Hamilton Más y era objetivo militar de Israel. De hecho, al año siguiente entrevistarla, un misil lo mata y lo deja achicharrado a él y a otros muchos. Y de eso me han pasado unas cuantas cosas.
Cuando te sientes así de intimidado durante, en este caso fue previamente, pero durante una entrevista, cambia el flujo de la entrevista, ¿Cómo logras manejar eso para aún así lograr tu objetivo?
Cuando yo estaba con este, con Yasin, y después de tanta peripecia que había vivido y tan pocos que le habían entrevistado, le dije, yo pensé, no puedo ser muy reaccionario ni muy contestatario, porque si lo soy, igual me quitan la cinta y me quedo sin entrevista. Y después de que me acaban de quitar 10 años de vida, después de lo mal que lo pasé, entonces fui muy soft. Cuando terminamos ahí sí ya Juan guardó la cámara, le dije, oiga, Rice, ¿Le puedo hacer una pregunta? Sí, claro. ¿De usted tiene nietos? Sí, claro que tengo nietos. Y usted invitaría a un nieto suyo que se puede ser un cinturón y se detonará. Y su respuesta fue los designios de Alá son los signos. Es Alá el que dictamina que hay que hacer. Ya me gustaría ver a ver alguno de los nietos. Es muy fácil luego ver los toros de esa barrera. Pero ya no pude hacer esa entrevista, esa pregunta con la cámara.
¿Cuando te vas a preparar para entrevistar a alguien como él o algún otro personaje polémico que has entrevistado a una buena cantidad? ¿Cómo es tu preparación para esa entrevista?
Bueno, hoy hay una herramienta de trabajo que es Internet, que te encuentras todo bien y mal. Antes yo que soy de la vieja escuela y Sansa, cuando yo era adolescente y nos pedían trabajos en el colegio, me acuerdo uno que hice del gótico con 10 años, que busqué hasta debajo de las piedras. Hoy todo eso desaparece. Y es verdad que Internet hay partes que son muy serias. Y entonces yo desde luego me estudia el personaje de arriba abajo. Cuando son personajes de esas características, ¿En qué te enfocas?
Porque una cosa es la disponibilidad de información y otra cosa es el enfoque que tú le das a esa información. ¿Qué es lo que buscas?
Cuando son políticos importantes, me dedico fundamentalmente a temas políticos. A Erdogan, que le tuve enfrente en Ankara, pues no le iba a preguntar cuántas horas dormía yo me interesaba mucho lo que estaba pasando. Pero mis entrevistas generales, la cama, no tienen mucho que ver generalmente con lo que uno hace. También, pero de manera tangencial. Oso. A mí me interesa mucho más preguntas que tienen que ver con actitudes en la vida, porque creo que es donde desnudas al personaje, donde te das cuenta cómo es el personaje, cómo siente desde el punto de vista humano. Yo soy una persona muy. Que tiene mucho amor por el ser humano. Yo sí soy un filántropo. Yo sí creo en el hombre y lo he creído siempre, a pesar de las 20 guerras donde he visto lo peor y lo mejor y lo mejor del ser humano. Pero por eso las entrevistas mías suelen ser entrevistas humanas. Estoy buscando eso. No me interesa tanto si le fue bien con un disco, si le fue bien con un trabajo. También. También, por supuesto. Pero eso no es lo más importante. El caso de los políticos, fundamentalmente el tema político.
Ahora los políticos normalmente traen. Y no solo los políticos, ya muchos empresarios y artistas también tienen una agenda. Y por más que tú quieras hacer una pregunta, ellos traen el discurso que quieren dar y son evasivos. Y al final digo, no sé si viste el debate norteamericano ayer, contestan lo que quieren contestar, no responden la pregunta que se les hace. ¿Cómo o qué técnicas desarrollaste a lo largo de tu carrera para redirigir la entrevista hacia dónde quieres?
Yo generalmente, cuando pasan este tipo de cosas, que suelen pasar con relativa frecuencia, sobre todo los personajes que tú dices, empresarios, políticos, me gusta ser muy directo. Dígame sí o no, si es que esto no tiene más vuelta de hoja, me vengo a contar. Y pasa sobre todo con los políticos. Esto es un tema binario, ¿Sí o no? Y me gusta mucho redirigir. Yo creo que en las entrevistas uno tiene que imponerse y tienen que saber quién es el periodista y quién es el que está preguntando y quién es el que está mandando en ese momento. Porque la entrevista no es a modo y manera como quiera entrevistado. Por supuesto que hay muchas licencias y el periodista tiene que tener mucha mano ancha y mucho tacto, mucha diplomacia, ser muy torero para saber cómo tiene que llevarlo. Pero cuando tú estás preguntando, tú eres el jefe, no te queda más remedio. Y tienen que entenderlo. Y si no les gusta, pues entonces que no vayan a esa entrevista. Lo que pasa es que mis entrevistas no son tampoco. A ver, cuéntame, ¿Cuando te hiciste homosexual? No, no es eso, ni son preguntas duras. ¿Cuándo robaste? No es así, porque además, te repito, yo soy un periodista muy serio que concibo esta profesión como algo prácticamente sagrado. Pero sí que preguntar hay que preguntar y ahí sí no queda más remedio. Yo sí soy de los que piensan que. A ver, hay maneras de preguntar y de preguntar, y depende del modo en el que tú estés, tú puedes decir que un toro es un toro, o un toro es un animal cuadrípedo, que tiene dos orejas, rabo y cuernos. Y tienes que saber cuándo tienes que preguntar por el toro, diciendo que es un toro o que es ese cuadrípedo. Y eso te lo da la experiencia, los años. Cuando yo muchas veces entrevisto algo, en cuanto empiezo a hablar con esta persona, antes de empezar la entrevista, pues más o menos ya sé por dónde debo entrar. Y eso lo sabemos hacer los que hemos entrevistado toda la vida, los periodistas, los que nos dedicamos a eso, y.
Ellos saben quién eres tú antes de que. Supongo que conforme fuiste creciendo de perfil y ganando experiencia, pues llegaba no el reportero español, sino llegaba Alberto Peláez.
Sí, yo creo que, hombre, tantos años de experiencia te dan la credibilidad de que al que vas a entrevistar sabe que estás con Alberto Peláez. Para lo bueno y para lo malo. De todos modos, yo no soy una persona beligerante ni busco. No, no, ni mucho menos. Pero yo creo que ya saben a quién le va a entrevistar. Cuando luego cuando te dicen esas cosas de tú eres un referente, tú eres el maestro y quién se rinde a tus pies. ¿Yo esas cosas, quieres que te diga? A mis 60 años todas estas cosas ya me las paso un poco, las dejo un poquito aparcadas, toda esa hojarasca que hay alrededor. Pues con 40 años sí, pero con 60 no, con 30. Y yo sé quién soy, yo tengo claro quién soy. Hay muchas cosas en la vida que sigo sin tener claras, pero sé quién soy como padre, como marido y como periodista. Y yo no me creo ni más ni menos. A mí mi padre me enseñó el arte de la humildad y Jacobo Zabludovsky. Y yo siempre he ido de esa manera. Mira, yo tenía 14 años en mi casa somos cinco hermanos y mi padre, un hombre muy social y además tiene una enorme personalidad, un hombre muy culto. Y entonces un día. Todos somos iguales. Pero el que siempre destacó por el don de gente. Si, eso era yo. Entonces un día viendo a mi padre cómo era yo con 14 años, un día me pilla por banda y me dice mira hijo, en la vida hay que saber pedir perdón por el éxito. Fíjate qué frase. Y ahí entendí todo. Y ahí entendí que uno tiene que ir a la vida con humildad. Siempre hemos sido así mis hermanos y yo, y mis hijos y mi mujer. Yo nunca me he creído más ni menos que el resto de las personas, esas adulaciones de que eres el maestro que te diga.
¿Y recuerdas algún momento en el que alguna pregunta te haya metido en problemas durante una entrevista?
Sí, una vez con Arafat. El día que le entrevistó yo tenía 25 años. Y es que era un muy jovencito. Fíjate lo que hace esa falta de experiencia y ese arrojo. El hombre de acción, el hedonista. Con 25 años le entrevistó en un lugar escondido en Túnez a las 5 de la mañana. Nos dieron 50 mil vueltas para que la gente no se vea dónde estaba Arafat, que me cayó muy bien, muy bien. Y entonces yo le pregunto en un momento determinado, le digo, oiga, Rais, ¿Y Ud? ¿Qué haría Ud? ¿Y la OLP, su partido o su formación, para ayudar al terrorismo de Saddam Hussein? Y el tío me mira de escorzo, con aquellos ojos, aquella mirada, y me no se olvide que está usted hablando con el presidente Palestina. Me quedo de lado y vuelvo a hacerle la misma pregunta y vuelve a decirme lo mismo. ¿Y se la vuelve a preguntar por tercera vez en las conferencias, la pongo y entonces ya me dice, pero con la cara este tío? Yo le mataba. El tío me no se olvide que nosotros somos las víctimas. Y ahí terminó. Luego no me dijo nada. Luego nos hicimos 50.000 fotos con él, una hora y media hablando. Pero a mí ese momento, imagínate, yo tenía 25 años, un chaval, un chavalín, delante de un monstruo como Arafat, en un lugar perdido, porque yo no estaba ni en Madrid, ni en Valencia, ni en Sevilla, ni en Barcelona. Estaba en un pueblo perdido de Túnez. Era para estar acojonado. Y yo estaba acojonado. Pero fíjate, ahí se lo pregunté tres veces, porque yo sabía me tiene que decir esto, me tiene que contestar esto, que luego contestó lo que él quiso.
¿Cómo juegas ese baile entre ser cortés y manejar una entrevista para que sea exitosa y pueda seguir y tu entrevistado se abra y tu meta de conseguir esas respuestas, las que sabes que necesitas, ¿Cómo sabes dónde presionar, dónde aflojar?
Bueno, yo creo que los entrevistados siempre, especialmente en los últimos años, que es cuando ya tiene uno ese callo periodístico, la gente está tranquila conmigo, la gente se confía, la gente tiene confianza en mí. A mí ese es un punto en el que digo yo no, yo puedo, hasta este punto puedo hacer sangre, no puedo hacer más sangre, que tampoco se trata de hacerle sangre en las entrevistas, se trata de que te respondan lo que crees que deben de responder. Pero es verdad que la gente confía en mí porque creo que es una persona confiable. Siempre lo he creído. Al ser buena gente, porque lo digo siempre, soy muy buena gente, creo que puede ser una persona confiable. La gente se abre conmigo también por eso, por esa confianza que tienen. Y eso es un punto que te has ganado y que lo tienes que saber valorar. Y que lo tienes que seguir teniendo y por lo tanto tienes que ser duro hasta donde crees que puede ser, porque si no vas a traicionar todo lo que ellos piensan de ti y no te vuelven a dar más entrevistas.
¿Y cómo generas este rapor, esta confianza al inicio de una entrevista con alguien que tú tienes plenamente estudiado o estudiada, pero ellos no te conocen tan bien?
Bueno, depende. Cuando yo estaba trabajando en Televisa era aquí te pillo, aquí te mato, porque querían cinco notas diarias y no había ni tiempo ni para decir prácticamente buenos días, salvo cuando había entrevistas muy importantes. Yo siempre he sido una persona que intento llegar antes a los sitios para conocer un poco al personaje y para que me conozca a mí, para que vea que yo soy una persona, eso, confiable, y que no soy una persona de excesos, arrogantes.
¿Y hay algo que haces para darle esa impresión?
Bueno, yo empiezo a hablar con mucha naturalidad, como soy yo, soy un tío muy natural y yo, como siempre he desdeñado el boato y la arrogancia y la altanería, no va conmigo, nunca fue conmigo. Entonces es verdad que la gente se abre con mucha facilidad porque me quedo sin tío muy normal, muy accesible, que no soy el señor ese de la tele que cruza los brazos, que soy una persona completamente normal. Y eso les genera mucha confianza.
Y ha sucedido que algunos de tus entrevistados, digo, no sé si con Yasser Arafat, pero a mí me pasa que muchas de las personas que vienen y con las que sostengo una conversación de dos horas, terminamos haciendo una relación que va mucho más allá de la entrevista. ¿Te sucedió algo así?
Sí, sí, sí.
¿Con quién?
Bueno, mira, ahora con las entrevistas de la cama, como son entrevistas muy. Pues bueno, tú lo has vivido, son muy agradables. Además está Mónica, están mis hijos y está la perra está, Olimpia, Pues es una perra preciosa, la verdad. Pues la verdad es que debo decirte que todo eso, esa simbiosis de la familia, hace un poco que al final te haces amigo de la gente. Por ejemplo, diría Mariana Seoane, que es una tía estupenda, nos hemos enamorado de ella, todos nos enamoramos de los diferentes personajes por los que aparece y con algunos hemos hecho una buena relación. Con Marifer Centeno, a la que amo, con tantos más.
Y en un contexto más como de tu carrera pasada, entiendo estas entrevistas de la cama son mucho más cercanas y más ligeras. Cuando estabas entrevistando a algunos de los líderes tanto de Latinoamérica como como de Europa, ¿Hubo algo, alguien con quien hicieras un clic especial?
Sí, pero yo ahí, en este tipo de temas, yo siempre he querido estar donde estoy. Tampoco acercarte demasiado al político, porque mira, los políticos generalmente aquí en España y en el Congo Leopoldville, cuando les haces falta, bueno, bueno, bueno, te buscan por todos lados, pero el día que no les haces falta, ¿Quién es ese? Es un periodista, no te hace ni caso. Entonces, no, no, yo con algunos políticos no quiero saber nada, entonces les entrevisto a Dios, que le vaya muy buenas tardes.
En tu preparación dices los estudio para arriba y para abajo, ¿Traes un claro objetivo? ¿Quieres o sabes o has planeado cómo manejar la entrevista para evitar que se descarrile? ¿Llegas con juicio a una entrevista? ¿Cómo mantienes la objetividad?
Bueno, claro, claro, ante todo uno es un ser humano y claro que puedes tener juicios y prejuicios. Y además creo que como dicen aquí en México, se vale, todos somos seres humanos. Esto es un poco como el que es juez, uno tiene que ser juez, no puede ser parte. Y aquí es un poco lo mismo, uno tiene que ser periodista y tiene que ser lo más objetivo posible. Y no solamente las entrevistas. Por ejemplo, las guerras. Yo en la guerra de la antigua Yugoslavia estábamos mucho tiempo del lado croata, porque de los que nos hicimos amigos, pero había que ir al lado serbio y fuimos. Es verdad que fuimos menos porque no teníamos tantas conexiones, pero estuvimos con ellos, estuvimos con los bosnios, perdón, con el ejército de la Armilla, que eran musulmanes, porque uno tiene que dar todas las. Un periodista se debe a eso y uno tiene que dar todas las aristas que hay. Y en ese aspecto siempre he intentado ser lo más objetivo posible dentro de una enorme subjetividad que tenemos todos. A ver, si vamos a una guerra ahora mismo y vas, pues por supuesto que vas con el daño, por lo menos desde el punto de vista moral, vas con el más débil. Cuando estaba yo en la guerra de Libia, pues claro que estábamos con los rebeldes, pero si los gaddafistas eran unos tíos que iban machacando a la población de todas las maneras posibles y por haber. Hay una parte de ti que no solamente estoy con esta gente, sino que yo cogería también un cuchillo, como iban con cuchillos y a lo mejor también les ayudaba Pero no, ante todo es un periodista y tiene que ser lo más objetivo posible dentro de la subjetividad que todos tenemos.
¿Cómo fue tu primera guerra? ¿Cómo es la primera vez que te pones un chaleco o que llegas a un lugar donde hay balazos, hay caos, hay destrucción, hay sufrimiento?
Duro, Muy duro, Muy duro. Porque nunca piensas que es como en las películas. Y es mucho peor, porque además el lente No está las 24 horas del día prendido. Y aunque estuviera prendido, no siente como el ser humano no tiene alma. Y nosotros todos tenemos alma. Entonces, cuando te pones la liturgia de ponerte el chaleco antibalas y el casco, que lo haces además a toda velocidad, es una liturgia en la que dices, es que a lo mejor me entierran con esto. Porque claro que puede pasar. Uno siempre piensa cuando están las guerras. Mira, le pasó a Abel, el de la BBC, y al de la RAI, y al de la NBC. Y nunca piensas que te pasa a ti. Como cuando eres joven. Cuando eres joven, uno sabe que tiene las puertas del campo abiertas. Y piensas que nunca te pase. Claro que te pasa. Por supuesto que te puede pasar. Y entonces uno tiene que ir siempre. Yo siempre iba con una dosis no menor de miedo. Y el miedo es fundamental en las guerras y en la vida, porque te enseña el límite hasta dónde puedes llegar. Hay momentos en los que no, hasta que de aquí ya no. A mí esto me da demasiado miedo. Y esto sí me da que puedo no volver. Lo que pasa es Cuando uno tiene 30 años, pues claro, no es lo mismo cuando tiene 60. Yo recuerdo cuando tenía 30 años, en la antigua Yugoslavia, en Sarajevo. Yo llegué, no a dormir, pero sí a dormitar en primeras líneas, en costales. ¿Eso lo haría hoy? No, por supuesto que no. En aquel entonces, claro, por eso, porque piensas que nunca te va a pasar nada a ti hasta que te pasa.
¿Cómo fue esa primera vez? Nárrame tu. Tu primer aterrizaje, vamos a llamar.
Bueno, es que no podría recordar el primero, pero sí de los primeros. Sobre todo la guerra de la antigua Yugoslavia, en la que vas con un miedo atroz, en la que cada vez que te pones un chaleco, No recuerdo la primera vez que lo hice, pero sí recuerdo bien las guerras, cada vez que te pones el chaleco, vas un poco por la inercia del trabajo y no piensas ni en tu mujer, ni en Dios. En ese momento no. En ese momento piensas en hacer un buen trabajo. Pero es una sensación. Mire, yo solo comparo Oso con el torero cuando está en toriles, antes de salir, que es esos momentos en los que uno se encomienda a Dios y no es que a lo mejor el toro me coge, porque es verdad que te puede coger. Y aquí es un poco lo mismo. Pero una vez que empiezas a torear, se te quita el miedo. Y una vez que empiezas a grabar y empiezas a filmar, ya no tienes miedo. Incluso cuando están cayendo al lado tuyo explosiones. Pero los momentos anteriores es terrible. Yo me acuerdo cuando me decía Jacobo, te vas a tal guerra. Desde ese momento hasta que yo llegaba a la guerra, lo pasaba mal. No, lo siguiente. Esos momentos los recuerdo con una auténtica angustia. Oso, el momento de guardar el chaleco antibalas, el momento de guardar la chamarra esa de corresponsal de guerra, guardar todo eso, meterlo en la maleta y llevártela. Son momentos que no se los deseo a nadie, porque la angustia supera a la realidad que uno piensa que es la angustia.
¿En qué momento se hace real cuando ves morir a tu primera persona?
Bueno, se hace real en el momento en que llegas. Hombre, claro. Y lo ves muy real. ¿La primera vez, no? Recuerdo la primera vez que me puse un chaleco antibalas. Y recuerdo la primera vez que vi morir una persona. Además, lo tengo completamente indeleble, y me ha acompañado y ha sido un gran demonio que he tenido durante muchos años. Lo que pasa es que luego ya aprendí a convivir con aquella imagen. Yo estaba en Osiek, y a mí. Sí, fíjate, han pasado treinta y tantos años, y me sigue costando, y lo cuento en las conferencias, y me sigue costando contarlo. Yo estaba en Osiek, estaba con el cámara, y en Osi, que es la capital de sabor oriental, que pertenece a Croacia, es lo más cerca de Serbia, los serbios querían ir fagocitando para la hora de que capitularan los croatas, pues se quedarán con todo, todo lo que habían conseguido. Eran como a las siete, ocho de la mañana, en un mes de noviembre, hacía mucho frío, y estábamos tomando un café turco, y en una de las calles principales de Osie, que estábamos en una especie de su portal, y enfrente, yo veo a 20 metros del otro lado de la calle, un grupo de gente que empiezan a salir porque querían cruzar. La figura del francotirador en la antigua Yugoslavia es. Era muy recurrente. Lo fue en todas las guerras, pero aquí era especialmente recurrente. Entonces, en la muchedumbre comienzan a mirar todos en la parte superior de los edificios, porque desde ahí es de donde disparaban. Y de repente ve una mujer bella. No lo Las cotas son muy guapas, las croatas, pero esta mujer era especialmente bella. Y entonces veo que esta mujer me la quedo mirando. Era pelirroja, de ojos verdes, era una preciosidad. Era una mujer perfecta. Y tenía mi edad. Veintiséis, veintisiete años, veinticinco. Y entre todos se miran a ver en qué momento comienzan a cruzar. Y están buscando un líder anónimo para que le siguieran. Y yo me quedo fijamente mirando la mirada y los ojos de aquella mujer, porque era bellísima. Y alguien empieza a caminar y todos le siguen. Cada paso que daba esa gente era un paso hacia la vida, un pasaporte hacia la vida. Y seguían caminando, mirando hacia arriba, en lo que yo seguía mirando a esa mujer. Y siguen caminando y caminando, yo seguía mirando a esa mujer. Y cuando quedan tres metros escasos o cuatro, ya estaban muy cerca de llegar a la otra acera, se escuchan dos detonaciones. Como yo estaba mirándola permanentemente, esa mujer, yo veo cómo le cambia perfectamente la cara, el rictus deja de tener esos ojos verdes, porque se quedan en blanco. Y la cara de esa mujer, toda la expresión de esa mujer desaparece y se convulsiona, la cara se convulsiona y cae dos tiros, dos balas. Le habían arrancado la cabeza en ese momento esa criatura. Entonces salimos rápidamente a socorrerla y empiezan a dispararnos a nosotros. El cuerpo de esa chica era el señuelo para poder disparar a más gente. El cadáver de esa mujer estuvo durante día y medio sin que nadie pudiera hacer nada. Esa imagen que yo viví, que para mí fue terrible, terrible, que la sigo recordando hoy, pero yo ya me he reconciliado con aquella imagen, me generó tal cantidad de angustia y tal cantidad de frustración de no haber podido ayudar a esa mujer, que estuve toda la noche llorando, sin dormir, y al día siguiente dije, me voy a Madrid, digo, esto ya no. Y dije, voy a llamar a Jacobo para que le explico la historia y seguro que me dice que sí. Y es cuando dije a ver, ¿Tú a Qué has venido? ¿Tú has venido aquí a trabajar o a llorar? Y entonces decidí quedarme, y estuve dos meses más. Pero aquella imagen me ha llevado siempre.
¿Siempre se vuelve más fácil ver a gente morir?
No, la muerte es un acto, es el único acto, junto con el nacimiento, que es completamente unitario, intransferible y completamente personal. Y uno puede estar con mucha más gente, pero uno se muere solo. Y el momento de la muerte, el momento del nacimiento es traumático. Uno ve un nacimiento, no deja de ser muy sanguinolento, muy. El momento de la muerte también es un trauma, no solamente el que muere, sino el que lo está viendo. Yo a veces veo a los médicos con esa entereza, y es duro, es duro ver morir una persona, porque el alma se te va y casi te das cuenta cómo se está yendo. Y yo he visto unos cuantos morir, y es algo natural, pero duro.
¿Y se normaliza o cómo? ¿Cómo separas esas experiencias dentro de tu mente de una vida normal, en la que tal vez después no es normal, pero regresas a tu casa de seguridad, a tu campamento, te preparas ahí una sopa instantánea? ¿En qué momento puedes decidir seguir con tu vida y entender que eso es a lo que estás ahí?
A ver, yo con los años y con la experiencia y con las guerras, entendí que no era mi guerra, que era la guerra de esa pobre gente que estaba ahí. Yo tenía que ir allí para documentarlo y para explicar lo que estaba pasando en ese sitio, pero nada más. Ahí nacía y moría, porque si yo me. Si me involucraba, Oso me iba a convertir en alguien más, y yo no podía permitir eso, porque yo tenía que volver a mi casa. Mi guerra no estaba ahí, mi guerra estaba en México, estaba en Madrid, era mi familia, mis hijos, mi mujer, mis amigos, mi trabajo. Ese era mi campamento de guerra, entre comillas, y yo quería. Ese era el campamento que me correspondía, pero yo tenía que ir a la guerra de verdad, para documentarla. Pero intenté, salvo cuando sí me involucraron mucho, fueron las primeras, porque además yo estaba soltero, yo no tenía hijos, y no es lo mismo cubrir una guerra con. Que sin hijos. Ya con hijos, que cubrí muchas, se te hace mucho más duro, porque te das cuenta que esos niños que tú estás viendo pueden ser perfectamente tus hijos. Nunca estamos exentos, nadie de que pueda pasar algo igual. Hace tres años, el 31 de diciembre de hace tres años, los ucranianos estaban festejando el fin de año con champán. ¿Quién les iba a decir a los ucranianos que un mes y medio Más tarde, el 27 o 24 de febrero del siguiente año, hace dos y medio o tres, iban a estar esos brindis, se iban a convertir en 5 millones de personas desplazadas en Moldavia con un frío terrible, o en Rumanía, o en Hungría, o en Polonia? Y nunca pensamos que nunca, que las cosas nos pasan y si nos pasan. Y uno tiene que ser muy consciente que así como puede perder la vida, puede tener una enfermedad o puede haber una guerra. Y tenemos que tener muy claro, jamás en la historia, desde el Big Bang hasta ahora, Oso, ha habido una posibilidad tan real como la que hay ahora de que hay una guerra a gran escala. Otra cosa es que lo normalicemos, estamos aquí en Tecamachalco o en Madrid, o en La Herradura o en Polán, eso es distinto. Pero perdón, países como Rusia que tiene 1.600, perdón, 6.100 bombas nucleares de las cuales pueden explotar 700 en cualquier momento, o Israel que tiene, o Pakistán que tiene, o Francia que tiene, y estamos todos en el mismo saco desde el año 62 desde Bahía de Cochinos en Cuba, nunca hemos estado más cerca del averno. Otra cosa distinta es que entendiendo esto, las autoridades sean lo suficientemente competentes como para que no tengamos que llegar a algo así. Pero así como en el año 90 decían que podía haber una guerra nuclear y no lo veía, hoy sí, Pero vamos, esto no es ser ni fatalista ni demagogo, no, no, coño, es una realidad.
Y cómo, cómo te preparas para eso, o sea, hoy en tu vida, digamos, mucha gente podría pensar en tener la flexibilidad, no tener propiedades que lo amarren a una zona geográfica, estar líquido en términos de patrimonio. Hay pensando en el momento que estamos potencialmente a punto de vivir. Tú hay algo que. Pero tú en lo personal hay algo.
Que haces diferente, vivir una vida normal, una vida diaria, porque a ver, uno no puede estar pensando en el qué pasó ni qué va a pasar, uno tiene que pensar en su presente, porque es verdad que puede que exista ese futuro o no y que tú no lo vivas, eso puede pasar. Yo la experiencia que me ha dado la vida es vivir el presente con mi familia, con mis hijos, con mi mujer, con mi madre. Al final yo soy una persona de esas cosas Mira, en el mes de mayo Mi madre cumplió 90 años y estaba yo aquí. Me fui a Madrid a verla y fue una de las cosas, de los regalos más bonitos que me ha dado la vida. El poder con 90 años y hacer una fiesta. Yo me quedo con esas cosas. Lo que no puedo estar pensando es que mientras estoy festejando a mi madre, puede una bomba atómica en Rusia. No, no, tampoco podríamos vivir así. Pero sí tenemos que ser muy conscientes de lo que está pasando. Eso es.
¿Cuál fue el momento en el que más cerca de la muerte estuviste durante tus 20?
Muchas. Por ejemplo, cuento en las conferencias un día que me dispara un francotirador que estuvo muy cerca. ¿En Pakistán? En Pakistán, En la frontera entre Pakistán e Irak también. Justo en la frontera. Queríamos pasar entre Pakistán y Afganistán. Queríamos pasar a Afganistán. Y estaba muy prohibido, porque si los talibanes te pillaban, te mataban directamente. Y yo le dije a Juan, ahí está Afganistán. Entramos, hacemos un statement y nos vamos. Y cuando íbamos a entrar en la curva nos encontramos a tres tíos, tres talibanes con una bárbara hasta aquí, dos con una K-47 y otro con un bazo casi apuntándonos. Entonces para Abbas y el conductor que teníamos en seco. Y se acercan y nos sacan del coche. Una violencia también. Nos ponen contra la pared y contra el coche. Y ellos hablaban en Past Doom. Y le digo a Bastido, ¿Que están diciendo? Dice, no sé, es que hablan en pastum. Yo hablo urdu. Es como hablar vasco y español o algo así. Y entonces dice uno, money. Entonces lo que querían era dinero. Yo voy siempre sin dinero. Yo voy siempre sin pasaporte, porque es que lo pierdo por eso nada más. Y ese día tenía 200 dólares. Entonces los saco y se los doy. Cuando se los voy a entregar, se me caen. Y al agacharme noto la mirilla del AK-47 aquí. Claro, esto en la frontera entre Pakistán, donde la vida no vale nada, se categoriza como que te van a matar. Y fueron dos minutos terribles, porque entre ellos había risotadas y ya se fueron. Y fue un momento muy duro. Pero no sé, ha habido muchos más. Es que cuando uno vive 20 guerras oso y estás mínimo mes y medio en cada guerra, pues pasan muchas cosas. Ves lo peor del ser humano, ves lo mejor del ser humano. Hay partes muy divertidas. La guerra tiene una parte muy divertida, con compañeros y cosas que te pasan. Y yo creo que uno tiene que vivirlo así, con esa plenitud de que han pasado cosas malas, pésimas, buenas, divertidas, muy buenas, porque ese es el abrevadero del ser humano. Y por eso yo no soy rico ni mucho menos, yo soy que vive muy al día, pero sí soy rico en experiencias y en todo lo que he podido abrevar de los seres humanos.
¿Cuál fue la pérdida más sensible que viviste en lo personal, estando en estos conflictos?
Bueno, fuera de estos conflictos, la figura de mi padre, que tenía 25 años, y mi padre para mí ha sido una figura toral en mi vida toral, y yo le agradeceré siempre todo lo que hizo por mí. Y me siento muy orgulloso de ser hijo de Joaquín Pérez en las guerras. Bueno, ha habido muchas pérdidas de compañeros y algunos eran grandes amigos. José Couso, que murió por un disparo de un misil estadounidense en el Hotel Palestina en Bagdad. Habíamos trabajado en Madrid muchas veces. José, un tío al que yo quería mucho y lamenté mucho su pérdida. Julio Fuentes, que ahí también fue terrible, porque estábamos en Peshawar, en la parte Norte de Pakistán, 15, 16 de noviembre. Y el interés que teníamos todos los periodistas era ir y documentar que estaba pasando en Afganistán, no en Pakistán. Entonces estábamos todo medio borrachos, tomando cerveza de Rabalpindi, que además es muy dura y muy pesada. Y alguien entra, estábamos varios, acaba de capitular Kabul, dio coño. Entonces se nos quita toda la borrachera y empezamos todos a buscar generadores, alimentos, víveres. Llamo a mi empresa, digo, oye, voy a esto. Ah, pues muy bien, muy bien. A las tres de la mañana estábamos a punto de salir, recibo una llamada, un teléfono satelital y me dicen tú no vas. Digo, ¿Por qué no? Si vamos a un grupo de gente, tú no vas, te vas a Kandahar. Digo, ¿Pero sabéis dónde está Kandahar? Es imposible entrar. Y que además hay que cruzar todo Pakistán. Tú no vas. Juan y yo nos quedamos llorando mientras el convoy se iba, porque eran todos nuestros amigos. Estaban Marcelo y su mujer, que luego murieron en Irak, estaba julio Fuentes del Mundo, estaban los catalanes de TV, estaban los de Telecinco. Y vamos arropados y entramos en Kabul. Bueno, nos vamos a Cueta, la parte sur de Pakistán. Llegamos al Disco Hotel y que tenían que ver una cosa, no faltaba más, que el fantasma. Y entonces en la tarde, Juan me toca la puerta. Acaban de matar a julio Fuentes en ese convoy. Y pasó lo siguiente. Iban los primeros, los de TV, los catalanes y la productora. Quedaban como 100 kilómetros. Y empieza a decir con la literalidad que me lo contaron. No puedo más, tengo que ir al baño, me estoy meando. Y me estoy meando, No puedo más. Espérate que nos quedan 50 kilómetros. No, que no puedo, que no puedo, que no puedo. Paran para que hiciera sumisión. Le pasa julio, le pasan los de Telecinco, le pasa este Marcelo y su novia. Y a los dos minutos escuchan un tiroteo y se ven todos los coches corriendo detrás. Los talibanes cogen a julio y a su novia, le sacan el coche y los matan. Los ejecuta. En ese convoy íbamos Juan y yo. Y las deidades o el destino, la suerte, todo junto hizo que no estuviéramos. Es una de las muchas veces que nos han pasado cosas de esas características. La suerte interviene de manera determinante.
¿Y alguna vez dudaste sobre tu vocación como corresponsal?
No, son de las cosas que he tenido siempre clarísimas. Yo dudo sobre muchas cosas en la vida, pero no sobre mi profesión, porque es lo que dices tú, es una vocación. Yo supe que quería ser periodista con cinco años aquí.
Digo, hemos hablado mucho del Medio Oriente, pero has estado en África también. Y hace ya poco más de un año tuve la oportunidad de ir con Sharon Saga al Museo Memoria y Tolerancia aquí, que es durísimo, Un gran lugar que creo que todo mundo tiene que visitar. Y no creo que se pueda clasificar en cuá genocidio es peor que los otros. Pero uno de los que más me impactó fue el de Ruanda, todo lo que pasó ahí. ¿Y tú pasaste tiempo ahí y lo viste de primera mano?
Sí, yo estuve como tres meses. El genocidio de Ruanda fue espectacular. Eso sí fue durísimo. Porque los hutus mataron a un millón de tutsis en tres meses. Un millón. Y nadie de la comunidad internacional hizo nada. Por eso yo no creo ni en la ONU ni en naciones. Y además no tengo ningún interés en creer en todos ellos. Estos políticos de corbata que no.
¿Cómo te fue? Cuéntame qué es lo que viste ahí.
Bueno, fue terrible. Además, yo estaba en casa y esa noche yo había visto en un noticiero de Televisión Española cómo estaba una nota que era de un local porque no podía entrar ni la prensa occidental. ¿Como una cámara graba a 100 metros como un hutu de estafa vivo a un tutsi a base de mach? Así los mataban. Así mataron un millón. Y yo pensé menos mal que no me han dicho nada, porque las imágenes eran de terror. Al día siguiente me llaman ¿Por qué no estás ahí? No me habéis dicho Nada. Total, que 36 horas más tarde yo estaba en Nairobi para. Alquilamos un. Porque no había. Había un aeropuerto de estos de grava, de arena. Y al día siguiente estaba yo ahí, en Goma. Fíjate la sensación que uno tiene cuando llega a Goma. Yo desde el avión estaba viendo oso, veía miles de cadáveres. Estábamos aterrizando y había miles de cadáveres apilados en unas carreteras de mala muerte y en la ciudad de Goma. Pero cuando te digo miles, es que eran miles. Y estaban todos destazados, parecían zombies. Solamente faltaba que se levantaban, que se levantaran. Había tal cantidad de sangre, tal cantidad de podedumbre, el olor era tan putrefacto de toda la ciudad, El color de los cadáveres, porque llevaban semanas sin que nadie les enterra, porque nadie les quería enterrar, porque aquello era un foco de infecciones, de virus y bacterias. Yo te definiría Goma en aquellos años como una película de zombies de verdad, literal. Solamente faltaba que se levantaran. Y había miles. Pero es que eran miles. Cuando digo que eran como zombies, les faltaban un brazo, o le faltaba la cabeza, o le faltaban las manos, o le faltaban las piernas. Y así era todo. No, no era. Fue una enorme pesadilla la que yo viví durante dos meses o más, de algo más de dos meses.
¿Hay alguna imagen o serie de imágenes, algún vídeo que simplemente no te hayas atrevido a publicar?
Sí, sí. Mira, yo tengo dos que de hecho no publiqué. Yo tengo una foto en casa, en Madrid, de una gallina comiéndose los sesos reventados de un soldado en la antigua Yugoslavia. Y dije qué necesidad. Una cosa es que yo quiera que la gente vea la guerra, pero otra cosa, eso no es la guerra. Y en otra ocasión, en Benghazi, yo grabé con el teléfono que lo podía haber puesto a un tanque de Gaddafi, de los galafistas, aplanando a un. A un rebelde o a un señor que vivía en Mengas y que salió como una hoja. Fue terrible. Y ahí yo dudé ¿Lo ponemos o no? ¿Lo ponemos? Y dije no, porque tampoco había necesidad, ya estábamos mandando imágenes fuertes y duras como para tener que poner en la ejecución de un pobre hombre que lo dejan literalmente aplanado. Entonces sí ha habido esas dos veces, no recuerdo alguna más, seguramente también han sido muchos años, pero estas dos me acuerdo bien.
Dentro de todo lo que has visto y los lugares que visitaste, a ti te dijeron que no verías nada como lo que tenías que prepararte para ver en Sarajevo. ¿Qué te decían de Sarajevo? ¿Qué esperabas y qué es lo que encontraste ahí?
Cuando yo llego a. Cuando vamos a Sarajevo, vamos en un convoy de periodista, estaba Casa Weder con mi hermana, mi querida Casa Uiderko, iba Plásiter, el corresponsal de La Vanguardia que ya había estado, íbamos Juan, íbamos varios y me dice plasma, Alberto, abre muy bien los ojos porque lo que vas a ver aquí no lo has visto en tu vida y no lo vas a volver a ver nunca más. Y tenía toda la razón. La sensación de peligro, de más allá del peligro permanente durante 24 horas, durante un mes, no te puedes hacer una idea. Es que yo, las cosas que yo viví, no que vi, que viví en Sarajevo, del decir es que no salgo de aquí, ahí fue la única vez que dije es que a lo mejor yo no puedo salir de aquí, porque además las entradas y las salidas estaban llenas de francotiradores. Y ha sido el mes de mi vida, el agosto del año 92, que más miedo he pasado en toda mi vida y que más sensación de peligro he tenido. Jamás tuve tanto miedo como en Sarajevo.
¿Algo cambió en ti?
Bueno, lo que pasa es que yo siempre. El niño Alberto Peláez era un niño muy aventado, el joven Alberto Peláez también, y yo en aquel entonces me definía como un joven periodista, hedonista y hombre de acción, como eran Lorenes del Desierto, que para mí era un gran referente. Pero no se va sedimentando a través de la vida y a través diacrónicamente en la vida y de los años. Pues hombre, el pozo de. De tranquilidad dentro de lo que a uno le gustaría hacer, que es volver a aquellos rumbos, pues hombre, se impone ese pozo de tranquilidad y tocan otras cosas.
Ahora 20 guerras, muchos meses, mucha gente, y dices esa no era mi guerra, esas no eran mis guerras. Te mantienes objetivos. ¿Qué aprendiste de la gente? ¿Por qué la gente pelea? Dices que tienes la solución para las guerras.
Sí, sí, lo tengo claro. A ver, tú lo has dicho, la pregunta es muy correcta. ¿Por qué pelea la gente? Desde el Big Bang hasta ahora, oso, uno ha pegado, uno ha luchado y ha matado y ha muerto por la religión. Los sarracenos mataban por Alá y los católicos y los cristianos mataban por Dios. Pero en la actualidad, hoy se sigue matando por Alá. Por la parte territorial, todos queremos fagocitar más, todos queremos más. Y esa tierra no es de ese señor, es mía. La parte de los intereses económicos, desde donde lo veas, son los más importantes. En la actualidad conocemos dos guerras, la de Ucrania y Rusia, y la de Israel con Hamas y Hezbollah, pero hay 54 más en la actualidad. Hoy hay 54 más, pero claro, ni sabemos ni nos interesa saber dónde está Sudán y Sudán del Sur, ni Guinea Conakry, ni Liberia, ni Burkina Faso, ni parte algunas partes de Somalia. Y la gente sigue muriendo ahí. Para acabar con una guerra es fundamental la generosidad. Mira, las negociaciones, querido Oso, siempre se hicieron para perder. Tú eres un gran negociador. Uno de las negociaciones no pierde nunca porque todos tienen que ceder. Y en esa cesión en la que dices no me queda más remedio, te haces grande, porque perdiendo ganas. Si una persona es generosa y tiene esas miras globales, cosmogónicas de Estado, ahí es cuando puedes ganar una guerra, aunque la pierdas. ¿Qué pasó con Ángela Mercado? ¿Que fue una gran estadista, la mejor que hemos tenido en los últimos años? Nunca nadie igualó, ni Pedro Sánchez nada de esto, ni Macron, pero vamos, menos Pedro Sánchez. Esta mujer entendió que había que abrir las puertas a más de un millón de sirios que querían salir porque el Estado Islámico lo estaba matando. Y abrió las puertas. Y antes abrió las puertas a turcos y kurdos. Y Alemania se llenó de ellos, mientras el resto, sus coetáneos, miraban para otro lado y se ponían de escorzo, sabiendo incluso que iban a quebrantar el Estado del Bienestar de los alemanes, que es el más importante de todos los europeos. Y con esa valentía, sabiendo que podía perder las elecciones, no, no me queda más remedio, porque hay que tener altura de vidas. Yo no soy ni pro israelí, ni pro Hamás, ni por nada. Yo soy un periodista, puedo tener ciertas ideas, pero hablo de este tema. Ahora ha habido tres personajes en historia de Israel que han sido grandes personajes en la historia de Israel, Isaac Rabin, Shimón Pérez y Edu Barak. Cuando Isaac Rabin se reúne, primero la cumbre de Madrid, que no salió nada, que además la cubrí en el año 90, la cumbre de Oslo, en la que ya empiezan a decir yo les voy a tener que ceder. Y en la cumbre de Can David, cuando lo reúne este Clinton a Arafat y él le dice Rabin, le doy todo, pídeme usted todo, le va a dar todo. Y le dice Arafat, también quiero esto, ya no puedo darle más, Ya no le puedo dar más, le he dado todo, No me pide usted más. Se levantó Arafat y se marchó. ¿Cómo quedó Rabin? Como un traidor. ¿Y cómo terminó? Lo mataron Simón Pérez y Edu Barak, que tenían la misma escuela de Rabin y que entendían que no tenían más remedio que ceder. Terminaron como dos felones, como dos traidores de la patria de Israel. Pero son los únicos personajes de historia actuales, junto con Ángela Merkel, que tuvieron esa catadura moral y esa mira cosmogónica. Decir tenemos que perder, tenemos que ceder. Es la única manera de que aquí tengamos una convivencia entre israelíes, palestinos, los sirios, los alemanes, etc. En esos políticos yo sí creo en esos políticos, en este politiqueo doméstico rancio de micropolítica que se practica en Europa y en muchos lugares de América latina, en esa.
¿Qué aprendes de la humanidad después de 20 guerras?
Bueno, yo sigo, te lo decía al principio de la entrevista, yo sigo pensando que el hombre es bueno por naturaleza. Yo no puedo pensar oso que el hombre sea malo para el hombre. No podría pensar eso. Soy más de Hobbes, menos de Hume. Es que si yo si después de todo lo que he visto no creyera en el ser humano, entonces apaga y vámonos. Me haría un ermitaño, una nacoreta y me iría por ahí a los montes de Vizcaya a perderme todo el resto de mi vida. Y no soy así. Yo quiero pensar que hay más bondad que maldad. Mucho más. Ya te contaré de mi nuevo programa que se llama Expediente Peláez, que el primer capítulo va a tratar de eso, de la bondad y de la maldad. Yo no puedo creer más que el ser humano es bueno. Y a mí me enseñó a que hay mucha más gente buena que mala. Yo he vivido situaciones muy bonitas en las guerras y he vivido situaciones miserables.
Muy bonitas.
Por ejemplo en Gaza, que es una zona completamente depauperada. Una de las veces que fuimos, llegamos a una casa y una gente que no tenía más que tres gallinas y doce huevos, querían forzosamente que nos comiéramos los huevos, porque éramos sus huéspedes cuando no tenían que comer esa gente. Y era hacerles un feo el no comernos aquellos huevos. Y sin embargo, yo he conocido en las guerras a un compañero, alguien que me dijo que si me iba de caza con él, porque habían pagado a un francotirador para que matara a una persona. Entonces te encuentras este tipo, perdón. Sí, sí, sí, como turismo, turismo bélico, vamos a decirlo. Era un periodista, por eso era portugués.
No te digo, era un periodista, pero estaba aprovechando su te.
¿Quieres conmigo de casa? Digo, ¿A dónde es que he dado pasta a este tío? ¿Hasta dónde se puede perder los últimos vestigios de humanidad, oso, para que hagas ese tipo de cosas? Entonces he conocido lo malo, he conocido lo bueno, he conocido lo divertido, he conocido lo simpático, he conocido lo triste, he conocido todo, afortunadamente.
Y dices que ha sido inmensamente feliz en las guerras. Bueno, fuiste persiguiendo las guerras qué te daba la guerra.
Sí, sí, siempre lo digo, yo he sido muy feliz en las guerras. Es un gran contrasentido, pero es verdad que he sido muy feliz en las guerras. A ver, yo siempre digo que yo soy un adicto, lo he dicho siempre, soy un adicto a las guerras, un adicto al peligro, un adicto a esa sensación del límite entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto en la vida y la muerte ya no, ya menos. Pero de joven a mí me gustaba estar siempre en ese límite de que voy a estar aquí, más aquí en la vida, pero vamos a flirtear con la muerte. Y esa adicción que supone el peligro, te va llevando a una más, y otra, y otra. Yo me acuerdo una ocasión, salíamos de Bagdad, Juan y yo, y en el avión despegando, me acuerdo que digo, oye, ¿A qué guerra vamos ahora? Y estábamos ideando la siguiente guerra y estábamos despegando, porque es una sensación, pues como todas las sensaciones de adicción, sumamente reconfortante. Claro, con el tiempo no es lo mismo, te digo, todo va pasando, todo va sedimentándose, es como los ríos cuando toca la última parte, que es cuando sedimenta todo el agua que va trayendo todos los pozos, lo mismo la extrañas. Sí, sí, sí, sí, sí. Pienso mucho en muchas cosas y hablo mucho con mi antiguo camarógrafo, con Juan, en España y recordamos muchas cosas. Y aquí igual también con Jorge Priego. Bueno, Jorgito se nos fue. Con julio González, con Carlitos Loret, que estuvimos en varias guerras. Siempre nos juntamos y contamos las mismas cosas. Son los secretos del reportero, que a lo mejor a la gente no lo entiende, no le hace gracia. Nosotros lo pasamos muy bien. Yo me reúno siempre que hablo con Carlos o con julio González o con el Camarón, para contar las mismas cosas que nos las hemos contado 700 veces. Y las 700 veces nos reímos. Me pone Carlos una cosa de. Me estaba entrevistando para mi programa nuevo, digo, esto es como una corcholata. Entonces me acordé de una anécdota que tuve yo con Carlos con una cosa de las cosas de reporteros.
Sí, me imagino que ha de ser un gremio con sus propios chistes locales. Sobre todo, no el gremio de reporteros, sino de reporteros de guerra. He estado en mesas con médicos que no entiendes el humor que manejan.
Yo me lo paso fenomenal. A mí me encanta reunirme con mis compañeros de guerra, porque es verdad que el lenguaje criptogramático que tenemos solamente lo entendemos nosotros, por eso es criptogramático. Pero es sumamente divertido, porque volver a recordar las análisis de las guerras es volver a vivir las guerras. Es volver a vivir. No digo con esto que vivamos del pasado, ni Carlos Loret, ni julio González, ni el Camarón, no, dijo Rito Cobo. Pero es no olvidar momentos sumamente especiales que solamente nosotros, Carlos, julio, Juan, yo vivimos. Y eso es un tesoro. Mira, estábamos en el año 90, una de las primeras guerras que yo cubro, que es la guerra del Kurdistán. Un día estaba yo con Michel, que era un reportero de TF, la televisión francesa, y nos meten en una disque cantina. Tenías que ver aquello lleno de turcos. Abren una rampilla y nos metemos todos, porque había muchos kurdos, que era prohibido hablar en kurdo, ni cantar en kurdo. Y en la borrachera que teníamos entonces empiezan a cantar canciones en kurdo, que era tan prohibido que si te veía un soldado te metía en la cárcel directamente sin preguntar. Empezaban todos a cantar esas canciones en kurdo. Y nosotros les llevamos a tararear con aquella borrachada terrible. Me subió con Michelle arriba de azotea y vemos una luna sangrante, roja, pleno lunio, espectacular. Y nos quedamos mirando con aquellas cervezas y después de haber cantado con los zurdos y me ves, Alberto, este es el secreto del reportero. Y es verdad, porque la gente no te va a entender, ni lo vamos a contar, lo contamos entre nosotros. Pero uno tiene que vivir esa experiencia para que Coño, qué chulo fue aquella experiencia que vivió Michelle. Alberto Peláez en el Kurdistán, en aquella azotea, en el pueblo de Akari, a 10 kilómetros de la frontera con Irak, en el año 90. Eso vale oro, eso no se puede pagar.
¿Regresarías a la guerra? Has dicho que bueno, cambia cuando tienes familia. Ciertamente ya no tienes los 25 años que tenías cuando empezaste. Pero regresaría. Sí, sí, sí. ¿Cómo lo harías diferente?
La respuesta definitivamente sí, pero lo haría de manera diferente. Está muy bien conducida la pregunta, porque sí, volvería, pero mira cuando. Ahora ya no tengo el aparataje que tenía antes, que te ayudaba tu propia empresa, y ahora estoy solo. Para ir a una guerra hay que. Primero con dinero.
¿Por qué? Porque ¿Cómo se usa el dinero en una guerra?
Bueno, porque tienes que estar pagando al traductor, tienes que pagar el hotel o el discotel, un hotel que tiene hebreos que son aquí peores, que hay en el centro, y te cuesta 500 dólares y no puedes decir que no o mil o lo que quieran ellos, porque tienes que estar en algún sitio, tienes que estar cobijado en algún sitio. Entonces el coche, la gasolina, el hotel, que todo se encarece mucho más. Tu fixer que tienes que. Tienes que sobornar mucho, no te queda más remedio. Si tú quieres entrar, ir a este sitio y tienes un checkpoint y usted no entra a menos que le des 300 dólares, entonces entras y ahí no te queda más remedio, macho. Si tú quieres llegar ahí, que es donde está la movida, donde está la noticia, tienes que ir soltando pasta por todos lados. Entonces, a ver, uno tiene que ir con un dinero mínimo, tiene que ir con un aparataje en el que te sientas acompañado cuando es cerco informativo o algo así. ¿Pero esto de ir hoy solo con un teléfono móvil a escuchar dos tiros y a marcharme rápidamente, porque además yo soy de los que piensan o después de 20 guerras? Yo si voy de una guerra, la voy a cubrir de verdad. Yo no voy a meterme en un hotel, yo no voy a estar en una retaguardia, yo no voy a estar en otro país al lado del. No, no, no. Si yo voy, yo voy, Si no, no voy. Yo sí soy de los que piensan que una guerra se cubre como la cubríamos antes nosotros en los años 80 y los años 70. Gente, de verdad que mamó el periodismo de guerra. No lo de hoy. No digo que hoy no se cubra bien, digo que se cubre de manera distinta y de manera mucho más tangencial. Pero el olor a la muerte, el olor de miedo en el cuerpo, eso muchos no lo viven hoy, que dicen que están en guerras. Y yo no hacía más que vivir eso. Esa es la diferencia.
Dices que de la guerra aprendiste a no quejarte nunca de nada. ¿Qué te dices en un mal día? ¿Qué te dices cuando las cosas no funcionan bien? ¿Qué te dICES cuando?
Bueno, mira, ahora mismo, por ejemplo, no son días muy buenos, pero también entiendo que es lo que uno le toca vivir. Mira, yo tengo salud y los que me rodean creo que también. Eso, como dicen aquí en México, lo demás es lo de menos. De verdad. A mí nunca me imaginé que a mis 60 años tendría que reinventarme en el mundo digital. ¿Es lo que toca, es lo que yo deseaba, no? Es lo que me gusta haber hecho. No tengo que estar mirando el dinero más que antes. Sí. ¿Y qué le voy a hacer? Me voy a quejar, porque si yo me quejara, me pusiera a llorar. Bueno, es que con esto consigo un puesto de trabajo que me va a dar 100 mil dólares al día, pero como no es el caso, pues tendré que seguir luchando, Oso, si es que no queda más remedio. Por eso yo no me quejo, yo acciono. Es verdad que soy una persona de acción y siempre he entendido la acción y el trabajo que van de la mano, y no me puedo. Yo no me arredro, yo no tengo posibilidad de arredrarme ante una ausencia de trabajo. No voy buscando y doy conferencias y tengo la radio y tengo varias cosas y saldrán muchas más cosas, pero es un tema de paciencia y de no quejarse de accionar algo de lo que.
Llevas haciendo y que creo que te da mucha visión de lo que pasa en el mundo y sobre todo en América Latina. Es desde el 2000 participas en el foro de Biarritz. ¿Qué auguras para América Latina en la próxima década?
Bueno, a ver, yo no soy Walter Mercado y entonces difícilmente puedo augurar.
Pero tienes una visión.
A ver, no son buenos tiempos. Mira, yo creo que el populismo es un gran mal. Y además el populismo va de la mano del nacionalismo. Y el populismo lo hemos visto en Estados Unidos y lo hemos visto en Venezuela y lo hemos visto en Nicaragua y en tantos sitios. Yo creo que a veces vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer. Yo entiendo que este populismo que recorre ahora toda América Latina y EEUU, yo entiendo que tiene un sentido, tiene un porqué, tiene una teología. Los ciudadanos latinoamericanos y del mundo en general están hartos de que no le solucionen sus problemas. Ante esa negativa de que el político ortodoxo dice mucho pero no hace nada, van y se echan en brazos de estos políticos populistas que son muy efectivos a la hora de hablar y a la hora de verbalizarlo, pero las respuestas que te dan no se corresponden con los resultados. Yo quiero pensar que tiene que volver todo a su cauce. Tenemos que dejar que se sedimente el populismo para que luego desaparezca. Pero es una década que va a ser mala porque hay populismos por todos lados. Y con respecto aquí en México, yo. A ver, no me queda más remedio. No nos queda más remedio que pensar en que lo bueno está por venir. Yo siempre pienso que lo mejor está por venir. No me queda más remedio. Más allá de todo este enorme problema que está creando la reforma judicial, que sí creo que es un gran problema, pero habrá que ver cuando tome posesión la presidenta y habrá que darle ese margen de error y de gracia que se le da siempre de los 100. 100 días. 120 días. Después de Navidades tenemos que sentarnos a hablar. Pero los primeros síntomas no son los mejores. Pero hay que ver, queda muchísimo tiempo todavía.
Ahora cuéntame del nuevo programa. ¿Tuviste esta transformación, sales de tu antigua empresa después de 37 años, te empiezas a reinventar, sacas este programa En la cama con Alberto Peláez? ¿Está en la segunda temporada? Está empezando.
¿Empezaste tú?
La empecé yo.
Gracias.
¿A qué hora se publican y en dónde esos programas?
Todos los sábados a las 8 de la tarde por Alberto Peláez TV. Y arrancaste tú a las 8 de la tarde el sábado pasado para que la gente entre tus seguidores lo vean y se afilien a mi canal también.
Y el nuevo programa, Cuéntame de él.
Bueno, el nuevo programa Expediente Peláez no tiene nada que ver con la cama, es un poco la vuelta, mis orígenes periodísticos de nuevo la hacedora de todo esto es mi mujer, es Mónica, que se le ocurren todas las cosas, tiene una capacidad de poder maquinar nuevos programas y nuevas ideas que es espectacular. El año pasado estábamos un día en el hotel Mónica, Horacio Astudillo, que es Horacio es el de verdad, es el más importante investigador del cáncer de América Latina y yo me jacto de ser su amigo por ser un gran sabor y un gran científico. Entonces estábamos los tres un día hablando y además queremos mucho a Horacio porque acudió a Mónica de algunas cosillas y entonces a Mónica se le ocurre la idea de Expediente Peláez y empieza a aportar ideas. Horacio Estudillo tiene un formato de televisión, es un formato que en España sería una tertulia. Aquí es un programa de análisis de varios expertos que analizamos temas de la vida actual que interesan mucho, pero de los que no solemos hablar como una mesa. Entonces hablamos con expertos, por ejemplo este primero que ya ha salido de la bondad y la maldad, en la que hablamos de lo que te decía antes, el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que le corrompe. El hombre es malo por naturaleza. Y aquí participan el hijo de Pablo Escobar. Yo creo que nadie mejor que el hijo de Pablo Escobar para decir qué es bueno y qué es mal. Alfred Schoenfeld, que es el secretario particular del Papa Benedicto XVI, que es un gran teólogo, científico, catedrático, un hombre muy hecho intelectualmente, con un poso realmente espectacular. Horacio, que me ayuda a conducir. Horacio Astudillo, que es ese gran. Pero hay genetistas en todas genetistas, sociólogos, expertos, expertos de verdad, expertos muy profundos. Hay una sección que se llama We are past, pero no se escribe B A C K, sino es B chica. A K, que es Valentina, de Valentina Larraqui. Alberto de Alberto Pérez y K de Casa Huiderco, que son mis compañeras de cuando estábamos en nuestra teoría de empresa, que ya nos van a contar en una pequeña sección de 10 minutos el tema en cuestión, cómo se vive en Roma, cómo se vive en París, es decir, cómo se vive en Europa. Hemos hecho ya seis. Hemos hecho uno de la. Vamos a hacer el que sale en estos días. Algunos son dos episodios. Es sobre la inmortalidad, la inmortalidad cibernética, la inmortalidad natural, la biológica, los zombies. El zombie no existe. Y está claro, pero también lo abordamos porque, por ejemplo, no existen los zombies. Es verdad. Claro, pero ¿Quién dice que no pueden existir? Algún día en Asia hay unas hormigas, ¿Las conoces? Estas hormigas que se comen unos hongos. Ese hongo hace que mueran, pero las despierta desde el punto de vista de los nervios y matan a las otras hormigas. Si eso existe, ¿Por qué no podría existir aquí? Así, de este tenor es este programa de Expediendo a dos. Dos o tres de la figura de Jesucristo. Llevo todo el verano estudiando a Jesucristo, pero a Jesucristo de verdad, no a Jesucristo que nos han vendido. Por ejemplo, Jesucristo tuvo varios hermanos. Yo quiero conocer, quiero que nos hablen de la historia de los hermanos. Los apóstoles de Jesucristo. Terminaron todos muy mal, porque fueron a contar la palabra de Dios como si fueran los apóstoles. Y cuando van a diferentes lugares, uno termina desollados, otros terminan en la cruz en forma de X. Todos se miraban muy mal. Y solamente conocemos la figura de Jesús, pero no conocemos el destino y el final de aquellos apóstoles. Tengo dos sobre la figura del diablo y los exorcismos. Vamos a abordar temas que a la gente le van a interesar. Tengo uno que también saldrá pronto, que es el tema de la inseguridad de los periodistas en México. Y ahí tengo también al hijo de Pablo Escobar. Tengo a una periodista, colega nuestra de Aguascalientes, que descubrió las ramificaciones de narco con la clase política y vive con cinco escoltas. Tengo a la mujer de Valdés, que lo mataron. Le metieron 12 tiros en Culiacán en 2017. Entonces, todas las mesas están conformadas por gente experta en todas esas materias.
¿Y este programa en donde sale?
También en Alberto Peláez TV en YouTube. Va a ser una periodicidad bimensual. Son dos cada dos semanas, uno los miércoles a las 8 de la tarde, aunque luego ya se queda colgados.
Y es un programa en un estilo de foro.
De foro, sí, de una hora de duración, dividido en cuatro bloques. Lo que está casa Valentina, están mis hijos, acuérdate que la familia Peláez estábamos todos muy unidos y aunque Joaquín y Consagra son actores y actrices, pues hombre, me ayudan en la parte de la producción y por supuesto Mónica, que es la productora ejecutiva de eso y de todo.
Alberto, usaste la palabra hedonismo varias veces durante la entrevista. Decías que el hedonismo de los 25 años es algo que todo mundo debería de vivir. ¿Tú sigues viviendo en hedonismo hasta cierto punto? ¿Y si no a tus hijos cómo les hablas del hedonismo?
No, no, no, no, porque yo creo que, a ver, el hedonismo tiene que ir siempre a la par con un tipo de personalidad y yo siempre fui así muy aventurero, un poco quijotesco si tú quieres, y eso concuerda más con una figura hedonista. Joaquín, Edgar, Yey, como quien guste que le llamen, y Constanza son chicos mucho más tranquilos, además Edgar y es un tío con un pozo intelectual desde niño, con un pozo sin fondo por qué aprender y aprender y Constante es una niña también muy especial. Yo tengo afortunadamente unos hijos maravillosos y el hedonismo se queda para gente como yo. Cuando yo tenía 25 años, por supuesto, el hedonismo se quedó aparcado como tantas cosas en la vida de Alberto Peláez. Hoy Alberto Peláez, pues hombre, queriendo hacer muchísimas cosas, pues hombre, hoy es una persona que se dedica mucho a su familia, a su mujer, a sus hijos, a su madre, a sus hermanos, a sus amigos. Hay que cuidarlo todo para eso es lo más. Ese es el hedonismo de Alberto Pelayo de hoy.
Alberto, y para cerrar, si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿Qué diría?
Que Alberto Pelar es buena gente. Sí, sí, lo digo yo muy a gala sobre el mundo. Es que a pesar de que el mundo está como está, yo quiero pensar que todo se va a solucionar y que lo mejor está por venir. Es una frase muy hecha, muy manida, lo de mejor está por venir, si no eso, que todo se va a componer. Yo tengo esa fe, la he tenido siempre oso en que todo se puede arreglar en la vida.
De verdad Alberto, qué increíble poder platicar contigo. Creo que son pocas las ocasiones que tenemos de meternos a la mente de alguien que ha vivido tanto como tú, de quien podemos aprender y bueno, que seguiremos aprendiendo ahora en los nuevos formatos eres un crack. Gracias por invitarme a tu programa. Gracias por estar aquí hoy. ¿Dónde puede la gente saber más de ti, seguir tus contenidos, contactarte para conferencias?
Bueno, en las redes en Instagram es Alberto Peláez Oficial, en YouTube es Alberto Peláez TV, en TikTok y en Facebook es Alberto Peláez Oficial y en Twitter es. Creo que esa asignación no me la sé muy bien.
Y para temas de conferencias y bueno.
A través de Instagram he hecho unas cuantas conferencias a través de Instagram. Esta es una familia muy apiñada y un poco rústica a veces todavía, que nos revelamos ante la alta tecnología como tú, que tú sí que eres un crack. Yo cuando te conocí hace un par de años, que empecé a seguirte este tío qué bien ha sabido entender el mundo actual, porque no todo el mundo lo entiende, lo sigo descubriendo, pero te has metido en un tren en el que todos tenemos que meternos tarde o temprano y no es fácil, no es fácil entender este mundo tan alocado y tan Rápido. Enhorabuena. Gracias.
¿Algo que quieras agregar?
No, que me quedo muy contento con esta entrevista porque es una entrevista que ha sabido desgranar muy bien, Ha sabido desgranar muy bien las diferentes personalidades que conforman la figura de Alberto Peraiz y.
Te lo agradezco, pues viniendo de ti lo voy a tomar como un gran cumplido. Muchas gracias, Alberto.
A ti, a ti, al conteoso.
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