ClaraLau recounts the origin of her medical laboratory (Biomédica) in Mexico: motivated by critiques from returning Mayo Clinic fellows—notably Rubén Bryhanski—that Mexican labs were perceived as poor. Although trained as a microscopist/chemist and unfamiliar with business concepts, her goal was to create a world-class private laboratory to change local perceptions about quality.
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Empieza Rubén Bryhanski, no sé si oíste alguna vez de Rubén. No, falleció hace dos años. Muy conocido, un internista, un médico internista muy conocido. Rubén y muchos otros fellows de la mayo habían llegado a México y se quejaban de los laboratorios, decían, pues sí, muy bien, toda la medicina, pero los laboratorios no sirven. Cuando había buenos laboratorios, o sea, hace muchos años, hace cuarenta y tantos años, pero había buenos y malos laboratorios, como buenos y malos doctores, buenos y malos, como al día de hoy, ¿No? Pero la percepción de la gente en aquel entonces era de que no había buenos laboratorios en México, no había, punto. Y de los doctores, sin duda, erróneamente, sin conocimiento de causa, no hay buenos laboratorios. Entonces Rubén empezó a taladrearme la cabeza y con él otros tantos doctores que habían regresado de la mayo, que había que hacer un laboratorio bueno y que ya saben, ¿No? Y entonces empiezo yo con el gusanito de abrir un laboratorio privado con mucha incertidumbre, con muchas dudas, pero fue ahí donde se formó Biomédica, porque para mí el propósito era cambiar esa mentalidad de la gente. Yo no era, soy química de microscopio, de formación, o sea, en mi vocabulario no existía competitividad, sustentabilidad, rentabilidad, business plan, nada, nada. Lo único que me interesaba era que en México se supiera que había un laboratorio de calidad mundial, punto. Ahí quiero entrar.