Adalberto Flores recounts his time living in China where he intentionally socialized primarily with East Asians (Chinese, Japanese, Koreans), dated locally, and studied Mandarin in immersive, Mandarin-only classes. He describes a mental transformation from adopting a different “operating system” — noting higher discipline and professional focus among his Asian peers versus Mexico’s more social/party-oriented culture — and says returning to Mexico required weeks to re-adapt; the experience also humbled him about Mexico’s limited international prominence.
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Solamente me juntaba con orientales, tomé la decisión que no me quería juntar con ninguna persona occidental, entonces tuve una novia japonesa y luego una novia china y luego otra novia japonesa, mis mejores amigos eran chinos, japoneses y coreanos, este, y mis clases de chino eran en chino con japonés y coreanos, había una clase para, para orientales y otra para occidentales, entonces dije no, no, yo no quiero con los orientales y entonces, bien chistoso porque tenía todos mis, todos mis compañeros tenían como, no, pues yo llevo, yo soy de Corea y tengo dos meses, dos meses estudiando mandarín y este, y luego, no, pues yo soy de Japón, tengo 6 meses estudiando mandarín y llego yo y no, pues yo soy de México y tengo un año y medio estudiando mandarín, les voy a dar clases y no hombre, el más burro de la clase, no, o sea, les fuí muchísimo, son increíblemente inteligentes los japoneses y los coreanos, entonces, pero bueno, tomé esa decisión de juntarme con puros orientales y entonces haz de cuenta que como que me pusieron otro sistema operativo, o sea, en la mente, si lo puedo decir así, operan diferente y piensan diferente, tienen valores diferentes, hasta lenguajes diferentes. Mis clases de mandarín eran en mandarín, ni siquiera en inglés, yo estabas acostumbrado a que me dan clases de mandarín en español, que me decían mira, esto se dice así y no, o sea, el día uno la clase de mandarín y entonces pues vi, es un sistema obviamente político diferente, es una civilización increíblemente interesante, es una civilización milenaria, yo creo que lo más interesante es que ves el mundo de manera diferente y casi te puedo decir que cuando regresé a México tardé como varias semanas adaptándome a los valores y a la cultura mexicana porque hablaba con mis amigos y decía ¿De qué están hablando? No entiendo, o sea, me sacaba de onda, ¿No? Cuando los chinos eran increíblemente disciplinados y muy enfocados a la parte profesional, mis amigos estaban más enfocados en la fiesta y no entendía, o sea, como que, Entonces, no sé, fue una transformación mental lo que creo que me ayudó muchísimo y también me di cuenta de que México es un país para los chinos insignificante, entonces uno que vive en México, uno se cree como que es un país, una la potencia decimoquinta a nivel mundial en aquel entonces creo que éramos décimo quinta, décimo tercera, décima cuarta y nombre es que es México y nombre decían ahí juegan fútbol, no es lo único que sabían de México. Entonces te da también un toque de humildad estar viendo en China. ¿Y hay algún hábito que adquiriste en esa época que aún mantienes?