Deja de querer CAMBIAR a tu HIJO

Un padre no debe intentar cambiar la naturaleza de su hijo solo porque tiene ADHD, dislexia u otro diagnóstico. Algunos niños son como cactus y otros como robles: crecen de formas distintas. La evaluación importa, pero el verdadero cambio es en la perspectiva del padre, ofreciendo recursos sin forzar conformidad.
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No puedes solo señalar al niño como él tiene déficit de atención, él tiene un problema de aprendizaje, él tiene dislexia, porque entonces perdemos de vista el nido donde ese niño realmente está madurando. Una cosa es darle los recursos que necesita, pero otra es quererlo cambiar. Este era un niño que tenía algunas dificultades y las estaba compensando. Te voy a poner un ejemplo: es como si me hubieran traído un cactus para que yo hiciera una evaluación y ellos querían que fuera un roble, porque los otros hermanos eran súper deportistas, a todos les fascinaba ir a un lugar cerca de la Ciudad de México a pasar los fines de semana y la pasaban increíble. Y este niño hacía un berrinche cada vez que iban. Él lo que quería era quedarse en su casa. A él le gustaba ir al boliche, no le gustaba ir a ese lugar donde además sembraban cosas, y él como que se aguacala con la tierra. Y tú escuchabas la historia de los papás y era paradisíaca, son padrísimos, no, se iban a este lugar y la pasaban increíble. Y este niño no. Entonces los papás como que volteaban y decían, pues como que no pertenece. Todo lo que querían era meterlo a este sistema, y eran papás increíbles, pero Yo me di cuenta que el movimiento tenía que ser en que estos papás pudieran ver a su hijo desde otro lugar y vieran que un cactus es perfecto. Que qué padre que tuvieran otros 3 Robles, lo cual era maravilloso, pero ese era un cactus y necesitaba algo diferente. Hoy te lo puedo poner en palabras porque hoy ya lo entiendo, pero en ese momento fue una intuición, una sensación mía en donde dije: sí, hacer valoraciones es importantísimo porque nos da un mapa, pero tiene que involucrar también un movimiento de los papás. No puedes solo señalar al niño como él tiene déficit de atención, él tiene un tiene un problema de aprendizaje, él tiene dislexia, porque entonces perdemos de vista el nido donde ese niño realmente está madurando, evitamos que florezca, interferimos muchas veces en un proceso natural. Una cosa es darle los recursos que necesita, trabajar con sus áreas de oportunidad, prepararlo para el mundo, pero otra es quererlo cambiar. Y siento que a veces los papás tenemos esta fantasía: yo le escribí una carta a la cigüeña porque quiero un futbolista que sea súper popular, que le vaya muy bien en la escuela, o quiero una bailarina que sea súper compasiva, que tenga muchas amigas. Y eso esperamos porque somos seres humanos. Pero cuando llega la cigüeña y nos deja ese bebé y empieza a crecer, pues de pronto nos damos cuenta que no es eso, es diferente, es otra cosa, ni bien ni mal. Y ahí como papás empezamos un día de pronto a preguntarnos: ¿y qué hago con esto? Que no es futbolista, que no es el mejor de su clase, que no es popular. Y la pregunta es para nosotros. Claro que hay que atender al niño. Yo lo viví durante 25 años que hice valoraciones y vi casos de muchísimo éxito en procesos de terapia maravillosos.
La gran pregunta es dónde está la línea, no, entre cómo discernir entre qué es tratar de meterlo una caja y qué es darle las herramientas.
Exactamente.










