Dr. ALFREDO QUIÑONES | De Migrante Ilegal a Neurocirujano de Harvard #223

Transcripción de una entrevista en español (Cracks Podcast #223) con el neurocirujano Dr. Alfredo Quiñones Hinojosa —"Dr. Q"— sobre su trayectoria desde orígenes humildes en Mexicali y migración irregular a EE. UU., su formación académica (UC Berkeley, Harvard Medical School), experiencia clínica y quirúrgica en neurocirugía, liderazgo en investigación (patentes, laboratorios, becas) y su labor filantrópica con Mission Brain para llevar tecnología y capacitación neuroquirúrgica a países en desarrollo. El diálogo cubre también temas personales: pérdida familiar temprana, conexión emocional con pacientes, manejo del síndrome del impostor, uso de nuevas tecnologías (nanopartículas, CAR-T, implantes inalámbricos), y proyectos futuros (becas y libros).
Chapters
Y se ¿Has estado tú en el quirófano? Le dije no, jamás. ¿Y si quieres gritar el quirófano? Le dije sí. Yo imaginándome ¿Me llevará algún día? No, vámonos. Ese mismo día en la noche. Oso viernes en la noche, me lleva, me lleva al quirófano el paciente, yo lo miro cara a cara y está hablando con otro doctor. Y yo digo, y del otro lado sigo caminando y de repente me doy cuenta que el residente de este doctor está estimulando el cerebro y el cerebro está abierto y el cerebro está así moviéndose. Y yo te lo juro que en ese momento sentí que las rodillas se me doblaron. Pero fue una magia enorme. Para mí ha sido muy importante el sentirme conectado al paciente emocionalmente. Yo creo en Dios. Para mí Dios no tiene un nombre, no tiene una cara, no tiene un sexo, es una energía. Ahora, yo pienso que toda esta tecnología nunca va a suplementar a lo que yo ya te Dije, a los 100 billones de neuronas, más de 160 trillones de sinapsis. Es imposible. Yo pienso que la tecnología la tenemos que utilizar para poder mejorar nuestra calidad de vida, para poder amplificar la habilidad que nuestro cerebro tiene para hacer cosas increíbles.
Hola, bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks por Yo soy Oso Traba y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Hoy tengo como invitado al doctor Alfredo Quiñones Hinojosa, mejor conocido como Dr. Q, lo puedes encontrar en Instagram como el Dr. Q. Es presidente del Departamento de Cirugía Neurológica, es el Decano de Investigación y dirige el laboratorio de Células Madre de Tumores Cerebrales en la mayo Clinic de Florida, donde ha sido reconocido con la distinción de William J. Charles H. Mayo endowed professorship. Dr. Q obtuvo su licenciatura en psicología en la Universidad de California, Berkeley y su título médico de la Escuela de Medicina de Harvard, donde se graduó Cum Laude, es decir, el más alto en su clase. Su carrera como neurocirujano comenzó en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, donde pronto fue nombrado profesor de Neurocirugía y Oncología y se desempeñó como director del Programa de Tumores Cerebrales. Es un líder de renombre mundial en técnicas de mapeo cerebral utilizadas para extirpar de manera segura tumores de la base del cráneo difíciles de alcanzar. Dr. Q ha escrito siete libros sobre cáncer cerebral y neurocirugía que han sido traducidos a varios idiomas y ha publicado más de 500 artículos revisados por pares. Entre sus muchos reconocimientos, ha sido nombrado uno de los 101 hispanos más influyentes en 2008, 2018, 2021 y 2022. Recibió el premio Humanitario Gary Lichtstein y Neurocirujano del año en 2014 y fue nombrada una de las mentes más brillantes de México en el mundo por la revista Forbes. Además de sus actividades clínicas y de investigación, es cofundador y presidente de la organización sin fines de lucro Mission Brain y miembro del comité ejecutivo de Voices Against Brain Cancer. También ha fundado tres empresas para extender el alcance de sus descubrimientos a más pacientes y ha presentado más de 25 patentes con el mismo propósito. Su inspiradora autobiografía, Becoming Dr. Q, que cuenta su travesía de trabajador migrante a neurocirujano, pronto será llevada al cine bajo la producción de Brad Pitt. Hoy Dr. Q y yo hablamos de la mentalidad que lo llevó de sus orígenes humildes a la cima de la medicina global, de las similitudes entre los psicópatas y los neurocirujanos, de cómo mantener el enfoque en momentos de alto estrés y de la importancia de soñar siempre en grande. Hay mucho más que podría decir de la fascinante de vida de Dr. Q, pero mejor espero que disfrutes esta gran entrevista con el Doctor Alfredo Quiñones Hinojosa.
Doctor Q, bienvenido a Cracks Podcast.
Gracias, Oso. Un placer estar aquí contigo y con todos aquellos que nos están escuchando.
Mirando las dos cosas, qué orgullo tener esta conversación. La verdad es que tu carrera es una que he seguido por mucho tiempo. Me parece fascinante no solo tu historia, sino lo que estás haciendo hoy, empujando la ciencia y el impacto, sobre todo en países menos desarrollados. Y quiero que hablemos todo eso, pero empezar por Apolo y Rocky. Son tus perros.
Mira, aquí acaba de entrar Rocky. Míralo aquí, está hablando con Rocky. Acababa de entrar a mi oficina. Así es que lo agarraste con las manos en la masa.
¿De dónde viene tu afición por el boxeo y en particular por Rocky?
Pues yo pienso que viene de México. Sobre mis raíces humildes de crecer en México, en aquellos ranchitos a las afueras de Mexicali. De mirar a mis tíos que miraban el boxeo en aquel entonces, ¿Te acuerdas? Estamos hablando. Yo nací en 1968, entonces tengo mis memorias del 72. 73. Algunas peleas del Mantequilla, Nápoles, de Mahama, Dalí, de aquellos boxeadores, Salvador Sánchez, de aquellos boxeadores mexicanos que eran increíbles. A mis tíos les encantaba mirar el boxeo. Y yo me acuerdo que mirábamos el boxeo en esas televisiones pequeñitas de blanco y negro en que se juntaba toda la familia y bueno, era algo increíble. Yo pienso que de allí nace mi. Y también es un deporte el cual le ha dado esperanza a mucha gente humilde del salir adelante. Entonces de una u otra forma hay una elegancia increíble cuando miras a los boxeadores tirar golpes, combinaciones, el pensar es una metodología increíble. No nada más es una fuerza bruta, sino también es un poder de voluntad, de corazón, de salir adelante. Entonces de ahí sale mi. Mi amor por el boxeo. Y luego eventualmente miro la película de Rocky en los 70s, la original, la que gana el premio de los Oscares, que la nominan por muchos Oscares. Y me fascinó la idea de aquella historia de un hombre humilde, de una persona a la cual el mundo nunca le ha dado nada y le habían dado una oportunidad, la oportunidad de durar 15 rounds con un boxeador de una calidad increíble. Y de ahí me empiezo a identificar yo, ¿Verdad? Con esa idea. Lo que le llaman en Estados Unidos una historia de rags to riches, del underdog, de aquella persona que sale de la nada a pelear en contra de lo que el mundo le dice es imposible. Y así me sucede a mí el amor. Y me doy cuenta que tengo muchos paralelos en mi vida con esa historia.
Hablas de tus inicios humildes en Mexicali, pueblo fronterizo en México, en el norte del país. Estabas tú también rodeado de sanadores naturales, en particular tu abuela. Y también sufres la pérdida de una hermana a muy temprana edad. ¿Como estas experiencias, tus orígenes humildes, tu familia, este suceso con tu hermana, ¿Cómo moldeó tu visión sobre la salud?
Indiscutiblemente, Oso, imagínate, a los tres años, mis primeras memorias es el estar en un funeral de mi hermanita, en el cual estaba una cajita de madera y yo estaba mirando a mis tías, tíos, primos, primas, mayores que yo, llorando a mi mamá, dándole de comer a mi otra hermanita porque eran hermanitas gemelas que habían nacido. Una de ellas falleció Marisela, y la que quedó viva era Rosa y Cela. Y pues yo pienso que eso se queda como una foto imprimida en tu cerebro y se me quedó así de mirar la tristeza y del escuchar que mi madre me decía que mi hermanita se había ido al cielo, se había ido a otro lugar y yo no entendía por qué la gente estaba tan triste porque ella tenía como unos seis meses. Yo pienso que esos momentos difíciles de la vida que te da la vida, al saber que fue por por parte de su hidratación, de no tener acceso a cuidado médico de un nivel un poco más alto y al darme cuenta al través de los años que eso es lo que sigue matando a la gente alrededor del mundo, la pobreza, la deshidratación, la diarrea todavía es la causa número uno de muerte en el mundo en gente humilde, en gente pobre y eso me da mucha tristeza. Y yo pienso que de una u otra forma también al mirar mi abuelita, mirar a María que la mencionaste tú, que era una curandera, era una persona increíble. Mira el respeto hasta la fecha, Oso. Yo recibo cartas a veces de gente que me dicen tu abuelita fue la que se encargó de la vida de mi hijo, de mi hija o de mi propia vida en aquel entonces. Me dar cuenta del respeto que ella tenía, a pesar de que también creció sin educación, pero se empezó a enseñar cómo hacer curandera, partera. Yo pienso que todo eso de una forma se empiezan a sembrar, a sembrar esas semillitas en mi propio cerebro, se empiezan a activar esas neuronas de un lado al otro, empiezan a formar una sinapsis, unas conexiones en las cuales yo pienso que se forma la fundación de lo que miras ahora del Dr. Q, del cirujano, del científico, de la persona que viaja alrededor del mundo con mi fundación, hacer lo que yo hago y de la forma también en la que yo trato a mis pacientes. ¿Te das cuenta? Yo pienso que el regalo más grande que yo tengo en el mundo es que yo encuentro la forma de identificarme, de tocar a cada paciente que yo cuido, no nada más físicamente tocarles el cerebro, sino tocarles el alma, comunicarme y conectarme con ellos. Y yo pienso que eso nace desde mirar la muerte de mi hermanita, de mirar a mi abuelita, de mirar a mi madre, de mirar a mi padre lidiar con depresión y tratar de autocurarse con alcohol, de mirar a mi abuelo, el papá de mi padre también en tratar de ayudarnos. Todo eso empieza a moldear y a formar a esta persona que está enfrente de ti en esta pantalla.
Eras un niño y ciertamente las expectativas o la perspectiva que tenía la vida para ti estaba muy lejos de lo que terminó siendo. ¿Cómo te imaginabas que iba a ser tu vida adulta cuando vivías en Mexicali a esa corta edad?
Imagínate, cuando teníamos mi hermanito Gabriel y yo como unos ocho años, yo tenía como unos ocho años, él tenía como unos seis años. Mi papá compró una televisión, nunca se me olvida, RCA. RCA, ¿Te acuerdas? Televisión es una compañía muy famosa que es famosa en Estados Unidos por televisiones y radios y todo eso. Y le faltaba un bulbo atrás. Mi hermanito y yo de una u otra forma conseguimos un bulbo como un foco y la arreglamos y nada más recibíamos dos canales de televisión, uno de Estados Unidos y otro. De vez en cuando recibíamos señales de Televisa. Y me acuerdo que en Estados Unidos salió un programa que se llamaba Viaje a las Estrellas, Star Trek con Captain Kirk. Yo jamás me imaginé, pero sí soñaba. La verdad es que yo soñaba viajar, soñaba explorar, miraba como en este programa la materia se desintegraba y de una u otra forma la movían, movían el ser humano de un lugar al otro, por espacio, por tiempo y todo eso. Entonces eso me llenaba de imaginación. Yo sé que de una u otra forma no sabía exactamente Oso que iba a ser de mi vida. Y sí, sí es cierto. He caminado muy lejos. En verdad me miro estás aquí en mi oficina. Aquí estoy en mi oficina. He caminado muy, muy, pero muy lejos. Pero al mismo tiempo me doy cuenta que ese camino no ha estado solo. Número uno, número dos, he seguido soñando. Número 3, en cada sueño me ha acompañado mi hermanita, mi abuelita, mis padres, mis hermanos, mi familia, mis raíces de México, las historias aquellas que escuchaba del chupacabras, las historias que escuchaba de Calimán, todo eso estado acompañado. Entonces no he estado viajando solo. Si me preguntas cómo me imaginaba que mi vida iba a ser La verdad es que no te puedo decir que yo me imaginaba que iba a estar aquí ahora. Pero yo sabía que de una u otra forma algo. Algo iba a pasar con mi vida. Y te lo juro que sigo pensando lo mismo. Yo pienso que todavía no logrado mucho. Pienso, sigo soñando que un día voy a lograr algo.
Decides cruzar la frontera y lo intentas de forma ilegal y fracasas. Cuéntame de ese momento.
¿Como?
¿Por qué dices que dos veces te agarraron y dos veces por el mismo error? ¿Cuál fue ese error?
Pues el error, primero que nada, sí es. Ya ves que nuestra gente humilde, especialmente gente de México, mis tíos, mis primos mayores, habían viajado, habían venido de braseros en los sesenta, cincuenta y sesenta. Y cuando pasamos por esta devaluación del peso, por esta crisis económica en los setenta, estamos hablando setenta y cinco, setenta y seis, setenta y siete, yo era un niño. Al mismo tiempo que estaba mirando Viaje de las Estrellas, mi hermanito Gabriel y yo estamos arreglando la televisión. Me doy cuenta que la vida en México estaba cambiando, porque en aquel entonces, de perdida, teníamos un poquito de dinero para comer. Mi papá me acuerdo que de vez en cuando compraba carne una vez a la semana y cocinaba. Pues era una vida feliz hasta cierto punto. Pero de repente todo empieza a empeorar. Empieza a hacerse una bifurcación de clases más acentuada en nuestro país, en el cual el pobre se hace más pobre y el rico se hace más rico, que lo hemos seguido viendo y en nuestro país, México, y en Estados Unidos también. Y yo pienso que todo esto me empieza de una u otra forma a marcar lo que yo iba a hacer en mi vida. Y yo pienso que en aquel entonces, si tú me preguntas si yo sabía exactamente de qué forma iba a salir adelante o qué es lo que iba a pasar, te estaría mintiendo. La verdad es que yo lo único que soñaba es poner comida en la mesa de mis padres, de mis hermanos, de mí también. Y de una u otra forma, eso influye. El mirar a mis tíos, el mirar esos braseros, influye el cómo pasar la frontera. Y me di cuenta que existía la posibilidad de cruzar la frontera de una forma en la cual no Tenía que pagar 600 dólares a un coyote para que pasara. Porque resulta que escuchas historias, lo mismo que escuchabas del chupacabras de Calimán y todo esto, escuchas historias, una persona cruzó la frontera, se fue de Mexicali a San Diego, agarró un aeroplano y así empiezo yo. Pero el primer error que cometí es el no entender que pues en la frontera está las patrullas de migración y todo eso. Y me atraparon la primera vez y me mandaron de regreso. Era un niño, era un niño de 18, 19 años, o sea, entonces, pero el primer error que cometí fue el no estudiar el reto que tienes enfrente de ti. Yo pienso que son lecciones que te enseña la vida, ¿Verdad? Y la segunda vez crucé con un éxito y llegué hasta San Diego, tomé un aeroplano con menos de 60 dólares y no sé, estamos hablando antes de 9-Eleven, estamos hablando de 1987, dos, tres, para ser preciso. Y yo pienso que ese error fue el primer error que cometió. El segundo error que cometí después de eso fue el hecho de que yo pensaba que la vida en Estados Unidos iba a ser mucho más fácil. Yo pienso que en aquel entonces tuve esa idea de que mirabas en la televisión los programas cómo emigrantes, llegaban a Estados Unidos, salían adelante. Lo que pasa es que a través de la historia, inmigrantes, raíces humildes que llegan a ser trabajadores, jornaleros, muy pocos salen adelante. Y la verdad, yo me encantaría decirte que fuimos muchos en aquel entonces, me acuerdo que llegábamos por cientos, trabajábamos en el campo y somos pocos los que hemos salido adelante. No soy el único, pero somos muy pocos. Yo pienso que la vida en Estados Unidos es una vida pesada, especialmente si vienen raíces humildes y tienes que tener una fe ciega, tienes que imaginarte luz cuando el resto del mundo nada más se imagina oscuridad. Y yo pienso que fue el segundo error que cometí al no darme cuenta de eso, pero lo rectifiqué inmediatamente. Yo pienso que son cosas que también mis raíces humildes de México, de venir de gente trabajadora, porque en México tenemos gente muy trabajadora, en Latinoamérica, en el resto del mundo, gente muy trabajadora, muy soñadora, muy chambeadora, que quieren salir adelante. ¿Pero esos errores te enseñan y los sobrepasas y te siguen enseñando lecciones muy, pero muy importantes en la vida, las cuales sigo utilizando todav en lo que yo hago como neurocirujano El aterrizaje en.
EEUU fue más duro de lo que esperabas, no? Y llegas de jornalero a cosechar tomate. ¿En qué momento te das cuenta que eso que para ti parecía el final, o sea, era el American Dream, no? Te saltas a su frontera, eres jornalero, haces dinero y ya, o sea, lo lograste. En qué momento te das cuenta que eso que tú imaginabas como el final, que creo que nos pasa a muchos, perseguimos una meta y cuando la logramos creemos que va a haber más, pero no lo hay. ¿Cómo te diste cuenta? Cuéntame de este día en el que tuviste la conversación que te hizo ver que eso no era para ti.
Muy cierto Oso, una conversación muy sencilla. Yo estaba trabajando en el campo y pues me di cuenta, dije, ay, es que pues me encanta lo que estoy haciendo, porque te lo digo, la felicidad no te dan los premios, no te la de la educación, no te la da el dinero, lo encuentras en ti mismo. Yo estaba contento pescando tomate, cosechando, pescando algodón y todas estas cosas, pero después de un año me di cuenta que llegabas hasta aquí. ¿Yo ya había llegado a hacer lo máximo, verdad? En el campo, trabajando, y me acuerdo que el mayordomo me decía, wow, eres trabajador, chambeador y te han llevado lo que muchos de mis otros trabajadores llevan diez, once años, tú lo has logrado en un año, ahora ya nada más tienes que esperar, a lo mejor un día puedes ser mayordomo, estamos hablando de ser mayordomo de un rancho, el cual pues lógicamente los que eran mayordomos tenían cuarenta, cuarenta y cinco años. Estamos hablando de que me iba a tardar otras tres décadas para llegar. Estaba hablando un niño, diecinueve, veinte años. Yo dije, pues tiene que haber algo más. ¿Después de esto pensé yo, sabes qué? Voy a aprender a hablar inglés y a la mejor mirando, estaba empezando ya a entender un poquito el sistema, a lo mejor puedo entrar al colegio, a la universidad, estudiar. Y yo de una forma muy, pero muy humilde le platico a mi primo, él había dejado la high school, la prepa, para empezar a trabajar en el campo, lo que pasa en muchas nuestras familias humildes, dejan la escuela, no se dan cuenta que la educación es la mejor provisión para una edad mayor, una edad adulta. Y él la deja. ¿Y yo le digo a Óscar, le digo, sabes que Óscar? Tengo ganas de ir a la escuela, aprender inglés y a lo mejor un día puedo ir a la universidad, estudiar y hacer algo más. Y él me mira, yo no pienso que lo hizo con maldad, sino él me quería, quería que yo aterrizara en tierra firme, más que nada porque él miraba alrededor y pues nadie lo había hecho, me dice no, dice ¿Por qué? ¿Qué tonterías son esas? Este es tu futuro, aquí llegaste, aquí vas a pasar el resto de tu vida así como Javier, como Octavio. Empieza a mencionar nombres y yo los miraba y eran, pues eran jóvenes que ya habían pasado veinte, treinta años, mi tío, mis tíos y yo dije no tiene que, yo sentí como que se me habían enterrado una daga, me di cuenta que de una u otra forma, a la mejor yo mismo, los sueños que yo tenía de hacer algo más, porque siempre a mí me encantó leer, me encantó estudiar, me encantó aprender, a lo mejor sueños que yo tenía, yo ya estaba dando la reflexión que este, el trabajar en el campo iba a ser mi futuro y te lo juro, no es nada en contra de trabajar en el campo, es una labor muy, pero muy hermosa, pero llega el momento en que no te está retando ya. Y ahí sentí como que alguien me encajado una daga en mi corazón y cuando es cuando yo pensé no, tengo que hacer algo radical, porque si no salgo de esto, aquí me voy a quedar por el resto de mi vida. Y es cuando decido salir del campo y empezar a trabajar dos horas al norte en una compañía del ferrocarril.
¿Como lidias hoy cuando la gente te dice que algo no se puede o que tal vez no que no se puede, sino que tú no puedes?
Pues yo me lleva esas raíces, me lleva esos momentos. Oso tantas veces que nos han dicho, especialmente nuestros emigrantes de México por alguna razón, o cualquier emigrante que viene a Estados Unidos de raíces humildes, por nuestro color de la piel, por nuestro acento, la gente piensa que porque hablamos con un acento, pensamos con un acento y no es cierto, nuestro cerebro pues tiene la capacidad de pensar sin acento, o sea, las neuronas y las sinapsis se conectan de una forma increíble, pero si nos dicen, no nada más a mí, nos dicen constantemente no puedes, no vas a poder y yo lo miro constantemente en mi profesión, imagínate todavía la neurocirugía, las neurociencias, es una frontera inexplorada constantemente. Me dice la gente, ese tumor no puede ser resecado. Esta proteína no puede ser descubierta. Esta forma de migrar los cánceres no puede ser descubierta. Esta patente, este artefacto que necesitamos utilizar, el quirófano, no se puede. No se puede hacer porque no existe la tecnología constantemente. Y te das cuenta que lo que yo estaba haciendo es simple y sencillamente acumulando libros, artículos, patentes, compañías que he empezado por. El hecho es que no me quiero dar por rendido, no quiero aceptar que no se puede. Yo pienso que en el momento en que en tu propio cerebro tú te dices a ti mismo que no se puede, has perdido la batalla. Hay lógicamente cosas que son difíciles de hacer. Hay cosas en verdad que son imposibles. Te voy a dar un ejemplo. Cuando yo recién empecé, salí de mi residencia de la Facultad de Medicina de Harvard en 1999. Luego me fui a mi residencia en San Francisco en el 2005. Y agarro mi primer trabajo en Jans Hopkins por los primeros cinco años. Tuve un ascenso increíble en cuestión de educación, de libros que escribí. Me promovieron a profesor catedrático en menos de cinco años. Y bueno, era algo increíble. Becas del gobierno para hacer investigación. Y me acuerdo que de repente un neurólogo muy famoso se sienta conmigo, una persona que me estimaba mucho y me dice, ¿Sabes qué? Quieres encontrar una cura en contra del cáncer. Pero la verdad es que han pasado 100 años y la gente la ha estado buscando. Y tú eres un neurocirujano, tiene la habilidad de hacer otras cosas que tienen un impacto increíble en el cerebro, en nuestro entendimiento del cáncer. Pero a lo mejor encontrar una cura es un reto que te estás poniendo que te va a llevar a desilusionarte a ti mismo. Entonces yo tuve una reflexión, me di cuenta que necesitaba ajustar lo que yo quería hacer. De ahí ajusto. No estaba tratando de descubrir una cura en contra del cáncer. El tratar de descubrir una cura en contra del cáncer es la herramienta que yo estaba utilizando para darle al paciente y a las familias esperanza. Y te das cuenta. Entonces tienes que ajustar tus logros. Pero hay muchas cosas que te dicen que no se pueden hacer, que lógicamente no te tienes que dar por vencido, tienes que salir. Es como el líquido encefalorraquídeo en el cerebro encuentra la forma de moverse entre lugar y lugar. Y es de la forma en que yo me miro también como un ser humano, como científico, como neurocirujano. Entonces cada vez que alguien me dice no se puede, lo primero que yo hago es reflexiono, me siento un poquito así y me pongo a pensar. Yo sé que ellos piensan que no se puede, pero de una u otra forma lo tenemos que lograr. Y en esa jornada a lo mejor no logras el objetivo, pero logras otras cosas.
Es interesante todo lo que hablas y parece que hiciste un tronido de los dedos y pasaste de estar en el campo a Johns Hopkins. ¿En qué momento pasas de un community college en Stockton a Harvard Medical School? ¿Cómo se da esa transición? ¿En qué momento creíste que era siquiera una posibilidad?
Sí, qué buena pregunta. Te echaría mentira si yo te dijera que cuando estaba trabajando en el campo y luego en la compañía del ferrocarril de soldador, del limpiador, eventualmente mayordomo, yo te estaría diciendo que estaría mintiendote si yo te dijera yo voy a estar un día en Harvard. No, la transición pasa así. Estoy en el campo, estoy en la compañía de ferrocarril, empiezo a aprender inglés en el colegio, la comunidad, en la noche, donde de repente conozco profesores, miembros de la facultad del community college que me toman abajo de sus alas y me empiezan a dar alas a mí mismo y me empiezan a decir sigue estudiando, sigue estudiando. Y yo seguía sacrificando. Los fines de semana, en vez de salir, yo me iba a la biblioteca. Estaba en Stackton, California, en un colegio de la comunidad que se llama San Joaquín Delta College. Y luego me iba a estudiar a la biblioteca de la universidad. Hay una universidad que se llama University of the Pacific, que es donde conocí a mi esposa aquí, Ana, que ya está en el cuarto de silla ahorita ahí lidiando con Rocky y Apolo. Y yo me iba a estudiar ahí. Entonces yo era chambeador, o sea, me acuerdo que los fines de semana oso para poder aprender inglés. Yo me iba tempranito el sábado y el domingo a las 6 de la mañana yo estaba en la biblioteca estudiando. Trabajaba de lunes a viernes el turno de la noche. En la mañana iba a la escuela. Los fines de Semana a las 6 de la mañana estaba en la biblioteca. Entonces como eso de las 12 del mediodía ya estaba cansado de estudiar y me iba al cine a mirar una película porque quería empezar a adquirir la cultura, entender el idioma y todo eso, y eso lo hacía regularmente. Y de ahí empiezo a darme cuenta que existía más del colegio de la comunidad, existe la universidad, el colegio de la comunidad, nada más tener un grado, lo que le llaman Associate Degree, de ahí si quieres agarrar un bachelor, un bachillerato, una licenciatura, te tienes que ir a una universidad como UC Berkeley. Empiezo a aplicar y me aceptan de un de repente y yo sin darme, sin haber visitado el campus, yo nada más sabía la reputación de UC Berkeley. No acepté una oferta en Stanford porque en aquel entonces me acuerdo que el pago de ir a la escuela de Stanford eran como 10.000 dólares al año. Pues imagínate, mi hermanito Gabriel y yo habíamos trabajado muy duro para ayudarles a mis padres a comprar una casa que en aquel entonces nos costó 40 mil dólares, me acuerdo, en Stockton. Y ya mi hermano y yo ya habíamos tenido la casa pagada para ellos, habíamos guardado todo nuestro dinero y 60 mil dólares era una cantidad, 10 mil dólares al año, una cantidad enorme para mí. Y aparte de eso que tenía que buscar chamba. Entonces decido aceptar la escuela en UC Berkeley, sabe la reputación y empiezo a trabajar ahí. Y al mismo tiempo un día ya después de estar ahí por dos años, dije ay, pues ya pasé un total de tres años en UC Berkeley. Al segundo año estaba estudiando psicología y al mismo tiempo tomaba física, matemáticas, biología, química orgánica y todo eso, sin saber, estaba tomando todas las clases que se requieren para ir a la facultad de medicina. Y un día me di cuenta que mi grado, mi carrera de psicología me iba a llevar a una chamba, a un trabajo, pero no era el trabajo que yo tenía en mente. Entonces empiezo a decidir y a reflexionar y me encantó regresar a la historia de mi abuelita, de mi nana María, del cuidar pacientes, así de sencillo, porque fallece también mi otro abuelito, mi abuelito materno, el papá de mi mamá, mi tata Chuy, mi tata Jesús. Y me acuerdo que fui a Mexicali al funeral de él, manejé toda la noche y al mismo tiempo reflexioné y dije ¿Sabes que? Cuidar pacientes es algo muy hermoso. No tenía experiencia yo absolutamente nada. Regreso yo a UC Berkeley mi último año y empiezo a buscar chambas en un laboratorio, porque me di cuenta que tenía que trabajar en un laboratorio. Y me encuentro a un joven, se llama Hugo Mora, la persona que escribí yo acerca de él en mi libro. Él me dice, ¿Sabes qué me dice? Era un México americano que había crecido en Estados Unidos. Me ¿Sabes que? Quiero mirarte. Tráeme tu currículum Vita, tu resumen. Quiero mirar tus calificaciones. Nos juntamos en un café que se llama Café Strada. Acuérdate que había una película que se llamaba La Strada con Anthony Quinn en 1944. 45, que gana el Oscar. Anthony Quinn. El nombre original de él era Antonio Quiñones. Sabes que él vino de México, de Chihuahua a Estados Unidos. Mucha gente no sabe esa historia, pero él se cambió el nombre de Antonio Quiñones, Anthony Quinn. Todos ahí en Café Estrada, en UC Berkeley. Nos juntamos y Hugo, yo en aquel entonces tenía el cabello largo, ya se me cabello rizado, traía dos arracadas aquí, una aquí, una barbita de chivo. Ya me había acoplado al sistema de UC Berkeley completamente. Y Hugo Mora recibe mi correo, mi resumen, está mirando mis calificaciones, no me acuerdo que las miraba y luego me miraba, las miraba y luego me miraba. Entonces luego con un acento así chicano, me oye, vato, ¿Y este eres tú? Y le dije, sí, claro, soy yo. Y me vato, con estas calificaciones y lo que tú has hecho, tú te puedes ir a Harvard si quieres y así. Y yo me puse a pensar en ese instante, así te lo digo ahora me río de eso porque yo dije, híjole, este vato no tiene la menor idea de lo que está hablando. Está loco. Porque al mismo tiempo. Pero así nace, así nace la idea. Y ya estaba en mi último año de Berkeley y él me empieza a ayudar, me empieza a ayudar. Y así fue como nace todo esto, te lo digo. Pero si tú me preguntas otra vez si yo me imaginaba que iba a estar en esos lugares. No, jamás. Jamás me lo imaginé.
Doctor, ¿Cómo es la primera vez que ves un cerebro abierto?
Magia, magia, magia. Se me lograron, se me doblaron las rodillas. Nunca se me olvida. Estamos hablando ahora 1997. Ya estaba yo en mi segundo, pasando a mi tercer año de la facultad de medicina en Harvard. Y yo iba por un pasillo que le dicen el 95 Pike. Acuérdate que en EEUU, en la Costa del Este, hay un. Hay un super highway que es el 95, pasa por toda la costa del Este. Pues ahí en el Brigham Women's Hospital, que es uno de los hospitales de Harvard. Hay un corredor grandísimo que le dicen el 95 The Pike, como si fuera un corredor enorme. Estamos hablando de un viernes como a las 11 de la noche. Yo me fui de mi casa y para poder llegar a la biblioteca, me fui por el Brigham and Women's Hospital, por el hospital de Harvard. Crucé por este pasillo enorme. Ibas a la biblioteca, viernes en la noche, una vez más, para ilustrar de la forma en que yo trabajo, de la forma en que yo me desarrollo. Y no había nadie en el pasillo de un. De repente, a la distancia, miro a un neurocirujano muy famoso que el mes pasado él había estado en la portada del Harbor Magazine. Y lo miro que viene hacia mí y él me mira y nunca se me olvida, porque yo trae una mochilita verde que todavía la tengo en este cuarto aquí. Ahí está mi mochila verde. Y traigo mi mochila verde y la miro y me mira él y me para y me dice, ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Alfredo Quiñones. Y él me dice, oh, mi nombre es Peter Black. ¿Yo estaba pensando exactamente quién eres? Te acabo de mirar en la portada libro. Y me dice, oye, ¿Has estado alguna vez en el quirófano? Ya me dice que si, que yo estaba de la facultad de medicina y todo eso. Y si. ¿Has estado tú en el quirófano? Le dije no, jamás. ¿Y lo quieres visitar el quirófano? Le dije sí. ¿Yo imaginándome me llevará algún día? No, vente, vámonos. Ese mismo día en la noche, oso viernes en la noche. Me lleva, me lleva al quirófano, me lleva dentro del cuarto, me da un par de pijamas de pitufos, de Scrubs, me las pongo yo, Me lleva, me mete de mano al quirófano. Y al momento de entrar, oso el paciente. Yo lo miro cara a cara y está hablando con otro doctor. ¿Y yo digo, y del otro lado? Sigo caminando y de repente me doy cuenta que el residente de este doctor está estimulando el cerebro. El cerebro está abierto y el cerebro está así moviéndose. Y yo te lo juro que en ese momento sentí que las rodillas se me doblaron. Pero fue una magia enorme. Y para mí lo mágico fue el hecho de que este paciente estaba despierto, estaba hablando, pero había puesto la vida en las manos de un ser desconocido para mí, esa era la magia, la magia, la conexión de que este cirujano había formado con este paciente. Y lógicamente, después de eso, le platico a mis amigos, a Rubén y a Wells, que era un afroamericano y un americano muy queridos míos, y me está loco, los neurocirujanos son súper pedantes, súper arrogantes, no te metas en esa profesión. Pero me di cuenta de que no era cierto. Hay gente buena, hay gente humilde en todas las profesiones, y me quedé enamorado. Y de ahí, esa forma se planta esa semillita. Y la primera vez, esa magia que sentí al momento de admirar al cerebro, te lo juro que jamás se me ha quitado. Cada vez, ayer el jueves opero, ahora los jueves, muchas cirugías, tengo muchos pacientes en los cuales tengo que operar. Cada vez que yo abro el cerebro y lo miro, es una magia, es un poder, es una satisfacción, es un regalo que cada paciente, sus familiares te dan, que no te lo puede escribir con palabras. La verdad es la emoción que sientes.
Parte de lo que mencionas mucho, y me pareció fascinante, obviamente vi el episodio de The Surgeon Scott, narras parte de tu vida mientras estás haciendo una cirugía, o sea, me voló la cabeza, pero habla sobre, y lo mencionabas hace un momento, de crear esperanza en tus pacientes. No eres realista, pero buscas generar una mentalidad de milagro. Dices que has incluso detectado que tiene un impacto positivo en el sistema inmunológico. Platícame un poco de eso y no sé si tengas alguna anécdota o algún recuerdo de algún paciente particular que se haya quedado contigo en tu carrera.
Claro, indiscutiblemente. Primero que nada, tú sabes que ese episodio de Surgeon Scott, la verdad es un trabajo increíble de Lucy Blackstad, la directora, y de James Vanderpoel, que son personas que miran historias de una forma increíble, las narran, las ponen, y lógicamente todo fue espontáneo. Todo lo que estoy narrando fue discusiones, conversaciones intensas que tuve con Lucy, con James, con todo mundo. Eventualmente ya ves que los han reconocido con un Emmy, con un BAFTA. Es algo increíble. La verdad es que me fascina porque no nada más la mía, sino mire las otras tres, algo que la verdad me quedé sorprendido de la belleza en la que ponen estas cosas difíciles de lidiar con pacientes entre la vida y la muerte no es fácil y es muy retador. Yo pienso que para mí, de la forma en que yo miro esto de la esperanza, es que no hay la emoción que es mucho más fuerte que el miedo o el temor es la esperanza. Que cuando le das a los pacientes esperanza, ellos les das calidad de vida. No podemos vencer la enfermedad Oso el cáncer en el cerebro nos lleva. El promedio de vida es entre 12 y 14 meses. Ahorita en la mañana estaba escribiendo becas, tengo una beca por la cual estoy aplicando entre 15 y 18 millones de dólares para hacer investigación en el cerebro para mi laboratorio. Tengo un laboratorio grandísimo con muchas, muchas becas, muchas patentes, muchos científicos que están trabajando no para mí, sino conmigo. Ahora ellos te dicen que está trabajando para mí. Yo siempre les digo, yo trabajo para ustedes constantemente, pero la verdad es que ellos nos dan esperanza. A mí también, a mí me daba esperanza. Yo constantemente estoy trabajando para darles a mis pacientes esperanza porque me di cuenta a través de los años que a lo mejor no iba a poder vencer esta enfermedad, pero si de una u otra forma afectaba la calidad de vida del paciente en esos meses, esos años estaban conmigo de una forma positiva, ellos iban a mirar la vida de otra forma y yo pienso que eso me ha dado a mí también esperanza. De la forma. Yo a veces me pongo a pensar, no sé si esto, bueno, lo sé de una forma de anécdotas, que esto tiene una calidad, le da una calidad de vida al paciente muy positiva. El saber que su vida tiene un significado, los hace sentir fuertes, les da esperanza. Sabemos que estas cosas tienen un aspecto positivo, una influencia positiva en la forma en que nuestro cuerpo se comporta en contra de enfermedades. A veces me doy cuenta, por ejemplo, he tenido pacientes, siempre les digo yo no vamos a. No sé qué es lo que va a pasar mañana. Les digo, sé lo que va a pasar este día, Este día vamos a entrar al quirófano y mi objetivo principal es que salgas sano y salvo de ese quirófano. Número 2, que obtengamos tejido para saber en contra de qué estamos peleando. Y número 3, sacar lo máximo posible. Entonces yo estoy constantemente poniendo objetivos que son realistas y al mismo tiempo darnos esperanza al momento de saber qué es lo que estamos peleando. Mañana diseñamos esa pelea en la cual vamos a entrar juntos. Lo último que les digo es que en esa jornada yo voy a estar a un lado de ellos, a veces voy a tener a mis oncólogos, a veces voy a tener mis radioncólogos siendo los líderes, pero constantemente como en un partido de fútbol, yo voy a estar ahí en la cancha listo para estar con ellos, para entrar a jugar, para hacer lo que se necesite hacer y yo pienso que eso les ha dado mucha esperanza también y les ha dado una calidad de vida, la cual yo pienso que ha sido la razón por la cual mi práctica sigue creciendo ahora en la actualidad miro pacientes de más de 41 países por lo mismo, por la reputación que creas, aparte de eso que te rodeas de gente que tiene la misma mentalidad, los pacientes que han sobrevivido, yo tengo una cantidad muy pequeña desafortunadamente, de pacientes que han sobrevivido diez, quince, veinte años de estos tumores, pero los tengo, no sé y no te lo puedo explicar si eso, ese aspecto positivo les haya influido, porque la verdad es que entendemos muy poco de esta enfermedad, a mí me encantaría decir que sí y les preguntas a ellos te van a decir lo mismo, pero yo pienso que estamos en una etapa muy temprana de empezar a entender, incluso esta beca de la cual te estoy platicando, estamos entendiendo de qué forma el sistema inmune tiene un efecto en la habilidad de los cánceres en el cerebro, de migrar y de invadir. Nuestra hipótesis es que entre más fuerte sea el sistema inmune, más brecas, más frenos les pones a estos motores moleculares que hacen que las células migren y estén invadiendo el cerebro y de esa forma lo correlaciono y de una u otra forma trato de constantemente darle mi paciente esperanza.
Hace un momento dices que se siente y usaste la palabra, no sé si accidentalmente, se siente un poder, una influencia a la hora que le abres el cerebro, el cráneo a alguien, pero también dices que te hace reflexionar en tu propia mortalidad, ¿Cómo piensas tú sobre tu propia mortalidad?
Primero que nada, si te hace sentir un poder enorme, lo que el paciente, el poder que el paciente tiene en ti, la, la influencia que el paciente tiene en ti. Te voy a dar un ejemplo, el día de ayer tuve una junta con una cantidad enorme de científicos del National Institute of Health y uno de ellos era un paciente mío, el cual yo lo operado dos veces, una en 2009 y la segunda vez en 2003. Y yo no sabía que él iba a estar en este panel. Están haciendo decisiones de acceso a becas, millones de dólares. Y me dice, doctor, es increíble mirarte, no te imaginas que sueño que es increíble. En aquel entonces cuando yo lo había operado, él estaba en una universidad, ahora se había mudado a Lena H. Pero me dice, el mirarte hacer trabajo, el mirarte a hacer ciencia, el mirarte hacer cirugía, me da esperanza y me ha dado una fuerza increíble en la forma en que yo también he lidiado con mi enfermedad. Y él sigue teniendo un éxito increíble. Imagínate dos cirugías del cerebro y funcionando de una forma increíble para mí. Me da esperanza también, pero al mismo tiempo me hace reflexionar. Cada vez que yo entro al quirófano me doy cuenta que el paciente tiene un poder en ti y tú tienes un poder también de regreso al paciente. Pero el poder que tú tienes en el paciente es el poder que el paciente te da a ti. Más que nada porque no es algo del otro lado, sino es una relación mutua. Y al mismo tiempo en el que ellos están reflexionando en su propia mortalidad. Si tú te consideras de la forma en que yo me considero, que yo soy un doctor, que primero que nada soy un ser humano, segundo, he aprendido lo que he aprendido a través de mis manos, de mi conocimiento, no es nada más que una herramienta. Al final del día, el poder más grande que tengo es el ser humano de conectarme con ellos. Y si yo me preocupo por ellos y ellos se están preocupando por sí mismos, al mismo tiempo que ellos están reflexionando de su mortalidad, es como un espejo, te hacen reflexionar a ti mismo de tu mortalidad. Para mí me doy cuenta que la verdad es que tengo un tiempo limitado y la verdad es que a veces me pongo a pensar, a lo mejor estoy viviendo un sueño, porque acuérdate que en Aquel entonces, el 14 de abril de 1989, casi perdí mi vida en un tanque del ferrocarril, Casi no salí vivo la vida la arriesgó mi hermano, mi cuñado y mi papá para salvarle, salvarme la vida fue una. Un acto increíble. Y a veces me pongo a pensar, me tengo que pellizcar porque digo, a lo mejor estoy soñando, estoy viviendo un sueño. Pero me doy cuenta que es una realidad. Y en verdad es muy triste para mí a veces perder a mis pacientes, no nada más por el hecho de que los pierdo, sino porque miro a sus familiares. Me doy cuenta que al final del día todos vivimos por un suspiro, pero es la gente que dejamos alrededor de nosotros la que más sufre a veces. Y eso me hace pensar acerca de mí, de mis hijos, de mi esposa, de Rocky y Apolo. A veces los miro, digo, ay ya Rocky ya tiene 10 años, Apolo tiene 11 y un día se me van a ir. Entonces me hace reflexionar todo eso por las memorias, las conexiones, la forma en que te hacen sentir emocionalmente, pero al mismo tiempo te dan un sabor muy agradable el disfrutar la vida. Para mí el regalo más grande que mis pacientes me dan es el hecho de que me dejan tocarlos, de que me dejan tratarlos, de que me dejan cuidarlos.
Hablas de muchas emociones y no es lo que normalmente se relaciona con un doctor. Yo he estado en mesas, en bodas con doctores y parece que tienen desconectado el switch de las emociones. Hace poco leía un libro que se llama The Wisdom of Psychopaths de Kevin Dutton y habla como los psicópatas comparten algunas características con algunas de las personas más exitosas del mundo, líderes mundiales y hace el caso puntual sobre los no sólo los doctores, sino los neurocirujanos. Habla de cómo, y lo mencionas tal vez tú un poco en el episodio, cómo puedes desconectarte para estar totalmente enfocado. Que qué tan cierto es eso, qué tanto hay de verdad en desconectar las emociones que para ti son algo muy importante en la relación con los pacientes, pero a la hora de actuar tienes que estar totalmente enfocado. De hecho leí sobre esta vez que explotó un tanque en el cuarto de junto mientras operabas y tú te mantuviste enfocado. Háblame, ¿Qué hay de cierto en eso?
Yo pienso, para mí, yo pienso que cada paciente es diferente, cada cirujano es diferente, cada persona es diferente. Para mí ha sido muy importante el sentirme conectado al paciente emocionalmente, el sentir sus emociones, el sonreír cuando ellos sonrían, el estar alegre cuando ellos están alegres, el estar triste cuando ellos están tristes. Lógicamente, al mismo tiempo de cuando ellos están tristes, yo estoy triste. Trato de buscar las cosas positivas y trato de darles consejos basado en lo que he aprendido de otros pacientes más que nada ¿Verdad? No necesariamente y lógicamente el hecho de haber ya tenido un agarre con la muerte pues lógicamente me hace sentirme un poco más identificado con ellos. Al final del día lo que ellos están pasando no es nada comparado con lo que yo pasé lo que ellos están pasando es mucho más fuerte. En aquel entonces para mí fue un accidente el casi perder mi vida, pero de una u otra forma me identifica con ellos ¿Verdad? Lo que me he dado cuenta yo que para mí personalmente, personalmente el hecho de desconectarme con el paciente no funciona para mí es conectarme. Ha sido muy importante porque yo pienso que me hace sentir esas emociones al momento está en el quirófano y de que algo cambie drásticamente mi adrenalina, mi sentir por ese paciente de una u otra forma me hace sentirme conectado completamente Y yo pienso que todas emociones, el reto no es las emociones, sino el reto al momento de estar en una situación entre la vida y la muerte es cómo reaccionas. Para eso requiere cierto entrenamiento, es el entenderte a ti mismo, el entender tu fisiología, el saber que al momento de que algo está pasando drásticamente que de repente un paciente, el corazón se para o de repente te das cuenta que estás segundos o a minutos de perder al paciente entre la vida y la muerte al momento de darte cuenta al mismo tiempo y de estar conectado con el paciente entrenas a tu cuerpo a que reaccione de una forma más positiva. Yo pienso que toda esa adrenalina te hace sentirte más enfocado. Para mí esas emociones fuertes me hacen sentirme enfocado pero te lo digo que hace poco estuve hablando con uno de mis colegas, este colega cirujano también muy famoso que yo respeto mucho, es completamente diferente, ellos se sienten que tienen que estar desconectados emocionalmente para poder funcionar efectivamente para mí no ha sido así, la verdad no sé cómo explicártelo. Yo pienso que también el sentirme conectado con el paciente me ha dado la oportunidad de hacer conexiones muy hermosas me ha dado la oportunidad de hacer lo que yo estoy haciendo con mi fundación, de hacer lo que estoy haciendo con mi laboratorio, el sentirme rodeado constantemente. Esto me ha dado otro éxito diferente en mi propia carrera académica y profesional y personalmente me da una satisfacción muy enorme. Ahora, no vayas a pensar que esto viene sin costo. Está el costo de que cada vez que yo pierdo un paciente, cada vez que yo siento que hay una complicación que yo pudiera haber hecho algo diferente, este paciente, estas circunstancias, cosas que pasan, si llevan un cachito de mi corazón. Y yo pienso que eso se sigue acumulando a través de los años. El año pasado llegué al momento en que me di cuenta, sabes que yo no puedo sentir el mismo dolor que tiene un paciente, que tiene un familiar, al momento de que pierden la batalla en contra del cáncer. Pero he cuidado más de 5.000 y cada uno de ellos se lleva un cachito de mi corazón. Se sigue acumulando. Hasta que llegó el momento en que yo sentí que había una necesidad de hablar con un terapista porque yo pienso que era muy importante el sentirme, ya ves, cuando te quiebras un brazo, cuando una pierna o algo, inmediatamente recibes ayuda de un ortopedista o algo. Cuando tienes un problema de emociones en el que te has dado cuenta que te afectan, es difícil primero reconocerlas. Pero yo las empecé a reconocer. La verdad me di cuenta, necesitaba tener alguien a mi lado a que me empezara a ayudar a dar consejos, cómo lidiar con esas emociones de una forma positiva. Porque de repente empieza a sentir como si eres un fracaso cada paciente que pierdes. Y la verdad, en mi profesión te lo juro que yo he tenido más derrotas que éxitos. ¿Por qué? Porque Lirio con el cáncer más peligroso del ser humano. Y de esa forma me he sentido y me ha dado la oportunidad de empezar a escribir mi siguiente libro que se llama The Deepest Cat, que es el corte más profundo. ¿Por qué? Porque me di cuenta que al mismo tiempo que estás cuidando pacientes se llevan un cachito de tu corazón. Pero yo se los doy con todo mi corazón, con toda alegría y yo pienso que ellos me dan más de lo que se llevan de mí.
Doctora, aparte de la terapia, ¿Hay alguna práctica que tengas para, no sé, recuperar un poco? Dices que te entregas en cuerpo y alma, emociones y físicamente al paciente durante una cirugía y con una probabilidad de éxito que es relativamente baja en el contexto grande de las cosas, ¿Como ¿Tienes alguna práctica para recolectarte, para recuperar tu energía?
Claro, lógicamente. Me encanta leer, me encanta escribir, me encanta soñar, me encanta hacer investigaciones o me provee la oportunidad de darme a mí mismo esperanza de saber que estoy peleando más allá del quirófano con mis pacientes. Y eso me hace sentir ser parte de algo mucho más grande de lo que estoy haciendo en el quirófano. Y eso me da la energía, me da la lucidez, me da esperanza a mí mismo. Aparte de eso, que yo, a mí me encanta soñar, me encanta mirar películas, me encanta sentarme con mi esposa, con mi hija. Por ejemplo, en la noche vamos a mirar la película de Demian Bichir, el Chupacabras, que acaba de salir en Netflix. Entonces la estaba mirando y lo estaba mirando ya es que Demián y yo nos hemos hecho cuates a través de los años. Él está como parte del miembro del board de mi fortuna, Fundación de Mission Break, y a mí me encanta. Entonces son cositas que haces pequeñitas que no son pequeñitas. Me siento con mi esposa, con mi hija, hablamos, hago algunos tacos o algo así por el estilo. Entonces, aparte de eso, por ejemplo, ahorita antes de hablar contigo, ya hice ejercicio por una hora. ¿Ahorita que termine contigo, me voy a ir a correr por cuatro millas, que vendrían a ser, que, seis, siete kilómetros? Entonces eso me hace sentirme, hace relajar. Pongo mi música de los 80s, ya sea de rock en español de los 80, de los 90s, o de rock en inglés de los 80, y me voy a correr y traigo, me distraigo, y ahorita en la tarde ya empiezo, ceno aquí con mi esposa, con mi hija, y nos divertimos. Trato de pasar una vida tranquila. Mañana en la mañana salgo con todo mi equipo, muchos de ellos científicos, neurocirujanos, y nos vamos a correr en la playa tempranito los voy a llevar a correr a la playa, nos vamos después de eso, salimos a desayunar, algo sencillo, nada más juntos, y luego ya me vengo a la casa, sigo trabajando en mis grants y todo eso. Todo eso yo pienso que te hace, Me hace sentir algo. Soy más que nada, soy una neurona pequeñita en parte de este universo. El universo es el cerebro, y cada uno de nosotros somos neuronas pequeñas. Imagínate, nuestro cerebro oso tiene más de 100 billones de neuronas. Y si cuentas la sinapsis, estamos hablando entre 200 a 600 trillones de sinapsis que están pasando constantemente. Nuestra galaxia de Milky Way Tiene menos de 160 trillones de estrellas. Tenemos más sinapsis en tu cerebro ahorita oso que hay estrellas en nuestra galaxia. Entonces imagínate, todo eso te hace sentir. Si empiezas a ser imaginativo, todas esas cosas te dan fuerza y es lo que yo hago. Un poco de ejercicio de leer, escribir. Estoy escribiendo dos libros ahorita. Uno que se llama The Deepest Cat, que es las emociones y el otro es de liderazgo en el quirófano. ¿Siete principios, los cuales yo estoy mirando en el quirófano, son universales para llevar no nada más una vida en medicina entre la vida y la muerte, sino una vida personal, verdad? El título de ese libro es tentativo. ¿It's not Brain Surgery, verdad? Como. Pero de una u otra forma tienes que adquirir principios de la vida en lo que tú estás haciendo constantemente. Entonces todas estas cosas me mantienen alegre, me mantienen vivo, me mantienen humilde porque me doy cuenta que mal usted para escribir tengo que hacerme mejor, tengo que aprender más de eso quería llegar un.
Poco porque tú mismo lo has dicho, es retador mantenerte humilde cuando juegas a ser Dios y tal vez esta posición de tener en tus manos y tus herramientas la vida de una persona. ¿Cuál es este diálogo en tu cabeza que tal vez me lo acabas de responder en el contexto de cómo te mantienes real, pero este complejo de Dios que para muchos doctores es real, cómo lo manejas?
Pues primero que nada, yo sí creo. Ayer le estaba diciendo a mi equipo, a mis jóvenes científicos y cirujanos que tengo yo creo en Dios. Para mí Dios no tiene un nombre, no tiene una cara, no tiene un sexo, es una energía y es una energía que no la entendemos. Y desafortunadamente nuestro cerebro, y yo te lo digo personalmente, hay islas, yo miro al cerebro y hay islas que estimulamos y encontramos una función y hay océanos que no tienen absolutamente ¿Qué es lo que está pasando ahí? ¿Qué es lo que podemos descubrir? Yo pienso que nuestro cerebro todavía no tiene la capacidad por medio de evolución, de entender esa energía, ¿Verdad? Entonces yo de una forma ciega creo que hay algo, existe un Dios, existe algo que me hace sentir humilde, que me doy cuenta que soy parte de algo mucho más grande, que no soy Dios, que la verdad es que Dios es algo mucho más grande, es una energía que nos conecta de una u otra forma. Entonces me hace sentir con mis pies en tierra firme constantemente. Y aparte de eso, que yo te lo digo de todo corazón, como le dije un paciente ayer, que Dios por cada plumita que te pone en tu sombrero, tiene la habilidad de sacarte 4 Por otro lado, porque te hace constantemente, te das cuenta que estás fallando en todo lo que. Y yo he fallado muchas más veces de las de las que he ganado, no nada más en mi trabajo como científico, sino también como neurocirujano. Entonces todo eso me hace sentir humilde y lógicamente que no soy Dios, soy un ser humano, ¿Verdad? Soy un ser humano, soy parte de algo más grande y soy parte de algo que me ha dado la oportunidad de salir adelante de una u otra forma, aportar mi granito de arena. Entonces para mí ha sido algo muy sencillo el escribir, como te digo, el darme cuenta, uf, tengo tanto que aprender, el hacer mis becas para el gobierno federal que la gente dice, oye, ¿Cómo le haces para agarrar tanto dinero del gobierno federal? Pues es que aplico a muchas, pero fallo lo que la gente mira nada más en las que tengo éxito, que sí, somos varios neurocirujanos en Estados Unidos que tenemos así de becas de esta forma increíble, pero lo que la gente no mira es que tengo un panteón de todas las que han fallado. Yo soy constantemente, eso me mantiene humilde también el mirar a mis pacientes, el decir, híjole, hice un trabajo increíble en mi cirugía como un artista, una escultura de una forma negativa, la saqué, todo eso, pero me doy cuenta que al final del día, pues no puedo vencer a esta enfermedad y eso te mantiene humilde. Entonces, ¿Qué es lo que hago? Me voy al quirófano, del quirófano me voy al laboratorio, del laboratorio me voy a escribir, describir, me voy a mi fundación y así constantemente eso mantiene, mantiene una energía positiva y me mantiene humilde constantemente.
Que es precisamente de una plática de esta índole con un amigo tuyo, Michael, que nace la fundación, que nace Mission Brain, te dijo que tenías que volver a tus raíces, Hoy vas a perder el piso. ¿Qué es Misión Brain y cómo te ha ayudado a mantener el piso?
Fíjate que muy sencillo, y estamos hablando de 2010. En Filadelfia está el American Association of Neurological Surgeons, que es una asociación a nivel mundial, en la cual yo ya para este entonces me habían promovido en menos de cinco años a profesor catedrático a Johns Hopkins. Tenía mi laboratorio y había estado en el show Hopkins, que mucha gente no se acuerda que había un show que ganó un Peabody Award, que fue Hopkins, en el cual habían siete episodios. Yo estaba en el primero y en el último, era la historia A del primer último episodio. Ahí miras a mis hijos pequeñitos. Y bueno, era un evento, un show increíblemente popular que estaba en ABC. Y me acuerdo, me dice Mike, ¿Sabes que? Alfredo Mike Lawton, que es el cofundador de Mission Brain conmigo, uno de los neurocirujanos muy famosos, él fue el que me entrenó, parte de él me entrenó como miembro de la facultad en UCSF, era profesor y yo era su residente. Me ¿Sabes que te estoy mirando, Tú estás, has crecido muchísimo, tienes un poder increíble, has logrado mucho, pero la verdad es que tienes una capacidad muy, pero muy grande de poder tocar y cambiar el mundo? Tú te has limitado en lo que estás haciendo en James Happens. Y yo me puse a pensar, ¿Cómo que me he limitado? Ya soy profesor catedrático, tengo un laboratorio, tengo becas, tengo ya escrito yo un libro que se llama Schmidtik en Sweetie, que se considera la biblia de neurocirugía. Y yo me puse a pensar y me acuerdo que esa noche, después de eso, reflexioné, me fui manejando de Filadelfia a Baltimore, que son como unas dos horas de manejo. Y llegué a casa tarde esa noche, como a las once, doce de la noche, y Ana me estaba esperando, ya los niños estaban dormidos. Y le dije esta anécdota. Y me dice ella, sí, es cierto, si, es cierto. Tus hijos ni siquiera saben, ellos saben más de ti por medio de la televisión, por medio de los periódicos, de las revistas, de lo que ellos saben de ti, de tus raíces, porque yo estaba tan enfocado en salir adelante, en lograr esto, que estaba perdiendo noción del tiempo. Es lo que estaba diciéndome Michael. Entonces ella me dice, tienes que hacerlo de una u otra forma. Y ahí fue cuando se invierten los primeros 15.000 dólares. Yo había recibido un premio en esos meses de la American Association of Medical College. Es una beca que me la dieron así nada más por ser yo, me la dieron, me la mandaron a mi casa. Entonces nos podíamos quedar con ese dinero, pagar la mitad de impuestos en el gobierno federal en Estados Unidos o invertir ese dinero en la fundación y empezar a traer gente alrededor del mundo para hacer jornadas altruistas. Eso fue lo que decidimos mi esposo y yo en aquel entonces. Inspirado también al mismo tiempo, Michael fue una mezcla entre Mentor y Tormentor porque me había hecho algo que yo no quería escuchar, pero al mismo tiempo me ayudó a tratar de entender que sí era cierto lo que él me dijo, tener la oportunidad de tocar gentes mucho más allá de lo que estaba haciendo constantemente en la cirugía. Y de allí nace Mission Brain. Y eso exactamente te das cuenta que ahorita Mision Brain Tenemos ya casi 100 capítulos en 26 países. Acabamos de formar un hackathon que yo no tenía la idea de lo que era esto era algo increíble. Entre Harbor Mitchell Brain, el segundo del año tenemos están haciendo. El año pasado hicieron labores en las cuales tocaron más de 100.000 pacientes alrededor del mundo, o sea que lo que se forma con un granito de arena ahora se ha formado en un bosque gigantesco el cual sigue tocando mucha gente más allá de lo que yo soñaba y sigue creciendo. He formado compañías ahora, las cuales yo me pongo a pensar que va a llegar el día en el cual yo no voy a estar en este mundo, pero esta fundación tiene que seguir. Ahora las compañías que estaba formando son compañías con un aspecto social en la cual parte de lo que le llamamos el net operating income se está yendo de regreso a nuestra fundación. Y ese es mi granito de eren, es lo que yo voy a aportar este mundo al momento de irme de este mundo.
Y el punto de Mission Brain es llevar esta tecnología y estos tratamientos a países en vías de desarrollo.
El objetivo principal de esto es simple y sencillamente darle esperanza a aquellos que tienen poco de ir a países de desarrollo, de formar conexiones, de empoderar a aquellos que están ahí. No nada más a los pacientes que tienen el poder económico de cambiar su país, sino a los cirujanos que están ahí, los residentes, de empoderar, de empoderarme a mí mismo a poder salir, de empoderar a mis colegas en Estados Unidos a salir alrededor de nuestro país, ayudar a otras partes del mundo, de educar nos a nosotros y de aportar nuestro granito de arena de educar a ellos de la forma en que nosotros practicamos nuestra profesión en Estados Unidos y al mismo tiempo de tratar pacientes. Entonces la razón por la cual nuestra fundación es We Treat, We Educate and we empower. Y es de la forma en que lo estamos haciendo constantemente. Y yo pienso que algo muy común es que en todos los países en los que yo he salido, lógicamente tengo pacientes, ya ves que yo miro pacientes de 41 países aquí en la Clínica mayo que vienen a verme y todos estos pacientes tienen un poder económico increíble en nuestros países, países latinoamericanos, del medio oeste, de África, de todas partes del mundo. Lo que pasa es que a veces no saben de qué forma pueden ayudar en sus propios países. Entonces yo proveo de una forma muy sencilla ese puente que los hace conectarse en sus propios países. Estoy regresando por ejemplo a México y de una u otra forma estoy conectando a aquellos que tienen con aquellos que no tienen por medio de nuestra fundación, por medio de nuestro servicio público médico y ayudarnos continuamente. Porque al final del día, para poder cambiar nuestros países tiene que surgir de adentro, no puede surgir de afuera. De afuera lo único que podemos hacer es ayudar, motivar, hacer conexiones, pero el cambio tiene que surgir desde adentro.
Doctor, ha sido reconocido como uno de los líderes principales de la comunidad hispana o Latinx en Estados Unidos, pero al mismo tiempo mencionas que sigues teniendo este síndrome del impostor y sigue siendo a veces no sé si decir víctima, pero objeto de prejuicios de la gente en la sociedad en la que te desenvuelves, la comunidad científica e incluso la sociedad de los Estados Unidos. ¿Cómo lidias con este sentir de no ser suficiente por las condiciones de donde vienes, por tu herencia?
¿Te acuerdas que te dije que estaba mirando un terapista, pero sinceramente yo está ganando su fe? Pero primero que nada yo pienso que es muy importante reconocer que sí es cierto el síndrome del impostor, de impostor syndrome como le decimos en Estados Unidos, existe especialmente para gente humilde que llega a Estados Unidos y tenemos que reconocerlo. Me llevó muchos años, oso reconocerlo. La verdad es que yo lo negaba, no lo tengo, no lo tengo, pero sí me di cuenta que no existía, que nada de lo que yo hacía era suficiente, jamás me sentía satisfecho y todavía me siento así. Al principio te dije que yo sigo soñando y un día lograr algo positivo, yo siento que todavía no he logrado nada. Y parte de eso yo pienso que es mi síndrome impostor. Mi esposa me dice constantemente mi terapista, pienso que todavía sigo, al menos, por lo menos ahora en la actualidad, lo reconozco. Y la primera plática que di acerca de esto fue hace dos años en Harvard, en la facultad de medicina, Harvard Medical School y hablé acerca de eso, lo que es el vivir con este síndrome, lo que es el vivir con esta enfermedad hasta cierto punto, porque nada de lo que yo hago me hace sentir satisfecho, nada de lo que yo hago me hace sentir como que he logrado algo y constantemente estoy buscando el más allá, ¿Qué es lo que sigue, qué es lo que sigue? Y yo pienso que es una vida difícil de vivir porque no me siento satisfecho de mí mismo, no siento que he logrado nada y te lo digo de toda sinceridad y humildad. Y la verdad es que. Pero al mismo tiempo yo pienso que estas cosas me hace sentirme en tierra firme, me hacen sentirme humano, me hacen sentirme honrado, me hace sentirme decente y me hace sentirme conectado. Mis pacientes. ¿Como lidio yo con eso? Yo pienso que de la forma en que he estado lidiando últimamente es que si existe la discriminación, si existe la bifurcación, si existe la separación de aquellos que tienen, de aquellos que no tienen. Yo pienso que el mundo todavía de vez en cuando nos mira por nuestro tienen un prejuicio, por la religión que tenemos, por el color de nuestra piel, por nuestro acento y es imposible, es lo que le llamamos un conscious bias, hay que reconocerlo. Y yo pienso, y lo mismo pasa con nosotros, no vayas a pensar que en nuestro país pasa lo mismo, a que acuerde que miramos a nuestra gente, nuestra gente indígena de una forma diferente a través de la historia y tenemos que reconocerlo porque es la forma que vamos a cambiar el mundo. Yo sinceramente miro y de la forma en que lidó con eso es que me doy cuenta que primero que nada existe. Segundo, de una u otra forma mi voz tiene un micro, es como un micrófono el cual tiene que amplificar. Aquellos que tienen una menos voz, pero que tienen la misma voz, a lo mejor no tienen micrófono. Entonces cada vez que tengo la oportunidad de hablar de ello, últimamente, especialmente los últimos dos años, hablo. Mi consejo para la humanidad es reconocer lo mismo que yo he aprendido, que cuando yo abro el cerebro y lo miro, no importa si eres afroamericano, si eres mexicano, si eres chino, si eres musulmán, si eres católico, si eres judío. Cada vez que yo abro este cerebro yo no miro distinción de ideas, colores de la piel, religiones. Todos, todos tenemos la misma capacidad Y yo constantemente me estoy recordando a mí mismo esto y lidiando al mismo tiempo con este síndrome de impostor y me doy cuenta que tenemos la oportunidad de poder afectar al mundo de una forma positiva para hacer el mundo un mundo mejor. Así de sencillo.
Doctor, además de esto, siempre ha sido alguien que está a la vanguardia, punta de lanza en la aplicación de nuevas tecnologías como realidad aumentada, robótica. ¿Cómo piensas sobre el futuro de la medicina? Sobre todo ahora que ya hay incluso a veces robots que operan mejor que los doctores. Ya estamos viendo inteligencias artificiales que están reemplazando o incluso superando a radiólogos en la detección de cáncer. ¿Que trae el futuro para tu profesión?
Yo pienso que es un futuro muy brillante Oso. Lógicamente que la gente tiene temor a veces a la tecnología por el simple y sencillo hecho de que no sabemos exactamente cómo la vamos a utilizar para mejorar nuestra calidad de vida, para mejorar nuestras vidas. Ahora, yo pienso que toda esta tecnología nunca va a suplementar a lo que yo ya te Dije, a los 100 billones de neuronas, más de 160 trillones de sinapsis. Es imposible. Yo pienso que la tecnología la tenemos que utilizar para poder mejorar nuestra calidad de vida para poder amplificar la habilidad que nuestro cerebro tiene para hacer cosas increíbles. Y yo siempre he sido una persona que como tú dijiste, estar a la vanguardia al punto de esta lanza es muy importante para mí. Las últimas patentes que yo tengo son en artefactos que se llamamos Wireless Technology, los puedes buscar en Just en Estados Unidos. Patentes que tengo en las cuales estamos haciendo implantes en el cerebro para poder pelear en contra del cáncer. Trata de poner las brecas en contra del cáncer. Y estos son implantes inalámbricos que tienen baterías de control remoto y todo eso para poder luchar en contra de strokes, para poder luchar en contra de enfermedades como múltiple esclerosis, Huntington disease, Alzheimer decir. Y yo pienso que esa tecnología la tenemos que dar la bienvenida de una u otra forma. Ahora la gente está, por ejemplo a veces estaba escuchando lo último de chat GPT Artificial Intelligence Van a cambiar uff, un chat GPT me puede escribir mejor que yo y todo eso. Bueno, pues hay que retarnos a nosotros mismos. ¿Cómo es que yo puedo escribir de una forma en que ChatGPT jamás va a poder escribir de la forma en que yo puedo escribir? Cuando yo tengo una experiencia en la cual casi fallecí, en la cual salí de registros humildes en México, en las cuales llegué hasta los lugares en los que yo estoy, en las cuales constantemente estoy lidiando entre la vida y la muerte, el chat GPT jamás va a sentir esas emociones y jamás va a poder suplementar eso. Y yo pienso que eso es lo que nos hace ser todavía superiores a cualquier inteligencia artificial, a cualquier robot. Y si es cierto que hay robots, pueden hacer las cosas muy de una forma muy finita. Entonces yo como cirujano me pongo a pensar cómo puedo utilizar ese robot para cuando yo esté entrando al cerebro en una región, en una esquinita, poder concentrarme ahí en vez de estar concentrándome con mis manos por diez, quince minutos a la vez, tener al robot que lo puede hacer por 45 minutos para mejorar el resultado de esa cirugía para ese paciente. Es de la forma en que yo le estoy dando la bienvenida a esta tecnología y no sentirme intimidado por ella, sino al contrario, decir rétame, rétame a mí para yo ser mejor cirujano mañana.
Y de todos los proyectos en los que estás trabajando, dos libros, becas, la fundación, ¿Cuál es el que más crees que te va a requerir energía o el que más te emociona en los próximos 12 meses?
El que estaba haciendo ayer. Ayer, ayer en la tarde tenía un equipo de como 25 científicos en el cual estábamos, estamos diseñando el siguiente estudio, la siguiente beca que estamos tratando de agarrar el gobierno federal, que te dije que son millones de dólares, en la cual tenemos muchos proyectos, pero se están acumulando en tres tecnologías. La tecnología número uno es utilizar nanopartículas, las cuales yo he patentado con mi equipo, las cuales son nanopartículas que tienen microRNAs, la misma tecnología que utilizamos para Covid y las cuales vamos a poner en el cerebro al momento de cirugía para empezar a luchar en contra del cáncer antes de salir del quirófano. La segunda tecnología es en la cual estamos utilizando tejido adiposo para luchar en contra del cáncer. Tejido adiposo el cual lo estamos haciendo Engineering con nanopartículas también que nosotros hemos diseñado, hemos inventado para poder utilizar este tejido adiposo, las células madres que tienen el tejido adiposo que se vengan al cerebro y al mismo tiempo antes salir del quirófano ponerlas en el cerebro y que empiecen a difundirse y empezar a luchar en contra del cáncer. La tercera es utilizar tecnología que también nosotros hemos patentado que se llama CAR T Cell Therapy o Tumor Infiltrado Lymphocytes en el cual utilizamos sangre del paciente para diseñar nuevas tecnologías. Al momento de yo entrar al quirófano hago dos cosas, saco el tumor, implanto esta sangre ya con CAR T cell Therapist y el tumor al mismo tiempo me lo llevo al laboratorio y empezamos a diseñar vacunas de este tumor las cuales se la estamos dando de regreso al paciente intravenosamente. Lógicamente todo este trabajo lo hemos estado haciendo en animalitos El siguiente reto es entre los siguientes 5 y 10 años llevarlo al paciente.
Es fascinante y suena como de ciencia ficción, ojalá tengas mucho éxito. Y Doctor, para ser respetuoso de tu tiempo si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿Que diría?
Cree en ti, sigue soñando. Increíble por vencido. Así que cree en ti, sigue soñando, no te des por vencido. Un mensaje sencillo, mensaje humilde, pero yo pienso que al mismo tiempo es importante y yo pienso que es un mensaje en el cual yo me identifico. Regresando a la historia de Rocky y Apolo.
Doctor, ha sido increíble poder platicar contigo. Ciertamente una plática que tenía mucho tiempo con ganas de tener. Gracias por tomarte el tiempo, eres un crack lo que estás haciendo, no lo necesito decir yo, pero es impresionante lo que estás haciendo, lo que estás logrando pero sobre todo la ambición que tienes de dejar una huella en el mundo.
Gracias.
¿Dónde puede saber más de ti la gente, contactarte, seguirte, saber más de Mission Brain?
Muy sencillo, pueden ir a mi página web personal WWW. Dr. QMD. Com o pueden ir a la página web de mi fundación www. MISSIONBRAIN. ORG. ORG y ahí pueden aprender mucho de lo que estamos haciendo. No estoy haciéndolo solo, no puedo tomarle crédito, soy rodeado de un equipo increíble. Lo que tú estás haciendo también es muy importante. Estás cambiando el mundo. Lo estás tocando. Eres el micrófono que me permite amplificar esta voz. Te lo agradezco de todo corazón. Y también tu paciencia. Quiero que todos aquellos que te miran entiendan que no es falso. Tú me has estado buscando, hemos estado haciendo cambios por meses, semanas y constantemente. Eres un crack. Tu también lo está haciendo una forma increíble y tu paciencia, tu dedicación, tu amabilidad me llena de emoción y me llena de ilusión de mirar esta juventud que están haciendo esto. Te lo agradezco y te felicito.
Muchas gracias, Doctor. Y espero podernos conocer en persona pronto.
Así será.
Bonito fin de semana.
Igualmente. Gracias Oso. Chao.
La historia de Dr. Q es sumamente inspiradora y te invito a leer su libro y ver los documentales que se.
Han hecho de él.
Puedes encontrar links a todo esto en las notas del episodio en cracks la 223. También sigue cracks podcast en Spotify o suscríbete en YouTube o itunes y califícanos ahí con cinco estrellas para que más gente nos encuentre. Mencióname en Instagram o Twitter con la lección que te llevas del episodio de hoy como sotraba y no olvides saludar al Dr. Q en Octor QMD. Antes de irte, no olvides que ya está mi libro Haz lo que Importa disponible en todas las librerías de México, así como en Amazon y busca libre y como audiolibro en Beek. Y segundo, si quieres recibir todos los viernes un correo muy cortito, con mucho punch de mi parte, totalmente gratis, con 5 tips, libros, gadgets, artículos, frases, cosas que encuentro en Internet que me recomiendan mis invitados o mis amigos y que creo que pueden ayudarte a tener una vida más productiva o empezar una conversación interesante el fin de semana, entonces regístrate para recibir viernes de Cracks. Es totalmente gratis y puedes hacerlo en Cracks LA viernes. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Traba y espero que tengas una semana de Cracks.










