A first-person monologue by a Mexican photographer (speaker) who grew up around photography because his father was a photographer and later became a photographer of large-scale live events. He recounts working frequently at venues such as the Auditorio Nacional and Estadio Azteca, shooting concerts for crowds from 10,000 to 100,000 and multiple shows per week, and shares anecdotes about photographing high-profile artists including the Rolling Stones and Luciano Pavarotti (notably an incident at Chichén Itzá where local security strictly enforced an order and would not let Pavarotti pass). The speaker reflects on how that intense, recurring work shaped his eye and professional discipline.
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Mi papá fue fotógrafo desde que yo tengo memoria, siempre crecí con una cámara de fotografías o de video cerca y eso ya te queda como parte de tu ADN. Y al principio, cuando empezaba a querer hacer cosas artísticas, alguien me ofreció un trabajo para tomar fotografías, porque hacía buenas fotografías y resultó que fui fotógrafo de espectáculos masivos. Trabajé en el Auditorio Nacional mucho tiempo, en el Estadio Azteca, haciendo conciertos de 100.000 personas o de 10.000 cada dos, cada dos semanas o cada semana, y luego fue incrementando hasta que era martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y hasta domingo, o a veces hasta dos, cuando una vez, no sé, David Copperfield dos veces al día. Claro que firmé esas cositas para que no reveles los trucos, para que no me vayas a preguntar. Y eso fue como de los dieciocho, diecinueve, veinte. Y te vas haciendo como un carácter muy particular para estar entre el público y tratando de buscar el momento exacto, la escena exacta, la estética exacta, o sea, te vas haciendo de un ojo muy particular. Fue una gran experiencia. ¿Tienes alguna anécdota, alguna interacción con? Digo, fotografiaste a los Rolling Stones y a gente de ese calibre, o sea, por ejemplo, en Chichén Itzá, cuando vino Pavarotti no podía pasar nadie a la zona donde estaban haciendo el escenario y de repente llegaron tres BMW y en uno de guaruras adelante, uno de guaruras atrás y el señor Pavarotti en medio. Y había una persona de Yucatán que tenía la orden de no dejar pasar a nadie y entonces llegaban los guardias y decían es que viene aquí el señor Bavarotti, es que tengo la orden de que nadie puede pasar, pero aquí traigo al señor Bavarotti, Es que la orden es que nadie puede pasar. Insistieron, insistieron y no lo dejó pasar. Entonces yo estaba justo al lado tomando fotografías. Era muy interesante como alguien sí puede seguir al pie de la letra lo que tiene que hacer en su trabajo. Y eso fue también un aprendizaje. Ni al señor cantante Pavarotti lo dejó pasar a su propio concierto.