El Banco a 50 Grados | CAYO SOLORIO Cracks Talks

Cayo Solorio recalls being 21 and nervous depositing three checks at a bank, a moment that shifted how he saw service and his own limits. He distills it into three principles: attitude and bravery, gratitude, and joy. The talk is about showing up for others with those three things.
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Hola, muy buenos días. Es un gusto estar con ustedes el día de hoy. Agosto del 2003, tenía tan solo 21 años de edad. Recibí una instrucción muy diferente a la de todos los días. Cachanilla de corazón, todos saben que nuestro calor es diferente. La instrucción no era la típica instrucción. Cayo, arráncate por las cajas, llévalas para allá, llévalas para acá. Cayo, lleva un oficio a la oficina del corporativo. Era una instrucción y era una misión distinta. Cayo, necesitamos depositar estos tres cheques y se tiene que acreditar mañana la lana. Tienes que ir al banco. La neta, yo les quiero decir ser bien honesto. El banco yo lo había visto nada más en las películas de acción que pasaban en el canal 5 y para nosotros era el 32. Los cachanillas los van a entender. Nada más el banco era una imagen de las caricaturas que me gustaba ver cuando me dan esos tres cheques y tengo que subirme a mi bocho, porque no era mío, era de la empresa, a 50 grados, sin aire acondicionado. Para mí fue el reto más importante de ese momento en la empresa donde yo colaboraba mientras me trasladaba en el bocho, como todos se acuerdan. ¿Alguien ha manejado un bocho alguna vez en su vida? Yo no entiendo por qué los cambios eran tan cortos. Ya estabas en cuarta y habías avanzado medio kilómetro cuando llegué al estacionamiento del banco. Cabe decir que yo nunca me había parado en un banco a mis 21 años. No había habido necesidad. Éramos el rey del cacharro. No había necesidad, pues no. El banco y el mocho ni era mío, era la empresa. Llegué al banco y en el traslado del banco dije está más fácil que le diga que lo haga alguien más. Yo no puedo, yo nunca he ido al banco, yo no sé qué voy a hacer. Pero por otro lado, Cayo, es tu momento, vas a conocer el banco donde hay dinero, donde hay gente con maletines y gente importante también. Pensé, dije, yo no tengo las capacidades para ir a hacer esto, voy a quedar mal, voy a llegar tarde. Yo era el miembro más rápido de la oficina porque era el mensajero. Llego al banco, hay que subir unas escaleras y yo veía esa puerta de cristal, la gente saliendo con sus maletincitos. Me meto al banco y veo 15 cajas, 2003 filas y una que dice no me acuerdo que si era expreso, no me acuerdo. Y traigo aquí los tres cheques. Yo soy el ejemplar, soy el más rápido, siempre doblo las cajas más rápido, siempre entrego los oficios más rápido. Pero el banco no, por favor, no le entiendo. ¿Y lo primero que busco es quién me puede ayudar? Y siempre pasa algo y me encuentro la señora de más o menos 65 años de edad, muy parecida a la señora que atendía la cooperativa en mi prepa. Dije, ella me va a ayudar. Sí, porque tú no vas a ir con el que se ve guapo y el que se ve interesante, ¿Verdad? Qué pena preguntarle, ¿Y qué hago con esto? ¿Entonces la señora le digo, señora, usted me puede ayudar a que tengo que hacer para depositar estos tres cheques? Y además se tienen que acreditar para mañana. Como si ella entendiera esto. Mijo, mi hijo, arráncate esa mesa, agarra una ficha física, chan. Tú no vas a entender que es una ficha de papel, no lo vas a entender. Y tenías que llenar el nombre de la empresa, la cantidad. Y ahí llené tres fichas de depósito. Me arranco a la caja. Cuando ya estaba en la caja, la cajera, todo dar, voy a confirmar, me das los comprobantes. Y me iba liberando y me iba sintiendo súper poderoso. Lo estaba logrando, estaba logrando poder depositar estos cheques. Y ahí fue donde tuve una gran, gran, gran reflexión. Llegando a mi oficina, estaciono el bocho y llego corriendo con los tres depósitos sellados a mi jefe y le aquí están, lo logramos. Para ese yo estaba estudiando la carrera en ese tiempo, iba para la universidad. Y ahí yo entendí que mi servicio siempre iba a ser que pudiera mejorar a alguien o algo, que mi tiempo y mi dedicación y mis dudas, si la sobrepasaba, yo iba a poderle aportar algo a alguien. Y fue lo que a mí al día de hoy me apasiona, poder aportarle a alguien algo y que pueda ser un resultado diferente. Han pasado 20 años, casi 20 años de eso y me sigo sintiendo en ocasiones amigos con las mismas preguntas. Yo no soy capaz banco. Me vuelve a aparecer otra vez el banco, pero también se me vuelve a aparecer la señora de 65 años que me va a decir por qué camino caminar y por dónde hacerle. Y no fue una respuesta rimbombante ni esotérica, fue una respuesta básica. Y yo no sé si a ustedes también les pase a veces grandes empresarios y empresarias con retos, con posibilidad de trascender y se enfrentan a ese banco, pero también se enfrentan y se encuentran con esa señora. Y regularmente cuando nos pasa esto es que nos descalificamos nosotros mismos y que la descalificación, me voy a permitir leerlo, crítica que se expresa para minimizar la condición o la capacidad del otro con el objetivo de anularlo. Nosotros mismos nos descalificamos, nosotros mismos nos anulamos, nosotros mismos nos minimizamos. ¿Por qué? ¿Por qué nos minimizamos? ¿Por qué perdemos la oportunidad de servir por evaluar nuestras capacidades técnicas o cuánta lana tengo en el banco o si estudié o no estudié en la universidad más perra de la ciudad? Pero hoy quiero compartirles tres claves, tres posiciones, tres posturas, tres como le quieran llamar. Son las tres A que particularmente a mí me han ayudado en este sentido. Y la primera es la A de la actitud. ¿La actitud qué es? Nos dicen que la actitud es un comportamiento, es una postura, es una actuación, pero también nos dice que es un estilo. ¿Cuál es tu estilo hoy? ¿Cómo andas fluyendo? ¿Cuál es tu flow? ¿No? Aquí está flow. ¿Cómo te estás moviendo? ¿Con qué actitud? Como hoy te estás parando entre las oportunidades, también ante los retos, también entre los desafíos. ¿Cuál es tu estilo? Y no es el estilo de Daddy Yankee ni nada de esto, es tu postura, tu posición ante las situaciones que enfrentamos todos los días como empresarios, como esposos, como padres, como hijos, como hermanos. Y nos dice John C. Maxwell que la suma de todos tus pensamientos es el reflejo de tu actitud. Todos, todos. A mí me encanta. Hace muchos años yo escuché a alguien mencionar que tú nunca vas a poder evitar que un número de pájaros ruede sobre tu cabeza, eso nunca lo vas a poder evitar, pero lo que sí vas a poder evitar es que hagan un nido. Y así son los pensamientos. Y yo me imaginaba en mi mente que tenía que andar todos los días así y dije in Jesús, y tengo que andar todos los días así, así voy a andar como loco, porque si esto es una realidad, que yo sí lo creo, no importa, lo voy a hacer. Y lo otro que a mí me mueve muchísimo y que se los quiero compartir es que la posición de mi actitud, de tu actitud, determina la capacidad de mi valentía. Todos los días te tienes que levantar para ser valiente y tomar decisiones. La valentía es el driver, es lo que te lleva a decir, lo hago o no lo hago. Yo hace ratito platicaba con alguien, con Chan, le decía, mira, hasta darle el feedback a tu colaborador necesitas valentía. Porque luego de repente nos pasa que las hace llorar. Y yo, no manches, ya en el minuto 5 de la junta ya está llorando. ¿Qué dije? ¿Lo ofendí? ¿Qué hice? Pero es esa valentía que hoy tú requieres. Hoy tú requieres para emprender el proyecto, hoy requieres valentía para platicar con tu papá y tener que ajustar cuentas. Hoy necesitas valentía para pedir un crédito. Como mi compañero Israel. La posición de mi actitud determina la capacidad de mi valentía. La segunda A es de agradecimiento. ¿Yo acabo de cumplir los 40 años y dicen que hay crisis, verdad? Yo no tengo ningún tatuaje, pero si yo me tatuara algo honestamente y lo hago públicamente, me tatuara la palabra gratitud. Esa palabra llena mi corazón, esa palabra llena mi alma, porque hoy estoy con ustedes sin haberlo deseado, sin haberlo soñado. No es cierto. Los 21, los 25, los 29, no deseaba esto y lo tengo. Tú lo tienes hoy por gracia, hoy lo tienes. Tantas riquezas. El único resultado donde hay muchas ganancias es en la actitud de gratitud. Puras ganancias. Sí. Y este cuadrito me fascina. Eliminar factores de amargura y desánimo, pero aumentar factores de gratitud. Yo quisiera que todos los días, cuando se nos presenten estas oportunidades o estos desafíos, no se nos olvide esto. A ver, bájale a tu amargura, bájale a tu pasado. Sí, todos tuvimos un pasado horroroso, pero hoy tienes riqueza, tienes amistades, tienes a tu familia, tienes a tus hijos, tienes salud, tienes el poder de la palabra, tienes el poder de influir, tienes el poder de multiplicarte, tienes el poder de atreverte. Eres valiente. Minimizamos factores de desánimo y amargura para maximizar los factores de gratitud. Y la última es la alegría. Y quiero ¿Cuál es la manifestación más clara de la alegría? Lo decía Felipe, la sonrisa. Esa es la manifestación más clara. ¿Alguien es papá? Todos los que tuvimos nuestros bebitos. ¿Tengo una bebé de 2 años y Abby de 11 años cuando su primer sonrisa la dieron de verdad Cómo se sintieron? Dígame una palabra. ¿Cómo te sentiste? ¿Qué más chingón? Pero uno piensa yo cuando vi su sonrisa de mis hijas no dije ningún chiste pero me le quedaba viendo y ella hacía su carita y la sonrisa tiene un gran poder. ¿Qué estás haciendo con tu sonrisa? Esa es una pregunta que sí les tengo hoy. ¿Por qué la escondes? ¿Por qué la limitas? Tu sonrisa es sumamente poderosa porque libera confianza, endosa confianza. Tu sonrisa. Tu contador necesita tu sonrisa de verdad. Tu fiscalista, tres dosis de sonrisa. Tu director de proyectos, tu esposa, tus hijos. Tus hijos necesitan tu sonrisa. Créanlo, créanlo. Le das poder, le cambias su presente. Actitud, agradecimiento y alegría. Actitud de gratitud con un toque alegría. Yo soy Cayo Solorio y es un gusto haber estado con ustedes.










