El CAMINO de SANTIAGO por Antonio Rosique

A conversational interview in which Antonio Rosique recounts his first Camino de Santiago pilgrimage (begun in 2014) as a turning point after personal crisis. He describes deciding to go (prompted by his father), researching guides and Paulo Coelho, starting in Saint-Jean-Pied-de-Port, the physical demands (20–30 km/day, blisters, learning to walk with a heavy pack), the solitude and rhythm of the route, and the pilgrimage’s role in emotional healing, humility, widened horizons, and a longer-term adoption of hiking as a life practice. He notes he completed the Camino multiple times (three in total) and later pursued other treks (Salkantay/Machu Picchu, Via Francigena).
Chapters
Estás tocando un punto de mi vida que para mí es maravilloso y que para mí es un punto de inflexión, es un punto de quiebre. Mira, yo hago el Camino de Santiago la primera vez en el 2014. Yo venía de un proceso personal importante, de una pérdida personal importante, de una ruptura sentimental muy importante, de ver cómo se había terminado de manera abrupta y no exitosa un proyecto personal. Y estaba en ese momento de crisis. Me acuerdo perfecto que mi papá me dijo, yo le dije a mi papá, oye, pues viene el Mundial de fútbol de Brasil 2014 y siempre después de una Copa del Mundo, de unos Juegos Olímpicos a los que voy, pues siempre me tomo unas vacaciones, porque básicamente es terminar un proceso de dos años o de cuatro años y tienes muchas ganas de desintoxicarte y de cerrar un ciclo. Y yo le decía, papá, pero no sé qué hacer, no sé a dónde irme. He viajado mucho a lo largo de mi vida, mi trabajo me ha llevado como periodista por los cinco continentes, he vivido fuera, he estudiado fuera. Y mi papá me dijo, ¿Y por qué no haces el Camino de Santiago? Y mi papá nunca lo ha hecho, y mucho menos creo que ha estado cercano jamás hacerlo. No sé por qué se le ocurrió, a lo mejor fue uno de esos rayo divino, un momento de eureka. Y me puse a investigar. Y en el momento en el que te pones a investigar y que dejas que tu curiosidad sea la que te empiece a guiar, que sea tu brújula, en ese momento empiezan a ocurrir cosas maravillosas. Conecto también un poco circunstancialmente con un conocido, el hijo de un amigo que lo acababa de hacer, me cita en un café de manera un tanto, llamémosle misteriosa, me dice, ven, me voy a sentar contigo a platicar. Y bueno, me empezó a contar, más que a contar, me empezó a compartir la magia del Camino de Santiago, me empezó a compartir la mística de esta peregrinación que tiene mil años, mil cien años de hacerse, realizarse. Y en ese momento me enganchó, básicamente fue como si se tratara de un hechizo, como si soltara las palabras mágicas. Se me metió en la mente y empecé a buscar y a devorar literatura, que además hay abundante literatura sobre el Camino de Santiago. Y empecé por el libro clásico de Paulo Coelho, Del peregrino. Pero después dije no, necesito otras cosas y me empecé a saltar otros libros, empecé a comprar guías, yo no era hiker, yo no era senderista, yo nunca me había ido así a ningún lado. Y bueno, lo voy a hacer, es lo que necesito hacer en este momento de mi vida. Y terminó el mundial de fútbol y de Brasil me fui a México, tomé mi mochila, mis botas y de ahí volé directo a Saint Jean Pierre de Port, que es el último pueblo francés en los Pirineos, donde tradicionalmente los peregrinos iniciamos el Camino de Santiago. Y ahí comenzó no solamente una peregrinación o una ruta de senderismo, como lo queramos ver, comenzó un proceso de reinvención personal verdaderamente mágico. El Camino, y te lo voy a decir, es poderoso y hay algo ahí, hay algo ahí, es ir siguiendo a la Vía Láctea todos los días, el sol atrás de ti, pero hay algo ahí que por algo lo han realizado millones de personas, por algo están los senderos, por algo hay pueblos y comunidades que viven de los peregrinos y por algo durante mil años la gente ha caminado por ahí, algunos con fe, con mucha fe, otros sin tanta fe, más por hacerlo como aventura o como ejercicio. Pero ahí comenzó para mí un proceso de reinvención maravilloso que después me convirtió en senderista. De ahí me fui a años después empecé a hacer todas mis vacaciones las hacía caminando y me fui a Machu Picchu, hacer Salkantay Trek, a caminar rumbo a Machu Picchu en Perú, en los Andes me fui a hacer la Vía Franchíllena, que es otra vía de peregrinación que te lleva a Roma, saliendo de la Toscana, una serie de caminos y de senderos hermosísimos por los grandes viñedos de la Toscana. Y así he empezado a buscar yo lugares para hacer senderismo y para caminar básicamente, pero en un afán de que la caminata, el senderismo, esa meditación en movimiento me termina alimentando internamente, me permite replantear un montón de cosas, te hace humilde, verdaderamente te hace humilde, te resetea, te deja ver de qué tamaño somos, el tiempo tan contado que tenemos y tan valioso que tenemos. Y es ahí donde se da un proceso de reinvención tremendo.
¿Te fuiste solo?
Sí, la primera vez me fui, lo he hecho yo el Camino de Santiago lo he hecho tres veces. La primera vez me fui con un amigo, pero terminamos caminando bastante solos nos dimos cuenta de que cada quien camina a su velocidad, que es necesario tener sus momentos de soledad, de estar contigo mismo, de que sientas la libertad de vivir todo lo que implica caminar veinte, veinticinco o treinta kilómetros por día, que al final Oso es una. Genera un desgaste tremendo porque todos los días te tienes que levantar a caminar aunque no tengas ganas, y no puedes detenerte a la mitad porque nadie te va a ir a recoger y nadie te va a cargar la mochila, y si te sale una ampolla, nadie te va a cargar. Entonces tú tienes hoy en la mañana, mañana en la mañana te levantas a las 6 de la mañana y sabes que tienes 28 kilómetros por delante, con montaña, con buen clima, con mal clima, y que tienes que llegar al otro pueblo, al siguiente pueblo, para que puedas llegar a descansar, a comer y a dormir. Lo hice con un amigo, pero al final cada quien terminó caminando a su velocidad. Nos encontrábamos ahí al final, ya en el pueblo. Y después regresé. He regresado tres veces más al Camino de Santiago y regresé solo después.
Oye, Toño, y dices que fue un proceso de reinvención. Si me pudieras poner el dedo en el cambio más relevante, más importante o más trascendente que se dio de esa primera vez que lo hiciste, ¿Que fue? ¿Que cambió en México? Cambió porque yo he tenido momentos en los que te vas a una experiencia y sientes que todo cambia. Es más, cuando me fui a Burning Man, que no sé si alguna vez has sido, te dicen no tomes ninguna decisión en un mes después de haber regresado, porque la gente llega revolucionada y con ganas de cambiar. Soy otra persona. Y la verdad es que ni eres tan acá ni eres tan acá. Tal vez sí te moviste más hacia el centro. Cómo ¿Qué pasó contigo? ¿Qué hiciste?
Mira, yo llevo 25 años como periodista y llevo 25 años trabajando en la misma empresa. Entonces yo no tengo una historia, a lo mejor como la que tú has contado, que vas a Estados Unidos, vas a Nueva York y luego haces un cambio, todo ese tema. Yo a nivel profesional sigo siendo el mismo, al menos en términos profesionales. Pero lo que provoca, lo que provocó para mí ese primer Camino de Santiago de entrada fue un viaje al interior de mí mismo. Fue verdaderamente. Cuando estás caminando te da tanto tiempo de pensar y no pensar, de sentirte bien y sentirte mal, de estar eufórico en algún momento porque ves un gran paisaje y de vivir todo el hartazgo que te puedas imaginar de que te duelan partes del cuerpo que no sabías que te dolían, de que aprendas a caminar otra vez. Alguna vez me dijeron en el tercer o cuarto día del camino, es que no sabes caminar, tienes que aprender a caminar, para caminar 30 kilómetros no puedes caminar como si caminaras uno, como, como correr, como cuando uno aprende a correr una larga distancia, tienes que aprender a cargar la mochila. Alguna vez una señora me dijo y en el camino pasan cosas ahí medio místicas, o sea, me dijo es que tienes que sacar cosas de la mochila que traes ahí, dije bueno, sí, sí, sí, está muy pesada la mochila que traigo, me dice no, no, de la que traes aquí atrás, de la que traes aquí en la cabeza, tienes que empezar a liberarte de cosas, ir dejando, sanando heridas, dejando rencores, es un tema también mucho de alma, psicológico, de tu psique, de a ver, perdona, libérate de ciertas aprensiones, replantea para qué estás en el mundo y ahí es donde se va dando el proceso de el primer paso de la reinvención, o sea, reinventarte toma un buen rato y como tú dices, no sé, no se consigue con un viaje, con un viaje, con una experiencia, ese es el chispazo para que se encienda una flama, para que se encienda una flama y empiecen a ocurrir otras cosas, pero en el momento en que viajas al interior de ti mismo te empiezas a dar cuenta a lo mejor para qué estás en el mundo.
¿Tomaste alguna decisión importante al regresar? Digo, además de OK, me gustó esto y lo voy a volver a hacer y me voy a volver senderista y mis vacaciones las voy a aprovechar para explorar este tipo de viajes o de procesos, ¿Hiciste algo diferente?
No tomé ninguna decisión importante porque la vida ya se acababa de tomar por mí, básicamente lo que sí me dio fue un nuevo espectro, lo que me ensanchó mis horizontes de una manera descomunal, o sea, lo que me permitió fue ver, ver mucho más allá y en el momento en que ves mucho más allá brotan opciones por todos lados, eso fue lo que me dio libertad, me quitó una ceguera parcial, una estrechez de horizontes. ¿Si yo veía en recto porque llevaba yo muchos años trabajando en la misma empresa, o sabes qué provocó eso? Resquebrajó también una parte de mi identidad personal. Te digo que te vuelve humilde, que te replantea, te dice de qué tamaño eres. El camino también te enseña lo poco que somos para el universo. Y uno se pone a pensar que por aquí han pasado durante mil años millones de personas, unos con zapatos, unos sin zapatos, unos ricos, unos pobres. Lo padre del camino es que no importa si tienes mucho dinero o no tienes dinero, no importa si traes las mejores botas o si traes los tenis más rotos, no importa si traes buen equipo o no traes buen equipo, si llegas a dormir al refugio de la iglesia donde se queda todo el mundo y compartes ahí la zona de literas, o si llegas a un hotel boutique en un pueblo medieval español y comes en un restaurante con una estrella Michelin. Al final el camino lo tenemos que ser todos y es una gran metáfora de la vida. Entonces a mí, yo regresé y no tomé grandes decisiones. Lo que me dio fue libertad. A mí en este momento me permitió sanar o empezarme a recuperar emocionalmente. Me enseñó que había más vida de la que yo estaba viendo en ese momento. Y eso pasa cuando la vida te golpea, cuando la adversidad te tira la lona, en ese momento se te cierra el mundo, te agarras de lo que puedes. Y para mí fue regresar y ver el mundo mucho más amplio, mucho más grande, y de ahí empecé a tomar decisiones mucho más saludables para mi vida.
Toño, una de las cosas que dijiste que te da el senderismo.










