Excerpt from a Spanish-language podcast interview in which Marcelo Salazar narrates a pivotal personal anecdote: while visiting Buenos Aires he was contacted by the president of the oldest Soda Stereo fan club, brought to a clinic in Núñez, and invited to sing a song he had written for Lilian (Gustavo Cerati’s mother). He performed on the sidewalk with his guitar; Lilian wept and asked for the recording so the club could give it to Cerati’s music therapist. The episode is presented as emotionally significant for Salazar.
Questions this video answers
On the sidewalk outside a clinic in Núñez, Buenos Aires.
The president of the oldest Soda Stereo fan club in Buenos Aires (via Facebook message).
Lilian is identified as the mother of Gustavo Cerati.
Chapters
Y voltea la señora Lilian y me oye, pero si traes tu guitarra, ¿Por qué no me la cantas aquí? Bueno, entonces así, literalmente en la banqueta saco mi guitarra y empiezo a cantar la canción, obviamente con el nervio, imagínate, salió bien, creo que la canté bien. Y termina la canción y me toma del brazo y se le salen las lágrimas, me dice qué canción tan hermosa. Cuando me llega un mensaje por Facebook y yo ¿Quién es? Una chica que decía Hola, soy la presidenta del club de fans más antiguo de Buenos Aires, de Soda Stereo y te quiero decir que tu canción nos ha servido mucho a nuestro club de fans y quiero pedirte si me autorizas a bajarla o que me la mandes por MP para yo poderla meter en un disco y llevársela a la familia de Cerati porque tengo contacto con ellos. Yo leyendo eso en Buenos Aires, perdón, no me lo vas a creer, pero tengo dos semanas que estoy en Buenos Aires, No puede ser. Oye, pues claro que sí. ¿Te gustaría vernos? Y acompáñame. Por supuesto que sí, ¿No? Grabo la canción en un par de discos, un par de CDs. Me voy a donde nos quedamos de ver con esta chica. Encuentro esta chica y yo hasta ese momento oso todavía diciendo ¿Quién es esta chica? ¿No me estará mintiendo? Ya sabes, o sea, ¿Quién me garantiza que esto va a ser real? Empezamos a charlar, no es que yo empecé con el club de fan y entonces me acerqué paulatinamente a los chicos de Soda. Los chicos de Soda nos llevaron a sus madres, entonces parecía que era real. Llegamos a la clínica ahí en la zona de Núñez, en Buenos Aires y yo veo que llega con el, con el guardaespaldas. Oye, hola, ¿Cómo estás? Hola, ¿Cómo te va? Dije, vamos bien, ya la conocen. ¿Puedes decirle a Lilian que yo estoy acá? Sí, sí, claro, ahora vengo. Se va unos minutos y veo que baja la madre de Cerati. La conocía. ¿Videos y fotografías, obviamente, no? Digo, sí, sí, es la madre. Cerati sale de la clínica, estábamos en la banqueta, tal cual. Hola, mami. Ella le decía, mami, ¿Cómo estás? Qué gusto verte. Aquí estamos, man, dándote fuerza, tal. Aquí estamos otra vez. Una señora que era como. En ese momento yo sentí su energía como si fuera la mamá de mi amigo. Una señora con una dulzura qué gusto verte. Gracias por venir. Mira, mami, te quiero presentar a Marcelo. Yo iba con un par de amigos colombianos que conocí en la escuela de audio donde yo estaba estudiando en Buenos Aires. Y mis amigos cuando les dije, Oye, pasó esto. Súper fans de Soda, ¿Me acompañan? Claro que sí. No, pero también como se quedaron así cuando la vieron también. Gracias por estar aquí, Marcelo. Mucho gusto. A sus órdenes. Cuéntenme. Mami, lo que pasa es que él escribió una canción muy bella y nos ha servido mucho a todos nosotros. Entonces yo quiero que tú la escuches. Y yo me llevé mi guitarra, yo traía mi guitarra al hombro y voltea la señora Lilian y me dice, Oye, pero si traes tu guitarra, ¿Por qué no me la cantas aquí? Bueno, entonces así, literalmente en la banqueta, saco mi guitarra y empiezo a cantar la canción, obviamente con el nervio. Imagínate, salió bien, Creo que la canté bien. Y termina la canción y me toma del brazo y se le salen las lágrimas. Me dice qué canción tan hermosa. Qué canción tan hermosa. Muchas gracias. Imagínate, muchas gracias por haber escrito eso. ¿La tienes acá? ¿La tienes en algún disco, como me dijo? Sí, sí, claro, aquí la tengo. Dice, es que mañana viene la musicote terapeuta de Gustavito y yo se la voy a dar porque quiero que la escuche. No supe qué pasó, pero para mí ese gesto, yo entendí en ese momento que era quizá la razón por la que yo estaba en Buenos Aires. No sé si es esta la razón, pero seguramente es una de las más importantes. Y nos quedamos charlando.