Samara Martínez discusses the reality of assisted dying in Switzerland through Dignitas, where the cost rivals a transplant and logistics of transporting remains become a burden. She weighs formal assisted dying against simpler alternatives like stopping dialysis or obtaining pills, exploring the financial and emotional weight of choosing how to die.
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Mi primera opción, me puse a investigar en Suiza, es el único país que acepta extranjeros. España, Colombia, Paraguay, Canadá, Países Bajos, Holanda lo tienen, pero solamente para nacionales y Suiza es el único que acepta extranjeros. Me sale casi igual que un trasplante, casi 800 mil pesos, sin contar todo el proceso de traslado que ha de ser del cuerpo y cenizas. Además dije, a ver, no voy a pedir dinero para eso, obviamente ya no hay capacidad económica y por qué me tengo que ir a otro país, hacer algo tan natural y el proceso más natural y humano de la vida como es la muerte. Entonces mandé hasta solicitud a Dignitas, que es el hospicio de allá, y cuando me dieron la solicitud y todo, sí, obviamente me dijeron, sí, pues tu caso súper aplica, o sea, sí, pero pues es tanta lana, suena muy bonito.
Mucha gente te preguntaría entonces, ¿Por qué no nada más dejarte de hacer la hemodiálisis? ¿Por qué no nada más justo eso, no? No es lo mismo querer morir que querer dejar de sufrir, dejarte de atender, de atender o incluso atentar contra tu vida. No es lo que estás buscando, ¿No?
Aunque ojo, y o sea, si lo qui decir, quizás leído comentarios, si un bote de pastillas no sale tan caro, o sea, ¿Cómo saben que no lo he intentado? Eso siempre es siempre mi pregunta. Claro, te lo digo francamente, muchos de los pacientes, la tercera casa de suicidio en nuestro país es por dolor, que buscas una salida desesperada, pero entiendes que no es lo mismo la cuestión de irte en soledad dejando esa angustia a tus familiares, no es lo mismo, no es el mismo discurso, o sea, Y entonces ante esto dije, bueno, o sea, Suiza no es la opción evidentemente porque México no.