Transcripción de un testimonio en primera persona de Rosario Marín sobre su infancia en la colonia Puebla (México). Describe crecer en una familia obrera numerosa con carencias materiales —dos pares de zapatos, ropa heredada, salida ocasional a comer pozole— y cómo, a pesar de la pobreza, recuerda una vida feliz y tranquila; menciona también que la hermana menor nació cuando fueron a Estados Unidos.
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Mi vida era fantástica, pero no sabía que éramos pobres. En realidad carecíamos de muchísimo en mi casa. Yo vivía en la colonia Puebla, una colonia muy proletaria. Mi papá era un obrero, trabajaba todos los días hasta el sábado, porque si no trabajaba no había suficiente dinero para la casa. Éramos cinco hermanos. Cuando íbamos a Estados Unidos nació mi hermanita, la última, la sexta. Pero yo vivía una vida muy feliz y muy tranquila, porque como te digo, esta otra parte como que se te olvida, ¿No? Con muchas carencias. Siempre hablo de que teníamos dos pares de zapatos, unos. Cuando iba empezar el año escolar, pues compraba los zapatos nuevos y luego los que acababas de usar, pues eran las chanclas. Al final del año ya no sabes cuál era la chancla y cuál era el zapato de la escuela, porque estaban igual de mal la ropa. Mis primas nos daban ropa y yo la utilizaba y luego se la daba mi hermana. Pero cuando todo tu entorno es lo mismo, pues tú crees que así vive todo el mundo, ¿No? ¿Ir a un restaurante, no? Oye, las idas, quiero decir, así como de contrabando. Cuando mi mami me llamaba y me decía hoy quiero que me acompañes a comprar el pan, eran palabras mágicas, oso. Eso quería decir que nos íbamos a ir a comer un pozolito ahí en la esquina con Doña Chona, unas quesadillitas y eso, pero mi mami lo hacía nada más con uno a la vez. Esas eran las salidas de ir a comer a un restaurante, era la esquina donde vendían el pozole. Pero era fantástico y yo me.