Ildefonso Guajardo (former Mexican economy minister) describes how Mexico used targeted, politically informed retaliatory measures to pressure the Trump administration during trade negotiations. He argues Washington is not monolithic but a network of interests that can be pressured via their domestic electoral impacts; Mexico responded to US steel tariffs (Section 232, 25%) not with mirror tariffs but with selective measures on US products (e.g., bourbon from the Carolinas, Washington apples), provoking a call from US negotiator Robert Leihzer about 30 days later to resume talks.
Questions this video answers
About 30 days.
Section 232 steel tariffs at 25%.
Paris, at the OECD meeting.
Chapters
Dónde es donde la administración Trump puede recibir presiones de su propio partido político, del Congreso, para estarle jodiendo todos los días que estás afectando electores. Y a los 30 días ya tenía yo la llamada de Robert Leihzer que quería sentarse a resolver el tema porque nos habíamos cobrado esa agresión con agresiones estratégicamente definidas. Todo mundo cree que negociar con Washington es negociar con un bloque monolítico, y es lo más falso que puede haber. Washington no es más que el entreramado de muchos intereses que se convierten en un poder, y conocer cómo funcionan y a qué responden cada uno de sus intereses te ayuda a diseñar una estrategia de negociación y a poder mover y tocar los botones que te pueden ayudar a sacarla adelante. Eso de decir México es demasiado pequeño como para aspirar a tener cierto leverage o cierta capacidad de negociación frente a Washington, eso es falso. Dame un ejemplo. Mira, yo te diría que un ejemplo muy práctico fue en el momento, uno de los momentos más álgidos de la negociación con la primera administración de Trump, al negociador americano Robert Reich le urgía que yo aceptara sus condiciones para un sector que era muy importante para Trump, que era el sector automotriz. En abril, en mayo, tuvimos que ir a una junta de ministros a París, a la OECD, y ellos ya habían lanzado un arancel contra acero en el famoso, una acción que se llama 232, a la cual habían exceptuado a México y a Canadá, y como amenaza me dice, si no me aceptas el cierre, el capítulo automotriz, te voy a quitar la excepción y te voy a hacer que tus acereros paguen el arancel del 25%. Entonces yo le contesto adelante, haz lo que tengas que hacer, o sea, yo no voy a cerrar la automotriz como lo quieres. Entonces nos pusieron aranceles. ¿El sector aracerero mexicano se ejecutó? Sí, claro. El sector acerero mexicano se puso reclamó y me pidió que yo impusiera aranceles en acero de Estados Unidos al importarse a México. Y mi razonamiento con los aceros fue no le voy a poner aranceles acero americano porque eso me va a hacer más caro mis enseres domésticos, mis autos, cosas que yo exporto. Sin embargo, el equipo analizó las importaciones mexicanas de Estados Unidos que pudieran tener repercusiones en distritos republicanos con gran influencia en Washington. Entonces agarramos específicamente bourbon de las Carolinas, agarramos manzanas rojas de Seattle, agarramos, hicimos una colección de impacto que nos daba permiso al tratado de responder exactamente por el daño ocasionado por el acero. No fue ojo por ojo, fue algo más inteligente, no fue dónde es donde la administración Trump puede recibir presiones de su propio partido político del congreso para estarle jodiendo todos los días que estás afectando a sus electores y a los 30 días ya tenía yo la llamada de Robert Leihaiser que quería sentarse a resolver el tema porque nos habíamos cobrado esa agresión con agresiones estratégicamente definidas, o sea, cuando empezamos a sentarnos porque ya íbamos hacia el cierre de la negociación.