El Trabajador de CFE que se convirtió en PINTOR | AMADOR MONTES #393

In this final segment of the Cracks Podcast episode with Oaxacan artist Amador Montes, host Oso Trava explores several new dimensions of Montes' practice and personal life. Montes describes a recent fashion collaboration with Yucatecan designer Mora, resulting in the "Carmen" runway show at Paris Fashion Week and a forthcoming art‑book that documents the project, emphasizing his view of fashion as a cultural record. He reflects on his two sons, Diego and Emilio, who are forging their own artistic paths—Diego through coffee‑related ventures and Emilio through "art toys"—and shares the mixed pride and fear a parent feels watching them navigate creative careers. Montes reveals upcoming public works: a large sculpture titled "El Nido" to be installed in a Mérida garden, symbolizing the city as a nest, and the "Aves de Paso" exhibition touring the United States, which addresses migration. Looking back on a 25‑year retrospective, he discovers that his next solo show will be called "Igual que de niño," acknowledging that his current practice still mirrors the playful drawing, modeling, and painting of his childhood. He concludes with a succinct philosophical statement—"a brush is a better weapon than a gun"—and points listeners to his Instagram and gallery links for further engagement. Themes of interdisciplinary collaboration, intergenerational artistic continuity, socially relevant public art, and a belief in art as a peaceful, transformative force run throughout.
Chapters
¿Pero qué haces? Me decía su papá. Y yo le dije: Soy pintor. No te entiendo. Dibujo. ¿Cómo que dibujas? Dibujo cosas. Yo me acuerdo de ver la cara como diciendo: No, ¿cómo que va a vivir, mija? ¿Cómo es que con tus dibujos podemos estar aquí? En este lugar, en este restaurante. Siempre, siempre lo dice. O sea, ni yo sé por qué estamos aquí. Yo tenía un amigo que dibujaba muy bonito. Y yo dibujaba como una especie de taza, pero el asa se metía a la profundidad de la taza. Y entonces él llegaba y me decía: Eso está mal hecho. No tiene sentido. Y yo decía: ¿pero por qué dibujo sin razón? Yo dibujaba mal. Ahí entendí que mi dibujo era sin razón, era de cosas fantásticas. Entendí que la razón en mi pintura no tenía que estar. El maestro Amador Montes. Soy Amador Montes, artista oaxaqueño.
Su obra vive en colecciones de Inglaterra, España, Corea, los Emiratos Árabes, y ha expuesto en el Palacio de Bellas Artes y hasta en la sede de la ONU en la ciudad de Nueva York. Forbes lo nombró uno de los 100 mexicanos más creativos del mundo, y su color se ha vuelto sinónimo de Oaxaca. Pintó los murales del estadio Alfredo Harpellú tiene obra afuera del estadio de fútbol de Monterrey y del estadio de béisbol Yuba. Llegó a París Fashion Week y ha colaborado con marcas de clase mundial como la marca Clase Azul de tequila y mezcal.
Y entonces llega un artista y me dice: ¿Eso es tuyo? Y le dije: Sí, está muy feo. Te voy a dar un consejo: hay piezas que nunca tienen que salir del taller y esta es una de ellas. Entonces le dije: Mari, yo quiero una casa, pero quiero una casa chiquita, de adobe y que huela a tierra. Un cuadro mío era la puerta. La entinté de rojo y entonces siempre la tuve como mi casita roja aquí muy presente. Mi mejor arma es un crayón o un papel. No puedo. Ahorita en mi mochila traigo una libreta y lápices siempre. Y en el momento que empiezo a sentir angustia, me pongo a dibujar. Yo quiero pedirle a Dios que el día que yo me muera esté yo pintando en la mañana y al ratito ya pum. Entonces yo no quiero nunca dejar de terminar un cuadro.
Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Trava y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Si tú tienes un negocio, si tú tienes una empresa, estás empezando a crear una empresa o eres profesionista y quieres crecer, detonar el crecimiento de tu negocio, te invito a ser parte de Cracks Business School, la membresía de mentoría en la que todas las semanas me reúno o se reúne alguien de los expertos de mi equipo, los expertos con los que yo construyo mis propias empresas, con cientos de emprendedores. ¿Para qué? Para ayudarlos a encontrar esa palanca que detona el crecimiento. Si quieres ser parte de mi comunidad, simplemente ve a cracksbusiness.mx y ahí te espero. Mi invitado de hoy es Amador Montes, uno de los artistas plásticos más importantes de todo México. Lo puedes encontrar en Instagram como @amador.montes. En este episodio, el maestro Amador y yo hablamos de sus inicios en el mundo del arte, de encontrar tu estilo, de cómo manejar el éxito sin dejar que te revuelque la ola, y de nunca, nunca crear para complacer. Esta es una historia de un hombre que aprendió que los únicos peces que siguen la corriente son los peces que ya están muertos. Espero que disfrutes de esta gran plática con Amador Montes. Querido Amador, bienvenido a Cracks Podcast.
Gracias, Oso, gracias por la invitación.
Oye, qué contento estoy de tenerte aquí. Me has recibido en tu galería, en tu estudio, varias veces ahí en Oaxaca. Hemos platicado largo y tendido de tu historia y hoy estoy feliz de poderla compartir y contarla. Digo, no que mucha gente no te conozca, pero si puedo hacer que más gente conozca lo que haces lo que has construido a lo largo de más de 25 años de carrera. Bueno, pues para mí es un privilegio y quiero arrancar con algo que no sabía. Cuéntame, ¿cómo conociste y cómo fue tu relación con Pablo Milanés?
Pues fue una cosa muy bonita. Fíjate que Pablo, mi hermano, me dejó esa música cubana de revolución y como pensante y esto. Entonces yo la empecé a escuchar en la secundaria. Era muy complicado porque todo el mundo estaba escuchando hombres gay, ya sabes. Y yo me gustaba muchísimo la trova y le tenía mucho respeto a él, a Silvio, a Pablo Nicolás, mucha gente. Y fue muy bonito porque en algún momento mi hermano, que lo amaba al maestro Pablo, pues siempre me regalaba los discos y me platicaba que una vez en la UNAM fue y que, ya sabes, toda esta tendencia filosofía y letras, y que le encantaba la música de Pablo y eso. Y Armando, mi hermano, es como si fuera mi papá. O sea, él me creó, me ayudó a estudiar la carrera, le debo muchísimo, muchísimo, muchísimo de mi vida. Y entonces en algún momento Pablo iba a ir a la UAPJO a Oaxaca, y entonces le dije al rector en turno: oye, va a venir Pablo, dile que quiero invitarlo a cenar después del evento. Me dice: ah, pues le voy a decir a su asistente. Se le habla a su asistente, el asistente dice: no, no, el maestro no puede porque viene de Brasil y tiene una, tuvo una cosa muy fea en el estómago. Le dije: no, dile que yo le consiento. Que él me diga qué comer y a quiénes personas quiere invitar, y yo lo espero en mi galería. Entonces, cuando ya le mandé los datos, quién era, todo, a él le gusta mucho la pintura. Y de repente, sí va, dice que sí va, pero que solo haya 10 personas. Sí, sí, las que él quiera. Bueno, nosotros somos 4 y ustedes no, nada más nosotros aquí, nada más los del taller. Y entonces le dije a mi hermano, oye, y me dice, mano, y conseguimos los boletos para ir a Pablo Velázquez, a ver a Pablo. Y le dije, no, no tengo No tengo y no creo poder conseguir. Lo que te quería pedir es un favor, que voy a tener una cena ese día muy importante y quiero que me ayudes en la galería, porque así asado y no sé qué, necesito que me eches la mano. Me dice: Ah, es que yo quería el concierto. Que no, pues échame la mano. Y ya sabes, mi hermano siempre tan con mucha disposición para mí, me dice: Bueno, pues voy, te ayudo. Entonces llegó, se sentó, le dije: Es que va a haber una cena y sabes qué, que sí necesito ayuda. Bueno, escondemos un trabajador mío Y entonces estábamos coordinando ahí la llegada del maestro Pablo. Y después del concierto, el maestro Pablo va felizmente a la galería. Y cuando llegue, se le digo: Armando, no seas mala onda, abre la puerta y mete a mis invitados en lo que yo me pongo. Sí, cómo no. Entonces abre la puerta y cuando ve a Pablo se quiso morir. Entonces me dice: ¿Es el maestro Pablo Milanés? Y le dije: Sí, es una sorpresa para ti, dile que pase, vamos a sentarnos. Y entonces lo senté al lado del maestro Pablo, se pusieron a platicar de música hace mucho tiempo, de conciertos hace mucho tiempo, y Y de ahí nos hicimos buena relación. Le gustó mucho mi trabajo, me invitó a un cumpleaños a Cuba. Me fui a Cuba una vez a un cumpleaños de él, que fue maravilloso, maravilloso. Después nos hicimos amigos. Lo vi en Sevilla, luego una vez lo vi aquí en un festival de San Miguel Allende. Y bueno, nos hicimos muy amigos. A mí me da mucha pena pedirle algo porque lo respetaba mucho, pero en algún momento tendría que hacer una exposición que estaba haciendo en Inglaterra. En un año dual, y me habían pedido que yo fuera como un artista invitado, y se llamaba El Otro Muro, y hablaba un poquito de eso, de los muros que hay en, pues, en países como México, como Cuba. Entonces le dije: oye, maestro, ¿se puede aventar un texto y me lo regala? Y ahí mismo que se avienta un texto muy lindo que se llama El Otro Muro, y me lo regaló, y que fue que ocupé para los dos libros. Entonces la verdad es que hicimos una relación muy bonita. Me presentó a otros artistas, a Fabelo, me presentó artistas Me explicó muchas canciones que a mí me gustaban mucho. Hablamos de mucha trova cubana, de mucha música cubana afro y así. Entonces la verdad es que sí es un gran amigo mío y aprendí mucho de él, aprendí muchísimo.
Justo quería llegar a eso. Pablo Milanés vivió una de las épocas más duras del régimen cubano y seguramente tiene una manera muy particular, o tenía una manera muy particular de ver la vida. Qué es lo que te dejó a ti? Cómo cambia en ti la manera de ver la vida y después expresarla a través de tu arte?
La verdad es que desde antes, o sea, desde conocer su música, que es de protesta, pero a veces es poética, y a la vez estos recitales que él hacía, que alguna vez me invitó a Cuba y verlo, verlo lejos de cantar, decir lo que él pasó en estos tiempos de la represión y todo este tema. Pues la verdad es que sí te Sí, a mí me deja la idea de cómo puedes salir adelante de un lugar como Cuba o como muchos países y llegar a todo el mundo. Y al final de cuentas, sí, sí, reclamar, sí decir, pero, pero con la poesía por delante. Eso era lo que a mí me parecía maravilloso. Y lejos de que era un ser humano de luz, o sea, todo quería dar, todo quería compartir, era súper bonachón, le encantaba echar la fiesta, no, y música. Un buen cubano pues le encanta la música. Y le llevaba yo siempre que podía, le Valló, que nos íbamos a ver, era el hombre más feliz del mundo. Entonces, pues la verdad es que es eso, es esta enseñanza de gente que ha pasado por muchos niveles y por muchas complicaciones y al final logran de su vida una cosa maravillosa. Eso me encanta.
Vamos a darle un poco de contexto a la gente de dónde vienes. Tú naces en Oaxaca, vienes, eres el más chico. ¿De cuántos hermanos eran?
De 6.
De 6. Tu hermano Armando Dices que funge como un rol muy padre. Tu hermano Jesús muere y vives en una casa con una dualidad muy interesante, no, un papá muy estricto y una mamá muy consentidora para quien eras su bebé. Cuéntame un poquito de ellos dos, de Carmen y de Rubén.
Pues la verdad es que creo que, creo que comparto muchísimo esta dualidad que dices. O sea, a mí me encantaba estar con mi papá porque las enseñanzas eran muy duras, pero muy, muy épicas. Y hoy que, y hoy que ya tengo 51 años, que tengo un hijo de 23, estoy 19, la verdad es que sí lo comprendo. O sea, sí, sí, él me, él me quería hacer o enseñar una vida muy difícil porque sabía que la vida afuera no era tan fácil como yo la quería ver. A mí me encantaba ser completamente soñador, o sea, a mí me encantaba jugar con insectos. Mi mamá me consentía muchísimo. Mi mamá hacía, mi mamá hacía para ayudarse chocolate. Y entonces el chocolate tiene un color muy lindo. Entonces todas las tardes, después de comer, ella hacía chocolate y yo dibujaba. Entonces con agua jalaba el color del chocolate a manera de acuarela y pintaba. Entonces era una comunión muy linda, y al final cada dibujo se lo regalaba ella. Entonces ahí era como muy lindo, como mucha protección, como muy amable la vida. Y por otro lado, un papá que era súper enérgico, que si hacía algo que no le gustaba La verdad es que me iba muy mal. Entonces esta dualidad me formó pues raro, o sea, sabes, como muy soñador, como muy débil, pero por otra parte también igual como duro, y como que sí sabía que la vida era, era complicada y era difícil. Y mi papá pues sí quería que yo fuera un trabajador. Él era muy trabajador, no, estos papás de antes que al final de cuentas no te puede haber sentado, no puedes descansar, tienes que estar todo el tiempo como haciendo algo. Lavando el carro, bajando. Tenemos una huerta atrás, entonces bajando fruta, limpiando. Siempre tienes que, o sea, si me veía dibujar, no entendía que estaba haciendo algo para mí. Y entonces mi mamá era la que me defendía, era la que decía déjalo, pues está dibujando y él puede estar dibujando todo el día. Pero bueno, está esta dualidad, son los que me son la persona que soy ahora. Pues sí, la verdad es que las dos las quiero, las acepto y vivo muy feliz. Con ellas.
Dices que hoy que ya tiene 51 y tienes hijos ya más que adolescentes, ya adultos, entiendes un poco esa dureza. A ver, platica un poco. Tu papá creía que el mundo no era tan fácil. El mundo no es tan fácil.
No, su mundo de él había sido muy difícil. A él lo habían regalado. Como su mamá no podía mantenerlo y tenían hijos, lo regaló a un tío, al tío rico del pueblo, lo regaló. Y entonces cuando lo regaló, le regaló y le dijo: al tío le dijo: te regalo este niño para que te ayude, pero para que te ayude como un peón más. Y él lo recibió como un peón más. Entonces mi papá nunca tuvo un regalo de nadie, una caricia de nadie, un beso, un nada. Vivía con peones. Él empezó a fumar a los 8 años porque todos fumaban. Y entonces yo hice la primera exposición que tuve, se llama, se llamó Cuentos y Arboledas, y los cuentos eran de mi papá, las cosas que él me platicaba. Entonces fíjate, un día me platicó mi hijo Cuando yo era muy chico, él siempre, que creo que me hizo, fue lo que me hizo pintor, muy pocas veces lo he contado, pero te lo voy a decir. Él me decía vamos a dormirnos y yo me acostaba en su cama, él sacaba su cigarro, fumaba, no había televisión, y me empezaba a contar una historia. Entonces mi cabeza estaba como súper, súper recreando todo lo que él me decía. Y como era un gran contador y como lo contaba muy bonito, pues así me dormía. Y al otro día lo primero que hacía era dibujarlo. Te voy a contar una historia. Él nunca tuvo nada, Oso, nunca. Y entonces un día alguien al tío rico le pagó con un becerrito, todo, todo amolado el becerrito. Y entonces él dijo: tío, regálamelo. Y dijo: no, pero ¿para qué quieres eso? Nos vamos a comer. Dijo: no, no, regálamelo, regálamelo, y lo quiero tener para mí. No, nunca he tenido nada, entonces lo quiero tener. Entonces la tía amablemente le dice: regálaselo. Entonces lo regala y le pone Alegre. Y entonces, como era un percerto muy, muy amolado, muy malo, él lo empieza a cuidar, le da biberón y le da, le consigue cosas para que él, para que Alegre fuera creciendo. Total, que Alegre se pone, es un torote negro con una súper, esta bola aquí que tiene los cebús, se pone muy, muy fuerte, muy, muy lindo. Entonces mi papá, con sus ahorros, ya después de grande y va juntando, y así se compra la pareja y se llama Contento. Entonces alegre y contento. Y entonces con eso crea su yunta, que es la primera yunta que tiene. Y entonces eso me lo contó y a mí se me hizo muy lindo. Y entonces yo lo dibujaba. Y así todas las primeras, mi primera exposición fueron contadas solamente las historias de mi papá, las historias de sus fantasmas que él veía, las historias que creo que él inventaba, las historias que él recreaba. Y cómo se robó a mi mamá, y cosas que para mí parecían maravillosas. Digo, es un programa, pero a mí me encantaba. Mi mamá era hija de un señor que tenía dinero en Oaxaca, que era un caballerango que pues trabajaba con el gobernador, que lo conocía, y que ya estaba destinada mi mamá a casarse con alguien. Y mi papá, que le encantaban los motores y todo, había leído mucho, y él componía la Land Rover de ese entonces. Porque solo había estudiado. Entonces se robó a mi mamá y se fueron a vivir a un pueblo que se llama Pochutla, que está cerca de Puerto, en unas zonas cafetaleras. Y él ahí componía los Land Rover. Entonces pues así me contaba esas historias de niño, que tengo muchas historias. Y conformé la primera exposición en Casa de la Cultura en Oaxaca, que se llamó Cuentos y Arboleras. Y se llamaba así porque, bueno, papá me contaba todas esas historias. Cada cuadro, una historia de papá. Alegre y contento, la culebra de agua, y así muchas historias muy lindas, muy lindas, que mi papá vivió de una niñez en un pueblo muy bonito, muy, muy bonito. La verdad es que él me enseñó esa parte linda de la vida. Sí, me decía cosas ahí como entre letras, me decía como: es mejor no tener y saber que saber y no tener. Entonces, pero me lo decía cuando tenía 6, 7 años.
Es mejor saber y no tener que tener y no saber.
Entonces, o me dejaba libros para que yo leyera, o me dejaba canciones, o me ponía el box y me ponía a ver el box cada sábado, que es una cosa maravillosa porque era el único momento que podemos ver la tele. O sea, él tenía una tele que había comprado, como le gustaban mucho las máquinas y las cosas como como modernas. Compró una tele que venimos a comprar aquí a México y le puso una funda. Y entonces la tele nada más se abría los sábados para ver el box. ¿Te gustará o no te gustará? Si quieres ver la tele, si no, pues no. Entonces el box, pero me lo explicaba. Y entonces era lindo. Entonces tenía como una parte muy dura de él y una parte que creo que es en la que él quería haber vivido, y se veía reflejado en mí. Y pues me contaba cosas duras Pero él las hacía poéticas. Y yo acabo de ver una película muy linda que habla de Mary Poppins, de cómo la escritora de Mary Poppins convierte lo feo de su vida a lindo. A mí me parece que mi trabajo es igual, como que las cosas duras de mi vida las convertí en cuadros que la gente los ve lindos, pero que sí tienen un trasfondo difícil de mi niñez o de mi juventud.
Quiero entrar un poquito a eso. ¿En qué momento tú sigues dibujando? ¿En qué momento te das cuenta que no es solo un hobby o una habilidad, sino una manera de estar en el mundo y de interpretar lo que te pasa?
Fíjate que cuando yo regresé de— yo estaba en Puebla estudiando la carrera de diseño gráfico, pero mamá se puso muy mal de una enfermedad muy fuerte. Entonces yo regreso y la vi muy, ya muy mal una vez. Iba yo como en octavo semestre, me faltaba muy poquito para terminar, y entonces Decidí quedarme con ella y ya no terminar mi carrera. Entonces yo me quedé con ella a cuidarla hasta que ella murió. Y cuando ella murió, yo empecé a pintar. Me encerré en mi cuarto y me puse a pintar. Mis hermanos se preocuparon mucho por mí porque decían: ¿qué va a hacer este amigo? Es el más chico. Todos, como quieras, están casados, tenían hijos. Armando no, y yo no, pero Armando tenía como ya era más grande, me lleva a mí 15 años. Entonces, bueno, tenía su trabajo y todo, y yo me encerré a dibujar. Y entonces mi hermana Meli, que siempre muy echa para adelante, llegó y me dijo que qué quería yo hacer con esos cuadros, o que cuál era mi idea. Nada, solamente pintar. Y me dijo: ¿Me puedes regalar 3? Hermana, tengo cajas de boca llenas de esos dibujos, llévate lo que quieras. Entonces se las llevó y se las llevó a enseñar a una galerista amiga de una amiga, y la galerista le gustó mucho el trabajo. Entonces me dijo: Oye, llama, fíjate que fui a verlo así y quiere que vayas. Pero hermana, yo no quiero eso. Me dijo: No, no, quiere que vayas a verla. Ve a verla hoy. Y le dije, pero no, yo no quiero ser artista ni pintar ni nada. Si quiero pintar, pues, pero así. Me dijo, bueno, hazme un favor por mí, que ya fui a dar la cara por ti, pues ve. Así que bueno, pues ya fui. Y la galerista le gustó mucho mi trabajo, me hizo una primera exposición y todo se fue a España, se vendió muy rápido. Ella había visto a Rodolfo Morales y entonces me dijo, sabes qué, Amador, me gusta mucho tu trabajo y creo que puede, que puedes hacer una carrera aquí. Bueno, pues si usted cree, yo puedo seguir pintando todo lo que quiera. Y me dijo: bueno, ve y sigue pintando, me vas a hacer todo lo que hagas. Y así me di cuenta.
Pero suena muy bonito, así como: ay, me descubrieron, ¿no? Casi que iba caminando en la calle, me descubrieron y me hice uno de los pintores más reconocidos de México. Tú dices que tu familia estaba preocupada porque no tenías chamba, porque no, tú eras artista y ellos eran matemáticos. Y me contaste la última vez que hablamos que pasaste 3 años trabajando en la CFE.
Sí, sí.
¿En qué momento sucede esto y cómo vivías ese tiempo de trabajador en algo que no era lo tuyo?
Era cuando yo regresé de Puebla, me quedé con mi mamá y pues mis hermanos, digo, como que yo la estaba cuidando, mi mamá, pero también estaba todo el día ahí. Entonces alguien me dijo: oye, ¿por qué no entras a trabajar a CFE? Una de mis hermanas: y yo voy a conseguirte el empleo y todo. Y yo dije que sí, que estaba bien. No era lo que me gustaba, pero sabía que hacer algo también. También entendía su preocupación y entré a comisión. En comisión fue cuando mi mamá se muere, y entonces yo hacía un trabajo 3 años que no quería hacer: llegar temprano, usar uniforme, estar entre puros ingenieros, y no había nada, nada de creación. Todo era como muy establecido. Entonces un día decidí, yo tenía un jefe que se llamaba el contador León, muy, muy buena persona, y le dije: oiga, jefe, le quiero pedir un consejo, es que yo no quiero estar aquí. Y me dijo: ¿tú mantienes a alguien? Dije: no, estoy solo. Y me dijo: pues, ¿qué quieres hacer? Dije: pues quiero pintar. Me dijo: pues vete a pintar. Él era el que daba los contratos. Me dijo: aquí te firmo tu renuncia ahorita mismo y vete a pintar, hazlo. Y le dije: ¿Y usted cree que está bien? Me dijo: Está súper bien. Si tú eso quieres hacer, hazlo. Bueno, va. Cuando llegué a mi casa y les dije a mi papá y a mis hermanos que había yo dejado el trabajo de CFE, que había costado mucho trabajo entrar, la verdad es que mis hermanos todos se enojaron conmigo. O sea, me dijeron como: ¿Por qué hiciste eso? Pues no, si estabas ya en muy buen lugar. Pero sin embargo, yo tenía muchas cosas que decir, quería pintar. Extrañaba mucho a mi mamá. Era muy buena idea la de pintar y como sanar, pero no estaba en mis planes ser artista ni vender ni dedicarme a esto. No lo entendía, la verdad es que en la casa nunca hubo un cuadro ni fui nunca a una exposición ni sabía ni de qué se trataba. O sea, mis hermanos tampoco, Mi hermano Armando, que estaba, te digo, siempre muy atento a mí, un día llegó, me dijo: ¿Y quién, quién compra eso? ¿O para qué es eso? Pues no sé, pues para pintar. Pues sí, yo sé, pero ¿para qué lo vas a hacer? ¿Cómo lo vas a materializar? Que no quiero materializarlo, yo nada más quiero pintar. Dijo: no, no, no, no puedes andar por la vida así, güey. Pero también, ¿quién va a comprar eso? Que no, nadie va a comprar esto. Y me dijo: pero yo he visto que los codos se venden y los ponen en sus casas. Pero, ¿quién hace eso? No sé, personas. Entonces nadie entendía nada, era una cosa muy rara. La galería, bueno, el día que hice mi primera exposición, yo le dije a Don Luis, oye, señor, ¿y de qué se trata una exposición? Me dijo, mira, tú traes cuadros, yo los cuelgo, viene gente y los compra. Le dije, ¿y usted cree que los van a comprar? Me dijo, seguro. Bueno, yo pinto. Entonces, el día que llegué a mi primera exposición, Oso, fue muy triste, porque cuando yo llegué vi a mucha gente, pero no vi a mi mamá. Y entonces me dio mucha tristeza. Entonces yo no quería salir de la oficina de la señora. Dijo: ya hay que salir. Pero, ¿para qué salgo yo? Yo no quiero salir. Dijo: no, no, tienes que salir y vamos a saludar, y ya se están vendiendo los cuadros y hay que salir. Y entonces me dio mucha tristeza porque alguien que sí me había ayudado muchísimo de niño era mi mamá para poder yo ser artista, porque a ella le gustaba lo que yo hacía, sin saberlo tampoco, no, pero bueno, me motivaba. Y entonces fue que le puse a los cuadros Carmen, siempre Carmen, no, y es como un sello ahora mío, pero es este recordatorio. Y a veces cada que pinto me pongo muy triste o a veces y muchas, porque le extraño mucho, y es la forma en la que yo traduzco esta tristeza. Entonces, pero bueno, así fue más o menos el comienzo, que también fue duro porque obviamente después pues entrar a una galería y venir a México y estar viajando y ir a reuniones que uno no quiere ir. El tema en Oaxaca es complicado, somos muchos artistas, hay grandes expositores.
No quiero entrarle a detalle a todo eso. Pero me gustaría que me contaras, o sea, cuando vendes este primer, tus primeros dibujos, cuando se agota tu primera exposición, ¿qué es lo que cambia en ti? ¿Qué te hace sentir?
Mira, en ese momento yo me enamoré de Mari, que es mi esposa, y nos embarazamos de Diego. Y eso, eso sí cambió mi forma, mi perspectiva de ver la vida, porque era yo solo. Y cuando me enamoré de Mari y nos embarazamos, y iba a nacer Diego, A mí me ofrecieron otra exposición, entonces yo ya pinté junto con Mari en la casa. Mari me ayudaba a tensar, poníamos imprimaturas. Y Mari es odontóloga, entonces no entendía tampoco mucho el tema mío. Pero bueno, por ejemplo, ahí habíamos decidido, no sé, te conté la historia de Diego, ahí habíamos decidido que Diego que si nacía, que Diego iba a ser hombre. Bueno, cuando dijeron que iba a ser hombre y queríamos poner Diego. Y entonces mi papá, cuando era yo chiquito, como él tenía muchas herramientas muy, muy padres, había un jueguito entre los chavos que era una corcholata, aplastarla, hacerle un hoyito y correrlo con una liga, y era un gallito. Entonces mi papá me lo diseñó de tal manera que le puso hasta como picos, así como, como fuera un disco. Entonces no, pues yo ganaba Entonces ese jueguito se lo pinté a Diego y le puse El jueguito de Diego, que era un gallito. Y entonces en la exposición hice un cuadro para Diego que se llamaba El gallito de Diego. Y entonces cuando ya Mari iba a dar a luz, la interné en una clínica, en una clínica particular, y yo no tenía dinero para eso. Entonces le pedí dinero a Armando y le dije: Armando, ayúdame para esto. Me dijo: Sí, Yo te ayudo. Pero me acordé que, bueno, ya estaba la exposición y yo bajé a la galería y nunca había pedido dinero prestado, nunca en mi vida. Nunca tuve la necesidad de hacerlo porque con muy poquito era, pues, ya feliz. Pero esta vez sí tenía que hacerlo. Entonces fui y le dije: oiga, Dora Luz, le quiero pedir un favor. ¿No me puede prestar dinero para que nazca mi hijo? Y así pueda yo. Me dijo: sí, sí, tengo un cheque, velo a cobrar, y cuando se venda un cuadro yo me copro. ¿Te parece? Trato hecho. Y ahí voy al banco, cobro el dinero, voy a pagar al hospital. Eso pasó en horas. Nace Diego, ya le dije a Marique no se preocupaba, que está todo pagado. Me dio mucha alegría. Voy a ver a Dora Luz para decirle que ya había yo pagado, que ya había nacido mi hijo. La galería y la clínica está a una cuadra y media. Entonces llego y le digo: Dora Luz, ¿qué crees? Ya nació mi hijo. Y gracias, ya Ya pagué todo, ya ni me tienes que pagar, ya se vendió un cuadro. Y qué padre, qué buena onda, qué bien, mijo. Y el cuadro que se vendió es el de Diego. Entonces ese niño se autofinanció su nacimiento. Entonces te quiero decir una cosa, tienes que echarle muchas ganas y seguramente esto va a cambiar tu vida. Y entonces la verdad es que sí, sí, a partir de eso sí entendí que podía vivir de esto, que tenía que hacerlo, que me encantaba hacerlo y que Y que sí me quería dedicar a ser pintor, pero bueno, hasta ese entonces.
Oye, me contaste también que la historia de ese cuadro no termina ahí.
No, no termina ahí. Fíjate que pasaron los años. Bueno, Diego, la señora Lulú publica en el periódico, pues fue muy lindo. Y el que compra el cuadro lo lee en el periódico, que era un político ahí en Oaxaca, que después hizo mi compadre, y lo Y dónde está yo, en el centro, en Oaxaca. Y oigo que me dicen compadre, compadre. Gerardo tiene una voz muy peculiar. Entonces, compadre, compadre. Cuando volteo y lo veo, veo a alguien, dije, alguien me está hablando. Me viene, él me dice, somos compadres porque yo compré el cuadro de Diego con el que nació. Dije, puta, muchas felicidades, hermano. No sabes, no sabes lo que hiciste, te lo juro que no tenía para pagar. Y gracias, y no sé qué. Y nos hicimos muy amigos. Y pasaron 2, 3 días, le conté a Mari. Dije, Mari, ¿qué crees? Fíjate que conocí a la persona que— Y al otro día llegó de trabajar y me dice Mari, del taller, y me dice, Mari, mira lo que llegó acá a la casa, una caja. Y le dije, ah, pues está. Cuando la destapamos era el cuadro de Diego y una carta de Gerardo diciendo que ese cuadro pues no le pertenece a él, que le pertenece a Diego, y que quería que yo me lo quedara. Entonces La verdad es que fue muy lindo, se lo regalé a Diego. Diego lo tiene hoy en su departamento. Y después, pues la verdad es que me acompañó Gerardo, mi compadre, mucho tiempo en otras, en otras cosas, en otros proyectos. Y bueno, creo que la vida nos ha llevado a hoy poderle también, este, yo regresar un poquito de esta ayuda, este acompañamiento que tenemos como personas juntos en este este proyecto de vida que sin querer pues nos unió, ¿no? Y lo que nos unió fue el cuadro. Entonces yo, Dora Luz decía que los artistas que ella había conocido, como Rodolfo Morales y así, siempre habían tenido como una estrella muy especial. Y yo lo empecé a creer conmigo porque me empezaron a pasar cosas que nunca en mi vida me habían pasado, tan, tan peculiares como, como este tipo de cosas.
O este tipo de historias, pues no tienes varias de esas y me contaste un par.
Sí, sí, tengo muchas de cómo los cuadros me han llevado a mí. Yo nunca he habido, el único viaje que había hecho había sido a México a comprar el teléfono de mi papá y otra cosa, y por ahí alguna otra vez. Y el siguiente viaje fue a Tokio con Mari. Entonces me invitaba a una exposición internacional y estaba todo pagado. Entonces me dice Mari, vamos, y pues vamos. Imagínate, no habíamos salido nunca. Y entonces el viaje, yo decía, yo ya mero vamos a llegar. Llegamos a Nueva York, me salí del aeropuerto, regresé, volví a entrar. Llegamos a Japón, no entendíamos nada. La exposición fue un éxito, la exposición fue un éxito. Pero, pero Mari, Mari siempre me ha dicho algo que hasta hoy me dice, me da mucho gusto. Siempre me dice, ¿cómo es que con tus dibujos estamos haciendo esto? ¿Cómo es que con tus dibujos podemos estar aquí en este lugar, en este restaurante, cumpliendo a lo mejor un lujo? Siempre, siempre lo dice. Y eso me llena, me acuerdo inmediato de ese mismo, de esa misma vez que me dijo: pero, ¿qué estamos haciendo aquí? Ni yo sé, o sea, ni yo sé por qué estamos aquí. Sin embargo, lo que sabía es que los cuadros movían, movían mucha energía. Y cuando regresé, pues me encontré con que los cuadros se habían ido a muchos lados, a lugares que nunca había ido, a España, Europa, bueno, muchos lados de Europa, a Asia, a casas muy importantes, en Los Pinos, en muchos lados que yo no había estado. Y entonces yo cada que le contaba a Mari, me decía, Mari, cuánto poder tiene un cuadro. Entonces me acordé la vez que platicamos de muchas historias que la gente hila con mis cuadros, o que tengo esa fortuna de que la gente compra un cuadro mío y le ayuda muchísimo. Una vez un señor me contó una historia muy bonita que, bueno, lejos de eso también, Oso, he tenido la ventaja y la fortuna de que mis coleccionistas se han vuelto mis amigos, y eso creo que no tiene precio porque me he unido a ellos y nos hemos acompañado, no, en el camino. Así que esta persona me contó que alguna vez él quería un terreno que estaba al lado de su casa para que su hijo viviera con él, porque había tenido un nieto y pues amaba al nieto. Entonces era un señor que podía comprar muchas cosas, pero no el terreno al lado, porque el señor de al lado también tenía muchas cosas y no quería venderse. Y entonces cada que le insiste, le dice: oye, véndeme tu terreno, es que yo quiero que mi hijo se venga acá porque por mi nieto. Le dice: no, pues no, yo no, pues tú ni lo ocupas. Sí, pero me gusta ese terreno y no te lo voy a vender. Y entonces nunca se lo pudo vender. Y una vez lo invitó a comer y le dijo: oye, quiero que vengas a comer a mi casa, quiero invitarte. Y pues el señor, con la idea de que se lo vendiera, se entran, eran amigos, entonces fueron a comer. Y cuando fue a comer había un cuadro mío muy grande que se había comprado, muy padre, uno de mis cuadros que me gusta mucho. Y entonces dijo: uy, qué padre cuadro de Amador, ¿te gusta? Y me dice: no, me encanta Amador y es mi amigo. Entonces ya al calor de la cena y todo, le dijo: oye, ¿y ese cuadro cuándo lo compraste? No, pues la verdad es que me lo hizo Amador Especial. Mira, significa esto. Y le contó la historia del cuadro, y el señor se enamoró del cuadro. Entonces le dijo: sabes que soy un gran coleccionista de arte, y Amador me encanta, le he comprado y todo, pero este cuadro sí está muy padre. Todo por una cosa: si la negociación del terreno entra con este cuadro, lo platicamos. Y dijo el señor: claro que sí, por supuesto que entra a la negociación. Entonces ese cuadro abrió la puerta para que el señor pudiera comprar el terreno. Entonces cuando me habló el señor, pues Pues estaba muy contento y muy, muy feliz al verlo logrado. Entonces me lo contó con mucha satisfacción y me di cuenta cómo, cómo los cuadros mueven más, más allá que solamente un cuadro. Hoy estoy trabajando que el arte tenga más sentido que el solo sentido estético, pues no. Entonces pues hemos hecho cosas muy padres a partir de los cuadros, muchas cosas, muchas historias.
Oye, Amador, dices, este es un cuadro de los que, de los que me gustan mucho. Hay cuadros que no te gustan tanto.
Sí, hay cosas.
Y me contaste la historia del cuadro que creíste que no se iba a vender.
Ah, sí, claro. Sí, sí, es un cuadro que tiene una carga emocional muy fuerte. Eran como unos ángeles, no, eran como unos pájaros que la gente pensaba que eran ángeles. Entonces cuando llegué a la casa, como me gustó tanto, lo llevé a la casa y me dijo Mari: no, no me gusta ese cuadro, es como muy triste. Y sabes qué, esto como que parecen como que estás en el cielo con alas. No, mejor llévatelo a la galería. Entonces me lo llevo a la galería y tampoco. Pasaron mucho tiempo y no se vendía. Entonces me lo regresa el taller. Entonces llegó un amigo que, que lo quiero mucho y que me compra mucho, un gran coleccionista. Llegó con su esposa, con sus hijas, con su hija, y a la hija le encantó ese cuadro. Se quedó enfrente del cuadro mucho tiempo. Entonces me acerqué porque me dio mucho gusto. Le dije: ¿Te gusta? Y me dice: es el mejor que tienes. Ya, qué bueno, qué tranquilidad, porque a nadie le gusta. Dijo: no, a mí me parece muy bello ese cuadro, me encanta. Es más, papá, lo quiero. Y el papá dijo: no, no, no, mira, ahorita la verdad es que vinimos a comprar cosas para mí. Y bueno, al final de cuentas no le compró el cuadro. La hija murió y el señor se quedó con la idea que no le compró ese cuadro. Un día me habla el emisor llamador me cuenta lo que le pasó a su hija. Lloramos juntos y me dice: pero quiero el cuadro. Dije: te lo mando ahorita. Entonces le pusimos, puse el cuadro, y la señora y él se sentaron enfrente del cuadro a ver el cuadro como a ver a su hija. Y yo vi, yo vi la tranquilidad de la señora en los ojos. Entonces me pareció una cosa maravillosa que entendí que cada cuadro tiene su su click, su por qué estar. Entonces le agradecí más, yo creo que yo a él que él a mí, porque entendí que la vida del artista tiene que ir más allá de solamente el cuadro. Así que él puede tener una gran colección de obras, pero seguramente el cuadro más valioso para él será el mío, no porque sea yo el artista, sino porque ve en él reflejado, no, este Pues él, a su hija, el cariño y el amor que le tiene a su hija. Y así, y así tengo historias de, historias de una vez de un árbol, una señora, un señor que tenía un árbol, vivía en Monterrey, tenía un árbol muy bonito, una casa muy bonita, un jardín muy bonito, y cada que llegaba comía o desayunaba bajo el árbol con las hijas, con la hija. Y entonces un día voy a firmar unos libros a Monterrey y el señor lo veía como muy atento aquí enfrente de mí Solo con su libro. Ya que acabó de todo, firmar toda la gente, me dijo: ¿Le puedo robar un minuto? Sí, es que me firme, pero que me haga un árbol. Y le voy a explicar por qué. Porque ya me explicó que bueno, que ahí comía con la hija todo, y que lo trasladaron de su empresa aquí a México y le dieron como un departamento muy lindo, pero al final departamento, y pues no había árbol, no había jardín, y había como otras, otras cosas, pero no había eso. Entonces la hija le dio como depresión a la niñita porque pues amaba el árbol y amaba comer abajo del Y entonces cada que le decía, le decía: pa, yo no estoy, yo no estoy como, como tan a gusto aquí, nos falta el árbol, nos falta estar abajo del árbol. Y entonces el señor, cada que decía así, pues lloraba y le daba mucha tristeza. Y una vez iba pasando por una galería aquí en México y yo acababa de pintar un árbol muy grande, muy grande, muy grande. Y entonces lo ve y se le ocurre, baja, lo compra, lo lleva al departamento y lo pone. Y cuando llega la niña le dice: mira, mira, ya, ya te traje este árbol y vamos a comer abajo de él. Estaba enfrente del comedor y la niña le dice padrísimo, que gracias, que qué padre. Y pues el señor me vio en Monterrey, vio que iba a llover y se acordó de eso y me lo quería platicar. Y entonces fue muy lindo para mí.
¿Pintaste muchos árboles?
Sí, pinté muchos árboles durante mucho tiempo de mi vida, pinté muchos árboles. Yo, como te decía, al principio de mi vida pues vivía en un lugar alejadito de Oaxaca que estaba lleno de árboles, de pisos de tierra, de casas de adobe. Y entonces convivía con muchos, con muchos árboles, con muchos animales. Entonces es un poco qué es lo que me hace mi coreografía después. Pero sí he pintado muchos árboles.
Hace poco le escribí a Zule porque vi, tenían en Morton Subastas un árbol tuyo muy grande, muy alto, azul vertical. Y no salí en la subasta, pero ahí andaba yo cazándolo. Y después, bueno, te metiste mucho, hablas de insectos, muchas aves. Cuéntame de tu viaje a Corea, ¿qué es lo que se te pega en ese viaje?
Y fíjate que primero me hice una galería, se interesó mucho por mi trabajo, se llama la Galería Pisi, y entonces me hace la oferta de entrar a hacer una exposición ahí, que también fue una cosa maravillosa. Porque cuando llegué a hacer la exposición, pues ya sabes, la gente coreana es muy respetuosa, con muchos valores y principios muy, muy lindos. Y entonces yo estaba descubriendo ese mundo, me llevaron con muchos artistas Aprendí, aprendí a pegar papel, papel asiático que es muy fino, como el japonés, como, y hice tintas. Pero a la vez de la exposición, me acuerdo mucho que estaba la exposición ya preparada, yo llegué como una hora antes y muy nervioso, era de mis primeras exposiciones internacionales. Y entonces me dice la directora de la galería, pero, pero si quieres camina por aquí, es una zona de galerías, camina, y ya lo, para que te veo medio nervioso. Y a lo que llega la gente, ya salí, me fumé un cigarro, caminé y entro a la galería así nada más por ocioso. Y entro y un Rembrandt así gigante, Picasso. Entonces dije: no, no le hagas esto, va a estar bien difícil. O sea, sí, pues las galerías eran muy, muy potentes. Sin embargo, me fue muy bien, vendí toda la exposición. Y ahí, ahí me involucré muchísimo con el arte asiático, que hasta la fecha lo tengo muy presente. Porque bueno, la verdad es que lejos de admirar a muchos artistas coreanos y japoneses y eso, me parecía como, como que había una similitud conmigo. No era tan colorido en ese entonces, era más blanco y negro. Ellos también son muy sobrios. Y entonces bueno, escriben mucho, y yo también escribo mucho en mis textos, en mis cuadros. Que también es algo muy lindo, muy lindo que me pasó, que yo cuando llegué a Oaxaca pues los artistas eran muy, muy plásticos y yo era diseñador gráfico. Entonces empecé a escribir a manera de cartelismo y eso. Y pues bueno, sí fue como un buen, un buen confrontamiento ahí con los artistas de Oaxaca. Y eso me también me pasó en Corea, pero bueno, ahí hay un poquito, tuve más relación o más correlación con ellos. Y bueno, la verdad es que al ser mi primera exposición individual Amé muchísimo Corea, Japón, toda esta parte, e influyó muchísimo en mí con los pájaros. Entonces ellos veneran mucho los pájaros, y entonces, desde entonces, el pájaro es un pretexto para poder decir lo que yo quiero decir. Es como el elemento, y ya de ahí se desarrolla mi carrera.
Entras a un mundo siendo diseñador gráfico, lo acabas de mencionar, confrontamiento con el establecimiento artístico local. ¿Cómo aprendes a moverte? Porque dices que entrabas a una galería y no sabías que tenías que saludar y te sentías nervioso y no conocías. ¿Cómo es esto? Y yo lo veo, tal vez hoy es un mundo diferente en el que muchos artistas empiezan a darse a conocer a través de redes sociales, e incluso ya muchos venden de forma directa sin galerías, ¿no? Pero para ti, ¿cómo fue introducirte en el mundo del arte? ¿Cómo lo pensarías en el mundo de hoy?
Yo creo que hay como dos etapas. Una que es la etapa de artista, o sea, de entre artistas, y una el mercado del arte, que son dos cosas como diferentes. O sea, entre los artistas obviamente siempre hay una camaradería, te llevas muy bien con ellos, y eso a mí era muy ligero para mí. O sea, los entendía muy bien, ¿no? O sea, llegar con artistas en Oaxaca, aquí en México, mis amigos de muchos, tengo muy grandes artistas, ¿no? Este amigos, pero en el mercado sí me costaba mucho trabajo porque no estaba preparado para ese mundo de farándula, sabes. O sea, como que una de mis primeras exposiciones fue aquí con Óscar Romano, una galería muy fuerte, era antes, bueno, igual todavía. Y cuando vengo, la primera vez que vine, de verdad no sabía qué hacer. O sea, estaba fuera de la galería que en Polanco, y no sabía si entrar o no entrar, no sabía si venía bien o no vestido, no sabía qué iba a decir, veía pura gente rara, no conocía a nadie. Y la vez que entré me quedé un ratito y saludé a Óscar. Esta vez también nos fue muy bien, se vendió todo, y me salí. Él me habló por teléfono y me dijo: oye, te saliste muy rápido. Me siento un poco mal. Y me dijo: pues según nos fue muy bien, mira, se vendió todo. Le dije sí, pero qué bueno, qué bueno, qué gusto me da, pero no estaba tan, tan en el contexto que me gustaba estar. Eso me costó muchísimo trabajo. Después leí que a muchos, es más, a muchos actores lo que les cuesta más trabajo es la alfombra roja más que el desarrollo del papel, no, o leer el libreto, es, o actuar. A mí me pasa muy, muy parecido. A mí me costaba más trabajo el desarrollo que pintar como tal. A mí pintar no se me hace un trabajo. A mí pintar se me hace un placer. Estar en mi taller pintando, escuchando música, café, mezcal, se me hace un regalo, un regalo divino. Lo que me cuesta trabajo es las exposiciones, salir, eventos, cenas. Eso cuesta mucho trabajo. Sin embargo, hay que romperlo, porque si no, la verdad es que sí te quedas, te quedas atrás. Hoy, como bien dices, las redes te permiten hasta no tener identidad y seguir y hacerlo y venderlo. Pero, pero antes no era así. Antes tenías que estar en eventos, en cenas. Me invitaban a cenas después con gobernadores, después con políticos, y pues no sabes ni cómo, cómo comportarte, valga la expresión. Pero bueno, ya después me acostumbré un poco.
Dices que Sergio Hernández fue alguien de los que te ayudó a sentarte, a decirte que era normal todas estas experiencias raras que estabas viviendo. Cuéntame un poco de la relación que tenías con él o que tienes con él.
Bueno, Sergio, Sergio, yo lo conocí en la secundaria con una exposición que hizo en el MACO, padrísima. Y yo decía, ¿quién es este artista que puede hacer esto? No, a mí siempre me pareció como un, como uno de los artistas más importantes de Oaxaca. Y luego la vida me puso a que me, la relación, no, en Oaxaca y todo, y empezamos a trabajar juntos. Tenemos una galería, tuvimos una galería Juntos en Houston, que nos representaba. Nos hicimos muy buenos amigos, lo sigo admirando mucho, pero bueno, ya desayunamos y nos vemos más seguido. Y eso, entonces, sus enseñanzas de Sergio siempre son como que yo no me las enseña, sino que yo las tengo que agarrar, sabes. No es como que, como que te diga qué hay que hacer, sino, sino me fijo, me fijo cómo, cómo cómo hace su trabajo, cómo, cómo hace con la gente que lo rodea. Digo, la verdad es que junto con él, con otros artistas más, que fui aprendiendo sus comportamientos o sus formas de hacer las cosas. Algunas estaban en España con Rivelino, nos sentamos y dijimos: tenemos que hacer algo para que esto detone. Estábamos afuera de un restaurante y me dijo Rivelino: la próxima vez que vengamos a España, uno de los dos tiene que pagar la cuenta de ese restaurante. Y dije, prometido, alguien lo tiene que hacer. Lo hizo el primero, pero bueno, este, después me fui acompañando con gente como, como así, como Rivelino, como Javier Marín, que alguna vez conocí su espacio. Y solamente por conocer los espacios de ellos, yo creo que yo ya me inspiro. Lo mismo pasó con Sergio, conocer su taller pues te inspira, ¿no? Y ahora que que fui creciendo, pues traté de ser, y trato de hacer con los jóvenes lo mismo, que entren al taller sin explicarles nada. Si eso no les inspira, yo creo que ya no, ya no es respirar. No es como que les tengas que decir lo que tienen que hacer, no. A mí nada más ver los libros de Sergio, ver el taller de Javier, el taller de Rivelino, el taller de otros grandes artistas, no sé, eso, eso, Toledo, eso ya te inspira. A mí, ve a Toledo caminar me inspiraba. En ese momento ya quiero ir a pintar a mi taller. Si iba yo a algún lado y veía al maestro Toledo con sus papeles y todo, todo así como era él, ya con eso, nada más con verlo, con quien fuera, sabían que me iba a desviar para mi taller, mi actividad, nada más por verlo.
¿Qué te hubiera gustado saber antes?
No, yo creo que todo lo he ido descubriendo como debe de ser. Creo que he tenido la fortuna de hacer una carrera que que todo lo que, todo me va, me va motivando. Y lo que es cierto es que hasta hoy, y creo que es, creo que es algo que siempre platico, no me he dejado de asombrar. Cada que conozco un nuevo artista digo, qué padre, qué padre que tiene pues esta capacidad para algo. O cada que conozco a un coleccionista o una colección o un museo o una galería o un libro, siempre siempre me sigo admirando. Siempre sigo pensando que voy empezando. Siempre digo, ay, qué padre, qué padre que tenga yo esta amistad con Sergio, con Rebelino, con Javier, con muchos artistas. Siempre me sigo admirando, me admiro muchísimo de que, de que seamos amigos, de que me invitan a eventos, de que pueda hacer exposiciones, de que haga exposiciones fuera de México. Me admira mucho. He querido no acostumbrarme a eso, nunca he querido voltear para atrás porque siento que si volteo para atrás me voy a convertir en sal. Entonces mejor para adelante todo.
¿Hay alguien que te haya dado un consejo que recuerdas que fue particularmente malo, sobre todo alrededor de ser artista?
No, no, no, no, no eran consejos, pero sí eran como, como, como trancazos que te tenías que haber dado, que me tuve que haber dado. O sea, por ejemplo, alguna vez llegó una pieza que me pareció como muy linda a mí a la galería, empezando Y entonces llegó un artista y me dice: ¿Eso es tuyo? Y le dije: Sí. Y me dice: Está muy feo. Y le dije: ¿Te parece, mijo? Sí. Te voy a dar un consejo: hay piezas que nunca tienen que salir del taller, y esta es una de ellas. Te lo juro, es la quinta pieza que va a una galería.
¿Cómo tomas eso?
Y entonces, no, pues durísimo. Entonces dije: No, pues. Pero ya habían hecho la entrada, todo, ya ni para llevármelo. Entonces le dije: no, pues también te agradezco mucho. Ya me fui. La verdad es que sí te, sí te choquea. Lo padre es que al tercer día lo vendí. Entonces no creo que no está tan feo, y sí había como una conexión con alguien. Entonces ya entendí que a lo mejor era por otro lado. En algún momento, en una exposición que yo había hecho de papel, yo había pegado el papel sobre bastidores y eso, y ya a horas de la inauguración un artista le dice a Dora Luz: Dora Luz, te voy a decir una cosa, todo esto que están haciendo se va a caer. Y volteó, se va a caer. Y dije: no creo. Y me dice: se va a caer, esto que se pega, esta se va a caer, en algún momento se va a caer. Y Dora Luz se puso muy preocupada. Entonces, después del evento me dijo: ven, ¿tú crees que se va a caer? Y de verdad no sé ni cómo contesté eso, pero lo contesté. Me acuerdo que le dije: 'Dora Luz, nada es, se va a caer como yo me voy a morir, nada es permanente.' Así que que lo compre, pues, un momento. Después, fíjate que después, y me acaba de pasar no hace mucho, pero te lo voy a contar. Un señor compró una pieza aquí en México, lo compró, la galería me habló y me dijo Amador, compramos esta pieza, no, pero te quiero contar la historia. Fíjate que yo entré, un señor ya grande vio tu pieza, se sentó, la vio y nos dijo: la voy a comprar, solo les quiero pedir un favor, me quiero tomar un coñac y fumar un cigarrito enfrente de la pieza, ¿se podrá? Ya es mía, si quieren se la deposito antes, o sea, les pago antes, pero déjenme hacer eso. Entonces la doña le dijo: sí, sí, sí, ya es tuya. Sí. Sí, sí. Bueno, se sentó el señor, se tomó un poquito de coñac, y cuando acabó le dijo: bueno, ya es mía, quiero que me la manden a una bodega que tengo en tal y tal lugar porque ya no la voy a volver a ver más, porque ya soy grande, tengo mucha obra en mi casa, tengo mucha obra de colección, y no sé si la vida me va a permitir volverla a ver, pero por lo menos me gustó muchísimo, ya la vi. Y entonces creo que eso, 25 años después, refuerza un poquito lo que elija Dora Luz. Son momentos, los cosas son momentos, no es que tenga que durar toda la vida.
Te he oído decir que lo más difícil para un artista es encontrar su línea, no, algo que la gente pueda ver y sepa que es tuyo. ¿Cómo encontraste la tuya? Porque yo me acuerdo cuando vi ese árbol, pues no es un Amador Montes.
Claro, sí, sí, en la realidad yo creo que no es como que encontrar personaje ni colores, nada, es como es como, es como la vida, es como decirle a la gente cómo eres. Te decía, por ejemplo, hay gente que es impuntual y es impuntual desde que tiene 10 años, o sea, tengo problemas en la escuela, es impuntual siempre. Tarde que temprano tienes que aceptar, si la quieres, a esa persona como impuntual. O alguien que es mal hablado, o alguien que es mal arreglado, o alguien que sabes que tiene como no ciertas normas sociales, a lo mejor posiblemente Yo creo que el arte es así, o sea, el arte de un pintor. O sea, uno acostumbra a la gente a pintar lo que uno quiere pintar. Y si la gente conecta con eso, está muy bien. Si no, tampoco tengo que— uno de los errores del artista es que quiere gustarle a todo mundo. O sea, si yo quisiera encontrar un cuadro que sea que te gustara a ti, a ti, a ti, a todos estamos aquí. Y eso es un grave error porque no, a mí no toda la música me gusta ni todo el cine me gusta. Entonces Pues ahí habrá gente destinada para cada cosa. Entonces más bien es encontrar un mercado que le guste tu trabajo, y no es como que lo vas a buscar, tiene que llegar, y si llega bien, y si no, pues ni modos.
Entiendo lo que dices, pero yo creo que para todos nos vamos, nos vamos encontrando, nos vamos descubriendo, y después cuando, cuando lo hacemos, tal vez por un tiempo que igual no es permanente, Nos quedamos en esa línea, ¿no? Y yo no me acuerdo muy bien del cuadro del árbol, pero no recuerdo que tuviera texto, por ejemplo.
No, no, seguramente no.
Y hoy la gran mayoría de tu obra tiene texto, y eso ya es algo que es parte de tu línea. ¿Cómo llegas a ese momento en el que dices esto es? ¿Tiene que ver con la respuesta del mercado también o no?
No, yo creo que tiene que ver con la estabilidad emocional y los años que van pasando. Alguien alguna vez me dijo Un buen artista es alguien que después de los 50, antes tiene que estar probando todo porque su misma vida está como que yo, yo tengo una cosa. Cuando cumplí 50 sí sentí una estabilidad como más como ya este soy y ya ni modos, no, o sea, ya, ya no vamos a ver nada. A mí me encanta así, así va bien todo. Entonces así soy, se aguanta. Y creo que, creo que, creo que la vida del artista Sí, madura también, como con la vida personal, pues. Entonces, aunque bueno, a veces también, también no es tan bueno, no, no es tan bueno. O sea, es bueno estar probando y equivocándose. A mí me encanta el error y el accidente, por ejemplo. Y entonces yo trabajo sobre eso. A mí me encanta lo que ya está manejable, ya está usado, ya está, no sé, roto, no sé, no sé cómo decirlo, pero me fascina el accidente, me fascina las grietas, me fascina las cicatrices. A me parece que es algo más lindo que algo tan perfecto. Entonces trabajo sobre eso. Así que algo que puede ser característico de mi trabajo, que seguramente el árbol tiene, es un accidente. Porque desde que conocí esto lo he hecho, lo he hecho libremente, sin ninguna— afortunadamente no estudié esto, entonces no tenía como ningún prejuicio, prejuicio como, como de pintar. Entonces, si yo veía una escopeta, una escopeta, con eso pintaba. Si veía una ramita, la mojaba, y con eso como le daba, sabes, como no principios de un artista, sino más bien así de juego. Y así hasta ahorita. De hecho, si tú ves mis herramientas, son muy caseras, pues no, o sea, amo la corcholata porque tiene como muchas puntitas y puedes hacer una línea muy linda. Entonces así, así es como, así es como me he desarrollado.
Más bien hay varios elementos que se van repitiendo o que son frecuentes en tus obras, ¿no? Hablamos de los insectos, la naturaleza, has usado ramas, hojas y demás en diferentes tipos de aplicaciones. Los, digo, la máquina de coser, tienes una máquina de coser que, y las como teteras. Y yo recientemente el cuadro que te compré tiene unas casitas rojas. Cuéntame la historia de las casitas rojas, porque ahorita me acaban de enseñar obras de 2009 en los que ya dibujabas casitas, pero no eran rojas.
Te voy a decir una cosa, fíjate que esa es una historia, una novela, un cuento que desarrollé. Porque cuando empecé a vender, lo primero que Mario y yo necesitábamos era tener una casa. Entonces le dije: Mario, yo quiero una casa, pero quiero una casa chiquita. De adobe y que huela a tierra. Y entonces hice, mi papá tenía un terreno enfrente de mi casa y me dejó el terreno, entonces me puse a hacer una casita, pero la hice con un arquitecto que era mi amigo, que estaba estudiando apenas. Y entonces le dije, la quiero de adobe. Me dijo, bueno, pues el adobe es más caro que el ladrillo, es un tema. Le dije, no, pero la quiero adobe, así la he soñado y así la quiero. Y entonces hice una casita que llegó un momento que Como todo iba empezando, pues entre que vendían hoy, así ya sabes que este es un mercado muy, muy cambiante. Y de repente pues dejé de vender y se acabó el dinero para la casita. Y entonces llegamos a una altura muy chiquita, o sea, tú no hubieras entrado. Y entonces la arrastré en la altura.
Sí.
Y entonces le dije: no, ya pues hasta aquí llegamos, ya ponle el techo y ahí muere. Y pues está muy chapa. Te dije: no, así la quiero, así la quiero. Entonces ya la pusimos así, un cuadro mío era la puerta. Porque Mari se desesperó un día. Mari y yo vivíamos en la casa de papá, y ya la casa casi ya estaba, ya tenía pisito, ya tenía la casa chiquita, pero ya tenía, ya tenía cocina, iba a cocinar ella. Y entonces un día me dijo: ya me voy a pasar para allá. Y agarró un cuadro mío, lo puso de puerta, y entonces ya nos pasamos para allá. Ahí nació Diego, y después la casa como que la pintamos de rojo, como que la entinté de rojo con algunos materiales. Y entonces siempre la tenía como, tuve como mi casita roja aquí muy presente. Después nos cambiamos de casa, nos fuimos a otro lado, y esa casa se quedó como una bodeguita, pero, pero me pareció muy linda mi casa roja. Entonces siempre cuando voy de viaje o cuando salgo a algún lado, cuando estoy en algún lugar y veo como una llanura me imagino la Casa Roja ahí, o muchas casas rojas, como la ilusión de mucha gente. Entonces es un cuadro imaginativo, o sea, una postal imaginativa, y luego ya la plasmo en los cuadros. Entonces esa casita roja, hoy últimamente me ha gustado mucho hacerla. La idea es que las casas siempre sean rojas, o mis casitas rojas, sabes. Entonces sin querer se va a hacer como me imagino cuando ya no esté yo, pues la gente va a decir como las casas rojas de Amador. Entonces eso me pareció algo muy padre.
Y hablando de fechas y números, me contabas un poquito las historias de qué hay detrás de estos números. Cuéntame, ¿cómo decides qué es lo que incluyes en un cuadro?
Bueno, la verdad es que es un poco lo que estoy leyendo en ese momento, lo que estoy escuchando, lo que pasa en un viaje. De repente puede ser algo muy significativo o de repente no. O sea, de repente, por ejemplo, ahora que fui a Japón, pues me traje como unos boletitos y cositas que tenían como numerología. Y entonces, bueno, la traduzco y la pongo. O de repente voy a algún lugar, algún sitio, y me traigo un boleto de metro o algo y lo pongo. Como que quiero que todo eso vaya conformando mi vida, que también conformen mis cuadros. Pero también a veces lo que estoy leyendo es muy importante y lo pongo. O por ejemplo, lo que estoy escuchando. Y de repente lo que estoy escuchando pues me parece como, como importante decirlo. Acabo de escuchar una canción del Flaco Espineta que decía: todas las hojas son del viento. Y eso me pareció fenomenal.
He visto esa frase ya en algunas de tus obras.
Y entonces empieza a ser recurrente. Y así, y eso lo voy hilando un poco a mi vida y voy entendiendo que mis hijos cada vez son del viento, ya no más míos. Y entonces lo hilo a esa parte de mí. Y bueno, pues lo va conformando, va conformando el cuadro. Eso es lo que la numerología, las letras.
Me contaste que todas las malas noticias de tu vida las has pasado dibujando y que para ti crear se da mejor en momentos de turbulencia. Háblame más de eso.
Sí, eso es cierto. Yo, yo, para mí el dibujo— yo tuve una niñez linda pero a la vez complicada. Mis papás nunca tuvieron buena relación y siempre fue no tan lindo estar en la casa. Y entonces yo dibujaba para poderme aislar de ese, de esta problemática, ¿no?, familiar. Y encontraba en el dibujo como una tranquilidad. Así que siempre dibujé desde niñito. Mi mejor arma es un crayón o un papel. No puedo, ahorita en mi mochila traigo una libreta y lápices siempre. Y en el momento que empiezo a sentir como angustia me pongo a dibujar. Y eso me pasa en los aviones, por ejemplo. Mi próxima exposición se llama Turbulencia, un poco por eso, porque le tengo miedo a los aviones, a volar. Y entonces cuando se mueve el avión, pues la verdad es que siempre me agarra dibujando y eso me tranquiliza. Pero, pero siempre, siempre las, las noticias o las cosas que marcaron mi vida me parece como, como algo que no sé por qué la gente lo ve tan, a veces la gente lo ve tan tan sutil y puede ser tan importante. ¿Te acuerdas que antes los teléfonos eran números? O sea, números, quiero decir, no había celulares ni nada, nada más era un número. Entonces mi número era 60848, toda mi vida, toda mi vida fue ese número. Mi papá fue el primero en esa cuadra en tener un teléfono, y entonces todo mundo sabía mi teléfono, mis amigos de la secundaria, de la primaria, todos. Y un día dibujé un teléfono y puse 60848. Y estaba mi hermana Lupe, que quiero mucho también, y estaba conmigo. Entonces le dije, mi hijo, ¿por qué dibujaste el teléfono? Le dije, ¿cuántas noticias buenas crees que tuvo ese teléfono, esa llamada, ese ring? Muchas. Le dije, pero también hubo una muy triste cuando llamaron de La Paz, que Manito se había muerto, y tuvieron que tomar la llamada. Entonces ese número es muy importante. Para todos nosotros, para toda mi familia, y seguramente para tu familia, para mucha gente. Tienen números, hay números que uno guarda, y a mí me parece importante decirlo, no, como ponerlos. Entonces se volvió muy recurrente el 60848, teléfono de casa. Ponía, la gente se ría, decía, mira qué padre, puso su teléfono de casa. Pero no, no, era como algo fuerte, era como, era como cuántas noticias buenas y esa tan mala recibió ese teléfono. Y cuántas sin importancia, pero bueno, es un número.
¿Qué haces cuando no sé si sabes que tienes que pintar pero la obra simplemente no quiere salir? ¿Cómo expurgas la creatividad?
Esa es una buena pregunta, Oso. No, yo creo que es esta comunión con el cuadro. El cuadro tiene que ceder, la pintura tiene que estar contigo ese día. Si no, no. Es como una relación. A veces llego con muchas ganas, pongo música, me tomo un café, leo un rato antes y tengo todo para empezar a crear, y no, no, no sale nada. Entonces más bien echas a perder lo que a lo mejor ya estabas haciendo bien. Entonces tienes que aprender a decir: hoy no es el día, sigo leyendo, escucho música, o a caminar, me echo un mezcal, lo que sea. Menos pintar. Y sin embargo, hay momentos en los que sí hay una gran comunión entre la pintura y tú, y todo, todo fluye. Cualquier trazo es perfecto, cualquier asignatura de colores la mejor, todo sale, todo fluye. Y eso es un buen día de trabajo.
¿Cómo sabes que ya acabaste?
No, no, yo creo que, yo creo que ese es como la Y yo quiero pedirle a Dios algo: que el día que yo me muera esté yo pintando en la mañana, y al ratito ya, pum. Entonces yo no quiero nunca dejar de terminar un cuadro. Yo cada que veo un cuadro, pues a la galería no voy, o más bien nunca voy, porque si voy digo: a ver, este vuélvemelo a traer al taller, y este también, y este también. No, es que está vendido, no me importa, vamos a volverle a dar y lo voy a tomar otra vez la foto para el certificado y todo. Pero, pero yo creo que los cuadros no se terminan O sea, yo creo que se abandonan o se dejan, pero no se terminan. Yo estoy seguro que un artista que haya pasado muchos años de no ver un cuadro y lo ve, le va a querer seguir poniendo cosas. ¿Por qué? Porque eso es un complemento de la vida de uno. Y hoy estoy viviendo otra etapa diferente a la del árbol, y te lo juro que si lo pudiera ver ese cuadro, le pintaría unos patos y unos cisnes y quedaría otra pieza.
Háblame de esta obra que mencionabas hace un momento, El otro muro.
Pues fue una, es una, es una pieza que se conforma de muchos, de 12 paneles que hacen una burla al muro. En realidad, o sea, yo siento que los muros de entrada no deberían ni de existir, sabes. Pero bueno, este muro lo que hacía era estar por las universidades de Londres y era un muro que si tú lo ponías podías pasarlo a los lados. Entonces era como una burla al muro, era un muro que no funcionaba. Y el muro tenía elementos libres, pues peces, aves, conejos, y era como una burla, o era una forma de decirle a la— no una burla, era forma de decirle a las personas: no es posible que los animales sean más libres que el ser humano. Entonces que tenemos que tener tarjetas y cosas para moverlos de un lugar a otro cuando no debería de ser así. Entonces, cuando le conté esto a Pablo, Pablo le gustó muchísimo y escribió este, este texto para mí, que tengo el textito, me lo mandaron y lo vamos a incluir ahí en las notas del episodio. Está muy bonito, sí, está muy bonito. Y te digo, es muy significativo, pues, no.
Alguna vez, digo, tú vives en un estado que ha tenido mucha migración, no. ¿Alguna vez tú pensaste en irte?
No, no, la verdad es que no. Yo, yo, dentro de las cosas afortunadas de mi padre fue hacer que el estudio era lo primero. Entonces, de hecho, yo no quería que fuera yo pintor porque quería que fuera yo licenciado o arquitecto, ingeniero, o algo que tuviera más sustento, por decirlo a él, para él, pues para él que era un campesino y que quería que todos sus hijos al final progresáramos, pues a él le encantaba que uno leyera y que y que estudia, que escuchar buena música. Entonces sí nos transmitió esta idea de estudiar y de prepararse, pues, no. Entonces eso fue muy lindo de él. Entonces no, no, siempre como que no estaba en el cuadrante salir de México, pues, no, a otro lado.
Estabas diciendo que cumpliste 50 años, ya tienes 51, que ya como que crees que ya sabes quién eres, pero nunca habías pintado seres humanos. Y acabas de empezar a pintar. La última vez que fui a Oaxaca, fui al taller y estabas pintando unos magos. Cuéntame, ¿de dónde sale eso?
Pues yo creo que es de la transformación de los, de las aves. O sea, las aves hoy ya tienen, antes el pretexto las aves, ahora, ahora se mutaron a ser personas, a ser magos. Yo creo que, yo creo que He pensado que mi vida ha sido como una fantasía, como lo que yo hago para vivir. Esos son cuentos, son novelas, son historias, no es como nada tangible. Es como un arquitecto que se saca, sale y dice: yo, y por eso me pagaron. No, a mí me pagaron por unos dibujos que he hecho desde que soy niño. Entonces me parece que esta vida es una gran Es muy, muy linda, muy, no sé la palabra, muy sincera, y va acompañada de muchos magos que hacen que esto pase. Entonces les quise dar como presencia a los magos que me han acompañado en esta trayectoria, que al final de cuentas es, o sea, yo si fuera Mari no me hubiera enamorado de mí nunca, porque yo, ¿cómo va a mantener o cómo va a vivir con él si, si nada, si dibuja? ¿Cómo hace eso? ¿Cómo haces? Entonces, que Mary me haya creído fue maravilloso. Entonces hoy es una gran musa, pero, pero una gran, un gran pretexto pues para pintar. Y así creo que pasa con los, con mis magos, mis magos como papá, mis hermanos, mis hijos, mis coleccionistas, mis amigos, gente que estuvo cerca siempre como diciendo que yo hiciera eso. Entonces hoy los estoy dibujando. Entonces me parece que son, son magos en mi vida. Entonces por eso es esta serie ahora que se llama Los Magos.
Tu papá tiene una frase que decía: siempre quédate con un poquito de hambre y un poquito más de sueño que los demás. ¿Qué significa eso para ti?
O sea, a mí me parece que siempre hay que quedarse con ganas de algo, con ganas de querer saber más. No de tener más, sino de saber más. Y también me parece que es interesante entender que aunque uno sea pintor, aunque uno sea, hay un oficio de por medio, y ese oficio se hace trabajando todos los días, dibujando, pintando, creando, pero estando cerca de. Una vez Morales me dijo que la inspiración siempre te agarre trabajando, muchacho, y a mí me parece que es cierto, ¿no? O sea, a veces se me vienen con ideas padres y estoy en reuniones y tengo Permíteme tantito, voy al baño. Y ahí apunto y digo que no se me vaya a escapar esta gran idea, porque seguramente va a ser una gran idea para pintar. Entonces, por siempre voy preparado de libretas y eso. Pero, pero es muy lindo cuando estás en tu taller y ahí desarrollas una buena idea, híjole, tienes todas las herramientas, tienes todos los colores, tienes un gran lienzo para poder desarrollar algo. Así surgió lo de Magus. Los Magus surgió en el taller. Y por eso es una serie muy como muy fácil de contar.
Otra frase que te voy a decir es: los únicos peces que siguen la corriente son los que ya están muertos. Siempre ve en contra. Y ahora que te quiero preguntar, ¿cuál fue el momento en que más te costó trabajo seguir ese consejo, en el que era mucho más fácil seguir la corriente?
Sí, la vez que estaba en CFE, ya estaba todo puesto para hacer una carrera en CFE. Y sabes, antes CFE, no sé si ahora, pero es una empresa muy importante para entrar, no, Pemex, CFE, no, estas empresas que son como, o como en el caso de papá, pues era como un orgullo que yo trabajara ahí, no, porque se haya graduado de ingeniero. Si papá, su sueño fuese ingeniero, entonces decirle que no fue muy difícil, decirle que no, que quería pintar, por ponerle a Mari, que nos casáramos siendo pintor, no teniendo ni una. Cuando llegué a ver a su papá, me dijo: ¿Pero qué haces? Me dice su papá. Su papá trabajaba en Pemex, en el Istmo de Tehuantepec. Y yo le dije: soy pintor. Dijo: no, no, no, no te entiendo. Dibujo. ¿Cómo que dibujas? Dibujo cosas. Entonces yo me acuerdo de ver la cara como diciendo: no, mi hija, no, ¿cómo que va a vivir mi hija? Entonces, ¿de qué va a vivir? Entonces Pues sí, la verdad es que sí ha habido momentos que uno tiene que tener la decisión valiente de decir, pues esto, esto es lo que me hace hacer, lo que más me gusta hacer, y con esto tengo que aprender a vivir, ¿no? Entonces, pero sí creo que cuando, cuando enfrenté a mis hermanos, por ejemplo, que estaban preocupados por mí, hoy los entiendo, ¿no? A lo mejor ese momento es ahí, bueno, pues es mi vida, no, no si no les pido nada, no entiendo por qué. Pero no, yo hoy lo entiendo, sabía que sé que querían lo mejor para mí, pero yo era el más joven, no estaba casado, 22 años, y de repente decir voy a ser pintor, voy a dedicarme a esto y esto va a ser mi vida. Yo creo también se preocuparon. Es una carrera que es fortuita y que es pues muy difícil, no es tan fácil como parece ser artista, no dedicarse a pintar o a dibujar o a crear, pero bueno. Hoy aquí estoy después de 25 años y soy muy feliz pintando y dibujando.
Dices que los artistas, más que ser sensibles, son valientes. ¿A qué te refieres con eso?
Básicamente a eso, a pretender que vas a vivir de tus cuadros, de tus dibujos, que alguien los va a comprar. O sea, imagínate el volado que es eso. Entonces, que no es lo mismo un puente o al doctor, a una salud, no, es tratar de pensar que alguien va a comprar un cuadro tuyo o un dibujo tuyo. Eso requiere valentía, pero creo que, creo que, creo que los artistas que lo logran, o sea, los artistas que se botan al vacío y dicen voy a vender mis cuadros, voy a vivir de esto, son muy felices.
La última vez que platicamos hablábamos de pues del mundo del arte como un mundo que decíamos que es la línea entre la locura y la realidad, ¿no? Y dices que el arte va de la mano de la no moderación. Cómo has experimentado tú ese lado del mundo del arte?
Fíjate que lo entendí, lo entendí con un dibujo, Oso. Cuando, cuando iba yo en la secundaria, yo tenía un amigo que dibujaba muy bonito también, y yo dibujaba como una especie de taza, pero el asa mía se metía al dibujo como tal, a la profundidad de la taza, pues. Y entonces él llega y me decía eso está mal hecho. La taza no puede ir hasta acá. La taza, el asa de la taza se cierra aquí, si no, no tiene sentido. Y yo decía, pero ¿por qué dibujo sin razón? Y él dibuja con razón, él dibuja con perspectiva, con, no, como bien dibujado. Y yo no, yo dibujaba mal. Entonces ahí entendí que mi dibujo era sin razón, era de cosas fantásticas, eran de cosas fantasiosas, eran de cosas que no existían. Hoy, hoy sigo pintando esa taza así, y si la ves está mal, mal dibujada. No tiene sentido que el asa se meta a la profundidad de la taza, pero, pero bueno, así es. Entonces entendí que la razón en mi pintura no tenía que estar. Entonces trabajo con la no razón, con la tranquilidad de que me voy a equivocar, de que es mi mundo, de qué de que si se mancha es parte del accidente y es muy lindo. Así que me hace ser muy libre eso de no ocupar la razón.
Y de la relación del mundo del arte con la no moderación, los excesos, que dices me echo un mezcalito, no, pero para unos no es un mezcalito, son muchos mezcales o muchas otras cosas. Y este baile entre la fantasía y la realidad que a veces es desbloqueado utilizando cualquier tipo de mecanismo, sustancia. ¿Cómo piensas tú de eso?
No, yo no lo necesité a la hora de crear. La verdad es que al contrario, me parece que aunque parezca una locura, te decía, hay un oficio por medio, y entonces uno tiene que estar como físicamente estable para poder dibujar. Es, de hecho, es físicamente bastante, o sea, enérgico. Hay que subir y bajar, y pintar un cuadro de 3x3 significa subirte andamios, bajar andamios, estar como muy lúcido, muy conectado con la pieza, muy concentrado. Más bien es el mundo alterno otra vez, el mundo de la fama, el mundo de ir a las cenas, el mundo de ir a lugares donde a lo mejor no quieres hacerlo, tienes que hacer. Eso es un poco lo que es difícil en estos excesos, y de repente no entenderte y entenderte más en ese lado que en el lado creativo, en el lado de tu taller. Yo tuve la fortuna también entenderlo mucho en la parte de mi taller. Así que disfruto muchísimo de un mezcal, de unas cervezas. Creo que tuve mis momentos de destape, de sentirme como, como importante, no, irme con gente y eso.
Pero pues ya cada vez, justo hablamos también del éxito, no, y hacerla en Oaxaca, la tierra de Toledo, hay muchos artistas muy talentosos Oso Trava, ¿cómo manejaste esa transición de un diseñador gráfico que ni terminó la carrera, que trabajaba en CFE, a de repente estar siendo mencionado en compañía de estas grandes figuras?
Sí, sí, es muy difícil. Eso fue muy difícil para mí porque aparte les tengo mucho respeto a cada uno de ellos, el maestro Toledo, Sergio Morales, y así a muchos contemporáneos. Sin embargo, pues te tienes que ir, te tienes que ir buscando, logrando un lugar en ese gran espectro del arte mexicano que es Oaxaca. Entonces, la verdad, yo creo que otra vez reitero mucho lo del oficio. A mí me hizo estar trabajando todo el tiempo. Yo me acuerdo que una vez vi al Maestro Sergio en estas enseñanzas que te digo. No, no, no éramos amigos aún. Iba yo, iba yo caminando con Mari y lo vi salir de su casa como a las 6:30 de la mañana. No sé ni a dónde íbamos tan temprano, con pinceles en la mano. Fuimos a hacer nuestras cosas que teníamos que hacer y en la noche como a las 8 pasamos por su casa y venía llegando de su casa todo cansado con sus pinceles. Dije: Mari, mira, él trabajó todo el día y yo no. Y él es Sergio y yo no. Tengo que echarle muchas más ganas porque, porque pues esto es así. Así que cuando ves dibujar o pintar, te das cuenta que es mucho oficio. Yo creo que el oficio fue lo que a mí me, me sacó adelante. Y también es un oficio que mi papá otra vez me regaló, esta enseñanza de trabajar duro todos los días, no de no esperar que caiga nada, sino más bien ir por ello. Así que cuando vi que ese iba a ser mi mundo, mi trabajo, felizmente me puse a pintar todos los días, que es algo que me encanta.
¿Y cómo manejas el reconocimiento? O sea, ¿qué peligro tiene para un artista empezarle a gustar a la gente y decir, híjole, por ahí es, se siente muy bonito, me están comparando, y dejar de hacer lo que nace por hacer lo que se pide.
Sí, es muy complicado, es muy difícil el complacer al mercado, es complicado porque al final de cuentas también tienes tu ego, también tienes tus necesidades, también tienes tú y quieres cosas, y estaba a pedir de boca. Entonces dejarlo y cambiar es difícil. Y ahí voy a regresar un poco a la pregunta que me hiciste hace rato. Yo acostumbré a la gente a que podía hacer hoy un árbol, mañana un conejo, después un mago, y luego una taza, y luego pintar cartas, y luego escribir, y luego hacer un cuadro solamente de pura escritura. Y luego hacer un cuadro solamente con una rosa, nada más. Entonces, como acostumbré a esa gente que me gusta mi trabajo a eso, tengo la libertad de poder ser este, o de hacer lo que yo quiera hacer, y la gente lo va a entender. Entonces eso fue una gran palomita mía que sin saberlo lo hice. Y luego la verdad es que, por ejemplo, un día hice un ejercicio en Casa Lam, hice una exposición, hice un cuadro que era negro y tenía una silueta negra también. La verdad es que tuviese un cuadro negro y abajo le puse en chiquitito Carmen como un sello mío, que es una tipo, es una imagen tipográfica. Yo creo que es una carga, ya tiene una carga muy fuerte Carmen. Entonces puse Carmen y yo dije, este cuadro nadie lo va a comprar, me lo voy a quedar yo. Hasta lo pensé para un lugar para mí y ya lo expuse. Fue el primero que se vendió. Y me acuerdo que la galerista me dijo: ¿Cómo no hiciste más de estos? Que pues que no tiene nada, solamente Negro con Carmen. Dijo: Pues sí, pero pues a la gente le encantó. Entonces me di cuenta que algo que puede, con lo que puede hacer muy libre, era con el nombre Carmen. Así que si yo podía intervenir algo y poner, y pusiera el nombre, y pongo el nombre Carmen, la gente me relaciona con eso. Y entonces me da mucha libertad creativa, puedo hacer o dibujar lo que yo quiera, y la gente lo va a entender así. Entonces te permite ya no tener un personaje, ni unos personajes, ni una cromática definida, sino más bien la palabra carne, que abre muchas puertas.
Óscar Román te dijo que no debías de esperar nada de la pintura.
Sí, sí, los primeros, los primeros galeristas me dijeron eso, que no, que no esperara nada. A mí me pareció ese, al contrario del otro, uno de los mejores consejos. Yo creo que cuando Óscar me lo dijo tenía toda la razón. No hay que esperar nada de la pintura. La pintura La pintura por sí ya es una maravilla. Ya yo ahora a veces a los jóvenes cuando llegan y me preguntan y me dicen, les digo: pero si ya estás pintando, ¿qué quieres? Pues eso, ya estás pintando, ¿qué quieres? Pues así, reconocimiento, fama, éxito, dinero, vender. Híjole, pero es que eso no, no es la pintura, eso es una cosa que va a venir. Si viene, pero tu éxito ya es pintar, es una mañana pintando. Eso debe ser maravilloso. Luego ya después lo que venga va a ser buenísimo, pero no lo pidas ni lo esperes, porque qué tal que no pase. Si pasa, buenísimo, pero y si no, mejor piensa que tu éxito es levantarte y poder pintar, y ya. Entonces es un consejo que también lo doy.
Cuando platicábamos de esto, bueno, a ti ya te pasó, tú sí tuviste el éxito y me hiciste una analogía padrísima del éxito con como meterte al mar. Sí, y cómo te agarra la ola. Sí, pláticas.
Pues alguna vez que estaba en el mar y veía que, ya ves que Diego, mi hijo, surfea y todo, entonces me está platicando que las olas y cómo hay que agarrarlas y eso. Estaba sentado y me puse a pensar, pero por ejemplo entras y te rebota la ola, no, y te saca del mar y te saca, y es bien difícil pasar la ola. Y pero después, atrás de la ola, y hay como un mar bastante tranquilo, que puedes nadar de muertito, no, puedes estar flotando tranquilo. Pero hay que pasar ese, esas olas primeras. A mí me parece que es como esa analogía de la fama y del éxito. Hay que aprender a pasar eso y después va a estar más tranquilo. Pero, pero la fama, el dinero, la, el mercado te regresa y te regresa y no te permite pasar. Y ahí puedes estar luchando todo una vida. Cuando lo logras pasar, te das cuenta que hay otras cosas muy bellas también, y más tranquilas, y como más serenas, y disfrutas otras cosas. Pero sí, sí, pasar la primera hora es bastante difícil.
Si dices que nunca para el monstruo, no, nunca para.
Es un monstruo que viene y viene y viene. Y sí, y si te gusta, pues vas a estar, te va a estar revolcando todo el tiempo. Y eso le pasa a mucha gente y a muchos artistas. Que no pueden salir de ese gran ego y fama, no. Y es complicado. A mí la verdad es que tener a Diego y Emilio me ayudó muchísimo eso, tener a mis hijos, y entender que por muy, por mucha fama, por mucho éxito, por muchas cosas, pues sí, pedirle a Dios que ellos estén bien que no vaya a pasar nada, pues ya no lo controla uno. Y ya te das cuenta que hay cosas superiores que tienes que, que te rebasan, pues, ¿no? Y ahí te haces, yo creo que ahí te llega una parte de humildad bastante fuerte.
Regresemos un poco a estas casualidades en tu vida, porque hablaste de un par que tienen que ver con tu arte, pero te pasan muchas cosas como que parecen acomodarse. Cuéntame, por ejemplo, del reloj de tu papá.
Sí, por ejemplo, mira, mi papá, como te decía, le encantaban las maquinarias. Cuando él entró a trabajar a Oaxaca, que llegó de su pueblo y todo, se metió al taller de mecánico porque le encantaba la mecánica, le encantaban las maquinarias. Así que él era un chalancito en taller, y llegó una señora que se había peleado con su esposo todo y le había quitado un reloj y lo quería vender con el dueño del taller. Y ese reloj era un Longines, y le dice que se lo comprara. El señor le dice: no, yo no lo ocupo. Y papá dice: no, yo sí lo quiero. Y le dice el dueño del taller: pero chamaco, tu papá quiere un reloj, si tiene donde vivir. Dijo: no, no, yo lo quiero. Si usted se encarga de pagarle a la señora, que no me paga a mí, yo lo quiero. Y entonces es un reloj pues que lo tuvo mi papá toda su vida, toda su vida, y era su tesoro. Pues imagínate, un reloj Longines de hace muchos años, de oro, que pues nadie tenía, que entonces Lo vi, lo vi, lo vi muchas veces, lo vi en su brazo fuerte, y después lo vi muy viejito, se le caía y se le colgaba. Y de ahí, y de ahí hice una serie que se llama Tiempo, que habla de esto, habla de lo que el tiempo hace con nosotros a partir del reloj de mi papá. Entonces mi papá me enseñó el tema de la maquinaria, no, de los relojes, de las, de los carros, pero, pero no por la marca, sino por la maquinaria como tal, por la ingeniería. Y entonces me hablaba de los relojes y de las cosas. Y entonces yo una vez quise tener un reloj, no, y me acuerdo que había hecho un cuadro para un señor y el señor me dijo: te lo voy a pagar. Yo tenía el reloj, ya lo había yo visto, un Rolex que me gustaba mucho, y había estudiado un poquito su idea de como tal del reloj, y lo tenía como pendiente para un día tenerlo. Y un día un señor me pide hacer un cuadro, todo Y me dice: oye, ¿no te interesa un reloj? Y dije: sí, sí, tienes unos. Sí, pues tengo muchos. Si quieres, un día vas a la casa y ahí te cobras y escoges uno. Y ahí muere. Dije: órale, me pareció como un truque padre. Llego a su casa y me dice: fíjate que se llevaron la caja de los relojes a otra casa que tengo, pero tengo uno aquí. Si te gusta ese, te lo doy. Saca el estuche, lo abro, y es el reloj que yo quería. Es exactamente, exactamente lo que yo quería. Dije, pues sí, sí me gusta, me lo quedo. Y entonces llegué a mi casa y le conté a Mari. Pero Mari ya no se sorprende de esto porque Mari siempre me dice que aparte yo tengo mucha suerte, no. Entonces me dice, ¿cómo, cómo, cómo te llegó este reloj? Le dije, así, así. Dijo, qué padre, qué buena onda, qué padre que te llegó ese reloj a ti. Entonces así conseguí un taller, mi primer taller que conseguí en San Felipe. Yo iba a dar la vuelta siempre a buscar un terreno sin tener ni el dinero. Pero yo voy a buscar el terreno y me imaginaba, como me encanta la arquitectura, me paraba enfrente de un taller, de un terreno, y sé yo, te lo puedo hacer así volado. Y el taller, diseñaba todo el taller, pasaba una hora y media, me regresaba a mi casa y era todo lo que pasaba. Y entonces una vez subo a San Felipe el Agua, vi el taller y el terreno, me imaginé el taller perfecto. Y me regreso. Y nada, en la entrada de San Felipe, que es un pueblo en Oaxaca, viene un señor, se sienta al lado mío, me dice: ¿Qué pasó, maestro? Un señor que había conocido en algún momento. Hola, ¿cómo estás? Qué gusto verte. ¿Qué haciendo? Dije: iba yo en moto. Y me dice: le dije, vine a ver un terreno que me venden. Me dice: pues yo te intercambio uno, dame oro y te doy un terreno. Le dije: órale, va, le entro, le doy cuadros y usted me da un terreno. Sí, aquí lo tengo arriba, vamos. Le dije vamos, pues de una vez me doy la vuelta. Y se da la vuelta el señor, y conforme íbamos avanzando, o sea, no, está bien cerquita donde me gusta, está bien cerquita donde me gusta. Cuando llegamos, se para enfrente donde me gusta. Me dijo, este es, te lo juro que me dio ganas de llorar. Y le dije, ya váyase a la galería, escoja lo que quiera, y este terreno es mío. Y ahí hice mi primer taller. Entonces siempre, pero fíjate, fíjate, te voy a contar la historia completa de este trabajo, está al revés. Y cuando yo trabajaba en mi casa donde yo nací, tenía un tallercito muy chiquito. Y entonces alguien en la galería, en algún momento que llevan las cosas medio funcionando, me dice: amor, ¿y no te puedes aventar un cuadro más grande? Porque tus cuadros son muy chiquitos y a lo mejor uno más grande puede ver, percepale. Sí, entonces yo como no cabía en mi, porque estaba mi cama y el cuarto y el taller, entonces no cabía, abría yo la puerta y me salía a pintar a la calle. Y era una calle que no pasaba gente, no pasaba tanta gente. Entonces cada que venía un carro le tenía que decir que se esperara, me movía, pasaba el carro, me ponía y otra vez a pintar. Y ahí pasó un amigo, Luis Miguel Torres, pasa y me ve haciendo eso y me dice: ¿qué haces así? ¿Por qué pintas así? Que es que no quepo, mira, es que este juego me lo pidieron, no quepo. Y me dijo: le voy a hablar a mi papá, tenemos una calera antigua y te va a habilitar él una una nave y ahí te vas a pintar, ¿te parece? Feliz de la vida. Habla con su papá, Jesús Torres, me hace, me da chance ahí. Entonces en unos días ya tenía un taller padrísimo en una escalera vieja, padrísima, y con una nave. Él puede ser esos magos que te digo que están en el momento y que me ayudaron a hacer mi carrera pues más fácil, ¿no?
Y hoy estás haciendo muchas cosas más. Dices que te encanta la arquitectura, y la última vez que fui a Oaxaca me hiciste el gran favor de invitarme y dejarme quedar en una de tus casas, que ahora son hoteles. Era tu casa donde vivías, ahora lo hiciste un hotel. Cuéntame de este proyecto de Casa Carmen.
La verdad es que es un proyecto que empezó con mi coleccionismo. Mi colección empezó a caminar muy padre. Yo la verdad es que creo y estoy seguro que el coleccionismo que tengo es un coleccionismo serio. Que me apoyan mucho, que mi obra la compran porque sé que la quieren. Y entonces me empezaron a buscar. Una vez me habló un amigo y me dice: oye, Amador, quiero ir a verte, te quiero comprar un cuadro. Pero eran tiempos de la Guelaguetza y todo está lleno. Me dice: búscame un hotel y me quedo, y ya mañana te voy a ver. Órale. No, pues para mí se me hizo muy fácil. Le hablo a los hoteles, todos los hoteles llenos.. Y entonces le digo a Mari, Mari, tengo todo lleno. Pero, ¿por qué no habilitamos la casita rapidito? La casita que compramos, comprar una chiquita y la hacemos para él. O sea, le ponemos una cama y así que se quede, no pasa nada. Órale. Entonces la habilitamos para él, llegó, la vio, me dijo, ay, qué padre casita, no sé qué. Después le dijo, y Mari, si eso lo prestamos para mis amigos que vienen a comprar, o sea, lo hacemos como una casita para ellos y así no van a tener que pagar hotel, se van a sentir muy cómodos. Órale. Así empezó la primera casa Carmen. Entonces bueno, hicimos Casa Carmen y pues ya, no, era para solamente mis amigos. Sin embargo, mis amigos les decían a otros amigos, y esos amigos a otros amigos, y esos amigos a otros amigos. Entonces me dijo Mario un día: oye, ya vienen una boda, no creo que te vienen a ver a ti, y eso es un relajo, pero sin embargo son amigos de un gran amigo tuyo, entonces no sé cómo hacer. Entonces le dije: pero ¿por qué no ya mejor encárgate tú y a mí dame chance de diseñarlas y hacer un poquito de arquitectura y de interiores? Entonces empecé a hacer eso. Y así fue como nació el proyecto de Casas Carmen, que al final sigo teniendo una habitación para siempre, que la regla María es la que maneja todo eso. Pero le digo, nada más siempre déjame una habitación para uno de mis amigos, y siempre está ocupada Casa Carmen por mis amigos.
Entonces eso me gusta mucho, está espectacular, porque aparte de que el diseño es increíble, el hecho que haya arte tuyo por todos lados es padrísimo. Y bueno, y el servicio increíble.
Sí, sí, lo que queremos es que Oaxaca, pues al final de cuentas, Oaxaca es una turística, pero, pero la gente que va siempre va a ver arte, siempre va a ver a otros artistas, va a un espectáculo, y queremos contribuir a que Oaxaca siga siendo este gran, grande epicentro cultural. Y lo que hacemos es que cada carne es un cachito de Oaxaca. Entonces la comida es muy rica, la atención es muy personal, y al final pues nació para mis amigos, ¿no?
Y bueno, haces muchas colaboraciones. Sé que eres gran fan del deporte y has colaborado mucho, no solo con el deporte en Oaxaca. También vi un mural tuyo en el estadio de Los Diablos aquí en México. Ahora arte tuyo en el nuevo estadio Yuva. Ahora también en Monterrey pusieron una escultura. Diseñaste este logo de los Guerreros de Oaxaca. Cuéntame un poquito de estos proyectos alternos que tienes.
Pues la verdad es que hemos, bueno, la verdad es que siempre he querido como, como llegar a otros públicos, llegar a otros mercados. El arte de logo de repente siempre es como más elitista y hay que, ya sabes, ir a las galerías y esto. Pero bueno, en un estadio de béisbol, en un estadio de fútbol, también el arte es el deporte, es un arte, ¿no? Entonces, de las primeras veces fue cuando me invitó Don Alfredo a hacer este jersey de los Guerreros, que lo hizo maravilloso. Como te decía, le limpió todas las publicidad, lo hizo, lo hizo de una cosa increíble. Y te digo una cosa, cuando fui a un partido y vi, y vi a toda la gente con con la playera blanca y mi trabajo fue de verdad, fue de las experiencias más lindas que he visto, porque es más masivo. Ya es que el arte luego es como pequeñito, no, esto es más masivo. Entonces ver un estadio lleno con esas playeras de mis dibujos era una cosa padrísima. Llegué a la tienda a comprar una playera y la gente decía: no, la de Amador. Y entonces Amador, Amador, lo notaba por todos lados porque quería la gorra, la playera, y fue algo muy, muy lindo. Entonces creo que llegar a mercados o a espacios como el deporte, y que el deporte y el arte se junten, me parece que puede salvar este país, ¿no?
Y la botella de tequila Clase Azul.
Sí, bueno, la botella de Clase Azul también fue padrísima. Fue una colaboración con esta gran marca de Clase Azul Tequila, que se hizo mezcal, es la primera que es mezcal, y fue un proyecto de 3 años trabajando, dibujando, haciendo que esta botella también fuera un embajador, porque al final de cuentas Al final de cuentas, mi trabajo y yo, y lo que hago, se vuelve como un embajador de Oaxaca o de México. Y Clase Azul es mundial. Entonces, pues la verdad es que le eché muchas ganas para que fuera una gran experiencia y el resultado fue maravilloso. Lo presentamos en Tokio, se presentó aquí en México, y he tenido muchísimo, muchísima gente que me ha dicho que quedó padrísimo. Y eso me gusta mucho.
Hasta Fashion Week en París.
Hice una colaboración muy linda con una diseñadora yucateca que se llama Mora, que me parece que es talentosísima. E hicimos una fusión para que con sus diseños y mi trabajo ella creara esta pasarela que se llamó Carmen. Y entonces se hizo ahí en París, en la Semana de la Moda en París, y después la trajimos a Mérida. Y la idea es llevarla ya a otros, a otros, a otras ciudades y otros países. Pero fue muy lindo, también fue muy lindo esto de ver mi trabajo caminando y poniendo a la gente y a las mujeres como muy, como muy a flor de piel, no, como, como entendiendo el arte ya viéndolo en vestidos y eso. Entonces a mí, a mí la moda me parece que es como un registro de la humanidad. Me parece que por ahí se pueden contar las historias después de cómo vivimos en estos momentos. Y Mora, que es una talentosísima artista, nos fusionamos, hicimos esto que, que la verdad es que llegó a a mover y hacer cosas padrísimas. Ahora estamos pensando hacer un libro de arte que registre todo esto, porque me parece que fue muy lindo. Fue llevar un pedazo de México a París y fue, fue muy padre.
Tienes dos hijos, se llaman igual que los míos, Diego y Emilio, y ninguno pintaba hasta hace, o ninguno era artista, y hace poco empezó tu hijo Emilio con un nuevo proyecto. ¿Qué te hace pensar de verlo a él tal vez siguiendo un poco tus pasos? ¿Te da miedo?
Sí, sí. Como te decía, lo de Pablo Hermoso Mendoza, esto que hoy que decía que él tenía miedo después para cuando vio a su hijo regional, no es que, es que ya cuando ves a tu hijo hacer lo que, lo que tú sabes negativamente que le va a pasar, es complicado. Sin embargo, lo veo muy contento, muy feliz, creando cosas y un proyecto muy alejado de mí no, no, no, no lo ha tomado como, como, como porque con mi nombre, conmigo, con lo que yo— al contrario, se ha alejado muchísimo y hace estos art toys que me parecen fenomenales. Le fue muy bien en su exposición, su primera exposición. La verdad es que le fue muy bien, fueron comentarios muy lindos. Oaxaca nunca será difícil que Oaxaca llegue como los art toys porque es un capítulo de la obra muy tradicional. Y entonces él como que le gustó que fueron otros artistas y a verlo. Se va a Barcelona ahora a seguir dibujando para prepararse más. Este, no, me gustó, me gustó cómo le llegó el arte a él, porque desde chiquito Diego y Emilio han estado cerca del arte, pero, pero pensé que nunca lo iban a poder desarrollar. Y sin embargo, Diego desde la parte del café, que lo ha desarrollado muy bien, Emilio desde la parte del art toys también. Entonces a mí me parece que ellos hacen su propio camino y lo están haciendo muy bien. Sin embargo, sí me da, sí me da más, más, más miedo que placer, pues no. O sea, me gusta, me gusta que lo haga, pero bueno, uno sabe los vacíos que hay, pues de repente no sé cómo lo lleve él, pero pues es su vida y tendrá que encontrar un camino. Seguramente, seguramente sus dibujos y sus cosas lo van a llevar a buen puerto. Y tengo una cosa, soy muy, soy muy O sea, muy sincero cuando hablo con mis hijos. O sea, cuando algo no funciona, no va a funcionar, me gusta que lo hagan, pero, y que se equivoquen y que pase lo que tenga que pasarte, que pasar. Ver dibujar a Emilio es un placer porque tiene una mano muy, una línea muy linda. Entonces cuando lo veo dejar, digo, bueno, es muy sincero lo que él hace, no. Entonces ver cómo trabaja Diego desde sus cafés y cómo llega sus proyectos que tiene de puerto y que del café y todo, verlo hablar. Yo creo que cuando ves a una persona emocional y cómo sentirse este apasionado, te das cuenta que es un buen camino, ¿no? Entonces yo a los dos, siempre que los veo hablar, los veo que se aceleran demasiado, y eso me gusta.
¿Qué proyecto te emociona más en los próximos 12 meses?
Bueno, hay un proyecto muy lindo que es en Mérida, que ya lo vamos a concretar, que es una, una escultura que habla del nido. Habla un poquito de esto, habla un poquito de Mérida. Es una ciudad tan tradicional, tan como Oaxaca, que procura que— o los oaxaqueños vemos como Oaxaca como nuestro nido. Oaxaqueño siempre lo primero que extraña es el pueblo, no. Siempre nos gana el— es un amigo que quise mucho, Juan O'Gorman, me dice un día que fuimos a Europa, me dijo: ya estás extrañando al rancho. Ya quiero llegar a mi Oaxaca, quiero un mezcal, necesito una tlayuda, necesito mi clima, este no somos muy arraigados, y así es Mérida. Entonces les hice una escultura muy bonita que se llama El Nido, que habla un poco de esto, no, de esta, de este nido como ciudad. Entonces eso me tiene muy clavado. Hoy mismo voy a rayarlo y a trabajar sobre él. Es una escultura grande, de formato grande, en una plaza muy bonita, en un jardín muy bonito. Y lo recibieron muy bien, lo recibieron con muchas ganas. Entonces, cuando tú ya te involucras en algo como en un estado para que para con una pieza tuya. Y eso pues igual tiene que haber una gran comunión entre el estado y tú, y entre la gente que lo quiera hacer. Y en este caso ellos están muy contentos de recibirlo. Y hay una, y una, hay una cosa que se llama Aves de Paso que está en EE.UU., que ahora va posiblemente a Miami, que estuvo en Washington, en Filadelfia creo, y luego ya ahora va a Miami. Y también me tiene muy ilusionado porque tiene una carga social importante, se llama Aves de Paso, no, un poquito hablando de migración y de esto. Y bueno, esto es lo que me tiene ahorita muy trabajando, contento.
Ahora, para tus 50 años hiciste una como retrospectiva de 25 años de carrera. ¿Qué descubriste de ti al ver todo junto que tal vez obra por obra no te habías dado cuenta que estaba ahí?
Descubrí el próximo título de mi próxima exposición. Quiero que se llame Igual que de niño. Descubrí que al final de cuentas sigo haciendo lo mismo que hacía yo de niño, solo que en grande: dibujar, jugar con plastilina, pintar. Entonces así quiero seguir.
Para cerrar, Amador, si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿qué dirías?
Yo creo que, yo creo que diría algo que siempre he pensado. Siempre he pensado que como arma siempre va a ser mejor un pincel que un fusil. Sí, ojalá que así, así se entienda.
Amador, qué padre tenerte aquí finalmente. Me encanta lo que haces, me encanta tu filosofía de ver la vida. Eres un crack y sé que el camino que te queda, apenas tienes 50 años y tu obra va a recorrer muchos, muchos lugares del mundo. Gracias por estar aquí. ¿Dónde puede la gente seguirte, saber más de lo que haces?
Creo que hay mis redes en en el Instagram y eso. Sí, no, no me lo sé, pero lo vamos a poner.
Y también el link a la galería. Algo que quieras agregar.
No, nada, agradecerte, agradecerte este gran espacio. Y que la verdad es que México creo que se construye a partir de eso, de cracks. Así que gracias.
Gracias a ti. Y bueno, para los que se dieron cuenta, les dio toque, tuve desabrochado un botón todo, todo el episodio. Pero bueno, sí, este del medio me lo abroché ahorita al final. Y seguramente va a haber gente que no voy a decir.
No sé.
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