Rivelino's sculptures were planned to ship from London to Paris via the English Channel and 360 km up the Seine. The project needed hundreds of coordinators and permits, and was set as the opening act for Mexico Year in France. Eight hours before departure, a diplomatic dispute between presidents Calderón and Sarkozy over Florence Cassez blocked the ship from entering port.
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Es posible hacer esto sin que tengamos nada que ver con el gobierno, nada más un trámite como una licencia o un permiso temporal. Y me dice, dame una hora. Y para un locoso hay otro más loco. Y ese era mi amigo Charles. Le llamo a una hora y me ¿Puedes dar otras dos horas? Le llamo no, necesito otras tres horas. Es más, mejor mañana en la mañana. Le llamo y me no solo podemos meter las esculturas a las afueras de París, sino que te quiero proponer una historia que a lo mejor te va a gustar. Podemos sacar las esculturas desde Londres, meterlas en un barco, salir por las barreras, darle la vuelta por Dover, cruzar el Canal de la Mancha y cruzar también los 360 kilómetros del río Sena. Y luego hacemos la vueltecita que quieres de darle la vuelta al centro de París y desmontar. Y ahí empezó la travesía. Decidí que lo íbamos a hacer. Empezamos a gestionar una gestión gigantesca de cientos de personas para poder lograr esta cosa. Mucha lana también para poder montar en un barco todas esas esculturas, montar en un puerto, trasladar en otro puente, montarle las luces en otro puerto, para no hacerla muy larga. Logramos conseguir todos los permisos. Y de repente alguien dice debemos de esperar un poco, porque va a aparecer una cosa dentro de ocho meses muy importante y que en vez de que entra el barco solito, pues que mejor entre en un evento que se va a llamar el Año de México en Francia. Yo no quería en un principio. Me convencen y me dicen que va a ser el acto inaugural. Finalmente formamos parte del Año de México en Francia. Y ocho horas antes de zarpar, el presidente Calderón y el presidente Sarkozy se empiezan a pelear a un nivel muy, muy alto por Florence Cassez. Y el barco nunca pudo entrar.