Un monólogo sobre la cocina como acto de transformación: el orador reflexiona sobre recibir productos excelentes (como duraznos y jitomates) y cómo la intervención humana —cocinar despacio, añadir hierbas— transforma esos productos en algo distinto y valioso. La pieza enfatiza la delicadeza, el conocimiento y el valor del ‘toque humano’ en la cocina.
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Para mí cada vez más la cocina es eso, tú recibes un producto precioso, cómo lo tratas con la delicadeza, con el cuidado, con el conocimiento, con la conciencia de poderte lo entregar de una manera, yo no diría mejor, pero transformada, porque mucho de la cocina es eso, es la mano del hombre con el producto, el producto por sí mismo. Hay por ejemplo un durazno, te puedes comer un durazno que te cambia la vida. Alguna vez seguramente te ha pasado que te comes un jitomate de la planta, que maduró en la planta, lo comes y dices wow. Y te vuela también la tapa de los sesos y es un momento increíble. Pero si ese tomate lo cocinas despacio y le agregas una hierba, ya es otra cosa, ya no es ese tomate, ya es pasado por un proceso. Y eso también creo que es un lujo, porque es algo que podemos hacer nosotros como seres humanos que los demás.