EUFROSINA CRUZ con OSO TRAVA: "Origen NO es DESTINO"

In this extensive interview, activist and former local council president Eufrosina Cruz reflects on her journey from a painful childhood marked by bullying, gender discrimination, and cultural oppression to becoming a pioneering political leader in Oaxaca. She discusses how she transformed personal hurt into forgiveness and a drive for systemic change, confronting political bullying, embracing the concept of "arrebatar" (seizing) her rightful space, and reforming the Oaxaca and Mexican constitutions to criminalize forced cohabitation and child marriage. Cruz critiques empty subsidies, highlighting the CONAFE teacher program as a model of corresponsibility that enabled her education and career. She distinguishes mental poverty from material scarcity, emphasizing self‑determination, and shares how the murder of her sister became a catalyst for advocating a national registry for orphaned children. The conversation also explores her inner dialogue practice, the evolution of her fears toward protecting her son, parenting values of generosity and rebellion, and a hopeful message to youth that the sky has no ceiling. Finally, she promotes her foundation "Todas y Todos," invites support, and outlines her upcoming goals, including expanding forced‑cohabitation legislation across Mexico.
Chapters
los derechos no se consultan. Si no me lo vas a dar, lo he tenido que arrebatar. Imagínate esa asamblea en donde era grito, era insulto. Salí llorando de ese espacio y todos con el grito: quiere llorar, quiere llorar. Y es cuando dices: ¿qué estoy haciendo aquí? Y ese día odié haber nacido mujer.
Ella nació en Santa María Quiégolani, una comunidad zapoteca en la sierra de Oaxaca. Se convirtió en la primera mujer indígena en presidir el Congreso de Oaxaca, impulsó la reforma a la Artículo Segundo de la Constitución, que reconoció el derecho de las mujeres indígenas a votar y ser votadas en todo México, y logró que México se convirtiera en el primer país de América Latina en castigar penalmente el matrimonio infantil.
Esa es la mujer que más admiro, porque le robaron todo.
Le preguntas cuándo se dio cuenta que estaba casada y te dice que después de perder tres hijos.
Porque su matriz era de niña, sabes. Y hoy por eso recorro mi país para que esa acción esté tipificado como delito en el Código Penal Federal de mi país. No existen los fracasos, para mí existen las experiencias. Hace 18 años las mujeres no podían votar y ser votadas en muchas de las comunidades de Oaxaca y todo sustentado en la costumbre. Y hoy le grito que ninguna niña se puede resignar, ninguna niña se puede acostumbrar. El uso y costumbre es que no haya salud. En mi pueblo no había secundaria, no había prepa, no había universidad. Es lo normal, es uso y costumbre. Y hoy grito a este país que no, eso no es usos y costumbres, se llama desigualdad.
Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Trava y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Estamos ya a pocas semanas de Business Masters Live, el evento más intenso, más chiquito, más íntimo de negocios que hago cada año. Menos de 400 personas, 400 lugares, emprendedores y sus equipos. Nos reuniremos 8, 9 y 10 de octubre en el Hotel Live Aqua de la Ciudad de México para abordar en 3 días intensos las 6 palancas que detonarán el crecimiento de tu negocio. 17, no son speakers, son instructores, personas construyendo empresas, y tú puedes aprender de ellos, hacer relaciones con otros fundadores como tú, y obviamente tener 3 días que transformarán tu manera de pensar sobre tu negocio, pero sobre todo de operarlo con tu equipo. Si quieres asistir con nosotros, simplemente ve a businessmasters.mx, aprovecha los precios de preventa, y yo te veo en octubre. Hoy tengo como invitada a Eufrosina Cruz. La puedes ver en Instagram como @eufrosinacruz. Eufrosina es autora de Los Sueños de la Niña de la Montaña. Su historia forma del bestseller Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes y ha compartido escenarios con personas de talla mundial como Michelle Obama y Malala Yousafzai. En este episodio, Eufrosina y yo hablamos del precio real de la rebeldía, de cómo se negocia con el propio miedo cuando hay amenazas de muerte de por medio, de cómo se perdona a un padre violento sin justificarlo, de la diferencia entre usos y costumbres y abusos y costumbres, de por qué los subsidios pueden hacer más daño que bien a los que los reciben y a la sociedad que los otorga, y de la pregunta que atraviesa toda su vida: ¿quién tiene derecho a decidir por alguien más? Eufrosina aprendió a los 12 años que el origen explica muchas cosas, pero la decisión es la que escribe el destino. Espero que disfrutes de esta gran e inspiradora plática con Eufrosina Cruz. China, bienvenida a Cracks Podcast.
Muchas gracias.
Qué bonito tenerte aquí. Este, hace poco me mandaste tu libro Los Sueños de la Niña de la Montaña con un buen amigo chileno. Me lo aventé todo y vamos a platicar de casi, sí, claro, ok, está subrayado aquí, notas, estrellitas, todo lo que quiero platicar contigo hoy. 20 años ya casi, no, de activismo.
Sí, 20 años.
Antes de hablar de congresos, de constituciones, de fundaciones, de escuelas, de incomodidades, que vamos a hablar mucho de eso, quiero que me platiques de un trabajo que creo que eres la primera persona que se sienta aquí en Cracks que ha hecho. Cuéntame, ¿cómo es ser botarga de Duracell?
Mucho calor, mucho calor. Pero yo hoy sé que esas botargas, cada una, tú, Oso, trae una historia y una historia en donde el no del mundo ya le dictó, no, el no de este no lo hagas, no lo intentes. Pero a pesar de ese no, esa botarga está ahí en la esquina, está afuera de ese establecimiento, está bailando, gritando, pero trae sus propios dolores ahí adentro de esa botarga.
Para ti estar adentro de una botarga era ya un paso, era ya una evolución. Quiero que, para dar un poquito de contexto, no te voy a pedir que me cuentes tu historia, que la gente que la quiera saber a detalle, aquí está tu libro que está padrísimo. Pero tú naces en la Sierra de Oaxaca. Si yo llegara contigo caminando aquí a Olani a los 8 años, ¿qué es lo que vería? ¿Qué olería? ¿Cómo se vivía la vida cuando tenías 8?
Me regreso y veo a esa niña de 8 años, tu oso. Hoy te puedo decir, y en el libro no lo dice así, ya con conciencia hoy te diría, verías dos mundos. ¿Sabes? En un mismo lugar, un mundo en donde estaba ese maestro que le enseñó a esa niña ese nuevo color, que le enseñó a ese niño un montón de dibujitos en ese cuartito pintado de blanco, y el otro mundo donde estaba su mamá invisibilizada, donde estaba Ese, esa labor cotidiana que suponía que también el uso y costumbre le decía a esa niña que tenía que hacer, que era levantarse con mamá y ser las últimas en dormir, atender, servir, sin ser escuchadas, sin ser vistas. Y en el otro, el maestro la nombraba, el maestro le abría sus puertas, el maestro le enseñaba esos nuevos colores. Y entonces la mente de esa niña empezó a revolucionar y empezar a decir, ¿por qué en este no hay este color y en este sí? ¿Por qué en este huele bonito y aquí no? Empiezas a— hoy encontrarías eso, ¿sabes? Encontrarías esos dos colores, esos dos sabores, este, pero sin victimizar, ¿sabes? Sino que el oso llegaría con la mente abierta Que sepa que va a ver a una niña, no a la pobre. Que sepa que va a llegar a un contexto en donde la desigualdad ya estaba dictando su origen de esa niña, pero también va a haber esa otra posibilidad, de ese nuevo color, esa nueva posibilidad. Y yo sé que quizás te convertirías en ese maestro Joaquín si fueras con esa mentalidad, no. Pero un chingo llegan, no, pues es la pobre, no, pues ya se jodió, no, pues pobrecita, no, porque pues va a quedar y va a repetir su historia de su mamá.
Para ti, tu maestro Joaquín sirvió como una ventana a un mundo que era diferente a lo que conocías. Y a veces decimos que la ignorancia es felicidad, no. Si no podemos compararnos y no sabemos que hay algo mejor fuera, estamos conformes con lo que tenemos. ¿Tú eras feliz? ¿La gente en tu pueblo era feliz?
Yo creo que sí, porque vuelvo y repito, cuando no conoces otras posibilidades Crees que lo que pasa ahí es normal, y eso es lo peor que le puedes heredar a una mente que no tenga la posibilidad de conocer y ser capaz de distinguir a eso que te estoy hablando, de esa mínima posibilidad, Oso. O sea, si mi maestro no hubiese llegado ahí en mi montaña, hoy yo fuera abuela, hoy yo fuera mamá de 9 hijos, como mi mamá con mis abuelas, con mi hermana. Y la sociedad me dijera, es que es tu costumbre, es que es lo que te tocó, ¿sabes? Ese es el reto, que romanticen la desigualdad, que te digan, pero eras feliz. En mi concepción de no conocer otra posibilidad, yo creía que era feliz, ¿sabes? Hoy yo te puedo decir ya con conciencia, como te dije, sí era feliz, pero no estaba consciente. Hoy yo te podría decir quizás sí, pero no en la dimensión de lo que hoy yo soy feliz, ¿sabes? Porque ya sé que había otra cosa que fuera diferente a lo que yo creía que era felicidad, que era elegir mi historia.
Tú hablas de que la carencia, la verdadera carencia, es que otros construyan tu realidad. Cuando te diste cuenta por primera vez que había alguien dictando lo que tú ibas a hacer el resto de tu vida?
En la desigualdad. Cuando yo salgo de Kiegolani, imagínate, ¿no? Llegar a un contexto que no es tuyo, en un idioma que no es tuyo, en una casa que no es tuya, y de repente todo te grita que cómo te atreves a ocupar un espacio que no te corresponde. Él no está en tus, en tus 4 puntos cardinales. Para mí, la cabeza tiene sus 4 puntos cardinales, no. En mis 4 puntos cardinales, todo el tiempo no. ¿Cómo vas a estudiar? ¿Cómo tú, tú, tu opción es pues atender a una casa porque eres la niña?
Incluso antes de salir de tu pueblo?
Yo creo que el cuestionamiento lo empecé a hacer cuando ya salí, ¿sabes? Porque cuando salió Oso ni siquiera tenía idea dónde chingados iba a llegar, ¿sabes? Nunca había salido de mi pueblo, no conocía qué era luz, no conocía qué era camión, no conocía qué era una cama. Cuando llegas a ese entorno y ves a una niña jugando una bicicleta, no manches, dices ¿Y de dónde? ¿Qué es esto? ¿No? Y empiezas a tocar eso que no veías. Ahí yo creo que empecé a decir, yo también puedo ver una tele, mis ojos pueden verlo. ¿Por qué entonces me dijeron que yo no lo podía ver? Entonces creo que ahí, en esos pequeños objetos, empezó ese cuestionamiento de esa niña de empezar a decir, yo también merezco esto. Porque el no del mundo está bien cañón, porque todos los días te grita que tu origen ya definió tu historia. ¿Cómo te atreves a dar y a desafiar las reglas si eso ya está definido? Entonces esa niña empezó a desafiar esas reglas, porque literal desafié las reglas de una sociedad, de un sistema que me dictó cuáles las reglas ya de mi construcción de mi historia.
¿Qué crees que vio tu profesor en ti que tú no viste?
La rebeldía, yo creo. Porque hoy me acuerdo de la China de 8 años. Imagínate esa niña oso con su vestidito, con sus huarachitos, lleno de lombrices, y se escapaba y llegaba con su canasto de elote, de chayote, a regalar a su maestro porque su maestro nunca le cerró la puerta. Porque su maestro la vio, porque su maestro la visibilizó, porque su maestro la cuidó, ¿sabes? Y creo que fue eso que vio mi maestro, que yo nunca dije ya me voy a mi casa porque me va a regañar mi papá. No, yo terminaba la partida de canicas hasta que le ganaba yo a las niñas y a los niños me iba. Yo ya sabía las consecuencias, ¿no? Qué chinga que me daba mi papá. Pero creo que eso vio mi maestro Joaquín. Esa rebeldía, esa, yo creo, no, valentía, o esa diferencia.
Porque eras diferente al resto de las niñas.
Yo creo que sí, o sea, no sé, no te puedo yo decir hoy, pero de que desobedecía las reglas, desobedecía las reglas, sabes. Desobedecía decir no me gusta hacer tortilla, mejor me escapo y voy a ir a ver a mi maestro, porque era Era lo más hermoso que mis ojos veían. O sea, imagínate en casa con piso de tierra, en lugar de cama pues petate, que no es malo dormirse un petate siempre y cuando tú lo decidas, no. Pero llegar a ese espacio lleno de color, lleno de nuevos sonidos, lleno de, de visibilidad, de que nadie te diga tienes que atender, tienes que servir, sino que solamente en este espacio de libertad. Y luego mi aspiración, oso, era un día dormirme en una cama, porque era lo más hermoso que mis ojos veían en ese espacio, mi maestro. Y que me daba miedo hasta de tocar porque estaba tan suavecito que me daba miedo. Y mi maestro nunca me dijo, no te sientas, no lo hagas, al contrario, pasa. No le importó a mi maestro si esa niña iba mugrosa, tenía piojitos en la cabeza, ¿sabes? Me abrazó con todo lo que yo era, que es lo que nos falta muchas veces a las personas, abrazar a la otra persona como lo que eres. ¿Por qué te tengo que juzgar? ¿Por qué te tengo que señalar si eres persona en primera plana de como humanidad? No, creo que eso me dio también valor y fuerza para empezar a cuestionar.
Y cuestionaste lo que tenías en tu casa, tu entorno. Cuéntame, tú dices Tu hermana te saca 13 años. Claudia se casó a los 12, a los 13 años ya era mamá. Imagínate, hay una frase en tu libro que le preguntas cuándo se dio cuenta que estaba casada y te dice que después de perder 3 hijos.
En una conversación no hace mucho yo le pregunté, esa es la mujer que más admiro porque le robaron todo, le robaron todo, y la sociedad se justificó lo que le hicieron en la costumbre, ¿sabes? Y lo que le pasó se llama abuso sexual infantil, oso trata, ¿sabes? Y cuando en esa intimidad le pregunto a ella cuándo aprendió a ser mujer, y es respuesta y es fecha que no le he respondido, y me dice después de haber parido 3 hijos. Y ella no entendía por qué siempre iba al panteón. Pues porque iba a enterrar a sus 3 primeros hijos, porque su matriz era de niña, ¿sabes? Y hoy por eso recorro mi país, para que esa acción, que lo que le pasó sea lo que debió de haber sido siempre, delito, que esté tipificado como delito en el Código Penal Federal de mi país, porque este país ha justificado la violación y el abuso de miles de niñas en la cultura y en la costumbre, cuando no es la cultura, la costumbre. Y la admiro porque a pesar de que le robaron todo, la vida le dio, le sobreviven 6 hijos hombres. Y vieras, su palabra hoy es la que reina en ese espacio llamado hogar, hogar. Y hoy uno de sus hijos es el médico del pueblo, y pues No, yo la admiro un chingo y por ella es la que recorro este país. Por supuesto, por mis abuelas también, pues, pero más por ella, porque es la que, que cuando siento que me caigo, que quiero tirar todo al demonio, la veo. Ella dijo no. Si ella transformó, cambió cuando le reborraron todo, yo qué tengo más que chingados no puedo hacer.
No tenías 8 años, veías a tu hermana de 20 con no sé cuántos hijos tuviera ya en ese entonces. ¿Cuándo te cayó el veinte que ese era tu futuro, que estabas viéndolo desenvolverse?
Porque no te educan para ser niña, te educan para ser mujer. Yo nunca tuve una muñeca, yo jugué aprendiendo a hacer tortilla. Mi cabeza no era de que pues voy a jugar la muñeca, mi cabeza era pues que no se me vaya a pasar la cal, no se me vaya a quemar el nixtamal, porque chinga que me van a dar, sabes. Y no responsabilizo a mamá y a papá, Responsabilizaba la circunstancia, porque si papá o mamá hubieran podido conocer los colores que conocí a través de mi maestro, quizás papá no hubiera entregado a mi hermana a los 12 años. Pero también hoy lo honro, porque el amor más hermoso que me dio ese hombre, que no sabía leer, no sabe escribir, fue el haberme dejado ir de chiquita, ¿sabes? A lo mejor para el mundo decir, ¿cómo se atrevió a dejar a su hija? Pues sí, es el amor más hermoso que me dio. Y mi mamá El amor más valiente que me dio fueron los 100 pesos que me puso en la mano, ¿no? Y hoy yo sé que esos 100 pesos significan de Bella, arrebata tu historia a la adversidad. Y, y, y esos cuestionamientos, por eso te digo, no crecí con una muñeca, no crecí jugando trastes, yo crecí haciendo tortilla. Y entonces cuando conozco el mundo de mi maestro, empiezo a decir, si no me gusta esto, empiezas a hacer Eso que debiera hacer todo ser humano, empezar a cuestionar, decir, esto me incomoda, esto me duele. Yo no le daba un nombre, pero me dolía, ¿sabes? Hoy yo sé que se llama desigualdad, hoy yo sé que se llama violencia. Yo no le daba nombre, pero me incomodaba, pero no me gustaba, me frustraba ver que mis hermanos sí se iban a la cancha y nosotras las niñas teníamos que seguir atendiendo, lavar trastes, etcétera, etcétera, etcétera.
¿Qué te hace a ti decir esto no es para mí cuando es que ni siquiera se presentan opciones? Nunca has visto a alguien. Yo no tuve opciones, pero, pero creaste una en mi mente.
Por eso cuando yo, yo hablo, yo no tuve opciones tangibles, sabes, yo tuve opción imaginatoria a través de ese mundo de mi maestro. Por eso la mente es tan hermosa, te lo juro. Que cuando ves una mínima posibilidad, claro que empiezas a querer eso, aunque sea mínima, aunque ese nuevo color, ese nuevo olor. O sea, mi olor que yo quería un día oler era el olor de mi maestro. Pues yo no sabía que era una crema, que era un desodorante de oso, pero yo veía que mi maestro se ponía algo en la mano y olía bien bonito, ¿sabes? Yo decía, un día voy a oler como maestro. O los huaraches que se ponía, eran los huaraches más hermosos que que mis ojos veían. Y yo hoy yo sé que eso eran unas chanclas. Entonces empiezas a querer esos objetos mínimos que vas viendo y empiezas a cuestionar y empiezas a aspirar. Yo no, tampoco conocía esa palabra porque yo no sabía hablar el español entonces, pero ya conocía. Y cuando yo iba a traer mi leño en mi burrito, me paraba en mi montaña. Imagínate, un día vamos a mi montaña, te paras encima de esa piedra Y ves lo infinito, este oso, lo infinito, lo infinito. Y ves cómo la montaña se abraza con el cielo y forma figuras. Y creo que mi montaña me enseñó a soñar, porque yo imaginaba el cielo, lo infinito, y decía yo, ¿de dónde vendrá mi maestro? ¿Cómo será su mundo? ¿Hablarán igual que yo? Entonces la mente empieza a querer eso. Que miras nuevo, no, pero regresas a tu realidad y la realidad es ruda y no tienes opción.
Hablemos un poquito de usos y costumbres. Hay gente que no, no entiende qué significa, qué significa en el contexto, qué significaba a tus 8 años, quién decidía cómo se marcaba la línea.
Hoy que tengo conciencia lo separo muy, muy bien. Lo distingo muy bien, pero de manera histórica la desigualdad se ha justificado en el uso y costumbre, ¿sabes? El uso y costumbre es que no haya salud. El uso y costumbre es que en mi pueblo no había secundaria, no había prepa, no había universidad. El uso y costumbre es que no había clínica. Es lo normal, es uso y costumbre. Es lo que te toca, ¿sabes? Y hoy grito a este país que no, eso no es uso y costumbre, eso se llama desigualdad. El uso y costumbre que yo amo, Frosina, es mi zapoteco, es mi lengua, es mi vestimenta, es mi fiesta, es mi forma de organización, es como yo vi a ese hombre llamado papá respetar a su Madre Tierra. Y te juro, Oso, cuando hacía ese primer horcón, saludaba a sus 4 puntos cardinales y decía una palabra que jamás se me va a olvidar: no te pido más que para lo que alcance para dar de comer a mis hijos. Y hoy yo sé que eso es lo que pedimos, no pedimos ni más ni menos, más que para que nos alcance a construir nuestra propia historia, ¿sabes? Pero se ha malinterpretado luz y costumbre. Toda la vida yo escuché: es que por culpa de costumbre naciste pobre, es que por culpa de tu montaña naciste jodida, es por culpa de tu origen eres asunto indígena, eres tema indígena, eres estadística. O lo peor, las políticas públicas en grupos vulnerables. Así nos han tratado, así se sigue tratando, ¿sabes? Y hoy que tengo conciencia, grito en cada espacio que voy a ver: espérense, la cultura, la costumbre es esto, la desigualdad es lo que has nominado uso y costumbre. Ya no nos hagan responsables.
Y a nivel dices: oye, nuestra forma de organizarnos es uso y costumbre. A nivel social, Tu realidad siendo niña, la realidad de tus hermanas, de tu mamá, de tu abuela, fue una desigualdad social que no impuesta por el exterior, sino impuesta por—
no, pero el exterior lo había justificado, ¿sabes? Si hubiese una legalidad, una sanción.
¿Qué podía y no podía hacer una mujer en ese entonces?
En ese entonces pues no podían salir a la cancha del pueblo, en ese entonces no podían votar y ser votadas. En ese entonces las niñas se podían casar a los 12, 13 años, ¿sabes? Porque fue la historia de mi mamá, de mis abuelas. Hace 18 años las mujeres no podían votar y ser votadas en muchas de las comunidades de Oaxaca, y todo sustentado en la costumbre, vuelvo y repito. Pero lo que hoy, hoy yo ofrecí, no sé si estoy en lo correcto, ¿sabes? Pero esa es la dimensión y lo maravilloso de la libertad, que he construido mis propios conceptos y mis propios pensamientos a A lo mejor otros dirán que estoy equivocada, pero desde mi experiencia, desde mi caminar, hoy, hoy trato de que la culpa ya no lo carguen los que nacimos en la desigualdad, ¿sabes por qué? Porque el echar la culpa a la costumbre es echar la culpa a los que nacimos en la desigualdad. A ver, no fue mi culpa que no hubiese escuela en mi pueblo, no fue mi culpa el que el hospital no estuviera cerca de mi pueblo. No fue mi culpa el que el camino no estuviese en mi pueblo, ¿sabes? Fue culpa de un sistema que no ha sido capaz de subsanar esas carencias. Y lo más fácil, desde mi mirada, es que le llamaron grupos vulnerables, asunto indígena. ¿Cuántas veces no has escuchado asunto indígena?
¿Qué significa en el contexto del que estás hablando que se catalogue algo como asunto indígena?
Como un asunto, no como persona. Es que para la voz, la mirada es un asunto. O sea, no es cuando son personas, sabes. Yo soy persona, no soy un asunto. Grupos vulnerables, yo no soy un grupo vulnerable, soy persona. Lo que se me vulneró son esas posibilidades y esas oportunidades, Oso. Pero por eso creo en el poder de la palabra, porque si no mencionas las cosas correctas, vuelvo y repito, la mente los que siguen en esta desigualdad creen que son un asunto, creen que son grupos vulnerables, creen que son víctimas, creen que son pobres.
Pero hasta cierto punto también hay renuencia al cambio, o sea, a las tradiciones. Por ejemplo, hablemos de cómo se manejaba el consejo de hombres en tu pueblo.
Por eso se tiene que modificar eso. Por eso el reto también es modificar lo de adentro, que es un poquito lo que empezamos a hacer. Modificarlo adentro, decir, ¿por qué yo no voy a ir a la cancha del pueblo? Es la costumbre. ¿Y qué es la costumbre? Lo que violenta. No es violencia, es que no puedes ir a la sacristía de la iglesia del pueblo porque es pecado. ¿Y quién dijo? Ah, porque es costumbre. Ya cuando dices, pues quiero entrar a la sacristía, y el día que entré a la sacristía, pues siempre cuento la anécdota, todo eso, pues donde se toman sus mezcalitos. Yo dije, ah, qué fregón pecado, ¿verdad? ¿Sabes? O, ¿por qué no puedo ir a la cancha? Es que la costumbre. Hoy juegan las niñas en básquetbol en mi pueblo. Hoy mi mamá ve a su bisnieta y a su nieta jugando básquetbol sin pedir permiso a nadie. ¿Y crees que se acabó la costumbre? No, sigue habiendo mayordomía, nada más que en ese espacio que no había rostro de mujer, hoy hay rostro de mujeres, ¿sabes?
Entonces, ¿en dónde está la línea que la tradición, en vez de ser identidad, se vuelva cárcel, en la desigualdad.
Porque si no conoces, vuelvo y repito, a ver, si yo no hubiera conocido a mi maestro Joaquín, yo hubiera seguido aceptando las reglas que estaba impuesto, sabes, de sentarme en el piso. De hoy las niñas y los niños nos sentamos a donde nosotros queramos, sabes. Pero gracias a ese poder de palabra que fui arrebatando Me fui haciendo consciente yo de lo bueno y de lo malo que sucedía ahí al interior. Y muchas cosas siguen siendo a lo mejor un reto ir cambiando, ¿sabes? Porque es un proceso. Yo llevo casi más de 10 años reconciliándome con mi entorno, porque rompes con una norma, una regla de toda una comunidad. Históricamente, ¿cómo las mujeres se van a sentar en la mesa? Pues no, ¿sabes? Y de repente llega una bendita chamaca, dice, pues no, claro que incomodas. Y entonces te vuelves la anormal, te vuelves la loca. Pero cuando tienes certeza de que eso no está mal, entonces asumes una responsabilidad, que ese es también el otro reto. ¿Qué tan dispuestos estamos como seres humanos en romper paradigmas? Porque cuestionar es bien fácil, criticar es bien fácil, pero asumir una responsabilidad para cambiar eso que ya no te duele a ti, sino que sabes que te duele a las otras personas. Ese es el reto, sabes, los costos que hay, los costos que hay. Y los costos son inmensos porque pones en peligro a tu mamá, a tu papá, a tu entorno, a ti misma, sabes, porque es romper reglas de siglos, el no de los, de los otros. Y de repente dices, pues me voy a entrar a la sacristía. Yo llego a mi montaña, entro a la sacristía, Tomo un mezcalito con los señores, ¿sabes? Pero ha sido una reconciliación en el diálogo, en el respeto, en esto de reentendernos, de decir que el problema no es nuestra costumbre. El problema es de que nos dijeron que era nuestra costumbre, ¿sabes? Y hoy de verdad ver las imágenes de las niñas y niños jugando básquetbol, si me lo hubieras preguntado hace 18 años, yo te hubiera dicho, pues no sé si mis ojos van a verlo algún día, ¿no? Y hoy ver a mis sobrinitas gritando, creo que es lo más bonito y emocionante que te puedo yo compartir.
Háblame de este primer gran rompimiento. A los 12 años decides dejar tu casa. ¿Qué te imaginabas que podías? Dices que no tenías ni idea de a dónde te ibas.
¿Qué? ¿Cómo?
¿Cómo se toma esa decisión? O sea, ¿qué había del otro lado?
Porque Como eres consciente, Oso, y escuchas que tu amiguita ya fue entregada al matrimonio, y yo, para mí los meses más rudos son junio y julio, porque junio y julio es cuando se hacen las pedidas de mano, ¿sabes? Ya no hay opción. ¿A quién le dices que no si es lo normal? ¿Sabes? Y el tejado, la lluvia, y el que no quieres que amanezca. Porque alguien va a llegar y el miedo es que papá acepte ese acuerdo. Y por eso yo honro a papá, ¿sabes? Porque rompió sus propios paradigmas, fue señalado por un pueblo también, porque cuando vio a esa niña que dejó de comer, pues dijo las palabras quizás más rudas que un papá le puede decir a una hija, a un hijo: está bien, pero te olvidas de nosotros. Y esa noche cuando yo salí, porque yo quería salir, sabes, no sé dónde chingados, no, nunca había salido de mi montaña. No había luz, no conocía qué era una mochila. Mi mamá me puso mis vestiditos en una cajita, me acuerdo, y me puso 100 pesos en la mano, sabes. Quizás eran los únicos 100 pesos de ella. Es fecha que no le he preguntado porque me da miedo su respuesta. Imagínate, no, quizás le quité todo lo que tenía. Por eso cada vez que tenía ganas de mandar todo al demonio cuando ya estás ahí con el demonio, el no, dices, ¿qué estoy haciendo aquí en donde todo está en contra? Y me acordaba de los 100 pesos, yo decía, ¿cómo caramba regreso si ni los 100 pesos tengo? No, y otra vez estaba esa fuerza de decir no. Pero recuerdo esa mañana caminar, llegar, porque pues no había carretera, llegar con un primer objeto. Imagínate eso, el autobús. En mi vida había visto un autobús, no. Y luego subirte en ella y sentir la sensación. Imagínate yo de montaña llegar a Salina Cruz, calor, y el primer momento de llegar, caminamos más de 12 horas para llegar a ese punto donde sale el autobús, el olor a gasolina que nunca había yo sentido, el diésel. Pues ya te imaginarás, no, la mareada que me dio. Luego llegar a eso que se llama ciudad, donde la primera sensación de decir, las miradas, ¿y esto de dónde salieron? En donde papá ya olía a montaña, y yo no sabía cómo se llamaba esa sensación, oso, de lo que yo viví con papá, porque para mí yo iba vestida la más bonita, sabes, con mi vestidito, mis huarachitos, mi papá su morralito, y esas miradas como que no sé. Y hoy yo le di un nombre, no, ya de grande, ya lo que yo viví con papá se llamó discriminación, se llamó racismo. Y sabes qué, duele mucho y hace que retrocedes. Si diste 2 pasos hacia él, que retrocedes 3, porque esa mirada es tan fuerte que te hace suponer que no mereces estar ahí. Y entonces descubrí entonces que somos un país bien discriminatorio, y muchas veces lo sigo viviendo. Eso recientemente fui a Guadalajara, en la FIL de Guadalajara. Yo siempre me vas a ver con mi huipil y mis huaraches, mis lo que quiera, y me paro en primera fila. Entonces dos señoras adelante de mí se levantan y me dicen, señora, este es de primera clase. Y yo, sí, es de primera clase. Y ni pasó dos segundos, otro señor me toca el hombro, me dice, señora, este es de primera clase. Y yo, sí, es de primera clase. Y yo dije, ¿qué onda? Yo porque ya tengo seguridad en mí, pero alguien que no, Claro que retrocedes, claro que crees que no mereces ese espacio, ¿no? Cuánto trabajo nos hace reaprender a vernos con los ojos correctos. ¿Por qué me vas a juzgar por mi vestimenta, por mi color, sabes? O en el Intercontinental, de repente un día me llegué, no, igual me dicen es etiqueta. Yo dije, a chingao, ¿y cómo es de etiqueta, sabes? Y cuando ya fui dando nombre a lo que pasó con papá, dije, no, los que lo hacen, los que lo hacen, o los que nos lo hicieron fueron los ignorantes, no mi papá ni yo. Al contrario, creo que la valentía de mi papá no se dimensiona ni en mi valentía, y eso que me considero valiente, porque caminó, llegó, rompió su propio paradigma, dejó a su hija sin saber si algún día iba a regresar a verla, ¿sabes? Y que ese es el amor más infinito que me dio. Hoy lo honro, este, hablo mucho de él porque de repente me reclaman el que por qué no hablo más de mi mamá, no, no, yo también hablo de mi mamá, pero creo que fue un hombre que rompió todo dentro de esa desigualdad que el mundo le había cargado, no.
Hablas de ese tiempo en Salina Cruz como una etapa de transición en la que sales de mucho dolor, es lo que te iba a decir. Hablas, de hecho no hablas mucho. No dices que es una etapa en la que sufriste abusos y mucho dolor, y no hablas mucho de esa etapa. ¿Por qué fue tan dolorosa?
Porque, ¿cómo se sobrevive a los 12 años sin mamá y papá? O sea, no está mamá y papá para decirte ya comiste, no está mamá y papá para decirte este. Oye, mi papá, ¿sabes cuándo me dio mi primer abrazo? Mi primer abrazo me lo dio papá, falleció hace 7 años. Mi papá me dio mi abrazo, yo creo cuando tenía como 65, 66 años, porque nadie le enseñó también dar un abrazo, ¿sabes? Y en esa adversidad trabajas un montón, te levantas temprano y no te alcanza para la bendita torta, no te alcanza para el camión, no te alcanza para hacer tu trabajo a computadora, ¿sabes? Y ves que otros llevan su torta, ves que otros estrenan zapatos y tu zapato ya está lleno de hoyos, y no hay nadie que te diga, sí, mijita, no te preocupes, mañana habrá un plato de frijol, ¿sabes? Y por eso tardé mucho en reconciliarme con Salina Cruz, de hecho, porque fue la etapa en donde Fui invisible, fui invisible para todas y todos. Yo era la única que cargaba, este, mis dolores. Llegaba yo en ese cuarto que se llama Soledad y volteas y dices, ¿y ahora qué voy a comer? No. Y te das cuenta que se acabó el litro de aceite y pues ni modo, es el arroz, échale agua, no. Pero también hoy, por eso el libro me sirvió mucho de reconciliarme de reentender que gracias a ese lugar también me dio la valentía más infinita, porque aprendí que en la adversidad se toman las mejores decisiones. El no, ya lo tienes. El no lo hagas, no lo intentes. O las voces de los demonios, una y otra vez me llegaron las voces de los demonios a decir, Eufrosina, mira, estás perdiendo tu tiempo. Allá en la colonia están buscando una muchacha para que cuiden a sus niños, es un dinerito más para que le mandes a tus papás. Mira, allá están buscando una muchacha para que ayude. Era la opción que tenía, era la opción más recurrente que yo escuchaba cuando yo iba al mercado, cuando me veían con mis dos bolsas para traer, para vender, ¿sabes? Y en eso dices: tienen razón, estoy perdiendo el tiempo porque tu sueño era comerte una torta, oso, y ves a tus compañeros, pues mejor no salgas al patio o subirte al camión para ir a la escuela, ves a tus compañeros y todavía te dicen adiós y tú dices: adiós, a mí me gusta hacer ejercicio, ¿no? O comprarte un libro o el maestro ya te pidió el trabajo a computadora, ¿cuándo vas a contener una computadora? Nunca, ¿Sabes? Y ahora dices, ¿qué haces? Pues el ciber te cobran 50 centavos la hora más la hoja, dices, no hay. Compras tortilla o imprimes. Y en esa adversidad de decir, tienen razón, mejor me regreso, me acordaba los 100 pesos de mi mamá. Yo decía, ¿cómo caramba regreso si los 100 pesos tengo? O también, si me regreso, yo ya sé mi historia. Seguramente al mes que voy a llegar al pueblo alguien va a llegar por mí. Y tan siquiera ahí yo ya tenía una opción, que era elegir quién caramba iba a ser el papá de mi hijo o mi esposo, ¿sabes? Ya era una posibilidad real a pesar de la adversidad. Y entonces aprendió eso, que a pesar de la adversidad no permití que fuera la irresponsabilidad de mi decisión. Entonces aprendí a hablar, de ir a ver al maestro y decir, mire, profe, no voy a entregar trabajo a computadora, pero lo voy a entregar a mano. Lo mismo que voy a entregar impreso lo voy a entregar a mano. Y siempre encontré otra vez en mi maestro decir, no te preocupes, está bien, sabes. Al contrario, me llevaban a veces más hojas blancas para que yo hiciera el trabajo a mano en hojas blancas, sabes. Y entonces aprendí que la adversidad no se debe de excusarse para no cumplir con tu responsabilidad, ¿sabes? En esa adversidad son las mejores decisiones decir, pues ya no hay pasapatos, cómprate una cola loca y pégale. Empieza a tomar decisiones. Desde los 12 años, oso, he tomado mis propias decisiones de decir, ¿qué es más importante, comprar el kilo de tortilla o subirte al camión? Pues comprar el kilo de tortilla. Pues entonces levántate un poquito más temprano. ¿Qué es más importante, comprar el libro o las copias? Pues las copias, mijita, ¿no? Entonces ni modos, ¿sabes? Entonces empiezas a tomar decisión. El mundo me dijo que no podía terminar mi prepa, y ¿sabes qué? Terminé mi prepa. El mundo me dijo que no podía terminar mi seco y terminé mi seco. El mundo me dijo que no podía ser profesionista y soy contadora pública con una maestría, y hoy estoy estudiando mi segunda carrera porque voy a ser abogada. Sabes. Pero son decisiones. Por eso siempre digo que origen no es destino, decisión sí. Decisión, porque el no ya lo tienes. Yo nací con 100 nos.
¿Cuánto tiempo te tardaste en regresar aquí a Olani?
Yo regresaba a la par cuando estaba yo en la prepa. Fíjate, trabajaba yo un montón para juntar los pasajes, porque mi sueño era regresar en el pueblo. Porque la gente que vivía afuera llegaba en el pueblo con una toalla, este, rosa, blanca, Y yo, y ahora mi sueño, llegar a Kikolani con la toalla. Más que ya después entendí que la toalla era para que no se te envolviera la cabeza, pues, porque no había autobús, sabes, eran camionetas, eran redilas, este, para llegar ya más cerca de Kikolani. Porque cuando salí llegaba a un punto que se llama Santa María Catepec, pero todavía caminabas un montón. Ahí llegaba el autobús, pero camionetas, camionetas de 3 toneladas. Entonces tenías que llegar a buena hora para ganarte buen lugar, pero como era terracería, pues ya te imaginarás, no. Pero era la ilusión de llegar ya con una mochila, ya vestida con pantalón y con mi ramo de flores siempre a la Virgencita de mi pueblo. Independientemente de la región, de la religión, creo yo que como ser humano, yo al menos siempre me aferré a algo, a una fe infinita. Que porque el demonio está cañón en esa adversidad, es tan frágil de mandar todo el demonio y al demonio, sabes. Y regresaba yo ahí, y creo que el pueblo también me empezaba a mirar diferente porque era la china que ya vivía en la ciudad, era la china que ya se vestía con pantalón. Entonces como que aunque les incomodaba, como que ya no me decían nada, ya me sentaba en la mesa.
Dices en el libro que asumiste esta identidad de rebelde.
Sí.
¿Qué intentabas con ella?
Que me vieran, que vieran que también como mujer yo podía sentarme en la mesa sin incomodarlos, que me vieran las niñas agarrando una pelota sin dejarse de ser niñas, ¿sabes? Creo que eso fue, ahí es cuando inició la verdadera rebeldía ya de adulta de de empezar a incomodar ya toda una comunidad, porque primero incomodé a mi familia. O sea, imagínate cuántas cosas no pasó mi papá desde el acto de llevarme, ahora regresar como diciendo ya te fui a dejar, ahora ya no regreses, ¿verdad? O sea, y ahora incomodar. Imagínate la única chamaca narrando los partidos de básquetbol, sentada ahí en la mesa. Pero como yo ya sabía de lo que yo estaba haciendo, con la certeza del poder de la palabra que yo estaba aprendiendo, asumí una respuesta, decir: yo no estoy haciendo nada malo, yo no estoy acabando con la costumbre, lo único que estoy diciendo es que también yo quiero sentarme aquí, yo también quiero correr en la cancha. Y ya no se me cuestionaba tanto, o quizás sí, pero como nomás iba de vacaciones, pues el chismerío se quedaba en el pueblo. Es un pueblo nomás de 1200 habitantes, imagínate. O sea, nos conocemos todas y todos, ¿no? Y infierno, pueblo chico, infierno grande, pues, ¿no? Y por eso hoy más admiro a mi papá y a mi mamá, porque el cuestionamiento, el señalamiento se quedaba con ellos cada vez que yo regresaba otra vez.
Bueno, y se pone mucho más duro cuando creces un poco más y empiezas a pasar más tiempo y se te mete la idea, o te meten la idea, de ser presidenta municipal.
Fue en 2007, 2007, cuando ya logré, si quieres, como que a que me vean más. Y de repente fue un grupo de chavos de mi pueblo de decir, China, ¿por qué no vas? Yo decía, consciente de que nunca las mujeres habían participado en el desarrollo de las decisiones del pueblo. Imagínate eso, 2007, ni votado. Menos, sabes, ni votar ni votadas, que lo menos importante en este camino era eso, era que nos vieran. Mi mamá nunca se había salido en ese entorno para sentarse en la cancha, imagínate eso. Y entonces de repente pues se sube la locura y mi papá y mis hermanos diciendo, estás loca, aquí las mujeres no, pues, y los chavos, no, pero nosotros vamos a votar por ti, nosotros sí cumplimos con el servicio, etcétera, etcétera, no. Y se da el proceso. Y ese día, Oso, y lo hablo en el libro, odié haber nacido mujer porque otra vez estaba yo ante la disyuntiva de haber nacido mujer. Imagínate esa asamblea en lengua materna, los insultos son más fuertes. Ver a tu papá, nunca había visto a mi papá llorar, nunca. Y ver a papá y a mamá llorar diciendo ya párale, nos van a correr del pueblo. Y te pueden regresar en nombre de esa cultura que estábamos diciendo, ¿no? Ver a tus hermanos, escuchar a tus hermanos diciendo: te dijimos, aquí las mujeres no sirven. Y voltear a ver a 10 compañeras tuyas diciendo: cuidado, te vas a agüitar, estamos contigo. Y tú dices: ¿y ahora qué hago? Y llega tu hermana, a la que le robaron todo, diciendo, tú te metiste en esto, ahora tú lo terminas. ¿Qué haces?
Dices, ¿qué quería decir con eso?
De que sé valiente. Hoy sé lo que me dijo, ¿sabes? Y yo dije, ella, que le robaron todo, diciéndome eso. Creo que fue la palabra que me dio la valentía de dar el paso y de visibilizar el caso. Y se vino lo peor, porque divides una comunidad, porque se hace una asamblea en donde me expulsan de la comunidad. O sea, imagínate eso, y señalar. Entonces llegas al pueblo, ya no era la alegría, ya era esa sensación de haber dividido. Ibas a misa, sentías lo caliente porque pues eras la del bicho raro.
Y tu familia paga un costo alto, no le quitan programas sociales.
Todo, mi papá y mi mamá. Creo que lo que más me, me dolió en este proceso fue el haber visto a mi papá y a mi mamá llorar. O sea, imagínate, fue la primera vez que me paro en una asamblea del pueblo, y enfrentarte a una asamblea en donde había señores tomados, en donde era grito, era insulto, salí llorando de ese espacio. Y todos con el grito, quiere llorar, quiere llorar. Y es cuando dices, ¿qué estoy haciendo aquí? Y llegas, ves a tus dos viejitos desgranando su mazorca, llorando, diciendo, ya párale, nos van a correr. Y llegan tus hermanos y dices, ¿y ahora qué hago? ¿Para dónde jalo?
¿Cómo se balancea? ¿Cómo se balancea lo que quieres lograr en el futuro y este sueño que tienes? Con el costo del presente, no solo para ti que dices, órale, me la trago yo. Sí, pero es la gente que más te importa la que lo está pagando. Sí, ¿qué hace eso en tu mente?
Uf, te sientes la persona más horrible, más egoísta. No te puedo explicar el dolor, sabes. Entendí el dolor cuando yo vi a mi papá, ni siquiera el dolor de que me hayan insultado, El dolor de ver a mi papá y a mi mamá llorar, creo que es el momento en donde estuvo la fragilidad de decir hasta aquí, saben qué, ahí la dejamos. Yo ya soy contadora, yo ya tengo un trabajo, que Dios los bendiga y nos vemos, sabes, que es lo más fácil que puede suceder en ese dolor, sabes. Porque piensas en el dolor de la persona que más quieres, que más amas, sabes. Cómo se toma la decisión de hacer lo correcto sobre ese amor, está bien cañón, sabes, de decir: y ahora, ¿para dónde jalo? No hay internet, no hay como hoy este de Facebook para que lo puedes subir en segundos, ya se hace viral. No, no, ¿quién te va a escuchar? Nadie. Y creo que en esa fragilidad llega la voz de la mujer que más admiro, decir: tú te metiste en esto y tú lo terminas. ¿Qué haces? Tu mamá y tu papá ahí llorando, y llega la otra diciendo: tú te metiste en esto y tú la terminas. Creo que ahí es donde me dio la valentía de decir: tiene razón. Entonces, ¿para qué estudié? Entonces, ¿para qué me dijeron que hay un librito que se llama Constitución, Igualdad? Entonces, ¿para qué no comí esa torta? ¿Por qué no me subí en ese camión? Empiezas a dimensionar todo el camino que ya atravesaste para ceder a los que otros construyeron una narrativa para decir es que es la costumbre, aquí las mujeres no pueden votar y ser votadas. Y entonces empiezas a decir, yo me acuerdo, saqué mi credencial de electora y mi credencial de elector decía localidad Santa María Akiagolán, ciudadana Eufrosina Cruz Mendoza, número de sección. Y dije, entonces, ¿para qué me dieron una credencial de elector que dice que soy ciudadana de esta comunidad y de este país? Para lo más importante dicen que no soy ciudadana. ¿Cómo justificas eso ante lo que ya te dieron en la escuela? Artículo 2 constitucional, artículo primero, ¿sabes? Entonces, ¿cómo haces para decir entonces me vieron la cara? Entonces, ¿para qué llegan los partidos políticos aquí a pedir el voto a mi mamá, a mis hermanos, a toda la gente que me insultó? Y para lo más importante dicen que no. Entonces debo de ir a donde se supone que hacen la legalidad, entonces a exhibir esto. Que esto no puede seguir pasando y puedan seguir echando la culpa a mi costumbre. Es una ausencia de una letra en la Constitución de mi país, ¿sabes? Pero, ¿cómo se logra cuando no conoces a nadie? Y ahora pues a decidir a salir del pueblo otra vez a denunciar. Y empezó lo más cruel porque era dividir al pueblo. Porque fue nota nacional, internacional. O sea, imagínate, los hombres de Santa María Quiégolani nunca dijeron la Constitución no venía la palabra mujer, no echaron la culpa a los hombres de mi pueblo. Hasta quizás yo le eché la culpa, sabes, y me hago responsable hoy de eso. Por eso entiendo también este proceso de reconciliación con ellos, porque también fue agresivo hoy lo que hice con ellos, sabes. Y es muy, y es bien fuerte lo que te estoy diciendo, sabes. Pero sin esa agresividad yo no te estuviera hablando de que hoy en mi pueblo hay 2 prepas, hoy en mi pueblo las niñas juegan básquetbol, hoy nunca más una niña se va a casar a los 12, 13, 14 años, hoy el 95% de las niñas van a ser arquitectas, maestras, ingenieras, sabes.
Cuando las cosas se ponen difíciles, sobre todo cuando hay esta desigualdad opresión, animosidad. Tú lo volviste acción, pero hay gente que lo convierte en odio, y el odio se arraiga. Es lo que marca la diferencia.
Yo creo que, o sea, y lo que te estoy platicando no es desde el romanticismo, no, no es desde la valentía tampoco. O sea, sí soy valiente, pero yo creo que se conjuntaron muchas cosas, porque es bien fácil odiar, más fácil, a ese dolor que te están haciendo, a ese dolor desde que naciste, a ese dolor desde que fuiste señalada, cuestionada, desde que fuiste buleada en la escuela porque eras la que no hablaba bien el español, porque un montón de veces metiste singular con plural, ¿sabes? Y hoy les digo, me vale, yo meto plural y singular, hoy me vale, ¿sabes? Pero antes no. El que te levantaran tu trenza y jalaran tu trenza, el de la huarachuda, o tantos adjetivos, ¿sabes? Claro que lo odias, lo odias, y es tan fácil, es más fácil odiar que convertir eso en amor, en reconciliación, en perdón. Porque son tantos los momentos de negación del mundo hacia ti, de negación de tus espacios, de negación de tu voz, de negación. Porque muchas veces te dicen, yo doy voz. No, yo no doy voz a nadie, yo doy a mi voz. No, yo quiero que las niñas den su voz, pero el mundo me enseñó a eso, a que otros tenían que hablar por mí, a que otros tenían que pensar por mí. Entonces claro que todo eso hace que odies eso. Y creo que el poder de la palabra te hace, te hace como que comprender y de empezar a perdonar. Para que no caigas en odio tienes que perdonar a fuerzas. Sin ese perdón no hay reconciliación en ese amor. Tienes que empezar a sanar. Y yo te decía, y perdonar no es justificar, es Perdonar es saber qué pasó, pero no lo justifico. Precisamente porque no lo justifico, por eso hoy camino, hablo, llevo, doy, hice este libro, porque no justifiqué eso, pero lo perdoné, sané, entendí, entendí las circunstancias de cada una de las personas que hicieron alguna situación conmigo, ¿sabes?
Eso hablas de la responsabilidad que se tiene de tomar acción, ¿no? Si, si no actúas, eres parte del problema. Y tú saltas primero con un intento fallido a la presidencia municipal y después terminas como diputada local. Y no solo diputada local, sino terminas siendo la presidenta del consejo local, la primera presidenta del consejo local. ¿Qué aprendes de la política desde adentro que no pudiste haber aprendido y que tal vez los que estamos afuera no entendemos?
Primero, que se nos ha dicho a la sociedad civil que la política es mala, sabes. Por eso se lo hemos dejado a ellos mismos, sabes. Porque imagínate, ahora viene el otro momento en mi vida, después de ser activista de política. O sea, imagínate el cuestionamiento ahora, ya no de mi comunidad, ya de una sociedad entera, de decir, Eufrosina se vendió, Eufrosina ya no, pues ya la perdimos, ¿sabes? Entonces, y en esa, en ese bullying político también, porque pasé un bullying político muy fuerte, dices, tienen razón, este no es mi espacio otra vez, aquí la dejamos, porque era todos los días, Oso, el periódico más que circulaba más en Oaxaca, decía el encabezado: una flor más al huipil de la India. Así era todos los días, los 15 días siendo yo presidenta del Congreso de Oaxaca, porque mi osadía fue el haberme alzado la mano a decir: yo quiero ser presidenta. ¿Cómo? La hija de Tío Mingo, Frosina Cruz Mendoza, ¿Sabes? Eso es impensable en un, en un, en un momento histórico de Oaxaca donde por primera vez había una transición de gobierno, donde ningún partido político había obtenido mayoría, y de repente Frosina, ¿cómo? Y el bullying de señalar, de decir, presidenta, justifíqueme esto, cuando históricamente nadie preguntaba eso, sabes. Y en esa fragilidad, pues todo eso hace que no merezcas ese espacio.
Dices una frase que prefería que me llamaran autoritaria a que me consideraran pendeja.
Exacto. Pero ya después, cuando entendí, y tuve que entender cuál era mi papel en ese espacio, de decir me voy a leer la constitución de mi estado, la ley orgánica del congreso, el reglamento. Y cuando empiezas a poner reglas pues me empezaron a decir, es usted una autoritaria. Yo dije, a todo dar, a que yo sea la otra palabrota, sabes. Pero es todo un proceso de reentender también, no de justificar por qué ocupas este espacio, porque tienes derecho, sabes. Porque los seres humanos también pasamos mucho, mucha parte de nuestra vida justificando del por qué ocupamos ese espacio. ¿Sabes? No, es mi espacio. Y aprendí también decir, si no me lo vas a dar, lo he tenido que arrebatar. Eso lo dices mucho, y es un poquito de lo que le digo a los jóvenes: incomoden, arrebaten. Y arrebatar no es una palabra de soberbia, es ocupar lo que me toca, ni más ni menos. Como tan sabio lo dijo mi papá, no te pido ni más ni menos, más que lo que alcance para mis hijas y para mis hijos. Eso es también más lo que me corresponde. Si te incomoda a ti, pues es tu problema, ya no es mío, ¿sabes? Y si no quieres verme, pues levántate tú, porque yo ya no me pienso levantar, ¿sabes? Porque me ha costado. Y entendí, y entender eso también de decir, también me corresponde un espacio en la toma de decisión de mi país. Porque antes de ser indígena, oso, soy mexicana. Antes de ser mujer, soy persona, soy persona. Y por el simple hecho de esas dos razones, de ser persona y de ser mexicana, merezco todo, todo lo que creo que yo merezco, sin lastimar, por supuesto, el que está a mi lado o en mi frente. Y ejercer tu derecho también tiene una corresponsabilidad, que son tus obligaciones. Y parte de tus obligaciones es participar también en la vida política de tu país. Ya sea de manera formal o informal, ¿no? Nos guste o no nos guste, ahí es donde se toman las decisiones, lo bueno y lo malo, para cualquier estrato social, ¿sabes? Pero se lo hemos dejado a la clase política, ¿no? Creo que hay que hacer más conciencia. Sin esa participación, yo no te estuviera hablando hoy de haber reformado la Constitución de mi estado, de haber reformado la Constitución de mi país, de haber tipificado la cohabitación forzada o matrimonio infantil como delito en mi país. Entonces entendí la política como una causa, como un caminito para llegar a modificar eso que mi entorno, que a mí me lastimaba, y en nombrar como lo que es.
Hay algo que platicas de este proceso para reformar la Constitución local, el artículo 25, y dices que aprovechaste un poquito la coyuntura y medio que la pasaste medio de noche, como que no supieron ni por dónde les entró el gol. Y dices que ni siquiera, a ver, aquí lo apunté, ni siquiera quisiste consultar a los líderes indígenas porque sabías que ellos la iban a rechazar. Y entonces mi pregunta es aquí, ¿cuándo, cuándo se decide quién toma las decisiones políticas? ¿Se te eligen para que tomes decisiones por las comunidades, o las comunidades tienen que participar en la toma de decisiones? Después, en el Pacto por México, la reforma energética argumentaste lo opuesto, que bueno, no se estaba consultando a las comunidades. Y no, no es, no es retar, a mí me gustaría entender por qué hice esas dos, esas dos contradicciones, si quieres verlo así.
Porque los derechos no se consultan, porque esa reforma no está afectando al territorio de las comunidades, al contrario, está beneficiando la vida de las mujeres. Interés, sabes. La vida, el que las niñas vayan a la cancha, jueguen canica, estudien, sabes, tomarán la decisión de la comunidad. Y en lo otro no afectaba al territorio de las comunidades, sabes, porque era la reforma, este, eléctrica hacendaria, de, de, en el, dentro del Pacto por México energético, el Pacto por México. A ver, afectaba al territorio, de su agua, de su luz. Lo que yo decía es, podrías argumentar que les traía progreso, progreso, pero siempre y cuando en esa ley yo decía que formaran parte de los comités, que ahí, que ahí no venía. Venía que las instituciones iban a tomar decisiones, pero no las comunidades, no los que habitaban en los territorios, ¿sabes? Entonces era una afectación directa. Aquí Aquí era un beneficio y un visibilizar de participación de la otra parte que integra ese territorio, ¿sabes? Lo que yo estaba pidiendo acá, mujeres y hombres, y acá solamente estaban tomando decisiones los hombres. Entonces eso tampoco no es democracia. Si no es democracia, entonces falta la otra parte, que son las mujeres. Las mujeres forman parte de la toma de decisión, que ese es como el argumento y el razonamiento de Ofrocina de no haber consultado. Porque imagínate, hace 18 años no veníamos en la Constitución. Hoy hay más de 29 mujeres siendo presidentas municipales de sus comunidades. Hoy, en los 417 municipios que se rigen por usos y costumbres, hoy llamado sistemas normativos internos, todas hay 3, 4 mujeres siendo parte del cabildo municipal. Imagínate eso. Y se acabó nuestra costumbre, no, siguen haciendo mayordomía, siguen haciendo fiesta, la comida, la vestimenta. Lo que hoy hay es que cuando llegas a un palacio municipal te recibe la síndica, te recibe la presidenta, te recibe la regidora de hacienda, sabes. Y no sabes qué bonito se siente, sabes, porque hay una voz en donde ya dialogas. O la señora que quiere ir a denunciar denunciar, ya llega con la síndica o la secretaria municipal o la tesorera municipal. Y en el otro caso, en el otro caso era una afectación al territorio para beneficiar a la comunidad. ¿Y qué se requería? Que en el comité de decisión de la inversión estuviesen los pueblos indígenas también como tomadores de decisión. Es lo que yo quería, pero no lo incluyeron, por eso voté en contra, ¿sabes? Que son estas dos razonamientos yo de Frosina de lo que significaba, del por qué el otro sí se pasó sin consulta, a 18 años luz a lo mejor uno que otro me va a cuestionar, ¿no? Y asumo la responsabilidad que eso conlleva porque hoy veo y recorro el que sin eso no estuviese yo hablando de que hoy hay presidentas municipales.
¿Qué significa algo que dices decidir como líder en el momento más difícil? ¿Cuándo tuviste que decidir como líder y cómo se ve eso?
Yo creo que cuando ya tienes, vuelvo y repito, la conciencia de la dimensión de lo que significa tu voz, y no hacer nada ante una situación es volverte cómplice. Entonces está más cañón eso. Entonces un líder toma la decisión en los momentos más difíciles, aunque sepas que a lo mejor el camino que tomas no es el proyecto ideal, sabes, pero sabes que es lo correcto. Entonces yo creo, yo creo en eso, yo, Rosina, y así he tomado mis decisiones donde dicen, estás loca, o sea, ¿cómo crees? O sea, ni lo van a lograr. Pero yo sé que es lo correcto.
No dices que admiras mucho al expresidente Santos de Colombia, y él decía que hay veces que hay que hacerlo, hay veces que hay que hacer lo políticamente incorrecto para construir la paz. Y es un poco lo que está diciendo. ¿Qué es lo más políticamente incorrecto que te ha tocado hacer?
Lo de mi comunidad. O sea, a lo mejor no fue lo políticamente correcto de desafiar las reglas. O sea, vuelvo y repito, creo que es el episodio más qué más me dolió el tomar la decisión de denunciar lo que estaba pasando, porque vuelvo y repito, todos los medios, los que tú quieras, echaron la culpa a Kiehulani, echaron la culpa a los hombres de Kiehulani. Y cuando no fue culpa de Kiehulani, no fue culpa de los hombres de mi pueblo, fue culpa de un sistema que le fue más fácil justificar la no participación de las mujeres en el uso y costumbre, cuando ya me di cuenta que fue la ausencia de una Constitución para que eso fuera, este, facilitar esa participación, que creo que fue lo políticamente incorrecto y doloroso, pero fue lo que se tenía que hacer.
Hay algo que tú expresas frecuentemente, que dices que los subsidios no apoyan a los productores y que hacen dependientes a los receptores. Y pues hoy estamos en un país en el que los subsidios, los programas sociales, son cosa de todos los días.
Que los subsidios que no lleven corresponsabilidad, que hay de repente me cuestionan, o sea, yo lo que yo he dicho, los subsidios que no lleven corresponsabilidad creo yo, Rosina, que no generan ese otro pasito que se necesita, que es hacer que, que eso que ya te dieron lo ocupes para cambiar la narrativa de tu historia. Y yo, y yo soy un claro ejemplo de eso. Yo, de cuando terminé la prepa, yo quería ser doctora, pero pues no había las condiciones, ¿verdad? Y entonces yo dije, pues hasta aquí llegué y me entero de un programa de gobierno que se llama CONAFE. Entonces es un programa en donde te conviertes maestra a tus 17, a mis 17 años yo me convertí. Te capacitan 2 meses previo al inicio del periodo escolar y te mandan a las comunidades donde no hay escuela formal, digamos, donde hay familias de 20 familias, de 15 familias, o de estos migrantes desplazados Entonces te mandan para que seas la maestra de multigrado de estas niñas y estos niños, y la comunidad te da comida durante ese año, y tú das un año de servicio a esa comunidad. Al término de esas dos responsabilidades, el sistema te da tus 3 años de beca. Para mí eso se llama corresponsabilidad, porque participan también todas las partes que conformamos una sociedad. Pero si das un beneficio sin algo a cambio, pues se queda en eso, sin ese compromiso, sin esa responsabilidad. Y lo digo con toda la responsabilidad del mundo, ¿no? Y ese programa es el mejor ejemplo para mí porque me esforcé, di lo mejor de mí, la comunidad me trató, me dio mis 3 comidas y di mi esfuerzo. Me convertí en mi maestro Joaquín. Imagínate eso, donde las niñas no pueden jugar básquetbol, pues fuimos a jugar básquetbol, en donde yo los llevaba al río para despiojarlos, ¿sabes? Entonces me volví en esa figura, y al término, gracias a esa experiencia, tuve mis 3 años de beca ya con la seguridad para llegar a una universidad yo solita. Por eso también digo, mi mejor amiga soy yo. Entonces, en decir medicina no me alcanzaba, derecho, pues era el día que había más demanda. Y dije, no, pues contaduría, ¿no? Y así saqué mi ficha para ser contadora. Pero fueron decisiones que fui tomando en esa responsabilidad, de ese compromiso de decir, ya di mi servicio a la comunidad, me dio comida, a la beca me lo van a dar entregando una boleta, ¿sabes? Una boleta de calificación cada mes. Cada mes entregaba yo mi boleta con la calificación y me depositaban mi beca. Así concluye mis 3 años. Y ahí es en donde, este, tenía yo que mantener un promedio para conseguir otras becas, trabajar, etcétera, etcétera. Pero la fortaleza me lo dio ese primer empujón que me dieron con esa corresponsabilidad y ese subsidio, ¿no? Pero si no hay un compromiso de alguna otra otra parte, creo yo que no funciona.
Has hablado mucho de pobreza en la última hora y haces una distinción muy clara entre la pobreza alimentaria, que dices que en los pueblos no hay porque hay hierbas y verdolagas y que la gente come muy bien.
Aquí en Polanco se llama comida gourmet.
Exacto. Y hablas de la pobreza mental.
Sí, que creo que ese es el mayor reto que se tiene que que cambiar. La pobreza, cuando no tienes este uso de conciencia de cuestionar, de exigir, por supuesto, pero sobre todo de decidir que tú eres la única o el único responsable sobre esto. Hoy, oso, esto que ves es mi territorio, y sobre mi territorio decido yo. Nadie más. Podrán cuestionar, señalar, no soy monedita de oro para caer bien a todo mundo, pero hoy eso ya no me incomoda a mí, porque la única que sabe su historia, la única que ha llorado por su historia, la única que ha abrazado su historia soy yo, y sobre eso decido yo. Y voy a dejar de decidir sobre mi territorio, que es mi cuerpo, el día que voy a dejar de respirar. Mientras, todos los días lo hago, todos los días tomo decisiones, todos los días. A lo mejor no sale a la primera lo que yo quiero, porque en eso también aprendí, Oso, que no existen los fracasos para mí. Existen las experiencias. Pues cada, cada caída que tuve pues me hizo más valiente, decir ya la regaste por ese camino, ahora por este camino, ¿no? 2, en ese territorio también para mí no existe el futuro, existe el hoy. O sea, porque vivimos mucho en enseñar a las jóvenes y a los jóvenes decir sueña, decreta, este construye tu futuro, pero pues te levantas a las 10 de la mañana, pues no hay manera, sabes, no hay manera de que llegue ese futuro. Es hoy. Entendí también en ese territorio que el hambre pasa, pero tus sueños no suceden por arte de magia, sabes. La moda pasa, pero si no das el primer paso, aún con el miedo, porque yo tuve mucho miedo y tengo mucho miedo todos los días, sabes, Pero aún con el miedo, aún con esa soledad, aún con ese abrazo que me faltó, me fui para adelante, me fui para adelante, me fui para adelante, ¿sabes? Pero lo decidí sobre este territorio. Y en este territorio, ¿quién habita? Eufrosina Cruz Mendoza, nadie más. Y sobre ese territorio decido yo y sueño yo, ¿no? Pero todos los días tengo que construirlo hacia donde quiero llegar.
Me queda claro que tu vida no ha sido una vida ausente de dolor, y hay un capítulo casi al final de tu libro, dices el dolor es el antídoto. ¿Qué quieres decir con eso?
Soy solamente Cáncer. En 2021 me quitan una parte de mí, a mi hermana de la vida, a Ivonne. Imagínate esto, siendo activistas ambas, siendo las que impulsamos a las mujeres en participar en el desarrollo de sus comunidades, a que sean presidentas municipales, y de repente en una de esas coyunturas le quitan la vida a tu mejor amiga, a tu hermana, y de repente recibes una llamada. Y esa mañana ibas a tener una reunión con ella y no llegó. Y le mandas mensaje y recibes una llamada y te dicen, acaban de asesinar a la doctora. Y tú dices, no, no, no, no te cabe cabe, no te cabe en la cabeza. Y quieres que eso fuera una pesadilla, este, de no quieres que amanezca. 6 meses pasé, se me secó los labios, las lágrimas, yo tragaba como si fuera granos de arena cuando vas al mar, ¿sabes? Pero ese mismo dolor creo que te da la fuerza para decir y pensar en la persona que ya no está, decir qué hubiese hecho ella si yo fuera la que hubiese estado en su lugar. No callar, porque aparte deja un niño de 10 años, sabes. ¿Cómo se le dice a un niño que mamá no va a regresar? Le quitan a mamá y papá, Oso. Creo que el dolor consciente, porque inconsciente viví el dolor de Ivonne, porque fui yo, fui la que la reconoció, yo fui la que pidió el ataúd, el carro fúnebre, y de repente tú atrás del carro fúnebre y tu amiga adelante, como diciendo esto es una pesadilla. Pero decir al niño que mamá no va a regresar, creo que es el grito que todavía me retumba, el que Orlando me diga, no es cierto, yo nada más quería una familia normal. Y creo que ese dolor es el antídoto, porque te caes y se olvidan de Ivonne. Te caes y Orlando hoy estuviese con posibilidad de delinquir porque vio un país, Oso, en donde no hay un padrón de niñas y niños víctimas por orfandad, sabes, por diferentes circunstancias. No hay un padrón de niñas y niños por orfandad. ¿Y qué significa que es necesario hacer un padrón de niñas y niños víctimas por orfandad? Que creo que es la mayor causa que me heredó Ivonne, el que en este país logremos un padrón de niñas y niños víctimas por orfandad, porque el primer momento debe de haber alguien que pueda contener ese dolor de ese niño. La salud mental Nadie habla de la salud mental de esas niñas y de esos niños que están en esa orfandad. Nosotros hemos llevado a Orlando en este proceso porque ha estado una psicóloga, ha estado una tanatóloga, pues cuántas niñas y cuántos niños no. Y parte de mi labor es eso, pedir que mi país hagan el primer padrón de niñas y niños víctimas por orfandad. Pero imagínate del dolor de arrebatar se volvió esta causa. Tacaño.
Eres tu mejor amiga y dices que hablas mucho contigo misma. ¿Cómo se ve ese ejercicio? ¿Cómo?
Porque desde los 12 años, imagínate llegar a tu cuartito de la minita, este, en lugar de roperito tus cajas de huevo, y aprendes a hablar, de decir, porque no hay nadie ahí más que tú. Tú de decir, chingale, ya se acabó el aceite, y ahora, ¿cómo le hago al arroz? Pues échale agua, ¿no? O la cebolla ya se está pudriendo, pues pélale, a ver cuál sobra. Entonces aprendes a hablar contigo misma y a responderte de verdad, en voz alta o en silencio. Por ejemplo, en mi caso, por ejemplo, que yo hablo zapoteco, yo no sueño en español, yo sueño en zapoteco, ¿sabes? Yo, yo, yo no sueño, este, de este, en ciudades. Yo soy dueño más del campo y etcétera. Es tan fuerte la conexión, creo yo. Y asimismo el, el que como seres humanos aprendamos a hablar con nosotros, porque es verdad eso, la sociedad también te cataloga cuando te atreves a hablar contigo mismo. Estás loco, estás loca, mira, está hablando sola, solo, no. Estás hablando con tu mejor persona, que eres tú. Entonces, un poquito lo que les digo: abrácense, admírense, porque cada una y cada uno de nosotros como seres humanos tenemos una historia extraordinaria que el mundo hace que no sea, pero pues es bronca del mundo, no mía. Entonces creo yo, desde que, desde que, desde que salí, me hablo yo, me hablo yo sola, y mucho hablo conmigo conmigo. Mucho hablo conmigo porque amo también mi soledad, lo amo y lo disfruto mucho. O sea, yo no soy mucho de convivencia, de fiesta, no. Yo después de una conferencia quiero sentarme y a pensar y analizar, y este, qué pasó hoy, chinga, no dije esto, pero yo con yo, sabes, yo con yo. Y eso lo amo y lo disfruto porque creo que crecí así, crecí sin la voz externa, sino que sí con mi voz. Y entonces cuando creces así, claro que amas tu voz, te reconcilias con tu voz también.
Hace un minuto hablabas del miedo, y en el libro cuentas cómo antes de tu primera gran reunión en Ciudad de México, la primera vez que viniste, hablaste con tu miedo y le dijiste que tenía que ser tú tu mejor aliado. Le pediste que te acompañara, pero que nunca te dejarías dominar. Oye, ¿a qué le tienes miedo?
A muchas cosas. A que algo le pase a mi hijo, a Orlando. A que las niñas se sigan casando a los 12, 13 años, ¿sabes? A eso le tengo mucho miedo. O sea, cuando ya eres mamá y papá Tus miedos creo que ya no están en tu territorio, sino que están en el territorio de los que amas, de los que quieres, de tus causas, de que no, no, no salga eso que tú, que tú te visualizas. O sea, eso. Pero en mi persona creo que ya pasé por muchas circunstancias, ya el miedo está, el miedo está al sentarme aquí contigo, el decir, y ahora, porque cada escenario, cada espacio es diferente, y claro que hay esa sensación de, y ahora qué voy a decir, o qué van a decir, pero ya no de, ya no de, ya no me intimida mi miedo. Lo que me intimida es el miedo que algo le pase a mi hijo, a los que yo quiero, etcétera, etcétera. Etcétera, que es bien diferente.
Y cómo negocias con ese miedo cuando, pues sí, el miedo ya tiene que ver con otras personas otra vez, este costo que no sé si estás dispuesta a pagar por algo que para ti es importante.
Ya siendo mamá, creo que hoy te diría que ya le mido, ya le mido a esos costos. Porque ya ese miedo ya es inmensamente mayor que el miedo que tú cargas en tu territorio, porque ya es una tercera persona. Entonces ya le pienso más, ¿no? O ya lo analizo, o ya lo reflexiono, y ya no hago. O sea, cuando yo no era mamá, yo era de pues lo que salga, vámonos si quieren. Es un poquito lo que hice con el pueblo, porque yo no era mamá, o sea, ya era sí papá y mamá, pero ya no era ese amor infinito como, como esa persona directa. No sé si me explico, pero ahora ya le mido. Entonces, cuando, cuando no tienes este esta extensión directa, pues como que vámonos, no. Yo creo, no, como seres humanos.
Dices que a tu hijo Diego le quieres, o si pudieras le heredarías 3 virtudes: la rebeldía, la generosidad y la valentía. ¿Cuál crees que es la más difícil de enseñar?
La generosidad con la valentía, porque rebelde yo creo que mi hijo ya es rebelde. Nada más que pues él ya nació en otra circunstancia, él ya nació con ciertos privilegios, sabes. Y por eso trato yo mucho de llevarlo a los espacios donde voy. Hoy en verano camina, recorre conmigo para que entienda también esa ausencia de mamá, esa ausencia que no llega un Día del Niño, de que por estar regalando ese tiempo a México un poquito. Yo te decía, no, como personas también, ¿qué tiempo le dedicas a México? ¿Qué tiempo le dedicamos a este país? Porque se lo dejamos también a los tomadores de decisiones cuando es nuestra responsabilidad también. Y es un poquito de lo que le enseño a Diego, no, que hoy mamá, su tiempo quizás de él se lo está dando a México. Entonces, que no sepa que es egoísta, pues no, sino que se responde la gente cuando les haces esa pregunta.
¿Y qué dice de México?
Pues algunos, este, en el asiento como que se encogen, se quieren parar, etcétera, etcétera. Pero al final del día yo creo que les dejas como que está esta bombita de decir qué tiempo le dedicas a México, una hora, media hora, o el tiempo de sobra. Porque criticar y cuestionar no es el tiempo de México, sino accionar es el tiempo de México. Desde la trinchera que estemos, desde el espacio más humilde hasta las tomas de decisiones, ¿no? La filantropía también, ¿no? La filantropía también tiene que cambiar la mirada de hacer filantropía Porque pues también yo he escuchado, oso, yo estoy ayudando a los grupos vulnerables, yo estoy ayudando a los niños pobres. No manchen, están yendo a ver a personas, no a grupos vulnerables, no a niños pobres, a niños con desigualdad, sabes. Entonces, desde ese también reprender es dedicar el tiempo a México, porque el reaprender también es dedicar tiempo a México, y es lo que yo quiero que Diego sea, sea valiente, pero también sea más generoso de lo que ya es. Quizás no, a lo mejor es mucha exigencia lo que le estoy diciendo, pero espero entregar a un buen ciudadano a este país.
Reformaste la Constitución de Oaxaca, reformaste la Constitución de México, reformaste el Código Penal haciendo ya delito grave la cohabitación forzada de menores, tienes la fundación Eres sobreviviente de cáncer, estás escribiendo un segundo libro, estás animando, bueno, ilustrando el primero. ¿Qué más? ¿Qué más te falta por hacer? ¿Qué es lo que más te emociona en los próximos 12 meses?
Muchas cosas. O sea, imagínate si no me emocionara, este, no estuviera yo aquí. El venir aquí contigo pues era una emoción también. Creo que si no sintieras emociones de cada uno de lo que haces pues es como hacerlo por obligación. Me emociona hoy, yo, Frosina, el saber que ya vamos 16 estados homologando la tipificación de la cohabitación forzada en mi país. Hace un año empezamos esta cruzada, Oso. Si me hubieran preguntado cuántos estados crees llegar, yo les hubiera dicho 1 o 2, pero hoy, junio, julio, Perdón, llevamos 16 estados, nos falta menos de la mitad, ¿sabes? Eso me emociona, saber que la semana pasada lo logramos en Hidalgo, saber que apenas regresé de Culiacán, Sinaloa, de haber presentado la iniciativa, ¿no? Saber que ahora voy a regresar en Tijuana, vamos a sentar, vamos a hacer la primera vez mesa, el de hacer los protocolos, el saber también que gracias a esa iniciativa ya va a haber el primer caso que se va a judicializar gracias a la cohabitación forzada. ¿Y sabes quién utilizó esa herramienta? La mamá de esa niña que su papá la vendió por $25,000 pesos hace 20 días, $20,000 pesos. Y gracias a esa reforma, la mamá valiente fue a denunciar a su esposo. Y hoy el señor ya esté detenido con la persona que entregó el dinero a cambio de la vida de una niña de 13 años en Chiapas. Pero esa niña ya no va a repetir la historia de su mamá, porque gracias a la valentía de su mamá que fue a denunciar, hoy esa niña va a construir otra historia. Eso me, eso no tienes idea de lo que me emociona, este, se me enchina la piel.
Y debes recibir casos e historias así todos los días.
Ahorita, por ejemplo, llevamos un caso de doña Reinalda. Imagínate, eso es México. Eso es lo que me frustra, pero también me reta. Doña Reinalda vivió más de 30 años con su esposo, no tuvieron hijos. Ese fue el delito de doña Reinalda. ¿Qué pasó? Su esposo falleció. ¿Y qué pasó primero? Sus suegros fueron a sacar a doña Reinalda de su patrimonio, de donde vivió con su esposo 30 años. ¿Por qué? Porque la costumbre es que las mujeres no heredan. Y el primer caso es, fue doña Reinalda. Doña Reinalda no sabe leer, no sabe escribir, no sabe hablar el español. Imagínate el reto. Y el Ministerio Público, en lugar de emitir medidas cautelares para doña Reinalda, emitió medidas cautelares para quien despojó doña Reinalda de su vivienda. Ahora doña Reinalda tiene que contratar la justicia, un abogado, para que le regresen su vivienda. Esas cosas son las que dices, no puede ser que sigas justificando la violencia en la costumbre. Aquí hay un despojo de un patrimonio de una mujer que vivió 30 años ¿Y su delito no fue mamá? ¿Cuál? ¿Y eso qué? Entonces ese tipo de casos acompañamos, imagínate. Entonces, pero también me anima el que pues gracias a la gente que nos abraza en nuestras causas, un libro pues las regalías va para la fundación, o una conferencia, etcétera, etcétera, ¿no? Porque para ir a Baja California pues el avión necesita turbosina, ¿verdad? Entonces, pero eso es lo que lo que me da fuerza todos los días que amanezco. Porque, sabes, porque soy consciente de eso. Y si eres consciente y no haces nada, se llama complicidad. Y mientras que yo esté consciente de esto y tenga yo lo que esté en mis manos, mucho o poco, lo voy a seguir haciendo. Porque creo yo que la vida ha sido muy generosa también conmigo. A pesar de la adversidad, a pesar de todo lo que ya platicamos, ha sido generosa conmigo. Porque si no, hoy yo fuera abuela, yo fuera mamá de 9 hijos y este país me siguiera nombrando víctima o grupos vulnerables. Y una respuesta fácil es: lo que te tocó, pero te acostumbraste. Y hoy le grito que ninguna niña se puede resignar, ninguna niña se puede acostumbrarse. Y por eso incomodo, por eso cuestiono y por eso pues voy a seguir haciéndolo hasta que Diosito me lleve a donde tenga que llevarme, ¿verdad?
Tú naciste el 1 de enero, sí, el día en que todo mundo dice que va a cambiar su vida. ¿Qué se siente tú sí haberlo hecho?
No, es el peor día que un ser humano puede nacer. Imagínate, pues nadie, nadie se acuerda que tú naciste el 1 de enero, ¿sabes? Pero ya después también lo fui entendiendo, ¿sabes? Imagínate, 1 de enero, el nombre. Entonces, en los pueblos, pues papá te ponía de acuerdo al número, al día que naciste. Entonces, en los pueblos siempre había un almanaque viejito. Pues en mi día decía Año Nuevo y Ofrocina. Entonces, pues era Año Nuevo, era Ofrocina, y pues quedó Ofrocina, ¿no? Y por mucho tiempo también, yo te decía hace ratito, odié mi nombre. Porque era de burla también, era Eufrasia, Eufrosio. Tantas cosas no me dijeron sobre mi nombre. Entonces, hasta que me reconcilié con mi nombre en un encuentro que tuve en Madrid, España, en un encuentro de mujeres líderes iberoamericanas hace como 15 años. Entonces vi en el Museo del Prado, imagínate eso. Entonces a mí no me gusta que me guíen cuando yo voy a descubrir en algún lugar. Como siempre he sido así, entonces me separé de los que iban explicando en ese museo. Vi un cuarto oscuro, oscuro ese día. Yo dije, pero resaltaba la imagen, ¿no? Yo dije, ¿qué habrá ahí? Entonces me alejé del grupo, me fui a ese cuarto que nadie hacía caso, ¿no? Y de repente vi 3 cuadros, 3 mujeres desnudas con sus cabellos largos entrelazados lados. Y decía las 3 diosas de la mitología griega. Ah, chingao, dije. Y ahí decía Eufrasia. Y ahí descubrí lo que significaba mi nombre. Yo dije, ay, mira. Entonces descubrí que mi nombre significa alegría. Y eso, y eso he tratado de hacer con mi vida, ser alegre a pesar de los dolores, a pesar de la adversidad, porque entendí también que todos esos sentimientos pasan. Pero nada sucede si no provocas que seas feliz. Nadie lo va a hacer por ti más que tú.
Y con eso en mente, para cerrar, si pudieras, Eufrosina, escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿qué dirías?
Primero, para mí el mensaje sería para las niñas y los niños, ¿sabes? Le diría yo, levanta tu mirada, vete. Y me van a decir que ven el cielo. Y yo le diría a ellos, pues eso es tu sueño, el infinito. Eso le diría a las niñas y a los niños, porque de verdad vivimos en una sociedad que cuestiona, que critica, pero que no le dice a nuestras niñas la verdad. Que la vida en sí misma no es fácil, que la vida no es de échale ganas, tú puedes, que la vida no es de futuro, la vida es de decisiones, que a pesar de los nos que van a tener, sí lo pueden lograr, sí lo pueden provocar, pero es decisión de ellas y de ellos. Y pueden hacerlo como ese infinito de ese cielo, ¿no? Que siempre me decían que el cielo, y aprendí después con mi montaña, el cielo no tiene techo. Entonces, ¿quién chingados es la sociedad para ponerme techo en mis sueños? Entonces, si el cielo ni mi montaña tienen techo, eso le diría a las niñas, que eso escribí diario, que el cielo no tiene techo, entonces tus sueños tampoco.
Pero, Rosina, a ver, mucha gente se despierta un día queriendo cambiar su vida. Y muchos lo hacen y ahí paran cambiando la suya. Tú te llevaste eso a lo máximo que podrías hacer, que es cambiando las leyes de un país para que todas las personas que nacieron con las mismas condiciones que tú puedan cambiar la suya de una manera mucho más fácil. Eres una crack, es increíble lo que estás haciendo. Estoy seguro de que el impacto va a ser por generaciones y seguirá creciendo con las nuevas locuras que se te vayan ocurriendo.
Así que la vida es de locuras también, hay que No tengan miedo de hacer locuras.
El libro Los Sueños de la Niña de la Montaña está disponible ya, 12 reimpresiones en todos lados. ¿Dónde puede la gente saber más de ti, contactarte para conferencias, apoyar la fundación?
En mis redes sociales, que es Eufrosina Cruz, bien facilito, nadie se va a olvidar de mi nombre. En Instagram, Facebook, Twitter, este, de todas las redes que hay, ¿no? Y la página de la fundación es www.todasytodos.org. Para todos los que quieran sumar, no solamente en recursos, sabes, sino que también en experiencias, en especie. Cuando quieras abrazar una causa, no necesariamente la mía, hay tantas causas que podemos hacer desde, vuelvo y repito, desde eso que empezamos a nombrar de manera correcta, eso que reprendemos a vernos con los ojos correctos. Porque vuelvo y repito, la discriminación es violencia, el estereotipo es violencia, el racismo es violencia. Y tenemos que reaprender a vernos con los ojos correctos. Todas y todos somos diferentes y lo único que buscamos es ocupar nuestro espacio en este planeta que es de todas y de todos. Algo que quieras agregar, pues agradecerte, y este, por este espacio de esta conversación, porque también hace 15 años voces como la mía y la tuya estaba cañón que estuviésemos también. Y eso significa que estamos rompiendo muchos paradigmas también, y siempre hay que hacer locuras.
Pues muchas gracias por estar aquí.
Muchas gracias.
Y gracias por el mezcal. Muchas gracias por escuchar este episodio. Y antes de irme, no olvides que si quieres recibir un correo muy corto pero cargado de valor de mi parte todos los días, de lunes a viernes, puedes registrarte para recibir Oso Trava Daily. Todos los días estaré compartiendo alguna noticia, alguna lección, alguna herramienta que pueden ayudarte a ti a mejorar tu negocio, a crecer tu empresa, empresa, a ser más productivo y a tener una vida más plena en general. Así que si no te quieres perder de esta información cargada de valor para ti, simplemente ve a cracks.la correo, déjame tu mail y muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Trava y espero que tengas una semana de cracks.










