In this Cracks Podcast episode, Colombian singer‑songwriter Juanes opens up about the hidden toll of a decade of massive success. He describes feeling exhausted, depressed, and questioning the purpose of his endless tours, ultimately deciding to pause his career despite lucrative offers. While playing acoustic guitar late at night, he experiences a powerful epiphany that reconnects him to the pure joy of singing and playing, reaffirming that his art is driven by feeling rather than fame or money. Juanes recounts his early fascination with Metallica, which shaped his musical ambition, and narrates his risky move to the United States to seek mentorship from Gustavo Santaolalla, enduring financial hardship and uncertainty. He reflects on the relationship between money and artistic value, emphasizing that true value attracts money, and shares his commitment to fairly compensating the musicians he works with. Host Oso Trava frames Juanes as a uniquely enduring and evolving Latin music icon, highlighting the complexity behind his public persona.
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Yo me encuentro en un lugar, estaba reventado, estaba muy cansado. Fueron 10 años, mucho éxito, y de tener giras y de tener conciertos y de tener todo. Miraba a mis amigos de la banda, miraba al público, y yo decía: ¿qué estoy haciendo aquí? Yo quiero estar en mi casa. Muy triste, muy triste. Yo me sentía muy triste, muy deprimido. Yo paro todo. Tenía conciertos y giras adelante, y yo dije: no, no, no, pero ¿cómo vamos a parar? Míralo, este dinero que te vamos a ganar. No, no me importa. A mí no me importaba nada. Siento que me pasé, quizá por la propia ambición, o porque pensaba que podía, o porque no supe levantar la mano y decir: necesito parar. Yo estaba en ese momento tocando guitarra en la noche, en la guitarra acústica, nada del rock, nada había aparecido en mi vida. Y yo sentí una epifanía fuertísima. Esto es para mí, es lo que yo siento cuando canto y cuando toco la guitarra, es más fuerte que cualquier cosa. Nunca pensé en hacer esto por dinero o por fama. Yo pensaba en Metallica, en viajar por el mundo, en hacer la mejor música que pudiera. Sigue siendo mi obsesión realmente. Podría haber hecho cualquier otro tipo de música, pero si no la hubiera sentido realmente, seguramente no hubiera funcionado.
Juanes es uno de los artistas latinoamericanos los más influyentes de las últimas décadas, ganador de múltiples Latin Grammys, creador de himnos generacionales como Adiós Le Pido y La Camisa Negra, y un músico que ha logrado algo muy raro en la industria: mantenerse relevante, curioso y en evolución después de más de 25 años de carrera. Pero detrás del fenómeno global hay una historia mucho más compleja. Un niño tímido en Medellín que descubrió su vocación escuchando Metallica, un músico que pasó por años duros intentando abrirse camino en Los Ángeles, y un artista que después de conquistar el mundo también tuvo que enfrentarse a algo que pocos hablan en voz alta: el colapso que llega cuando el éxito deja de tener sentido.
Y ahí digo que me voy a ir para los Estados Unidos, voy a irme a buscar específicamente a Gustavo Santaolalla. Y todos mis amigos me decían: estás loco, hermano, pero ¿cómo así? ¿De qué vas a vivir? ¿Qué vas a hacer? Estás loco. No tenía dinero y con eso tenía que vivir hasta que te encontrara el contrato. Entonces, cuando yo descubro el metal a los 14, 15 años, a mí se me vuela la cabeza. Pintaba los logotipos en mis camisetas, fue una cosa hermosa para mí. Y lo que pasa es que sigo sintiendo lo mismo, ¿me entiendes? Es lo más cool. Es más, cuando yo tenía 16 años, a nosotros nos llamaban para tocar e ir a Pereira, Bogotá, y nosotros pagábamos los tiquetes, pagábamos. Nosotros queremos tocar, no nos importa, denos la oportunidad. Y nos conseguíamos la plata como fuera. Y cuando he visto que el dinero ha llegado de la manera correcta y que hoy puedo trabajar y puedo vivir y puedo pagarle a los músicos con los que toco. Y cuando uno busca el dinero, nunca llega. El dinero busca el valor. La música me ha dado la oportunidad de vivir de esto.