A short monologue by Julio Frenk arguing that public servants must be willing to resign if fundamental ethical principles are violated and that most public-sector workers (doctors, nurses, teachers) are decent and not corrupt. He warns against selling one’s 'soul to the devil' and contrasts pervasive corruption with the integrity of everyday public servants.
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Que uno no debe nunca tener un trabajo del que no esté dispuesto a renunciar si se violan los principios más fundamentales, nunca debe aceptar un trabajo donde uno no esté dispuesto a renunciar si se violan los principios éticos más importantes para uno mismo, o sea, uno nunca debe venderle su alma al diablo, tiene uno que siempre está dispuesto a decir hasta aquí llegué porque se está violando un principio central de otra manera y sobre todo en el gobierno ya estamos en un cinismo de creer que todos en el gobierno son corruptos, que no, eso sí le venden su alma al diablo, no, desgracia, sigue habiendo mucha corrupción, creo que se ha puesto peor incluso, pero la gran mayoría de la gente que se dedica al servicio público, que no son los políticos, son los médicos que trabajan en el sector público, las enfermeras, los maestros y maestras que están ahí todos los días, que también están en el sector público, esos son los servidores públicos, son gente decente, no corrupta, etcétera, la gran mayoría, no todos, pero la diferencia entre un servicio público que gane la confianza de la gente es que tenga servidores que tengan una ética de servicio y no.