En este relato en primera persona, Amador Montes narra su experiencia como artista mexicano durante su primera exposición individual internacional en Corea del Sur. Tras recibir la invitación de la Galería Pisi, Montes describe su nerviosismo al llegar, su paseo por la zona de galerías y el impacto de encontrarse con obras monumentales de Rembrandt y Picasso. Relata cómo la cultura coreana, marcada por el respeto y valores profundos, lo introdujo a una comunidad de artistas locales y a técnicas asiáticas como el uso de papel fino japonés y tintas, adoptando una estética sobria en blanco y negro que resonaba con su propio estilo. La exposición fue un éxito comercial, vendiendo todas las piezas. Montes reflexiona sobre cómo esta inmersión influyó en su práctica artística, incorporando escritura en sus obras y una fascinación por los motivos de pájaros, y compara este encuentro con su experiencia previa en Oaxaca, donde la escena plástica era más colorida y enfocada en el cartelismo. El relato destaca la transformación personal y creativa que surgió de este cruce cultural.
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Me dice la directora de la galería: pero si quieres camina por aquí, es una zona de galerías, camina. Te veo medio nervioso y a lo que llega la gente. Entonces ya salí, me fumé un cigarro, caminé y entro a una galería así nada más por ocioso y entro y un Rembrandt así gigante, Picassos. Entonces dije: no, no le hagas esto, va a estar bien difícil. Fíjate que primero una galería se interesó mucho por mi trabajo, se llama la Galería Pisi, y entonces me hace la oferta de entrar a hacer una exposición ahí. Cuando llegué a hacer la exposición, pues ya sabes, la gente coreana es muy respetuosa, con muchos valores y principios muy lindos. Y entonces yo estaba descubriendo ese mundo mundo. Me llevaron con muchos artistas, aprendí, aprendí a pegar papel asiático que es muy fino como el japonés, hice tintas. Pero a la vez de la exposición, me acuerdo mucho que estaba la exposición ya preparada, yo llegué como una hora antes y muy nervioso. Era de mis primeras exposiciones internacionales. Me dice la directora de la galería: pero, pero si quieres camina por aquí, es una zona de galerías, camina, te veo medio nervioso. Y a lo que llega la gente, ya salí, me fumé un cigarro, caminé y entro a una galería así nada más por ocioso. Y entro y un Rembrandt así gigante, Picasso. Entonces dije: no, no le hagas esto, va a estar bien difícil. Pues las galerías eran muy potentes. Sin embargo, me fue muy bien, vendí toda la exposición. Ahí me involucré muchísimo con el arte asiático, que hasta la fecha lo tengo muy presente, porque bueno, la verdad es que lejos de admirar a muchos artistas coreanos y japoneses y eso, me parecía como que había una similitud conmigo. No era tan colorido en ese entonces, era más blanco y negro. Ellos también son muy sobrios, y entonces bueno, escriben mucho, y yo también escribo mucho en mis textos, en mis cuadros. Que también es algo muy lindo, muy lindo que me pasó, que yo cuando llegué a Oaxaca, pues los artistas eran muy, muy plásticos. Y yo era diseñador gráfico, entonces empecé a escribir a manera de cartelismo y eso. Y pues bueno, sí fue como un buen, un buen confrontamiento ahí con los artistas de Oaxaca. Y eso también me pasó en Corea, pero bueno, ahí un poquito tuve más relación o más correlación con ellos. Y bueno, la verdad es que al ser mi primera exposición individual, amé muchísimo Corea, Japón, toda esta parte, e influyó muchísimo en mí con los pájaros.