Transcripción de una sección del podcast en la que ClaraLau relata los inicios del proyecto Simigen: cómo la familia Silanes financió y donó un espacio (un antiguo hospital infantil) que había que convertir en laboratorio, las actividades de sensibilización comunitaria sobre embarazos seguros, las subastas para recaudar fondos y los retos de equipamiento. Menciona el apoyo de voluntarios, la escasez de recursos y la percepción —según colegas como Rubén Dryhanski— de que en México faltaban laboratorios de calidad.
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Entonces el Simigen lo fondeaban originalmente la familia Silanes, Toño López de Silanes Entonces llego ahí al Simigen, claro que no había laboratorio, nos habían donado una casa que era un hospital de niños con problemas ortopédicos, y entonces había que hacer de cero, cosa que me encantó, porque yo soy de rectos, me aburro si no tengo retos nuevos. Entonces entro al hospital a trabajar ahí, pero no había nada. Había un baño, un baño para poner el laboratorio. Eso era lo que me habían asignado. Entonces las mañanas me iba a hacer labor social a la comunidad, jeans, una gorrita. Íbamos a la comunidad a concientizar a la gente de la importancia de embarazos seguros, de qué eran los defectos al nacimiento, etcétera, que dar seguimiento cuando estás embarazada, que tienes que comer bien, que tienes que ir con el doctor, que todo lo que hay que hacer y para tener un parto seguro. Luego me regresaba al laboratorio, que no había nada a proyectar, y luego en las noches me vestía de gala y con las voluntarias, que era la familia Silan y sus amigas, nos íbamos a hacer subastas de cuadros, porque Cuevas nos donó, por ejemplo, una serie de cuadros para que los subastáramos así con los artistas. Y bueno, la única condición era que el primer dinero que se obtuviera en era para comprar equipos para el laboratorio, para ese laboratorio chiquito. Conseguimos equipos, lo poquito que me pagaban, porque todavía no era autosustentable, lo donaba para la impresora, para la no sé qué. Y estaba en Tláhuac y yo ya presentando un trabajo muy importante en Roma, estaba a punto de viajar a Roma. Empieza Rubén Dryhanski, No sé si oíste alguna verse Rubén. No, falleció hace dos años. Muy conocido, un internista, un médico internista muy conocido. Rubén y muchos otros fellows de la mayo habían llegado a México y se quejaban de los laboratorios. Decían, pues sí, muy bien toda la medicina, pero los laboratorios no sirven. Cuando había buenos laboratorios, o sea, hace muchos años, hace cuarenta y tantos, pero había buenos y malos laboratorios, como buenos y malos doctores, buenos y malos, como al día de hoy, ¿No? Pero la percepción de la gente en aquel entonces era de que no había buenos laboratorios en México, no había punto.