En este monólogo, el narrador relata una anécdota de tenis en la que su sobrino pierde contundentemente un partido porque juega con una raqueta dañada. Un exjugador de tenis le señala al narrador que la raqueta está rota, lo que provoca que el narrador avise a Rafael, el rival, quien cambia la raqueta pero aún así pierde. Rafael, al ser confrontado, responde que siempre ha asumido la culpa de sus fracasos, creyendo que cualquier error es su responsabilidad. El narrador usa esta historia para contrastar la mentalidad de asumir la culpa propia con la tendencia actual de buscar excusas externas (viento, entrenador, etc.). Defiende una postura de "cero excusas", argumentando que aceptar la propia insuficiencia permite el crecimiento, mientras que culpar a factores externos dificulta el progreso.
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Y mi sobrino hacía un desastre total, perdía 5-0, yo no entendía nada. En esto vino un exjugador de tenis amigo mío y me dijo, oye, tu sobrino no tiene otra raqueta, creo que está jugando con una raqueta rota. Cuando la raqueta está rota, el marco, que el marco está crujido, la raqueta suele vibrar y es muy difícil controlar la pelota. Me acerqué a la pista de Rafael y le dije, oye, Rafael, creo que tu raqueta está rota. Y el tío la miró y dijo, justo así, y la cambió. Siguió jugando. Al final acabó perdiendo el partido. Al principio perdió 6-0 porque iba 5-0 en aquel momento. Acabó perdiendo 7-5 en el segundo y cuando acabó yo me acerqué a él y le dije, oye, Rafael, ¿me puedes decir que un tío después de tanto tiempo de jugar al tenis no sabe ver cuándo una raqueta está rota? Y él me contestó, que fue muy elocuente, me dijo, mira, estoy tan acostumbrado a tener siempre la culpa yo que para nada me hubiera imaginado que era la raqueta la que me hacía jugar mal. Así creció Rafael, sabiendo que cuando las cosas iban mal era por su culpa, era por su culpa o por su, era su responsabilidad. Hoy en día, ¿qué pasa? Y yo lo veo aquí con muchos chicos, cuando las cosas van mal siempre, siempre hay algún factor externo, o el viento, o alguien que se ha movido, o alguien que ha dicho esto, el entrenador que no sabe. Claro, así es más difícil avanzar, ser excusas. Cero excusas. Yo no pongo excusas porque cuando alguien me las pone a mí, yo pienso, este tío es tonto, se cree que yo me las creo. Luego, si yo las pongo, sé que tú no te las vas a creer tampoco. Engañar me podría interesar, pero sé que no me vas a creer. Por eso no pongo excusas. Asumo que no soy suficientemente bueno y no pasa nada. Dices que también hay que asumir que las cosas saldrán mal. Es que hay que asumirlo.