Spanish-language YouTube interview excerpt in which Rivelino recounts his 20–25 year artistic trajectory: he started as a hyperrealist portrait painter to earn money, then shifted toward authorial (personal) work. He practiced intensive realistic drawing and painting with his aunt (a cloistered nun) using repetitive studies (canvases of eyes, fingers, mouths, noses, ears) to train color, position and gesture, and describes persevering through corrections until finding a wooden model hand at La Lagunilla market that matched a difficult pose.
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¿Le preguntó Imaginaste que ibas a estar aquí? Y les dije no, no solo lo imaginé, lo planeé, estoy aquí porque lo planeé. Y fui cumpliendo todas las cosas que me fui proponiendo paso a paso, a un periodo de veinte, veinticinco años. Empecé siendo pintor, hacía retratos. Yo quería ser un pintor hiperrealista. Una de las maneras con las que yo podía ganar dinero al principio era justo haciendo retratos. Entonces había una conexión entre la obra inmediatamente y quién me pedía un retrato. Y esa interacción entre el joven artista y el pos público muy primigenia, va gestando una seguridad sobre lo que tú estás haciendo. Y no paraba. Empecé a hacer cosas ya mucho más de autor que de retrato. Tomé clases de dibujo y de pintura realista con una tía mía que es monja en un convento de clausura. Siempre me daba clases de cómo hacer, por ejemplo, en un lienzo hacíamos puros ojos durante un mes, el ojo viendo hacia la izquierda, el ojo viendo hacia la derecha, el ojo viendo hacia arriba, hacia abajo, el ojo cerrado, con pestañas, sin pestañas, de tal color, de tal color, lienzos de puros ojos, lienzos de puros dedos, lienzos de puras bocas, lienzos de puras narices, lienzos de puras orejas, para ir practicando la gama de color, las posiciones, los gestos. Y de repente había un cuadro en el que no me salía cierta posición, que tenía una mano ya cuando hacía cuerpos completos, le busqué y le busqué y lo borraba y le quitaba y lo volví a hacer. Hasta el lienzo ya estaba un poco pandeado. Y un día caminando por el tianguis de La Lagunilla me encontré una mano de madera estofada y dije híjole, tiene la misma posición que la mano que estoy.