La increíble historia de ClaraLau. Completo en Cracks Podcast con Oso Trava.

ClaraLau recounts growing up in Monterrey, selling mud cakes and lemonades as a kid, arranging weddings as a teenager, and traveling Europe before marrying at 28. She speaks about early independence, Jewish community life, and a formative trip that shaped who she became.
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Para hoy, los estándares de hoy. Era muy joven para los estándares de una comunidad judía, era muy vieja, era ya quedada, lo que ellos no sabían que de quedada no tenía nada, porque yo andaba en el desmadre y en el reventón. Pobrecitos mis papás, imagínate, era la cuarta mujer y hacía lo que se me antojaba. Entonces yo estaba muy feliz, muy feliz en Monterrey, muy feliz lo que hacía, porque ya entonces yo empecé a trabajar muy joven, eso sí, me casé a los 28 años y era muy vieja en aquel entonces te pesaba cero. Yo creo que no puedo decir la mejor época de mi vida, porque todas han sido mejores épocas, pero una época importante fue de los 20 a los 28, donde ya era autosustentable, donde un día les dije a mis papás, pues ya me voy a Europa y me fui sola y conocí cantidad de gente y fue de los mejores viajes y trabajaba y les ayudaba a mis papás, porque desde muy chica trabajé. Yo fui, yo creo que desde los 5 años o 6, porque vendía pasteles de lodo en el zaguán de mi casa y me los compraban. Pasaba la gente en Monterrey, imagínate, los aguanes ahí, ¿No? La escena, las mecedoras, como hacía calor de día, a las 7 ya estaba toda la gente afuera, puras casas, no había edificios meciéndose. Y yo con una prima y a veces con mi hermana que está un poquito más grande que yo, poníamos tablón, tabique, tablón, tabique, hacíamos pasteles de lodo, les dábamos forma y claro, con platitos, ya sabes, de esos desechables pasaban y no los compraban. Después pasé a mi segundo emprendimiento, a vender limonadas, obviamente, y dulces allá afuera. Y luego estando estudiando en la universidad, que trabajé también muy pronto en la universidad, siendo estudiante, ya trabajaba en el departamento de microbiología, pero también hacía arreglos para bodas. Mi papá muy creativo me ayudó a hacer las muestras, porque en Monterrey, estamos hablando de hace 50 años, o sea, en Monterrey no había eso de arreglos para las bodas, ni en México, no existía. Y entonces empezamos a inventar. Hice la primer boda en la comunidad judía de sus arreglos para cigarros y para cerillos, porque se fumaba Florecita la onda. Entonces con mi papá hice las muestras y empezamos a vender arreglos para bodas y muy pronto ya estaba saturada y entonces tenía que decir si trabajaba en el laboratorio, me ponía a vender flores, ¿No? Pero eso me dio mucha independencia desde muy jovencita.










