A short spoken monologue by Hernán Casciari reflecting on the paradox that achieving simplicity in writing and communication is difficult. He argues that making ideas accessible to readers who haven't been exposed to literary references requires stripping language down, a time-consuming and demanding process; simple expression often conceals long craft.
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La simplicidad puede ser deliciosa. Bueno, pero la simplicidad tiene una búsqueda que sí es compleja. Quiero decir, para aprender a escribir de una manera simple, hay que eliminar tantas palabras. Y esa eliminación es tan ardua y te lleva tantos años. Aprender a escribir como quien habla no es sencillo, sino todo el mundo escribiría fácil. Escribir fácil es complicadísimo. Claro, no es tan simple. Yo busco todo el tiempo que me puedan comprender las personas que no leen tanto. Cuando vos te encontrás con un auditorio muy culto, posiblemente sea más fácil conectarlo con una idea. Dostoyevsky, entonces, no hace falta explicar nada. Dice, bueno, sentí culpa. Como Raskolnikov. Dices eso y ya está. Sabes que todo el mundo leyó Crimen, Castigo y sabes. Entonces hay como una complicidad mayor. Pero ahora vamos a explicarle qué es la culpa a personas que no leyeron Crimen y castigo. Ahí está el gran desafío. Eso es lo que me parece a mí, que es complejo ser simple y poder explicarle la culpa al que no leyó nunca un libro. Hay que ser muy sencillo para decirlo, pero eso te lleva mucho tiempo. Por eso me parece que sí es complejo. La música más hermosa no es hermosa porque está llena de arpegios. Es hermosa porque parece que la pudiera haber compuesto cualquiera. Y no es verdad.