Enrique Olvera credits luck in reaching a pivotal moment for Mexican cooking, but success made him uncomfortable. Recognition became addictive, work consumed his life, and constant travel left him unbalanced. He checked into a clinical retreat to slow down and find himself again.
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Yo sí creo en la suerte. Cuando luego digo es que fue suerte y la gente dice no, no fue suerte. Yo sí creo un poquito de suerte porque pues nos tocó un momento de la gastronomía muy especial. Entonces como que yo no tenía como esta intención de tener un lugar protagónico en el escenario de México. Yo básicamente estudia cocina porque me gustaba cocinar y estoy muy agradecido con eso. Pero también al mismo tiempo me sentía un poco a disgusto conmigo mismo. Llevaba mucho tiempo surfeando la ola, como que yo no sentía que estaba en control. Me llegó a pasar que por ejemplo Puyol pues de alguna man tiene ya su propia vida más potente que una sola persona. Entonces de repente como sentirme no a gusto conmigo mismo. Empecé a viajar mucho, básicamente a poner el trabajo como prácticamente todo en mi vida. El reconocimiento es horrible en ese sentido porque también se te vuelve vicio. Y justamente como que en la clínica lo que quería era frenar, como reajustarme a mí mismo, poder entender dónde estaba parado. Sentía que todo en mi vida estaba muy bien, pero yo no estaba contento con mi persona. Había subido muy.