A first-person account by Ángel Losada describing his traumatic captivity experience and its effects on his family. In this excerpt he recalls voice-distorted interactions with captors, improvised wall decorations (drawn cats, word searches), difficulty of escape, and the emotional impact on his young children — the youngest, Pili, was three years old and the others were five, seven, and nine.
Questions this video answers
The youngest, Pili, was three years old; the others were five, seven, and nine.
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Yo decía oye, está el que habla conmigo, ¿No? Está el que habla conmigo. Sí, un golpe. Ay, pues dile que venga, ¿No? Y venía y entonces yo hablaba con él, pero se distorsionaba la voz, o sea, porque se ponen como un lápiz, ¿No? ¿Qué quieres? ¿Qué quiereS? Para no reconocerlo. ¿Pedías algunas cosas? Yo creo que sí, mi propia forma de ser quizás me ayudó mucho en ese sentido, ¿No? Había una sección que era El gato culto en El Universal, y yo lo leía y era una figurita de un gatito, entonces pienso, pintaba yo los gatitos así también en la pared, porque era una pared como de contact, de esas que se pegan. Hice una sopa de letras, puse muchas cosas también ahí en la pared. ¿Nunca pensaste en escapar? Digo, Bosco, muy famoso el caso, estaba encadenado a la pared. Estaba más difícil escaparme de esa manera. Es que es difícil escaparte, y más siendo. Si, es un grupo hasta cierto punto muy profesional, pero la verdad yo diría que fue una experiencia muy dura, traumática en cierta forma para el que está adentro y para los que están afuera, porque los de afuera no saben qué está pasando. Mis hijos estaban bien chiquitos, la más chiquita tenía tres años, Pili, los demás tenían cinco, siete y nueve. A ellos se les dijo que había pasado, no que me había ido a un curso a McDonald's, a Chicago ni nada de eso, sino. Tu papá se lo llevaron. Fue duro para ellos, pero bueno, aquí estoy, mira, y la verdad es bueno poder contarlo porque desgraciadamente algunos no lo han podido contar.