Marian Rojas Estape: El Efecto de las REDES SOCIALES

Clinician Marian Rojas Estapé discusses how social media algorithms fuel stress and inadequacy through endless self-improvement content. She describes deepfakes that forced her to delete Instagram, introduces the concept of "cruel optimism" about controlling media use, and critiques the impossible standard of the "pluscuamperfecta" woman. She offers practical strategies: set priorities, delegate, uninstall apps, and stop feeling guilty for what you don't do.
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O sea, yo, por ejemplo, yo no tengo, o sea, yo tengo unas redes sociales, pero me las llevan. De vez en cuando me la descargo. Soy de las que me la descargo, me la quito porque intento no tenerla. Pero yo misma, conociéndolo, alguna vez que me tengo que meter para buscar alguna cosa, me abrumo. A mí mis algoritmos me llevan a todo tema de well-being, de crecimiento personal y no sé qué. Y digo, uf, cantidad de información, por Dios. O sea, a mí misma me agobia.
Yo dejo de seguir a gente porque digo, es que no estoy haciendo lo que están haciendo ellos.
Y me frustro.
Gestionas ese nivel? Yo el otro día estaba en una cena con mucha gente que está muy metida en este rollo de desarrollo personal y siempre tienen mentores y sesiones y grupos. Y les dije, sabes qué, yo ya decidí que hay que bajarle dos rayitas. Entonces, ¿qué es lo que haces tú? ¿Cómo gestionas tú esta ansiedad de lo que no eres?
Bueno, yo hace un— hace unos meses me tuve que volver a descargar Instagram porque he tenido un tema de inteligencia artificial con deepfake, con más de 500 canales falsos. Entonces bueno, he tenido que agradecer a YouTube que después de muchísimo ya hemos conseguido que el 80% se quite. Pero ha sido un año muy, muy complicado para mí porque era pues un desprestigio, en mi opinión, porque claro, la gente me mandaba vídeos que no eran míos. Entonces yo decía, es que esto no tiene nada que ver con lo que yo hablo, ¿no? Y entonces yo supongo que por los algoritmos y tal me tuve que estar metiendo y en YouTube y en tal para ir viendo qué se me habían quitado, qué no habían quitado y tal. Entonces, claro, todos los algoritmos me ponen temas de cortisol, estrés. Entonces llegó un día que estaba yo buscando cosas y digo, yo no sé nada, yo no sé nada del cerebro, yo he perdido, he perdido. Digo, qué horror. Y entonces me entró como una angustia porque empecé a ver todo. Eran todas las personas que deben de hablar de algo parecido a lo mío en todas las redes sociales por el algoritmo. Entonces era un tío japonés con subtítulos, una persona de Brasil, un no sé qué. Y entonces dije, Dios mío, no estoy al día, no estoy al día. Tengo que dejar de seguir adelante. Entonces me quité el teléfono, me fui a hacer deporte, volví y dije, no, lo que tengo que quitarme es Instagram. Lo que tengo que quitarme es Instagram. Porque uno hace lo que puede. Quiero decir, yo no puedo estar al día. Y mira que intento estar, pero que no puedo estar al día de lo que las redes sociales me están informando. Entonces yo soy bastante dada a tener un control temporal porque a día de hoy, por cómo están diseñadas, Ahí no me acuerdo ahora cómo se llama, pero hay una psicóloga americana que lo llama el optimismo cruel. Y es que es pensar que nosotros podemos gestionar esto solos. Como creo que leí en el libro de crisis de atención de Johann Hari, creo que lo leí en su libro, que decía, no, es como poner en la puerta de un colegio una mesa llena de chucherías y caramelos y tal, y pretender decirles a los niños, no, cuando salgáis del colegio, o sea, 5 de la tarde, 4 de la tarde, 3 de la tarde, que nadie agarre nunca un caramelo porque es malo para los dientes, es malo para tu salud, es malo para el azúcar, es malo, ¿no? O sea, es utópico, es un optimismo cruel, ¿no? Pues yo creo que hay una parte que es muy difícil solos conseguirlo. O sea, te tienes que hacer tanta violencia en algo que es una vulnerabilidad del ser humano, que es la validación, el saber, el estar informado. Es que está dentro de nuestra esencia. Entonces, Creo que a veces hay que ponerle puertas al campo. Y entonces a veces es decir, mira, 10 minutos, lo que me toque, y ya sé que esto es un escaparate. Porque es un escaparate. La gente cuando sube los filtros, me decía un cirujano plástico hace un año que a él le vienen ahora las chicas con la foto del filtro. Óperame así, quiero así, que me quede la cara así. Y van a los dermatólogos y a las cosas estéticas. Quiero esto. Claro, tú te estás viendo y luego te miras en tu espejo de tu casa y te pegas un susto. Porque claro, yo entiendo que todo el mundo quiere estar guapo. Si es que es normal, es que la belleza siempre ha atraído a lo largo de la historia. El problema es que cuando nos enfrentamos a la vida real no estamos siendo capaces de gestionarlo, porque la vida real, como decías tú, es imperfecta. Es que las familias son imperfectas, las vidas son imperfectas, nuestra salud es imperfecta, nuestros hábitos son imperfectos y estamos viendo un escaparate donde vemos vidas perfectas o gente que busca hacer cosas en todas las facetas de la vida. Aquí el problema que yo veo es que tú te metes en un escaparate de vidas donde tienes al que hace deporte, al que está de viaje, al que está cuidando la alimentación, al que se compra, a la guapa, al delgado, al no sé qué. Entonces, es tal la cantidad de facetas de la vida a las que es imposible llegar. Porque yo siempre digo que hice un podcast sobre esto de la mujer pluscuamperfecta, y es la mujer que piensa que tiene que tener las 8, 10, 15, 20 facetas de su vida siempre al 10. Siempre perfectas. Es imposible. Nos enfermamos. El perfeccionista es el eterno insatisfecho. Vivimos en estado de alerta. Entonces hay que aprender a renunciar y decir, oye, voy por— ahora es mi familia, ahora es mi cuerpo, ahora es mi salud, ahora es mi relación de pareja, ahora es mi trabajo, ahora es la reforma de mi casa. Es decir, son diferentes temas.
Quería llegar, dices que conciliar es elegir y renunciar sin culpa.
Total, elegir Y renunciar sin culpa, eso es conciliar. Es decir, durante mucho tiempo hemos pensado que conciliar era llegar a todo. Para mí conciliar, 4 hijos y una consulta, ha significado renunciar sin culpa. Es decir, yo tengo menos vida social, viajo menos, he dejado de viajar por España, por ejemplo, que antes iba a dar conferencias, pero la logística familiar me era imposible, me era muy complicada, no conseguía yo llegar. Hay cosas que he tenido que decir que no. Es decir, para ir a tu viaje, tú y yo sabemos que tenía que conciliar con un tema familiar importante y hemos buscado la manera de poder hacerlo, pero era muy complicado. Y creo que para poder conciliar uno tiene que tener las prioridades muy claras. Ojo, que las prioridades de hoy quizá no son las prioridades de dentro de un año. Es que quizá las prioridades de hoy es que tengo un hijo enfermo y tengo que estar más en casa. O quizá las prioridades de hoy es que estoy en un momento profesional importante y tengo que hacer algo más por lo profesional. O quizá ahora tengo un familiar enfermo y tengo que estar más acompañando a este familiar al médico. Es decir, pero cuando uno tiene claras las prioridades y sus valores, elegir no se hace tan complicado. Pero cuando uno no tiene claros sus valores y sus prioridades, vive abrumado constantemente. ¿Por qué? Porque uno entra en el FOMO, el fear of missing out. Tengo que estar en este evento, tengo que ir a la escuela de mis hijos, tengo que estar en este tema profesional, tengo que estar guapo, ir al gimnasio. Es que no se puede. Yo Creo que no se puede, al menos, y yo incluso recomiendo aprender a delegar, a renunciar y decir— Yo lo dibujo con mis pacientes con una línea y con flechas y le digo, hablemos de todas las facetas de tu vida. Tu relación de pareja con tu esposo, con tu esposa, con tu novio, tu salud, tu ocio, tu trabajo, tu dinero, tus hijos, tus padres, tus amigos, tus facetas. En mi caso, la lectura, la investigación, Y decir, vale, en este momento de la vida, ¿a qué le tengo que dedicar tiempo? Y qué va a salir un poquito perjudicado. Nada puede suspender, México Cruz dice reprobar, nada se puede reprobar. Pero, y menos la salud. Y habrá momentos en la vida en el que uno tenga que decir, ya, pues es que ahora me tengo que cuidar porque es que si no me voy a enfermar. Pero efectivamente es elegir y renunciar sin culpa, porque la culpa es el gran veneno, ojo, La culpa y sobre todo la culpa en la mujer, es como una especie de voz interior negativa. Que nos machaca constantemente. No conozco ninguna mujer que trabaje, que concilie, que tenga hijos, que tenga familia, que no me diga que en algún momento del día tiene culpa. Porque estamos aquí, pero estamos allí, estamos allí, pero estamos aquí. Debería haber hecho esto más. Y esa culpa nos arrastra tanto y nos quita energía, nos genera tristeza, nos bloquea, nos impide muchas veces crecer o entregarnos de la forma más sana posible, sea la parte profesional, en la parte afectiva, en la parte de pareja, porque siempre hay una pata que falta siempre.
¿Cómo lidiar con la culpa? No creo que sea exclusivo para las mujeres. Entiendo que las mujeres puede ser más común verlo, que se exprese, pero yo creo que todos en algún momento sentimos culpa de no estar siendo lo que podríamos ser. ¿Cómo lidiar con esa culpa? ¿Es bajar nuestras expectativas? ¿Es permitirnos la imperfección?
¿Es una mezcla de las dos? Yo creo que hay una culpa a veces que es real. Es decir, pues tengo abandonado a mi familia por mi trabajo y me siento culpable. Entonces siempre es importante escuchar de dónde viene, porque cuando hay algo ahí que surge hay que escucharlo. Es decir, no hay que anular. Si uno tiene a su padre enfermo en una residencia que está o que vive solo y mi voz me dice, no estás yendo a ver a tu padre, no se trata de decir, ay, no lo voy a escuchar. Es, oye, pues quizá no estás yendo a ver a tu padre.










