In this episode of Cracks Podcast, host Oso Trava interviews 24‑year‑old extreme‑sports athlete and content creator Mau Otero. Mau recounts his upbringing as a kid who felt out of place in school and how his father’s cautionary advice sparked a rebellious drive to test limits. He details a litany of daring feats—surfing massive waves at Nazaré, wingsuit flights, base jumps, a 50‑meter apnea dive, landing on a galloping horse, and crossing buildings on a slackline—illustrating his identity as a “poliatleta.” The conversation shifts to a harrowing base‑jump accident in Brazil, after which Mau stopped jumping base and reflects on the fragility of life. He explains his mental framework: initially planning for everything to go wrong, then learning to visualize success, using the horse analogy to avoid fixating on potential failure. Mau concludes with a philosophy that every day could be the last, urging a mindset of living each day fully and treating each moment as a new opportunity.
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La noche anterior Protección Civil nos dijo: ya no lo pueden hacer. Era un equipo enorme y yo sentía toda la responsabilidad. Y en el momento que yo estaba sentado ya nadie me hablaba. Yo lo único que quería era cruzar y...
Estás teniendo resistencia de parte de las personas más importantes en tu vida.
No puedes caminar arriba en un precipicio. Mi papá me decía: oye, pero ¿qué estás haciendo? Entendible, ¿no? Tu hijo quiere saltar de un avión, pues estás loco. Fue culpa de mi papá porque una vez en un viaje familiar nos dijo: bueno, para que se les quite ¿Cuál es la espinita? Vamos a saltar todos una vez en la vida. No, pues descubrí lo bueno. Yo soy Mau, te voy a contar la historia de la aventura más grande.
Mau es un poliatleta y creador de contenido de deportes extremos. Tiene solo 24 años y ha decidido medir su vida de una forma muy diferente y muy poco común. No por diplomas, no por cargos, sino por límites cruzados. Mau ha surfeado olas gigantes en Nazaré, saltado en wingsuit, hecho base jump, bajado 50 metros en apnea, aterrizado sobre un caballo a galope y cruzado edificios en cuerda floja. Pero detrás de los videos espectaculares hay una historia mucho menos evidente, la historia de un niño que se sentía raro en la escuela y que encontró en el deporte una forma de entenderse que convirtió el miedo en una metodología. Tienes esta teoría del caballo, ¿no? Que el caballo va a donde voltea a ver, entonces que mejor no volteas a ver lo que puede salir mal. Háblame de un poco de estos dos lados de la misma moneda.
Es que se divide en dos. Tú haces tu plan en base a que todo va a salir mal, okay, no va a abrir. ¿Qué sigue? En el salto ya no estás pensando en que no te va a abrir y solamente visualizas lo que va a ser, ¿no? Yo viví un accidente en Brasil muy fuerte. Desde ese día no he saltado base. Instructor nos dijo: hay un lomito en la pared que lo tienen que librar. Si no saben saltar bien, no vengan. Todos fueron. Salto, aterrizo, saco mi teléfono, salta alguien más, lo grabo, se va para abajo, para abajo, para abajo, y veo que choca en la montaña. Le abre el paracaídas, le hago zoom al teléfono y veo la cabeza así. Nada más me dice él: sobrevivió, vive como si todos los días son sábado. O sea, todos los días puede ser tu último día, todos los días es una nueva oportunidad. Estamos aquí nada más un ratito, hay que sacar el máximo a lo que somos.