In this first‑person narrative, the artist recounts how he created a painting titled El gallito de Diego to finance the birth of his son, Diego. Facing a lack of funds for his partner Mari’s hospital delivery, he borrowed money from Armando and, for the first time, asked gallery owner Dora Luz for a loan, promising to repay it with the sale of a future work. The loan was quickly repaid when the painting sold, covering the hospital bill and allowing the child’s birth. The buyer, Gerardo, a politician from Oaxaca, later sent the painting back with a letter stating it belonged to Diego, gifting it to the child. This gesture forged a lasting friendship and ongoing support for the artist’s projects. The experience convinced the narrator that he could sustain himself as a painter, reinforcing his belief that art can be a life‑changing force. He also reflects on the broader community of artists and patrons, noting how such serendipitous events have repeatedly guided his career.
Chapters
Y entonces en la exposición hice un cuadro para Diego que se llamaba El gallito de Diego. Y entonces cuando ya Mari iba a dar a luz, la interné en una clínica particular y yo no tenía dinero para eso. Le pedí dinero a Armando y le dije: Armando, ayúdame para esto. Me dijo: Sí, yo te ayudo. Y yo bajé a la galería y nunca había pedido dinero prestado, nunca en mi vida. Nunca tuve la necesidad de hacerlo porque con muy poquito era, pues ya feliz. Pero esta vez sí tenía que hacerlo. Entonces fui y le dije: Oiga, Dora Luz, le quiero pedir un favor. ¿No me puede prestar dinero para que nazca mi hijo y así pueda yo? Tengo un cheque, velo a cobrar Y cuando se venda un cuadro, yo me cobro. ¿Te parece? Trato hecho. Y ahí voy al banco, cobro el dinero, voy a pagar al hospital. Eso pasó en horas. Nace Diego. Ya le dije a Marique que no se preocupaba, que ya está todo pagado. Me dio mucha alegría. Voy a ver a Dora Luz para decirle que ya había nacido mi hijo. La galería y la clínica está a una cuadra y media. Me dijo: ya ni me tienes que pagar, ya se vendió un cuadro. Dije: ay, qué padre, Dora Luz, qué buena onda, qué bien. Me dijo: y el cuadro que se vendió es el de Diego. Entonces ese niño se autofinanció su nacimiento. Entonces te quiero decir una cosa, tienes que echarle muchas ganas y seguramente esto va a cambiar tu vida. Entonces la verdad es que sí, sí, a partir de eso sí entendí que podía vivir de esto, que tenía que hacerlo, que me encantaba hacerlo y que sí me quería dedicar a ser pintor. Pero bueno, hasta ese entonces. Me contaste también que la historia de ese cuadro no termina ahí. No, no termina ahí. Pasaron los años. Bueno, Diego, la señora Lulú publica en el periódico, pues fue muy lindo, y el que compra el cuadro lo lee en el periódico, que era un político ahí en Oaxaca, que después hizo mi compadre. Y ¿dónde está yo? En el centro, en Oaxaca. Y oigo Que me dicen compadre, Gerardo tiene una voz muy peculiar. Entonces compadre, compadre, somos compadres porque yo compré el cuadro de Diego con el que nació. Gracias, hermano, no sabes, no sabes lo que hiciste, te lo juro que no tenía para pagar y gracias y no sé qué. Y nos hicimos muy amigos. Pasaron 2, 3 días, llego de trabajar y me dice Mari del taller y me dice Mari, mira lo que llegó acá a la casa, una caja. Cuando la destapamos era el cuadro de Diego y una carta de Gerardo diciendo que ese cuadro pues no le pertenece a él, que le pertenece a Diego y que quería que yo me lo quedara. Pues la verdad es que fue muy lindo, se lo regalé a Diego, Diego lo tiene hoy en su departamento. Y después, pues la verdad es que me acompañó Gerardo, mi compadre, mucho tiempo en otras, en otras cosas, en otros proyectos. Y bueno, creo que la vida nos ha llevado a hoy poderle también regresar un poquito de esta ayuda, este acompañamiento que tenemos como personas juntos en este proyecto de vida que sin querer pues nos unió, ¿no? Y lo que nos unió fue el cuadro. Dora Luz decía que los artistas que ella había conocido, como Rodolfo Morales y así, siempre habían tenido como una estrella muy especial. Y yo lo empecé a creer conmigo porque me empezaron a pasar cosas que nunca en mi vida me habían pasado tan peculiares como este tipo de cosas. O este tipo de historias, pues tienes varias de esas y me contaste un par. Sí, sí, tengo muchas de cómo los cuadros me han llevado a mí. Yo nunca había ido, el único viaje que había hecho había sido a México.