Pepe Aguilar recounts intense personal experiences used as rites of passage: crossing a narrow, 30-meter cliff path step-by-step under strict instructions, participating in a firewalking exercise (mentioned) and meditating in a cemetery with exposed corpses. These experiences taught him to manage fear, recognize mortality, feel profoundly alive and fortunate, and apply the lesson — take deliberate, solid steps — to life generally.
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Pasamos por un acantilado con como 50 metros de altura para abajo y como un metro y cachito nada más de ancho. Entonces este cuate decía, si hacen lo que les digo, les garantizo que no va a pasar nada. Si se alocan, pues su vida va de por medio. Si te desesperas y te da un ataque de pánico y no puedes hablar, o sea, te pueden ayudar pero no puedes hablar. Ayúdeme que me da miedo y pánico. Nada, yo le tengo miedo a las alturas, será porque mido un. ¿Noventa y seis? No sé, pero pues ahí vamos. Y las instrucciones fueron muy claras, cada paso que des, tienes que estar seguro de que te puede sostener. ¿Entonces das el paso, sientes tu peso, ya que está bien, das el siguiente paso, eran como 30 metros lo que teníamos que pasar, ya que terminamos y que pasamos, pues la analogía era con la vida, no? ¿Ahí dice, esto que acaban de hacer es la vida, la vida es así, cada vez que vayas a dar un paso, fíjate que esté bien sólido donde estás pisando y aunque te tardes lo que te tardes por cruzar, lo que sea que quieras cruzar, cada paso tiene que ser igual, cada paso tiene que ser sólido, cada paso tiene que ser seguro, aunque te tardes lo que te tardes, no? Pues así la cabeza, pum. Porque lo puedes aplicar a todo, absolutamente a todo, hay que correr. Y también tiene que ver, al ratito te voy a platicar con la caminada en el fuego, es lo mismo, es más o menos similar, o sea, es antinatural, counterintuitive completamente, o sea, entra el instinto de supervivencia inmediatamente y no lo quieres hacer, pero te sobrepones y te das cuenta que puedes hacer más cosas de las que crees. Entonces, bueno, eso fue uno luego nos puso a meditar en un panteón, llegando el primer día así, póngase en Indonesia, donde estaba lleno de cuerpos pero por fuera no están enterrados, pues unas experiencias muy shockeantes, de verdad. Entonces, a ver, escojan su lugar y a meditar. No huele porque creo que es el banyam, el árbol banyam se llama, tiene unas propiedades que hacen que se absorba el olor pútrido, huele, pero no, no huel. Y están, hay cuerpos ahí descarnados y las moneditas que les llevan sus familiares, les llevan comida, etcétera. Y en un bosque hermosísimo, y yo vi a un cuate que no se viera tan con carne uno, que ya fuera más calavera que otra cosa y pues ahí me senté y a meditar y también me cambió la vida porque entiendes la muerte de otra forma, me hizo sentir tremendamente afortunado, tremendamente vivo y tremendamente efímero, o sea, fue muy bonito. Sí, se me murieron mucho conceptos ahí en ese momento.