Pepe Aguilar meditated among decomposed bodies in an Indonesian forest on his first day there, under a banyan tree where families leave coins and food offerings. The experience left him feeling intensely alive and aware of how quickly life passes.
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Llegando el primer día así, póngase en Indonesia, donde estaba lleno de cuerpos, pero por fuera no están enterrados, pues OK, unas experiencias muy shockeantes, de verdad. Entonces a ver, escogan su lugar y a meditar. No huele porque creo que es el banyam, el árbol banyam se llama, tiene unas propiedades que hacen que se absorba el olor pútrido. Huele, pero no huele, pero sí huele. Y están, hay cuerpos ahí descarnados y las moneditas que les dieron sus familiares, les llevan comida, etcétera. Y en un bosque hermosísimo y yo vi a un cuate que no se viera tan con carne, uno que ya fuera más, más calavera que otra cosa. Y pues ahí me senté y a meditar y también me cambió la vida porque entiendes la muerte de otra forma. Me hizo sentir tremendamente afortunado, tremendamente vivo y tremendamente efímero.