PSIC EXPERTA EN NIÑOS: - "Estás dañando el vinculo con tu hijo"

Oso Trava talks with child psychologist Marcela Escalera about attachment and parenting. They cover emotional availability, setting limits without damaging your bond with your child, and how technology affects vulnerable kids. Escalera shares practical steps to strengthen connection based on Dr. Gordon Neufeld's model.
Chapters
No se trata, Oso, de hacer hijos felices. No es así.
Híjole.
Nuestros hijos necesitan llorar, necesitan frustrarse, necesitan perder. Créeme que conozco muchísimos métodos de crianza y ninguno tiene más límites que este. Evitándoles el dolor, hoy tenemos una incidencia de niños ansiosos, deprimidos, con problemas de conducta alimentaria. Tenemos tantos problemas porque hemos evitado que vivan su vulnerabilidad.
¿Qué pasa? Si el que tiene que cambiar no es el niño, sino el adulto. Llevabas 30 años siendo psicóloga atendiendo a niños con necesidades de algún tipo especiales, déficit de atención, procesamientos sensoriales, y dices que llega un momento después de 30 años en el que te das cuenta que te cae un veinte.
No todo lo que es normal es natural. ¿Qué necesitaban ellos para convertirse en lo que estaban llamados a ser, para florecer? Era mi parte de la ecuación que no tenía. Y te voy a decir cuál es la primera parte. El algoritmo los tiene leídos completamente. Son el ser más vulnerable hacia el cual está yendo la tecnología. Somos los adultos los que lo tenemos que regular. No compite con nosotros, Oso, compite con su necesidad de conexión. Hay papás que no han visto a sus hijos a los ojos hace semanas y hay papás o mamás que tienen un vínculo muy lastimado en la adolescencia y que si hoy tratan de voltear a ver ese hijo van a encontrar así, las espinas.
Para unos papás así da resultados, para otros No tienes un hijo de 13, 14, 15 años que te das cuenta del cual ya no tienes el corazón. ¿Cómo se recupera? Hola y bienvenidos a un nuevo episodio de Cracks Podcast. Yo soy Oso Trava y entrevisto cada semana a las mentes más brillantes para dejarte algo único y práctico que puedas usar en tu vida diaria. Recuerda que si eres empresario, emprendedor o lideras un equipo, este 8, 9 y 10 de octubre sucede Business Masters Live 2026, el evento más intenso y más íntimo de negocios que hago cada año, este en su cuarta edición en Ciudad de México. 3 días para que tú y tu equipo se entrenen en conjunto sobre las 6 palancas que detonarán el crecimiento de tu negocio. Así que si quieres crecer con tu equipo, si quieres alinearlos y quieres conocer no solo a 17 speakers extraordinarios que son constructores de compañías, sino a cientos de emprendedores como tú, simplemente ve a businessmasters.mx y yo te espero en el mes de octubre. Mi invitada de hoy es Marcela Escalera. La puedes encontrar como @marcelaescaleraoficial. Y hoy Marcela y yo vamos a hablar del reto más difícil que he enfrentado y que enfrento en mi vida. Y no, no es levantar capital, no es construir empresas, es criar y educar a mis hijos. Es el único juego donde sobran teorías, el resultado lo conoces 20 años después, y siempre, siempre siempre sientes que lo estás haciendo mal. Marcela es experta en el modelo de desarrollo desarrollado por el Dr. Gordon Neufeld y fundadora del Diplomado Crianza con Vínculo. Hoy Marcela me va a explicar por qué poner límites no alcanza con un adolescente. Me va a decir qué significa que un hijo le entregue el corazón a sus amigos en lugar de a sus papás, y por dónde empieza un papá que siente que ya perdió esa conexión. Así que espero que disfrutes de esta muy educativa y muy importante plática con Marcela Escalera. Marce, bienvenida a Cracks Podcast.
Encantada de estar aquí, muchísimas gracias.
Oye, como te decía ahorita que empezamos a platicar antes de grabar, para mí hoy es un día muy especial. Llegas en un momento que para mí es importantísimo. Hoy en la tarde me voy de viaje, el viaje anual que hago con cada uno de mis hijos. Hoy me voy a Mérida en la tarde con uno de ellos, y bueno, pues quiero usar esta esta oportunidad como para tomar una mentoría personal. Me disculparán todos los que escuchan Cracks, pero ya saben que cuando las preguntas nacen de curiosidad genuina son las mejores preguntas. Y la verdad es que ser papá es el proyecto más difícil, más retador y más importante que yo he abordado en toda mi vida. Y no hay día en que no sienta que lo estoy haciendo mal. Hay tantas teorías, tantas corrientes, y lo peor de todo es que el ciclo de retroalimentación de la paternidad es tan largo En 30 años vamos a ver si la regamos o no, no. Entonces vamos a dar bandazos, que nunca sabes si le está haciendo bien. Entonces me encanta tenerte a ti.
Muchas gracias.
Me siento muy afortunado. Y antes de entrarle al meollo del asunto, pláticame la historia del mapache.
Pues fíjate que te contaba que cuando éramos chicos, yo vivía en Veracruz, soy de Veracruz, y bueno, mi abuelo un día le habló a mi hermano y le dijo: oye, tengo una mapachita que se quedó en la en el nido porque mataron a la mamá. Era verano, mi hermano se fue, y mi abuelo lo enseñó a cómo— mi abuelo era carpintero y tenían un techito en la parte de arriba, y la mapachita se subió para allá. Y entonces le fue enseñando a mi hermano cómo el primer día solamente ponerle agua, no, y ellos bajarse, y luego ponerle agua y poquito a poquito estar ahí pero lejos, y que la mapachita fuera saliendo de ese espacio. Hasta que llegó un momento en que le compró un guante de carnaza, se lo puso, y la mapachita empezó a comer de su mano. Pero fue proceso de todo el verano, ok. Llegó un momento en que ya la mapacha se le subía a mi hermano y andaba con él y se fue a vivir a nuestra casa, no. Ya no la llevamos a Veracruz y era la mascota de la casa, era como tener un osito, una cosa divina. O sea, se acostaba él con la manguera, le poníamos y tal. Se iba con mi hermano y lo perseguía, caminaba atrás de él. Y un día se fueron a la playa, vivíamos muy cerca de la playa, y jugaban fútbol. Y de repente voltea la mapacha, siempre andaba por ahí agarrando cangrejos y lo que fuera, y voltea y la mapache no está, no, y no está, y no está, y desaparece. Y bueno, fue un drama familiar, la buscamos por todos lados, este, y pues ya después de toda la tarde se hizo de noche, y yo, y yo bueno, lloraba amargamente en mi cuarto, y que agarro y que me salgo de mi casa, me voy en bicicleta y le empiezo, este, se llamaba Pachina, Pachina, ya sabes. Y de repente en la oscuridad veo unos, estaba atardeciendo, y veo unos pescadores con unos palos, este, y como que me acerco, era otras épocas de la vida, me acerco y estaba la mapachita adentro. Y entonces le grito: Pachina. Y se viene corriendo y se me sube y me abraza. Ellos tienen un olor muy especial cuando se estresan, o sea, llena de ese olor, ya sabes, que es, pero como que yo fui ese lugar, ese refugio que ella necesitaba. Y en ese momento, porque segregan, tienen unas glándulas muy especiales, y en ese momento algún pescador me dijo: No, no, no, pues la estábamos agarrando porque se come. Usted no sabía que se pueden, los tamales son muy buenos. Y yo: ¿Cómo? Y para mí fue un momento Bueno, de entrada fui la heroína de la historia porque ya todo mundo se había dado por vencido. Pero por otro lado, lo traigo a colación porque te habla del vínculo, te habla de lo que en ese momento yo representé para ella, de lo que mi hermano representó para ella en cuanto a conexión. Y esto es un instinto, Oso, que tenemos los mamíferos: conectar. Porque es a través de la relación que podemos asegurar nuestra supervivencia. Entonces, por un lado, bueno, es una historia que me encanta Porque la recuerdo, porque fue de verdad un personaje en nuestra vida muy importante, nos dio muchas alegrías, pero también porque nos enseñó mucho acerca de lo que es estar conectado.
Tú naces en Veracruz, vives ahí tu vida, una vida muy normal, y dices que cuando eres adolescente tu papá se enferma.
Mi papá se enferma. Yo pues vivíamos ahora sí que en la cuadra de mi casa. O sea, yo crecí jugando stop, a las escondidas y bote pateado con mis vecinos, que además era una calle llena de muchos chavos y de muchas familias. O sea, sí crecimos como con mucho tema familiar de los papás de nuestros amigos, eran como parte de la familia. Entonces sí, muy acogida. Y cuando yo tenía como 15 o 16 años, le detectan a mi papá un tumor en la hipófisis, un adenoma que era benigno, que hoy es pecata minuta. O sea, hoy es algo que te hacen a través de la nariz y se puede controlar de una manera muy fácil. Pero pues hace 30 y tantos años le hicieron una operación que es craneotomía, le abrieron el cerebro. Entonces, pues la verdad fue una operación tremenda. Que tiene efectos secundarios a nivel de personalidad, a nivel de estado de ánimo. Entonces pues hubo un cambio en mi papá porque quedó lo que llamamos frontalizado. Entonces se desinhibió y fue una situación, puros adolescentes. Yo tengo 3 hermanos hombres y yo soy la menor, este, todos 16 para arriba, y nos pararon de cabeza porque entonces tienes un papá que cambia completamente, que pierde ciertas facultades, pero todavía sigue siendo tu papá. Y luego tuvo, como parte del proceso, fue un proceso de 11 o 12 años, este, tuvo una embolia. Entonces ya quedó hemipléjico en silla de ruedas. Entonces fue un sufrimiento muy profundo. Además, yo tenía un vínculo con mi papá, era como, para mí era mi mundo, y uno de mis grandes temores era que le pasara algo. Entonces, cuando vives eso como adolescente, la verdad es que el mundo Pues es como estas burbujitas, ¿no? Que les haces así y de repente ya no sabes ni dónde estás. Pero en mi familia siempre, la verdad es que mi mamá, a quien amo y admiro, se hizo cargo. Ella dijo: a ver, ustedes sigan con su vida, yo me hago cargo, yo puedo. Ella pues se puso ahora sí que en el lugar de yo me lo sostengo, con un amor y un cuidado muy especial. Y a donde quiero llegar es que uno de los lemas de mi mamá era Y pues aquí para adelante. O sea, que hay que hacer cosas, ¿no? La silla de ruedas, hay que comprar un aparato para bañarlo, hay que, este, una como, tenemos como un tipo hamaca que lo acostaba en la cama y lo llevaba para poderlo bañar. O sea, todo lo que era práctico, mi mamá se hizo cargo. Uno de mis hermanos estuvo mucho más involucrado, pero todos pues sufriendo. Pero lo curioso es que no hablamos de eso. Hablábamos de lo que había que hacer, hablábamos de lo que estaba pasando, pero difícilmente hubo un espacio emocional para poderlo llorar y para poderlo realmente mover. Y yo pensé que lo tenía súper acomodado, no, como que dices, pues sí, aparte te acostumbras, digo, 11 años viviendo eso, este, y pensé que lo tenía muy acomodado hasta que tuve hijos. Cuando tuve hijos, entonces me di cuenta de todo el trabajo que tenía yo pendiente que hacer en mi vida para poder llorar todo eso tan triste que me había pasado y poder realmente levantarme de ahí desde un lugar mucho más maduro, mucho más humano, mucho más vulnerable, porque yo venía corriendo de la vulnerabilidad. Curiosamente, en la universidad me dedicaba a correr. Yo era corredora, corría, corría, y creo que es una buena metáfora. Yo venía corriendo de todo eso. Entonces, cuando yo conocí al Dr. Nufeld, cuando yo conocí su modelo, Para mí fue como la epifanía.
O sea, yo dije, te voy a pausar ahí porque quiero meterme muy bien en ese momento. Al mismo tiempo de que tú estás siendo mamá, tú eras una profesionista, o sea, llevas 30 años siendo psicóloga, atendiendo a niños con necesidades, algún tipo especiales, déficit de atención, procesamiento sensorial, etcétera, etcétera. Y dices que llega un momento después de 30 años en el que te das cuenta que te cae un veinte, que te cambia la manera de ver la vida. Cuéntame de ese día en el que cambiaste la narrativa en tu mente de tal vez los que tenemos que arreglarnos no son los niños, sino somos nosotros.
Fíjate, creo que te podría hablar de dos, porque uno es mi parte profesional y otro en mi parte personal. En mi vida personal, bueno, pasó el tiempo, yo me casé, este, tuve a mis hijos, y yo venía como de este lugar de una buena mamá, es la que los duerme a las 7 de la noche, los baña, no, los tiene como estructuraditos, hay que hay que tener una rutina y que tenerlos en deporte. Pero algo en mi interior, Oso, a mí me decía que no era lo que yo quería, no, que no estaba, no sé, no, yo sentía algo, que había algo que no era. O sea, no te puedo explicar qué. A pesar de que me sentaba todos los días con papás, como estamos sentados ahorita, yo hacía evaluaciones psicopedagógicas para niños y jóvenes con problemas de aprendizaje, emocionales, de conducta, de déficit de atención. Y lo que yo hacía era acompañar a los papás para tomar decisiones y que tomaran terapias. Este, y yo decía, pero Pero ¿por qué algo no me cuadra? Y un día estaba yo en una cita con unos papás y estábamos hablando de un niño en un caso bastante complejo, pero que en el reporte yo veía que no había tanta complejidad. Y volteé, me di cuenta y dije: pero el tema tiene que ver con los papás, ¿no? Y todos estamos como señalando al niño y estamos señalando que hay que cambiarlo y que hay que llevarlo a terapia, cuando el movimiento real que va a dar resultado tiene que ver con los papás. No, y como que ahí empecé yo a cuestionarme el poner toda la mirada en hay que cambiar al niño y voltear la mirada y decir qué podemos hacer los papás, a dónde nos podemos mover los papás, qué necesitan.
Estabas viendo en esos papás que te hizo voltear de cabeza toda tu filosofía de cambiar al niño.
O sea, este era un niño que tenía algunas dificultades y las estaba compensando, pero ellos estaban como queriendo. Yo te voy a poner un ejemplo, es como si me hubieran traído un cactus para que yo hiciera una evaluación. Y ellos querían que fuera un roble porque los otros hermanos eran súper deportistas. A todos les fascinaba ir a un lugar cerca de la Ciudad de México a pasar los fines de semana y la pasaban increíble. Y este niño hacía un berrinche cada vez que iban. Él lo que quería era quedarse en su casa. A él le gustaba ir al boliche, no le gustaba ir a ese lugar donde además sembraban cosas, y él como que se aguacala con la tierra, no. Y tú escuchabas la historia de los papás y era paradisíaca, son plan padrísimo, no, se iban a este lugar y la pasaban increíble. Y este niño no. Entonces los papás como que voltean me miraban y decían, pues, como que no pertenece. Todo lo que querían era meterlo a este sistema. Y eran papás increíbles, la verdad, papás increíbles. Pero yo me di cuenta que el movimiento tenía que ser en que estos papás pudieran ver a su hijo desde otro lugar y vieran que un cactus es perfecto. Que, qué padre que tuvieran otros 3 Robles, lo cual era maravilloso, pero ese era un cactus y necesitaba algo diferente. Hoy te lo puedo poner en palabras porque hoy ya lo entiendo, pero en ese momento fue una intuición, una sensación mía en donde dije: sí, hacer valoraciones es importantísimo porque nos da un mapa, pero tiene que involucrar también un movimiento de los papás. No puedes solo señalar al niño como él tiene déficit de atención, él tiene un problema de aprendizaje, él tiene dislexia, ella no, porque entonces perdemos de vista el nido donde ese niño realmente está madurando. Y pues yo siento que evitamos que florezca. Interferimos muchas veces en un proceso natural. Una cosa es darle los recursos que necesita, trabajar con sus áreas de oportunidad, no, prepararlo para el mundo, pero otra es quererlo cambiar. Y siento que a veces los papás tenemos esta fantasía. Yo le escribí una carta a la cigüeña porque quiero un futbolista que sea súper popular, que le vaya muy bien en la escuela, que esté bien, no. Y hacemos, o quiero una bailarina que sea súper compasiva, que tenga muchas amigas. Y eso esperamos lo amamos porque somos seres humanos. Pero cuando llega la cigüeña y nos deja ese bebé y empieza a crecer, pues de pronto nos damos cuenta que no es eso, es diferente, es otra cosa, ni bien ni mal. Y ahí como papás empezamos un día de pronto a preguntarnos: ¿y qué hago con esto? ¿No? ¿Qué hago con este que no es futbolista? ¿Qué hago con este que no es el mejor de su clase? O con este que no es popular. Y la pregunta es para nosotros, no es tanto para el niño. Claro que hay que atender al niño. Yo lo viví durante 25 años que hice valoraciones y vi casos de muchísimo éxito en procesos de terapia maravillosos.
La gran pregunta es dónde está la línea, no, entre cómo discernir entre qué es tratar de meterlo en una caja y qué es darle las herramientas.
Exactamente. Cuando tú le das las herramientas para la vida, tú estás permitiendo que sea un cactus. Cuando tú lo quieres meter a esta caja, lo que está sucediendo es que tú estás queriendo que sea el roble. Y esa es la diferencia. Entonces, no es que yo diga que la terapia no, porque además eso estudié, eso trabajé, y confío. Hoy envío a muchos niños a terapia porque sé que son procesos de verdad muy valiosos para ellos. Pero creo que aquí la pieza que me faltaba en mi rompecabezas era nosotros dos papás, y me incluyo, porque entonces yo me empecé a dar cuenta que en mi familia, con mis hijos, yo no estaba disponible emocionalmente todo el tiempo. Yo estaba ocupada, yo era una psicóloga que hacía valoraciones, no, este, cumplía con llevarlos a la escuela, claro que como muy enfocada en la relación familiar, pero algo faltaba. Un día escuché una plática de él y me puse a llorar, Oso, porque dije: este hombre está diciendo lo que yo he traído por aquí desorganizado, pero que me zumba. Y me entró una culpa, o sea, no, ya sabes, yo lloraba porque decía: justo eso es lo que sí he hecho, o sea, justo así he sido yo, justo es lo que me ha faltado. Y me empecé a voltear a ver a mí, hablando de todo lo que él decía, no, cuando él decía pues cómo muchas veces interrumpimos el proceso, por ejemplo, en el que un niño está floreciendo y se está convirtiendo, te voy a decir, en un músico. Te voy a poner un ejemplo con mis hijos. Un día fuimos a casa de unos tíos Vio una guitarra, le encantó la guitarra, los tíos se la regalaron, llegamos a la casa, empezó a darle a la guitarra fascinado, descubriendo la música. ¿Qué hace la mamá? Un profesor de música. Y en ese momento le cortó el juego, el descubrimiento, la espontaneidad, y se convierte en una clase de música. ¿Sí me explico? Pasa el tiempo, deja la clase, le gustó. Pasa el tiempo, la deja, y un día espontáneamente vuelve a agarrarlo, y a su manera, en su espacio, se hace amigo de la música y de la guitarra. Fíjate la diferencia en querer hacer a un guitarrista y tener ese juego y ese espacio. Y este es un ejemplo de los muchos que te puede dar de cómo los papás muchas veces, sin voltearnos a ver a nosotros, queremos como imponer o queremos hacer de nuestros hijos algo que en ese momento quizá no es. No lo dejé emerger. Y para emerger tienes que jugar, tienes que meter la pata, tienes que hacer las cosas bien, mal, disfrutar, no. Entonces ese es un pequeño ejemplo. Cuando yo empecé a escuchar al Dr. Nofel, de verdad terminé en terapia. Yo terminé en terapia, fue parte de mi proceso, fue una transformación impresionante. Ha sido, sigue siendo. Yo hoy sigo en ese proceso de crecimiento personal porque a mí el Dr. Nofel me parece que es un hombre que se anticipó a lo que ya estamos viviendo. Hoy estamos regresando a comida natural, no, al orgánico. Estamos regresando a voltear a ver a la naturaleza en los ciclos, tanto de sueño, de alimentación. Estamos como regresando a ese lugar. Pues Gordon Neufeld lleva 30 años volteando ese lugar de una crianza orgánica, natural y basada en observar a la naturaleza. O sea, para él, las consecuencias, los castigos, todas estas cosas tan complejas, el tiempo fuera, no son parte de la naturaleza. Entonces él observa el desarrollo y desde ahí te cambia la mirada de tu hijo o de tu hija y te paras en otro lugar.
¿Qué fue lo que más trabajo te costó a ti de empezar a aplicar este método? ¿Qué edad tenían tus hijos cuando te diste cuenta?
Una ya estaba en la adolescencia, como 14 o 15, y el otro tenía como 12 años todavía, preadolescente.
¿Qué fue lo más difícil de hacer ese switch?
Pues yo creo que tuvo que ver con mi trabajo personal, o sea, fue como poder regresar en primer lugar, Oso, a mí y vulnerabilidad. Poder regresar a reencontrarme con que la vida no se trata de ser fuerte, sino se trata de sentir, de poder mover tus emociones. No se trata de hacerlo bien, sino se trata de tomar conciencia. Entonces, de bajarme como de ese lugar de búsqueda de perfección y del logro, tanto en la maternidad como en mí misma, y poder jugar, poder soltar, poder relacionarme desde otro lugar. Y suena Fue cortito, pero hoy sigo trabajándolo y sigo intentándolo y sigo buscando maneras como de volver a ese lugar natural, a ese lugar como más real, más vulnerable, donde ya no eres el experto. Ya fui muchos años la experta, ya me subí a ese ladrillo, si me explico, profesional de ese éxito. Pero realmente el éxito para mí no tenía que ver con tener más estudios. Hoy volteo y digo: el éxito fue a cuántas familias pude tocar, a cuántos niños pude yo realmente ayudar a florecer. Entonces sí es, creo que un lugar muy diferente. Estoy parada en un lugar diferente y sigo en proceso. Y como mamá, yo creo, pues un día el Dr. Núfel me dijo, porque ya sabes, mi llamada de doctor, ya estoy haciendo todo, porque tuve la suerte de que él en ese entonces además me dio asesoría. Directa, no. Y ya hice todo, ya me porto bien, ya hago lo que me dijiste, no, ya sabes. Y sigo con este tema y me dijo: ¿Cuántos años tiene? Le dije: 12. Te llevó 12 años llegar ahí, no te va a llevar 12 días ni 12 meses cambiar esto. Este es un proceso de vida. Y creo que eso es lo que nos hace falta a los papás: tener paciencia, confianza, y ver desde un lugar diferente para que sucedan cosas diferentes.
Hace un momentito hablabas del vínculo con el mapache, ¿no? O la mapachita. Sí, tú hablas, bueno, y el Dr. Nufeld habla mucho del vínculo, y tú dices que antes de hablar de qué es el vínculo prefieres hablar de qué no es. Sí, qué no es el vínculo.
El vínculo no es llevarte padrísimo con tus hijos y ser su amigo. El vínculo no es evitar que tus hijos sufran en la vida. El vínculo no es protegerlos ante las experiencias que deben de tener. Y yo creo que también es importante entender que el vínculo no es estar en el mismo nivel de tus hijos o que ellos tomen la delantera. Hoy de pronto perdimos la brújula, Oso, y empezamos a creer que el niño tenía que decidir dónde comemos los domingos, a dónde nos vamos de viaje, qué hacemos el sábado, a qué escuela va. O sea, yo tengo papás que llegan y me dicen: es que ella quiere ir a tal escuela y como ella decide. Entonces estamos poniendo a los niños en una jerarquía que no les corresponde. Porque el vínculo tiene una característica. De entrada, lo que sí es, es que es un instinto que nos mueve a conectarnos. Y este instinto lo tenemos todos los mamíferos, lo tenemos los seres humanos, porque es, en el ser humano es equiparable al instinto de supervivencia. Ante un evento dramático, tú no vas a buscar agua, tú vas a buscar a tus hijos, ¿no? Y tus hijos te van a buscar a ti. En ese momento en el que nos sentimos amenazados, buscamos conexión, porque sabemos que eso va a permitirnos tener más posibilidades de sobrevivir. Entonces, el vínculo es un instinto de supervivencia que está en nuestro cerebro y se activa o no se activa. O sea, así como el oso puede hibernar, pues la pregunta es: ¿por qué el oso no se mete a una cueva en primavera? Pues porque el instinto se tiene que activar, y se activa cuando huele diferente, ve diferente el color de pasto, siente la temperatura. Entonces, en su cerebro se activa ese el vínculo y lo lleva a buscar esa cuevita porque dice ya está cambiando. Bueno, pues eso nos pasa a nosotros. Amamos a nuestros hijos profundamente, queremos estar a cargo de ellos, sabemos que daríamos la vida por ellos, pero no siempre activamos el vínculo. A veces no tenemos la conciencia de que la relación es el lugar más importante a partir del cual hay que empezar cualquier cosa que hagamos con ellos. Entonces hay que activar el vínculo y hay que trabajarlo para ponernos en esa jerarquía, porque el vínculo es un sistema de cuidado. Es como si la naturaleza se hubiera parado y hubiera dicho: ¿cómo le hago para que estos seres humanos, que son tan complejos, pues sobrevivan? No, porque son muy diferentes al resto del reino animal. Y parece como que la naturaleza dijo: ya sé, voy a hacer que se relacionen y que se cuiden unos a otros. Y eso es lo que hacemos, es un sistema. Tú tienes que cuidar a quienes dependen de ti porque eso asegura su supervivencia.
¿Qué crees que es lo que pasó que no entendimos en última generación en la que se perdió un poquito la relación de autoridad?
Pues mira, creo que varias cosas. Yo te puedo decir que yo fui formada desde un punto de vista de una corriente súper conductual en la carrera. Entonces para mí era hacer experimentos con ratoncitos, era el modelo de conducta, hacer stickers, no, de premios y reforzamientos positivos y negativos. Entonces la psicología tuvo como una época en la que dejó a un lado las emociones. Todo tenía que ver con la conducta, con lo racional, el siglo pasado, ¿no? Y de pronto empezamos a regresar a las emociones. En realidad, la psicología tiene que ver con el mundo emocional, no nada más con el mundo mental o conductual. Y entonces empezamos a descubrirlo, pero para entonces los papás ya estaban, estábamos en este punto de conducta. O sea, ¿qué te consume la mayor parte del día con tus hijos? Su conducta, que se laven los dientes, que estén listos para la escuela, que saluden, que terminen la tarea, no contesten feo, no. O sea, estamos todo el tiempo volteando a ver conducta, conducta, conducta. Y entonces pues obviamente los psicólogos que somos bien abusaditos empezamos con tiempo fuera. Ah no, si el niño se porta mal, tiempo fuera, que se vaya a un lugar. Si tiene 3 años, 3 minutos. Si tiene 4 años, para que reflexione acerca de su conducta. Ningún niño se va a ir a su cuarto 3 minutos a decir: qué bárbaro, qué mal lo hice. No, en realidad el tiempo fuera tenía que ver con que los pediatras, al darse cuenta que había mucha, muchos papás que se salían de control y que lastimaban a los hijos, el tiempo fuera empezó a ser una sugerencia para el papá: tómate unos minutos para que te calmes y entonces puedas atender esa conducta sin lastimar Pero los psicólogos empezamos a decir: ah, no, ese tiempo fuera es para los niños. No, ese tiempo fuera es para nosotros. Nosotros somos los que deberíamos de tomarnos un tiempo para calmarnos, para tener la perspectiva madura y para tener una intervención que realmente sea a favor del niño, no porque estoy súper enojado. Entonces volteamos toda la mirada a la conducta, Oso. Y yo estaba en eso, o sea, cuando mis hijos eran chicos, yo estaba en eso, en la conducta, en que si su conducta estaba contenida, organizada y estructurada, yo estaba haciendo una buena mamá, pero me faltaba la parte complementaria. ¿Qué necesitaban ellos para convertirse en lo que estaban llamados a ser, para florecer? Era lo que yo, era mi parte de la ecuación que no tenía. Y entonces, ¿cuál es la primera parte? Llorar, llorar lo que no son. Lo primero que tenemos que hacer como papás es voltear a ver esa lista que le mandamos a la cigüeña y decir No es. Sí es muchas cosas, pero hay otras que no es. Y me duele profundamente, y me frustra en el fondo, y me da pena, o no me gusta, o me recuerda a alguien, o era justo lo que yo no quería. O sea, poder yo entrar en contacto con mi propio sentir, qué emociones mueve ese hijo o esa hija en mí. Al mismo tiempo que mueve emociones maravillosas, la sorpresa, la curiosidad de descubrir quién es él o ella, no, el amor que sentimos por ellos. O sea, es mezcla, cuando tú puedes ver lo que te duele, lo que no te gusta, y lo mezclas con lo que amas y te fascina, se da una combinación muy nueva y muy diferente.
Aquí, aquí, como te dije, tuvimos a Pamela Casís, hablamos mucho de la infancia, de este proceso de procesamiento sensorial, y hablamos de poner límites. Y tú te he oído decir que yo tengo hijos de 10 y 11 años y estoy viendo que empiezan a entrar. Y ahorita quiero que me digas cómo darme cuenta si están en la preadolescencia o adolescencia. Y tú dices que fijar límites en esta etapa de la vida, lejos de ayudar, puede incluso hasta perjudicar la relación y perjudicar el vínculo. ¿Cómo funciona? ¿Cómo se transiciona de tal vez esta filosofía de conducta y educación más rigorista a una etapa en la que, a ver, pues sí, ya me tardé 10 años en descomponer tal vez la relación, ahora cómo la compongo?
Pero me encanta que me lo preguntes porque no así. No, al contrario, créeme que conozco muchísimos métodos de crianza y ninguno tiene más límites que este, ninguno tiene más jerarquía que este. Aquí un sí es un sí y un no es un no. O sea, aquí no hay nada de que negociamos, o sea, es una jerarquía indiscutible, pero no viene del castigo, de la amenaza o de mi enojo, viene de la influencia que tengo sobre Y la influencia me la da el vínculo. Entonces, qué bueno que me lo preguntaste, porque muchas veces, y a mí me pasó, yo creo que nos pasa, cuando empiezas a trabajar el vínculo de punto dices: ay, bueno, pues la relación está bien padre, ya no le quiero decir que no, ya no quiero que se enoje. Y ahí es donde nos perdemos y queremos ser amigos de los hijos y malinterpretamos este modelo. Este modelo de crianza se trata de que yo pueda conectar en la relación desde el vínculo en jerarquía. Y esta es una premisa que es indispensable para que el vínculo pueda cumplir con su labor. Si yo no me pongo en jerarquía, donde yo soy el maduro, yo soy el que sabe, yo soy el que guía, yo soy el que pone límites, yo soy el que pone estructura, entonces no estoy cumpliendo la labor para la que el vínculo se dio. Porque siempre que hay una relación, Oso, siempre va a haber jerarquía. O sea, entre tú y yo ahorita hay jerarquía. Cuando vas a comprar jamón al súper, ahí será, ahí jerarquía. ¿Qué es lo que sucede cuando estás con un ser inmaduro, que es tu hijo, o un profesor con su alumno? El profesor está en la jerarquía alfa, que es la jerarquía dominante, y está a cargo. Y el niño o el adolescente deben de poder descansar en él, deben de poder ser sostenidos por él, guiados, y poner límites que ellos puedan desde ahí sentir esta contención. Pero cuando estás con tu esposa, por ejemplo, El chiste es que se alternan estos, esta jerarquía. A veces ella te cuida, te provee, te apapacha, te guía, y a veces tú le guías, le provees. Y como cuando somos adultos, cuando somos igual de maduros, alternamos. Y ese es el chiste para una relación de pareja que crezca. Porque imagínate si tú siempre eres el que mandas, eres el que dices, eres el que guías, pues se vuelve una relación tóxica. Entonces, para crecer en pareja, y ahí les estoy dando un spoiler de cómo aplicar este método al matrimonio, tiene que haber esta danza donde de tú puedas recibir lo que el otro te da y puedas darle. Entonces, con nuestros hijos no hay danza. Con nuestros hijos yo estoy en alfa siempre. Hoy yo tengo hijos adultos y yo estoy en alfa. Hoy tengo la bendición de tener a mi mamá de 90 años y ella está en alfa emocionalmente hablando. Ella con una mirada, con un gesto, me hace sentir que voy muy bien en la vida, o me hace sentir que soy me puede lastimar o me puede acoger, porque esta es una jerarquía natural. Entonces, el vínculo no es cosa de niños, es cosa de toda la vida. Entonces, cuando hablamos de jerarquía, hablamos de poder, y esa es una palabra que hoy no nos gusta porque pensamos que poder significa abuso, ¿no? Quien tiene poder abusa. O no nos gusta hablar de depender porque el niño que está en la posición dependiendo de sus papás, tiene que depender. Y hoy no nos gusta la palabra depender, hoy nos gusta la palabra niños independientes, ¿no? Y entonces tenemos mucha prisa de que en kinder se vayan a una pijamada y de que en preescolar se vayan a un campamento. O sea, vamos corriendo por la vida queriendo lanzarlos a la independencia, y la naturaleza funciona diferente. La naturaleza tiene sus tiempos, y hay un tiempo para depender aprender mucho, muchísimo del adulto que está a cargo, para que cuando estés listo te lances a la vida. Pero no es en preprimaria, no es en tercero de prepa, no es a los 14 años. Es un proceso. Y en algunas cosas vas viendo destellos. Yo, ahora que tengo a mi nieta, pues obviamente puedo ver como ya ella empieza a soltarse. Y entonces yo me pongo los zapatos, ahí está ella emergiendo, se está independizando, pero es natural, no es algo que yo imponga.
A ver, entonces entrémosle al, a la carnita, ¿no? Esta etapa de la preadolescencia, de 9 a 18 años, que me dices que es algo en lo que te has estado enfocando mucho, y a mí me cae como anillo al dedo. ¿Cómo podemos, y más que físicamente, que creo que eso ya está muy comentado, en términos relacionales, cómo podemos empezar a ver esos indicios de que nuestros hijos o hijas están medio cambiando?
Sí, bueno, nada más de entrada, ojalá fuera de los 9 a los 18. Hoy es de los 9 a los 20 y tantos. Sabemos que el cerebro realmente termina de madurar en esta zona que es el óvulo prefrontal, por ahí de los 20 y altos, 25, 26 años. Entonces, aunque ya es un adulto joven, sigue habiendo todavía este proceso, no, de cambio. Y en el cerebro. Y sí, efectivamente está empezando más temprano. ¿Cómo te puedes empezar a dar cuenta? Bueno, en el mundo ideal, durante la infancia trabajaste el vínculo con tus hijos, te pusiste en jerarquía, tienes esta influencia sobre ellos que te permite guiarlos, y entonces eso hace que puedas poner límites, estructura, sin necesitar todos estos castigos, ultimátums, amenazas que muchas veces recurrimos porque no tenemos ya quienes nos debilitamos somos nosotros, y entonces recurrimos a la fuerza, ¿no? Y obviamente tú siempre vas a tener pues energéticamente más fuerza que tus hijos. Entonces vamos a pensar que llegaste a esta etapa, que justo ahí fue cuando yo conocí al modelo Nuufel, y yo dije, a ver, a mí no me va a volver a pasar que me gane la vida, yo voy a tomar el curso adolescencia, me voy a informar de qué se trata y me voy a preparar para yo recibirlos desde un lugar diferente. Y la verdad es que creo que fue una muy buena idea, porque sí entendí muchísimos de cambios. Y en el adolescente lo que vas a empezar a ver, o sea, en la preadolescencia, entrada a la adolescencia, es que su pensamiento empieza a cambiar, empiezan a ser más críticos, su razonamiento es más abstracto, ya no es este como blanco o negro, sino ahora se cuestionan. Sí, perdón, sí, sí es blanco y negro, pero ahora se cuestionan acerca de ellos, se cuestionan acerca de lo que sienten, ¿no? Se peleó, se peleó con el hermano, y al rato se cuestiona lo que sintió por el hermano. No, no, se empiezan, empiezan a juzgar mucho, empiezan a ser muy egocéntricos, como el mundo gira a su alrededor. Este, de estar en un evento familiar importante y él está, pero ya me tengo que ir a la raqueta, pero ya nos vamos a la raqueta. Y tú dices, pero que no le está importando esto. Pues no es que no le importe, es que está metido como en este espacio donde circula alrededor suyo para conocerse a sí mismo. Entonces, una característica es este egocentrismo, no. El mundo empieza a girar alrededor de ellos, y para los papás empieza a ser como: no le enseñé valores, pero que no le dije que era importante, porque ellos se tienen que meter a este lugar para conocerse a ellos. Entonces es parte de lo que la naturaleza tiene planeado, y nosotros empezamos a observar cómo su pensamiento los cuestiona mucho. Empiezan a tener un gran apetito de autonomía mía, no, de yo quiero hacerlo, yo sé cómo hacerlo. Antes tú eras el héroe que sabías cómo hacer todo y ahora resulta que no sabes hacer nada, no. Esto se nota mucho más adelante en la adolescencia, pero ya te empiezan a cuestionar, no. El chiste que contabas antes ante sus amigos y se morían de risa, ahora es no, por favor, no lo vais a contar, no. Están como muy conscientes de ellos mismos y del otro, este, tienen como esta necesidad de de empezarse a poner al volante de su vida. A los 9 es muy diferente que a los 18, que a los 25, pero empieza este proceso. Empiezan a resistirse a las órdenes que se les imponen porque están emergiendo, están surgiendo, y entonces empiezan un poquito como: bastó que me lo dijeras para que se me quitaran las ganas, no. O sea, nada más porque me dijiste que pusiera la playera azul, voy a poner la verde, no. O me dijiste que me llevara con fulanito, pues ahora me voy a llevar con aquellos. Empieza como esta resistencia que es parte del espacio en el que están creciendo ellos. Obviamente cambios en la sexualidad, no, empieza a haber mucha atracción, obviamente, y no solamente hacia la noviecita o ya esa compañerita de toda la vida, que de pronto un día están haciendo un trabajo y le huele el champú y dice, ay, no, y algo nuevo empieza a surgir. Pero también empieza a haber mucha atracción hacia afuera, hacia los amigos, hacia la música, hacia lo que los demás les gusta, y hay mucha necesidad de parecer de verse y de pertenecer a los demás. Esto es una gran característica en la preadolescencia y en la adolescencia. Tú irás haciendo tu checklist y verás cuál es y cuál es no, este. Y otra, la más importante para mí, es que el vínculo cambia. De haber estado en esta jerarquía, no, con donde era incuestionable quién era el adulto y quién era el que marcaba el ritmo, de pronto el adolescente empieza a necesitar que tú te muevas a otro lugar. Sigues estando en jerarquía, pero necesita más espacio. Necesita este espacio para meter la pata, para tomar decisiones. Si fue futbolista, ahora resulta que quiere clases de piano. Si se llevó con los mejores amigos, que eran además los hijos de tus mejores amigos, y era increíble viajar todos juntos, de repente ya no es ese su grupito, no, y te la cambia y se lleva con otros. O sea, empieza a tomar decisiones en su vida y necesita ese espacio porque está convirtiéndose en su propia persona. Entonces, visto desde el adolescente y entendiéndolo, decimos, ah, mira qué interesante. Pero visto desde el papá o la mamá, pues la vida te cambia la pregunta a las respuestas que ya habías ido encontrando. Y entonces ahí es donde los papás empezamos a decir: pues ya no me necesita, se la pasa mejor con los amigos, no, pues cuando está conmigo está súper grosero, pues mejor que esté allá, pues yo me voy a hacer a un lado, ya no me saluda, pues yo no lo voy a saludar. Y empezamos nosotros a tirar la toalla muchísimo antes de tiempo. Nos necesitan, Oso, más que nunca.
Háblame de esta idea de hold on to your kids.
La idea de este libro que escribió Gordon Neufeld con Gabor Maté, además Gabor Maté un gran médico que habla acerca del trauma, junto con Gordon escribió este libro que en español se llama Tus hijos te necesitan. Este, y la premisa es: ¿por qué los amigos No, porque los padres deben ser más importantes que los amigos en la vida de nuestros hijos. Porque los padres deben ser más importantes que los amigos en una cultura donde lo que más nos interesa es que nuestros hijos sean populares, sociales, que los inviten, que formen parte del grupito, no, que tengan planes los viernes. Nos agobia, pero Oso, desde kinder, o sea, desde kinder, yo antes cuando hacía valoraciones, motivo de es que no la invitan, es que no tiene amiguitos. Y tú decías, ¿cómo? Y hoy mucho más, porque además las redes han hecho que esto sea una cosa impactante, ¿no? Entonces, pues, el razonamiento de muchos papás es, no, espérame, tener amigos es vital en la vida. Pero pues, y cuando creces, tus amigos van a ser pues tu red de apoyo, van a ser ese lugar donde tú realmente vas a florecer. Y sí, los amigos son maravillosos y son importantísimos. El problema está cuando sustituyen a los paz cuando toda nuestra energía está puesta en que lo inviten, en que vayan, que lo acepten, en que lo quieran otros chavos igual de inmaduros que él o que ella. Entonces queremos que estos inmaduros hagan madurar a mi hijo inmaduro. No, esa no es la combinación. La combinación es: mi hijo o mi hija inmadura necesita adultos. Mientras más adultos haya en su vida y mientras mejor se lleve con los adultos de su vida, más sano se está desarrollando tu hijo. Fíjate qué paradoja: si se lleva bien con su abuelita, si le platica a su tío, si busca a su mamá, si le encanta estar con tus amigos y le gusta estar en este mundo donde el adulto lo puede sostener, tu hijo descansa y madura. Y qué padre que se vaya con sus amigos, que vaya al fútbol, que vaya a la escuela, pero el chiste es que pueda regresar a este lugar donde el adulto lo sostenga, porque estar con los amigos es agotador. Agotador. No sé si te pasa, pero digo, yo a veces ir a un desayuno de la escuela era agotador porque te tienes que parecer a las demás, pero tienes que decir ciertas cosas, no. Y sales de ahí, dices, uff, no, como hasta dices, híjole, ¿para qué comenté esto? No, o fulanita no me saludó. Te genera tensión, es bonito pero tenso. Pues eso pasa con nuestros hijos y ahí están todo el día en la escuela, no, en esta tensión entre seres inmaduros que no es que sea mala, y no es cierto que los niños son crueles, simplemente no son maduros. Apenas pueden con ellos mismos, pues, ¿cómo van a poder con que el otro use lentes, o con que el otro sea torpe, o con que el otro llore? No saben qué hacer ante eso porque están todavía chicos. O sea, un niño a los 14 años es un niño, o sea, está chiquito todavía, tiene Habla como si ya fuera más grande, piensa como si fuera más grande, no. Y nos hace pensar que a los 9 años un adolescente chiquito, no, a los 9 años eres un niño. Entonces esa es la parte que como adultos yo siempre, como que mi trabajo es ayudar a los papás a movernos, a verlo desde otro lado, para empezar a ver lo que realmente ese niño necesita. Entonces la preadolescencia sí tiene que ver con que el vínculo hacia nosotros va disminuyendo. Pero no se rompe.
¿Cómo se ve en un día normal, en una mesa, en la cena, un miércoles, que hay un niño, un preadolescente, que está más orientado a pares que a la familia y a la autoridad?
Pues porque ya no te platica, porque ya no le interesa, porque está desesperado por pararse e irse a conectar al celular o a la tablet con sus amigos, porque es muy resistente a lo que tú dices pero es muy obediente a los amigos. Y esa es una gran característica: empiezan a no querer hacer lo que nosotros les decimos, pero se vuelven súper obedientes a lo que hace su grupito. No está normalizado, está súper normalizado, pero es justo contra natura, o sea, no es lo, el plan de la naturaleza. Fíjate que Nouvelle tiene una frase que a mí me encanta y que a mí en la adolescencia, bueno, y ahora me sigue sirviendo mucho, y es: no, no todo lo que es normal Lo normal es lo común, es lo que todo mundo hace. Y ya llegarás a ese punto en el que: quiero hacer una fiesta, papá, pero si no hay cervezas, mis amigos de 14 no vienen. Y tú dices: pero a los 14 no se toma la cerveza. Pues entonces nadie va a venir a mi fiesta. Y para pertenecer— y estos son muchas de las disyuntivas de los papás, ¿no? O generalmente el empezar a fumar el vape tiene que ver con la curiosidad propia de la adolescencia, pero también mucho por pertenecer. Puede ser, porque todos están fumando. Y cómo te vas a atrever tú, imagínate tú con todos tus cuates pasándose el cigarro uno por uno. Y te voy a contar una cosa, yo me fui a estudiar a Canadá hace muchos años, a un internado, y un fin de semana nos invitó una amiga a acampar. Y en ese campamento, oh, mexican, ya sabes, no, y empezaron a hablar de la marihuana, la golden no sé qué. Y la amiga con la que yo iba, la verdad yo ni sabía de qué me estaban hablando. Y de repente sacan un churrito de marihuana, no, y lo empiezan a pasar en el círculo. Y ella volteaba, no, Y me veía con cara de, ¿qué hacemos? Es como, voy a quedar en ridículo porque no la voy a probar, porque además todos te están viendo, no, y lo están pasando. Y las dos nos quedamos como freeze, ya sabes. Y de repente pues me lo pasan a mí, le digo no, paso, y la pasé al otro, este, y no pasó nada. Y ya ellos sumaron y no pasó. Pero, pero lo que sientes en ese momento es de vida o muerte, o sea, o me me odian porque no le entré, o le entro. Y tú imagínate un chavito de 10 años, o de 12 años, o de 14 años. Muchas veces estas primeras probaditas son desde este lugar de mucha influencia de los amigos. Entonces, si en ese momento por lo menos tu cerebro dice: esto no está correcto, a mí me dijeron que no, híjole, no quiero que me saquen del grupito, y por lo menos entro en ese conflicto, algo voy a poder decidir. Pero si estoy obedeciendo ciegamente a mis amigos, ni lo voy a pensar, lo voy a hacer. No va a entrar en mí este sentimiento encontrado de una parte mía quiere y otra parte mía no, que eso es algo de lo más saludable que le puede pasar a un adolescente.
Háblame de esto del conflicto, porque sé que tocas mucho ese tema.
El conflicto tiene que ver con que el adolescente empieza a sentir sentimientos encontrados, empieza a sentir que te adora pero que le chocas, empieza a sentir que quiere estar contigo pero que quiere estar con sus amigos, y empieza a sentir. Y entonces el adolescente generalmente, por eso hace ratito Me corregí y dije: el mundo sí es blanco o negro para ellos. El adolescente empieza a tener el mundo blanco o negro. Un día está feliz y te ama y te adora y te abraza, y al otro día te cierra la puerta de su cuarto y no te quiere contar nada, ¿no? O sea, estos tipos como estos pendulos, pendulazos, ¿no? Que da en su conducta. Y el chiste es que el cerebro va desarrollándose y va logrando integrar que de verdad te ama y le chocas. Y cuando puede empezar a mezclar eso, surge algo más maduro. Y hace ratito te puse ese ejemplo, nosotros como papás, cuando podemos llorar a un hijo y podemos ver también todas las cosas maravillosas que tiene, algo nuevo empieza a surgir. Esa es la cereza del pastel de la maduración. Cuando podemos sentir sentimientos encontrados es que estamos madurando. Y hoy lo tenemos súper devaluado, Oso. Hoy queremos hijos decididos, que no tengan la menor duda, que sepan a dónde van, lo que quieren, que tengan claridad, y no les damos espacio para dudar. Cuando un hijo duda, quiero guitarra o quiero fútbol, no, decídete. A ver, tienes que tomar una decisión, y la decisión que tomes va a ser todo el ciclo escolar, porque no podemos cambiar. Y los encasillamos en lugar de decir: te entiendo, hay veces que uno quisiera tener dos cosas, quédate con eso un rato solito, tú vas a ir teniendo como se da. Y ayudarlo a quedarse en ese lugar donde entiendo que hay una parte tuya que no tiene ganas de estar conmigo y hay otra parte tuya que tiene muchas ganas de estar conmigo. Está bien, está Sí, pero fíjate cómo regreso a nosotros. Tiene que ver con nosotros mucho más que con ellos. Que en ellos pase es natural. Lo que nosotros tenemos que hacer es ese espacio. Y ahí es cuando yo me refiero a espacios, o no tanto a no limits, a ser permisivo. No, no, no, a contener. La naturaleza contiene todo el tiempo. La naturaleza está conteniendo y poniendo orden. Si tú te fijas, si algo hay en la naturaleza es orden. Las estaciones del año no se brincan, no se reacomodan, no se negocian, hay orden. Entonces eso es lo que perdimos de vista los papás. Nos fuimos con la conducta, nos fuimos con lo que se pone de moda, y tristemente hoy nos fuimos con reels de 12 segundos, ¿no? Hoy queremos que nos resuelvan los temas de crianza con un consejo, con un manual de cocina y con un reel de 12 segundos. Entonces nos estamos llenando de muchísima información información. Nunca había habido papás más informados. Yo no me puedo imaginar a mi abuelita yendo a un curso de maternidad para que alguien le dijera qué hacer. Ella sabía en su intuición, pero nunca habíamos estado más confundidos. Tenemos demasiada información y no hay un orden en el rompecabezas. Entonces yo pienso que el tema tiene que ver con que nosotros nos movamos. Por ejemplo, si yo te pregunto, Oso, piensa en algo que te haya pasado con tus hijos y cuestionate: ¿esto es natural o es normal. Y yo sí creo que te da como un farito y te ilumina y te dice, pues no, fíjate que no era normal que me estuviera pidiendo irse un fin de semana con sus cuates a Cuernavaca a los 14 años cuando no va a haber ningún adulto a cargo más que el chofer. No, pues eso no es natural. O sea, a lo mejor lo hace todos los chavos de su generación, pero eso no tiene que ver con la naturaleza. Tomar alcohol a los 14, a los 17, no tiene que ver con la naturaleza. Y yo sí creo que es un parámetro que nos para en lugar. Y entonces muchas de las preguntas que a veces nos hacemos pues se cuestionan cuando entendemos qué es el desarrollo, qué es la vulnerabilidad en nuestros hijos, cómo se manifiesta, qué necesitan de nosotros.
Quiero tocar ese punto porque tú, me gusta esta frase que usas, no, no somos escultores de nuestros hijos, somos jardineros. Y en el mundo de los negocios se habla mucho del liderazgo servicial, no, el líder que está ahí para su equipo tratando de eliminar obstáculos o dar herramientas, dar guía, dar retroalimentación. Y tú hablas justo mucho de eso en torno a la paternidad. ¿Qué necesitan nuestros hijos de nosotros? Me cuesta trabajo entender qué necesitan, qué quieren versus qué quieren, ¿no? Y dónde marco la línea en lo que yo estoy dispuesto o debería de dar.
Hijo, me encantó tu pregunta, porque esa pregunta de la diferencia entre lo que mi hijo quiere y lo que mi hijo necesita es una frase que usamos muchísimo en el modelo un ofre, que es otro parámetro para también tomar decisiones como adulto ante tus hijos. Esto es algo que quiere, o sea, quiere un reloj de no sé cuántos miles de dólares.
Necesito, necesitas, quieres, no lo necesitas.
Entonces esa diferencia ya te para en otro lugar. Entonces, qué padre que tu intuición, fíjate cómo pum, de pronto te sale esa parte de tu propia intuición. Yo no te lo tengo que decir, está dentro de ti. Todo lo que yo trabajo es sacar lo que está dentro de los papás. Entonces se empiezan a preguntar eso, o sea, O sea, ¿quiere el iPhone 19 8P 14 en tercero de primaria porque todos lo tienen? Ay, jura que no puede vivir sin él. ¿Es algo que quiere o es algo que necesita? Es algo que quiere. ¿Qué necesita? Pertenecer. Entonces, qué mejor que pertenezca a nosotros, a sus papás. Entonces trabajo el vínculo para que este imán tan fuerte, los amigos. Yo no quiero quitar a los amigos, los amigos son maravillosos. Tú justo me hablabas hace un momento, no, de amistades de tu primaria de la secundaria, no. O sea, los amigos son lindos, pero no nos van a llevar a madurar ellos, es el adulto. Entonces, bueno, esa es una parte. Y la otra parte tiene que ver con—
puedo pausar un segundo, me está costando trabajo conciliar dos ideas, no. La de deja que experimenten, deja que se caigan, deja que cometan errores, que arreglen sus problemas, con el no, no, no, no, no, mejor aquí con nosotros. Este, o sea, yo te voy a decir la verdad. A mí mi adolescencia, a ver, yo la primera vez que tomé probablemente sí tenía 14 años, y mi adolescencia fue mucho de descubrirme a mí a través de mis amigos.
El ido, el ido, es que lo mencionas.
Y la verdad es que hoy digo, post facto, este, digo, no, tal vez no salió tan mal. Sí. Y hoy veo que también somos papás un poquito más sobreprotectores que oye, no, no se vaya con sus amigos, que esté aquí. Y no lo necesita vínculo, pero necesita vínculo, cualquier vínculo. Y el vínculo único, el más valioso, es el mío. Pero entonces, ¿dónde estoy yo privándolo de algo que tal vez sí necesita? Que es partirse la madre.
Sí, a ver, ahí voy, pues voy a tratar como de, de ser como muy, lo que nuestros hijos necesitan, imagínate, es tener una base segura, ajá, un muelle seguro al que estoy hablando adolescencia, no, también en la infancia pero de manera diferente, pero estamos hablando de adolescencia, adolescencia. Este chavo ya empieza a querer una fiesta, ya empieza a querer salir solo a un centro comercial con los amigos, ya empieza a tener otro tipo de planes. Y se trata pues de que tú tomes la decisión, cada familia, porque yo he platicado con papás donde el hijo probó un cigarro y lo ven como una experiencia les da paciencia y no les alarma. Y tengo familias donde probó un cigarro y para ellos es verdaderamente algo que pone al hijo en un alto riesgo. Eso es, cada familia tenemos nuestros valores, nuestros patrones, y aquí nada está bien y nada está mal, ok. Todo lo que decidamos como papás está bien. Y solamente creo que un buen criterio es eso: cuando tengas dudas, pues pensar, ¿es normal o es natural? O sea, ¿está súper de moda pero va en detrimento de mi hijo? Pues digo que no. Oye, ¿es algo natural de la vida quererte ir con tus amigos a pasar una tarde a un centro Pues sí, vivimos en la Ciudad de México. Ir al cine solos, por ejemplo, ¿no? Entonces tú empiezas a decir: "Ah, bueno, pues esto... Eso es cada familia". De lo que se trata es que haga eso, salga al mundo, pero regrese a tu casa y tenga un muelle seguro, un lugar donde pueda llegar y te puede decir: "Papá, me dejaron solo en el cine, todos se metieron a ver la película de terror que yo no quería, me quedé afuera llorando, nadie me peló, se sentaron aparte de mí, me siento solo". Momento, no, y que va, no, y que te platique, que desahogue, que mueva. O sabes qué, papá, estuvo increíble, me sentí junto, me senté junto a fulanita de tal, no, este, y pues compartimos palomitas, y la verdad que sentí. Que tengan este refugio a donde pueden llegar, que salgan a la vida y los lastime la vida como les toca ser lastimados, pero que puedan regresar a un lugar seguro. No se trata de que te sientes en la fila atrás del cine. No se trata de que no lo dejes ir, se trata de que tengan una base segura contigo. Fíjate la diferencia. Entonces van a vivir lo que les toca vivir y no les podemos quitar que la novia los corte, o reprobar matemáticas, o mudarnos de casa, o divorciarnos, si me explico. O sea, no les vamos a quitar las experiencias de la vida que les toca vivir, pero van a tener un lugar seguro para moverlo. Y por eso conté la historia de mi papá cuando estuvo enfermo. Porque si algo yo sentía en ese momento es que no tenía un lugar seguro para poderlo llorar y para poderlo hablar. Fue algo tan doloroso, tan profundo, que entonces yo me empecé a hacer fuerte. Y yo pensé que de eso se trataba, de llenarme de defensas, de estudiar, de correr, de, si me explico, de hacer las cosas bien y salir adelante en la vida. Hasta que cuando conocí al modelo No, me di cuenta que todas estas capas que yo me había puesto y me habían endurecido, lo único que hacían era impedirme ser yo. Y entonces volver a llorar y volverme a encontrar en mi vulnerabilidad, bajarme de ese ladrillito en el que estaba subida, no, y tocar tierra y decir wow, cómo duele, pero en un lugar seguro, hace la diferencia. A mí me hubiera encantado, y sé que mi mamá lo hizo con todo el amor del mundo, pero me hubiera encantado que me hubiera me hubiera dicho: ¿cómo te sientes? Está bien que llores, está bien que estés triste, está bien que te dé pena. Porque me daba pena, imagínate, a la adolescente, todo lo que estaba pasando en mi casa. Y justo por eso empecé por esa historia, porque eso es lo que necesitamos, pero toda la vida, Oso. Tú dices que tu esposa te hizo una pregunta que te cambió, ¿no? ¿Qué odias de tu vida? Si ella no hubiera sido ese lugar seguro en el que tú hubieras podido refugiarte, difícilmente probablemente esa pregunta hubiera arraigado en ti, a lo mejor lo hubieras dejado. Pero como en ella tenías este lugar seguro, empezaste a mover tus emociones y eso te movió. Eso es lo que necesitan nuestros hijos. Suena muy fácil y a la vez muy complejo. Se trata de estar disponibles para ellos. En la adolescencia, yo me lo imagino como cuando empiezan a manejar, que además sucede en la adolescencia, ¿no? ¿Qué pasa? Tú ya no llevas el volante, te sientas junto junto y él lleva el volante de su vida, pero tú te sientas junto. Yo me acuerdo de mi papá que llevaba un pie, él me enseñó a manejar así en el freno junto al mío para en cualquier momento frenar. Un poquito así es la adolescencia, es ese momento en el que les das espacio suficiente para que vivan y cometan los errores que les toca cometer sabiendo que tú estás ahí para ellos. La diferencia es que hoy lo que está de moda es Ya no me necesita, yo me salgo de la ecuación y mi grupito de amigos es el que me ayuda a resolver mis problemas. Internet es donde me ayudan a resolver mis problemas. Facebook es donde publico lo que siento, ajá, y entonces me expongo en lugares que no son seguros y que no son maduros. Eso es lo que está de moda ahora. Es ahí donde los papás hemos dejado de tener ese lugar. Si te hace clic esto de la gran diferencia Hay papás más liberales y hay papás que son mucho más conservadores, y eso está bien.
Si no es con límites, ¿cómo se guía entonces a un adolescente? Si no es con consecuencias, más bien, no con límites.
Pues es que la consecuencia es natural en la vida. Si tú no apagas la luz, te la van a cortar. O sea, no hay que ser muy elaborados. Ellos en la vida van a tener consecuencias. Llegan papás: oye, es que tiene acné y estoy peleadísima con él todo el día porque no se lava la cara, porque no se pone tratamiento me costó no sé cuántos miles de pesos, no. Ya la mamá está enganchada en el tema del acné y le digo suéltalo, vamos a soltar eso y vamos a ver qué pasa, no. Y generalmente lo que pasa es que un amigo se voltea y le dice oye, ese grano que tienes está horrible. Y entonces el niño llega y le dice a la mamá oye ma, me quiero empezar a poner el jaboncito que me dijiste, no. La vida te va a poner las consecuencias cuando tu hijo no se quiere bañar o no se quiere lavar los dientes. Yo no te digo que lo dejes. Simplemente es que elijas cuáles son las batallas. Y en la adolescencia son muy diferentes a las de la infancia, porque ya tuviste 12, 13, 14 años para enseñarle valores, modales, principios. Y no sé si te pasa, pero tus hijos van a una casa y te dicen: oye, súper educado, recogió la mesa, dio las gracias. Y entonces, algo ya le di. Bueno, toda la infancia ya les dimos. La adolescencia es una etapa en la que ahora lo importante no es lo que les seguimos metiendo. Porque fíjate que a mí sí me pasó que me entró esta tensación de me tengo que apurar a acabarles de dar más consejos, más regulación, más cosas, porque pues ya están creciendo y nos entra como prisa, ¿no? Y no, la adolescencia es una etapa para sacar de ellos qué piensas, qué sientes, por qué ya no quieres ir a casa de tu abuela, por qué ya no te caen bien estos amigos. ¿Por qué decidiste cambiar de fútbol a guitarra? Cuéntame. Es dejarlos que ellos ahora saquen todo eso. Y si bien, como tú lo dijiste, no todas las crianzas tienen que ser iguales y perfectas, no. Tú creciste con tus amigos y te fue muy bien, pero hay chavos que hoy están perdidos en los amigos, perdidos. ¿Por qué? Porque los obedecen ciegamente. Cuando tú tienes amigos que compiten contigo como papás papá. Ese es el problema. ¿Cuál sería la solución? Mucho lo que hacemos es tráete los amigos a la casa, conócelos, que esos amigos también te volteen a ver a ti, vínculate con los amigos de tus hijos, conoce quién es cada quien, ve cómo son, y desde ahí vas a tener muchísima más capacidad de tomar decisiones que si tú siempre dejas ir a tu hijo lejos de ti y tu hijo prefiere. Además, ojalá fuera los amigos. Oso, hoy es a las pantallas, porque van a casa de los amigos a meterse a la pantalla. Antes iban a casa de los amigos a hacer travesuras. Yo me acuerdo, mi hijo, que lo reportaron, no, porque andaban haciendo travesuras donde vivíamos, en la bicicleta, no, o sea, jugaban. Hoy muchos chavos van a casa de otros chavos a meterse a las pantallas y a las redes, a apostar, a ver sitios que no están permitidos, a jugar con gente que no saben dónde está, en el otro mundo, y no tienen ni idea de quiénes son. Si me explico, a balconear a otros amigos y ridiculizarlos, o a jugar videojuegos, pero no están en una interacción íntima de relación, que eso es lo que te hace crecer.
Cuando hablas de esto de hold on to your kids, y como, como se dice en español, como es que tus hijos te necesitan, se habla del concepto de entregarle el corazón a los amigos, no, ya no lo tienes tú, le traigo su corazón a los amigos. Tienes un hijo de 13, 14, 15 años que te te das cuenta del cual ya no tienes el corazón? ¿Cómo, cómo se recupera?
Trabajando en el vínculo, trabajando en el vínculo, no peleándote con los amigos, no prohibiéndoles a los amigos. Porque entonces, hace un momentito dije que una característica de la adolescencia es resistirte a lo que te imponen. Entonces, si yo te digo no te lleves con fulanito, te vas a querer llevar con fulanito. Entonces, lo que haces es invitarlo a la casa, conocerlo, a la noviecita, ¿no? Yo trabajo con algunas mamás que empiezan con que es que la conócela, invítala a tu casa, este, invítala a comer, hagan un plan juntos. Mientras más chicos, pues más pegado. Mientras más grandes, obviamente el ejemplo es diferente, pero es reconquistar a tu hijo. Yo te hacía una pregunta, Oso Trava, y quizá esto hace mucho clic. Cuando en una pareja de pronto empieza a suceder que alguien siente atracción por alguien más, ¿no? Y empieza como esta sensación de ups, ¿no? O sea, estoy casado, amo a mi esposa, pero esta persona me es muy atractiva. O te la pongo más fácil: ir al golf me atrae más todos los sábados que estar con ella en las mañanas. Es como esta, como deslealtad que se empieza a dar, ¿no? ¿Qué haces tú como pareja? Reconquistarte. O sea, reconquisto, hago que este sábado él quiera estar conmigo en lugar de irse al golf, hago que nuestra relación reviva para que esta persona que le atrae le siga pareciendo atractiva, pero que no No dude que donde quiere estar es acá. Y así es como trabajamos nuestros vínculos adultos, pues igualito lo hacemos con los hijos.
¿Cuál es? ¿Qué se hace mañana en la mañana?
Primero es empezarlo a mirar a los ojos y empezar a obtener una sonrisa de algo que tengamos en común, que eso a los papás de adolescentes se nos olvida, porque como son grumpies, como voltean para el otro lado, como no les caemos tan bien, como nos cerraron la puerta, empezamos con el que él venga y salude. Y el primer paso es tú ve y salúdalo. No te esperes a que te salude. Tú eres el adulto, tú eres el proveedor. Entonces, así como no le dirías no te voy a dar agua hasta que me la pidas, dile hola, ¿cómo estás? Y te va a voltear la cara. Entonces, a lo mejor se pone a jugar un videojuego, te sientas junto a él, empiezas a interesarte por el videojuego o empiezas a jugar con él, y de pronto se va dando cuenta que se suaviza y voltea y te ve a los ojos, y tú le volteas le miras a los ojos y le sonríes. El vínculo entra por los ojos, es la mirada. Así es como el cerebro se sintoniza con el otro. Entonces, buscar la mirada es importantísimo. Y lo hacemos cuando vemos un amigo, ¿no? Lo primero que haces es verlo, sonreírle, y luego le das un abrazo o le das la mano. Igualito con nuestros hijos: verlos, sonreírles y tocarlos, o físicamente o a través de algo que nos interesa, a través de su música, a través de su deporte, a través de algo. Entonces prendemos el switch. Hace un momento yo dije que el vínculo no siempre está prendido, que con el oso se tiene que prender, y la manera de prenderlos a través de la mirada. Entonces, una vez que ese niño ya te volteó a ver, que ya te sonrió, que ya bajó un poquito esa defensa que traía, ya estás conectando en el vínculo, ya te enganchaste de alguna manera. Y ahora sí puedes hacer algo que le interese. Entra a su mundo. Enséñame tu música, hoy vamos a hacer aquello. Métete a través de parecerte a él. Para el adolescente es súper importante vincularse a través de parecerse. Quiere parecerse a sus amigos, pues céntrale algo que se parezcan. Yo estoy segura que ahora que regresaste del viaje con tu hijo se dieron cuenta que les gustaba comer tal cosa, o que se levantaban tarde o temprano los dos, y todo eso hacerlo muy evidente. Oye, ¿qué tal en el viaje? Que a los dos nos encantó tal. Y eso es semejanza, eso es parecernos. Entonces, trabajar mucho desde este lugar tratar de conectar con nuestros hijos y no estar con esa música, es horrible, esa letra de la música que oyes es espantosa. A ver, vamos a escucharla. Pues no, no me encantó, pero qué padre que a ti te guste. Oye, la oí el otro día y me acordé de ti. Entrar a su mundo es reconquistarlos y ponernos en alfa. ¿Qué necesitas? Aquí estoy. ¿Cómo te fue? ¿Cómo te sientes? No, por ejemplo, cuando rivalidad con los a los hermanos, en lugar de castigarlos y de enojarnos, no. Oye, ¿por qué te vi tan enojado ayer con tu hermano? ¿Qué fue lo que pasó? No, porque siempre él es el primero, porque tú siempre le das más, porque a mí nunca. A ver, platícame de eso, lo quiero escuchar. Y entonces eres ese muelle seguro a donde todo eso que le lastima, que le fascina, que le gusta, puede llegar a ese lugarcito y puede tocarlo contigo. Entonces, lo concreto le llamamos colectar en el modelo Nofel, y es activar el vínculo a través de mirada. Es como una pequeña, una pequeña dancita, ¿no? Donde te conquisto y te saludo y sonreímos, y entonces como que la relación se abre y nuestros cerebros se enganchan. Y luego de eso viene, una vez que ya trabajé el vínculo, pues, ¿cómo le hago para no romperlo? Porque muchos papás lo hacen, pero al rato, como no levantó su cuarto, le dejan de hablar toda la tarde. Entonces el cerebro necesita un vínculo que sea continuo. Entonces yo puedo llegar, llamar la atención, por supuesto, puesto. Poner una consecuencia como: lo que no esté en el bote de la ropa sucia no se lava, cuate, no, es la regla de la casa, y ni me tengo que enojar. Entonces el día que ya no tiene jeans, pues va y mete todo, y ese día se lava, y entonces ya vuelve a tener. Y usas consecuencias naturales que no tienen que ser por enojo, y le transmites: y todo está bien entre nosotros. O sea, dejaste tu cuarto tirado, no me parece, hay reglas, esta es la consecuencia, tú la sabes y la pongo, y todo está bien. No tiene que ser una bronca en la que yo me enganche en esta lucha de poder, que eso es lo que nos pasa a los papás en la adolescencia. ¿Qué te parece?
Suena padrísimo, pero al final del día estás hablando de un papá tal vez trabajado, ecuánime, centrado, y no todos lo somos, la verdad. Y entonces te voltea la cara un hijo, te contesta feo, Pero, ¿cómo te sostienes emocionalmente cuando, ok, ya decidiste que vas a prender el vínculo, pero te vas a topar con pareja?
Claro, pues mira, una de las veces que vino el Dr. Nufel, estábamos en mi casa, en la sala, las personas que trabajamos en el instituto, y así que ya sabes, todas levantamos la mano casi al mismo tiempo, y la primera pregunta que le hicimos fue: ¿qué pasa cuando tú no eres maduro? No, porque de todo lo que nos estás diciendo nos hace mucho sentido. Pero, ¿qué pasa cuando tú no eres maduro o tu pareja no es madura, no? Y entonces se engancha como si los dos tuvieran 14 años.
Y tampoco es blanco y negro, no, claro.
Pero, pero, ¿qué pasa cuando tú no puedes con eso, te cuesta mucho trabajo? Y la respuesta, Oso, es que cuando tú empiezas a ver diferente, cosas diferentes empiezan a pasar y empiezas a madurar. Los hijos nos aprietan tantos botones emocionales, nos mueven tantas emociones que Con los hijos maduramos. Entonces parte del proceso, por eso digo que es un proceso, esto no es una técnica, esto no es un ABC que yo te voy a decir: oye, Oso, primero vas a hacer esto y luego vas a hacer esto y luego te va a funcionar. Eso es trabajar conducta y está muy padre. Yo a muchos papás los mando a que trabajen conducta porque es necesario trabajar algunas cosas de conducta, pero esto es una filosofía de vida, este es un proceso en el cual tú vas cambiando. Entonces al principio Al principio te van a salir lagartos de la boca y te vas a enfurecer con él, y te vas a dar cuenta cuando ya lo hiciste. Pero cuando empiezas a tomar conciencia, te vas a empezar a dar cuenta cuando lo estás diciendo. Y a medida que pasa el tiempo, te vas a empezar a dar cuenta antes de decirlo, antes de herirlo, porque vas a poder ver su vulnerabilidad y vas a ver que es un puercoespín que adentro tiene un niñito de este tamaño súper vulnerable que te necesita. Entonces dejas de pelearte con él Cospín, y tu mirada te lleva a sentirte responsable, a tener este caring, no, este cuidado hacia el otro. Entonces no es magia, este es un proceso. Y ahorita que te lo estoy diciendo, pones un ejemplo de cuando fuiste a escalar y que tenías que decidir por cuál ruta te bajabas, y que, oye, me estudiaste mucho, leí el libro, pero me pareció muy interesante. Pero, pero ahorita se me viene a la mente que en ese momento tú comentas algo así como y decidí irme con este experto en quien yo me había puesto en sus manos, a pesar de que el otro parecía más fácil, no, me fui con él porque confié. Eso es vínculo, eso es sentirte sostenido. Eso es lo que tú quisieras que tus hijos sintieran cuando están en esta disyuntiva, que dijeran: acá me siento seguro, acá no, porque acá esté mal, no porque no sea una buena opción, sino que esto es el vínculo. Es el lugar donde tú sientes que te sostiene. Y cuando él te dice no te muevas, ni lo dudaste. O sea, no me muevo porque él me está cuidando. Eso es lo que queremos que nuestros hijos sientan. No quiere decir que te encantó la sensación, no quiere decir que estuvo padrísima la experiencia, no quiere decir que a tu hijo le va a encantar que le digas no, no hay alcohol, o no, no vas a la fiesta, o sí, sí recoges tu cuarto, o no, no te voy a prestar hoy el carro. Le va a chocar, va a azotar la puerta, te va a echar a perder el fin de semana, te va a revirar los ojos, va a estar Oso, y no te enganchas. Esa es la madurez, que no te enganches. Pero lo que tú quieres que él sienta es eso que tú sentiste. No me cabe la menor duda que es ahí donde yo estoy seguro. Ese es, entonces, es un trabajo. O sea, no son técnicas. Cuando yo conocí a Núfel, yo esperaba que me dijera, o sea, checklist, no, no tiene. Hay algunos, muchísimas herramientas que usamos que son muy concretas, que son las que yo trabajo con los papás. Este, y que te dan resultados y te van llevando en el camino. Pero principalmente es que tu intuición se empieza a despertar y empiezas a decir: oye, lo que me funcionó con este hijo pues no me funciona con este. Y lo que sí está dando resultado hoy, mañana a lo mejor lo tengo que cambiar. Yo siempre les digo: si tu hijo está cambiando, ¿cómo te estás actualizando tú? ¿Cómo tú estás cambiando? Y la adolescencia pues nos pone a prueba, Oso. En la adolescencia, o sea, A mí me encanta pensar, porque de entrada hay una poda neuronal, o sea, el cerebro se reacomoda, se reconforma. Muchas conexiones neuronales que tuvieron estos adolescentes en la infancia desaparecen. O sea, es increíble, pero el cerebro poda muchas conexiones que ya no necesita. Y todo eso es como si tú, alrededor de tu casa, estuvieran reconstruyendo o metiendo un drenaje, haz de cuenta, y te hacen ahora dar la vuelta por otro lado y te cambian el termino. Así es el cerebro del adolescente. Y cuando tú empiezas a ver todo eso que está pasando, pues te dejas de enganchar, porque no tiene que ver contigo, tiene que ver con ellos. Entonces te paras en un lugar muy diferente, ¿no? Y pues yo lo único que puedo decir es que la crianza a cualquier edad es como un laberinto donde te vas a meter un callejón sin salida y vas a intentar de otro lado y de otro lado. Y Gordon siempre dice: la vida es un laberinto y la paternidad es laberinto. Y tenemos que darnos cuenta cuando nos metemos a un callejón y estamos atorados. Y generalmente la adolescencia, lo que sucede es que nosotros, sin darnos cuenta, y culturalmente decidimos soltar la toalla y dejarlos. Antes, cuando tú eras chico y cuando yo era chica, yo también crecí en provincia con un grupo de amigos que hoy siguen siendo mis grandes amigos de vida, y los adoro. Y mi vida giraba alrededor de ir a jugar béisbol a la playa con ellos, de a las fiestas. La verdad, tuve muchísima vida social en mi juventud. Pero te decía que pasaba, había una cultura alrededor. Por ejemplo, hacíamos una cena de fin de año todos los años, y padrísima, invitábamos a nuestras mamás y estaban con nosotras y platicaban y venían. Y de pronto hacíamos algo, no, nos íbamos a una excursión, y de pronto un papá, una mamá se anotaban y se venían con nosotros. Era como parte de tener a un adulto alrededor, era como muy fácil porque culturalmente se daba. Ahora lo que tenemos es que lo que está de moda es que los adultos no se involucren. Y esa es, esa es como mi llamada: involúcrate en la vida de tus hijos, te necesitan más que nunca.
Ahí yo quiero hacer un poquito doble clic. Yo me acuerdo, yo cuando tenía este grupo de amigos, sí había un grupo, no un grupo, una pareja de papás, pero que echaban relajo con nosotros. O sea, sí, eso está bien, no está mal. Pues o sea, era relajo de si teníamos menos de 18 años y andamos ahí en el antro con los papás.
Pues de entrada, antes no teníamos conciencia de muchas cosas, no. Antes no era el tema de uy, que no toma alcohol porque no tiene 18 años. Yo eso jamás lo escuché cuando era chica. Creo que tú tampoco, no, eres mucho más joven que yo, pero yo nunca escuché que mis papás dijeran no, no hay que tomar porque no tienes 18. O sea, eso no. Es más, salíamos a algún lugar y yo nunca escuché que mi mamá o mi papá me dijera no te antes venir si bebe el que va a manejar. Hemos tomado conciencia de muchas cosas ahora. Entonces, antes era diferente, pero la cultura te contenía mucho. Y quizás los papás que se venían con ustedes de fiesta, a final de cuentas, lo que hacían era, dentro de todo el relajo que había, poner orden. ¿Sí me explico? Porque ellos iban a poder tomar decisiones correctas. Entonces, no se trata de meterte al reventón con tus hijos y de irte al antro con ellos, no se trata de eso. Pero si un día te vas con ellos, no pasa nada. Yo me he ido con mis hijos, no, este, al antro, y nos lo padrísimo y no pasa nada, pero regresamos a este lugar donde hay jerarquía. Entonces tampoco es como que todo sea blanco o negro, simplemente es verlos diferente para que hagas algo diferente. Entiende un poquito lo que está pasando desde adentro de ellos para que no te claves en ese revire de cara, de ojo, de se encerró. Hoy tenemos como mucho miedo de que el adolescente no tome, no beba, no vaya, no venga, los amigos no le vayan a hacer nada. Nada. Hay que dejarlos que vivan, hay que permitirles tener experiencias estando nosotros en este muelle, esta base segura a la que pueden regresar. O sea, a los niños que molestan en la escuela, a los niños que les hacen bullying, por ejemplo, es un tema de adultos. O sea, es cómo nos movemos los adultos ante eso. Lo primero que necesitamos es que ese niño tenga un lugar a donde pueda llegarlo a platicar. Que pueda llegar y decirle a su mamá: oye, hoy me pasó esto, me hicieron aquello, o me siento triste por esto. Es lo, esto es lo primero. Y lo segundo es ver quién es ese profesor o quiénes en la escuela están supervisando la interacción con ellos. Tengo 40 años trabajando en esto y nunca hasta hoy he tenido un caso de bullying que se dé estando un adulto. Todos los casos de bullying y de acoso se en el recreo, en la fila de la entrada, cuando no está el adulto presente. El adulto pone orden, si me explico. Entonces, pues, ¿dónde estamos los adultos para no permitir que molesten a un niño porque es el más aplicado de la clase? Porque no tiene que ser por un defecto, es por cualquier cosa, o por, porque le gusta hacer algo diferente que a los demás. Entonces, ¿dónde estamos nosotros como adultos? Y entonces sí, cuando ese niño viene y me dice, yo como papá, ya le puedo dar consejos de qué hacer, ya le puedo platicar que a mí también me pasó, pero ya le di un espacio emocional para que eso se mueva.
Y uno de los grandes cambios, dices que hemos hecho mucha conciencia de cómo crecimos tú y yo, a cómo están creciendo nuestros hijos, es obviamente redes sociales, dispositivos, pantallas. ¿Cómo ha cambiado o cómo debe cambiar la paternidad? ¿Cómo tenemos que pensar los padres papás sobre, sobre esto en la etapa de preadolescencia, no, cuando ya tal vez ya tienen su dispositivo, tal vez no tienen uno, tal vez con conexión al internet abierto con celular o no. Pero eso es un ladrón tremendo, un obstáculo en la creación del vínculo. O sea, a mí me pasa con mis hijos que aunque los tenemos limitados entre semana, les damos cierto tiempo el fin de semana, pero cuando están ahí es una A ver, sí, fíjate que el mundo cambió, pero nuestras necesidades siguen siendo las mismas, ok.
Entonces, la necesidad de un chavo de 9 años o de 14 sigue siendo la misma que hace 40 años. O sea, el mundo fue el que cambió y los adultos somos los que nos tenemos que poner a cargo de ahí, de esto. Entonces, en la adolescencia el sistema de recompensa está muy activado y el adolescente necesita mucho inmediatez con lo que hace, ¿no? O sea, si algo le gusta, se pica muchísimo, se clava mucho. Y tenemos como esta tendencia a engancharnos en todo aquello que casi funciona. Entonces, ya llevo 500 moneditas y ya voy a juntar las 700. Y entonces se clavan. Es muy fácil que lo hagan en un videojuego, es muy fácil que lo hagan, no, en cualquier actividad que hagan. Lo que sucede es que el algoritmo los tiene leídos completamente. Entonces, pues, son dentro de la cadena alimenticia el ser más vulnerable, y es hacia a la cual está yendo la tecnología. O sea, la tecnología sabe y puede leer qué necesita ese niño. Cuando ese niño escribió esa carta porque se siente solo, no sé qué, inmediatamente le llega toda la información, como cuando estás hablando de cortinas y al rato te llega la información de cortinas a tu celular. Entonces, estos chavos están en un medio que va mucho más allá de lo que el niño puede controlar. Somos los adultos los que lo tenemos que regular, porque la conexión no compite con nosotros, Oso, compite con su necesidad de conexión. Entonces, si ese rato tu hijo está clavado y es la hora que le diste, pues déjalo que esté clavado. Está en un sistema de recompensa, supervisa lo que hace, que lo termine, que se frustre. ¿Y qué le ofreces cuando termina? ¿Ir al súper? ¿Sentarte en la casa a no hacer nada? ¿Que se vaya a su cuarto y que se meta y se acuesta en una cama? ¿O le ofreces hacer algo padre contigo? ¿No? Jugar cartas, sacar el roomie, este, no sé, preparar una pizza, O sea, que es una competencia de vínculos. Es como hace un momentito que te dije de tener alguien que te atrae o una actividad como el golf que te atrae. Es lo mismo. ¿Cómo compites contra las redes? No es cómo le quito a mi hijo las pantallas o cómo me peleo con los horarios de pantallas. Los horarios de pantallas no deberían de ser un pleito si pusiéramos estructura desde el principio. Y hoy lo estamos viendo en cuántos países del mundo, no, acaba de decirlo Inglaterra, que ya no está permitido el acceso hasta los 16 años. ¿Por qué? Pues porque se dieron cuenta que es un mundo que ellos no van a controlar. Y ahí lo que sucede, Oso, y el gran peligro es que se conectan a través de parecerse. Entonces con facilidad los perdemos. Yo muchísimo les digo a los papás: no le regales un celular a tu hijo, ponle un celular a su disposición que es tuyo. Porque esto de que es mi celular, yo tengo niños, o sea, he visto papás donde el niño de 10 años es dueño del celular. Entonces el niño tiene intimidad y entonces ya nadie puede ver a dónde se mete. Y o sea, es un rollo complicado.
Yo te voy a decir que ningún niño tiene derecho a la privacidad.
No, no es tan terrible, pero sí.
Y conforme avanza en edad, ¿dónde y hasta dónde tiene que haber privacidad? Sobre todo hablando de esto, vas a priorizar seguridad sobre privacidad.
Privacidad, ok, porque la verdadera privacidad tiene que ver con que tú te sepas cuidar y tengas este espacio, y yo respete ese espacio porque veo que te puedes cuidar. Pero si yo estoy viendo que tú no te puedes cuidar y te pones en riesgo, Oso Trava, perdón, pero yo no sé qué papá diría: no voy a ver el celular de mi hijo cuando sé que está entrando a ver pornografía, o cuando sé que se están bulleando a un niño en la escuela a través del chat que tienen. Si el cuento. Entonces, de entrada, yo, mi consejo preventivo es: no le regales el celular y no le regalen el Nintendo de Navidad porque es suyo. Mejor dile: compré este Nintendo, es para la casa y hay reglas, y lo vas a poder usar. Entonces, desde el día que se lo das, este chavo sabe que no es su Nintendo, que es el Nintendo de la casa y que tú lo regulas. Fíjate qué diferente lugar te pones en jerarquía. Ese celular no es tuyo, es un celular que te damos. Y si lo sabes usar con cuidado, con respeto, y sigues todos los límites, lo seguirás usando. Y nosotros vamos a estar entrando a todo lo que tú acceses, porque es lo que nos toca hacer como papás. Fíjate cómo es un lugar bien diferente a la mamá que quiere estar ahí sneaky viendo qué hizo el niño a escondidas. No tenemos por qué tomar ese lugar.
Ahora, aquí, nada más voy a hacer una paréntesis. Yo uso una app extraordinaria, se llama Custodio, con Q. Instalas tú en tu celular la aplicación del papá, instalarlas en los dispositivos de tus hijos. Ves lo que buscan, puedes bloquear sitios, puedes bloquear horas, bloquear el internet. Es fantástico. Usen la QUSTODIO, no es comercial, pero yo la uso todos los días y a mí me sirve.
Porque muchos papás llegan conmigo y me dicen: ay, es que eso yo no lo entiendo.
Ah, pues aprendes, aprende.
Perdón, pero aprende, hay que aprender, o sea, porque a final de cuentas no nos, o sea, no nos podemos bajar de este lugar alfa. Ese es el tema. Yo no puedo dejar de ser el que está a cargo. Y muchos Papá siente que tiene la batalla perdida contra la tecnología. Es muy complejo, es muy complejo porque es sumamente adictiva y porque los tienen leidísimos. O sea, una vez una mamá me decía: es que mi hijo, le digo, ok, te voy a dejar poner la tableta en el buró de tu cuarto, pero solo la puedes usar de 8 a 10 y confío en ti. Y le dije: ¿por? O sea, ¿cómo por qué confiarás un niño de 8 años? No es como que yo te digo, Oso, aquí te voy a poner la dona y confío en que no te la vas a comer. O sea, ¿por qué lo pones a prueba de algo que te corresponde a ti? Mejor guarda la tablet, a las 8 la sacas y le dices: a tal hora la guardo. Se va a enojar, sí, sí se va a enojar, va a ser un berrinchazo.
Y va a negociar. Yo tengo un negociador durísimo en la casa.
Ok, y negocias lo que tú consideras y lo que no. No te— aquí hay un principio que tú no sea un no muy claro y que tu sí sea muy abundante. O sea, si ya le dijiste sí, sí te voy a dejar que juegues Nintendo de 10 a 11 el domingo, no empieces con ya ves, te clavas en el Nintendo, pero es que si no sé qué, si es de 10 a 11, que tu sí sea abundante. Y le digas oye, qué padre, qué bien estás jugando, vamos a esperar a que termine. Pues sea abundante lo que le das, no le estés repelando. No, aclaro, con el Nintendo estuviste súper contento, pero yo ahora conmigo, mira las caras que me pones, porque eso es lo que hacemos los papás, nos enganchamos. Entonces, cuando tú no seas no, pues es no. Y no se trata, Oso, de hacer hijos felices, que eso yo creo que es uno de los grandes problemas que tenemos hoy, que creemos que hay que hacer hijos felices, que creemos que hay que evitarles el dolor, la tristeza, la frustración, porque el mundo es muy complicado. Y entonces mejor yo aquí adentro le hago un mundo de terciopelo donde no. Nuestros hijos necesitan llorar, Necesitan frustrarse, necesitan perder, necesitan saber que hay nos y que hay límites en la vida. Por eso te digo que no conozco ningún sistema de crianza, ningún modelo de crianza que tenga más jerarquía y más límites que este. O sea, es un no.
Leí esta pregunta que haces, cuál que nos tenemos que hacer los papás, no, cuál es el objetivo en crianza de mis hijos. Y antes de llegar aquí la respondí y dije, pues que sean felices.
Eres parte del 99.9. de las preguntas.
Y le puse signo de interrogación, dije le voy a preguntar porque igual es una estupidez lo que estoy diciendo.
¿Te cambió en algo lo que te he dicho hasta ahorita? O sea, ¿pensarías una pregunta, una respuesta diferente? ¿Cuál sería el objetivo en la crianza de tus hijos?
Teóricamente sí, prácticamente creo que es un trabajo. A ver, y como sabes, yo llevo trabajando en esto mucho, no nada más empíricamente, sino con asesoría, este, mucho mucho tiempo y sigo sin saber si lo estoy haciendo bien. Quiero regresar al tema de pertenencia, pero no me contestaste. Me cambió algo. Sí, sí, sí, sí. O sea, hay muchas cosas, como te digo, que me estoy llevando como mentoría personal y que voy a empezar a hacer hoy mismo. Entiendo que parte de— es más, creo que parte de la felicidad es que la felicidad no sea permanente ni ni omnipresente, no.
Estamos felices, no somos felices. O sea, fíjate que el objetivo en la crianza de los hijos es dar las condiciones para que se conviertan en lo que están llamados a ser, para que florezcan.
¿Cómo sabes si vas en buen camino?
Porque hay muchos indicadores. Hay que entender qué es la madurez, o sea, y en el modelo Nufel entendemos qué es la madurez. La madurez tiene que ver con que un niño empieza a convertirse en su propia persona desde chiquito, pero especialmente en la adolescencia. Qué le gusta, qué no le gusta, como que veas que disfruta esta parte de diferenciarse de los otros. Porque parte de la adolescencia, por ejemplo, te dije que era resistirse cuando alguien lo está presionando. Si tu hijo se resiste cuando le dices ponte los zapatos azules, pero también se resiste cuando sus amigos le dicen métete a ver esta película, que él no quiere, ah, entonces estamos en correcto. Este resistirse está funcionando para protegerlo. Pero si a ti nunca te obedece y obedece a los amigos, ahí hay un indicador de inmadurez, ¿no? Entonces no está convirtiéndose en su persona. Otra es que pueda llorar lo que tiene que llorar y entender, no entender, sino vivir que en la vida lo que no podemos cambiar afuera nos transforma. Entonces nos mudamos de casa, nos mudamos de país, se murió la tortuga, no fuiste el primero, no te aceptaron en el lugar, pues hay que llorarlo en este muelle seguro que somos nosotros. Y ese es un símbolo, un signo, un síntoma de madurez. Si tu hijo habla de sus sentimientos, si puede contactarlos, no siempre hablarlos, a veces lo pintan, a veces lo tocan en música, a veces en el deporte. Si pueden mover sus sentimientos y sus emociones, ese es un signo de madurez. Y en la adolescencia, si puede sentir sentimientos encontrados, por un lado siento una cosa, por otro lado siento otra cosa. Esa es una característica que se va dando en la adolescencia. Entonces, si hay maneras es saber cuál es el camino. Ahora, si mis hijos fueran perfectos, yo tiré a Oso Trava, o sea, lleno el Auditorio Nacional porque descubrí, no, la clave mágica. No, se trata de que sean seres humanos y van a cometer errores, van a tener aciertos, y que sepan que yo estoy a su lado. Para mí ese es el objetivo en la crianza de mis hijos, que mis hijos sientan que pase lo que pase, yo estoy estoy a su lado, que la relación conmigo no se rompe, no está condicionada, sino que yo estoy ahí para ellos. Y tengo hijos adultos, entonces hoy me toca acompañarlos de otra manera. Cada vez como que vas abriendo, no, este espacio, y le llamamos negligencia benigna, que es como: te veo que cometes errores, pero si esos errores no te meten en riesgo, pues te dejo. Pero en el momento en el que te metes en riesgo, ahí voy. Entonces Entonces no es algo que vas a lograr de la noche a la mañana, pero sí es un proceso que te va dando una mirada diferente. O sea, fue mi proceso, ha sido mi proceso, y no, no te sé explicar qué pasa, pero empiezas a tener la certeza de adónde quieres llegar, no de lo que hay que hacer ahorita en la mañana, que se levantó tarde y el camión lo va a dejar y está con una actitud de que el huevo estrellado no está bien cocido. No, o sea, en ese momento habrá, todos nos vamos a ver en estas disyuntivas, pero al rato llega en la tarde y te pide las llaves para ir a ver a la novia. No, ese es el adolescente. Entonces no, no estamos preparados para eso. Y sí tenemos que empezar pues a tener esta capacidad de integrar mi deseo de decirle que no porque estoy bien enojado y mi deseo de hacer lo que le corresponda. Entonces, este, esta mezcla nos hace madurar. Te dije hace un rato, y el Dr. Nofe lo repite mucho, ser padres nos mueve tantas emociones que nos da una segunda oportunidad para madurar. Entonces vamos madurando, pero no se trata de evitarles el dolor. Y yo creo que ese es un gran, gran problema de nuestros días. Evitándoles el dolor, hoy tenemos una incidencia de niños ansiosos, deprimidos, con problemas de conducta alimentaria. O sea, de verdad tenemos tantos problemas porque hemos evitado que vivan su vulnerabilidad. Y de lo que se trata es de mentiroso. Esa es mi historia. O sea, yo he empezado a vivir en la medida en la que empecé a sentir el dolor, no en la medida en la que parecía que no me sentía nada, que Marcela era la equilibrada, la templada, la que no sentía. No, esa no era Marcela, esas eran mis defensas. Y hoy me siento vulnerable, soy un ser humano, y puedo llorar, hoy me puedo conmover. Y este es el lugar verdaderamente que me está llevando, porque no pegado hacia la madurez. Y fíjate, puse aquí este papelito porque hice una búsqueda en internet de cuántas, y tú leerás los números mejor que yo, cuántas búsquedas o cuánta información hay acerca de disciplina en Google.
216 millones.
Millones. Y en adolescente, ¿cuántas veces buscamos?
157 millones.
157 millones. O sea, la adolescencia genera muchas preguntas, la disciplina genera muchas preguntas. Y sabes que hacemos? Buscar afuera, buscar afuera un experto, buscar que alguien nos diga qué hacer, buscar afuera a alguien que lo hizo muy bien para copiarle, en lugar de buscar adentro. ¿Quién es mi hijo? ¿En qué está atorado? ¿Dónde sí está evolucionando? ¿Cuáles son sus áreas fuertes? ¿Qué tan suave está su corazón? ¿Qué tanto puede realmente sentir y mover las emociones de su vida? ¿Qué tanto se conecta conmigo? ¿Qué tanto Tanto está orientado más hacia los amigos o hacia mí, que eso sé porque lo has publicado y ahorita me lo acabas de decir, que tú te tomas el tiempo de tomarte un viaje con cada uno de tus hijos. Eso es el mundo ideal para un chavo, tener un espacio con un papá donde lo importante es la relación. Y lo he tratado de hacer con algunos papás, y entonces resulta que regresan peleados porque no recogió el cuarto, porque dejó los calcetines, porque no apreció el atardecer, porque si no, no, no, ese viaje lo tienes que hacer desde un lugar muy maduro, sí o no. Vienes llegando y te vas a ir hoy en la tarde a otro. O sea, sí tienes que decir, no voy a echar a perder este momento porque no se lavó los dientes o porque me contestó feo. Tienes que hacer que ese momento sea un momento de conexión. Tú eres el que lo haces. ¿Cómo te fue en este viaje a ti?
Fue muy padre, sí, pero igual como que sentí que esperaba yo más del viaje o que tenían que pasar ciertas cosas. Y la realidad es que al final del día se logró. El objetivo, claro.
Y el objetivo era simplemente servir un buffet de relación, de conexión, de emociones, de momentos y de espacios, y que él tomara lo que en ese momento podía tomar. Y nosotros humildemente, pero con mucha generosidad, estar ahí.
Sí, es que lo que me pasa a mí es que de repente trato de, pues, como no estoy con ellos tanto entre semana, entonces tiene que pasar toda la relación del año.
No, ok. Y entonces ahí empiezo por donde empezamos, me tengo que voltear a ver a mí. Y ya no nada más es preguntar: ¿es algo que mi hijo necesita o que quiere? Pero ahora yo también me tengo que preguntar: ¿es algo que yo necesito o es algo que sirve para mi hijo, para mi hija? Porque a veces nos duele mucho. O sea, es que yo sigo en esto, o sea, lo sigues viviendo mientras estás conectada y estás en el lugar que te corresponde, te tambaleas. A mí me gusta que Nufel dice mucho que la paternidad es un lugar muy solitario, porque estás en tus dudas. Yo también me despierto en la noche con preguntas, yo también siento ese dolor. Pero el tema es hacia dónde voy, a tratar de dar las condiciones que ellos necesitan para convertirse en su propia persona, no en quien yo quería que fueran, no en cómo son los demás, sino si se salen de la caja y piensan diferente y hacen cosas diferentes apoyar eso y estar siempre cerca para que puedan tocar base conmigo. Fíjate qué lugar tan humilde. O sea, por eso, y yo mencioné el ejemplo del jardinero, no, el jardinero cuando ve que el arbolito se está secando no va y le pinta las hojas y le pone manzanitas y le pega, no, se va a la raíz. Entonces, cuando tengas un tema con un hijo, vete a la raíz, y la raíz es la relación. En el modelo Nofel, el vínculo no es lo más importante. Lo más importante es el florecimiento humano. El vínculo es el medio para lograrlo. Nosotros no trabajamos vínculo, pero es a través del vínculo que logramos que ese ser— yo, fíjate que me ha pasado algo muy curioso últimamente que no me había pasado en muchos años. He tenido muchísimas consultas de mamás y papás con hijos adultos, adultos de 30, 40. El otro día, una señora con hijo de 50 y tantos años, una señora mayor me da una ternura tener esa conversación tan— pues me honró tanto poder platicar con ella acerca de este tema, este, de papás que ya son padres de hijos, que han formado familias, y que cuando han escuchado el tema del vínculo llaman y dicen: quiero trabajarlo, quiero recuperar esta relación, porque nunca es tarde, jamás es tarde, nunca es tarde, lo puedes hacer a cualquier edad. Pero sí me ha sorprendido he tenido, que no solamente he tenido citas y consultas con papás de niños chiquitos o adolescentes, sino de estos papás, y ha sido últimamente, y ha coincidido. Entonces siempre puedes trabajar el vínculo. No quiere decir, Oso, que sea fácil. La verdad es que hay que llorar, o sea, esto implica lágrimas. Las lágrimas son transformadoras. Como yo, como cuando yo como mamá o papá puedo llorar mi confusión, mi no saber, mi no sentirme que lo estoy haciendo bien, lo que me duele de ver en un hijo. Porque nuestros hijos, a través de ellos sentimos dolor cuando alguien los lastima, cuando no logran hacer algo, cuando los vemos limitados, cuando tienen una— te duele profundamente. Lo que más duele, ay, es lo que más duele. Hay que llorarlo. Y cuando tú lo lloras, tu cerebro tiene una transformación, se se llama proceso adaptativo. Lo que no puedes cambiar afuera te transforma. Y ya maduraste, ya avanzaste una casilla como papá porque pudiste sentirlo. Mi trabajo con los papás empieza por cómo te sientes tú con esto, para que podamos desde tu lugar movernos juntos a ver a tu hijo desde otro lugar. Porque si yo comienzo con la conducta, trabajar conducta es muy ¿Me explico? Es muy fácil, es muy— la verdad es que es fácil, en algunos casos no lo es, pero me refiero, cambiar la conducta es como si llegas y tienes gripe, yo te digo te voy a dar gotas para la nariz y te destapo la nariz, pero ahí sigue el virus, ¿sí me explico? Trabajar la crianza a través del vínculo es irte a la raíz, te va a llevar más tiempo, pero va a ser a largo plazo, es algo que realmente va a transformarte a ti. O sea, yo te puedo decir que a mí me transformó me transformó como mujer, como esposa, como madre y como profesional. Porque hoy, porque hoy sé lo que se siente estar allá. Porque quizá cuando empecé mi carrera era como desde mi conocimiento, no, pero cuando yo tuve este movimiento, hoy sí me puedo sentar con un papá, una mamá, y conectar con lo que están sintiendo porque he estado ahí.
Tengo una pregunta más sobre adolescencia y preadolescencia, y te lo comentaba un poquito antes de empezar el programa. Yo he sido muy abierto con mis experiencias. Ahorita hablé de cómo fue mi adolescencia. ¿Qué tan abiertos tenemos que ser con nuestros hijos sobre nuestra propia, nuestras propias vivencias alrededor de sexo, drogas, errores?
Mira, yo creo que ahí hay que tener como, como la mesura de esperar el momento indicado. Y te voy a decir dos cosas. Lo primero que hay que preguntarse cuando uno quiere compartir algo de estos temas con ellos Entonces, ¿es mi necesidad de compartírselo o es algo que va a contribuir para que él tenga una reflexión o para que obtenga un aprendizaje, o no sé, o para que nos acerquemos más, para que se sienta identificado conmigo? Entonces, si lo haces porque es algo para tu hijo en ese momento, para tu hija en ese momento, me parece que está en correcto, siempre y cuando tú siempre mantengas el alfa. Tú siempre eres el que eso te sucedió, pero tú puedes con eso. O esto es lo que estás sintiendo. No sé, a mí se murió mi abuelita, que era mi adoración. Tuve la bendición, se murió a 102 años. Y habíamos ido a un viaje, este, después de esto. Y me acuerdo que estábamos en una tienda escogiendo algo y de repente estaba yo en el rack y empecé a llorar. Y mis hijos: ¿qué pasó? Es que me acordé horrible de ella, me puse a llorar. Y ya, no pasa nada. Sí, oye, y pásame esa blusa que está bien bonita. O sea, En la vida puedes conectar con tus emociones en frente de tus hijos, siempre y cuando ellos no se tengan que hacer cargo de ti. No es como mi mamá se desbordó y yo soy quien la tiene que rescatar. Entonces es súper humano hablar de nuestras experiencias y nuestros sentimientos, pero siempre desde este lugar donde tú estás a cargo y no tener prisa. Hoy nuestros hijos tienen mucha información del mundo y creo que una buena receta es preguntarle, no, si yo estoy haciendo una pregunta es preguntarle: ¿por qué? ¿Por qué me preguntas? O: ¿cómo te lo imaginas? No, cuando te pregunten de sexo, de alcohol, de estos temas, preguntarle: a ver, platícame un poquito, ¿tú qué sabes? O: ¿por qué me lo preguntas? O: ¿cómo te lo imaginas? Porque entonces te da una perspectiva de por dónde va y hasta dónde. Y hasta dónde. Porque si no, te sueltas con un rollo y resulta que te estaban preguntando otra cosa.
Hasta chistes.
Hay un chiste muy claro de eso, ¿no? O sea, hay varios.
A ver, vamos a entrarle a una pregunta de asesoría muy puntual. Tengo hijos de 10 y 11 años. Yo creo que los próximos, obviamente más de los 3, pero los próximos 3 años, ¿qué no puedo dejar de hacer? ¿En qué debería de estar poniendo yo especial atención? ¿Cuál es el error más común que podría yo cometer y que no debería de cometer?
Colectar, colectar, colectar y colectar, que es buscar su mirada, tener esta sonrisa, tener como esta conexión a través de algo en común, ser del mismo equipo, estar del mismo lado. No voy a echar ahorita teoría, pero pueden entrar a mi página y ahí tengo un videíto corto que habla de qué es el modelo Nuffield. Y ahí vienen los niveles de vinculación. Entonces nosotros trabajamos en cada nivel de vínculo, cómo vas conectando con tus hijos. Entonces es trabajar el vínculo, pero ahora diferente, porque ya tu hijo no necesita que lo vistas, no, que lo peines y que le pongas los zapatos. Hoy necesita que lo recibas cuando llega sudado del fútbol, fauleado, no, o llega frustrado porque no lo al partido y lo dejaron en la banca, o llega porque todos sus amigos formaron un grupito y a él lo sacaron. Que eso es mi consulta de cada día, o sea, cada vez se está haciendo más el tema de redes en que los sacan del grupito del WhatsApp de pronto, y es un dolor profundo para ellos porque toda su energía de vínculo está puesto ahí. Si yo puedo llegar a mi casa y lo puedo llorar, entonces ya pude moverlo, ya me transformó. Puedes ver la diferencia, no es que yo he evite, pero sí puedo moverlo. Entonces pienso que conectar, de verdad suena algo tan sencillo, tan básico, que dices, ¿de verdad me estás recomendando eso? Sí. Y conectar es en la mañana, en la tarde, en la noche, cuando llegan, cuando se van a acostar. Usar la tecnología a nuestro favor. Usar la tecnología es usar el WhatsApp para comunicarnos entre nosotros, mandarnos dibujos, este, memes, fotos padres. Oye, escuché esta música que te gusta. Conectarlos con sus abuelos, con sus tíos, con sus padrinos, con la gente. Vamos a hacer un Zoom porque es cumpleaños de tu abuelito que no está aquí vamos a celebrarlo y vamos a conectar con él, pedirles a ellos que se metan y que conecten. Si usáramos la tecnología para usar a nuestros hijos, para conectar a nuestros hijos con nosotros, sería una maravilla. El problema es que está para conectarlas con un mundo que no comparten nuestros valores. Entonces, actualizarnos, Oso, porque también estos papás y estas mamás de que prohibido todo, te vas a meter en una batalla de resistencia que va a acabar con la relación. Tú lo que quieres es mantener relación y encontrar cosas en común con tus hijos. Si tú me preguntas qué te diría yo ahorita, qué te apasiona y disfrutas hacer con cada uno de tus hijos por separado, qué te gusta, qué disfrutas tú, porque cuando tú lo disfrutes entonces ellos van a tener esa conexión contigo de manera natural. Y empezarles a permitir conocer el mundo, invitar a sus amigos y conocer a sus amigos amigos. Muchas veces nos preocupamos porque nuestros hijos no tienen muchos amigos. A lo mejor estamos buscando en el lugar equivocado. A lo mejor en su salón de clases no tiene amigos, pero a lo mejor le encanta la escultura y entra a la escultura y ahí hace amigos que tienen cosas en común, o a los Boy Scouts, o a la natación, o a un club de algo, ¿no? Había en el club donde yo iba de armar este, de modelaje de avioncitos y de cosas, ¿no? O sea, busco actividad donde él o ella se puede identificar y pueda formar un grupo que tenga cosas afines. Pero no porque sea lo más importante, sino porque como adolescente quieres pertenecer. Pero trabajo la relación conmigo, que me pueda decir lo que siente. A veces no te lo van a decir porque no es tan fácil llegar y decirle: oye, papá, hoy me dejaron afuera encerrado en el baño, ajá, todo el recreo, y se fueron y me dejaron ahí, me tuvieron que venir a sacar. A veces es muy— pero cuando tú ves que tu Hijo llega de malas, le chocó la sopa de brócoli, se peleó con el hermano, algo está pasando y no tienes que saber qué está pasando. A lo mejor le dices: oye, vente, vámonos, vamos a echar. Yo compré un punching bag, por ejemplo, y lo puse a la entrada de la casa. Vamos a darle punching bag, estamos a salirnos a caminar. Pero el chiste es que tú también lo hagas. Entonces es creerte que eres su respuesta, creerte quererte tú, que adentro de ti está la respuesta para hacer la respuesta para tus hijos. Y que vas a meter la pata, te lo aseguro, o sea, eso es 100%. Yo meto la pata, yo me pierdo en el camino, yo tengo cuestionamientos. Lo único que tengo claro es hacia dónde quiero llegar, y yo quiero llegar al lugar donde mis hijos puedan florecer como personas a lo que estén llamados a hacer, y yo estar a su lado, y que ellos tengan esa seguridad Certeza es lo que yo quiero. Entonces, ¿cómo llego y adónde voy? Y si subo rutas o me voy derechito, eso cada familia, porque cada familia tenemos valores, principios, creencias, heridas diferentes. Lo que haces con tu mamá, de irte de viaje, bueno, yo me acabo de ir con mi mamá de 90 años de viaje. Me fui con mi mamá, mi hija y mi nieta, y fue una cosa preciosa. Los viajes, la verdad es son una gran alternativa porque nos sacan del entorno cotidiano y nos permiten poner atención en la relación. Entonces, eso que haces es de verdad padrísimo. Y si alguna mamá, algún papá quiere hacerlo, es increíble hacerlo, pero es difícil. Te tienes que preparar porque van a pasar cosas que no te esperas y vas a tener que reaccionar como el adulto, indiscutiblemente. Entonces, sí hay que prepararse. Y fíjate, yo pienso, Oso, que antes la cultura nos rodeaba. Era como muy fácil. Si yo me subía al árbol de mi casa y me colgaba, mi vecino salía y me decía: Marcelita, bájate. Y yo me bajaba. Hoy nuestros hijos ya no tienen esa cultura alrededor, ni nosotros tenemos como esta sensación de que hay una villa, como dicen en África, ¿no? Para criar a un niño se necesita toda una aldea. Hoy lo hacemos como en modulitos separados, cada quien en su casa, en su departamento. Nos cuesta trabajo formar estas villas como de adultos que hagan como una forma de aldea de vínculos para nuestros hijos, que eso es importantísimo, especialmente en la adolescencia. Y se nos olvida. Oye, pa, es la comida de la abuela, pero me invitaron mis amigos. Vete con los amigos. No, o sea, hoy es la comida de la abuela, vienes a la comida de la abuela, y terminando alcanzas a tus amigos. No siempre, pero que también demos prioridad a ese lugar de los adultos, que nosotros los podamos mover. Y yo sí creo que como papás necesitamos encontrar la abundancia que hay en nosotros, Oso, la seguridad de que estamos en el lugar que nos corresponde y que tenemos el trabajo más importante que hay en el mundo, que es crear un ser humano. No hay nada más importante. Y yo tuve una época en mi vida en la que pensé que lo más importante era lo que hacía.
Ajá.
Y el no estar disponible emocionalmente para nuestros hijos, de Y de verdad es algo que hoy que yo lo volteo a ver digo ups, me duele y me genera culpa. Pero afortunadamente hoy puedo intentar estar cada vez más disponible y eso cambia. Quizá no cura una herida, quizá no cura una historia, pero sí lo va cambiando.
¿Algún libro que todo mundo debería de leer antes de que sus hijos cumplan 12?
El libro de Gordon Neufeld y Gabor Maté, Tus hijos te necesitan, me parece un librazazo. Está muy enfocado a la orientación, Pares le metió gordo en un capítulo nuevo acerca de la tecnología, acerca de la pospandemia. Entonces está actualizado. Y está el curso, el curso adolescencia. Yo tengo el curso adolescencia, lo tengo grabado.
De todo lo que haces tú, yo hago asesoría a papás.
La verdad es que estoy un poquito saturada, este, pero bueno, tengo algunos espacios por ahí y generalmente doy sesiones de inicio como para arrancar y los papás ya pueden. Tengo un diplomado que se llama Crianza con Oso Trava, que está basado en el modelo Nuffel, es un diplomado del modelo que se toma en línea y los papás lo van viendo y tienen un acompañamiento para irlo aplicando a su vida personal. Si tú me preguntas, Oso, no nacemos sabiendo ser papás en este mundo tan confuso y tenemos que aprender. Entonces, a mí, eso, los cursos de ese diplomado me cambiaron la vida, o sea, literalmente. Y no tengo hasta ahorita una sola persona que no lo haya terminado y me haya he dicho, wow. ¿Dónde están? En mi página, o sea, están en mi página, se toman en línea. Hay una persona especializada en el modelo que va dando sesiones por Zoom y las se va haciendo al ritmo de cada quien, y lo vamos aterrizando con material que les vamos complementando. Y la verdad te convierte en un experto en tu hijo, y ya tú recuperas tu intuición. E insisto, no es magia, para cualquier edad. Tengo ahorita una señora embarazada que lo tomando. Ajá, he tenido abuelitas que lo han tomado, lo han tomado psicólogas, lo puede tomar cualquier persona. Y tengo el curso adolescencia creado por el Dr. Nufel, que se llama Entendiendo la Adolescencia, que es un curso más corto específicamente adolescencia. Igual está en línea, son sesiones que vas viendo a tu ritmo y una persona que te acompaña y que va poniendo como todos estos ejemplos aterrizados a tu vida. Y lo maravilloso es que se quedan permanentes, Entonces ahorita tiene 9, pero cuando tenga 14 lo puedes volver a ver, pero cuando tenga 18 lo puedes volver a ver, porque necesitamos como estarnos como actualizando. Yo insisto, Oso, necesito, así como invertimos. Yo trabajo con muchas mamás jóvenes y me quedo muchas veces pensando, si toda esta energía que ponen a ir al gimnasio, a comer bien, a ir a no sé dónde a conseguir la comida orgánica de la no sé qué, a tomar el curso. Si toda esa energía que está puesta allá afuera la pusiéramos en nuestra labor más importante, que es la crianza, y le invirtiéramos. Hay que invertirle. Antes no, mi abuelita no lo necesitaba, no sé si mis papás lo necesitaban, pero no había. Pero en este momento hay. Entonces, ¿por qué comer comida chatarra todo el tiempo de lo que las redes dicen? En las redes nada es cierto. Todo mundo sale happy, feliz, todo mundo sabe qué hacer, todo mundo tiene la respuesta, todo mundo te acomoda a tu hijo en 3 minutos. ¿Sí me explico? Es marketing lo que hay ahí, es trabajar contigo, es poderte convertir en la respuesta de tus hijos. Y se va a llamar mi libro, estoy trabajando en él. Pues, pues tú ya escribiste y sabes que este es un proceso un poquito complicado. Ahí voy, ahí voy, espero para el próximo año ya tenerlo. Pero mi idea es poder poner como en un lugar muy sencillo y muy accesible esto que cuando lo oyes a veces te puede parecer como complejo, y es súper básico. Es tan básico que no lo hacemos. Es de veras volver a lo básico, tan elemental que no lo hacemos. Parece complejo, pero sí, lo único que quiero subrayar es vínculo. No es ser el cuate de tus hijos y llevarte bien con ellos, es ponerte en jerarquía.
Tengo dos preguntas para ti. La primera, este episodio estoy 100% seguro que lo van a oír cientos de miles, si no es que millones de personas.
Gracias.
Y va a acabar episodio, y van a haber papás y mamás que van a ponerle stop y se van a ir a tocar la puerta a sus hijos o hijas adolescentes. ¿Cómo o qué les dices para que no la rieguen?
Si algo me gustaría dejarle a un papá hoy es que tuviera una mirada diferente y que dijera: ah, ok, a lo mejor no es mi adolescente el que está teniendo estas conductas problemáticas, a lo mejor me puedo voltear a ver a mí y también ver cómo respondo yo ante eso, ¿no? Entonces, de entrada, yo creo que voltearse a ver qué sentí, qué me movió, qué me cayó, o qué de lo que dijo Marcela no estoy de acuerdo. Porque tú también es una reflexión, no, poder decir no, oye, no, esto que tú estás diciendo no estoy de acuerdo. Entonces, primero es voltearte a ver a ti. Y segundo es, hagan la prueba, empiecen a colectar a sus hijos buscando su mirada y una sonrisa. Hay papás que no han visto a sus hijos a los ojos hace semanas, Oso. Ahora, si tienen un hijo altamente sensible o hipersensible, que es dentro del espectro autista, esta les va a llevar más tiempo, porque es a veces es demasiado invasivo que llegues como papá a buscar mi mirada. Entonces puedes conectar, o sea, activar el vínculo a través de platicar, a través de la música, hacer algo que nos gusta y buscar la mirada, y entonces conectar con él o con ella. Y hay papás o mamás que tienen un vínculo muy lastimado en la adolescencia y que si hoy tratan de voltear a ver ese hijo van a encontrar así las espinas. Y es poco a poco, es tener paciencia y confiar en el proceso. Entonces, para unos papás así da resultados, para la mayoría. Para otros no, pero no hay tiempo mejor invertido. Recupera la mirada de tu hijo, recupera la relación con tu hijo. Y desde ahí entonces ya nos empezamos a mover en el tablero para diferentes lugares. Ya vemos qué hacemos con las pantallas, con la ropa tirada, con el alcohol, con la novia, pero primero recupera la relación. Entonces, la primera sería esa. Y la segunda sería: no te enganches como si tuvieras 14 años, porque cuando tú te enganchas pierdes la jerarquía. Entonces, el vínculo deja de ser ese lugar para madurar. Y generalmente lo que sucede es que nos enganchamos. Y yo te diría, Oso, que esto aplica también en la relación de pareja, cuando te paras y lo ves ahí, pero también implica a nivel empresarial. Cuando tú tienes una empresa, cuando tú estás hablando de liderazgo, cuando tú estás hablando de influencia, estás hablando de vínculo. El vínculo es lo que hace que tu empleado, que tu director, que aquella persona a la que le encargaste una labor muy específica, esté movido a hacerlo para que la relación funcione. Cuando tú trabajas las relaciones en cualquier ámbito de tu vida, tienes influencia, y eso te da un liderazgo muy especial. Entonces aplica como el anuncio que era en la casa, en la oficina, o sea, aplica de verdad en nuestras relaciones. Por eso es que te digo que esto no es un método que vas a aplicar 1, 2, 3, aunque sí tiene intervenciones y herramientas muy específicas, pero es un proceso. Y hoy estamos apostándole demasiado a la inmediatez y necesitamos también confiar en que hay estaciones del año. Y la adolescencia es una estación, y es una estación compleja de turbulencia, pero nuestros hijos necesitan un faro, necesitan tener la certeza de que ahí estamos para ellos. Y eso es lo que creo que hemos perdido.
Y para cerrar, Marcela, si pudieras escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿qué dirías?
Que no maduramos solos, maduramos en relación. Y que si el objetivo de la crianza es que nuestros hijos maduren, en lo que hay que trabajar es en relación. Es la relación lo más importante, no porque las conductas no lo sean, pero la relación es donde surge todo.
Me cae esta conversación como no, no anillo al dedo, lo que le sigue. Me llevo muchísimas cosas que voy a empezar a hacer el día de hoy. Te quiero agradecer muchísimo por estar aquí, eres una crack.
Muchas gracias.
¿Dónde puede la gente entonces meter? ¿Cuál es tu página, tus redes sociales? Dónde puedes seguirte? Gracias.
En Instagram soy Marcela Escalera Oficial y mi página es www.marcelescalera.com. Ahí está la información del diplomado, del curso adolescencia y de las asesorías que doy. Pueden escribirme a través de la página y entonces yo les puedo contestar, y a través del Instagram, y ahí podemos tener contacto. Y bueno, la verdad es que yo te quiero decir, Oso, que yo le estoy muy agradecida al Doctor Gordon Neufeld, porque para mí fue un turning point en mi vida. Y mi misión es de verdad transmitir un testimonio, o sea, ya no lo hago desde la experta, ese rolecito ya lo jugué hace muchos años. Hoy lo hago desde un ser humano que está convencida de que esto es el modelo que puede transformar y salvar la vida de nuestros hijos. De verdad, pues que te agradezco muchísimo, que me encanta que podamos hablar pues como papá y mamá que estamos en el camino y saber que hay una respuesta y está dentro de nosotros.
Muchísimas gracias por estar aquí, Marce.
Muchas gracias.
Muchas gracias por escuchar este episodio. Y antes de irme, no olvides que si quieres recibir un correo muy corto pero cargado de valor de mi parte todos los días, de lunes a viernes, puedes registrarte para recibir Oso Trava Daily. Todos los días estaré compartiendo alguna noticia alguna lección, alguna herramienta que pueden ayudarte a ti a mejorar tu negocio, a crecer tu empresa, a ser más productivo y a tener una vida más plena en general. Así que si no te quieres perder de esta información cargada de valor para ti, simplemente ve a cracks.la/correo, déjame tu mail y muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Oso Trava y espero que tengas una semana de cracks.










