This is a Spanish-language excerpt from a YouTube interview titled "Rompiendo Barreras: La Increíble Historia de Rosario Marín en EE.UU." In this chunk Rosario Marín recounts growing up poor in colonia Puebla, Mexico (daughter of a laborer, initially five siblings, later a sixth born during a move to the U.S.), describing material scarcity (few shoes, hand-me-down clothes) alongside joyful, memorable outings when her mother would take one child to buy bread and share pozole. She contrasts those simple, treasured moments with later high-status experiences (e.g., visiting the White House), emphasizing emotional value over material luxury.
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Cuando mi mami me llamaba y me decía hoy quiero que me acompañes a comprar el pan, eran palabras mágicas, Oso. Eso quería decir que nos íbamos a ir a comer un pozolito ahí en la esquina con Doña Chona, unas quesadillitas y eso, pero mi mami lo hacía nada más con uno a la vez. Mi vida era fantástica, pero no sabía que éramos pobres. En realidad carecíamos de muchísimo en mi casa. Yo vivía en la colonia Puebla, una colonia muy proletaria. Mi papá era un obrero, trabajaba todo todos los días hasta el sábado, porque si no trabajaba no había suficiente dinero para la casa. Éramos cinco hermanos. Cuando íbamos a Estados Unidos nació mi hermanita, la última, la sexta. Pero yo vivía una vida muy feliz y muy tranquila, porque como te digo, esta otra parte como que se te olvida, ¿No? Con muchas carencias. Siempre hablo de que teníamos dos pares de zapatos, unos. Cuando iba a empezar el año escolar, pues compraba los zapatos nuevos y luego los que acababas de usar, pues eran las chanclas. Al final del año ya no sabes cuál era la chancla y cuál era el zapato de la escuela, porque estaban igual de mal la ropa. Mis primas nos daban ropa y yo la utilizaba y luego se la daba mi hermana. ¿Pero cuando todo tu entorno es lo mismo, pues tú crees que así vive todo el mundo? Ir a un restaurante no Oye, las idas, quiero decir, así como de contrabando. Cuando mi mami me llamaba y me decía hoy quiero que me acompañes a comprar el pan, eran palabras mágicas, Oso. Eso quería decir que nos íbamos a ir a comer un pozolito ahí en la esquina con Doña Chona, unas quesadillitas y eso, pero mi mami lo hacía nada más con uno a la vez. Esas eran las salidas de ir a comer a un restaurante. Era la esquina donde vendían el pozole. Pero era fantástico y yo me sentía uy, hoy me toca a mí. Uy, qué padre. Mi mami nos hacía sentir tan especiales con tan poquito. Hoy día, mira, he estado en la Casa Blanca, he estado en residencias y me ponen algo tan excepcional, tan sabroso y todo muy bien. No se compara con los viernes en la noche. Un pozolito con mi mami. Y cuando.