Un artista cuenta cómo pasó de vender sus primeras obras a vivir del arte, el conflicto con su abuela que quería otra profesión para él, y por qué cree que ser artista requiere planificación y responsabilidad, no solo talento.
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Momento en que la obra empieza a tener un vínculo con otra persona y la quieren adquirir, empiezo a considerar que sí es una opción no solamente de placer interno y de vocación, sino que también podría sobrevivir ganando dinero siendo artista. Mi abuela se oponía completamente. Quería que fuera doctor, que fuera sacerdote o que me dedicara al campo. Y cuando le dije que iba a ser artista, me dijo, lo hemos perdido por completo. Y fue un debate muy rudo. A mí me crió gran parte de mi vida mi abuela, que es así como mi guía. Y cuando le dije que quería ser artista, lo tenemos perdido, ya no tiene rescate. Incluso hasta me dejó de hablar un tiempo. ¿Y yo le decía, pero por qué? Si me has educado para ser una persona responsable, para ser alguien cumplido, alguien respetuoso. ¿Crees que siendo artista no lo voy a hacer? Alguien que tiene que concluir el trabajo, alguien que se ponga metas y las cumpla. ¿Por qué si soy artista no puedo hacerlo? Y es todos esos clichés oso que tiene la gente sobre los artistas, que la contemporaneidad se han ido borrando. Los límites entre el artista que no logra nada y el artista que logra muchas cosas por sí mismo, que eso es muy interesante. Eso ha pasado en los últimos 25 años. ¿Y siempre tuviste esa convicción? Siempre. Nunca dudaste. Hace un par de años alguien me preguntó, ¿Imaginaste que ibas a estar aquí? Y les dije, no, no solo lo imaginé, lo planeé. Estoy aquí porque lo planeé. Y fui cumpliendo todas las cosas que me fui proponiendo paso a paso.