A first-person recount by Miguel Quintana Pali describing a dangerous cenote exploration. He describes being attacked by wasps at the cenote entrance, improvising by buying a nylon rope (mecate) when their climbing cable was missing, becoming entangled and spun while being lowered, and experiencing low oxygen inside the small cenote chamber which caused headaches and near-suffocation. After the incident they adopted the safety practice of carrying a small oxygen meter with an alarm in their life vests.
Questions this video answers
A small oxygen meter with an alarm worn in the life vest (to warn when oxygen levels drop).
Chapters
Que me van bajando y apenas paso la boca del cenote me ataca un grupo de avispas y tengo que gritar, me comienzo a espantarlas, a abofetearme yo mismo y alejarlas y grito que me suban de inmediato. Entonces pues ya me sacaron, afortunadamente no fue grande el daño, pero de ahí aprendimos siempre que antes de entrar a un cenote tenemos que usar meter una antorcha, el fuego, el humo de la antorcha disipa las avispas y nos limpia el camino para bajar vez llegamos al sitio y no trajimos nuestro cable de alpinista, que es un solo cable de nylon y no lo trajimos, entonces se nos hizo fácil ir a la palería del pueblo más cercano y comprar un mecate. Entonces procedimos con el mecate, con nuestra poleas, me puse mi arnés, me comenzaron a bajar y a medida que yo iba bajando, iba dando vueltas, dando vueltas, vueltas, vueltas, vueltas. Lo que estaba pasando es que no nos habíamos dado cuenta que estos mecates que compramos es de tres caos, entonces estaba destorciendo y al irse destorciendo pues me está girando. Mi preocupación ahí era que me pasara algo, que yo me fuera a marear, me fuera a desmayar, esa fue mi preocupación. Me agarré bien, estuve yo creo que más de una hora dando vueltas mientras ingeniaban cómo sacarme, porque a la vez ya el cable destensado se atoró la polea, entonces ya no podían jalar la polea, entonces lo que tuvieron que hacer es juntar más personas y jalarme, sacarme a pulso, ya no usando la polea, sino agarrando a mano el cable y sacándome, cargando todo mi peso. Entonces pues esa fue otra interesante aventura también. Una vez me bajaron, llegué abajo, di luz verde, me desenganché, nadé a una orilla y me di cuenta que muy lentamente que algo me estaba pasando, entonces ya bajó mi compañero nadó a mí y cuando él llega a mí, que estaba yo sentado en una orilla pero adentro del agua, le digo estoy cansado, estoy agotado, no sé qué me habrá pasado y me dice él pues yo también y me está doliendo fuerte la cabeza. Fue cuando los dos nos dimos cuenta que faltaba oxígeno, que el agujero era muy chiquito y no tenía área suficiente para ventilarse ese note y como ahí viven también vampiros y cosas, pues que estaba rancio el oxígeno ahí, que no había oxígeno y que se nos estaba acabando. Rápidamente nadamos los dos al gancho para conectar nuestros arneses, lo subieron, me subieron y todos contentos, pero fuimos a punto de tener una desgracia. Mi compañero todo el día estuvo con dolor de cabeza, o sea, sí llegamos a un extremo y desde entonces decidimos ya siempre viajar con un medidor de oxígeno. Es una cosita pequeña que en el chaleco tiene una alarma que a medida que se va habiendo menos oxígeno va haciendo un ruidito de alarma.